| RINCÓN DE FAMILIA |
Iglesia y Familia
650. El matrimonio cristiano, como todos los sacramentos que «están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios»(141), es en sí mismo un acto litúrgico de
glorificación de Dios en Jesucristo y en la Iglesia. Celebrándolo, los cónyuges cristianos profesan su gratitud a Dios por el bien sublime que se les da de poder revivir en su existencia conyugal y familiar el amor mismo de Dios por los
hombres y del Señor Jesús por la Iglesia, su esposa.
(Familiaris Consortio 22-XI-1981)
*Párroco de San Jorge - La Coruña
649. La vocación universal a la santidad está también dirigida a los cónyuges y padres cristianos. Para ellos está especificada por el sacramento celebrado y traducida concretamente en las realidades propias de la existencia conyugal familiar(140). De ahí nacen la gracia y la exigencia de una auténtica y profunda espiritualidad conyugal y familiar, que ha de inspirarse en los motivos de la creación, de la alianza, de la cruz, de la resurrección y del signo, de los que se ha ocupado en más de una ocasión el Sínodo.
DESDE EL RINCÓN
por Carlos Lage
NAVIDAD SIN DIOS
Se han sacado de la manga nada menos que una navidad sin Dios: nos han estafado sin remedio.
(periodismocatolico.com 24/12/2003)
Pasadas ya estas fiestas, tenía yo pensado escribir algo de cómo se está intentando, y cada año con más fuerza, presentarnos una navidad sin el niño Dios, y he aquí que leyendo la web de "periodismo católico" encuentro un pequeño artículo escrito por el sacerdote D. Miguel Rivilla San Martín , asiduo escritor de esa página y que os transcribo literalmente.
Miguel Rivilla San Martín
Se ha rizado el rizo. Mira que era difícil la cosa, pero se ha logrado. Era como hacer una tortilla de patatas sin patatas. En fin, ahí lo tienen. Ellos los listos, los progres, los agnósticos, los influyentes... se han sacado de la manga nada menos que una navidad sin Dios.
Como en un juego de prestidigitación han escamoteado habilísimamente al protagonista del invento y éste se ha volatizado.
La Navidad de siempre pivotaba sobre el nacimiento en Belén del Hijo de Dios. Pues bien, ahora por arte de biribirloque se sigue hablando de la Navidad, sin mencionar para nada al personaje principal, Jesús,.Jesucristo. Sencillamente se le ignora, se le camufla, se le cambia o se le trasviste por otros personaje foráneos o flamantes sucedáneos. ¡ Qué imaginación¡.
He tenido en mis manos una lujosa revista sobre la Navidad .Más de 150 páginas a todo color, en papel satinado, cuché, con toda clase de fotos y motivos para incitar al consumismo. Pues bien, ni una sola referencia a Dios, al misterio de su Nacimiento. Un verdadero record.
Dentro de poco sobrarán palabras obsoletas como paz, amor, solidaridad, fraternidad.. Las suplirán otras más actuales: guerras, egoísmo, sexo, consumismo etc..
Nos han estafado sin remedio.
¿POR QUÉ HA ESCRITO LA SANTA SEDE EL DOCUMENTO CONTRA LAS UNIONES HOMOSEXUALES?
Responde el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
P/ ¿Cuáles son los puntos esenciales del documento?
P/ Pero, con este documento, ¿no se da el riesgo de discriminar a las personas homosexuales?
P/ ¿Cómo se justifica este claro rechazo?
¿Por qué ha publicado la Santa Sede el documento en el que se expone de manera muy clara su juicio ético negativo sobre todas aquellas leyes que establecen el reconocimiento legal de las uniones homosexuales?
El arzobispo Angelo Amato, salesiano, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde inicios de este año, quien firma el documento junto al cardenal Joseph Ratzinger, responde a la pregunta en esta entrevista transmitida por «Radio Vaticano».
El documento, «de carácter doctrinal», «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales», fue publicado este jueves por la Santa Sede.
Ciudad del Vaticano, 1 agosto 2003 (ZENIT.org).
R/ Son tres. Ante todo se reafirman las características esenciales del matrimonio, que se fundamenta en la complementariedad de sexos. Se trata de una verdad natural, confirmada por la revelación, para que el hombre y la mujer realicen esa comunión de personas, a través de la cual participan de manera especial en la obra creadora de Dios, acogiendo y educando nuevas vidas. No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales están en contraste con la ley natural y son intrínsecamente desordenadas.
