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Estados Unidos
Sr. don Valentin-Alsina.
Noviembre 12 de 1847.
Salgo de los Estados Unidos, mi estimado amigo, en aquel estado de excitacion que causa el espectáculo de un drama nuevo, lleno de peripecias, sin plan sin unidad, erizado de crímenes que alumbran con su luz siniestra actos de heroismo i abnegacion, en medio de los esplendores fabulosos de decoraciones que remedan bosques seculares, praderas floridas, montañas sañudas, o habitaciones humanas en cuyo pacífico recinto reinan la virtud i la inocencia. Quiero decirle que salgo triste, pensativo, complacido i abismado; la mitad e mis ilusiones rotas o ajadas, miéntras que otras luchan con el raciocinio para decorar de nuevo aquel panorama imajinario en quo encerramos siempre las ideas cuando se refieren a objetos que no hemos visto, como damos una fisonomía i un metal de voz al amigo que solo por cartas conocemos. Los Estados Unidos son una cosa sin modelo anterior, una especie de disparate que choca a la primera vista, i frustra la espectacion pugnando contra las ideas recibidas, i no obstante este disparate inconcebible es grande i noble, sublime a veces, regular siempre; i con tales muestras de permanencia i de fuerza orgánica se presenta, que el ridículo se deslizarla sobre su superficie como la impotente bala sobre las duras escamas del caiman. No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruo de las especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creacion política, estraño como aquellos [334] megaterios cuyos huesos se presentan aun sobre la superficie de la tierra. De manera que para aprender a contemplarlo, es preciso ántes educar el juicio propio, disimulando sus aparentes faltas orgánicas, a fin de apreciarlo en su propia índole, no sin riesgo de, vencida la primera estrañeza, apasionarse por él, hallarlo bello, i proclamar un nuevo criterio de las cosas humanas, como lo hizo el romanticismo para hacerse perdonar sus monstruosidades al derrocar al viejo ídolo de la poética romano-francesa.
Educados Ud. I yo, mi buen amigo, bajo la vara de hierro del mas sublime de los tiranos, combatiéndolo sin cesar en nombre del derecho, de la justicia, en nombre de la república, en fin, como realizacion de las conclusiones a que la conciencia i la intelijencia humana han llegado, Ud. i yo, como tantos otros nos hemos envanecido i alentado al divisar en medio de la noche de plomo que pesa sobre la América del sur, la aureola de luz con que se alumbra el norte. Por fin, nos hemos dicho para endurecernos contra los males presentes: la república existe, fuerte, invencible; la luz se hace; un dia llegará para la justicia, la igualdad, el derecho; la luz se irradiará hasta nosotros cuando el sud refleje al norte. ¡I cierto, la república es! Solo que al contemplarla de cerca, se halla que bajo muchos respectos no corresponde a la idea abstracta que de ella teníamos. Al mismo tiempo que en Norteamérica han desaparecido las mas feas úlceras de la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aun entre los pueblos europeos, i que aquí se convierten en cáncer, al paso que se orijinan. dolencias nuevas para las que aun no se busca ni conoce remedio. Así, pues, nuestra república, libertad i fuerza, intelijencia i belleza; aquella república de nuestros sueños para cuando el malaconsejado tirano cayera, i sobre cuya organizacion discutíamos candorosamente entre nosotros en el destierro, i bajo el duro aguijon de las necesidades del momento; aquella república, mi querido amigo, es un desideratum todavía, posible en la tierra si hai un Dios que para bien dirije lo los lentos destinos humanos, si la justicia es un sentimiento inherente a nuestra naturaleza, su lei orgánica i el fin de su larga preparacion.
Si no temiera, pues, que la citacion diese lugar a un concepto equivocado, diria al darle cuenta de mis impresiones en los Estados Unidos, lo que Voltaire hace decir a Bruto:
Et je cherche ici Rome, et ne la trouve plus! [335]
Como en Roma o en Venecia existió el patriciado, aquí existe la democracia; la República, la cosa pública vendrá mas tarde. Consuélenos, empero, la idea de que estos demócratas son hoi en la tierra los que mas en camino van de hallar la incógnita que dará la solucion política que buscan a oscuras los pueblos cristianos, tropezando en la monarquía como en Europa, o atajados por el despotismo brutal como en nuestra pobre patria.
No espere que dé a Ud. una descripcion ordenada de los Estados Unidos, no obstante que he visitado todas sus grandes ciudades, i atravesado o seguido los límites de veinte i uno de sus mas ricos Estados. Quiero seguir otro camino. A la altura de civilizacion a que ha llegado la parte mas noble de la especie humana, para que una nacion sea eminentemente poderosa o susceptible de serlo, se requieren condiciones territoriales que nada puede suplir permanentemente. Si Dios me encargara de formar una gran república, nuestra república a nous por ejemplo, no admitiria tan serio encargo, sino a condicion o que me diese estas bases por lo ménos: espacio sin límites conocidos para que se huelguen un dia en él doscientos millones de habitantes; ancha esposicion a los mares, costas acribilladas de golfos i bahías; superficie variada sin que oponga dificultades a los caminos de hierro i canales que habrán de cruzar el estado en todas direcciones; i como no consentiré jamas en suprimir lo de los ferrocarriles, ha de haber tanto carbon de piedra i tanto hierro, que el año de gracia cuatro mil setecientos cincuenta i uno se estén aun esplotando las minas como el primer dia. La estrema abundancia de madera de construccion seria el único obstáculo que soportaria para el fácil descuajo de la tierra; encargándome yo personalmente de dar direccion oportuna a los rios navegabes que habrian de atravesar el pais en todas direcciones, convertirse en lagos donde la perspectiva lo requiriese, desembocar en todos los mares, ligar entre sí todos los climas, a fin de que las producciones de los polos viniesen en via recta a los paises tropicales i viceversa. Luego para mis miras futuras pediria abundancia por doquier de mármoles, granitos, porfiros i otras piedras de cantería, sin las cuales las naciones no pueden imprimir a la tierra olvidadiza el rastro eterno de sus plantas.
