EL  MAR  DE  ZUMAYA
Por Carmen María Camacho Adarve,
©2005

 

Martes 15 de noviembre, Zumaya.Dos y medía de la tarde.

Juan, Alberto, Miguel, Andrés Maza, y Francisco Cabrerizo.Van caminando hasta el rompeolas, los acompañan también Jesús y Mauricio.

En el pueblo los habitantes están terminando de comer y algunos de ellos salen a dar un paseo.Frente al bar de Pepe, hay unos hombres de mar que fuman en silencio.Entre los barcos amarrados pasa el "Ana María" lentamente se desliza hasta la embocadura.Sus hombres fijan la mirada en el rompeolas.El patrón sujeta con fuerza entre sus manos endurecidas el timón.Para salir a navegar al mar de calma chicha del puerto debe doblar el "Morro". Desde Berneo hasta Guetania tiene fama el  "Morro".Las olas se encrespan lanzado espuma, naranja de ira como perros rabiosos.Al estrellarse contra la barra de cemento y piedra.Por eso los marineros del "Ana María" no quitan la mirada del puerto.Saben bien que la salida es siempre peligrosa y hoy 15 de noviembre  es mas difícil que  otros días.

Hay nueve chiquillos, contemplando las maniobras del barco, uno de los niños dice:

-Vamos  a verlo desde el "Morro" y avanza por el malecón por la parte de arriba, y andar se hace peligros, ya que el suelo es resbaladizo.La mar está brava, la espuma de las olas llega a salpicar los rostros de los niños, y piensan en la apurada situacíon que están pasado los marineros del barco.Cuando doblan la barra y el mar abierto les da una dura bienvenida de oleajes.

-Desde lo alto del faro, el guardia grita a los niños:

-¡No  os acerquéis al "Morro", ¡que hay mucha mar¡...

Sus palabras se pierden, el guardia ve como los chiquillos siguen caminando hacia delante.El "Ana María" da saltos literalmente al toparse con las primeras olas.Se encarama en la cresta de espuma blanca de las que no rompen y corta la espuma blanca de las que llegan rotas.

En Zumaya dicen que nunca vieron un barco pasarlo tan mal.

Los nueve chiquillos contemplan la  escena con asombro y miedo.

Sus ropas están ya empapadas por el mar.No les importa.El espectáculo les fascina."El Ana María" se balancea como una cáscara de nuez.Llega una ola de sabe Dios cuantos metros de altura y que fuerza, pone al barco casi en pie.El cristal de puente de mando  salta en cientos de pedazos.

Tras de esta, otra ola peor.Los niños desde el malecón la mira con espanto acercarse, -esta vez-, pelen el peligro y echan a correr.

Quisieran estar de regreso a la  Escuela con su libros debajo del brazo, y luego jugar al fútbol en el patio en estos momentos.

La ola,  como un monstruo marino de gigantesca cabeza que alza con altivez, avanza erguiéndose sobre sobre el mar.Está segura que no se va a encontrar con obstáculos en su recorrido devastador.Choca contra "El Morro".Y  como un grito  aterrador, salta una velocidad fuera de limite arrastra a Juan, Alberto, Miguel, Andrés, Tomás Maza y Francisco cabrerizo.De los nueve niños, solo quedan dos, los que no iban a ser protagonistas del tributo de la mar,  agazapados detrás de una roca con el horror en sus ojos y los pequeños cuerpos temblando de frío y miedo.La ola gigante, salvaje y llena de muerte, perdonó a dos críos.Jesús y Mauricio se quedan en la orilla escuchando impotentes los gritos escalofriantes de sus amigos.

Emergen entre las olas siete gestos de terror que se lleva el mar.

Un grupo de chiquillos, que el mar arrastra hacia adentro llaman a sus madres.Pronto hay seis dos no saben nadar.Quedan unos instantes en la superficie del agua.Después desaparecen para siempre ya no se les vuelve a ver.

Los chiquillos que la mar lleva,  a esas horas deberían  estar en la Escuela del pueblo.

Zumaya no estaba preparada para este gran golpe.Los habitantes descansan en ese breve momento entre el reposo de la comida y la vuelta al trabajo.

Por el puerto corre la voz urgente y desesperada:

-¡Han caído  tres personas al mar¡.

Todos piensan en el "Ana María", dicen los que estaban en puerto, que por dos veces, lo ha puesto las olas en pie, y  el agua ha barrido cubierta mas de cuatro veces.

La voz, corre de boca en boca las mujeres y los ancianos se va lamentando mientras todos corren hasta la barra.

-¡Pobres marineros...¡

Pero en el "Ana María", los hombres han olvidado ya el percance de la salida.Los chiquillos que miraban el barco desde el malecón ahora van a la deriva del mar.El barco los ve e intenta en una peligrosa maniobra acercarse hasta ellos, la corriente zaranda con violencia al barco, poniéndose en peligro de zozobrar.

-Desde cubierta les gritan:

-¡En el nombre de Dios nadar hasta el barco¡.

Preparan las cuerdas salvavidas, pero  ninguno de los chiquillos consigue acercarse hasta el barco, la marea los arrastra, les trae y le lleva como si fuera plumas de gaviotas. A dos de los niños desde la orilla los estrellan las olas contra las rocas de la playa.Otros desaparecen envueltos en una tremenda ola de espuma y arena.

