Don Gabriel Adarve Prieto ©

Los siguientes artículos han aparecido en la revista CONTRALUZ  Año IV – Número 4- Agosto de 2007 de la Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico de la localidad de Cabra del Santo Cristo.



 

DON GABRIEL 
Carmen María Camacho Adarve
© 
 

Mi infancia esta hecha de calidos veranos. La casa grande de mis abuelos, en  Cabra del Santo Cristo, el huerto: aires de frescura, en donde habitan, una higuera, un granado, un almendro, el palomar, muchas flores, enredaderas y la alberca. 
 

Mañanas en el huerto acompañando a mi abuelo; dar de comer a los conejos, agua a las palomas,  podar las malas hierbas,  recoger dulces frutos. Calladas y frescas las aguas de la alberca. 
 

El abuelo Gabriel un hombre bueno y sabio, maestro jubilado de muchas guerras, delgado y frágil de cara amable, cabello blanco, y ojos verdes intensos, mirada bondadosa, un hombre tranquilo. 
 

Mañanas en el huerto,  siestas en la semioscuridad del porche el gran silencio. Los abuelos Gabriel y Matilde, mis tíos,  y mis primos. 
 

Me levantaba muy temprano bajaba las escaleras hasta la cocina. Sentada en Una sillita baja de enea. Mercedes llega del mercado. 
-Refunfuña- “¡canastos!”, ¿ya estas levantada niña?”. Trajinando  Entre fogones, ordena la fruta, las verduras recién cogidas  Que trae en un cesto grande de mimbre  Se oyen las voces del  
 

Vendedor de hielo: “¡barras de hielo para la nevera!”., “¡hielo de sierra nevada!”. “¡Niña  dile que traiga una barra!”. La  deposita  junto a la entrada el vendedor de hielo, un muchacho, la transporta sobre un burro. “Que dice Mercedes que mañana te la paga”. “¿Cómo  no se descongela?” pregunto-. 
 

Mercedes la arrastra, es enorme, hasta la cocina. “Esta cría siempre haciendo preguntas, ¡demonios!”. Parte el bloque de hielo, lo mete en la nevera; un trozo junto al vino tinto y el sifón, otro cerca de la fruta, y el cuenco del gazpacho, para que estén fresquitas a la hora de comer. 
 

Mientras la Chacha Concha, (la niñera anciana y medio ciega todas las generaciones de la familia han pasado por su crianza)  me da un tazón de loza blanca  lleno de leche con pan, “Chacha Concha” –le digo-  “¿puedo ya subir a despertar a mi abuelo?”. “Cuando te tomes la leche”. Y el tazón crece, parece no tener fondo. 
 

La abuela en la salita roja; semioscuro, para espantar el calor esperando al practicante. Huele a jabón “Heno de pravia” a medicinas, alta y delgada, pálida y hermosa. 
 

La  Chacha  me cuenta historias terribles de cosas malas que pasan a los  niños que no les gustaba la leche. Me la bebo finalmente del tirón y fría. Sube conmigo hasta el dormitorio, que compartimos, ella, mi hermana, y yo; me lava en el cuarto de baño un lujo- luego me ayuda a vestirme. Lo que más le gusta es cepillar con ternura sin darme tirones mi pelo castaño fuerte y rizado, lo sujeta fuertemente  en dos trenzas “¡ya estás lista para despertar a D. Gabriel!”. Desaparece escaleras abajo hasta la cocina, a esperar al siguiente niño. 
 

-Toc, toc, toc- golpeo con los nudillos en  la puerta del cuarto de mi abuelo- “¡Abuelo puedo entrar!” 
 

“Si entra” –responde tras la puerta-. Al verme pasar se incorpora de la enorme cama de níquel dorado, rematada con cuatro bolas, brillantes como el oro, con una preciosa sonrisa me canta... “Carmen María de día y de noche “la cancioncilla de todas las mañanas y las noches “Carmen María noche y día”. Le  gusta mirarme toda desconcertada, ya que nunca sé  en que momento me cantara la canción. Me enojo. El dice: “bien muchachita, “¡ni esta noche ni mañana te canto más tu canción!”.Hago puchero infinitamente triste; pienso;  “mi abuelo ya no me quiere, ni mañana, ni esta noche, nunca me va a cantar mi canción”; al instante correteo alegre a su alrededor enredando, se  que es incapaz  la canción que compuso para mí. 
 

