LA GUERRA QUE NO CONTÓ EL ABUELO:

GUERRILLEROS Y HUIDOS EN LOS MONTES DE CANTABRIA.

Valentín Andrés Gómez

Seminario de Fuentes Orales de Cantabria.

 


   

SUMARIO:

1. Con la caída de Santander aparecieron “los del monte”

1.1 Guerrilla Azaña

1.2 Grupo del Cariñoso

1.3 Los de Liébana

2. Constitución de la Agrupación Guerrillera de Santander

3. Reorganización de la Agrupación Guerrillera

4. Fin de la Agrupación Guerrillera de Santander

5. Aún Liébana permanece en los montes

 

          La curiosidad acerca del fenómeno guerrillero estuvo muy en boga hace unos años, sin embargo en nuestra región dejó una bibliografía insuficiente, más cercana a la literatura que a la historia: en ninguna de las obras que abordan el tema se ha pasado de relatar unos hechos más o menos aislados sin ahondar en las motivaciones que llevaron a esa gente a echarse al monte, las perspectivas que tuvieron o la organización que desarrollaron[1]. El proyecto en el que se inscribe esta comunicación parte con la intención de cubrir este hueco: el de la resistencia armada que se produjo en la región tras la caída del Frente Norte, hasta 1957, año en que muere el último guerrillero.

          La documentación escrita disponible no es suficiente para dar una visión completa del objeto de estudio, por ello, continuando la línea de trabajo que hemos iniciado en el Seminario de Fuentes Orales de Cantabria, insistimos en el uso de los testimonios de las personas implicadas como fuente principal de información, contras­tando estos testimonio entre sí, así como con las fuentes escritas consultadas. Sin el relato de los que participaron, esta historia sería una maraña de datos inconexos y con poco sentido, por lo parciales de las informaciones y, en muchos casos, por el carácter sectario de las fuentes. La captación de los informantes se ha realizado, por el efecto «bola de nieve», empezando por conocidos y yendo acercándome hacia las personas más implicadas, que a su vez me han llevado a otras. Este proceso no está acabado aún. Las  fuentes escritas a las que he tenido acceso han sido la prensa, el Archivo del PCE, el Archivo de la Prisión Provincial de Santander, y espero, en un futuro, poder consultar los archivos de los partidos judiciales y de la Guardia Civil.

 

La propia naturaleza del movimiento guerrillero que actuaba en zonas rurales, y la censura de los medios de comunicación  impidió que se difundieran la existencia y las acciones de esos grupos. La prensa solamente  recogía las acciones anti-guerrilleras que tenían éxito con titulares como: «El Bandolerismo organizado ha desapare­cido de la Montaña.» (Alerta 27-1941), «Dos Forajidos muertos por la Guardia Civil en Tama. Un sargento de la Benemérita encontró la muerte en la refriega.»  (Alerta 22-10-1952), o «Con la muerte del «Juanín» ha quedado extirpado el bandidaje» (Diario Montañés 26-4-1957). En la memoria de la mayoría los cántabros, solamente han quedado grabados los nombres del Cariñoso o de Juanín, cuyas muertes fueron utilizadas con fines propagandísticos, por parte del Régimen.

 

 

1. CON LA CAIDA DE SANTANDER APARECIERON «LOS DEL MONTE».

 

          El 14 de agosto de 1937 los nacionales iniciaron la ofensiva sobre Santander. Los italianos y las Brigadas Navarras coparon las líneas mal equipadas de los republicanos y avanzaron hacia Santander por dos vías, una bajando por el río Besaya hasta Torrelavega y otra avanzando por la costa, desde Bilbao. El 26 de agosto se entrega Santander a los italianos, las comunica­ciones con Asturias estaban cortadas. En un ambiente de desconcierto y desesperación, cada uno busca salida como puede; el objetivo fundamental era salvar la vida, hubo quienes en un acto de desespera­ción se suicida­ron. Para escapar de Santander los soldados tienen que atravesar las filas nacionales. Los que consiguen llegar a sus casas se esconden por miedo a la represión. Daniel Peral, que vivió aquellos momentos, lo tenía muy claro: «Si hubiera nacido cien veces y me entrego en ese momento, me matan cien veces.» De todos era conocida la represión que se iba a desatar tras la caída. Algunos confiando en que no tenían sus manos manchadas de sangre no se escondieron y acabaron fusilados, muchos de ellos sin juicio tan siquiera. 

También se dio el caso de jóvenes que ante el temor de ser reclutados por los "nacionales" y llevados al frente se escapa­ron confiando en que los riesgos del monte fueran menores que los de la guerra. Esta gente cuando la guerra terminó se fue entregando po­co a poco; a unos les mandaron a cumplir el servicio militar y a otros breves períodos en batallones de trabajadores. 

Asentadas las tropas franquistas en el norte de España, el fenómeno de los huídos se estabilizó. Entre los que llega­ron a esconderse, podemos distinguir dos tendencias de superviven­cia:

* Los Topos: son llamados así las personas que buscan la segu­ridad aislándose del exterior. Se esconden individualmente en lugares seguros, normalmente en sus propias viviendas.

* Los Huidos: es la tendencia contraria, el agrupamiento de personas que padecen el mismo problema. Se refugian en el monte en pequeños grupos, subsisten por el apoyo que les brindan familiares y amigos. Se ocultan en las proximidades de sus pueblos, a veces se ven obligados a la sustracción de comida y dinero para lo más inmediato.  

En este trabajo se va a prestar más atención a estos últimos, sobre todo a los grupos que se consolidan y terminan organizándose con una finalidad política: provocar la caída del Franquismo. Reservaremos el término «maquis» a los guerrilleros que entraron desde Francia a partir de 1944, para apoyar a los grupos guerrilleros.

 

La evolución de la situación de estas personas dependen de una serie de factores:

* El miedo y la esperanza que sienten. En principio la guerra no está perdida, por lo que hay que mantenerse a salvo en espera de mejores tiempos. Entregarse es prácticamente un suicidio, la fuerte represión en el entorno de la familia es suficiente aviso. Aún después de 1939 se tienen esperanzas en la intervención Aliada en favor de la República.

* El grado de compromiso que los miembros habían mantenido con la República ha de ser valorado, se erige en un determinante a la hora de adoptar la decisión acerca de la entrega.

* Los encuentros mantenidos con la Guardia Civil, el ejército, o personas afines al régimen, y las consecuencias que estos tuvieron. En caso de haber provocado heridos o muertos, pueden determinar el fin de la posibilidad de entregarse con unas mínimas garantías.

