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CONFESION DE UN VAMPIRO Lo reconozco. Soy un vampiro. Un halo de turbiedad deja mi paso, el rojo duro cubre mis labios mi boca sangrienta, mis ojos perdidos, la luna y su luz me reviven cada noche, cada muerte anunciada, los animales del inframundo me obedecen nuestras correrías por aldeas humanas infunden el odio y la venganza entre nuestras víctimas, entre mis secuaces. Penetro los cuerpos pálidos con mis dientes de marfil endemoniado, mis manos desnudan los senos de mis mujeres murciélagos, las devoro a pedazos, me desean pese a todo a pesar de mi sombra eterna, del panteon de torturas que es mi hogar. Conozco que se siente cuando atardece en los territorios de Luzbel, de los dioses antropófagos del sur del mundo donde se nutren mis ángeles rebeldes, donde domina mi figura y corre libre mi lobo de ojos humanos. Mi reinado se acerca, mi castillo se contruye sobre las ruinas de la Tierra muerta, del sucidio universal tantas veces predecido ríos de llanto y desolación se perderan en el mar de mi lengua de las alas de mis gárgolas eternas. Mientras.. ...espero, y despierto cada noche para saciarme de las ciudades y sus habitantes hasta dejarlos secos de su alma, de sus almas que edifican la mía
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