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En mi libro "Maquis.
La guerrilla vasca" que cita en la bibliografía aparece la
opinión de Victorio Vicuña, antiguo
jefe de la X Brigada de la UNE en Francia, sobre la guerrilla en Santander y
la figura de Juanín:
Respecto a mi trabajo, no tendría mando sobre
destacamento concreto alguno, sino un carácter de organizador y asesor para
Euskadi y Santander, de donde dependían los Picos de Europa. Tenía que
contactar mediante enlaces con la guerrilla de los Picos de Europa, tenía
que hacer de coordinador, establecer las relaciones entre la guerrilla y el
Partido y, sobre todo, dar paulatinamente un contenido político a los
grupos, explicarles porqué combatían. Había que llevar la conciencia a
unos hombres que había ido a la montaña para salvar la vida, que asaltaban
rebaños o casas para sobrevivir. Algunos de estos huidos habían realizado
hechos realmente deplorables. Había quien se había hecho una cabaña
importante basándose en robos de ganado. Era el espíritu del campesino, de
hacerse con un pequeño patrimonio. Otros daban atracos y se quedaban con el
dinero. Y daban atracos sin discernir si era un médico de Falange o
antifascista. Si hay que ir a por el dinero, que sea para montar una
imprenta o para necesidades reales, como pagar medicinas o comida, no para
hacerse rico. Pero esto lo analizas en su contexto, en el monte, entre
rocas, empapado, con miedo... y lo entiendes. Ya digo que mi misión
esencial era inculcar conciencia política para elevar el nivel de la lucha
de los grupos armados. Y he de decir que, cuando les mostrabas que estabas
dispuesto a compartir sus vidas y sufrimientos, a dar ejemplo, te trataban
con gran respeto y te escuchaban.
También llevaba instrucciones para los guerrilleros,
con las normas de conducta, medidas de seguridad, los asuntos de las
claves... para mejorar su formación práctica. El problema de las normas de
la clandestinidad es todo un poema y no estaba al alcance de todos. Había
personas que no alcanzaban a comprenderlas. Eran valientes para jugarse la
vida, pero su mente no tenía la capacidad de asimilación de estos
elementos. Y a veces caían por candidez, infantilismo y falta de visión de
lo que requería la situación. Y eso se pagaba con la vida.
Estuve
unos meses combatiendo con la guerrilla en los Picos de Europa, haciendo de
instructor en el grupo de Machado. En los Picos de Europa, como en Euskadi,
los guerrilleros tuvimos en los enfrentamientos más bajas que los
franquistas. Y eso por muchas razones: porque teníamos poca munición y a
veces te quedabas sin balas en medio del combate, porque no estábamos bien
atendidos y los heridos y los enfermos a veces morían porque no podíamos
darles un tratamiento adecuado... Pero la principal razón es que nosotros
no éramos terroristas. Nunca hemos pegado un tiro a nadie desarmado o por
la espalda. Nosotros nos enfrentábamos de frente con enemigos armados, de
igual a igual, como hacen los hombres. Y eso, aunque les pese, lo han tenido
que reconocer hasta los generales de la Guardia Civil. Si nosotros llegamos
a utilizar la bomba o el tiro en la nuca, habríamos matado a más gente,
pero ¿y qué? ¿Qué habríamos logrado? Prefiero haber luchado con
limpieza, la que merecía nuestra causa. Estoy pensando en un guerrillero,
Juanín, que era toda una leyenda. Andaba por su cuenta, en la zona de los
Picos de Europa, tenía sus vacas, su caballo, su cueva. Y en ella guardaba
los tricornios y correajes de los guardias que había matado, un montón,
con papeles donde ponía "guardia civil muerto el día tal del
tal". La Guardia Civil le tenía pánico, porque era un tío audaz y
fallaba pocos tiros. Así estuvo muchos años después que terminó el
maquis. Audaz como el sólo. Pero ni a él ni a nosotros se nos ocurrió
nunca poner una bomba en una vivienda o pegarle un tiro a un hombre
desarmado.(No lo recojo en el libro, pero me dijo que habló con él varias
veces para hacerle cambiar de proceder y para que actuase de forma menos
individualista y que él le decía que sí, que sí, pero que luego siempre
hacía lo que le daba la gana. Al parecer, "Juanín" era una
leyenda para sus propios compañeros, porque el asunto de la cueva con los
correajes de los guardias muertos parece falso desde el punto de vista histórico.
Pero lo que sí tenía certeza Vicuña es que tenía bastantes vacas y
caballos que dejaba entre los campesinos de la zona, que se las cuidaban y
vendían).
En el libro no
incluí nada más, porque trataba sobre los maquis vascos, pero las andanzas
de Vicuña en el grupo de Machado - estuvo el día en que le mataron y
cuando se vengaron eliminando al confidente - aparecen en el número 274 de
Historia 16.
Documento remitido
por:
Mikel Rodriguez,
autor del libro "Maquis, la guerrilla Vasca". Editorial Txalaparta
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