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Era un grupo mas de gente
que escapaba, corrían en busca de un lugar donde
estar en paz, vivir como personas.
Los
Andersen viven en Sledlung; es una Aldea
pequeña, pertenece a la ciudad de Worns,
romántica ciudad de los nibelungos rodeada por
un bosque color verde mojado, como una Aldea de
un cuento clásico, de árboles centenarios,
habitan ciervos, al pasear por el bosque se
asoman un momento a mirarte y después huyen
rápidamente.Mas allá se pierden sembrados de
trigo los campo Y escuchas rumor de las tropas
internacionales acampadas cerca de la carretera
a pesar de ello se respira, calma, silencio,
quietud.das vive la hospitalidad, serenidad,
que la vida otorga a
La
casa de los Andersen es pequeña pintada de
blanco y el tejado de un intenso color
rojo.Gilda ha cumplido treinta y cinco, Eric
tiene treinta y ocho.En sus miralos que han
sufrido mucho.Cuando se casaron fueron a vivir
allí.A principio de su llegada, Gilda cuidaba
de todo el grupo: cosía las ropas, cocinaba,
lavaba y poco a poco tuvieron una casa en los
terrenos que dio el gobierno.
La
casa la edificaron ellos con ayuda de otros
refugiados.Hicieron los muebles
artesanalmente.Frederik es el hijo mayor, mas
tarde nació Reinhold, el mayor ayuda en casa,
regando las flores del jardín, trae tierra en la
carretilla y por las tardes su padre lo monta en
el tractor y supone para el niño el momento mas
feliz del día.
Los
refugiados que llegaron a la Aldea se quedaron
para siempre en ella, casi todos ellos
matrimonios jóvenes, los pequeños rompen con sus
gritos, sus risas y sus juegos el silencio del
bosque espantando a los pájaros y alterando la
serena quietud de los árboles milenarios.
Todos
los refugiados, forman un puñado de labradores
que lograron unidos un día la libertad y saben
mucho de lo que supone convivir, trabajar,
compartir.Al llegar eran un grupo desesperado y
sin nada, juntos empezaron a vivir sus lágrimas,
derrotas y fracasos que con el tiempo se
transformaron en esperanza.Con los ahorros de
la comunidad compraron un viejo camión
volkswagen., como muchos de ellos son cátolicos
los domingos suben al camión y van por la mañana
a la misa del pueblo.
El
primer año la cosecha fue mala para todos, los
animales murieron.Pero con el tiempo las cosas
fueron a mejor.Ahora tienen vacas que dan leche,
bueyes, ternerillos, y algunas gallinas.
Gilda,
va al mercado por las mañanas a vender los
huevos, lleva la economía familiar, con lo que
gana de la venta de los huevos y las verduras
cubre los gastos de la casa y con la leche paga
los piensos y los gastos de los animales.Si un
año sale una buena cosecha, hay un margen extra
de dinero.
Para
comer a diario se apañan con poco; las verduras
de sus cosechas, patatas, manzanas y hasta un
poco de vino.
Las
mujeres se levantan de madrugada para echar de
comer a los cerdos, limpiar los corrales, dar el
grano a las gallinas y preparar los desayunos si
tienen niños pequeños en la casa se ocupan de
lavarlos y vestirlos y arreglar la casa.
Cada
día bajan hasta un riachuelo a lavar la colada.
Hace
tiempo que les gustaría tener una lavadora...
pero de momento no puede ser.
A la
hora de el almuerzo, carne verduras y patatas
todo ello muy bien cocinado es plato único.
El
descanso de mediodía dura una hora.Merienda y
toman una taza de café.Los hombres marchan a las
faenas del campo, mezclan los piensos y al
atardecer ordeñan las vacas.
En
esta tierra prestada viven con alegría y caminan
juntos hacia la paz, el trabajo duro del
campo.Esta tierra prestada que un día les brindó
la oportunidad, una vida nueva, la aventura de
ser colonos.
Otros
campos, de bosques con árboles milenarios de un
verde mojado bajo un cielo azul limpio de
aviones, los que atrás quedaron, aquellos de
batallas, los de las guerras,muerte y miedo.
Recuerdos de murallas, los muros de cemento
coronados de espinos ,púas, cristales.Retorcidas
y complicadas alambradas que vuelven todos los
días fortalecidos y dejan atrás tierras baldías,
desoladas, aridas.Muros, alambradas, que impiden
a millones de personas en todo el mundo vivir en
paz. |