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El quince de Mayo había una
calma absoluta.Carlos fernandez impartió su
clase como todas las mañanas y estaba en el
Hotel costa blanca con el resto de sus
compañeros descansando mientras oían la radio.
En aquel momento sonaba
merengue.
-De repente paro la música
para dar la noticia de la revolución.
Todos se echaron a la
calle gritando: ¡El general Waldo presidente¡.La
policía intervino en las manifestaciones y una
nota de la junta militar era difundida por todos
los medios de comunicación indicando que todo
era una falsa alarma y, animaban a la gente a
salir a las calles.
Nosotros decidimos no
movernos del hotel .Durante toda la semana la
cosa se puso fea, debido a la escasez de
alimentos, ya que el grupo de profesores no
cobrábamos el sueldo.
Estábamos muy inquietos,
con los nervios rotos, paseábamos de una
habitación a otra sin poder salir de el hotel. A
veces nos entreteníamos jugando a las cartas,
pero la mayor parte del tiempo no teníamos calma
suficiente. Las noticias eran cada vez mas
alarmantes: Bombardeos y guerrilleros.
¡Todo era un caos¡.
Cuando hablábamos de las
causas de la revolución, yo solo les comentaba a
mis compañeros.
-No entiendo de política.
Quizá el sentido de la
libertad para las personas que viven y nacieron
en la isla es algo distinto.Ya que aquí los
golpes de Estado son una tradición.
Mientras esto ocurría y
para calmar la angustia de mi familia, me atreví
a salir a la calle para hacerles llegar un
telegrama: "Estoy bien todo tranquilo". Pero la
verdad distaba mucho de lo real, y viendo que la
cosa no tenía pinta de terminar, y sorteando la
cortina de tiros, me lanzé otra vez a la calle.
-Pedí a un vendedor
callejero de tabaco, al que conocía de vista,
que me acompañara.
El tabaquero se había
apoderado de un fusil y fue quien me llevo hasta
la Embajada Española.
Después fuimos trasladados
a otro hotel, donde estaban todos los refugiados
extranjeros y luego en una "gua gua" nos
llevaron hasta el puesto donde los americanos ya
habían desembarcado y a bordo de una barcaza
llegamos hasta Puerto Rico.
Tengo que decir lo bien que
se portaron con nosotros , tanto es asi que
hicimos llegar un escrito al Capitán dándole las
gracias .Su actuación se limito a evacuar a la
población.
Mientras en Andalucía sabía
que mi familia estaba viviendo semanas de
autentico pánico, pendientes de; La radio, la
televisión, periódicos, y todo lo que podía
ser o convertirse en noticia.
Mi mujer estaba
desesperada, bien mal que lo estábamos
pasando.Sin saber si vendrían alguna vez a
rescatarnos.Pero yo rezaba.
María cecea es gaditana y
mis hijos que nunca han estado en Cadiz también
hablan un andaluz muy cerrado.
No me quedaban ánimos ni
palabras de consuelo para dárselos a María y los
niños, los pobres se distraían jugando, pero
cuando veían imágenes mias en los informativos
se derrumbaban también.
Antonio, el mayor ha
cumplido doce años, es un adolecente reflexivo y
serio, que contesta con aplomó.
-¡Quiero¡, le dice a sus
amigos-, que mi padre vuelva, porque ya que
ahora lo ha pasado mal, tiene que estar aquí con
nosotros.
Mi hijo Pedro, que tiene
cinco años y la pequeña Conchi, les dicen a
todos que ellos han rezado mucho para que su
papá volviera.
A María y mi hermana no les
bastaba con las noticias de los medios de
comunicación Y marcharon a Madrid haber si
allí sabían mas cosas sobre nosotros.
Primero fueron al
Ministerio de Gobernación, después a la
Embajada, luego, al Ministerio de asuntos
exteriores.
Allí, fue donde las
tranquilizaron y, cuando volvieron a Jaén las
esperaba un vecino para decirles que se había
recibido un telegrama con buenas noticias.No les
dio tiempo a viajar hasta el aeropuerto de
Málaga, el telegrama llegó un par de horas antes
que yo.
Gracias a Dios que hemos
terminado de hacer la casa, mi mujer, quiere que
me quede en Jaén como sea pero que me quede.
Pero tengo un contrato y mi
palabra... y se que debo cumplirlo.
Mis alumnos, los que deje
en la isla, me deben estar esperando, y cuando
todo se normalice pienso volver, pero no me he
atrevido a contar a los mios esta decisión
personal que he tomado, mi clase tiene interes,
en las clases, inquietudes y sobre todo muchas
ganas de aprender..
Debo cumplir mi promesa y
regresar.
Si todo se calma.
Todos hemos vivido una mala
experiencia, mi grupo de maestros de
magisterio, junto conmigo, con vida hemos
regresado de una revolución , tenían para poder
entenderlo que haberla vivido, los que no fueron
testigos presenciales de ese tiempo
revolucionario, que ha puesto sangre en las
calle, miedo y muchas lágrimas sobre aquella
isla.
Cruzamos el charco por ese
espíritu inquieto y viejo de Andalucía que todos
llevamos dentro, "descubrir las Americas". Y
personalmente no suponía salir de "el paró", ni
ganar mucho dinero era la experiencia laboral
nueva, la de enseñar, educar y preparar a otro
tipo de niños para la vida. Allá las cosas son
bien distintas.
Eramos un pequeño equipo de
Maestros, solo teníamos un contrato laboral
temporal en la Escuela de Formación profesional
"la Acelerada", en Jaén.Y algunos compañeros
habían cruzado el Atlántico y durante siete años
vivieron y ejercieron la profesión en la isla.
Cuando termino nuestro
contrato, sin dudarlo firmamos uno nuevo para
salir a el Sur de América, se pagaba en dolares
y con el dinero que mandaba a casa María y los
niños se defendían bien.
Impartía clases de
tecnología aplicada, electrónica, y dibujo.
Los profesores estamos allí
muy bien considerados, somos un peso fuerte, nos
costaba adaptarnos al clima tropical y a las
comidas.
Arroz cocido con judías, es
el plato casi diario...
Yo echaba de menos los
guisos de mi mujer y los que hacia yo, cuando me
tocaba cocinar, y desde luego echaba de menos a
mis hijos, ya se sabe.
Aquel día, quince de Mayo,
hacia una calma absoluta, yo regresaba de mi
trabajo normalmente al hotel donde vivíamos.Era
la hora de la siesta Descansaba echado en la
cama mientras oía las noticias de la radio.
y, de repente dejo de sonar
la música. |