Solo un par de bultos lleva y trae el mar unas olas los acerca hasta las rocas.Los habitantes del pueblo están,  ya todos,  crispados e impotentes en la orilla.

-Los niños gritan.

-¡Una cuerda¡...¡Dios mio¡...

Ya no pude aguantar mas uno de los niños.No tiene fuerza.Lucha brevemente contra la corriente.Sus pequeñas manos quedan quietas y poco a poco se hunde el mar se lo traga.

Un escalofrío recorre a la gente de la orilla, un estremecimiento  de aire del poniente recorre el pequeño pueblo del mar.

Desde las rocas tratan de lanzar una cuerda al último chiquillo.El mar está muy fiero.Nadie desde la orilla es capaz de lanzarse al agua, saben bien que si se tiran  veinte serán una cifra que añadir a la lista de muertos.

Un adolecente mas decido.Se arroja.Se acerca al niño hace un esfuerzo desesperado y llega hasta el, en breves segundos el chiquillo pierde el conocimiento el adolescente, llega a la playa con el niño.

El padre del chiquillo, lo ha visto todo.

Esta, deshecho.Frenético. No puede hablar ni es capaz de llorar ni de dar las gracias.

Don Andrés y Don Antonio lópez, están en la orilla, son los dos maestros de la Escuela.Recogen a los demás muchachos y se los llevan a clase.Mientras ellos van llevándose a los niños.En mitad el silencio es impresionante.

Don Antonio López, pasa lista repitiendo varias veces el nombre de  los alumnos.Cinco de ellos no contestan.Faltan.La mar debe saber donde los dejó.

-Quedan cinco pupitres sin niños, los maestros ya saben cuales no volverán a la Escuela.

Por las calles de Zumaya.Un pequeñín, pasea de un lado a otro.No sabe por donde tirar, esta muy asustado y  va llorando, por las calles no hay gente.Todos los habitantes permanecen en la orilla del mar en la playa.

El pequeño, se llama José Maza.Un rato antes iba jugando y riendo con su hermano y sus amigos para ver salir al "Ana María", eso es muy divertido ver partir los barcos, lo que pasó, es que uno de su hermano le dijo:

-Tu no vengas, que eres pequeño...

José, al principio se quedó  muy cerca del malecón.Clamando al cielo, por ser pequeño todavía.Obedeció  pero con envidia se fue viendo acercarse al "Morro"... a lo lejos pudo distinguir a su hermano Tomás.

Sintió, muchas ganas de correr hasta el, pero estaba seguro que como era muy pequeño volverían a echarlo.

Tomás se aguanto las ganas.

Desde lejos vio la ola saltar sobre los niños y como arrastraba a casi todos.Uno de ellos era su hermano,veía a la gente correr hasta el malecón el pequeño se fue asustado al el pueblo sin dejar de llorar., sin atreverse a ir a su casa.No sabía cómo decir a sus padres que Francisco se había caído al agua.Pasó muchas horas vagando por las calles.Hasta sus padres creyeron que el también se había ahogado.Al anochecer lo encontraron en deambulando por una calle y sin que el pequeñín pudiera comprenderlo lo llenaron de besos y abrazos.

Jesús y Mauricio se habían salvado la gente les pregunta, los dos chiquillos han visto ahogarse a sus  amigos sin poder evitar nada...

Y explican a golpes de voz:

-Uno rezaba, pero no se cual era.

-Otro llamaba a su madre.No pude verle la cara.

La noche cae sobre Zumaya.El ruido del mar convierte es un estrépito.

Las ventanas de las humildes casas de los pescadores.Están encendidas.

En una mesa de la taberna de Pepe, Federico Morago cuenta viejas historias de Zumaya.Relatos del rompe olas todas ellas teñidas de dolor y dramatismo:

-Aquella vez, -dice-  que la mar se llevó a cuatro hermanos.O la historia del barco que el mar partió por la mitad.

Han pasado cinco días y  la mar no ha respondido.Desde que amanece hasta que ya no hay luz.Todos los barcos patrullan la costa.El mar no quiere soltar sus presas.

-Es extraño, -dice Federico-,

seis son muchos para que no haya aparecido ninguno...

Entre las rocas han encontrado el jersey azul de Miguel.Ha sido como un guante arrojado a tierra por la mano del mar en señal de desafío.

Y, la gente ha contestado al mar, con muchas flores llevadas por todos los habitantes y por los compañeros de Escuela de los niños que la mar se llevó, en la que han quedado cinco pupitres solos.El otro niño no estudiaba con ellos, -pero era del pueblo-.

Las sirenas de los barcos han dejado paso a las campanas que tocan a duelo en la torre de la iglesia doblan lentamente.

Los barcos continúan atracados en el puerto, como pinceladas de colores vivos sobre un cristal azul marinero.

Todos los habitantes tienen los ojos enrojecidos por el llanto.

Dicen en el pueblo, que por las noches cuando el mar ruge pavorosamente, parece que entre el bramido de las olas se oyen voces infantiles.

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