Al llegar la hora de acostarnos, me canta de nuevo, le doy un beso y las buenas noches. 
 

Como ya os he dicho, compartimos cuarto, la Chacha Concha, y mi hermana. Preside el enorme dormitorio, sobre las tres grandes camas  de hierro, un lienzo de colores marrones opacos, oscuros,  un lienzo de la virgen Inmaculada, alumbrada por una lamparita de luz roja muy desvaída y triste día y noche. Paso miedo algunas noches que me desvelo, bajo aquella luz roja mortecina, parecemos espectros. Mi hermana, mucho menos miedosa que yo, me toma el pelo. La noche de verano que nunca amanece. Quedamente, ella, al verme beber agua del vaso que siempre esta lleno sobre la mesilla de noche, dice: “¿has bebido agua del vaso?”. “Si”- respondo-, “¿y?”. “¡Estas muerta!”. “¿Por qué?”- ...”La Chacha Concha, que como bien sabes esta casi ciega, mientras tú estabas en el cuarto de baño se ha sentado en tu cama para coserle un botón a su camisa de dormir; cuando ha terminado, he visto como la aguja ha caído  al vaso de agua, no se ha dado cuenta y ahora tú te has tragado la aguja”. “¡Estás muerta!, ¡estás muerta!, ¡te morirás cuando la aguja atraviese tu corazón!”, ¿no notas los pinchazos?, pues ya sabes cuando la sangre cuando la sangre lleve la aguja hasta tu corazón... todo habrá terminado para ti...” (y se duerme tan tranquila). 
 

Muerta, estoy muerta. Durante toda la noche suplico al lienzo de la Virgen, como un reo condenado a muerte, que me salve; aterrorizada, noto como la aguja recorre mi sangre, dándome pinchazos, si, si, si, ¡la noto como se acerca a mi corazón!.Al fin entra la claridad. “¡Estoy viva!,  mira hermana, ¡estoy viva!”. “Claro que lo estás, la muerte siempre llega de noche, por eso es negra, tonta”. Entro a despertar al abuelo, antes de nada, pálida, asustada, le digo:”esta noche será la ultima vez que pueda oír Carmen María de noche y de día”. “¿Y eso?”, pregunta, “anoche bebí  del vaso de agua de la mesita, mi hermana vio como a la Chacha Concha se le caía  una aguja dentro del vaso, ¡y me la tragué!” me abraza, se echa a reír “Ay Carmen María, ¿no ves que ha sido una broma de tu hermana?”. “Sabes una cosa, pequeña” continua- “tu corazón es tan grande que ni un millón  de agujas podría matarlo; anda a esperarme en el huerto, tenemos que hacer las faenas, ya  bajo”. 
 

Nunca escuches mentiras, ni caso, cree en ti y en la fuerza  de tu joven  corazón.

 

©Carmen María Camacho Adarve
CONTRALUZ Año IV – Número 4- Agosto de 2007
Revista anual de la Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico
Edita:
Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico.
c/ Río, 1. 23550 Cabra del Santo Cristo (Jaén).
cartas@cerdayrico.com
revista@cerdayrici.com
Depósito legal: J-395-2007
ISSN 1698-8817
CABRA DEL SANTO CRISTO (Jaén)

 

En  primera persona 
UN MATRIMONIO PARA LA ENSEÑANZA 
 
Juan Cózar Castañar, Catedrático jubilado  ©


 
 

El 4 de julio de 1957 aparecía  en el  DIARIO JAEN una crónica del corresponsal en Cabra del Santo Cristo, de la primera misa que celebraba el que suscribe este trabajo, primer  sacerdote que había sido después de la guerra civil de 1936 37. 
 