* El comportamiento de las nuevas autoridades locales (falan­gistas, médicos, curas, etc.) podía facilitar, que a partir de 1940 se entregaran algunos huidos, o por el contrario su actitud podía provocar el que nuevas personas se echaran al monte. (Estan documentados los dos casos).

 

Durante la guerra hubo  contactos entre representantes de la República, que dijeron ser alemanes, con los grupos que se habían organizado por el sur y este de la región. Intentaban organizar los grupos de huidos que permanecían en el monte, sin embargo no tenemos noticias que este proyecto prosperara. 

A partir de 1939, con la guerra ya acabada, se produjo un goteo de personas que se entregaron o fueron detenidas. Las autori­da­des se tomaron con más ahínco la tarea de «limpiar los montes». Los tribuna­les trabajaron a destajo, era norma la arbitrariedad en las acusaciones sin necesidad de que fueran probadas. Bastaban unos pocos minutos para dictar 40 o 50 condenas. Uno era culpable si no había sido capaz de demostrar su inocencia. La represión desatada con el fin de la guerra, obligó a incorporarse al monte a nuevas personas, que desde la caída del Frente Norte se habían insertado normalmente en la vida cotidiana. Se consolidaron en este momento 3 grupos: el del Cariñoso por los montes de Miera y Arredondo, el de El hijo del Practicante de Carabeos por el sur de la región, y el de Machado por Liébana.

 

1.1 GUERRILLA AZAñA

Al sur de Reinosa tras la caída de Santander, se formó un grupo de jóvenes fieles a la República, que deciden echarse al monte. Al frente de este grupo estaba Juan Gil del Amo (hijo del practicante de Carabeos). En su periplo llegaron a denominarse Guerrilla Azaña actuando, según decían, en nombre del PCE, aunque mantuvieron pocos contactos con dicho partido en Santander y funcionaron como un grupo cerrado.

 

Se refugiaron en Montes Claros al abrigo de las cuevas, hasta que en 1941 tras un encuentro con la Guardia Civil, tuvieron que desplazarse a la cercana provincia de Burgos, por el término de Pedrosa. Por esta zona estuvieron actuando hasta que en 1944 fueron localizados en las proximidades de Haedo de las Pueblas. Según un informante, una joven había visto humo en el monte, lo que puesto en conocimiento de la Guardia Civil les permitió montar una operación a cargo del teniente de la línea de Villarcayo, y dejar prácticamente desarticulado el grupo. De este envite consiguieron sobrevivir 4 personas, Santiago del Pueblo de Arroyal, Secundino de Reinosa, Mariano y otra más, de la que no disponemos de ningún dato.

 

A finales de 1945, cuando se estaba reorganizando la Agrupa­ción Guerrillera, el por aquellos entonces responsable militar, Martín Santos, sostuvo varias reuniones con los supervivientes. Se les propuso su integración en la organización, pero estos ya tenían preparado su paso a Francia.

 

1.2 GRUPO DEL CARIñOSO

          En la zona oriental aparecen varios grupos de huidos. Una parte de estos huidos son jóvenes de Matienzo que no quieren ir a la guerra con los nacionales. En julio de 1940 a través de la mediación del cura del pueblo se entregaron. Las penas se quedaron en poco (Luis Carreras, que estuvo en este grupo saldrá de la cárcel en abril de 1942). 

Sin embargo, para otros el discurrir de los hechos les obligó a permanecer en el monte. Durante 1938 el grupo del Cariñoso fue sorprendido en Mortesante por los falangistas de Miera. En este encuentro el grupo perdió a Plácido y a Belisario Lavín Cobo. Este suceso  generó acciones de respuesta. En una quedó mal herido Manolo Casar, quien había denunciado la presencia de los huidos, y en otra murió Manolo García "el de la pasiega", que había partici­pado en los sucesos de Mortesante. Desde este momento ya no había ninguna posibilidad de entregarse, muchos de ellos tampoco la tenían primero. 

Para sobrevivir cometían robos, escogiendo sus víctimas entre los adictos al régimen. La represión que se desplegó fue dirigida hacia las familias de los huidos. Las palizas se convir­tieron en algo habital para extraer confesiones. Sin embargo esto no consiguió que durante 1939 y 1940 se detuviera la constante comisión de robos y secuestros. El deseo de acabar pronto con este mal llevó a que el gobernador decretara "La Evacuación" de las cabeceras de los Valles de la zona oriental de Cantabria, para de esta forma ais­lar a los huidos de sus apoyos y poder batir el monte con tropas del ejército. En una población que vive de la ganadería, dispersa por los montes trasladando el ganado de cabaña en cabaña aprove­chando los pastos, las consecuencias fueron graves. Las gentes y el ganado fueron concentrados en las plazas de los pueblos, teniendo que ser acogidas las familias por parientes y amigos en sus casas o cuadras. En Bustablado, por ejemplo, tenían que subir custodiados por la Guardia Civil a los puertos, para atropar la hierba que comerían ese día los animales. Las caídas que se produje­ron en este período fueron debidas a las delaciones de personas cercanas, no a las acciones directas de la fuerzas del régimen. 

La evacuación se prolongó desde Junio de 1940 hasta febrero de 1941, unos días antes del incendio de Santander[2]. El ejército se desplegó por los montes pero resultó inoperante para localizar a los huídos. Es más, no pudo impedir que el 12 de noviembre se produjera la desaparición del Rey de los Campos[3] de la taberna de Luis Haro en la Vega de Miera.  

Especialmente trágico para el grupo del Cariñoso, fue el otoño de 1941. Parte del grupo, tras la evacuación, se había despla­zado a la ciudad de Santander, desde donde operaba, mientras que la otra seguía por la zona. De una forma casual se inició una sucesión de caídas. Una pareja de la Guardia Civil, dio con los hermanos Nemesio y El Ferroviario, y con El Madrileño durmiendo en la casa de las Tarolas. Dentro de la habitación se produjo un tiroteo en el que quedó muerto Nemesio. El Madrileño y el Ferroviario consi­guieron escapar de la habitación mal heridos. Cuando la Guardia Civil rastreó la zona encontó desangrado al Madrileño, que la familia hizo pasar como su familiar, para que El Ferroviario pudiera pasar desapercibido el mayor tiempo posible. Un mes después del suceso todavía la prensa reproducía este error. Las Tarolas al ser interrogadas por la Guardia Civil acerca del Cariño­so, contesta­ron que no sabían donde estaba, pero que conocían de vista al enlace. Cuando iban detenidas, al pasar por Solares que estaba en feria, se lo encontraron y  allí mismo lo detuvieron. El día 27 de octubre cayó el Cariñoso en la Calle Santa Lucía nº44 de Santander, parece ser que estaba muy gordo y se había teñido el pelo, lo que había dificultado su localización. Al día siguiente en Peña Castillo la Guardia Civil abate a Lola, Benito, Marcos y Pedro. En cinco días habían muerto 7 miembros de este grupo, pero las desgracias no acabarían aquí.

