LAS FLORES Y EL MAR
Por Carmen María Camacho Adarve, © 2005
Los tulipanes, no han cubierto todavía los campos holandeses.
Pero en Amsterdam los "crocos".Unas florecillas de bulbos pequeños han vestido los parques y los jardines con vistosas alfombras.De tonalidad blanca, malva, y amarilla.
Los "crocos" son la única nota de color en la ciudad de oscuros edificios.Al cruzar las calles desde el aeropuerto de schipol a la plaza del Dan. Se toma el primer contacto con las casas holandesas.Edificios de ladrillo marrón oscuro, de arquitectura alta y picuda, con los marcos de las ventanas y las puertas de las casas pintadas de blanco.
Por Amsterdam discurren cien canales, como venas oscuras y vitales, que la tierra no ha podido robar al mar.Sobre ellos mas de seiscientos puentes.
-Dicen, que cada año caen en los canales muchos coches-.Cada canal es diferentes, tienen mucha fama el de los Príncipes, Embajadores y Caballeros.
Un paseo en barco por los canales.Es un ritual por eso Amsterdam es la Venecia del norte.
No son, los barcos precisamente la nota característica de la ciudad, en realidad son las bicicletas las utilizan todos los habitantes; ciclistas serios y disciplinados son las reinas del asfalto, hombres de negocios, que llevan en el manillar sus maletines, señoras de rostro sonrosado.
-Como la circulación por el centro es muy intensa en la plaza de el Dan hay puestos de bicicletas.Que la gente coge para circular por el centro y vuelven a dejar en su sitio.
Si la ciudad desde fuera es sorprendente, por dentro es increíble
Siempre el mar contenido por la fuerza pétrea de sus diques la mar que aletea misteriosamente debajo de sus vidas.Desde tiempos inmemorables se han clavado estacas a muchos metros de profundidad para lograr dar con la capa endurecida que sirve de solidos cimientos.El agua es a la vez la vida y el peligro de la tierra holandesa.
Las aguas del canal Singel se tiñen de reflejos anaranjados.En sus orillas está el mercado de las flores.Puestos cuidadísimos donde se apiñan flores y bulbos.
Una vendedora, dice en ingles los nombres de las distintas semillas: gladíolos, jacintos y campanillas blancas, o campanillas de nieve.
Son las primeras flores que cubren los campos que apuntan a veces entre las capas de nieve.
BAEGYNHAF
Un barrio de Amsterdam, antiguo
un barrio jardín, lugar muy curioso, donde dicen que solo viven mujeres
ancianas.Las casas todas son iguales muy similares a los demás edificios de la
ciudad, el mismo color marrón oscuro la misma forma picuda..
En Baegynhaf, habitan mujeres viven solitaria mujeres generalmente sin familia que pretenden pasar allí y en paz sus últimos días.Unos espejos colocados en las ventanas hacen que puedan ver quien entra y sale de barrio sin necesidad de moverse del sitio.
Quizá un optimista definiría a Baegynhaf como la antesala del cielo.Y un pesimista como la del cementerio.
Ciertamente allí reinan la paz y la quietud.
A esta hora de la tarde cerca del canal de Embajadores un organillo lanza un alegre airea callejero cantando la belleza de la ciudad.
Esta ciudad nacida del mar que hace miles de años el Rin había formado un lecho en su impetuosa corriente.La forma Y del puerto surgió como parte de este lecho y con los años se formaron nueve corrientes.Para evitar inundaciones se construyeron diques, y cuando la tierra tuvo una cierta estabilidad se establecieron aquí pescadores frisones.Fueron los primeros habitantes
Los habitantes guardan guardan la nostalgia y la nobleza de la gente de mar.
Un vientecillo húmedo y marinero.El cielo de Holanda raramente es azul.
Las nubes tienen extrañas formas y tamaños dando un paisaje muy peculiar de tonalidades muy diversas.
Y por la forma que toman las nubes se sabe siempre el tiempo que va a hacer.
Volendan: Bajo un cielo despejado y un sol casi radiante.Casitas en punta y en las ventanas tiestos con flores, casas agazapadas detrás de los diques, que las protegen de un mar demasiado insolente.Gaviotas discurren lentamente por la superficie del agua.Calles arrancadas de las páginas de algún viejo libro de leyendas.
Monike hace la limpieza de su casa, me ruega que entre, me sacudo en la pequeña alfombrilla de la entrada la suela de los zapatos.
La casa tiene todas las cosas de los hogares holandeses.
Es limpia; pequeña.En la cocina, en el comedor y el pasillo imágenes de la Virgen, cuadros con motivos religiosos, cubren las paredes, Monike me cuenta cosas de el catolicismo ferviente y hasta un poco agresivo de los católicos en un País con mayoría de población protestante.
La mujer me habla de sus achaques dice que a sus setenta y tres años el reúma le produce muchos dolores.Monike es alegre y cordial que como cien y apenas da respiro para que el interprete traduzca su acelerado gorgojeo de palabras.
-¿Cuantos hijos tiene?.
-¡Nueve¡ y ¡cinco nietos¡.El mayor tiene ya mas de veinte años de los nietos, -digo-, llevo mas de cuarenta años casada.
Mi marido es pescador, como todos los hombres, de este pueblo, pero ya es viejo y no puede salir en el barco.Es muy trabajador y me ayuda muchas veces a cocinar.Hay días que entre los dos llegamos a freír ¡cincuenta pescados¡.
No le gusta estar parado y el ocio le pone de mal humor y opina que es bueno estar alegre en el tiempo que nos quede por vivir.
Le pregunto a Monike por su traje, y me dice con un gracioso asomo de coquetería.¡Tengo otros mucho mas bonitos¡, -me gustaría ponérmelos para que me saque algunas fotos, ¡pero el reúma me impide vestirme sola.
-¿Siempre lleva cofia negra?.
-No, los domingos la que me pongo es blanca y con las levantadas hacia arriba.
Dejo a Monike en su limpia casa como de cuento de hadas.
Un tímido sol juega entre los barcos pequeños, amarrados en la orilla.Una mujer tiende ropa blanca en un improvisado tendedero junto al agua.
La vida continua, allí tras los diques, sigue la vida de este pueblo de leyendas contadas desde tiempos remotos que ha crecido acurrucado junto al mar.