R/ La Iglesia respeta a los hombres y a las mujeres con tendencias homosexuales y les invita a vivir según la ley del Señor, en castidad. Hay que recordar, sin embargo, que la inclinación homosexual en sí misma es objetivamente desordenada y que las prácticas homosexuales son pecados graves
contra la castidad.
P/ ¿Cuales son los otros dos puntos que mencionaba?
R/ El segundo punto afecta a las actitudes que hay que asumir ante estas uniones homosexuales. Las autoridades civiles adoptan tres actitudes: o de tolerancia, o de reconocimiento legal, o de auténtica equiparación con el matrimonio propiamente dicho, incluso con la posibilidad de adopción. Frente a una política de tolerancia, el fiel católico está llamado a afirmar el carácter inmoral de este fenómeno, pidiendo que el Estado lo circunscriba en límites que no pongan en peligro el tejido de la sociedad y que no expongan a los jóvenes a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio. Sin embargo, frente al reconocimiento legal o a la equiparación con el matrimonio heterosexual, existe el deber de oponerse de manera clara y motivada, reivindicando incluso el derecho a la objeción de conciencia.
R/ Este es el tercer punto del documento, que ofrece las argumentaciones de orden racional, orden biológico y antropológico, orden social, y orden jurídico, que justifican el rechazo de los católicos.
La recta razón no puede justificar una ley que no es conforme a la ley moral natural: si lo hace, el Estado deja de cumplir el deber de defensa de una institución esencial para el bien común, el matrimonio.
Una cosa es la unión homosexual como fenómeno privado y otra cosa su reconocimiento legal, como modelo de vida social, que devaluaría la institución matrimonial y obscurecería la percepción de algunos valores morales fundamentales. En las uniones homosexuales faltan, además, las condiciones biológicas y antropológicas del matrimonio y de la familia.
En la hipótesis de la integración de niños en las uniones homosexuales, esta adopción resultaría violenta para los niños, pues les privaría de un ambiente adecuado para su pleno desarrollo humano. Desde el punto de vista social, cambiaría el concepto de matrimonio, con su tarea procreadora y educativa, y provocaría un grave daño al bien común, sobre todo si aumenta su incidencia en el tejido social. Jurídicamente hablando, por último, las parejas matrimoniales garantizan el orden de las generaciones y, por tanto, son de interés público eminente. No es así en el caso de las parejas homosexuales.
P/ ¿Cuál debería ser, en concreto, la actitud de los políticos católicos al respecto?
R/ Si se encuentra ante un primer proyecto de ley favorable a este reconocimiento, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo, votando en contra. El voto favorable sería un acto gravemente inmoral.
Si se encuentra ante una ley que ya está en vigor, tiene que dar a conocer su oposición. Si no fuera posible abrogar la ley, podría movilizarse y apoyar propuestas orientadas a limitar los daños de una ley así y a disminuir los efectos negativos a nivel de la cultura y de la moralidad pública, a condición de que quede clara a todos su oposición a leyes de este tipo y evite el peligro del escándalo.
Se trata de un principio expresado en la encíclica «Evangelium vitae» (1995). Las grandes culturas del mundo han dado siempre un gran reconocimiento institucional no tanto a la amistad entre personas, cuanto al matrimonio y a la familia, como condición de vida estable favorable al bien común: la procreación, la supervivencia de la sociedad, la educación, y la socialización de los hijos.
DESDE EL VATICANO
Ángelus del Papa en la Fista de Sagrada Familia, 28 de diciembre de 2004
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Algunos días después de la Navidad, la Iglesia contempla hoy a la Sagrada Familia. En la escuela de Nazaret, cada familia aprende a ser crisol de amor, de unidad y de apertura a la vida.
2. Como recuerda el concilio Vaticano II, los cristianos, atentos a los signos de los tiempos, deben trabajar para "promover diligentemente los bienes del matrimonio y de la familia, con el testimonio de la propia vida y con la acción concorde con los hombres de buena voluntad" (Gaudium et spes, 52). Es necesario anunciar con
alegría y valentía el evangelio de la familia. Para ello, elevemos nuestra oración común a Jesús, María y José por todas las familias, en particular por las que atraviesan dificultades materiales y espirituales.