 

En el Alerta del 27 de Noviembre de 1941 se publicó que 3 bandole­ros habían perecido en un encuentro, estos eran Laureano Lavín Alonso, Alfredo Barquín Ruiz y Hermenegildo Trueba Barquín. Sin embargo, la versión que nos dan varios informantes es bastante diferente. En la cueva donde fueron encontrados los muertos, había 3 personas: Laureano, y presumiblemente, Victor y Rada. A Laureano le sorprendieron en la entrada donde murió, los otros dos se refugiaron en el interior de la cueva y al oscurecer escaparon. La guardia civil ya había dado parte a la Comandancia de que habían matado a tres "bandoleros". Al encontrar al día siguiente sólo el cuerpo de Laureano, bajaron a Bustablado cogieron a Hermenegildo (cuyo padre estaba huido) y a su primo Alfredo, y les mataron a la entrada de la cueva. De esta forma ya había 3 bandoleros muertos. La explicación de esta barbaridad, quizás haya que buscarla en los rigurosos castigos a que eran sometidos los guardias, por el incumplimiento de sus funciones.

 

Los que sobreviven a este trance se volvieron a agrupar. Los aglutinadores del grupo fueron Tampa y El Ferroviario. Hubo incorpora­ciones al grupo de gente proveniente de los campos de trabajo. La actividad del grupo pareció reducirse a robos para ir tirando, hasta que en 1944 el PCE decidió mandar a Esteban Arce[4] a reforzar este grupo. En su seno había dos tendencias: una entorno a Tampa, que pretendía seguir la estrategia del PCE, dando contenido político a las acciones y un carácter más ofensivo, y la otra entorno al Ferroviario, que buscaba ante todo sobrevivir esperando la interven­ción aliada sin participar en más actos que los que propiciaban el sustento al grupo.

 

 

1.3 LOS DE LIÉBANA

 

          Tras la caída de Asturias, los soldados que no pudieron embarcar y salir al extranjero, se volvieron a sus casas por los montes. Los pueblos estaban vigilados, lo que hizo más dificultoso el regreso. En la Hermida se formó una Centuria, cuya misión era mantener el orden en los pueblos de su jurisdicción y capturar a los "rojos" que se retiraban de Asturias. En esta última tarea se emplearon con dureza: las orillas del Río Deva son testigo de los fusilamientos allí celebrados. En los Picos de Europa, al mismo tiempo, se agrupa­ron personas de la comarca que se habían significado en la defensa de la República.

 

Las autoridades de Tresviso pidieron que se entrega­ran los que se habían escondido en sus casas tras la caída de Santander, asegu­rán­do­les que no les iba a pasar nada. Esta gente fue llevada de nuevo al frente, ahora con los Nacionales, lo que no impidió que al terminar la guerra sus propios vecinos les denunciaran, viéndose obligados a echarse al monte o resignarse a ir a la cárcel.

 

Al finalizar la guerra había concentrados en el monte un grupo de unos 10 ó 15 huidos, entre ellos destacaban Mauro Róiz, Segundo Bores, Santiago Rey, y Ceferino Róiz, Machado, (quién será responsable de este grupo). Es curioso destacar que la mayoría de estos hombres procedían de los municipios de Cillorigo y Tresviso, los dos municipios de la comarca lebaniega donde el trabajo asalariado estuvo más extendido, primero en las minas de blenda de Andara y después en el salto de Urdón. Sobrevivían gracias al apoyo de sus familiares, escondidos en cuevas y cometiendo pequeños robos para abastecerse de comida. La guerra, para ellos no había terminado...

 

Entre 1940 y 1941 se instalaron cuarteles de la Guardia Civil en casi todos los pueblos. Los edificios ocupados son viviendas de republicanos por las que no pagarán ningún tipo de compensación. La estrategia de la Guardia Civil para combatir a los emboscados pasaba por presionar a la familia, ya que antes o después éstos se habrían de  poner en contacto con ellos. Según Mauro, que estuvo huido hasta 1941 en que fue capturado: «Los que estaban en el monte no podían hacer nada importante, porque les perseguían y cualquier hecho lo iba pagar la familia. Se dedicaban a defenderse y a vivir.»

 

En el afán de aislar a los guerrilleros del apoyo de sus fami­liares obligaron a los pastores, durante una temporada, a bajar a dormir a casa, para, por la mañana, antes de salir al monte pasar un control de la Guardia Civil. Igualmente se vigilaba la fabrica­ción del pan y se prohíbía sacar comida del pueblo, ante la sospecha de que fuera destinado a los del monte. 


La Policía Armada detenía a las familias de los emboscados, haciéndolas saber que permanecerán presos si no se entregaban los huidos. En septiembre de 1940 consiguieron por este método que José Campo Halles y Santiago Rey se entreguaran. Acto seguido emplearon el mismo sistema en Tresviso para forzar la entrega de José Marcos, Mateo, y Gildo. Sin embargo el 9 de septiembre de 1940 vecinos de Tresviso descubrieron en una cueva en Cañimuelles a los tres huidos. Los falangistas del pueblo movilizaron a los vecinos para apresarlos, utilizando a los rojos como pantalla para evitar que les dispararan al salir. La cueva no tiene otra salida por lo que decidieron entregarse. A mitad de camino del pueblo, Mateo Campo y José Marcos Campillo intentaronn escapar. Mateo caerá muerto por un disparo del secretario del Ayuntamiento de Tresviso, José Marcos se tiró por una canal de difícil acceso por la que, a pesar de quedar tulli­do, pudo ponerse a salvo. Mientras tanto, Gildo fue apresado; en junio de 1943 se fugó del campo de trabajo de la Vega de Pas y se vuelve a incorpo­rar al monte. Otras caídas que se producen en estos años son las de Mauro Róiz, Alejandro Sánchez, e Ignacio Róiz. Este último fue muerto cuando se entregaba.

 

Durante los años 1941 y 1942 se establecieron algunos contactos con el PCE, fruto de ellos fue la recogida de Alejandro del Cerro que estaba a punto de caer en manos de la Policía. En las obras que Regiones Devastadas realiza en Potes, Juanín, que ya había cumplido su pena y trabajaba allí como asalariado, intenta organizar el PCE junto con el hijo de Obdulio. La Guardia Civil debió entrar en sospechas, por lo cual durante unos días Juanín fue citado para ser interrogado. No resistió las continuas palizas por lo que decidió echarse al monte. A lo pocos días le siguió Pedrín, que cayó el 5 de diciembre. El 20 de julio de 1943, en relación con estos hechos, Lorenzo Sierra y Ramón Majón se fugaron del destaca­men­to penal y se unieron a los emboscados

 

La Muerte de Segundo Bores en el Doblillo, el 25 de junio de 1944, supuso la última caída de este período. Cuando parecía evidente que los contactos con el PCE abocaban al grupo a integrar­se en la Unión Nacional.