El corresponsal era D. Gabriel Adarve Prieto, maestro nacional, casado con la también maestra  Dª Matilde Mendoza Jiménez.  
 

*(Mis muy queridos abuelos maternos) Carmen María Camacho Adarve 
 

A este  matrimonio se refiere el título de este trabajo. 
 

La crónica aludida excedía los parámetros de una crónica  periodística, porque no se limitaba a relatar el hecho y sus circunstancias ocurridos el día 2 de julio de 1957, sino que D. Gabriel se dejaba llevar por el afecto y la emoción del momento hacia mi persona repitiendo hasta seis veces el diminutivo “Juanito” con que desde mi tiempo de monaguillo el entonces párroco D. Valentín Peña me nombraba. 
 

En esa crónica describía con emoción el momento de la elevación del Cuerpo de Cristo consagrado por mí por primera vez, con estas palabras: “Cuán grande y sublime el momento de la consagración y cuánta amorosa majestad y pausada recreación en la elevación de la sagrada Hostia”. 
 

Con este trabajo quiero rendir homenaje de afecto y recuerdo a ese maestro nacional que toda su labor docente la ejerció en nuestro pueblo junto con su esposa, ambos, como todos los demás maestros de entonces y los de ahora han contribuido a la formación y educación de los niños y jóvenes de nuestro pueblo. 
 

En un número anterior de CONTRALUZ me ocupé de otro maestro, D. Avelino del Peral; hoy lo hago con D. Gabriel Adarve. 
 

No llegué a ser alumno suyo, pero si quiero ensalzar su figura, no ya sólo por agradecimiento de esa crónica tan emotiva que me dedicó hace ahora cincuenta años,  sino más bien por recordar su persona y su labor pedagógica en Cabra del Santo Cristo. 
 

D. Gabriel era granadino nacido en la capital de la Alambra el 16 de abril de 1985, en el barrio de las Angustias, en cuya parroquia debió ser bautizado a los pocos días de nacer. 
 

Ser de Granada y pertenecer a la parroquia de la Virgen de las Angustias es algo que imprime cierto carácter muy especial; por eso Granada y la Virgen de las Angustias irán siempre grabadas en su vida y en su actividad Literaria. 
 

En Granada fue educándose en la escuela primaria y,  terminada ésta, pasa al Instituto de Enseñanza Media “padre Suárez”, único entonces en la capital. 
 

Su primer destino como maestro fue Bailén. Era el primer contacto del granadino con la provincia de Jaén. Desde Bailén  hizo una permuta con un maestro de Cabra del Santo Cristo.

 

© Juan Cózar Castañar
Catedrático jubilado.
CONTRALUZ Año IV – Número 4- Agosto de 2007
Revista anual de la Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico
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c/ Río, 1. 23550 Cabra del Santo Cristo (Jaén).
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UN MATRIMONIO PARA LA ENSEÑANZA II


Pero la labor educativa de D. Gabriel no quedaría limitada al horario escolar, que ocupaba entonces mañana y tarde hasta las cinco, sino 
que, después de esas horas de escuela, daba clases a alumnos que habían finalizado la etapa escolar y se preparaban para cursar el 
Bachillerato. D. Gabriel junto con otros maestros de la localidad preparaban a esos jóvenes para posteriormente examinarse en el 
Instituto de Enseñanza Media de Jaén. 
 

Él como conocedor de la lengua latina, los preparaba en esa asignatura. Recuerdo que en vacaciones de verano, siendo yo seminarista, 
cuando nos encontrábamos, me soltaba alguna frase latina de Cesar o de Cicerón. Además de latín también enseñaba lengua Española; 
 

Para esta enseñanza compuso y editó una Gramática de la lengua Castellana. Desgraciadamente no he podido tener en mis manos este 
libro del que ni la familia conserva ejemplar alguno. 
 

Además del Magisterio D. Gabriel ejerció otras actividades, de entre las que destacamos sus colaboraciones al periódico JAÉN. 
 

