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ANTECEDENTES
Los pobladores de San Mateo desde hace siglos se dedicaban casi en su totalidad a la agricultura y ganaderia. Los productos más abundantes eran los tubérculos, granos, forrajes, flores y ganado vacuno u ovino. La producción se organizaba atravez de dos Comunidades campesinas, la de San Mateo y la de San Antonio, de las que formaban parte prácticamente la totalidad de pobladores mayores de edad.
Las comunidades conjuntamente con otras entidades representativas de la localidad como el Consejo Distrital, promovieron e impulsaron desde fines del siglo XVIII, el adelanto del pueblo con la construcción, entre otras obras, de la red de agua potable, la canalización del rió, el nuevo cementerio, la iglesia matriz y el Palacio Municipal. En resumen, los habitantes de San Mateo, constituían una pueblo pacifico, laborioso, amante del trabajo solidario, el progreso y la justicia.
Es en este contexto que a fines de la decada de 1920 se instala en Tamboraque, (Km. 90 de la carretera central) la Fundición Metalúrgica de la denominada “Negociación Lizandro A. Proaño”, en la que se procesaban los minerales extraídos de las cercanas minas “Coricancha” y “Colquipallana”. En estal planta laboraban alrededor de 120 obreros mal remunerados y sin beneficios sociales, y ademas en jornadas de mas de 10 horas en condiciones que ponian en peligro su salud y aun su vida. A cambio de ello recibían un exiguo jornal que nunca excedía de un sol cincuenta, cuya mayor parte no se les daba en efectivo sino en vales para el consumo de viveres en la Mercantil, propiedad de Proaño, en la que los precios se encontraban subidos.
El presidente Sánchez Cerro, no solamente autorizo el funcionamiento de la fundición sino que la apadrino, en una ceremonia a la que asistió personalmente.
Las ucinas de la fundcion de Tamboraque, que no contaban con los filtros correspondientes arrojaban al aire grande cantidades de gases que contenian sustancias altamente toxicas, los que esparcian por la atmosfera y luego caian por acción de la gravedad, se posaban, lenta pero inexorablemente, en la flora regional, especialmente en tallos y hojas de las sementeras y pastizales. Los suelos de cultivo, tanto regadíos como temporales, al absorber arsénico y azufre, se volvían, poco a poco, estériles; instalandose asi la hambruna entre los pobladores de San Mateo. El ganado vacuno y lanar, así como los animales domésticos, estaban siendo diezmados debido a la ingestión de pastos impregnados de arsénico lo que, gradualmente, estaba provocando la ruina de muchos ganaderos. Según un análisis de la época, realizado por el Instituto Municipal de Higiene de Lima, en los humos predominaba el arsénico en un 35 a 40 %, lo que los convierte en altamente nocivos.
Cundía la desesperación entre los pobladores porque ellos mismos habían comenzado a sentir los estragos causados por los humos. La polución del ambiente permitía el desarrollo de afecciones a las vías respiratorias, la vista y el sistema digestivo que, al complicarse con otras dolencias, habían causado ya varias muertes. Muchos tenían las fosas nasales llagadas, pues el aire, antes diáfano y puro, se ha vuelto casi irrespirable. Entre las personas fallecidas como consecuencia inmediata de la absorción de los humos, estaban: Carlos Ordoñez, Jacinto Guzmán y Manuel Pineda, además de un menor que pereció por haber comido una caña de maíz infestada de arsénico.
Es entonces que la situación imperante motiva, los insistentes reclamos de parte de las autoridades locales y de los dirigentes comunales. |