Victoria con tan sólo 16 años
quedó huérfana de padre.
Su único hermano, Juan, se había marchado
a Madrid a probar fortuna. La Capital,
decían, le hará un hombre de provecho.
Sin embargo, nunca volvió. Ni siquiera
al entierro de su padre. Victoria,
junto a su destrozada madre se
las apañó para sacar la heredad adelante.
Un coche, el de José
"el volantín" acercó a
Victoria al poblado
que celebraba feria
ese fin de semana.
Como cada domingo
y durante 2 meses
antes de la cosecha,
jóvenes y no tan jóvenes
se colocaban en la plaza del pueblo, junto a la fiesta,
y allí ofrecían sus servicios de jornaleros.
Allí conoció a Martín

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