ALGECIRAS. Hoy, 14 de abril, cuando se cumplen 71 años de la Segunda República española, se inaugura en Algeciras la primera calle dedicada en España a los guerrilleros antifranquistas

“Esto debió ocurrir hace 60 años, pero nunca es tarde si la dicha es buena”, afirma Manuel Triano, coordinador local de Izquierda Unida en Algeciras, en un municipio cuyo alcalde andalucista Patricio González inaugurará hoy la primera calle dedicada en España a la guerrilla antifranquista, el maquis que se mantuvo en pie de guerra, en algunos casos, hasta finales de los años 50.

El Archivo Guerra y Exilio, cuya responsable Dolores Cabra también se desplazó a esta población, también aparece entre los impulsores de este homenaje a la resistencia contra Franco, cuya presencia está bien estudiada en Cataluña, Aragón, León y Asturias pero que en Andalucía sigue manteniendo grandes zonas de sombra, como denunciaron los historiadores Francisco Moreno y Aurelio Romero, presentes en el encuentro de este fin de semana.

A la cita, no saltaron algunos veteranos de la guerrilla andaluza como José Murillo Murillo, más conocido como el comandante Ríos, por la rara pericia que ejercitaba a la hora de vadearlos: “Un hombre que conoce los ríos, sabe que hay piedras debajo de la corriente y hay que buscar el sitio adecuado para cruzarlos. Y, además, no podíamos descuidarnos, sino ver si al otro lado estaba la Guardia Civil apostada. Hay que acostumbrarse a cruzar con las botas puestas. Lo fundamental, era encontrar el paso donde la corriente era serena. Y eso se nota muy bien viendo la corriente, la maniobra que el agua va haciendo. Antes de meterme, les decía miradme y por donde yo vaya, seguidme. Una noche se dio el caso de que cruzábamos el río con los pantalones y las botas puestos. A uno se le cayó al suelo y se dio cuenta a la noche, cuando estábamos fumando bajo la manta. Esperaros, que yo voy a por ellas. Ellos pensaron que tardaría tres o cuatro horas. No puedo decir que fue en una hora o en una hora y cuarto, pero volví con la pistola. De ahí viene lo del comandante Ríos, que todavía lleva cinco balas cerca del omoplato y que actuaba en la tercera agrupación de Sierra Morena y donde era jefe de guerrillas en Córdoba, Badajoz y parte de Sevilla, en un perímetro que iba desde Cazalla de la Sierra a Constantina.

“Había un terrateniente que se llamaba don Manuel Naranjo y tuvimos la suerte de cazarlo un día antes de entrar en el pueblo, ya casi de noche. Le dijimos: somos los guerrilleros de la República y luchamos contra la dictadura de Franco. Tenemos entendido -eso era falso- que usted es un hombre que le gusta salir al campo, ver su finca, a los trabajadores porque gracias a ellos tiene beneficios, pero usted no tiene nada que ver con la dictadura de Franco, no es falangista ni nada de eso. Y venimos a ofrecerle en nombre de la República, que nosotros somos sus guerrilleros, que colabore con la guerrilla. Usted no va a coger un arma para acompañarnos, pero usted tiene dinero. No le vamos a pedir treinta ni cuarenta millones sino mil pesetas o lo que haga falta, cuando lo necesitemos. No le vamos a atosigar, pero otra suma sí. El tío se puso totalmente a nuestra disposición. Nosotros nos suministrábamos, mis seis hombres como estaba estipulado, hicimos un trabajo sobre los terratenientes, hablábamos con ellos y le convencíamos para que nos ayudaran, aunque no quisieran. No sólo dinero. Cerdos acá, quesos por allá, un pavo, cinco mil pesetas. Otras veces eran diez, otras veces dos. Si no te propasabas, los tíos colaboraban".

Con el Campo de Gibraltar, no tenían contactos: "Sólo conozco un expediente que llegó cuando yo estaba en la cárcel de Sevilla. Un expediente que decía que pasaban de Tánger, pero con esa gente no podía tener contactos porque yo pertenecía al ejército guerrillero y no estábamos sueltos como cierta gente que daban un golpe económico y se iban a Tánger”.

