LA ROSA DEL AZAFRÁN
Por Carmen María Camacho Adarve
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Esta es la historia de Juan de la Rosa natural de Consuegra, provincia de Toledo.Soldado de caballería en Barcelona .

Obrero en Francia.Preso en Alemania.El hombre que no encontró para morir el lugar donde nació. Y su mujer Lila Recalde, que perdió la guerra.

Los pueblos no son como los hombres porque los pueblos siempre están en el mismo lugar.Los hombres no.Hasta que en un momento de la vida, los hombres buscan el sitio de donde un día partieron y vuelven a el para morir.

Este no es el caso de Juan ,no ha muerto en Consuegra, a pesar que en este pueblo vio la luz por primera vez.A pesar que en el se casó y tuvo una hija.En su pueblo el hubiera vivido siempre...

Pero ocurre que,el estado de las cosas, es movible, variado e inusual .Digamos que por un cumulo de coincidencias, Juan de la Rosa aparece, de repente, en Fracia .En 1940, suenan rugidos de guerra, de cañones.Lamentos de madres heridas en lo mas vivo.Termina la paz.La guerra se apodera de todo.Los hombres van a los frentes cantando canciones tristes que ellos intenta que suenen alegres.

Juan está lejos de su País.De su tierra. Lejos de Consuegra donde ha dejado a la mujer y a la hija.No tiene con ellas mas puentes que el de las cartas que le llegan de tarde en tarde y a las que el responde con rapidez.

Antes de el amanecer ya esta levantado para ir a la fábrica. Trabaja con la única ilusión de ganar dinero para poder regresar a España. Y guarda, ahorra, y se priva de mil cosas pequeñas cosas para acortar el tiempo de la espera.

Apenas si tiene amigos. Solo un pariente lejano que está con el también en Francia, llevado por el mismo destino, por la misma coincidencia.La guerra en el País galo es la segunda guerra mundial.Cruel. Inpersonal. Despiada. Los franceses sienten su guerra.Pero Juan no está allí trabajando se encuentra lejos del sentimiento.

Un día suenan los tacones de las botas recias y toscas de los alemanes de pasos fuertes en las carreteras, en las calles francesas. Los periódicos han hablado ya de la guerra la gente repite con terror una palabra:

-¡Invasión!...

Alemania pasea por Francia. Los hombres que encuentran a su paso se los llevan,sin pensar de donde son (En las guerras no se razona). Juan de la Rosa es solo uno mas entre tantos. Una noche es trasladado en un tren a un punto distinto.Aunque no sabe a donde va. Piensa que cada vez se aleja mas de su tierra. Alguien dice:

-Nos llevan a Alemania. Hace falta mano de obra.... Somos prisioneros...

Se abre una nueva etapa: Dïjsseldorf es la ciudad donde han sido trasladados .Juan comienza a trabajar en otra fábrica.Apenas descansa el trabajo es duro pasa demasiadas horas en la factoría.De vez en cuando surge el descanso debido a un ataque aéreos.Suenan sirenas...Todos los trabajadores corren hasta los refugios.Al terminar de sonar la alarma todos vuelven a sus puestos de trabajo.Los días son tristes, grises, sangrantes y cae la lluvia intensa, gotas teñidas de añil. Los alemanes, que poco antes recorrían victoriosos los territorios conquistados, comienzan a perder terreno.Y los ataques aéreos,que antes eran un descanso porque apenas ofrecían peligro, mutan a una pesadilla ,anulando la posibilidad de vivir "tranquilos".

Aquella noche Juan de la Rosa, termina su turno de trabajo.Se dispone a cambiase de ropa para ir a su casa.Suenan sirenas.El cielo se cubre con destellos de luces inquietantes que buscan a los aviones enemigos.Se escucha continuamente el estruendo ensordecedor de las bombas al estallar y los disparos antiaéreos. Juan corre como tantas veces hasta el refugio.Se oye una detonación muy cerca. Seguidamente, una locura de aullidos que gritan como la muerte..

En Consuegra, el pueblo de Toledo duerme Lila Recalde.Y cuando llega la mañana hace la misma pregunta al cartero.

-¿No hay carta José?...

José invariablemente como todos los días responde:

-Nada....

Lila recuerda el empeño y la paciencia de Juan para enseñarla a escribir y así poder amarla con infantiles frases escritas con letra de principiantes con prisa porque la familia -de Juan- se marchó a vivir a Toledo.Regresan los recuerdos como viejos fantasmas al corazón de ella.Los pocos años que compartieron de casados.Quema en su alma la soledad.

Como todos los días desde que todo se rompió, Lila y su hija saben mucho, de penuria dolor y hambre.Las dos mujeres se levantan con el sol y sin el para buscar el trabajo.A veces lo encuentran en la vendimia ( si marca el tiempo esa cosecha), cuando toca acuden a la recogida de la rosa del azafrán. Al llegar el frío del invierno van por las casas del pueblo.Fregando suelos.En ocasiones viven de la caridad del Cura y de los vecinos y siempre caminan vestidas de pena y de tristeza.

En la mañana de una primavera, José -el cartero- le entrega a Lila una carta...

No es de su Juan, sino del pariente que con el estaba.En ella le ofrece una serie de explicaciones difusas que ella no entiende muy bien y unas letras cargadas de horror:

"Por unos compañeros he sabido que Juan murió una noche durante el bombardeo de la fábrica...."

Lila, rompe a llorar sin consuelo.Recuerda en breves minutos todo.El noviazgo largo.Cuando los dos paseaban por las calles tranquilas, cargadas de silencios, se veían de tarde en tarde, calles cargadas de cal y piedras de Consuegra y los molinos custodiando el pueblo,aquellos molinos que "Don Quijote de la Mancha" ya los había presagiado como terribles fantasmas ante el asombro de su fiel escudero -Sancho Panza- , porque el Hidalgo Caballero arremete contra las enormes aspas como si fuesen brazos, descomunales, cayendo al suelo junto a su caballo una y otra vez

Han pasado muchos años de aquella carta, ya se jubilo José el cartero, y llega una segunda carta...

Cuando la situación es mas difícil Lila y Marina leen,que el gobierno Federal alemán las indemniza con quinientas mil pesetas.

La noticia levanta heridas mal curadas veinte años mas tarde y Lila arranca un llanto nuevo pero con la misma intensidad de los primeros días.El negro de los lutos tiene un nuevo brillo, intenso que ciega los ojos.

Si por Lila fuese, no tocaría ese dinero manchado con sangre de su Juan y de tantos civiles injustamente muertos en esas guerras que son la misma desde que la vida llegó a este planeta. Pero, ¡claro hay que seguir aguantando luchando sin muchas lamentaciones¡, la culpa se dice que es de los hombres por no saber cambiar sus destinos.También están su hija y su nieta.Transige.Cede.Y de la miseria absoluta pasan a un vivir modesto, pero sin angustias.

El relato que comenzó en Dïjsseldorf una noche de horror, durante un bombardeo, dicen que es vieja historia, de la segunda guerra mundial porque somos tan civilizados ahora que no sucederá mas en la vieja Europa.

 


Rosa del azafrán


Molino, Consuegra (Toledo)

 

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