 

 

2. CONSTITUCIÓN DE LA AGRUPACIÓN GUERRILLERA DE SANTANDER.

 

          En el trascurso de la liberación de Francia surgió una organización  inspirada por los comunistas que pretendía la unificación de las fuerzas republicanas: la UNE (Unión Nacional Española). Sin embargo este intento de aunar fuerzas fue acogido con descon­fianza por el resto de organizaciones; salvo a nivel individual no tuvo grandes apoyos. En septiembre de 1943 dio señales de vida en Madrid la JSUN (Junta Suprema de Unión Nacional) que pretendía ser el máximo órgano de la UNE en España. A finales de 1944, cuando se empieza a ver el final de la Guerra Mundial, el PCE se tomó en serio la tarea de estructurar un movimiento guerrillero en España. Pretendía conseguir la intervención Aliada y asegurarse una posición influyen­te en la etapa postfranquista. Los grupos de huídos iban siendo organizados bajo las denominadas Agrupaciones Guerrilleras. «Más, aunque en teoría todos ellos formaban parte de un ejército guerrillero de alcance nacional y estaban sometidos a un Alto Mando Guerrillero, la coordinación entre los dos niveles era súmamente deficiente.»[5] 


El 9 de septiembre de 1944 Rafael Crespo Aguado se fugó del Campo de trabajo de Cuelgamuros en el Escorial. Poco después entraba en contacto con «Dario», quien tras una serie de charlas le envió a Cantabria, para organizar dentro de la UNE a los grupos de huidos que actuaban por la Región. «Las instrucciones que lleva son: El desarrollo de acciones ofensivas, crear una zona guerrille­ra en Euskadi que se extienda hasta la frontera francesa. Ligar a los guerrilleros con las masas y convertirlos en organiza­dores de la Unión Nacional en el campo. Ayuda económica al Partido. Edición de propaganda, etc. crear un basto movimiento de Reservas guerri­lle­ras»[6](Sic).

 

Por encima de Crespo estaban el Jefe de la Agrupación Guerri­lle­ra de Santander, Alberto, y Miguel (El Vasco), en funciones de segundo. Ambos residían en Bilbao, y pasaban por aquí esporádica­mente para controlar y dar consignas sobre el funcionamiento. De hecho, Crespo quedó como único responsable de la Guerrilla en la Región. Se había concen­trado en sus manos toda la estructura de la Guerrilla sin hacer caso de las directivas del partido, que indicaban que Crespo debía encargarse solamente de la Propaganda, y dejar a Miguel la dirección de la Guerrilla. El trabajo realizado en este período fue importante a pesar del escaso tiempo que estuvieron funcio­nando. En julio de 1945 se desmanteló la organiza­ción del llano práctica­mente en su totalidad, hecho que no implicó la caída de la estructura guerrillera.

 

Para realizar su tarea, Crespo aprovechó la estructura y los contactos del partido. La primera misión fue la de contactar con las diferentes partidas. En el seno de todos los grupos participa­ban miembros del partido, si bien debe quedar claro, que la perte­nencia política de los guerrilleros de estos grupos era diversa: había militantes socialistas, anarquistas, comunistas, y por supues­to gen­tes que no pertenecían a ninguna organización. Consiguió enlazar con la Partida que se movía por Liébana; y la que permane­cía activa por el oriente de la Región, en la que figuraba Esteban Arce, que habían subido en 1944 para refor­zarla. Estableció enlaces para cada una de las parti­das acogidas bajo Unión Nacional: Honorato Gómez Iglesias para el grupo de Liébana, que además era el responsa­ble de la custodia de una multicopista en la que se imprimía propaganda y la revista de la Guerrilla, titulada ÍMPETU; y Victor Gutiérrez Gutiérrez para Brigada Malumbres.

 

Ante la necesidad de dotar de mejor armamento a la guerrilla, se preparó un desembarco en la Franca[7]; para ello llegó a venir un topógrafo de Francia con el fin de levantar planos del lugar donde se iba a realizar el desembarco. La operación no se realizó, según Honorato, porque se descubrió en Francia el embarque de las armas.

 

La necesidad de dar un carácter más ofensivo al grupo lebanie­go, y a la vez que dificultar su localización llevó a que se divi­diera en tres: uno se desplazó hacia Llanes, otro hacia Valdáli­ga y el tercero permaneció en Liébana. Antes de emprender alguna operación debían informar a los otros para evitar que les cogieran por sorpresa las actuacio­nes de pesquisa de la Guardia Civil. Cuando se realizaba alguna acción de envergadura lo hacían conjuntamente.


La realizada el 6 de Abril, fue una de estas operaciones en que era necesaria la participación de todo el grupo. Se había decidido dar un golpe en la mina de Reocín, próxima a la ciudad de Torrela­vega, de la que se pensaba obtener fondos para la organiza­ción y difusión entre los trabajadores de su existencia. Tras una larga preparación sustrajeron a plena luz del día la nómina que se pagaban en aquellas fechas.Se explicó a los obreros el sentido que tenía la acción, y que para ellos no traería consecuencias ya que la mina les debería pagar. Los guerrilleros fueron descubiertos y cercados por la Guardia Civil, sin embargo lograron salir del cerco sin pegar un solo tiro. El cerco infructuoso se mantuvo durante varios días. La cifra de lo sustraído varía en función de la fuente consultada: José Marcos Campillo habla de unas 20.000 pesetas, Honorato de unas 68.000 y la sentencia 216/50 habla de 84.000 pesetas[8]. La impor­tancia de la operación radica en que fue la primera relevante que el grupo realizaba fuera de su zona de refugio. Tras la operación se desplaza policía especializada desde Madrid a investigar el suceso, ante lo cual Carlos Cosío se tuvo que echar al monte, al haber sido el principal enlace de la operación dentro de la empresa.

 

En aquellos momentos de euforia, los lebaniegos sufrieron un duro golpe. El 22 de abril fueron cercados por la Guardia Civil en las cabañas de Pandébano. Iban a celebrar la caída de Berlín con algunos vecinos de Sotres. La Guardia Civil fue avisada por un enlace, temeroso de que se pudiera descubrir sus relaciones con la guerrilla. En el tiroteo murió Machado, en quién recaía el liderato del grupo. Tras ese suceso Santiago Rey asumió su dirección, llamándose a partir de ahora Brigada Machado.