3. Oremos también por los habitantes de Bam, en Irán, que durante los días pasados han sido víctimas de un violentísimo terremoto. Encomendemos a Dios misericordioso a los miles de personas que han perdido la vida, así como a los heridos y a los supervivientes que se han quedado sin casa y necesitan ayuda. Invito a las organizaciones internacionales, y especialmente a las organizaciones caritativas católicas, a ayudar con generosidad a nuestros hermanos y hermanas iraníes afectados por una catástrofe tan grave. Ojalá que la solidaridad del mundo entero, especialmente sentida en el clima navideño, haga menos dramática su situación.
Después de rezar la plegaria mariana, el Santo Padre dirigió a todos los presentes unas breves palabras de felicitación: ¡Feliz Navidad a todos!
(©L'Osservatore Romano - 2 de enero de 2004)
ANUNCIAR CON VALENTÍA EL "EVANGELIO DE LA FAMILIA"
En nuestro tiempo, una concepción equivocada de los derechos turba a veces la naturaleza misma de la institución familiar y del vínculo matrimonial. Es preciso que en todos los niveles se unan los esfuerzos de todos los que creen en la importancia de la familia basada en el matrimonio. Se trata de una realidad
humana y divina que es preciso defender y promover como bien fundamental de la sociedad.
PRO-VIDA Carta abierta a un embrión congelado
Tus padres querían un hijo, pero no llegaba. Por eso fueron a una clínica de reproducción asistida. Tras pruebas, análisis, estudios y decisiones no fáciles, unos médicos te concibieron en una probeta, con otros hermanos tuyos. Escogieron a algunos de ellos, los trasladaron al útero de tu madre. Uno, el más afortunado, nació hace ya mucho tiempo.
Por fin, los expertos prepararon una ley. Tus padres tenían que decidir. La primera opción era una esperanza: probar un nuevo embarazo contigo, darte la oportunidad de nacer. ¡Qué maravilla!
"QUIZÁ UN DÍA PUEDAS LEER ESTAS LÍNEAS, SI TE RESPETAN, SI TE AMAN, SI TE DAN UNA OPORTUNIDAD DE NACER. SERÁ ESTUPENDO ENCONTRARNOS"
Uno nació... Entonces, ¿qué va a ser de ti? ¿Qué será de tus hermanos? Tus padres y los científicos decidieron dejarte en el congelador, por ahora. Dependías de la decisión de otros, tu vida estaba en entredicho.
Pasaron los meses, algunos años. Tus padres estaban muy ocupados con tu hermano. Tal vez te tenían olvidado, o pensaban en ti sin encontrar una salida, una "solución" a tu caso.
Un día, te convertiste en un problema público. Los políticos, los expertos de
bioética, los científicos, pensaron que no podías seguir allí, años y años, congelado. Tus padres no se atrevían a acogerte, tenían miedo de tu nacimiento. Te quisieron hace tiempo, pero era "por si acaso", por si no nacía un hijo en el primer intento. Ahora querrían no afrontar tu realidad: les gustaría poder olvidar que eres eso, su hijo, pequeño, pobre, congelado...
Fernando Pascual
www.Catholic.net
Pero había otras opciones. Podían darte a otra pareja. Al menos así nacerías, tal vez lejos de tus padres, pero en otro hogar que te respetase y te ofreciese amor. También podían dejarte morir. Simplemente, apagar el congelador o sacarte del mismo. Así terminaría tu historia y dejarías de ser "un problema".
Pero es que eres un embrión humano... Por eso algunos propusieron una cuarta opción: usarte en la experimentación. Tus padres podían "donarte" para el progreso científico, dar permiso para que te usasen y destruyesen. De este modo, los laboratorios sacarían de ti células madre, que dicen son muy importantes para la investigación.
Sé que eso no es justo, pero ahora dependes de otros que no comprenden la riqueza de tu vida minúscula pero estupenda, que no quieren aceptar que eres un ser humano, digno de respeto.
Voy a mirarte con esperanza. Todavía no han decidido tu destino. No sé qué va a ser de ti. Quizá un día puedas leer estas líneas, si te respetan, si te aman, si te dan una oportunidad de nacer. Para entonces seré viejo, y tú joven. Será estupendo encontrarnos.
