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©2005, Carmen María Camacho Adarve Así hablaba Noelia de Roca al cirujano. Como un niño pide sus deseos alas hadas, los elfos y los nomos del bosque. Seres mágicos..., estrellas fugaces en noches de agosto. La comparación no es casual ni poética. Ya que el cirujano tenía un rostro espectacularmente feo. Y era desconcertante. Hacía pensar que el doctor había sacrificado su estética por una inmejorable destreza profesional. Como un vidente, puede renunciar a beneficiarse de la lotería y ganancias económicas sorpresivas. El doctor Campos era rotundamente feo. Su trabajo era lo negativo de su aspecto físico. Pero esas evidencias no habían perturbado el espíritu de Noelia. Ella estaba acostumbrada a tratar con dos tipos de hombres genéricamente: El hombre-padre, del cual es preferible admirar sin entrar en demasiadas profundidades para poner a salvo la subordinación voluntaria. Y el hombre-pareja, al que llegaba a través de emociones erótico-sentimentales a veces muy complejas, y terminaba por pensar que, tras la cama, solo quedaba la belleza de los recuerdos, sueños vulnerables e ilusiones pospuestas para próximas relaciones. El doctor Campos había entrado en la vida de Noelia en calidad de hombre-padre. Y, a un padre, no se le pide belleza, ni sueños. Se le pide cosas tangibles. -Mire, señorita Noelia -dijo- el doctor Campos (sin ninguna esperanza). Tal vez mi opinión le parecerá dura, pero soy poco partidario de las restauraciones, aunque pueda resultar paradójico. ¿Con su aspecto actual le ha ido tan mal?. -¿Quien dice que me haya ido mal?, -espetó- . Soy yo, quién ve mas mi cara y mis pechos. Es a mi a quien quiero satisfacer con el cambio de imagen. Quiero tener seguridad sicológica -Bueno, para eso están los psiquiatras. -No se canse doctor, se por donde me va salir. Conozco la historia . Mire usted, soy culta, inteligente, sana. Y vivo feliz. Solo me hace falta otra cara y unos pechos grandes. -¿Y con el cambio de imagen?, ¿le cambiara la realidad?, ¿las cosas?. -Las cosas, siempre van a cambiar y mi imagen cualquiera que sea, no va a poder que se produzcan cambios, ni mi realidad. ¿Que importan los motivos?. -Perdóneme, Noelia permítame que le insista en el psicoanálisis... -¡Por Dios¡, ¿cree que soy una estúpida?. Unas cuantas sesiones de psicoanálisis no va hacer que cambien mis ideas; O mi forma de enfrentar la vida. -Y, como usted no puede cambiar de idea. Piensa que... ¡Es lo mas fácil es cambiar de aspecto?. -Eso mismo. -Bien, creo que todo este asunto es poco ortodoxo. ¿Para que engañarnos?. Si tampoco yo encuentro nuca razones para cambiar la imagen de la gente, y sin embargo es mi trabajo, muchas veces creo que al que tenían que sicoanalizar es a mi . -¡Ni se le ocurra¡, ¡se quedaría sin trabajo¡. Y, a fuerza de argumentos indiscutibles, entre ellos, concluyeron que el trabajaba como cirujano plástico para que nadie le sugiriese cambiar su aspecto. Y, ella quería tener otra imagen para sentirse bien, para disfrutar mas. Lo mismo que pueden ser compatibles las relaciones sexuales con el onanismo. Noelia, me gustan mucho tus pechos. Tomás, era su novio desde que ella creía que ir a la cama con un amigo, era el final de una historia. El la tenía abrazada y la miraba de un modo desconcertante impropio de su natural impulsivo. -Tienes unos pechos grandes, hermosos, y un buen culo. Ella, pensó que su novio se refería a las tetas antiguas. De manera que la honestidad era fruto del intercambio de placeres, siempre que fuesen simultáneos y renovados. -¿Sabes una cosa? -le dijo Tomás, a la vez que saltaba de la cama y se ponía el pantalón. Te encuentro distinta, no se, cambiada... Antes tus pechos parecían como dos enormes gotas de agua a punto de desprenderse. Ahora son como dos tiendas de