| Primera
parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha |
| Capítulo primero |
Que trata
de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote
de la Mancha |
| Capítulo II |
Que trata
de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don
Quijote |
| Capítulo III |
Donde se
cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse
caballero |
| Capítulo IV |
De lo que
le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la
venta |
| Capítulo V |
Donde se
prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero |
| Capítulo VI |
Del donoso
y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la
librería de nuestro ingenioso hidalgo |
| Capítulo VII |
De la
segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha |
| Capítulo VIII |
Del buen
suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y
jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros
sucesos dignos de felice recordación |
| Capítulo IX |
Donde se
concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo
vizcaíno y el valiente manchego tuvieron |
| Capítulo X |
De lo que
más le avino a don Quijote con el vizcaíno, y del
peligro en que se vio con una turba de yangüeses |
| Capítulo XI |
De lo que
le sucedió a don Quijote con unos cabreros |
| Capítulo XII |
De lo que
contó un cabrero a los que estaban con don Quijote |
| Capítulo XIII |
Donde se da
fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos |
| Capítulo XIV |
Donde se
ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no
esperados sucesos |
| Capítulo XV |
Donde se
cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en
topar con unos desalmados yangüeses |
| Capítulo XVI |
De lo que
le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que
él imaginaba ser castillo |
| Capítulo XVII |
Donde se
prosiguen los innumerables trabajos que el bravo don Quijote y su buen
escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal,
pensó que era castillo |
| Capítulo XVIII |
Donde se
cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su
señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas |
| Capítulo XIX |
De las
discretas razones que Sancho pasaba con su amo, y de la aventura que le
sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos
famosos |
| Capítulo XX |
De la
jamás vista ni oída aventura que con
más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el
mundo, como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha |
| Capítulo XXI |
Que trata
de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras
cosas sucedidas a nuestro invencible caballero |
| Capítulo XXII |
De la
libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado,
los llevaban donde no quisieran ir |
| Capítulo XXIII |
De lo que
le aconteció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue
una de las más raras aventuras que en esta verdadera
historia se cuentan |
| Capítulo XXIV |
Donde se
prosigue la aventura de la Sierra Morena |
| Capítulo XXV |
Que trata
de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al
valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo
a la penitencia de Beltenebros |
| Capítulo XXVI |
Donde se
prosiguen las finezas que de enamorado hizo don Quijote en Sierra Morena |
| Capítulo XXVII |
De
cómo salieron con su intención el cura y el
barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande
historia |
| Capítulo XXVIII |
Que trata
de la nueva y agradable aventura que al cura y barbero
sucedió en la mesma sierra |
| Capítulo XXIX |
Que trata
de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de
mucho gusto y pasatiempo |
| Capítulo XXX |
Que trata
del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar a nuestro enamorado
caballero de la asperísima penitencia en que se
había puesto |
| Capítulo XXXI |
De los
sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su
escudero, con otros sucesos |
| Capítulo XXXII |
Que trata
de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de don
Quijote |
| Capítulo XXXIII |
Donde se
cuenta la novela del Curioso impertinente |
| Capítulo XXXIV |
Donde se
prosigue la novela del Curioso impertinente |
| Capítulo XXXV |
Donde se da
fin a la novela del Curioso imperti[n]ente |
| Capítulo XXXVI |
Que trata
de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros
de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta le sucedieron |
| Capítulo XXXVII |
Que
prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras
graciosas aventuras |
| Capítulo XXXVIII |
Que trata
del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras |
| Capítulo XXXIX |
Donde el
cautivo cuenta su vida y sucesos |
| Capítulo XL |
Donde se
prosigue la historia del cautivo |
| Capítulo XLI |
Donde
todavía prosigue el cautivo su suceso |
| Capítulo XLII |
Que trata
de lo que más sucedió en la venta y de otras
muchas cosas dignas de saberse |
| Capítulo XLIII |
Donde se
cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros
estraños acaecimientos en la venta sucedidos] |
| Capítulo XLIV |
Donde se
prosiguen los inauditos sucesos de la venta |
| Capítulo XLV |
Donde se
acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la albarda, y
otras aventuras sucedidas, con toda verdad |
| Capítulo XLVI |
De la
notable aventura de los cuadrilleros, y la gran ferocidad de nuestro