 

El grupo que se mueve por la zona de Arredondo-Ramales, tomó el nombre de Brigada Malumbres. Esteban Arce junto con Tampa dirigían este grupo. Había una parte de él, como ya dijimos, que tenía reparos en aceptar la estrategia propuesta por Unión Nacional. Con todo el grupo comienzó a realizar acciones ofensivas.

 

Para conmemorar el 18 de Julio, y dejar constancia que no toda España estaba pacificada, se prepararon una serie de acciones de sabotaje y reparto de propaganda. Una redada de la policía abortó todo el operativo del reparto de propaganda, sin embargo no impedió que la Brigada Malumbres llevara a cabo unas voladuras de líneas de alta tensión y el depósito de locomotoras de Marrón utilizando para tal fin los explosivos obtenidos de un polvorín en la población Vasca de Carranza. La caída desbarató toda la estructura de la Guerrilla en el Llano y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Fueron apresados Rafael Crespo y 10 miembros más, a pesar de todo, quedaron intactos los grupos Guerrilleros. de esta forma a lo largo del verano continuaron con los sabotajes de líneas férreas y eléctricas.  


La importancia de este período que va de octubre de 1944 a julio de 1945, reside en que por primera vez, se puede hablar de una organización guerrillera. No se agrupaban sólo para sobrevivir, sino que intentaban derribar el Franquismo, aunque estuviera fuera de su alcance y para ello confiaran en “la intervención aliada”.

 

3. LA REORGANIZACIÓN DE LA AGRUPACIÓN GUERRILLERA

 

La caída de la estructura de la guerrilla del llano, no afectó al mando en Bilbao. Con lo cual en agosto comenzó a reorganizase la Agrupa­ción Guerrillera con la incorporación de miembros de las JSU que acababan de salir de la cárcel, con Esteban Arce que bajó de la Brigada Malumbres y Miguel que se desplazaba más habitual­mente desde Bilbao para establecer contacto con la Agrupación. Antonio Bedia es el responsable del grupo del llano, cuya misión era mantener contactos con el Partido, con el Mando en Bilbao y con los grupos guerrilleros. Martín asumió la responsabili­dad militar, teniendo que contactar con las partidas a través de enlaces y puntos de apoyo. Las personas con las que Martín enlazaba fueron: Aja, que había sustituido a Esteban Arce en la Brigada Malumbres, y Juanín de la Brigada Machado. De esta manera los dos grupos volvieron a quedar recogidos dentro de la organización de la Agrupa­ción Guerrillera de Santander.

 

El contexto en que se movían fue cambiando poco a poco. Tras el fin de la Guerra Mundial y las condenas formales que desde la incipien­te ONU se hacían al régimen de Franco, éste se fue consoli­dando. «A finales de 1945 el régimen se sentía fuerte y estaba decidido a eliminar todo vestigio de resistencia armada»[9]. Cuando el año 1946 llegó a su fín quedó claro que las potencias aliadas no iban a intervenir militarmente en España. En este período no se volvió a oir hablar de la UNE.

 

El régimen semiabierto que se mantenía en el Campo de Trabajo de Arroyo permitió mantener algunos contactos con los presos que estaban intentando organizar el PCE dentro. Martín subió varias veces. Una de estas tuvo que sacar a 4 personas que les habían cogido con propaganda de la embajada Norteamericana. Estas personas iban a ser trasladados al Dueso, para después juzgarlas. De esta manera se reforzó la Brigada Malumbres. 


A principios de 1946 aparece un nuevo grupo guerrillero, la Brigada Cristino. Tiene su origen en la necesidad de Martín Santos de echarse al monte, tras ser identificado por la policía. Se le planteaba la posibilidad de integrarse a la Brigrada Malumbres o al Grupo de Juanín. Él, por otro lado, propuso a la organización crear un nuevo grupo al sur de la Provincia, ya que la Brigada Malumbres actuaba sobre la zona oriental, y la brigada Machado actuaban sobre la zona occidental. El grupo se organizó con posterioridad a la muerte de Cristino García en febrero de 1946, de quien tomó el nombre, y con anteriori­dad al 22 de abril, fecha en la que existe un cable enviado desde la emisora que el Partido Comunista tiene en Asturias a Francia: «Reinosa acepta decisión formar grupo guerri­llero por su cuenta pero queriendo justificar su responsabilidad por lo que allá al hacerse cargo el tiene.»[10] (sic)

 

En el grupo de Martín al ser un grupo nuevo, no se dió la pasividad existente en la Brigada Malumbres, provocada por la esperanza que generó la posible intervención de los aliados en España. El embrión del grupo lo formaba Martín, con Churriti y Pancho, que provenían del Grupo de Malum­bres. Se les sumó Carroce­da, militante socialista que tenía problemas con las autoridades por temas del estraperlo. A través de Ángel Vejo, Martín se puso en contacto con 3 miembros que aún permanecían vivos del grupo del Hijo del Practicante de Carabeos. Martín les propuso que se incorpo­rasen a su grupo, pero estos ya tenían preparado su paso a Francia. El 9 de julio de 1946, tres militantes del PCE se unieron a la Brigada, procedían de una célula de Mataporquera (Bárcena -El chaval-, Eulogio Gutiérrez -El sordo- y Arsenio Tapia). El grupo tenía una composición ideológica diversa: solamente 3 eran comunis­tas (El Sordo, Churriti, y Martín). El último en incorpo­rar­se fue Santiago, un enlace de la provincia de Burgos que arrebata­ron a la Guardia Civil cuando lo llevaban deteni­do.[11]

 

La mayor parte del tiempo la pasaban fuera de las poblaciones. Poseían varios campamentos que ocupaban según las diferentes esta­cio­nes del año. El invierno frecuentaban las laderas más resguarda­das de la Reserva del Saja, y en verano los bajos bosques pero muy tupidos de los Carabeos, llegando incluso a zona de Barruelo, en la provincia de Palencia.

 

Tuvieron información acerca de los movimientos de falangistas y Guardias Civiles, si bien la capacidad de acción estaba limitada por las repercusiones que sobre los familiares y gentes de izquier­das podían tener sus actos. Sus contactos provenían de conocidos de la cárcel, por lo que la represión enseguida les alcan­zaría.

 

La carencia de todo medio para realizar propaganda, les llevó a que el 5 de noviembre  de 1946 asaltasen la Lactaria Montañesa de la que extrajeron varias máquinas de escribir[12], unas se subieron al monte y otras se destinaron al partido. Con estas máquinas el grupo de Martín, en los momentos libres se dedicaban a escribir la propaganda, que Velarde y el sobrino de Carroceda tiraban desde su bicicleta las noches antes del Mercado de ganados de Torrelavega. 


