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Maquis
en Roncal
Por Pedro Arrese
Octubre
de 1944 fue un año de temores en la Montaña de Navarra. Se había
salido hacía poco tiempo de la Guerra Civil, escaseaba todo (menos el
hambre), los alemanes estaban al otro lado de la muga y el contrabando
era más peligroso debido a estas tropas. Y, además, había un
enemigo sin rostro que venía precedido de una fama terrible: el
maquis.
En este mes de octubre, coincidiendo con la cada vez más cercana
victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, hubo intentos de
penetrar en la península, ya que el régimen de Franco estaba marcado
por su simpatía y alianza con el otro dictador, Hitler, quien estaba
a punto de ser vencido.
Por la frontera de Navarra hubo varias oleadas de grupos armados que
penetraron en el interior. La más numerosa (unos 400 hombres) es la
que entró el 21 de octubre de 1944 desde Santa Engracia, por el
collado de Arrakogoiti (entre Lakartxela y Bimbalet, cerca de Juan
Pito), desde donde bajó hacia Isaba con la intención de ir, por
Garde, hacia la zona de Huesca, donde se uniría con otros grupos
armados. Sin embargo, las fuerzas del ejército estaban alerta, ya que
anteriormente habían entrado otros guerrilleros y persiguieron a
estos maquis, cuyo destino fue la huida hacia el Bidasoa, Lekunberri,
Cinco Villas y Navascués. Poco a poco, todos cayeron muertos o
prisioneros. Estas incursiones estaban incluidas en un plan más
amplio que abarcaba otras zonas del Pirineo y estaban organizadas, en
parte, por un navarro, Monzón.
Con violencia (de cualquier tipo) no se llega a nada bueno. ¿Tan difícil
es de aprender?