buen caballero don Quijote |
| Capítulo XLVII |
Del
estraño modo con que fue encantado don Quijote de la Mancha,
con otros famosos sucesos |
| Capítulo XLVIII |
Donde
prosigue el canónigo la materia de los libros de
caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio |
| Capítulo XLIX |
Donde se
trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su
señor don Quijote |
| Capítulo L |
De las
discretas altercaciones que don Quijote y el canónigo
tuvieron, con otros sucesos |
| Capítulo LI |
Que trata
de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a don
Quijote |
| Capítulo LII |
De la
pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de
los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor |
| Segunda parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha |
| Capítulo Primero |
De lo que
el cura y el barbero pasaron con don Quijote cerca de su enfermedad |
| Capítulo II |
Que trata
de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina y ama de
don Quijote, con otros sujetos graciosos |
| Capítulo III |
Del
ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote,
Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco |
| Capítulo IV |
Donde
Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus
dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse |
| Capítulo V |
De la
discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho
Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice
recordación |
| Capítulo VI |
De lo que
le pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama, y es uno
de los importantes capítulos de toda la historia |
| Capítulo VI[I] |
De lo que
pasó don Quijote con su escudero, con otros sucesos
famosísimos |
| Capítulo VIII |
Donde se
cuenta lo que le sucedió a don Quijote, yendo a ver su
señora Dulcinea del Toboso |
| Capítulo IX |
Donde se
cuenta lo que en él se verá |
| Capítulo X |
Donde se
cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la
señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos
como verdaderos |
| Capítulo XI |
De la
estraña aventura que le sucedió al valeroso don
Quijote con el carro, o carreta, de Las Cortes de la Muerte |
| Capítulo XII |
De la
estraña aventura que le sucedió al valero[so] don
Quijote con el bravo Caballero de los Espejos |
| Capítulo XIII |
Donde se
prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y
suave coloquio que pasó entre los dos escuderos |
| Capítulo XIV |
Donde se
prosigue la aventura del Caballero del Bosque |
| Capítulo XV |
Donde se
cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los Espejos
y su escudero |
| Capítulo XVI |
De lo que
sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha |
| Capítulo XVII |
De donde se
declaró el último punto y estremo adonde
llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don
Quijote, con la felicemente acabada aventura de los leones |
| Capítulo XVIII |
De lo que
sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero
del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes |
| Capítulo XIX |
Donde se
cuenta la aventura del pastor enamorado, con otros en verdad graciosos
sucesos |
| Capítulo XX |
Donde se
cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre |
| Capítulo XXI |
Donde se
prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos |
| Capítulo XXII |
Donde se da
cuenta [de] la grande aventura de la cueva de Montesinos, que
está en el corazón de la Mancha, a quien dio
felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha |
| Capítulo XXIII |
De las
admirables cosas que el estremado don Quijote contó que
había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya
imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por
apócrifa |
| Capítulo XXIV |
Donde se
cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero
entendimiento desta grande historia |
| Capítulo XXV |
Donde se
apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las
memorables adivinanzas del mono adivino |
| Capítulo XXVI |
Donde se
prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad
harto buenas |
| Capítulo XXVII |
Donde se da
cuenta quiénes eran maese Pedro y su mono, con el mal suceso
que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la
acabó como él quisiera y como lo tenía
pensado |
| Capítulo XXVIII |
De cosas
que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee
con atención |
| Capítulo XXIX |
De la
famosa aventura del barco encantado |
| Capítulo XXX |
De lo que
le avino a don Quijote con una bella cazadora |
| Capítulo XXXI |
Que trata
de muchas y grandes cosas |
| Capítulo XXXII |
De la
respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y
graciosos sucesos |
| Capítulo XXXIII |
De la
sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con
Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note |
| Capítulo XXXIV |
Que cuenta
de la noticia que se tuvo de cómo se había de
desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras
más famosas deste libro |
| Capítulo XXXV |
Donde se
prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea,
con otros admirable[s] sucesos |
| Capítulo XXXVI |
Donde se
cuenta la estraña y jamás imaginada aventura de
la dueña Dolorida, alias de la condesa Trifaldi, con una
carta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa Panza |