¡Pais de Cucaña! diria un frances. ¡La ínsula Barataria! apuntaria un español. ¡Imbéciles! Son los Estados Unidos, tal cual los ha formado Dios, i jurara que al crear este pedazo [336] de mundo, se sabia mui bien él, que allá por el siglo XIX, los desechos de su pobre humanidad pisoteada en otras partes, esclavizada, o muriéndose de hambre a fin de que huelguen los pocos, vendrian a reunirse aquí, desenvolverse sin obstáculo, engrandecerse, i vengar con su ejemplo a la especie humana de tantos siglos de tutela leonina i de sufrimientos. ¿Por qué no descubrieron los romanos aquella tierra eminentemente adaptada para la industria que ellos no ejercitaron, para la invasion pacífica del colono, i tan pródiga de bienestar para el individuo? ¿Por qué la raza sajona tropezó con este pedazo de mundo que tan bien cuadraba con sus instintos industriales, i por qué a la raza española lo cupo en suerte la América del sur donde habia minas de plata i de oro, e indios mansos i abyectos, que venian de perlas a su pereza de amo, a su atraso e ineptitud industrial? ¿No hai órden i premeditacion en todos estos acasos? ¿No hai providencia? ¡Oh! amigo, Dios es la mas fácil solucion de todas estas dificultades.
Olvidé pedir pan mi república, i lo hago aquí para que conste, que se me dé por vecinos pueblos de la estirpe española, Méjico por ejemplo, i allá en el horizonte, Cuba, un istmo, etc.
No soi yo el primero que ha sido sorprendido por éste a propósito de la naturaleza en los Estados Unidos. Un compañero de viaje escribia a uno de sus amigos de Europa:
«No tengo noticia de lugar alguno donde Dios se haya sobrepasado a sí mismo como aquí. Estaba mui de bien humor sin duda, cuando bosquejaba estos grados 0º i 6º de lonjitud, este i oeste de Washington. ¡Esto es bello i trazado con soltura! Cada rico tiene seis millas de ancho, cada lago cuatrocientas por lo ménos de circunferencia; por todas partes bosques inmensos de árboles en perfecta armonía con el paisaje. Ni una sola colina, ni una sola isla árida; vejetacion por todas partes como allá en sus montañas de los Pirineos».
En cuanto a la ordenacion jeneral de este pais, daré a Ud: algunas lijeras nociones. Supóngase un espacio cuadrado de tierra que mida dos millones i medio de millas cuadradas, bañado por mares diversos hácia el sur, oriente i occidente. Al norte un rio, salido de una cadena de lagos tan capaces como el mar Caspio, sirviéndole de límite, i proporcionándole una línea de navegación desde lo más recóndito del interior hasta las costas del Atlántico. Mas como la boca del San Lorenzo, [337] que es aquel rio término, cae fuera de los límites de los estados, a la altura de Montreal, se dirije hácia el sur no mas ancho que un rio, el lago Champlain, hasta tocar casi con las fuentes del Hudson, que por este medio ofrece al emporio de Nueva York, comunicacion acuática con los lagos i el alto i bajo Canadá.
Como el cuadrado que nos hemos trazado es poco ménos grande que la Europa, necesitaba en teoría una arteria interior, por donde hubiese de circular i penetrar la vida. Para llenar este requisito, desde las inmediaciones del lago Erie, se desprende hácia el sur el Mississipi, el mas caudaloso de los rios de la tierra, i corriendo en seguida navegable por mil quinientas millas, incorpora en su caudal las aguas del Ohio; el Arkansas, el Illinois, el Missouri, el Tenessee, el Awash i muchos otros que de oriente i occidente, vienen alternativamente arrastrando sobre sus turbias ondas los productos de las plantaciones mas remotas, hasta el Golfo de Méjico. Porque hai esto de notable en la distribucion de las aguas de Norteamérica, que las unas se reunen en un inmenso receptáculo i marchan al oriente reunidas en el San Lorenzo: las otras se dirijen hácia el sur i se aglomeran en el Mississipi, no quedando independientes de aquellos dos grandes sistemas de desagüe, sino el Hudson, el Potomack i el Susquehuanah.
Mui bisoños se habrían mostrado los yankees, si no hubiesen completado por canales el conocido plan de la providencia, de manera que las mercaderías del Canadá tengan camino acuático a New York o a Orleans indistintamente, recorriendo para ello una línea de navegacion interna, mayor que la que media entro América i Europa. Por otra parte, como un estado americano ha de vivir necesariamente de la esportacion de sus materias primeras, sus cereales i peleterías, su esposicion debe ser de preferencia al Atlántico; i su necesidad primera, que de todos los puntos converjan i concurran sus vias de comunicacion a las bocas i orificios de aquel inmenso pólipo, cuya simple estructura no ofrece sino tubo intestinal i bocas. Pero supóngase que el estado larva ha de pasar por diversas trasformaciones, hasta entrar en la familia de los animales mas perfectos, i dotados de diversos sistemas, sanguíneo, nervioso, dijestivo, etc.; entónces la vida se hace mas complicada, i el animal no existe ya para la boca, sino la boca para el animal. La vida interna haciéndose mas complicada exije vasos secretorios, donde se preparen mejor los [338] alimentos; lo que equivale a decir, porque ya la alegoría fastidia, que con el exceso de la poblacion i el desarrollo de la riqueza, nace una industria nacional, i el estado sin disminuir su movimiento de esportacion e importacion, adquiere al fin una vida interna que necesita satisfacer por sí mismo i para sí mismo. La China en Asia, la Alemania i la Francia en Europa, dan un ejemplo de esta vida interior, que da pábulo a industrias poderosas, i mayor acumulacion de riquezas. Cuando este caso llegue para los Estados Unidos, se concibe que las ciudades del litoral no serán los únicos focos de riqueza, pues para promediar las distancias habrá en el centro del estado nuevos focos industriales que derramen e irradien a los estremos los productos del trabajo nacional. Ahora, busque Ud. en el mapa de los Estados Unidos un punto a propósito para esta secrecion interna, reuniendo ademas las condiciones de viabilidad i abundancia de elementos de fabricacion, hierro, maderas, carbon, etc. Si Ud. no lo encuentra tan pronto, yo se lo indicaré. Hácia lo interior de la Pensilvania los rios Ohio, Alleghany i Monontgahella se reunen para dirijirse al Mississipi, la grande arteria que distribuye i concreta como hemos visto el movimiento interior.
