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©2005, Carmen María Camacho Adarve
MI HUMILDE CASA DE SALON
Yo, Miguel de Nostradamus,
dejo una vida larga de trabajo, en la que he podido ver el futuro de
las monarquías, gobernantes, y hombres. Ahora que la artritis poco a
poco me va matando, junto con este mi viejo y cansado corazón tan solo
que ya no quiere seguir. Buscando siempre la certera vedad de
nosotros los hombres. La libertad humana, que en vuestras manos dejo,
para que prosigáis sin descanso, hasta alcanzarla. Pasaran siglos
si. No se debe abandonar el camino emprendido por todos los que hemos
amado, luchado, y buscado la libertad.
Reposo con los ojos entornados en esta
mi humilde casa de Salon. Mis familiares alrededor mío andan afanados
esperando mi muerte. Parecen haber olvidado que solos nacemos y solos
morimos.
No he buscado la fama, a pesar de todos
los que no me creen. He buscado el conocimiento y como ya os he
dejado dicho la libertad humana. Si me enriquecí, prestando dinero a
interés y haciendo editar almanaques con mis profecías. Ha sido por
ganarme el pan. Y así dedicarme con más ahínco a observar el mundo y
la experimentación de todas las cosas que me han sido útiles.
Si, puedo predecir que mi muerte esta a
la cabecera de mi cama, la barrunto y además me siento débil y en
extremó cansado.
Escribirán en mi epitafio. “Aquí
reposan los huesos de Miguel de Nostradamus, cuya pluma, casi divina,
todos juzgan digna de trazar y transmitir a los hombres, según el
influjo de los astros, los acontecimientos futuros en la tierra.
Falleció en Salon de Crau, Provenza, en el año de gracia de 1566, el
día dos de julio, y a la edad de 62 años, seis meses y 17 días. ¡Los
que vengáis no toquéis sus cenizas no envidiéis su reposo¡”.
Desgraciadamente puedo firmar con mi
puño y letra; ahora y en este instante de transito, sin ningún temor
de errar. Se que durante la revolución francesa, las turbas
envenenadas por el odio de la guerra y la muerte. Dispersaran mis
cenizas. Años más tarde el municipio asegurara que las había
recuperado. No fue así.
Al día de hoy algunos peregrinos llegan
hasta mi sepultura, algunos son curiosos, otros rezan por mi alma y
traen flores, también vienen a pedir, el don del conocimiento, los mas
respetuosos, guardan silencio ante mi lápida sepulcral. En la capilla
de la Virgen de la Colegiata de San Lorenzo.
En noviembre mes de difuntos de el año,
2005.
Otros capítulos de Nostradamus:
Nostradamus
Astrófilo
Filtro de Medea
Mi humilde casa de salón
Sobre mis profecias
Catalina de Médicis
Grageas de Hércules
Muerte de Adriana
El prefacio
La peste de Montpellier
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