Como periodista es autor de numerosas crónicas que como corresponsal enviaba al Diario provincial. Estas versaban sobre diversos 
acontecimientos ocurridos en la localidad, unos de carácter socio-político: visitas de autoridades por diversos motivos; otras de temas religioso, como en la que encabeza este trabajo, procesiones, fiestas patronales; otras de carácter luctuoso como la que apareció el 13 de 
agosto de 1950.Dos días antes una nube devastadora y cruel descargó hacia las cuatro de la tarde del día once sobre nuestro pueblo 
causando siete muertes y gravísimos perjuicios en la cosecha de aceituna. 
 

D. Gabriel relataba en su crónica detalladamente la muerte de cinco jóvenes y niños dentro de a cueva que les servía de vivienda y la de 
otro matrimonio, él invalido, arrastrados por las aguas impetuosas. 
 

Iniciaba así su crónica: “EL viernes (día 11) cerca de las cuatro de la tarde, y sin que hubiera apenas indicios anunciadores, en pocos momentos se formó una tremenda nube que descargó una verdadera tromba de agua y granizo, llegando a alcanzar la capa de éstos en muchos lugares una altura de más de medio metro y con tamaño superior al de avellanas. Varías casas situadas en la parte alta del pueblo, llamada las Cuevas, quedaron inundadas y otras se derrumbaron.” 
 

Termina la crónica muy detallada con la visita del gobernador civil en funciones y otras autoridades provinciales que recorrieron los lugares donde la nube había producido más estragos y la asistencia al entierro de las victimas. 
 

De su faceta literaria conocemos un trabajo corto, unas seis páginas, titulado “Un incendio memorable”. Forma parte de un pequeño volumen, una colección llamada “cuentos nuevos” en la que colaboraban varios autores con una narración corta; la de D. Gabriel va de la página 11 a la 16. El librito estaba publicado por “Ediciones Rumbos” de Madrid, en 1952. 
 

Es un escrito en el que su autor, ya maduro, recrea un acontecimiento que él vivió cuando sólo contaba 19 años: En la noche del 28 de julio de 1916 un fuego devastador prendió en el camarín de la Virgen de las Angustias. D. Gabriel recuerda el toque de arrebato de las campanas de toda la ciudad; cómo la gente se agolpaba frente al templo; cómo todos temían por la imagen de la Virgen tan querida de su Virgen. Y en medio de aquel estupor se abren las puertas del templo y un grupo de hombres intrépidos aparecen llevando “en volandas” la imagen tan querida por todos. 
 

En este momento la voz del narrador se llena de emoción y en un estilo declamatorio y vibrante, como los mejores discursos escribe: “Aquellos hombres valerosos: matarifes, carniceros, curtidores, gente brava y de pelo en pecho del renombrado barrio de las Angustias; aquellos hombres...que eran capaces de jugarse la vida a punto de faca; aquellos hombres...que habían dejado correr sus lágrimas como niños ante el inminente riesgo de la idolatrada imagen; aquellos hombres habían salvado a su Virgen de las Angustias”. 
 

El relato, a pesar de su brevedad, está escrito con emoción, con vehemencia y a la vez con una utilización de la lengua tan perfecta que esas breves páginas nos bastan para ponderar al literato que encierra. Lamentamos que no hubiera seguido en esa línea, sin duda que sus escritos hubieran sido muy bien enjuiciados por la critica literaria. 
 

De lo sublime, de lo literato, pasamos ahora a otras facetas que rozan con la vida práctica de nuestro maestro y que suponían para él un relax en las tareas docentes: la de cazador y hortelano. 
 

Para D. Gabriel el ser cazador era un descargo dentro de sus ocupaciones prioritarias: salir al campo, observar la naturaleza. Él era cazador al ojeo, metido en su puesto y esperar que el pájaro lanzara su reclamo. Le, niño yo, pasar por la puerta de nuestra casa de la calle Cobos con la escopeta y la jaula al hombro camino de las Nogueras o tal vez mas allá, hacia el Buitre. El peso de aquellos arreos de caza le habían producido una inclinación del hombro tan visible que, aún sin esos arreos a cuestas, le habían dejado ya esa figura. Y siempre con la pipa en la boca. 
 