En la confluencia de estos ríos está situada Pittsburg, que por canales artificiales i ferrocarriles comunica con Baltimore en la Bahia de Chesapeake, Filadelfia, New York, Boston al norte. Removiendo un poco la superficie de la tierra sobre que está fundada Pittsburg, se encuentra un manto de carbon de piedra, el cual se estiende unas catorce mil millas cuadradas, esto es, un espacio un poco menor que la Inglaterra entera. Por todo el pais circunvecino i a orillas de los ríos, los propietarios pueden bajo el hogar doméstico abrir una boca mina, para estraer esta sustancia, alimenticia de fábricas; i en Marieta hemos descendido del vapor, i atravesando dos calles de la ciudad, entrádonos sin mas rodeos en una mina de carbon bituminoso que del interior de una colina sacaban en carretillas de mano, para hacerlo derramarse en seguida hasta sobre la cubierta de los buques que atracan a la orilla del río a recibirlo. De allí en caravanas de angadas informes que sin velas ni remos se abandonan a merced de la corriente de los rios, va el carbon hasta Nueva Orleans, a hacer concurrencia ventajosa a la leña ne se corta en los inmediatos bosques, i cuyo precio se regla por el salario diario del leñador. Esto por lo que hace al carbon, que en cuanto al hierro se le encuentra en igual abundancia por todas partes, i gracias a estas [339] envidiables ventajas de posicion, Pittsburg se alza hoi en medio de las selvas americanas, envuelta en su denso manto de humo hediondo i espeso, que la hace llamar ya el Birminghan yankee, i será el Londres futuro, por la multitud de sus fábricas, sus algodones, que remontan desde Nueva Orleans, para ser allí pintados o tejidos, por mecanismos que avanzan en perfeccion casi siempre, a los inventos europeos. Como una muestra de lo que puede ser Pittsburg, recordaré que a fines del siglo pasado el territorio adyacente estaba aun en poder de los salvajes: en 1800 contenía ya 45000 habitantes, i en 1845 montaba la poblacion a dos millones.
Como la poblacion de los Estados Unidos avanza hácia el Pacífico setecientas millas de frente por año, mas tarde será necesario un foco industrial todavía mas adentro, a cuyo fin se ha dispuesto que donde el Misouri, que corro unas 1200 millas, se echa en el Mississipi, i no léjos del punto en que de la parte opuesta desemboca el Ohio, haya otro depósito de carbon de piedra que, a lo que ha podido averiguarse hasta ahora, ocupa una área de cosa ¡de 60000 millas cuadradas!
Yo no quiero hacer cómplice a la providencia de todas las usurpaciones norteamericanas, ni de su mal ejemplo que en un período mas o ménos remoto, puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos llaman, el Canadá Méjico, etc. Entónces, la union de los hombres libres principiará en el Polo del norte, para venir a terminar por falta de tierra en el Istmo de Panamá.
Para entónces estarán los lagos en el centro de la union jigante, i para entónces tambien el estado de Michigan, envuelto como una península por el lago del mismo nombre, el Huron, el Saint Clair, i la base del Erie podrá dar fructuosa ocupación al enorme depósito de carbon que contiene en su centro. En espectacion de aquel suceso, i por aquel infalible instinto con que el yankee husmea los lugares que han de ser fecundos en riqueza, a orillas del último de aquellos mares de agua dulce, empieza ya a surjir del haz de la tierra, Buffalo, ciudad que sin haber sido aldea siquiera, contaba hace un año 30000
habitantes, i contará hoi 50000, segun los términos de la progresion yankee. Un camino de hierro, que desde Albany atraviesa sin pretension alguna cinco grados de lonjitud, derrama, en sus calles todos los dias, una avenida de hombres, que desde Europa i remontando el Hudson, vienen a escojerse, entre los bosques intermediarios, algun pedazo de tierra [340] donde fijar una nueva familia, como aquellas razas de Sem i de Jafet, que partian desde la Babel antigua a repartirse entre sí la tierra despoblada. Igual confusion de lenguas entre los que llegan, si bien la tierra les imprime la suya a poco andar, i como el agua frotando las superficies angulosas de diversas piedras conforma los guijarros cual si fueran una familia de hermanos, así reuniéndose, mezclándose entre sí estas avenidas de fragmentos de sociedades antiguas, se forma la nueva, la mas jóven i osada república, del mundo. ¡Oh! Cuánta verdad tanjible hai en los misterios morales de nuestra raza; ¡cuántas relaciones íntimas, inevitables, muestran las cosas físicas! La libertad emigrada al norte da al hombre que llega alas para volar; ruedan torrentes humanos por entre las selvas primitivas, i la palabra pasa muda por sobre sus cabezas en hilos de hierro, para ir a activar a lo léjos aquella invasion del hombre sobre el suelo que le estaba reservado; del espíritu envejecido i esperto sobre la materia inculta aun, i esperando desde abinicio, que se la dé forma. Franklin, como Ud. sabe, fue el primero que tomó en sus manos el terrible rayo, i lo esplicó a mundo asombrado. Partiendo del descubrimiento de Franklin (hablo en el sentido práctico del pararayos, con que él dotó a la humanidad), Volta, Oersted, Alexander, Ampere, Arago, habian escrito i tentado mucho sobre la telegrafía eléctrica, cuando Morse, norteamericano hizo sus ensayos mediante los 30,000 pesos que el congreso de los Estados Unidos dió para costearlos. ¿No es singular que haya cabido a los Estados Unidos la gloria de haber inventado el pararayos i el eter sulfúrico para ahorrar dos grandes males a la humanidad, e impreso a los movimientos del hombre rapideces planetarias, con la aplicacion del vapor hecha por Fulton, i en la telegrafía eléctrica por Morse? En Francia dejé líneas de telégrafos de este jénero en via de ensayo, de Ruan a Paris, de Paris a Lille, i esto para el servicio del gobierno. En los Estados Unidos habia en los momentos de mi salida: de Nueva York un círculo que liga en Washington, Baltimore, Filadelfia, i vuelve a Nueva York, 455 millas; otro anillo que liga a Nueva York, New Haven, Hasford, Springfield, Boston, i vuelve a Nueva York, 452 millas. Una línea a Albany que parte desde el mismo centro, 150, i de allí estiende un brazo a Buffalo, 250 millas. Otra a Rochester, 252; otra a Monreal, 205. La dilijencia que lleva diariamente la correspondencia por toda la Union recorre 142,295 millas, i 853 millas describen los canales artificiales. [341] Rodean los estados 3600 millas de mar i 1200 de lagos. Nueva York sirve de puerto a una navegacion interna de rios, canales i lagos de 3000 millas; Nueva Orleans a otra de 20000, subdividida en rios navegables, i que uniéndose por el Mississipi, con los lagos i el San Lorenzo, puede producir la mas pasmosa línea de circunnavegacion interior i fluvial.
