Pongamos que era mayo, diecinueve de mayo. Era mi cumpleaños -¿Te acuerdas?- aquella no celebración. Salimos a cenar y te perdistes en casa de alguien, mientras te esperaba en la calle. Lo siento mañana lo celebraremos. Te reproché y te conté todos los días del año que había para ayudar a los demas -a ti siempre te gustó ayudar a los demas-. Te enfadastes.
Pero ahora cambió la situación. Pongamos que era diecinueve de mayo, estoy en el campo ( he elegido estar solo en el campo) debajo de un melocotonero,y a veces como me enseñó la sabiduría china -debajo del melocotonero el árbol de la vida-, puede recordarse los sueños del otro. ¿Qué estoy confuso? lo admito, estoy confuso. Pero ya sabes que todo es complicado y confuso. Intento disponer torpemente este todo confuso en un orden más o menos digno, y eso presupone la falsedad acaso involuntaria. Así pues te ruego que me comprendas.
Habría querido hablarte la tarde de aquel cumpleaños. Si hubiera podido, pero ya sólo es una imágen de siempre, el siempre no habla. Pasabas por allí y ya no estás conmigo. Atravesabas algo sin saber que. Y se ese modo te estabas yendo, despacio , hacia algún otro lugar; pensabas, tendrá que existir otro lugar y pensabas y pensabas ¿es verdad?. Extranjera eres también en otro lugar, que va cambiando de forma constantemente. Como las nubes, cambian de forma, movidas por el viento, por el aire, van pasando las nubes que tapan la Luna, que se alejan. Es el ciclo de la vida, nostálgia, sensación de no esperanza, esperanza en las nubes, que van y vienen, y cambian. Y los demas es arrepentirse, es volver al remordimiento. Sigamos... he perdido el hilo, -las nubes-, sí, hablaba de las nubes. Después te fuistes hacia otro lugar, frágil pero fuerte. Mientras yo viajo a través de sendas que se bifurcan, caminos de Santiago de Compostela; mares no vistos por mí ni explorados. Camino sin manchas y sin nieve, con todos los miedos del mundo -y pienso- que tu piedra es ligera y rueda inestable por los mismos caminos. Hasta el momento en que el viaje de ida se transforma en el de regreso. Porque la memoria evoca el olvido; es precisa, es apta, impecable. Pero no produce nada nuevo. Este es su límite. Sin embargo la imaginación no puede recordar. Como la memoria está también limitada, pero en equivalencia produce lo que no existía. Que es una cosa que nunca había sido pensada.
Mientras camino, peregrino como el viento, no tiene hecho. -recuerdo que dijiste un día- no puedo vivir en esta casa, es oscura esta casa. -te respondí- te construiré -te dije- una hermosa casa para ti, un imperio de flores para ti. Imagino, no pienso, sigo andando, por los caminos de Santiago. Que son tan diferentes en otoño, diferentes porque ya apenas quedan peregrinos, sólo turistas de agosto. Voy pensando en la casa. Te hablé una vez de la hermana pobreza, de lo inutil de los objetos que pueblan nuestro espacio vital -Francisco de Asís- (deberías leerlo alguna vez). Sigo ¿Por donde ibas?, ¡Ah si! iba pensando en la casa. Pero ya no estaré más allí ni aquí en este bosque de Galicia. Pero si estoy allí, sería como si no estuviera. Sin embargo puede ocurrir que el giro de la vida o el sentido de cualquier camino, sea como el mio . Y sensato. Quiero buscar voces en este bosque, voces desaparecidas, y , quizás un día creas que puedes encontrarlas ,una noche que ya eres viejo. Una noche bajo la Luna y crees escuchar que suena un saxo y va recogiendo con su música todas las voces que provienen de los montes, de los árboles del bosque. Y un milagro -piensalo no es- , aunque nosotros necesitemos un milagro. Entonces piensas, tal vez no sea más que la imaginación de una ilusión, una desdichada ilusión. Pero por un instante mientras ha sonado la música ha sido verdad y sólo para ella has vivido. Tu vida. Parece que esa idea otorga un sentido a la sensated¿dime?es extraña esta vida¿O no?, en la que uno se despierta en mitad de la oscurida de un bosque, suena un saxo. Y uno se queda mirando fijamente en la oscuridad abierta inmensa de un cielo negro, con los ojos muy abiertos, y espera que se haga de día, para seguir caminando. Ten valor, pienso, porque ahí estás tú, ten valor. Rezo una oración -que conjure tu imágen-. Aunque haya pasado tanto tiempo, aunque la vida parezca haberte sepultado, -estás aquí- venga ten valor, puedo tocarte . Extiendo la mano en la oscuridad y te siento. Eres tú. Ahora es completamente de día y el Sol proyecta un rayo entre los árboles del bosque sobre la mnta arrugada en la que estoy envuelto. pero ya no, ya no, era noche, ni ayer. Hoy es mañana.
Uno nos se puede centrar solo en lo que no está, ¿que pasaría si llego al final del viaje, o al final de mi vida? y comprendo que sólo lo había pensado día tras día, sólo tú en mi memoria. Una mujer, esperando una mujer desaparecida. Que pena tan insufrible sería que apenas había vivido, sólo seguía las señales, los lugares en los que la gente me decía que habías estado porque sólo puedo pensar en ti. Incluso cuando la vida se me está escapando de las manos. Y sin embargo si dejo de pensar en ti que vida me quedará.