Si eso no ocurre, si tú eres eliminado, o si a mí me toca morir antes (ninguno humano es inmortal), no importa. Nos veremos, si Dios quiere, en el cielo.
Ahora, simplemente, permíteme decirte que tienes un amigo que te quiere. Ojalá otros muchos te miren de frente, reconozcan lo que eres y, con un gesto de amor, te den esa oportunidad de vivir que tú mereces...
EL MATRIMONIO EN CRISTO - Capítulo 3 - El amor (III) (gratisdate.org)
por D. José María Iraburu
La amistad
La amistad, que normalmente incluye la simpatía, se fundamenta en el amor de la voluntad. Una persona se compromete en amistad con otra por medio de actos intensos de la voluntad, y de ahí provienen la firmeza y la persistencia que caracterizan toda amistad genuina. La amistad produce entre los amigos una gran unión («son inseparables»), lleva a compartir los bienes interiores y exteriores («lo mío es tuyo, lo tuyo es mío»), y se fundamenta en una clara benevolencia recíproca («yo quiero el bien para ti, como lo quiero para mí»).
El amor matrimonial
El amor conyugal consiste en la recíproca donación de las personas. Incluye, pues, atracción y deseo, benevolencia, simpatía y amistad, pero va más allá que todo ello. Los esposos son entre sí mucho más que amigos. Darse a una persona para siempre es algo más que querer su bien. Recibir una persona para siempre,
incorporándola a uno mismo como algo propio, es mucho más que experimentar hacia ella atracción, simpatía y amistad. Pues bien, en el matrimonio, tras una elección consciente y libre, un hombre y una mujer se entregan del todo mutuamente, y mutuamente se reciben, para siempre. Es algo realmente formidable...
Según lo visto, ya podéis comprender con evidencia que el amor conyugal exige la monogamia. Ésta no es, pues, una exigencia impuesta por Cristo y por su Iglesia: es una condición propia de la naturaleza humana verdadera, no falsificada. En efecto, la donación de sí mismos que mutuamente se hacen los esposos excluye, si ha de ser plena -moralmente hablando- que puedan darse al mismo tiempo o más tarde a otra persona. Lo que ya fue dado a uno, no puede ser dado a otro, a no ser que sea quitado injustamente al primero. Y además,
en la poliginia (un hombre con varias mujeres) ¿dónde queda la dignidad de la mujer -y la del hombre-? Y en la poliandria (una mujer con varios hombres) ¿a qué se reduce la dignidad del hombre -y la de la mujer-?
(Viene del número anterior).
Pues bien, el amor conyugal entre hombre y mujer es la forma más alta de amistad, la más profunda, la más duradera, la que lleva a compartirlo todo. Lo que quizá empezó en una simpatía -aunque no siempre-, ha llegado a ser un profundo amor de amistad personal. Y entonces, simpatía y amistad han de ir siempre de la mano. Error frecuente del amor humano es mantenerse en la mutua simpatía, sin llegar nunca a la verdadera amistad, o pretender una amistad que no cultiva suficientemente la simpatía. Y esto debéis saberlo los novios y los esposos, para que eduquéis así vuestro corazón en el verdadero arte del amor, ars amandi.
Una objeción. Si la persona, como antes os decía, no ha de ser un objeto que pueda ser apropiado por otra ¿cómo será entonces posible y lícito el amor conyugal? ¿Es decente que él hable de «mi mujer» y que ella diga «mi marido»?... No sólamente es decente: es grandioso. Esa apropiación de la persona, que no es posible en un sentido físico, ni lícito en sentido jurídico, se hace posible en el orden moral del amor. En efecto, una persona puede darse a otra por amor, y de tal modo que ella no se pierda en la donación, sino que precisamente así se realice más plenamente. Y del mismo modo puede recibir a la otra persona, como cosa propia, en virtud del amor más genuino. Aquí, como en muchos otros casos, el habla ordinaria lo expresa muy bien: «Éste es mi marido, y yo soy su mujer».