Los sabotajes se convirtieron en una actividad recurrente por diversas razones: debido al bajo riesgo que tenía su realización, a que normalmente se cometían fuera de las poblaciones, con lo cual evitaban «que jodieran a medio pueblo» (Martín Santos), y por ser el único medio del que disponían para que la población se enterara de la continuidad de la resistencia en el monte, por lo que se llevaba a término en fechas señaladas. La acción mas osada la realizaron una noche de enero de 1947: Martín y Aja estuvieron vigilando el edificio de la Comisaría de la Policía Armada en Torrelavega; cuando estuvieron seguros que quedaba completamente vacío, colocaron en los bajos una bomba. Hasta entonces nunca se había operado en el interior de una ciudad. Aunque la noticia no fue publicada, fue difícil que no se difundie­ra de boca en boca en la localidad. La dinamita de estas y otras operaciones se había obtenido en el asalto al Polvorín de la Mina que la empresa Orconera Iron Ore tenía en Obregón.

 

En marzo de 1946 la Brigada Pasionaria fue descubierta  en el Puerto del Escudo por la Guardia Civil, cuando se desplazaba desde Francia a Asturias para reforzar el movimiento guerrillero en aquella Región. En pocos días cayeron detenidos gran parte de sus integrantes, que se movían entre la nieve y el desconocimiento de la zona. Para esta operación fueron movilizados efectivos de la Guardia Civil de Santander y Burgos. Los restos de ésta Brigada deambularon entre Cantabria, Palencia y Asturias hasta finales de mes, que 4 de ellos fueron localizados por la Brigada Machado en el macizo oriental de los Picos de Europa, en la cual se integra­ron[13]. Entre los miembros de la Agrupación Guerrillera de Santan­der ésta operación dejó malestar, ya que no habían sido avisados de su presencia y, seguramente, podrían haberles facilitado el paso.

 

Esteban Arce como responsable de la Agrupación Guerrillera subió a reunirse con los integrantes de la Brigada Machado, acompañado de dos expertos en el manejo de explosivos. Con la finalidad de formar a los guerrilleros en esta materia. También se trajeron con ellos explosivos que, junto con los que tenían los maquis, sirvieron para  realizar varios sabotajes a torres de alta tensión y a la línea férrea. Cuando se agotaron estos explosivos, se terminaron con ellos los sabotajes, ya que no volvieron a diponer de más cargas.

 

Durante 1946, la Brigada Malumbres realizó las operaciones más ambiciosas. Provocaron múltiples sabotajes a líneas de alta tensión, y el 13 de Julio intentaron secuestrar a Camilo Alonso Vega, que pasaba unos días de descanso en el Hotel Balneario de Puente Viesgo. Sin embargo, la mala fortuna hizo que el día anterior tuviese que salir con urgencia hacia Madrid a una reunión. Otra parte del grupo, el 17 de julio asaltó el pueblo de Udalla. Posteriormente hubo un enfrentamiento con la Guardia Civil en el que murieron 3 guerrilleros (Manuel Otero, Buenosvinos y Carrillo, el primer nombre está confirmado por testimonios recogidos, los otros dos parecen haber sido inventados para la ocasión). Este suceso según algunos informantes, reavivó las discrepancias entre Tampa y el Ferroviario. En octubre, Inocencio Aja ya se había despla­za­do hacia Torrelavega con parte del grupo, lo que se puede interpretar como una manifestación de estas diferen­cias. Aun así siguió manteniendo contactos con los que quedaron por los montes de Arredondo. 


El grupo de Aja, ya asentado en el Valle del Cayón, no estableció campamentos, sino una serie de puntos de apoyo, aprove­chando el trabajo realizado por Aja cuando organizó las JSU en esta zona. Dicho grupo lo componían Aja, Bonifacio, Colsa, y Ciuco. A partir de enero de 1947 se les une Enrique González Zurita, que realizaba tareas de enlace entre la Agrupación Guerrillera y Juanín. A pesar de la difícil situación por la que pasaba el grupo de Aja, intenta­ron contribuir al trabajo político. En la fábrica de la Nestle robaron dos máquinas de imprimir; una de ellas fue instalada en una cabaña del Monte de Carceña, donde según el Coronel Aguado, se imprimía Mundo Obrero y «hojas sueltas»[14].

 

Quizá sea este el período en el que la organización guerrillera estuvo más desarrollada. Se creó un grupo nuevo, en el que sus miembros provenían de organizaciones afines al PCE, que tras ser descubiertos, deciden saltar al monte. Es el momento en que los grupos estuvieron más activos.

 

 

4. FIN DE LA AGRUPACIÓN GUERRILLERA DE SANTANDER.

 

          A finales de junio de 1947 tuvo lugar una redada en Torrelavega que desmante­ló la red de enlaces de la Agrupación Guerrillera. De esta primera redada escapó Antonio Bedia, que ya había perdido el contacto con el mando en Bilbao. Algunos de los apresados fueron paseados por las calles de Santander acompañados de policías secretas en un intento de localizar­ a Bedia, como así ocurrió en el mes de julio. Tras la caída de Bedia la Guerrilla quedó aislada, sin contactos con el Partido. Martín asumió la dirección de la guerrilla para intentar reorgani­zar la Agrupación. Llamó a Aja para que restableciese conexión con el Partido, quedando al frente de su grupo Bonifacio González Mazón Rubén. Aja intentó restablecer la relación con el comité provin­cial a través Vázquez, militante de las JSU, y a través de una carta con la organización de Bilbao para que el partido, desde allí, se hiciera cargo de la dirección de la guerrilla, pero estos no llegaron a contestar[15].

 

El 25 de noviembre de 1947 en el pueblo de Torres, cercano a Torrelavega, fueron localizados Aja y Pancho, mientras esperaban un contacto. La Guardia Civil rodeó la casa; al abrir la puerta disparó y dejó herida a la dueña. Por la parte de atrás, salieron los guerrilleros, Pancho es abatido, y Aja se lanzó al canal de agua de la mina que bajaba crecido, en el cual se ahogó. Lo cual dejaba a Martín más aislado, si cabe. 


