HISTORIAS DEL MAR
Por Carmen María Camacho Adarve, © 2005

 

Una mañana de Enero a unas 800 millas de las islas  Bermudas, "El montemar" se hundía para siempre, tras una batalla contra un temporal que había abierto una vía de agua en el buque que lentamente se escoraba.

Andrés Font el Capitán había dado la  voz de alarma.

-¡Nos vamos a pique¡.

y la tripulación, como si fuesen un solo hombre, obedeció las órdenes.

Los botes se habían estrellado y se lanzaron al agua las balsas en medio de una mar encrespada con olas de unos veinte metros, de altura.

No hubo un solo grito al arrojarse al agua los marineros.El Capitán fue el último en abandonar el barco;  un golpe de mar le arrebató la vida y, como reza el destino de los Capitanes, su cuerpo desapareció bajo las aguas.

Varios días mas tarde las esperanzas de rescatar a los supervivientes se habían perdido; El guardacostas norteamericano "Escanoba" recogía  a dos hombres, y un barco mercante a los otros cuatro.

Era el balance de un saldo trágico.De los treinta y nueve hombres  el mar se quedaba con la mejor parte.

Las lineas telegráficas de América se llenaron de  nombres de complicada pronunciación.Que traían batallas marineras de un lugar  de España que siempre miro  con amor a la mar.

Cuando les dieron la enhorabuena a los, supervivientes  que acababan de tomar tierra del avión.Una sonrisa triste les iluminaba la cara.

Los marineros están juntos tras la tragedia; son hombres del mar, de pocas palabras.Cuesta sacarles unas pocas de esas palabras y hacerles revivir la  aventura que, gracias a Dios, terminó para ellos de forma feliz.Aunque para los otros treinta y tres el final fuese en las aguas oscuras y frías de un Atlántico tenebroso.

-A Gloria, le sobran las palabras cuando se funde en un abrazo muy apretado le dice a su marido:

-¡Ya te tengo...Ya te tengo¡. Y ella recuerda a las otras mujeres que nunca podrán decir lo mismo a los suyos, porque para siempre  se quedaron allá, en el fondo del Océano.

Gloria es la mujer de Sebastian, el segundo maquinista del buque.

Ella no se enteró del hundimiento hasta la misma tarde que supo que su marido se encontraba entre los pocos supervivientes.

-Estaba enferma en cama con una gripe, y la primera noticia que tuvo fue cuando sus familiares entraron a su cuarto a decirle que Sebastian se había  salvado.

Gloria y Sebastian hace cinco años que se casaron.Tienen dos críos.

-La última vez que Sebastian vio a sus hijos fue en agosto.¡Es dura la vida de los marineros¡.Se conocen desde adolecentes, a ella, no le gustaba que su novio fuese marinero... como lo quería se casaron.

-Gloria no quisiera que Sebastian volviese a la mar.El es un hombre muy reservado y serio; pero si hay que comer... habrá que volver a ella.

Hay que fiarse de Dios, -piensa-, y cuando uno siente la muerte muy cerca, agarrarse con fuerza a esa medalla de la Virgen del Carmen que siempre llevo.

-¿Pero Dios?  no se si tengo  ánimos de rezar...

-¡Ah¡, eso siempre lo pienso, cuando nos recogieron  en el buque Norteamericano los oficiales me preguntaban...

-¿Usted es feliz de llevar siempre esa medalla?.

-Si,  -les respondía-, si soy feliz de llevar siempre desde niño esta medalla...

Al bajar del avión, -recuerda-,  como abrazaba a su mujer y  le repetía sin cesar

¡No tengas miedo...¡ ¡no tengas miedo¡; ya estamos juntos.

Ahora, quedaban  lejos, como en una pesadilla, aquellas veinticuatro horas.El barco volcó  mas de once veces  en cada vuelco desaparecían compañeros...

El mar quería tragarnos.

Como en un juego de ruleta trágico, al final solo  quedamos yo y José Flores.

