EL SILENCIO DE LA TARDE
© 2003, Carmen María Camacho Adarve

Una bandada de pájaros rompió el silencio de la tarde. No, no estás ahí.

La calle acude a tu encuentro una tarde llena de sol. Tú estás perdida. No te interesa él, sólo te importas tú, como cuando hace muchos años te escondiste dentro de ti para escapar de los demás. Desde entonces eres una extranjera en tu propio cuerpo. Desde tu interior te asomas a las ventanas de tus ojos, no te reconoces y huyes de esa otra sin saber que esa eres tú. Lo último que recuerdas de ti es que te fuiste una mañana de su lado, luego aprendiste a inventar excusas, a esconderte y a negarte... Piensas si pudieras irte lejos , muy lejos, a donde nadie te conozca y puedan encontrarte. Antes de olvidarte de aquella niña de melena ondulada castaña que un día abandonastes hace ya mucho años. Quizás la puedas encontrar dentro de esa vida oculta , sin sentido pero piensas -,¿Dónde la dejastes?, ¿Cual es mi camino. Hacia dónde puedo dirigirme? Y, entonces dudas entre seguir adelante y decides caminar acompañada solamente por el rumor del aire mirando a las nubes que se desvanecen por el cielo buscando ventanas abiertas y tu mirada se pierde desolada entre los edificios que se elevan altos erguidos apuntando hacia ese cielo que ya nadie se ocupa en mirar. No, no puedes estar ahí. Tú no puedes estar dentro de ese edificio en un piso con los cristales rotos por donde escapa la esperanza.

Tomas un taxi y pides al conductor que se detenga frente a un parque, desciendes del coche y te sientas en un banco de piedra bajo un árbol; ahora te asemejas a las ramas y las hojas como una sombra indecisa. No puedo volver (te dices) pero no sabes a donde ir, tienes miedo , prefieres seguir en tu interior esperando que alguien te saque de allí, no sabes como encontrarlo a él, si lo encuentras (piensa) que le dirás que sólo saliste a dar un paseo... y, poco a poco los pensamientos van dejando entrar a las sensaciones , huele a flores, a hierba, a tierra humeda de lluvia, huele a ahazar. El cansancio se enreda por tus piernas y sube hasta tus brazos, cierra los ojos , te vas a quedar dormido.

Una carta sin terminar, verdades a medias se mezclan en tu pensamiento. Si hubieras terminado esa carta -piensas ahora sabrías quien eres- pero tuviste miedo de enfrentarte a la verdad eres una cobarde sólo eres una mentira creada por ti. Él murió en un accidente fuera en un país extranjero. Nadie creyó tu historia. Y un día comenzaste a verlo. Unas veces era un hombre que pasaba por la calle con prisa, otras un taxista o un banquero. Entonces tenías su cara y te miraban burlandose de tu miedo, de tu dolor y de tanto verlo en tantos rostros, olvidaste el suyo, olvidaste el tuyo. Aunque tal vez él si te conoce y sólo espera el momento para poder acercarte a ti o quizás ya se acercó y tu ni te enteraste. No puedes escapar adonde quieras que vayas él sigue estando interponiendose en tu vida. Él está siempre ahí en medio de los caminos por donde pasas. Nadie puede vivir sin amor -piensas-. Tu inseguridad te avergüenza, te hace llorar. Por eso no quieres despertar , así estás mejor en la oscuridad que te envuelve. Y sueñas que eres feliz y empiezas a tararear una vieja cancioncilla y te ríes. Sueñas que eres feliz. (nadie puede descubrirte) ahora tiemblas unos instantes y poco a poco tu cuerpo se va quedando quieto.

Una escalera que saca de la oscuridad de tu noche y subes por ella y desde arriba ves a una mujer acostada en un banco bajo un árbol. No la reconoces todo salió mejor de los que esparabamos ¿verdad amor mio? Ahora tienes la mente vacia eso es todo.

[Página principal]
1