CARTA LA DÉBIL RISA DEL AGUA
© 2003, Carmen María Camacho Adarve

Aquella tarde, -mi amada-, la palabra era como un corazón que se rompía, en un repentino repicar de campanas sofocadas en un vendaval, las últimas sílabas de algún sediento que agoniza en el desíerto de una singularidad que despierta a la tristeza, comparada con la agonia de las rosas. El horror de una realidad insoportable, el sufrimíento de un demente, cuando sentado en el banco cae la mansedumbre de los jardines del manicomio la locura, deja de ser su refugio y se encarna en un cielo que se hace trizas y en todo lo que le rodea, cuando la razón enmudece solo puede bajar la cabeza. Así estoy yo sin ti. ¿Acaso encuentra la paz el loco, en esos instántes? cunado los pensamientos como balas atraviesan y rompen su cerebro entre la exquisita belleza del jardin, entre la agonia de las rosas del manicomio o en las colinas cercanas mas allá de la Alcázar. La debíl risa del agua y sin embargo en el loco persistía esta trivialidad: que el pasado había pasado irrevocablemente. Y el loco estaba dotado de conciencia para arrepentirse, sólo en la medida que esto pudiera cambiar su porvenir de loco, -porque pensaba el loco-, cada loco debe luchar sin descanso para superar a la locura. ¿Qué es la vida si no una guerra y el paso poe el mundo de un loco o de un desconocido?.

Y ahora miro la luz del sol en el agua corriente abajo donde se estrecha el río y rompe en pequeños oleajes, -camino sin tregua amor mio-, remolimos, torbellinos. Rocas negras cerca de la orilla, crean un efecto turbulento, a poca distancia de mi cabeza una explosión de aves desconocidas y extrañas giran sobre sí a una velocidad de vertigo, como libélulas recien nacidas. Sí, -amada-, lo que tenemos que hacer es írnos a aquel pueblo de pescadores, (que hace poco deje atrás), y comprar una cabaña frente al mar sólo con derechos de litoral, sin teléfonos, sin renta. Ser ocupantes ilegales si pienso, mientras miro el correr del agua del río, que ya el bosque estará mojado, (sigue siendo invierno), y a veces caerá formando estrépito un árbol; y de cuando en cuando se levantara la niebla y se congelará luego todo tu bosque se transformará en el bosque de cristal, creceran en los brotes tiernos de las ramas, de los árboles hojas de cristal.Y luego. En breve verás que ya es primavera.

Allí está tu luna todavía, un trozo arrancado a la noche del bosque, de mares de serenidad. La primavera será verde, blanca la nieve, azul el cielo y las flores de los frutos de los árboles serán nubes, -y tú mi amada no lo compartirás conmigo-, mientras sigo sediento de ti; luego la nieve dejará de resplandecer y las flores de los frutos de los árboles, no serán nubes sino mosquitos formando un polvo azul...

Y la lluvia que cae en las montañas, -tampoco mi amor apagará tu sed- . Te imagino ahora de pie junto a un lago y ahora yaces boca abajo bebiendo de sus aguas en él se reflejan las montañas azules y sin embargo tu sed sigue sin apagarse; acaso porque estás bebiendo no agua, sino luminosidad y una esperanza de luz, ¡Como es posible! que estés bebiendo una esperanza de luz. Acaso porque bebes, no agua sino claridad de luz.

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