|
Hija
del abogado y escritor Tomàs Roig i Llop y
de Albina Fransitorra, que había hecho
pinitos periodísticos antes de la guerra,
del padre aprendió a amar el país, y
de la madre la conciencia feminista, lo mismo que
de su abuela paterna, a la que calificaba de
women lib avanzada a su tiempo. Montserrat
Roig fue a las monjas, a las del Divino Pastor,
frente a su casa. Una experiencia poco agradable
que cambió a partir de los 13 años
por el instituto Montserrat, donde conoció
los versos emancipados de León Felipe y Blas
de Otero. Allí ganó su primer premio
literario, con un poema a la Moreneta.
En
1961 ingresó en la Escola d'Art
Dramàtic Adrià Gual y de ahí
data un relanzamiento intelectual, vinculado
naturalmente al teatro y también al
pensamiento de izquierdas, binomio que
reunían dos de las almas de aquella
institución, Maria Aurèlia Capmany y
Ricard Salvat. El tercer factor indisolublemente
ligado a Capmany-Salvat era Salvador Espriu, y la
Roig actriz no se cansó de
representarlo.
En
1963 empezó a estudiar Románicas en
la Universidad de Barcelona, donde apreció
especialmente las enseñanzas de Antoni
Vilanova, que le hizo descubrir el gusto por la
literatura, y Joaquim Molas, al que
reconocía como principal maestro. Y
conoció al que con el tiempo sería
uno de sus mejores amigos, Josep Maria Benet i
Jornet, algo mayor que Montserrat, era
implacablemente crítico con sus textos, pero
ella le estaba reconocida y acabó por
pasarle sus originales antes de
publicar.
En
1966, a los 20 años, se casó con el
arquitecto Albert Puigdomènech.
Puigdomènech acabó en la
cárcel y Montserrat ejerciendo el
difícil papel de mujer de preso
político. Ese 1966 fue el año del
Sindicato Democrático de Estudiantes y la
celebérrima Caputxinada, a la que la
incipiente progre no faltó y acabó en
comisaría. El mayo francés de 1968 la
llevó a la militancia en el PSUC y a la
licenciatura.
De
aquellos años convulsos surge otra de sus
amistades importantes, en lo personal y en lo
profesional, Manuel Vázquez
Montalbán. Vázquez Montalbán
le dio trabajo en la revista oficial de la
izquierda culta, Triunfo, en 1970, pero sus
inicios en el periodismo fueron en Serra
d'Or, que le premió un reportaje sobre
las ilusiones de su generación,
fotografiadas por su amiga Pilar
Aymerich.
El
periodismo, decía, hacía de mecenas a
la escritora, aunque nunca demasiado holgadamente.
La faceta periodística de Montserrat Roig es
un capítulo importante de su vida
profesional. Su columna en el Avui se
publicó hasta poco antes de su
muerte.
En
1970 nació su hijo Roger, y se
separó. Vivió muchas historias de
amor que quizá algún día sus
protagonistas explicarán en sus memorias. No
tenía miedo a enamorarse ni a apasionarse,
lo que reconocía públicamente,
llegando a asegurar rotundamente: "Escribo para que
se me quiera".
Valores
progresistas
Aquel
año 1970, Montserrat Roig dejó el
PSUC muy crítica con la rigidez de una
militancia todavía lastrada por las
prolongaciones del estalinismo, y empezó a
crearse una cierta fama de diletante y
frívola por parte de sus ex camaradas de
base, no así por la encantadora
generación de los fundadores, como
López Raimundo y Vidiella, por los que ella
siempre sintió un gran afecto. No
abdicó, sin embargo, de los valores
progresistas, y se encerró en el monasterio
de Montserrat para protestar por la solicitud de
penas de muerte en el proceso de Burgos, lo que le
valió una ficha policiaca "por actividades
catalanistas". En pleno encierro, los monjes le
comunicaron que había ganado el premio
Víctor Català de
narración.