| Capítulo XXXVII |
Donde se
prosigue la famosa aventura de la dueña Dolorida |
| Capítulo XXXVIII |
Donde se
cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida |
| Capítulo XXXIX |
Donde la
Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia |
| Capítulo XL |
De cosas
que atañen y toca[n] a esta aventura y a esta memorable
historia |
| Capítulo XLI |
De la
venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura |
| Capítulo XLII |
De los
consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar
la ínsula, con otras cosas bien consideradas |
| Capítulo XLIII |
De los
consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza |
| Capítulo XLIV |
Cómo
Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la estraña
aventura que en el castillo sucedió a don Quijote |
| Capítulo XLV |
De
cómo el gran Sancho Panza tomó la
posesión de su ínsula, y del modo que
comenzó a gobernar |
| Capítulo XLVI |
Del
temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote
en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora |
| Capítulo XLVII |
Donde se
prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su gobierno |
| Capítulo XLVIII |
De lo que
le sucedió a don Quijote con doña
Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros
acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna |
| Capítulo XLIX |
De lo que
le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula |
| Capítulo L |
Donde se
declara quién fueron los encantadores y verdugos que
azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a
don Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la
carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza |
| Capítulo LI |
Del
progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como
buenos |
| Capítulo LII |
Donde se
cuenta la aventura de la segunda dueña Dolorida, o
Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez |
| Capítulo LIII |
Del
fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza |
| Capítulo LIV |
Que trata
de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna |
| Capítulo LV |
De cosas
sucedidas a Sancho en el camino, y otras que no hay más que
ver |
| Capítulo LVI |
De la
descomunal y nunca vista batalla que pasó entre don Quijote
de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la
dueña doña Rodríguez |
| Capítulo LVII |
Que trata
de cómo don Quijote se despidió del duque, y de
lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora,
doncella de la duquesa |
| Capítulo LVIII |
Que trata
de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que
no se daban vagar unas a otras |
| Capítulo LVIX |
Donde se
cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que
le sucedió a don Quijote |
| Capítulo LX |
De lo que
sucedió a don Quijote yendo a Barcelona |
| Capítulo LXI |
De lo que
le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con
otras [cosas] que tienen más de lo verdadero que de lo
discreto |
| Capítulo LXII |
Que trata
de la aventura de la cabeza encantada, con otras
niñerías que no pueden dejar de contarse |
| Capítulo LXIII |
De lo mal
que le avino a Sancho Panza con la visita de las galeras, y la nueva
aventura de la hermosa morisca |
| Capítulo LXIV |
Que trata
de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de
cuantas hasta entonces le habían sucedido |
| Capítulo LXV |
Donde se da
noticia quién era el de la Blanca Luna, con la libertad de
Don Gregorio, y de otros sucesos |
| Capítulo LXVI |
Que trata
de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá el que
lo escuchare leer |
| Capítulo LXVII |
De la
resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor
y seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de
su promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos |
| Capítulo LXVIII |
De la
cerdosa aventura que le aconteció a don Quijote |
| Capítulo LXIX |
Del
más raro y más nuevo suceso que en todo el
discurso desta grande historia avino a don Quijote |
| Capítulo LXX |
Que sigue
al de sesenta y nueve, y trata de cosas no escusadas para la claridad
desta historia |
| Capítulo LXXI |
De lo que a
don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su
aldea |
| Capítulo LXXII |
De
cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea |
| Capítulo LXXIII |
De los
agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros
sucesos que adornan y acreditan esta grande historia |
| Capítulo LXXIV |
De
cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que
hizo, y su muerte |
|
Yo, Juan
Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro
señor, de los que residen en su Consejo, certifico y doy fe
que, habiendo visto por los señores dél un libro
intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de
Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho libro a tres
maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que
al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa
maravedís y medio, en que se ha de vender en papel; y dieron
licencia para que a este precio se pueda vender, y mandaron que esta
tasa se ponga al principio del dicho libro, y no se pueda vender sin
ella. Y, para que dello conste, di la presente en Valladolid, a veinte
días del mes de deciembre de mil y seiscientos y cuatro
años.