La otra faceta suya era hacer de hortelano. La casa de la calle Cobos, su domicilio, era y es un inmueble grande con habitaciones, la más amplia para la escuela de la señora y las demás para uso de una familia numerosa. Pasada la puerta de entrada y un largo pasillo, se llegaba a un patio amplio con macetas por todas partes que Dª Matilde cuidaba, después de cumplir el horario escolar. 
 

Si las macetas y las flores eran la ocupación de la señora, D. Gabriel se ocupaba en los ratos libres de la escuela en tareas agrícolas en el huerto que estaba dentro del recinto de la casa. Allí se entretenía cultivando hortalizas. Lo recuerdo con unos pantalones de pana y azada en mano tomando agua para el riego de la fuente que había junto al huerto. 
 

COLOFÓN 
AL repasar el callejero de nuestro pueblo observo que muchas calles están dedicadas a políticos o literatos de gran prestigio nacional o regional. Y esto me parece muy bien. Y estos maestros como ADARVE MENDOZA que, aunque no fueran naturales de Cabra, dejaron la mayor parte de su vida aquí, se compenetraron con lo autóctono nuestro, educaron a muchas generaciones de nosotros y hasta dejaron sus cenizas en nuestro campo santo, ¿no merecen este honor? 
 

Vaya aquí mi recuerdo, mi adhesión sincera y mi gratitud eterna a este matrimonio de maestros y a todos los que como ellos con labor callada han educado y siguen educando a nuestros niños y jóvenes.

Cuando D. Gabriel llega a Cabra venía soltero, era el año 1919, acompañado de su madre Dª. Eloisa Prieto. Él ya debía estar en relaciones

con otra joven maestra granadina Matilde Mendoza Jiménez, con la que se casó el 25 de agosto de 1921 en la iglesia-Colegiata de los

Santos Justo y Pastor de Granada.

Dª Matilde erjecía como maestra en el pueblo granadino de Láchar y en un concurso de traslados se le dio el traslado a el pueblo de Cabra del Santo Cristo.

EL matrimonio Adarve-Mendoza se instala en Cabra en la casa Nº 7 de la calle Cobos donde ella tenía el local de la escuela y en la planta baja del Ayuntamiento donde actualmente se encuentra el cuartelillo de la policía municipal.

En la casa de la calle el Cobos vivirán hasta la muerte de cada uno, D. Gabriel el 29 de enero de 1964 y Dª Matilde el 23 de febrero de 1969.

La vida del matrimonio transcurría entre sus tareas docentes y el cuidado y educación de sus hijos; de los ocho que tuvieron, tres muertos a muy temprana edad, a los otros cinco lo encauzaron por el Magisterio.

Así transcurría la vida del matrimonio hasta que el estallido de la guerra civil de 1936-39 separó al matrimonio de los hijos y de la abuela Eloisa.

D. Gabriel y Dª Matilde junto con Concha Torrijos la sirvienta fiel que permaneció en la casa hasta su muerte, se habían desplazado aLajarón para tomar las aguas en los primeros días de julio de 1936. Allí les sorprendió la guerra, en una zona que se adhirió al movimiento nacional. Por este motivo el matrimonio quedó del resto de la familia: La abuela Eloisa y los tres hijos mayores, Matilde, Eloisa y Gabriel, sin posibilidad de contacto ni siquiera epistolar.

En los tres años de contienda civil D. Gabriel en su zona ejerció el magisterio en el pueblecito granadino de Cájar, allí nacieron las dos últimas hijas Carmen y Concha.

Finalizada la guerra, el matrimonio pudo volver a encontrarse en Cabra con el resto de la familia. Ya en Cabra vuelta de nuevo a ocupar cada uno su escuela. Esta será la actividad del matrimonio hasta su muerte.

© Juan Cózar Castañar
Catedrático jubilado.
CONTRALUZ
REVISTA ANUAL DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL ARTURO CERDÁ Y RICO
Contraluz Asociación Cultural Cerda y Rico. Cabra del Santo Cristo. (Jaén)
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