Vázquez
Montalbán asocia el progresismo de
Montserrat Roig al factor humano al que ella tanta
importancia daba, a su comprensión por los
perdedores, cuya máxima expresión fue
un reportaje publicado bajo el formato de libro,
Els catalans als camps nazis. Fue Josep
Benet i Morell quien la embarcó en aquel
ambicioso trabajo. Hizo un libro en tono
periodístico pero de altura
histórica, imprescindible para entender
qué fueron los campos nazis.
Los
problemas económicos fueron significativos
en algunos periodos de su vida, de tal manera que
llegó a afirmar en un par de entrevistas que
el año en que fichó por TVE
(Televisión Española) fue el primero
en el que no quedó a deber nada. Josep Maria
Castellet, su principal editor, confirma que
pedía algunos adelantos.
En
1972, Montserrat Roig entabla relación
sentimental con Joaquim Sempere. Duró siete
años, pero, según diversos amigos de
ambos, fue la relación personal más
importante de su vida. Sempere, alias "Ernest
Martí", era entonces director de
Treball, órgano central del PSUC, por
supuesto clandestino. Montserrat Roig
regresó al partido y colaboró en la
publicación bajo el original
seudónimo de "Capità Nemo", en honor
a uno de sus personajes predilectos de la
ficción.
Así
describió Montserrat Roig uno de los
párrafos más sensibles de su
relación con Sempere: "Decidimos tener un
hijo en Budapest. Había un soldado
húngaro escuchando a Beethoven en un
transistor. Franco acababa de tener la flebitis.
Joaquim era del PSUC y tenía que irse a una
reunión a París, y entonces, con las
prisas, con el Danubio cerca de nosotros, con el
bosque de Budapest y Beethoven y todo aquello, pues
decidimos tener a Jordi".
En
1975 murió Franco y nació Jordi; en
su vida apasionada, sus dos hijos fueron
pasión primera. Y comenzó a trabajar
en el circuito catalán de TVE, con Joan
Anton Benach. 1976 fue un año importante:
ganó el premio Sant Jordi con El temps de
les cireres, y tomó parte activa en las
Jornades Catalanes de la Dona, histórica
experiencia feminista que dejaría rastro en
su vida y en su obra, singularmente en el libro
Tiempo de mujer.
No
fue Montserrat Roig una feminista radical, y uno de
sus amigos la califica cariñosamente de
seductora, pero desde luego esa sensibilidad
feminista fue uno de los colores de su paleta.
Sedujo a hombres, sedujo a mujeres, sedujo a
lectores. Y el impacto de la tele, donde
siguió con Personatges y
Encuentros con las letras, le dio una
popularidad muy extraña a los
círculos minoritarios de la literatura
catalana.
A
pesar de la democracia, Montserrat Roig tuvo
problemas con TVE. Le vetaron dos entrevistas ya
grabadas, concretamente con Castellet y
Estellés. Miquel Roca Junyent, en el
Congreso, y Josep Benet, en el Senado, hicieron por
ello sendas interpelaciones al gobierno.
Un
hito importante para los últimos diez
años de la vida de la escritora fueron los
viajes a la URSS, que dieron como resultado uno de
sus libros más estimados, L'agulla
daurada, a partir de un reportaje inicial sobre
el cruento sitio de Leningrado. "Es uno de sus
mejores libros -explica Vázquez
Montalbán- En Leningrado me encontré
con gente que había estado con ella, incluso
tuve a su misma traductora, y comprobé que
había dejado un gran recuerdo. Montserrat
era muy afectiva y sentimental en su compromiso con
los perdedores."
Sus
últimos años
Cuando,
en 1990, se hallaba en Estados Unidos invitada por
la Universidad de Arizona, empezó a sentirse
mal. Al regreso, le diagnosticaron cáncer de
mama. La operaron y fue a restablecerse a un
balneario en Caldes de Malavella, mientras tomaba
notas para un libro que se iba a titular La
novelista asesina. Amigos que la visitaron en
Caldes explican que se sentía algo
decepcionada por encontrarse con una enfermedad
como aquella de sopetón, a pesar de que se
hacía controles anuales. Pero confirman que
si bien era consciente de la gravedad de la
patología y sufría mucho con las
terapias de choque, no pensaba que fuera a morir.
Su entierro fue multitudinario, consecuente a su
popularidad, y se aplaudió emotivamente el
féretro.
|