LA SONRISA DE SOR MARINA
Por Carmen María Camacho Adarve,
©2005

Los pasillos del hospital de S.Carlos ya no existen pero están silenciosos.En las salas ya no quedan enfermos: las instalaciones de los quirófanos parecen fantasmas con  envoltura de telas verdes.

Desapareció el hospital, antigua facultad de medicina en Madrid .Un enorme caserón.Sus paredes  hablan de médicos y enfermos, de sus días  de  estudiantes,  de sus primeros logros...

Pero aquel hospital se quedo antiguo.

Por las interminables galerías,  ahora desiertas,  vacíos pasillos.Marina Andreú esta un poco triste, se oye el revuelo  de ropas que acompañan el paso menudo de una Hermana de la caridad.

En cada paso , sus ojos cansados van recorriendo paredes, y ventanas, que ya no están.

Ventanas con aire de antiguas despedidas, Sor Marina Andreú sufre de el mal de la melancolía porque es hora ya de marcharse de un hospital que no existe.Ella le tiene mucho cariño al viejo hospital, que ya no sabe que es aquel viejo caserón.... si sabe con toda seguridad que pasó en el más de cincuenta  años. -menos el paréntesis de la guerra-.

Llevaba todos aquellos años dentro de aquellas salas asépticas con olor a lejía, sonriendo a los pacientes muchos fueron los que pasaron por sus manos.Setenta años al servicio de los demás y ahora ella no encuentra la salida de su alma, nadie la ayuda...

-Se puede hace mucho bien -piensa Marina- , a las  almas  a través del cuerpo.

Sor Marina , es aragonesa .Nació un diez y nueve de julio de hace mas de un siglo.

llegó a S. Carlos, en el 1910, y trabajó mas de veinte con el doctor Recosas, uno de los mejores ginecólogos de la época .Conoció al doctor  orcoyen.Cuando era médico interno.

Luego llegó, el doctor cardenal y mas tarde el doctor estrella.

Ahora- Sor Marina-, se mueve entre las salas de enfermos agudos crónicos.

Le da un poco de miedo pero gracias a Dios todo sale bien, con los enfermos mentales no hay que demostrar miedo.

Sor Marina siempre se expresó con sencillez, su memoria es precisa al recordar las anécdotas  de tantos años de trabajo.Los días tristes de la guerra de liberación, cuando la echaron del hospital  sin dejarla, hablar, ni sacar nada personal: el paso de la frontera hasta el otro lado, días en la beneficencia de Teruel, atendiendo a heridos de guerra.

Ella, nunca busco recompensas.Pero las ha tenido, esa alegría de ayudar a los demás que le atan al mundo, el cariño de  todos, felicidad maravillosa, elegida libremente por ella., los recuerdos de sus enfermos.

Esas  salas de un hospital que ya no está, donde pasó toda su vida ., cada cama, el instrumental del los quirófanos.El doctor Recosas y su aparente mal genio.

Marina podría pasar años hablando, pero sigue teniendo trabajo.Nadie puede físicamente verla, sigue sonriendo la Hija de la caridad, derrochando alegría y amor, cuidando los cuerpos para hacer bien a las almas.

 

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