La naturaleza habia ejecutado las grandes facciones del territorio de la Union; pero sin la profunda ciencia de la riqueza pública que poseen los norteamericanos, la obra habia quedado incompleta. Desde Filadelfia a San Luis, como de Buenos Aires a Mendoza, atraviesa el estado una gran ruta nacional, porque en este sentido el pais no es viable por canales, pues los declives de las aguas se inclinan al sud o al este. Pero del lago Erie, desciende un canal navegable que uniéndose al Ohio entre Cancaneado i Pittsburg, trae con fletes ínfimos los productos del estremos norte del lago superior i del Canadá hasta la Nueva Orleans. Del estremos este del mismo lago Erie parte otro canal, que, después de haberse puesto en contacto por una ramificacion con el lago Ontario, a la altura de Troya desemboca en el Hudson, i liga por agua a Chicago, que está 14 grados de distancia al occidente, con Nueva York i Quebec. Desde Pittsburg parte un canal faldeando los montes Alleghanies, que pone en contacto acuático a Filadelfia en el Atlántico, con Nueva Orleans en el Golfo de Méjico, describiendo una ruta a traves del continente, de mas de mil leguas. Inútil seria detenerse en las líneas de caminos de hierro, que completan en parte las de lagos, o se cruzan con ellas, facilitando a cada estado, a cada ciudad i a cada aldea, las comunicaciones baratas, rápidas, diarias, fáciles, al alcance de todas las fortunas, apropiadas a todas las mercaderías. Tocqueville ha dicho que los caminos de hierro bajaron de un cuarto los costos de trasporte. Los canales han abolido casi el flete, pues apénas es sensible; i sin embargo, tal es la afluencia de productos, que estas obras producen al estado millones de renta anual.
Del aspecto jeneral del pais, o de su arquitectura como distribucion de los medios de accion puestos por Dios i utilizados i completados por el hombre, pasaré sin transicion a la aldea, centro de la vida política, como la familia lo es de la vida doméstica. Los Estados Unidos están en ella con todos sus accidentes, cosa que no puedo decirse de nacion alguna. La aldea francesa o chilena es la negacion de la Francia o de Chile, i nadie quisiera aceptar ni sus costumbres, [342] ni sus vestidos, ni sus ideas, como manifestacion de la civilizacion nacional. La aldea norteamericana es ya todo el estado, en su gobierno civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su censo, su espíritu i su apariencia. Del seno de un bosque primitivo, la dilijencia o los wagones salen a un pequeño espacio desmontado en cuyo centro se alzan diez o doce casas. Estas son de ladrillo, construido con el auxilio de máquinas, lo que da a sus costados la tersura de figuras matemáticas, uniéndolos entre sí argamaza en filetes finísimos y restos. Levántanse aquellas en dos pisos cubiertos de techumbres de madera pintada. Puertas i ventanas pintadas de blanco, sujetan i cierran cerraduras de patente; i stores verdes animan i varian la regularidad de la distribucion. Fíjome en estos detalles porque ellos solos bastan a caracterizar a un pueblo i suscitan un cúmulo de reflexiones. La primera que me ha embargado al presenciar esta ostentacion de riqueza i de bienestar, es la que suministra la comparacion de las fuerzas productivas de las naciones. Chile, por ejemplo, i lo que es aplicable a Chile lo es a toda la América española, Chile tiene millon i medio de habitantes. ¿En qué proporcion están las casas, que de tales merezcan el nombre, con las familias que lo habitan? Pues en los Estados Unidos todos los hombres viven en casas, tales como las que he delineado al principio, rodeados de todos los instrumentos mas adelantados de la civilizacion, salvo los pioneers que habitan aun los bosques, salvo los transeuntes que se albergan en inmensos hoteles. De aquí resulta un fenómeno económico que apuntaré lijeramente. Supongo que veinte millones de norteamericanos habiten un millon de casas. ¿Cuánto capital invertido en satisfacer esta sola necesidad? Fabricantes de ladrillos a la mecánica han hecho con sus productos fortunas colosales; fábricas de cerrajerías de patente venden sus obras por cantidades cien veces mayores que en cualquiera otra parte del mundo, para servir a menor número de hombres. Las estufas de hierro colado que se aplican al uso doméstico en todas las aldeas, bastarian a dar movimiento i ocupacion a las fábricas de Lóndres; i el avalúo de las casas que habitan los norteamericanos en las aldeas, no diré mas pobres, porque el término es impropio, equivaldria a la riqueza territorial e inmueble de cualquiera de nuestros estados.
La cocina mas o ménos espaciosa, segun el número de individuos de la familia, consta de un aparato económico de hierro fundido, formando parte de él un servicio completo [343] de cacerolas i de utensilios culinarios, todo obra de alguna fábrica que se ocupa de este ramo. En algun departamento interior se guardan arados del autor frances que los inventó, i el instrumento de agricultura mas poderoso que se conoce: su reja abre un surco de media vara de ancho; una cuchilla movible va rozando las yerbas, i el menor esfuerzo del labrador lo aparta del encuentro del tronco de un árbol. Su lijera obra de madera está constantemente pintada de colorado, i los arneses de los caballos que lo tiran son de obra de talabartería, lustrosa siempre i con hebillas amarillas i adornos en bronce para ajustarlos. Las hachas de la casa son tambien de patente i de la construccion mas aventajada que se conoce; pues el hacha es la trompa de elefante del yankee, su mondadientes i su dedo, como entre nosotros es el cuchillo, o la navaja entre los españoles. Una carretela de cuatro ruedas, lijeras como las patas de un escarabajo, siempre barnizada i lustrosa como recien sacada de la fábrica, con arneses brillantes, completos i tales como no los llevan iguales los fiacres de Paris, facilitan la locomocion de los habitantes. Una máquina sirve para desgranar el maiz; otra para limpiar el trigo; i cada operacion agrícola o doméstica, llama en su ayuda el talento inventivo de los fabricantes. El terreno adyacente a la casa i que sirve de jardin de horticultura, está separado de la calle o camino público por una balaustrada de madera, pintada de blanco en toda su estension i de la forma mas artística. No so olvide Ud. que estoi describiéndole una pobre aldea que aun no cuenta doce casas, rodeada todavía de bosques no descuajados i apartada por centenares de leguas de las grandes ciudades. Mi aldea, pues, tiene varios establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería, varios bodegones o figonerías, todos con el anuncio en letras de oro, perfectamente ejecutadas por algun fabricante de letras. Este es un punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Union una obra de arte, i la muestra mas inequívoca del adelanto del pais. Me he divertido en España i en toda la América del sud, examinando aquellos letreros donde los hai, hechos con caractéres raquíticos i jorobados i ostentando en errores de ortografía la ignorancia supina del artesano o aficionado que los formó.