-Mis hijos cerraban la puerta  para que no pudiera salir, los chiquillos no entendían el jaleo que se había formado en la casa.

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Cinco veces volcó la barca en que Andrés Montes con otros tres compañeros esperaban el salvamento, pasaban horas eternas, inacabables de lucha, cuerpo a cuerpo, contra un mar enfurecido.

Sin  embargo los cuatro hombres que alcanzaron la barca se salvaron, Andrés, Sebastian, Miguel y Avelino se salvaron...

-Ana, la mujer  de Andrés lleva puestas una gafas de sol oscuras.Quizás quiere ocultar las huellas de su llanto.

Tampoco a ella, no le gusto nunca que Andrés fuese marinero, cuando eran novios le decía:

"Si, niño contigo no me casaría, ¡un hombre de mar¡...ni  aunque fuese Almirante...¡con todos los galones no lo querría¡.

Pero el mar es el mar, y tira fuerte...de los hermanos de Andrés tres son marineros.

Hay, una vocación y una tradición, de la que difícilmente podrá escapar el pequeño Javier, aunque la madre se oponga y el padre no quiera.

-¡No¡, para el hijo ellos no quieren nada de eso.

Hace mas de veinte años que Andrés trabajaba en la misma compañía.

Anduvo en casi todos los barcos de la empresa.Fue ayudante y gamucero...

Nunca se plantearon que aquello fuera tan grave, ¡no pensaron¡, que  aquel barco tan bueno pudiera irse a pique. ¡Si de verdad yo no tuve miedo¡.

Andrés habla muy poco.El recuerdo de la pesadilla vivida a lo largo de unas horas interminables  ha puesto un doloroso silencio en sus palabras...

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Para Avelino Silva, marinero de Santander,  este era la primera vez que zarpaba en el  "Montemar", aunque desde los doce años andaba ya, metido en la aventura de la mar.

A recibirle fue su mujer, Adela que suele hablar con ese estoicismo de las mujeres del mar que saben bien, que el, siempre cobra su tributo.

-En casa de la familia:

Son todos marineros, -su padre-  también lo fue  y se lo llevo la mar.

Los hijos quieren serlo, ¡ Que puede hacer ella¡.

Cuando Avelino se bajó del avión, abrazándola, le dijo,  (comiéndose las palabras), -porque esas cosas son mas para sentirlas que para decirlas:

-Mujer, ¡que ya me tienes aquí¡...

Y en esa frase se encerraba todo el drama de una aventura que para todos terminó mal..

Llevan mas de quince años juntos y los dos hijos que tienen en común seguirán el  oficio del mar.

Marta trabajaba aquel día, en la fábrica de conservas.Supo la noticia del hundimiento por la televisión.

Y, se marchó a Barcelona a la oficina central de la Compañía naviera para pedir noticias directamente.

¡Sin decir que era de los familiares de los marineros¡, para enterarse de toda la verdad sin disimulos o compasión.

En su casa, hubo inquietud y preocupación, hasta que le confirmaron que Avelino era uno de los supervivientes.

El hijo le decía a Marta,  que no se preocupara, que el padre era un buen nadador y además llevaba un traje de baño muy bonito ¡que el lo había visto¡.

-Una vez Avelino fue víctima de un accidente en un barco pequeño, de pesca,  que se estrelló contra unas peñas.Ha llegado en sus correrías hasta Terranova y Guinea.Pero él no se da importancia;  como siempre le dice Ana, ¡todo lo echas a broma¡.

-¡Cuanto mas lejos navegue mejor¡, suele decir Avelino.

Avelino, ahora está feliz, y muy contento en la realidad del encuentro, que casi lo vive como un sueño.

-¿Volverás a la mar?,< le dice Marta>...

Las historias dramáticas de los cinco hombres unidos en la muerte y en la adversidad ha terminado.

Son momentos para vivirlos más que para contarlos.

Porque el mar tira siempre...En sus memorias quedará para siempre gravado

el recuerdo de los treinta compañeros que ya no regresarán. 

 

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