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ASTURIAS, 11/02/2002 ASTURIAS ¿Su
primer recuerdo de los guerrilleros? Son
relatos que escuché en mi infancia y que me han acompañado siempre.
Relatos que hablaban de héroes clandestinos, leyendas contadas a media voz.
Muchos años después, cuando comencé a estudiar Historia, comprobé que
había muy poco escrito sobre el asunto. Fue un reto personal. Secundino
Serrano es leonés, profesor de Instituto de Geografía e Historia y acaba
de ver cómo su libro «Maquis» llegaba a su octava edición, 25.000
ejemplares vendidos de un largo episodio en el que la guerrilla asturiana
cobra un protagonismo esencial. Estudiar
al maquis en los setenta. ¿Un plus de dificultad a ese reto? Empecé
hacia 1977, en la transición, y aún estaba prohibido el acceso a muchos
archivos. Fue toda una peripecia. La política de archivos en este país es
tercermundista, en aquellos años había que depender de amistades para
conseguir cosas. Yo tuve la suerte de acceder a una especie de ficheros del
maquis en León que tenía un guardia civil jubilado. Fue como el punto de
partida. ¿Estamos
ante una historia de perdedores? Sin duda.
Perdieron la guerra civil, muchos lucharon en la resistencia francesa y
acabaron en el olvido. Cuando llegó la democracia en España se
convirtieron en algo así como personajes molestos, incluso para los
partidos de izquierda. ¿Mala
conciencia? Hay cosas
cuando menos sorprendentes, como la decisión del PC de mantener una lucha
política a partir de 1948, pocos meses después de ser aprobada la ley de
Bandidaje y Terrorismo. Aquello fue un suicidio, algo criminal. Hay una
enorme responsabilidad por parte de Santiago Carrillo en obligar a sus
guerrilleros a proseguir una lucha sin esperanzas. Cuando lees la historia
que escriben gentes del Partido Comunista te das cuenta de que hablan del
maquis casi de pasada, cuando se trata del principal eje de lucha durante
los primeros años del franquismo. ¿Y el
PSOE? En
Asturias socialistas y comunistas convivieron durante los años de la
posguerra, a veces enfrentándose estratégicamente. En Asturias, en contra
de lo que sucedió en otros lugares de España, la base obrera hasta 1948 es
socialista. Era evidente que en la lucha contra el maquis las fuerzas
gubernamentales atacaban con mayor dureza a los comunistas, e incluso se
dijo que la salida masiva de guerrilleros socialistas por el puerto de
Luanco había sido permitida por el régimen, que había mirado para otro
lado. ¿Una
decisión inteligente o un acto de cobardía? Es que a
partir de 1947 las posibilidades se redujeron drásticamente, y por dos
motivos. El primero, porque la ley de Bandidaje daba manga ancha a las
brigadillas de la Guardia Civil, permitía la ley de fugas, incluso contra
meros enlaces de la guerrilla y hasta con familiares de maquis. Y no pasaba
nada. En segundo lugar porque es en esas fechas cuando se pierde la
esperanza de una intervención extranjera en España. ¿Esperanzas
fundadas? Sí,
mientras duró la guerra mundial. Era mucha gente la que pensaba que los
aliados no iban a permitir un régimen como el de Franco, pero cuando
finaliza la contienda y no se produce esa intervención el general sabe que
tiene las manos libres. Entre 1947 y 1948 se produce el gran exterminio de
guerrilleros. Las potencias occidentales aceptaron a Francisco Franco porque
lo consideraban un aliado seguro y barato. ¿Fue la
principal traición? El maquis
es una sucesión de traiciones. La mayor, la de la Historia. Otras, tan
estratégicas como humanas. La mayor parte de los grupos cayó traicionado.
Al final los que hablaban elegían entre su vida y la ajena. Hay quien
afirma que una intervención a tiempo de alguna organización internacional,
la Cruz Roja por ejemplo, hubiera evitado que la gente se echara al monte. Mucho más
sencillo que eso. Los ganadores de la guerra civil no tuvieron ni un solo
gesto positivo, lo suyo fue política de exterminio. Estamos hablando de
90.000 ejecutados en la guerra, 450.000 exiliados y 750.000 presos políticos.
Una vez escuché a un viejo guerrillero: «Mi madre me decía que era mejor
morir defendiéndose que con las manos amarradas». ¿Hay que
hablar de un maquis nacional o de muchos maquis? Tras la
guerra hubo un intento de organizar una guerrilla nacional, pero no
fructificó, faltaba coordinación y los grupos se convirtieron en reinos de
Taifas. ¿La
causa del fracaso? Yo creo
que fue así porque no quedaba otro remedio, no eran años de Internet para
organizarse desde la distancia. Hubo tendencia a cierto feudalismo
guerrillero. ¿La
guerrilla en Asturias? Tiene una
historia fascinante. En Asturias llegó a haber nueve mil hombres vagando
por los montes. No había guerrilla en España que no tuviera a un miembro
apodado «el Asturiano». Dígame
un nombre propio. Marcelino
Villanueva, «el Gafas». ¿Lo
conoció? Sí. Es
uno de los personajes más increíbles de la guerrilla. Tenía cultura,
carisma, sabía razonar. Era socialista y tuvo el coraje de encabezar en León
la Federación de Guerrillas cuando el PSOE ya quería marcharse. Se exilió
en Buenos Aires y triunfó. ¿Qué
queda del maquis? Veintitantos supervivientes y una historia ejemplar. |