El norteamericano es un literato clásico en materia de anuncios, i una letra chueca o gorda, o un error ortográfico espondria al locatario a ver desierto su mostrador. Dos hoteles [344] ha de haber por lo ménos en la aldea para alojamiento de los pasajeros; una imprenta para un diario diminutivo, un banco i una capilla. La oficina de la posta recibe diariamente los diarios de la vecindad, o de las grandes ciudades, a que están suscritos los aldeanos; i cartas, paquetes i transeuntes han de llegar i salir por ella diariamente; pues el trasporte de la mala, aun a los puntos mas distantes, se hace en vehículos de cuatro ruedas i con comodidades para pasajeros. Las calles, que se van delineando a medida que la poblacion crece, tienen como las de las grandes ciudades, treinta varas de ancho, inclusas las aceras de seis varas que deben quedar de cada costado, sombreadas por líneas de árboles que desde luego se plantan. El centro de la calle es, miéntras no hai medios de empedrarlo, un ciénago en que osan todos los cerdos de la aldea, los cuales ocupan tan encumbrado lugar en la economía doméstica, que sus productos en toda la Union corren parejas con los del cultivo del trigo.
I como es regla que segun el nido ha de ser el pájaro, diré una palabra sobre el villano. Si es bodegonero, almacenero o de otra profesion sedentaria, su traje diario se compone de las piezas siguientes: botas charoladas, pantalon i frac de paño negro, chaleco de raso idem, corbata de gro, un pequeño casquete o gorrita de paño; i pendiente de un cordon negro un chisme de oro que representa un lápiz o una llave. En la punta de este cordon i mui sumido en el bolsillo se está la pieza mas curiosa del traje del yankee. Si Ud. quiere estudiar las trasformaciones que el reloj ha esperimentado desde su invencion hasta nuestros dias, pida Ud. la hora a cuanto yankee encuentre. Verá Ud. relojes fósiles, relojes mastodontes, relojes fantasmas, relojes guarida de sabandijas, relojes de tres pisos, inflados, con puente levadizo i escalera secreta, para descender con linterna a darles cuerda. El padron del reloj de Dulcamara, en el elixir de amor, emigró con los primeros puritanos, i sus descendientes gozan del derecho de ciudadanía i están alistados en el partido temible de los nativistas, que profesan las doctrinas del americanismo mas exaltado. Cada buque que llega de Europa trae centenares de estos emigrantes los cuales, vendidos a la mejor postura en Nueva York, Boston, Nueva Orleans i Baltimore, desde el precio de doce reales para arriba, proveen a esta demanda nacional popular de relojes. Tiene el yankee una cartera en el bolsillo, i al acostarse en la cama, traza a la lijera jeroglíficos que indican el camino que tiene trazado a sus acciones [345] del dia siguiente. No se crea que hai exajeracion en esta comun distribucion de los medios civilizados a las aldeas como a las ciudades, i a los hombres de todas clases. Tomo a la ventura las villitas mas pequeñas, cuya descripcion me cae a la mano. Bennington contiene un consistorio, una iglesia, dos academias (colejios), un banco i cerca de 300 habitantes.
Norwich, en la orilla derecha del Connecticut, contiene varias iglesias, un banco i 700 habitantes.
Haverhill tiene un consistorio, un banco, una iglesia, una academia i sesenta casas, etc.
Hácia el oeste, donde la civilizacion declina, i en el Farwest, donde casi se estingue, por el desparramo de la poblacion en las campañas, el aspecto cambia sin duda, el bienestar se reduce a lo estrictamente necesario, i la casa se convierte en el log-house, construido en veinte i cuatro horas, de palos superpuestos i cruzándose en las esquinas por medio de muescas; pero aun en estas remotas plantaciones, hai igualdad perfecta de aspecto en la poblacion, en el vestido, en los modales, i aun en la intelijencia; el comerciante, el doctor, el sheriff, el cultivador, todos tienen el mismo aspecto. El campesino es padre de familia, es propietario de doscientos acres de tierra o de dos mil, no importa para el caso. Sus instrumentes aratorios, sus engines son los mismos, es decir, los mejores conocidos; i si acierta a darse en la vecindad un meeting relijioso, de lo profundo de los bosques, descendiendo de las montañas, asomándose por todos los caminos, veráse los campesinos a caballo en grandes cabalgatas, con su pantalon i su frac negro, i las niñas con los vestidos de los jéneros mas frescos i las formas mas graciosas. A bordo de un vapor en una larga navegacion, habíame tocado de vez en cuando acercarme a un sujeto perfectamente vestido i que se hacia notar por el cortés desembarazo de los modales. Una mañana, al acercarnos a una ciudad, lo ví, no sin sorpresa, sacar de un camarote una caja, templarla i comenzar a tocar la llamada, invitando al enganche a los jóvenes del lugar. ¡Era tambor! A veces la cadena del reloj caia sobre el parche i embarazaba momentáneamente el juego de los palillos. La igualdad es, pues, absoluta en las costumbres i en las formas. Los grados de civilizacion o de riqueza no están espresados como entre nosotros por cortes especiales de vestido. No hai chaqueta, ni poncho, sino un vestido comun i hasta una rudeza comun de modales que mantiene las apariencias de igualdad en la educacion. [346]
Pero aun no es ésta la parte mas característica de aquel pueblo: es su aptitud para apropiarse, jeneralizar, vulgarizar conservar i perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes i auxilios que la mas adelantada civilizacion ha puesto en manos de los hombres. En esto los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hai rutina invencible que demore por siglos la adopcion de una mejora conocida; hai por el contrario una predisposicion a adoptar todo. El anuncio hecho por un diario de una modificacion en el arado, por ejemplo, lo trascriben en un dia todos los periódicos de la Union. Al dia siguiente se habla de ello en todas las plantaciones, i los herreros i fabricantes han ensayado en doscientos puntos de la Union a un tiempo la realizacion del modelo, i tienen espuestas en venta las nuevas máquinas. Un año despues, en toda la Union está en práctica. Id a hacer o a esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o nuestra América.
El diccionario de Salvá, porque el de la Academia no hace fe hoi, dice, definiendo la palabra civilizacion, que es «aquel grado de cultura que adquieren pueblos i personas, cuando de la rudeza natura pasan al primor, elegancia i dulzura de voces i costumbres propio de jente culta». Yo llamaría a esto civilidad; pues las voces mui relamidas, ni las costumbres en estremo muelles, representan la perfeccion moral i física, ni las fuerzas que el hombre civilizado desarrolla para someter a su uso la naturaleza.
