
Martín
llevaba 3 meses trabajando
junto a su nueva familia.
Lo que podía haber sido
una campaña de recolección,
se convirtio en cuatro.
Martín, a sus 21 años, se
había enamorado de Victoria,
que tenía 17.
Durante esos cuatro años,
ella vivió feliz,
con ansias de casarse.
El también vivió feliz.
Hasta el punto de permitirse
tomar algún carajillo
los domingos. Luego
serían los sábados y los
domingos y después todos
los días de la semana.
Acabó eliminando el café, que según él, no le dejaba
dormir, para tomarse el coñac solo.
Por desavenecias que hubo entre ellos sobrevino
la ruptura.