|
|
Juan Gallo de Andrada
|
Este
libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original;
en testimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la
Madre de Dios de los Teólogos de la Universidad de
Alcalá, en primero
de diciembre de 1604 años
|
|
El licenciado Francisco Murcia de la Llana
EL REY
Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha
relación que habíades compuesto un libro
intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, el cual os
había costado mucho trabajo y era muy útil y
provechoso, nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar
licencia y facultad para le poder imprimir, y previlegio por el tiempo
que fuésemos servidos, o como la nuestra merced fuese; lo
cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se
hicieron las diligencias que la premática
últimamente por nos fecha sobre la impresión de
los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar
esta nuestra cédula para vos, en la dicha razón;
y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por os hacer bien y
merced, os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que
vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir el
dicho libro, intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, que desuso
se hace mención, en todos estos nuestros reinos de Castilla,
por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten
desde el dicho día de la data desta nuestra
cédula; so pena que la persona o personas que, sin tener
vuestro poder, lo imprimiere o vendiere, o hiciere imprimir o vender,
por el mesmo caso pierda la impresión que hiciere, con los
moldes y aparejos della; y más, incurra en pena de cincuenta
mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere. La cual
dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la
otra tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia
parte para el juez que lo sentenciare. Con tanto que todas las veces
que hubiéredes de hacer imprimir el dicho libro, durante el
tiempo de los dichos diez años, le traigáis al
nuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue
visto, que va rubricado cada plana y firmado al fin dél de
Juan Gallo de Andrada, nuestro Escribano de Cámara, de los
que en él residen, para saber si la dicha
impresión está conforme el original; o
traigáis fe en pública forma de cómo
por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió
la dicha impresión por el original, y se imprimió
conforme a él, y quedan impresas las erratas por
él apuntadas, para cada un libro de los que así
fueren impresos, para que se tase el precio que por cada volume[n]
hubiéredes de haber. Y mandamos al impresor que
así imprimiere el dicho libro, no imprima el principio ni el
primer pliego dél, ni entregue más de un solo
libro con el original al autor, o persona a cuya costa lo imprimiere,
ni otro alguno, para efeto de la dicha correción y tasa,
hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y
tasado por los del nuestro Consejo; y, estando hecho, y no de otra
manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, y
sucesivamente ponga esta nuestra cédula y la
aprobación, tasa y erratas, so pena de caer e incurrir en
las penas contenidas en las leyes y premáticas destos
nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y a otras
cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra
cédula y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte
y seis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y
cuatro años
YO, EL REY
Por mandado del Rey nuestro señor
Juan de Amezqueta
AL DUQUE DE BéJAR
MARQUéS DE
GIBRALEóN, CONDE DE BENALCáZAR Y
BAñARES,
VIZCONDE DE LA PUEBLA DE ALCOCER
SEñOR DE LAS VILLAS DE CAPILLA, CURIEL Y BURGUILLOS
En
fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda
suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer
las buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al
servicio y granjerías del vulgo, he determinado de sacar a
luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, al abrigo del
clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con el
acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente
en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de
aquel precioso ornamento de elegancia y erudición de que
suelen andar vestidas las obras que se componen en las casas de los
hombres que saben, ose parecer seguramente en el juicio de algunos que,
continiéndose en los límites de su ignorancia,
suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos
ajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mi
buen deseo, fío que no desdeñará la
cortedad de tan humilde servicio.
Miguel de Cervantes Saavedra
Desocupado lector: sin juramento me
podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del
entendimiento, fuera el más hermoso, el más
gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he
podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa
engendra su semejante. Y así, ¿qué
podrá engendrar el estéril y mal cultivado
ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado,
antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro
alguno, bien como quien se engendró en una
cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo
triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar
apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el
murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande
parte para que las musas más estériles se
muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla
y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna,
y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea
sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a
sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre,
soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso,
ni suplicarte, casi con las lágrimas en los ojos, como otros
hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas
que en este mi hijo vieres; y ni eres su pariente ni su amigo, y tienes
tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el
más pintado, y estás en tu casa, donde eres
señor della, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que
comúnmente se dice: que debajo de mi manto, al rey mato.
Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y
obligación; y así, puedes decir de la historia
todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni
te premien por el bien que dijeres della.
Sólo quisiera dártela monda
y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la inumerabilidad
y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios
que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé
decir que, aunque me costó algún trabajo
componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación
que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille,
y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría;
y, estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el
codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que
diría, entró a deshora un amigo mío,
gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan
imaginativo, me preguntó la causa; y, no
encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el
prólogo que había de hacer a la historia de don
Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería
hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble
caballero. "Porque, ¿cómo queréis vos
que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo
legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos
años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo
ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca
como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo,
pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sin
acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del
libro, como veo que están otros libros, aunque sean
fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de
Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de
filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores
por hombres leídos, eruditos y elocuentes? ¿Pues
qué, cuando citan la Divina Escritura? No dirán
sino que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia;
guarda[n]do en esto un decoro tan ingenioso, que en un
renglón han pintado un enamorado destraído y en
otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo
oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque
ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar
en el fin, ni menos sé qué autores sigo en
él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las
letras del A.B.C., comenzando en Aristóteles y acabando en
Xenofonte y en Zoílo o Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno
y pintor el otro. También ha de carecer mi libro de sonetos
al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques,
marqueses, condes, obispos, damas o poetas celebérrimos;
aunque, si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yo
sé que me los darían, y tales, que no les
igualasen los de aquellos que tienen más nombre en nuestra
España. En fin, señor y amigo mío;
proseguí;, yo determino que el señor don Quijote
se quede sepultado en sus archivos en la Mancha, hasta que el cielo
depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan; porque yo me
hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras, y
porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme
buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos.
"De aquí nace la suspensión
y elevamiento, amigo, en que me hallastes; bastante causa para ponerme
en ella la que de mí habéis oído"
Oyendo
lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y
disparando en una carga de risa, me dijo:
Por Dios, hermano, que agora me acabo de
desengañar de un engaño en que he estado todo el
mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he tenido por
discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veo que
estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo
de la tierra. ¿Cómo que es posible que cosas de
tan poco momento y tan fáciles de remediar puedan tener
fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el vuestro,
y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? A la
fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y
penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo
que digo? Pues estadme atento y veréis cómo, en
un abrir y cerrar de ojos, confundo todas vuestras dificultades y
remedio todas las faltas que decís que os suspenden y
acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro
famoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería
andante.
Decid -le repliqué yo, oyendo lo que me
decía: ¿de qué modo pensáis
llenar el vacío de mi temor y reducir a claridad el caos de
mi confusión?
A lo cual él dijo
Lo primero en que reparáis de los
sonetos, epigramas o elogios que os faltan para el principio, y que
sean de personajes graves y de título, se puede remediar en
que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y
después los podéis bautizar y poner el nombre que
quisiéredes, ahijándolos al Preste Juan de las
Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien yo sé que hay
noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido y hubiere
algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y
murmuren desta verdad, no se os dé dos maravedís;
porque, ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la
mano con que lo escribistes.
En lo de citar en las márgenes los
libros y autores de donde sacáredes las sentencias y dichos
que pusiéredes en vuestra historia, no hay más
sino hacer, de manera que venga a pelo, algunas sentencias o latines
que vos sepáis de memoria, o, a lo menos, que os cuesten
poco trabajo el buscalle; como será poner, tratando de
libertad y cautiverio:
Non bene pro toto libertas venditur auro.
Y luego, en el margen, citar a Horacio, o a quien
lo dijo. Si tratáredes del poder de la muerte, acudir luego
con:
Pal[l]ida mors [a]equo pulsat pede
pauperum tabernas,
regumque turres.
Si de la amistad y amor que Dios manda que se
tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Divina, que
lo podéis hacer con tantico de curiosidad, y decir las
palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem dico vobis: diligite
inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos,
acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malae. Si de la
instabilidad de los amigos, ahí está
Catón, que os dará su dístico:
Donec eris felix, multos numerabis amicos,
tempora si fuerint nubila, solus eris.