Desde que se produjeron las caídas de junio, el grupo de Bonifacio fue a ciegas, sin poder ponerse en contacto con sus enlaces, evitando los caminos y con pocos momentos de descanso. En esta situación decidieron asaltar la tienda de Miguel Ángel Arenal, en Vega de Villafufre, allí les estaba esperando un Somatén. En el tiroteo que entablaron cayeron heridos Bonifacio y Zurita. Bonifacio murió por las torturas recibidas y falta de asistencia médica. Ciuco y Colsa escaparon y hasta que se entregaron en diciembre, tuvieron  que ser protegidos por miembros del Partido. Su caída fue el inicio de una redada entre los enlaces del grupo y del Partido.

 

En la Brigada Malumbres las rencillas ya conocidas, desencade­naron la muerte de Tampa. Es difícil precisar cuales fueron las motivaciones y la fecha aproximada en que se produjo. Los elementos que nos permiten analizar estos hechos son contradictorios.  Lo que sí queda claro es que su muerte supuso el fin de la Brigada Malumbres, y posibilitó que la mayor parte del grupo salvase las diferencias que los separaban para pasar a Francia.

 

El proceso de descomposición de la guerrilla también afectó a la Brigada Cristino. Tres miembros se separaron del grupo al no poder subir mujeres al campamento. El 27 de diciembre de 1947 fueron descu­biertos por la Guardia Civil en la Serna, donde murieron Anastasio Benito y Alfredo Pala­cios, en casa de la novia de Alfredo. Estos, junto con Santiago, fueron los que se separaron del grupo de Martín.

 

En Noviembre de 1948, Martín Santos y Alfredo Bárcena intentaron pasar a Francia con el fin de contactar con el Partido y recibir así instrucciones. Fueron descubiertos en un hotel en San Sebastián y en las persecucio­nes posteriores fue abatido Bárcena. Casi milagrosa­mente Martín consiguió eludir dos veces el cerco de la Guardia Civil, y enlazar con el taxi que le había llevado. En Bilbao se apeó del taxi, robó una sotana y con ella se plantó en Montes Claros, a través del tren de la Robla.

 

Tras este fracaso, al año siguiente el objetivo del grupo fue preparar su definitivo paso a Francia. A mediados de 1949, consi­guieron enlazar con José Imaz, que había llegado en la primavera a hacerse cargo del Partido. Imaz a través de unos contactos preparó la salida del grupo al extranjero. Para financiar esta operación se pensó en el secuestro del hijo de Emilio Valle, quien por Reinosa pregonaba que los guerrilleros de León no habían podido «echarle mano», lo que daba a la operación un cierto carácter de reto perso­nal. Emilio Valle poseía minas en León, Palencia y Cantabria, y tenía a una hija casada con Arias Navarro. El objetivo reunía todas las características deseables. El 28 de agosto de 1949 realizaron la operación, pero debieron contentarse con un hermano del citado, ya que no le encontraron. Le mantuvieron retenido solamente un día debido a que el pago se realizó de forma rápida: les pidieron 500.000 pesetas.

 

Una vez que Martín tuvo el dinero, bajó con Carroceda para preparar el viaje. De vuelta al campamento en los Carabeos descubrieron que los otros 4 habían desaparecido (Eulogio, Tapia, Manolo y un andaluz). Debieron coger miedo, ya que todos los intentos de pasar la frontera que conocían habían fracasado. Al no poder localizar­los, Martín y Carroceda decidieron marchar solos.

 

La situación más embarazosa se produjo en Francia cuando Martín tuvo que arreglar los papeles para que le concedieran el estatuto de refugiado. El PCE  no quiso firmarle que pertenecía a esa organización, con lo cual se le planteó el peligro de ser devuelto a España. La situación se arregló gracias a que un anarquista le firmó esos papeles. 

Tras la caída de junio de 1947 desapareció la Agrupación Guerrillera de Santander a pesar del intento de reconstrucción. Los grupos se fueron descomponien­do como consecuencia de  los golpes de la Guardia Civil y el paso a Francia de los últimos guerrilleros. Sólo permaneció en activo la Brigada Machado.

 

 

5. AÚN LIEBANA PERMANECE EN LOS MONTES.

 

          A partir de 1948 era ya difícil justificar la continuidad en el monte como un intento de derrocar al régimen, puesto que no existía rastro alguno de una dirección de los grupos guerrilleros.

 

Tras la caída de la Agrupación Guerrillera los grupos de la Brigada Machado, quedaron aislados de la organización del Partido. Por medio de Maté, guerrillero de este grupo que procedía de Asturias se estableció contacto con grupos asturianos. Estos intentaban organizar un desembarco de Armas, sin embargo los lebaniegos desconfiaban del individuo que organizó este proyecto, por lo que se desentendieron. El desembarco se realizó en San Vicente de la Barquera, y no fue más que una trampa en la que cayeron varios grupos asturianos. Con lo que continuaron sin contactos con el Partido.

 

En un informe del Partido comunista elaborado tras una reunión con 16 guerrilleros de la Brigada Machado, en la comarca asturiana de la Borbolla, con fecha de enero de 1948, se dice de la moral de los guerrilleros: «...lo que más quebranta esta, es la falta de un organismo exterior o interior que estimule y preste ayuda y dirección a la resistencia. Esto sería un hecho acogido en las guerrillas con calor y entusiasmo y que terminaría con muchas divergencias»[16] (sic).

 

Según José Marcos, hacia 1950 él planteó pasar a Francia, siendo consciente de la falta de organiza­ción que reinaba, la desunión de los partidos que defendie­ron la República y la falta de apoyo internacional. De hecho, Carlos Cosío y "El Dandi" pasaron la frontera, sin embargo: «Los que habían venido de Francia no querían volver para allá, y no se porqué. En el 50 fue cuando marchó Carlos, para esto ya me había escrito mi hermano que conocía al que se dedicaba a pasar gente. Yo lo propuse, pero los de Francia no querían, ni Santiago, ni Gildo.» (J. Marcos Campillo)

 

Los hechos destacados a partir de este momento se debieron a las muertes y a las caídas, generalmente, de guerrilleros y enlaces. No se produjeron acciones ofensivas, se dedicaron a dar golpes económicos que les asegurasen la supervivencia. Los sucesos más destacados de esta historia los relato a continuación.

 

El 4 de julio de 1952 pereció el Secretario del Ayuntamiento de Tresviso a manos de los guerrilleros; este hombre se había caracterizado por las continuas denuncias a sus vecinos, siendo responsable de numerosas encarcelaciones y palizas, además de ser quien mató a Mateo Campo cuando intentaba huir en Cañimuelles. Esta acción se puede entender como una venganza o un ajusticiamiento.