Después de las aldeas de los Estados Unidos, llama de preferencia la atencion del viajero el movimiento de los caminos que las unen entre sí, ya sean carriles, macadamizados, ferrocarriles o rios navegables. Si Dios llamara repentinamente a cuentas al mundo, sorprenderia en marcha, como a las hormigas, a los dos tercios de la poblacion norteamericana, de donde resulta lo mismo que he dicho de los edificios; pues viajando todos, no hai empresa imposible ni improductiva en materia de viabilidad. Ciento veinte leguas de camino de hierro se hacen en veinte i cuatro horas desde Albany hasta Buffalo por doce pesos; i por quince, inclusas cuatro opíparas i suculentas comidas diarias, dos mil doscientas millas de navegacion de vapor en diez dias desde Cincinnati hasta Nueva Orleans, por los rios Ohio i Mississipi. El vapor o el convoi del ferrocarril atraviesan bosques primitivos, entre cuyas enramadas oscuras i solitarias tome el viajero meditabundo ver aparecer el último resto de las tribus salvajes que [347] no hace diez años llamaban a aquellos parajes las cacerías de sus padres.
La concurrencia de pasajeros permite la baratura del pasaje; i la baratura del pasaje tienta a viajar a los que no tienen objeto preciso para ello; el yankee sale de su casa a respirar un poco de aire, a tomar un paseo, i hace de ida i vuelta cincuenta leguas en un vapor o un convoi, i vuelve a continuar sus ocupaciones. Cuando el ojo certero de la industria descubre un trayecto de ferrocarril, una asociacion lo abre lo suficiente para indicar la via; de los árboles volteados se hacen las líneas del futuro ferrocarril, poniéndoles sobrepuestas planchuelas delgadas de hierro. El convoi se lanza con tiento al principio, equilibrándose, aquí caigo, allí levanto sobre esta peligrosa via; los pasajeros llueven de todas partes, i con los productos que dejan, se construye entónces el verdadero camino, nunca seguro, por no hacerlo costoso, lo que no aumenta en mucho el número de desgracias. El convoi es siempre cómodo, espacioso, i si sus cojines no son tan muelles como los de la primera clase en Francia, no son tampoco tan estúpidamente duros como los de segunda en Inglaterra; pues en los Estados Unidos, no habiendo sino una clase en la sociedad, la cual la forma el hombre, no hai tres i aun cuatro clases de wagones, como sucede en Europa. Pero donde el lujo i la grandeza norteamericanas se ostentan sin rival en la tierra, es en los vapores de los rios del norte. ¡Cloacas o cáscaras de nuez parecerian a su lado los que navegan en el Mediterráneo! Son palacios flotantes de tres pisos, con galerías i azoteas para pasearse. Brilla el oro en los capiteles i arquitrabes de las mil columnas que, como en el Isaac Newton, flanquean cámaras monstruos, capaces de contener en su seno al senado i cámara de diputados. Colgaduras de damasco artísticamente prendidas disimulan camarotes para quinientos pasajeros, comedores colosos con mesa sin fin de caoba bruñida, i servicio de porcelana i plata para mil comensales. Puede este buque recibir dos mil pasajeros; tiene 750 lechos, 200 cámaras independientes; mide 341 piés de largo, 85 de ancho, i carga ademas 1450 toneladas.
El vapor Hendrick mide 341 piés de largo i 72 de ancho; tiene 150 cámaras independientes, 600 camarotes con colchones de plumas, dando acomodations en jeneral para dos mil pasajeros, todo por un dollar, corriendo la distancia de 144 millas. Un habitante de Nueva York va a Troya o Albany en la noche; habla por la mañana del dia siguiente [348] con su corresponsal, i en la tarde está en Nueva York de regreso, a vacar de las ocupaciones del dia, habiendo hecho en a interrupcion de diez o doce horas de tiempo hábil, cien leguas de camino. El sudamericano que acaba de desembarcar de Europa, donde se ha estasiado admirando los progresos de la industria i el poder del hombre, se pregunta atónito al ver aquellas colosales construcciones americanas, ¡aquellas facilidades de locomocion, si realmente la Europa está a la cabeza de la civilizacion del mundo! Marinos franceses, ingleses i sardos, he visto espresar sin disimulo su asombro de encontrarse tan pequeños, tan atras de este pueblo jigantesco.
Hai en aquellos buques del Hudson un sancta sanctorum, en cuyo recinto no penetra el ojo del profano, una morada misteriosa, de cuyas delicias puede cuando mas tenerse sospechas por las bocanadas de perfumes que se escapan al abrirse momentáneamente la puerta. Los norteamericanos se han creado costumbres que no tienen ejemplo ni antecedente en la tierra. La mujer soltera, o el hombre de sexo femenino, es libre como las mariposas hasta el momento de encerrarse en el capullo doméstico, para llenar con el matrimonio sus funciones sociales. Antes de esta época viaja sola, vaga por las calles de las ciudades i mantiene amoríos castos a la par que desenvueltos a la luz del público, bajo el ojo indiferente de sus padres. Recibe visitas de personas que no se han presentado a su familia, i a las dos de la mañana vuelve de un baile a su casa acompañada de aquél con quien ha valsado o polkado esclusivamente toda la noche. Los buenos puritanos de sus padres la hacen broma a veces con el tal, de cuyos amores han sido instruidos por la voz pública, i la taimada se complace en derrotar las conjeturas, desmintiendo la evidencia.
Después de dos o tres años de flitear, este es el verbo norteamericano, bailes, paseos, viajes i coqueterías, la niña de la historia, en el almuerzo i como quien no quiere la cosa, pregunta a sus padres si conocen a un jóven alto, rubio, maquinista de profesion, que suele venir a verla, de vez en cuando, todos los dias. Hacia un año que estaban esperando esta introduccion. El desenlace es que hai en la familia un enlace convenido, de que se da parte a los padres la víspera, los cuales ya lo sabian por todas las comadres de la vecindad. Celebrado el desposorio, los novios toman en el acto el próximo camino de hierro, i salen a ostentar su felicidad por [349] bosques, villas, ciudades i hoteles. En los wagones se les ve siempre a estas encantadoras parejas de jóvenes de veinte años, abrazados, reposándose el uno en el seno del otro, i prodigándose caricias tan espresivas que edifican a todos los circunstantes, haciéndoles formar el propósito de casarse inmediatamente, aun a los mas contumaces solterones. No puede hacerse en términos mas insinuantes que esta esposicion al aire libre de las embriagueces matrimoniales, la propaganda del casamiento. Debido a esto es que el yankee no llega nunca a la edad de veinte i cinco años sin tener ya una familia numerosa; i yo no me esplico de otro modo la asombrosa propagacion de la especie en aquel suelo afortunado. En 1790 la poblacion constaba de cerca de 4000000; 1800, 5000000; 1810, 7000000; 1820, 9000000; 1830, 12000000; 1840, 17000000; 1850, contará 23000000. La inmigracion influye en estas cifras; pero en proporciones limitadas. El inmigrante no es un animal prolífico, hasta que ha recibido el baño yankee.
