RECORRIDO POR EL RÍO
Por Carmen María Camacho Adarve, ©2005
En las riberas del río se alza una pequeña escuela abrigada armoniosamente entre montañas.Los alumnos son hijos de campesinos de las granjas.
Para ir a la escuela los pequeños tienen que navegar todos los días en lancha, un largo recorrido por el río ya que es único medio de transporte en este pueblecito sin carreteras ... El capitán de la embarcación se llama Rosalia Rochar.
Es una muchacha; bonita, joven.Que antes trabajaba de telefonista.Por su aspecto parece mas bien una modelo de pasarela que piloto de lancha.
Rosalia sabe lanzar amarras como nadie.Dos veces a lo largo del día pilota la lancha río arriba y regresa, recogiendo a sus niños pasajeros camino de la escuela.
El río, es un río ancho, tranquilo, que serpentea por las plantaciones de caña de azúcar que crece de forma exuberante hasta las riberas y en cada trecho asoma una granja.
Para llegar hasta la escuela de las montañas, los críos que viven en las granjas tienen que viajar en la lancha de Rosalia Rochar.La embarcación marcha río arriba y río abajo durante mas de dos horas por la mañana y por la tarde.
La capitana monta en su bicicleta todas las mañanas cuando sale de su casa hasta el embarcadero donde tiene amarrada la barca, y su primer grupo de niños sube a bordo sobre las siete, con Rosalia al timón; parten en el recorrido mañanero.
Las apacibles aguas reflejan en la superficie distintas tonalidades que surgen de la mañana.Las cañas de azúcar rozan el borde del río y la silueta de la montaña se alza próxima como parte del paisaje.
No se puede imaginar un camino mas agradable para ir a la escuela.
En la primera parada, Juan de cinco años y una pequeña muchachita de color, demasiado tímida para pronunciar su nombre, surgen entre las cañas y sube a bordo descalzos.Mas tarde recoge a Cari, que siempre despiden la madre y el perro.Después a Pedro y Alejandro, y también a un grupo de pequeños de sonrosadas mejillas.A bordo los niños termina de hacer los deberes para clase.
Cuando recoge a Tomás a un buen trecho del río abajo, el muchacho normalmente ocupa el tiempo de espera del barco pescando.Recoge el aparejo y sube a bordo.Su perro se queda ladrando frenéticamente, mientras la barca desaparece en medio del río.
Es imposible (piensa Rosalia), compartir en una pequeña embarcación durante mas de cuatro horas diarias sin llegar a conocerlos bien.
Arrojan aviones de papel al río y Juan desmonta un barco de juguete y todos quieren arreglarlo.
Rosalia, comprensiva, pero conservando distancias, mantiene una vigilancia severa sobre el pasaje.Esta claro que la capitana no tolera tonterías.El río en ese tramo de meandros, no es precisamente un estanque que se puede cruzar andando y hay que evitar complicaciones.
Los niños llegan a la escuela poco después de haber dado las nueve de la mañana y bajan del barco, alborotando mientras trepan por la colina, entre juegos, risas, y empujones hasta llegar a sus clases.
La capitana pone rumbo al puerto mas cercano -su casa-.
Algunas veces en las tardes invernales oscurece antes de amarrar el barco.
Rosalia, -piensa-, que curiosamente viviendo en mitad de la naturaleza su vida es muy agitada.
Ningún marinero sería capaz de poner en duda los pensamientos de la capitana.