campaña rígidas y duras. Me recuerdan al servicio militar. Lo nuestro ha terminado. Noelia, pensó que Tomás no era digno de ser uno de sus asiduos y secretamente agradeció al doctor Campos que la hubiese ayudado a descubrirlo. A los doce meses, le limaron la mandíbula, le aplanaron directamente el cráneo. El cirujano empleo anestesia local, para que la paciente pudiese dirigir los arreglos despierta y sin dolor. No lo hacia por amabilidad o por darle una concesión al alto coste de la factura. Sino por pura cuestión democrática. - Era un cirujano plástico raro. Tenía la creencia de que cada persona debía tener el aspecto que se merecía como quien cambia de casa o de coche. Cuando terminó la operación, Noelia tenía una cara mas corta, una nueva satisfacción y un gran orgullo de ser la mujer mas bella, tal vez, -pensó- del mundo. Ella tenía por norma pensar que los que no ven las cosas visibles y tangibles no se merecen ninguna explicación, ni atenciones. Si Adrián era capaz de suponer el final de su relación simplemente por un limado óseo, entonces ni era inteligente ni perspicaz, ya que otorgaba demasiado tiempo a cosas accesorias y a los sentimientos, no era de fiar. La perplejidad daba a su rostro una expresión oscura acentuando su pragmatismo. Aquel amor había crecido en base a restos óseos que habían quedado en un quirófano. ¿Y como amar a un hombre que solo quiere lo que a una le sobra?. Noelia, continuó con sus cambios físicos, una mujer, tal vez la mas bella del mundo. Hizo una profunda revisión a sus relaciones y vinculaciones con los hombres. Con sus tetas restauradas, sus mulos sin grasa, su culo de silicona, barbilla pulida, nariz respingona, y el cráneo aplanado... La cosas se veían mucho mas claras. Pensó que el siguiente paso seria hundir los globos oculares dentro de sus órbitas para ganar profundidad en la mirada. El doctor Campos, le suministro anestesia total, en esta ocasión dispuesto, a dar una forma mas pequeña a su nariz y a proyectar los pómulos hacia afuera todo ello a lo largo de la misma intervención quirúrgica. El trabajo resulto un éxito. Cuando le retiraron las vendas. Noelia se encontró con una mujer muy bella pero desconocida delante del espejo. Su mirada emergía desde muy dentro, los pómulos eran como dos rampas de despegue, su naricilla retadora , la impresión general resultaba indefinible. Pagó la factura y se marchó a su casa, volvió a quedarse hipnotizada ante el espejo se paso días intentado en vano encontrarse a si misma. Los días pasaban lentamente, Noelia seguía metida en una infructuosa lucha por recuperar su identidad que hasta sus admiradores le negaban. Ya no se atrevía a verlos, sobrecogida por un choque emocional de imprevisibles consecuencias. Cuando la convivencia con ella misma era cada vez mas confusa y el espejo solo era una ventana mas abierta a la incertidumbre. Empezó a notar como la piel de su rostro empezaba a tirarle, y a retraerse, provocándole, sensaciones muy extrañas e inhóspitas. Que la llevaron a ponerse en contacto con el doctor Campos: -¿Eso le ocurre? -contestó- al otro lado del teléfono el cirujano plástico, -ya me temía algo así-, mujer ya me lo temía... -¿Que me va a pasar ahora? ¿que tengo que hacer?. -Nada tranquilícese. Mire ha cambiado usted tanto su cara que el organismo la desconoce y está poniendo en funcionamiento el sistema de defensa. Ya que su rostro es un elemento extraño que su cuerpo esta empezando a rechazar. -¿Y que me va a pasar? ¿como voy a quedar?. -Va a quedarse como yo, ¿por qué cree que tengo esta cara?. Hice lo mismo que usted y ya ve cual ha sido el resultado final. Y el doctor Campos, cirujano plástico un hombre raro...Pensó que pronto llegaría un momento en que los autorechazados. Dominarían la tierra. |
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