Volviendo, pues, a los millares de novios que andan enardeciendo i vivificando la atmósfera con sus álitos de primavera, los vapores del Hudson i de otros rios clásicos les tienen preparados departamentos ad hoc. Llámase este recinto la ¡cámara de la novia! Vidrios de colores esmaltados imprimen a la discreta luz que penetra en ella, todos los suaves colores del íris; lámparas rosadas arden por la noche; i de noche i de dia el perfume de las flores, las aguas odoríferas i los aromas que se queman aguzan la sed de placer que consume a sus escojidos moradores. Las fábricas de Paris no han creado damascos ni muselinas suficientemente costosas, para envolver entre sus sueltos pliegues i bajo techumbres doradas las lejítimas saturnales de la cámara de la novia. Despues de haber visto la cascada del Niágara, bañádose en las fuentes termales de Saratoga, pasado en revista cien ciudades i hecho mil leguas de pais, los novios vuelven, despues de quince dias, estenuados, maravillados i contentos, a aburrirse santamente en el hogar doméstico. La mujer ha dicho adios para siempre al mundo de cuyos placeres gozó tanto tiempo con entera libertad; a las selvas frescas de verdura, testigos de sus amores; a la cascada, a los caminos i a los rios. En adelante, el cerrado asilo doméstico es su penitenciaria perpetua; el roastbeef su acusador eterno; el hormiguero de chiquillos rubios i retozones, su torcedor continuo; i un marido incivil, aunque good natured, sudon de dia i roncador de noche, su [350] cómplice i su fantasma. Atribuyo a aquellos amores ambulantes en que termina el flirteo americano, la manía de viajar que distingue al yankee, de quien puede decirse que nace viajero. El furor de viajar crece en proporciones espantosas año por año. Los productos de todas las obras públicas, ferrocarriles, puentes i canales en los diversos estados, en 1844, comparados con los de 1843, mostraron un aumento de cuatro millones de dollars; lo que hizo subir en solo aquel año de ochenta millones el valor de los trabajos, computando el rédito al cinco por ciento. Sabe de memoria todas las distancias, i a la vista de una ciudad, en los wagones o en los vapores, hai un movimiento jeneral de echar mano a la faltriquera, desdoblar el mapa topográfico de los alrededores i señalar con el dedo el punto en cuestion. Una sola casa de Nueva York ha vendido en diez años millon i medio de atlas i mapas para el uso popular. Es seguro que en Paris no hai ninguna que haya hecho emision igual para proveer al mundo entero. Cada estado tiene su carta jeolójica, que muestra la composicion del suelo i los elementos esplotables que contiene; cada condado su carta topográfica en diez ediciones diversas de todos los tamaños i de todos los precios. Apénas se tiró el primer cañonazo en la frontera mejicana, al Union fué inundada por millones de mapas de Méjico, en los cuales el yankee traza los movimientos del ejército, dá batallas, avanza, toma a la capital i se estaciona allí, hasta que las nuevas noticias venidas por el telégrafo, lo orientan sobre la verdadera posicion de los ejércitos, para hacerlos marchar de nuevo, con el dedo puesto en el mapa i a fuerza de conjeturas i cálculos, lo pone a la hora de ésta dentro de la ciudad de Méjico. Los mejicanos pueden ir a recibir lecciones de los leñadores yankees sobre la topografía, producciones i ventajas del pais que sin conocer habitan.
Pero continuemos un poco describiendo la fisonomía de los caminos. En los lagos i en otros rios de mayor lonjitud que el Hudson, los vapores se acercan a los barrancos en puntos determinados, para renovar su provision de leña, operacion que se hace en ménos tiempo que el cambio de mulas en las postas españolas o la renovacion de pasajeros. Del centro de un bosque secular i por sendas apénas practicables, vése salir una familia de señoras en toilette de baile, acompañadas por caballeros vestidos del eterno frac negro, variado a veces por un paletó, i cuando mas un anciano con surtú de terciopelo a la puritana; cabellos blancos i largos hasta los hombros, a [351] la Franklin, i sombrero redondo de copa baja. El carruaje que los conduce es de la misma construccion i tan esmeradamente barnizado como los que circulan en las calles de Washington. Los caballos con arneses relucientes, pertenecen a la raza inglesa, que no ha perdido nada de su esbelta belleza ni de su árabe conformacion al emigrar al nuevo mundo; porque el norteamericano, lejos de barbarizar como nosotros los elementos que nos entregó al instalarnos colonos la civilizacion europea, trabaja por perfeccionarlos mas aun i hacerles dar un nuevo paso. El espectáculo de esta decencia uniforme, i de aquel bienestar jeneral, si bien satisface el corazon de los que gozan en contemplar a una porcion de la especie humana, dueña en proporciones comunes a todos, de los goces i ventajas de la asociacion, cansa al fin la vista por su monótona uniformidad; desluciendo el cuadro a veces, la aparicion de un campesino con vestidos desordenados, levita descolorida i sucia, o frac hecho harapos, lo que trae a la memoria del viajero el recuerdo de los mendigos españoles o sudamericanos, de tan ingrata apariencia. No hermosean el paisaje, por ejemplo, aquellos trajes romanescos de la campiña de Nápoles; el sombrero con pluma empinada de las aguadoras de Venecia; la mantilla de las manolas sevillanas; ni las vestiduras recamadas de oro de las judías de Arjel u Oran. La Francia misma que manda a todos los pueblos el despótico decreto de sus modas, entretiene al viajero con las cofias de las mujeres de campaña, invariables i características en cada provincia, llegando en las inmediaciones de Burdeos a asumir la aterrante altura de dos tercios de vara sobre la cabeza, como aquellas peinetas formadas de la concha de un galápago entero, ¡que llenas de orgullo llevaron en un tiempo las damas de Buenos Aires, analojía que unida a los pellones i espuelas chilenos, me ha hecho sospechar que el espíritu de provincia, de aldea, es por todas partes fecundo en cosas abultadas!