Y con estos latinicos y otros tales os
tendrán siquiera por gramático, que el serlo no
es de poca honra y provecho el día de hoy.
En lo que toca el poner anotaciones al fin del
libro, seguramente lo podéis hacer desta manera: si
nombráis algún gigante en vuestro libro, hacelde
que sea el gigante Golías, y con sólo esto, que
os costará casi nada, tenéis una grande
anotación, pues podéis poner: El gigante
Golías, o Goliat, fue un filisteo a quien el pastor David
mató de una gran pedrada en el valle de Terebinto,
según se cuenta en el Libro de los Reyes, en el
capítulo que vos halláredes que se escribe. Tras
esto, para mostraros hombre erudito en letras humanas y
cosmógrafo, haced de modo como en vuestra historia se nombre
el río Tajo, y veréisos luego con otra famosa
anotación, poniendo: El río Tajo fue
así dicho por un rey de las Españas; tiene su
nacimiento en tal lugar y muere en el mar océano, besando
los muros de la famosa ciudad de Lisboa; y es opinión que
tiene las arenas de oro, etc. Si tratáredes de ladrones, yo
os diré la historia de Caco, que la sé de coro;
si de mujeres rameras, ahí está el obispo de
Mondoñedo, que os prestará a Lamia, Laida y
Flora, cuya anotación os dará gran
crédito; si de crueles, Ovidio os entregará a
Medea; si de encantadores y hechiceras, Homero tiene a Calipso, y
Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el mesmo Julio
César os prestará a sí mismo en sus
Comentarios, y Plutarco os dará mil Alejandros. Si
tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de
la lengua toscana, toparéis con León Hebreo, que
os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras
extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del
amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más
ingenioso acertare a desear en tal materia. En resolución,
no hay más sino que vos procuréis nombrar estos
nombres, o tocar estas historia[s] en la vuestra, que aquí
he dicho, y dejadme a mí el cargo de poner las anotaciones y
acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las márgenes y
de gastar cuatro pliegos en el fin del libro.
Vengamos ahora a la citación de los
autores que los otros libros tienen, que en el vuestro os faltan. El
remedio que esto tiene es muy fácil, porque no
habéis de hacer otra cosa que buscar un libro que los acote
todos, desde la A hasta la Z, como vos decís. Pues ese mismo
abecedario pondréis vos en vuestro libro; que, puesto que a
la clara se vea la mentira, por la poca necesidad que vos
teníades de aprovecharos dellos, no importa nada; y
quizá alguno habrá tan simple, que crea que de
todos os habéis aprovechado en la simple y sencilla historia
vuestra; y, cuando no sirva de otra cosa, por lo menos
servirá aquel largo catálogo de autores a dar de
improviso autoridad al libro. Y más, que no habrá
quien se ponga a averiguar si los seguistes o no los seguistes, no
yéndole nada en ello. Cuanto más que, si bien
caigo en la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna
cosa de aquellas que vos decís que le falta, porque todo
él es una invectiva contra los libros de
caballerías, de quien nunca se acordó
Aristóteles, ni dijo nada San Basilio, ni alcanzó
Cicerón; ni caen debajo de la cuenta de sus fabulosos
disparates las puntualidades de la verdad, ni las observaciones de la
astrología; ni le son de importancia las medidas
geométricas, ni la confutación de los argumentos
de quien se sirve la retórica; ni tiene para qué
predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un
género de mezcla de quien no se ha de vestir
ningún cristiano entendimiento. Sólo tiene que
aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo;
que, cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor
será lo que se escribiere. Y, pues esta vuestra escritura no
mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el
mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías, no hay
para qué andéis mendigando sentencias de
filósofos, consejos de la Divina Escritura,
fábulas de poetas, oraciones de retóricos,
milagros de santos, sino procurar que a la llana, con palabras
significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra
oración y período sonoro y festivo; pintando, en
todo lo que alcanzáredes y fuere posible, vuestra
intención, dando a entender vuestros conceptos sin
intricarlos y escurecerlos. Procurad también que, leyendo
vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el
risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto
se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el
prudente deje de alabarla. En efecto, llevad la mira puesta a derribar
la máquina mal fundada destos caballerescos libros,
aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que si esto
alcanzásedes, no habríades alcanzado poco.