Pues bien, tened en cuenta aquí que sólo puede darse aquello que se posee. Por eso cada uno
de vosotros podrá darse de verdad al otro en la medida en que se posea a sí mismo, es decir, en la medida en que tenga real dominio sobre sí mismo y sobre sus propios actos. Cuando veis que alguien es incapaz de darse realmente a la persona que ama ¿no se deberá esto -al menos entre otras causas- a que no tiene dominio sobre sí? ¿Y no habrá que explicar así la incapacidad de donación amorosa o la precariedad del amor entre ciertos novios o esposos?
A la donación personal corresponde la posesión -la posesión, por supuesto, no sólo corporal, sino personal-. Efectivamente, los esposos se dan y se poseen mutuamente. Pero no hay peligro alguno de que la posesión reduzca al cónyuge a la condición de objeto poseído por un sujeto, si de verdad la donación es mutua, y por
tanto es también recíproca la posesión: «Yo soy al mismo tiempo tu esclavo y tu señor». Esto, sin embargo, no quita que en la unión sexual el don de sí sea experimentado psicológicamente de un modo en el hombre, que conquista a la mujer, y de otro en la mujer, que se entrega al hombre. Pero la sustancia del acto es la misma en uno y otra: también la mujer posee al hombre, y éste se le entrega.
La monogamia
Lo donación conyugal recíproca rechaza, pues, la poligamia, el adulterio, y del mismo modo el divorcio, es decir, la disolubilidad del vínculo matrimonial, que viene a ser una forma de poligamia sucesiva. En la unión que admite posibilidad de divorcio, la persona no llega a hacer de verdad una donación real de sí misma, sino que se entrega al otro como en préstamo, o mejor, en depósito, que puede ser recuperado en cualquier momento. Pero el matrimonio no es eso. Es algo mucho más grande y hermoso: es una amor total , exclusivo, para siempre.
Vosotros, los novios y esposos, si estáis enamorados de verdad ¿no sois los primeros en dar testimonio de que ésa es la verdad? Si un día llegáis a pensar de otro modo, entonces estaríais equivocados: lo verdadero es lo que estáis pensando y queriendo ahora.
La reciprocidad en el amor
El amor de una persona, en fin, puede ser unilateral y no verse correspondido. Y a veces, penosamente, este amor enfermizo, ansioso de una exclusiva totalidad imposible, llega a mantenerse durante largo tiempo, cuando la persona lo sigue fomentando, en una especie de obstinación morbosa, que acaba
deformando el amor, y condenándolo a vegetar, y finalmente a morir. En estos casos, cuando «la enfermedad del corazón» va haciéndose crónica, sólo un distanciamiento discreto, pero eficaz, suele ser un tratamiento adecuado. Podrá parecer algo cruel, pero en este tipo de dolencias los remedios más duros suelen ser los más suaves, pues de otro modo el mal puede afligir a la persona indefinidamente. Y por otra parte, ese elegante distanciamiento es el último y gentil homenaje que la persona rechazada ofrece a aquella otra que no
correspondió a su amor.
La declaración de amor
Con lo dicho hasta aquí, yo espero que habréis llegado ya, entre otras, a esta conclusión: el amor es algo muy grande, y la persona, antes de declarar su amor a alguien o de aceptarlo, debe verificar cuidadosamente la calidad de su amor. ¿Es el mío, debe preguntarse, un amor capaz de darse al otro totalmente y sin vuelta, y de aceptar al otro para siempre? ¿Es el nuestro un amor recíproco y auténtico, capaz de fundamentar un nosotros profundo y duradero? ¿O se pretende más bien hacer una conquista, procurarse una diversión pasajera, que halague los sentidos y el amor propio?
Mucha atención en esto: precisamente porque el amor es algo óptimo, su falsificación es algo pésimo.
(Continuará)
Por el contrario, cuando el amor es recíproco, sale la persona del aislamiento originario de su yo, uniéndose al tú del otro, para formar un nosotros nuevo en el mundo. Ahora bien, como ya habéis visto, lo que califica este
amor mutuo es la calidad del bien en que se funda. Por muy recíproco que sea, no hay amor verdadero sino cuando la atracción, el deseo y la simpatía se ven sellados por el genuino amor personal de la benevolencia, a un tiempo abnegada y oblativa. Es evidente que la reciprocidad amorosa no puede nacer ni vivir del encuentro de dos egoísmos. Pronto manifestaría su carácter ilusorio.
HUMOR
(de la web de la Archidiócesis de Madrid)
puedes escribirnos a:
rincondefamilia@yahoo.es