 

El día 20 de octubre de 1952  era lunes, y como todos los lunes había mercado en Potes. En un registro rutinario en Tama sorprendieron a Gildo, a Guerrero y a Pin el asturiano en la casa de Dominador Gómez Herrero. El registro lo realizaba un Sargento y dos números de la Guardia Civil. Nada más comenzar el tiroteo, Gildo cayó muerto, el Asturiano y Guerrero perforaron el suelo de madera y salieron por la bodega. En la huída, el Sargento les cortó al paso, y allí cayó muerto. Al cruzar el puente, un Guardia que estaba allí de permiso, mató a Pin el Asturiano, pudiendo escapar Guerrero. Los Civiles al encontrar muerto al sargento, allí mismo fusilaron a Dominador, a su mujer y a una hija. Tras lo sucedido en Tama se produjo una gran redada en la que fueron detenidos muchos enlaces y familiares, que sufieron brutales torturas; algunos llegaron a dormir 15 días entre los caballos de la Guardia Civil de Potes, siéndoles de continuo aplicado el cepo.

 

En este momento quedaban 6 guerrilleros: Santiago Rey, y Joaquín Sánchez el Chino por el norte de Palencia; José Marcos Campillo y Quintiliano Guerrero por Liébana y la zona asturiana entre Cabrales y Llanes; y Juan Fernández Ayala -Juanín-, y Francisco Bedoya[17] que se movían entre Liébana y Valdáliga.

 

El siguiente encuentro con la Guardia Civil se produjo el 14 de abril 1953. Marcos y Guerrero fueron sorprendidos a la salida de Tresviso en pleno monte por una patrulla de la Civil. Murió Guerrero, y José Marcos, mal herido, consiguió llegar a casa de un enlace. Para ser curado necesitaba atención especializada, por lo que se pusieron en contacto con Santiago Rey, que organizó el traslado de Marcos a Bilbao. Tras su recuperación el objetivo fundamental fue pasar a Francia. Volvieron a Liébana para contactar con Juanín y Bedoya. Recorrieron las casas de los enlaces, pero no consiguieron localizarlos debido a la prudencia que mantenían; nunca decían de donde venían, ni a donde iban, con lo cual debieron regresar a Bilbao y preparar la salida sin ellos.

 

A través de un hermano de José Marcos consiguieron un guía para pasar la frontera, pero pagando. En un primer momento le llamaron para que el Chino y otro hermano de José Marcos que estaba trabajan­do en Bilbao, cruzaran la frontera. Para pagar la evasión decidie­ron secuestrar a Emilio Bollaín, un abogado que poseía grandes extensiones de pinos en Balmaseda. Tras el secuestro se desató una fuerte persecución. Estuvieron rastreando varios días pero no los encontraron. Se refugiaron una temporada en Bilbao a la espera de poder traspasar la frontera. El 4 de octubre de 1955 Santiago y José Marcos cruzaron la frontera. Posteriormente serán reclamados por el Gobierno español, pero Francia no concederá la extradición. 


Todavía en Cantabria sobrevivirán Juanín y Bedoya, hasta 1957, dando continuos golpes económicos con los que se sustentan. Tenían una amplia red de enlaces, lo que les daba libertad de movimien­tos y facilidad para encontrar lugares seguros. Se les llegó incluso a  acusar de algunos robos que no han podido cometer por estar en otra zona. La preocupa­ción de las autoridades llevó a que saliera un preso para intentar liquidarlos. Primero intentó ganarse la confianza de la hermana de Bedoya, con la que terminó casándose. Después, la de los guerrilleros, sin embargo sólo conseguirá la de Bedoya, tras la muerte  de Juanín.

 

Los sucesos del 24 de abril de 1957 han sido los que quizás hayan despertado la mayor curiosidad. La cantidad de conjeturas, testimonios y opiniones vertidas sobre el tema hace que sea muy difícil esclarecer el hecho. Sin embargo la valoración no parece cambiar. Al día siguiente en grandes titulares se publicaba en la prensa la noticia, sin esperar el permiso correspondiente. Será la noticia, de las que hicieron referencia a los del monte, que más rápido se difundió. Era el fin de un mito, el de la resistencia armada al Franquismo. Hecho que convenía propagar, aún cuando Bedoya todavía sobreviviera hasta diciembre de ese año.

 

Bedoya cuando se encontró sólo accedió al plan de su cuñado, subirse en una moto con destino a Francia. Esta maniobra estaba preparada con la Policía para acabar con el guerrillero lejos de sus escondites naturales. Su cuñado que colaboraba con la Policía, no sabía que le esperaba la misma suerte que él había trenzado.

 

          A modo de conclusión, se puede decir que en Cantabria el movimiento guerrillero fue el intento más serio de oposición al Franquismo, quizás el único hasta bien entrados los años sesenta. Hay que definir a los grupos que surgen, como un movimiento de autodefensa ante la inviabilidad de incorporarse a la vida civil. En 1944 se organizaron bajo la estela del PCE, y permanecieron hasta 1947, en que fue desarticulada la organización guerrillera. A partir de este momento los grupos fueron desapareciendo bajo los impulsos de la Guardia Civil o el paso de frontera. En Liébana sobrevivieron guerrilleros hasta 1957, esta larga agonía quizá sea producto de la inercia, ya que no se ha podido demostrar que recibieran consignas o apoyos del Partido con posteriori­dad a 1948.

 

6. ANEXO.

           Esta es la relación de entrevistados, indicando el lugar de nacimiento y la fecha. Los que vienen precedidos por un asterísco, son nombres supuestos.

 

(*) MARCOS AGUADO, Hermosa.

(*) ANGEL BRAVO GUTIERREZ, Torrelavega 1919.

(*) BELTRAN PRIETO, Ruiloba.

JOSÉ MARCOS CAMPILLO CAMPO, Tresviso.

(*) JOAQUIN GUTIERREZ, Montejo (Burgos).

(*) MIGUEL, Santagadea (Burgos).

(*) EUSTAQUIO DEL RÍO, Aldea de Ebro.

RAFAEL CRESPO AGUADO, León 1910.

(*) CRESCENCIO HOYAL, Mirones.

DAVID TEZANOS GONZÁLEZ, Val de Iguña 1913.

DESIDERIO GÓMEZ SEñAS, Vega de Liébana 1925.

(*) ALEJANDRO.

ESTEBAN CUEVAS GONZÁLEZ, Esanos de Bedoya 1913.

FELICIANO CAMPO, Tresviso 1921.

GERMÁN SOLANA, Matienzo.

GONZALO DE MIGUEL FERNÁNDEZ, Tama 1923.

GREGORIO HAZAS, Matienzo 1902.

(*) HERMENEGILDA CONTRERAS, Tresviso.

HONORATO GÓMEZ IGLESIAS, Pesués 1912.

ANTOLIANO CAMPO CAMPO, Tresviso.

IRINEO CAMPO SANCH