Con silencio grande estuve escuchando lo que mi
amigo me decía, y de tal manera se imprimieron en
mí sus razones que, sin ponerlas en disputa, las
aprobé por buenas y de ellas mismas quise hacer este
prólogo; en el cual verás, lector suave, la
discreción de mi amigo, la buena ventura mía en
hallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en
hallar tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don
Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los
habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el
más casto enamorado y el más valiente caballero
que de muchos años a esta parte se vio en aquellos
contornos. Yo no quiero encarecerte el servicio que te hago en darte a
conocer tan noble y tan honrado caballero, pero quiero que me
agradezcas el conocimiento que tendrás del famoso Sancho
Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las
gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de
caballerías están esparcidas.
Y con esto, Dios te dé salud, y a
mí no olvide. Vale.
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AL
LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA
URGANDA LA DESCONOCIDA
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Si
de llegarte a los bue-
libro, fueres con letu-,
no te dirá el boquirru-
que no pones bien los de-
Mas si el pan no se te cue-
por ir a manos de idio-
verás de manos a bo-,
aun no dar una en el cla-,
si bien se comen las ma-
por mostrar que son curio-.
Y, pues la expiriencia ense-
que el que a buen árbol se arri-
buena sombra le cobi-,
en Béjar tu buena estre-
un árbol real te ofre-
que da príncipes por fru-,
en el cual floreció un du-
que es nuevo Alejandro Ma-:
llega a su sombra, que a osa-
favorece la fortu-.
De un noble hidalgo manche-
contarás las aventu-,
a quien ociosas letu-,
trastornaron la cabe-:
damas, armas, caballe-,
le provocaron de mo-,
que, cual Orlando furio-,
templado a lo enamora-,
alcanzó a fuerza de bra-
a Dulcinea del Tobo-.
No indiscretos hieroglí-
estampes en el escu-,
que, cuando es todo figu-,
con ruines puntos se envi-.
Si en la dirección te humi-,
no dirá, mofante, algu-:
¡Qué don álvaro
de Lu-,
qué Anibal el de Carta-,
qué rey Francisco en Espa-
se queja de la Fortu-!"
Pues al cielo no le plu-
que salieses tan ladi-
como el negro Juan Lati-,
hablar latines rehú-.
No me despuntes de agu-,
ni me alegues con filó-,
porque, torciendo la bo-,
dirá el que entiende la le-,
no un palmo de las ore-:
¿Para qué conmigo flo-?
No te metas en dibu-,
ni en saber vidas aje-,
que, en lo que no va ni vie-,
pasar de largo es cordu-.
Que suelen en caperu-
darles a los que grace-;
mas tú quémate las ce-
sólo en cobrar buena fa-;
que el que imprime neceda-
dalas a censo perpe-.
Advierte que es desati-,
siendo de vidrio el teja-,
tomar piedras en las ma-
para tirar al veci-.
Deja que el hombre de jui-,
en las obras que compo-,
se vaya con pies de plo-;
que el que saca a luz pape-
para entretener donce-
escribe a tontas y a lo-.
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AMADíS DE GAULA
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
SONETO
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Tú, que imitaste la llorosa vida
que tuve, ausente y desdeñado sobre
el gran ribazo de la Peña Pobre,
de alegre a penitencia reducida;
tú, a quien los ojos dieron la bebida
de abundante licor, aunque salobre,
y alzándote la plata, estaño y cobre,
te dio la tierra en tierra la comida,
vive seguro de que eternamente,
en tanto, al menos, que en la cuarta esfera,
sus caballos aguije el rubio Apolo,
tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera;
tu sabio autor, al mundo único y solo.
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DON BELIANíS DE GRECIA
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
SONETO
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Rompí, corté,
abollé, y dije y hice
más que en el orbe caballero andante;
fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
mil agravios vengué, cien mil deshice.
Hazañas di a la Fama que eternice;
fui comedido y regalado amante;
fue enano para mí todo gigante,
y al duelo en cualquier punto satisfice.
Tuve a mis pies postrada la Fortuna,
y trajo del copete mi cordura
a la calva Ocasión al estricote.