Claro que otra cosa distinta eran viejos camaradas como Francisco Herrero, de San Roque, con el que compartió prisión en Sevilla y que volvió a encontrárselo en Algeciras el pasado viernes: “Yo estuve preso 17 años, sobre todo en Burgos -rememora Herrero, que fue celebrado públicamente en la mañana de ayer- Yo había estado en la guerrilla con Bernabé López Calle, que era anarquista”.

Algunos militantes de la CNT presentes en el acto promovido por Izquierda Unida en Algeciras reivindicaban la figura de López Calle, conocido popularmente como el Comandante Abril, cuya sobrina recogió una placa conmemorativa, similar a la del alcalde de Montejaque (Málaga), cuyo alcalde también recibió ayer un caluroso testimonio público. El guerrillero, en su día, fue muerto a manos de la Guardia Civil, en la Garganta del Jurado, en Medina Sidonia: “Fue enterrado en una fosa común y ni siquiera hay una placa que lo recuerde”, recuerdan sus mentores.

“Siempre hubo en la sierra de Málaga y Granada, no menos de doscientos hombres. Muchos subían por aquello de que antes de que caiga preso, me voy al monte. Muchos se dedicaban a hacer calgón o cal, no hacían daño a nadie, a cambio de provisiones de la familia. Luego, la Guardia Civil les hostigó y ellos se agruparon en partidas”, evoca Aurelio Romero, quien recuerda la llegada de Ramón Vías desde Orán, para intentar organizar a la guerrilla, cayó a los seis meses y, enfermo, participó junto con otros veinticinco presos en la fuga de un penal, que terminó como el rosario de la aurora.

Romero recuerda que muchos de ellos llegaban desde África y se encontraban con la sorpresa de que la gente les ayudaba pero no se sublevaba con ellos, porque tenían miedo”.

A él, le consta alrededor de cinco expediciones desde la otra orilla del Estrecho, pero a menudo condenadas al fracaso en cuanto desaparecía el práctico que debía facilitarles el desembarco, o en cuanto un pastor denunciaba a la Guardia Civil que había visto una gente que viste como militares”.

Los guerrilleros contaron con apoyo norteamericano, desde uniformes a lápices o equipos de radiofonía : “Pero después les dejaron tirados -delata el historiador cordobés Francisco Moreno- Primero les envalentonaban, como hizo el embajador británico en Madrid Samuel Hoare, que facilitó la entrada de maquis, a pesar de que su Reina nos hizo la puñeta en la guerra con la no intervención: “Si, esa que ha muerto hace unos días y a la que ahora le hacemos homenajes”.

Similar papel habría desempañado el coronel Ellis, desde el centro de inteligencia británico en Tánger: “No sólo hay que luchar contra el olvido, sino contra la banalización de la historia del maquis. Y de toda la historia. El otro día, pusieron una serie de Miguel Hernández por televisión y todo quedaba en historietas de amor. Ni una palabra sobre el hambre y el frío en la cárcel. Parecía que Miguel Hernández había muerto de aburrimiento. ¿Por qué la Universidad de Cádiz no propone tesis o tesinas sobre este asunto? En esta provincia, donde tuvo enorme importancia la guerrilla anarquista, sólo existe un libro, el de Pérez Regordán”.

Al margen de las peripecias de la guerrilla entre Jimena y la sierra de Grazalema, grupos anarquistas de Jerez y Algeciras colaboraban para evacuar a los fugitivos y pasarlos a Tánger, aunque un grupo de guerrilleros y enlaces fueran tiroteados y aniquilados en esa última población, en mayo de 1950: “Después había una mafia que se aprovechaba a veces de ellos, como ocurrió con tres guerrilleros de la partida del Hoguerilla, a quienes embarcaron aquí y en mitad del Estrecho tiraron a los tíos al agua y se quedaron con el dinero”.

 

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