Más, aunque sobre el cuerno de la luna
siempre se vio encumbrada mi ventura,
tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!
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LA SEÑORA ORIANA
A DULCINEA DEL TOBOSO
SONETO
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¡Oh, quién tuviera,
hermosa Dulcinea,
por más comodidad y más reposo,
a Miraflores puesto en el Toboso,
y trocara sus Londres con tu aldea!
¡Oh, quién de tus deseos y librea
alma y cuerpo adornara, y del famoso
caballero que hiciste venturoso
mirara alguna desigual pelea!
¡Oh, quién tan castamente se escapara
del señor Amadís como tú hiciste
del comedido hidalgo don Quijote!
Que así envidiada fuera, y no envidiara,
y fuera alegre el tiempo que fue triste,
y gozara los gustos sin escote.
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GANDALíN, ESCUDERO DE
AMADíS DE GAULA,
A SANCHO PANZA, ESCUDERO DE DON QUIJOTE
SONETO
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Salve, varón famoso, a quien
Fortuna,
cuando en el trato escuderil te puso,
tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
que lo pasaste sin desgracia alguna.
Ya la azada o la hoz poco repugna
al andante ejercicio; ya está en uso
la llaneza escudera, con que acuso
al soberbio que intenta hollar la luna.
Envidio a tu jumento y a tu nombre,
y a tus alforjas igualmente invidio,
que mostraron tu cuerda providencia.
Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre,
que a solo tú nuestro español Ovidio
con buzcorona te hace reverencia.
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DEL DONOSO, POETA ENTREVERADO,
A SANCHO PANZA Y ROCINANTE
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Soy Sancho Panza, escude-
del manchego don Quijo-.
Puse pies en polvoro-,
por vivir a lo discre-;
que el tácito Villadie-
toda su razón de esta-
cifró en una retira-,
según siente Celesti-,
libro, en mi opinión, divi-
si encubriera más lo huma-.
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Soy Rocinante, el famo-
bisnieto del gran Babie-.
Por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-.
Parejas corrí a lo flo-;
mas, por uña de caba-,
no se me escapó ceba-;
que esto saqué a Lazari-
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-.
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ORLANDO FURIOSO
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
SONETO
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Si no eres par, tampoco le has tenido:
que par pudieras ser entre mil pares;
ni puede haberle donde tú te hallares,
invito vencedor, jamás vencido.
Orlando soy, Quijote, que, perdido
por Angélica, vi remotos mares,
ofreciendo a la Fama en sus altares
aquel valor que respetó el olvido.
No puedo ser tu igual; que este decoro
se debe a tus proezas y a tu fama,
puesto que, como yo, perdiste el seso.
Mas serlo has mío, si al soberbio moro
y cita fiero domas, que hoy nos llama
iguales en amor con mal suceso.
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EL CABALLERO DEL FEBO
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
SONETO
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A vuestra espada no igualó la
mía,
Febo español, curioso cortesano,
ni a la alta gloria de valor mi mano,
que rayo fue do nace y muere el día.
Imperios desprecié; la monarquía
que me ofreció el Oriente rojo en vano
dejé, por ver el rostro soberano
de Claridiana, aurora hermosa mía.
Améla por milagro único y raro,
y, ausente en su desgracia, el propio infierno
temió mi brazo, que domó su rabia.
Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,
por Dulcinea sois al mundo eterno,
y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.
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DE SOLISDáN
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
SONETO
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Maguer, señor Quijote, que sandeces
vos tengan el cerbelo derrumbado,
nunca seréis de alguno reprochado
por home de obras viles y soeces.
Serán vuesas fazañas los joeces,
pues tuertos desfaciendo habéis andado,
siendo vegadas mil apaleado
por follones cautivos y raheces.
Y si la vuesa linda Dulcinea
desaguisado contra vos comete,
ni a vuesas cuitas muestra buen talante,
en tal desmán, vueso conorte sea
que Sancho Panza fue mal alcagüete,
necio él, dura ella, y vos no amante.
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DIáLOGO ENTRE BABIECA Y
ROCINANTE
SONETO
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B. ¿Cómo
estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Andá, señor, que estáis muy mal
criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo(1)
enamorado.
B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?
(1)Miraldo: Miradlo
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