Una paisanota de los Estados Unidos se conoce apénas por lo sonrosado de sus mejillas, su cara redonda i regordete i el sonreir candoroso i hebété que la distingue de las jentes de las ciudades. Fuera de esto i un poco de peor gusto i ménos desenfado para llevar la cachemira o la manteleta, las mujeres norteamericanas pertenecen todas a una misma clase, con tipos de fisonomía que por lo jeneral honran a la especie humana.
En este viaje que con Ud., mi buen amigo, ando haciendo por todas partes en los Estados Unidos, ya sea que nos paseemos [352] en las galerías o sobre la cubierta de los vapores, ya sea que prefiramos el mas sedentario vehículo de los ferrocarriles, al fin hemos de llegar, no diré a las puertas de una ciudad, frase europea i que está indicando las prisiones de que están circundadas, sino al desembarcadero, desde donde, con trescientos pasajeros mas, iremos a acuartelarnos en uno de los magníficos hoteles cuyas carrozas con cuatro caballos i domésticos elegantes, si no queremos seguir a pié la procesion con nuestro saco de viaje bajo el brazo, nos aguardan a la puerta. Al acercarse el vapor en que descendia el Mississipi, volviendo una de las semicirculares curvas que describe aquella inmensa cuanto quieta mole de agua, nos señalaron en el horizonte, dominando masas escalonadas de bosques matizados por el otoño i a cuya base se estienden en líneas de esmeralda las dilatadas plantaciones de azúcar, la cúpula de San Cárlos, consoladora muestra, después de 700 leguas de agua i bosque, de la proximidad de Nueva Orleans; i aunque el aspecto del paisaje circunvecino no favorece la comparacion, la vista de aquella lejana cúpula me trajo a la memoria la de San Pedro en Roma, que se divisa desde todos los puntos del horizonte como si ella sola existiese allí; mostrándose tan colosal a veinte leguas, como no se la cree cuando es considerada de cerca. Por fin iba a ver en los Estados Unidos una basílica de arquitectura clásica i de dimensiones dignas del culto. Alguno nos preguntó si teníamos hotel para nuestro alojamiento, indicándonos el de San Cárlos, como el mas bien servido. Desde la cúpula, añadió, podrán Uds. tener al salir el sol el panorama mas vasto de la ciudad, el rio, el lago i las vecinas campiñas. El San Cárlos que alzaba su erguida cabeza sobre las colinas i bosques de los alrededores, el San Carlos que me habia traido la reminiscencia de San Pedro en Roma, no era mas ¡que una fonda!
Hé aquí el pueblo rei, que se construye palacios para reposar la cabeza una noche bajo sus bóvedas; hé aquí el culto tributado al hombre, en cuanto hombre, i los prodijios del arte empleados, prodigados para glorificar a las masas populares. Neron tuvo su Domus Aurea; los romanos, los plebeyos tenian sus catacumbas ¡tan solo para abrigarse!
Nuestra admiracion en nada disminuyó al acercarnos a la base del soberbio palacio que envidiaran muchos príncipes europeos, i que en los Estados Unidos, a escepcion del Capitolio de Washington, monumento alguno civil o relijioso le [353] es superior en dimensiones i buen gusto. Sobre una subconstruccion de granito, destinada a bodegas i almacenes, se alza un basamento de mármol blanco que sirve de base a doce columnas estriadas de órden compósito, i seis de las cuales avanzándose sobre el plan jeneral, sostienen un bellísimo fronton. El lienzo de las murallas que a ambos lados continúan el frontispicio, contiene entre la altura correspondiente a la que media entre el basamento i el arquitrabe de las columnas, cuatro órdenes de pisos, conservando sin embargo sus ventanas proporciones arquitectónicas. Debajo del pórtico formado por el fronton, está la estatua de Washington jupiterino que guarda la entrada, la cual conduce a una espaciosa rotunda, pavimentada de mármol, i que corresponde a la gran cúpula que reposa sobre ella. En este espacioso recinto están distribuidas mesas recargadas de colecciones de periódicos de toda la Union i los de Europa de quince dias anteriores.
Las oficinas de la contaduría de la casa ocupan el frente; escalas soberbias se enroscan en el aire sobre sí mismas, cual serpientes de bronce, para dar ascenso en todas direcciones a las habitaciones superiores, hasta la misma cúpula, rodeada de una galería de columnas corintias, en que termina el monumento. Profusa i ordenada turba de sirvientes están prontos a obedecer la menor indicacion del viajero; i una chimenea que puede contener una tonelada de carbon de piedra, le entretiene i conforta en el invierno, miéntras se rejistira su nombre en el gran libro, siempre abierto para este fin, i se le señalan habitaciones a donde trasportar su equipaje. Una iluminacion de gas poderosa distribuye por mil picos esparcidos en todo el ámbito del edificio torrentes de luz solar. A la izquierda se estiende hácia el fondo de la construccion el comedor, rodeado de columnas, alumbrado por arañas colosales de bronce, i suficientemente ancho para contener tres mesas de caoba que corren paralelas a lo largo del salon una distancia de algo ménos de media cuadra. Setecientos comensales se reunen en torno de estas mesas en el invierno, época de mayor actividad i concurrencia en Nueva Orleans. El interior del edificio corresponde en lujo a estas colosales esterioridades. Mi compañero de viaje, dominado por ideas sociales de un órden superior, se habia en conversaciones anteriores, mostrado punto ménos que indiferente sobre las ventajas de este o el otro sistema de gobierno. Pero al recorrer las calles internas que dan comunicacion a centenares de habitaciones, decoradas estas con todas las gradaciones de [354] lujo que puede exijir la condicion diversa de los húespedes, i que segun él, se estendian a distancias fabulosas, estoi convertido, me decia, por la intecesion de San Cárlos; ahora creo en la república, creo en la democracia, creo en todo; perdono a los puritanos, aun aquel que comia salsa de tomate crudo con la punta del cuchillo i ántes de la sopa. Todo debe perdonársele, sin embargo, al pueblo que levanta monumentos a la sala de comer, i ¡corona con una cúpula como ésta la cocina!
El San Cárlos, no obstante ser el San Pedro de los hoteles, no es por eso ni el mas espacioso ni el mas sólido de los palacios populares, si bien la costado 700000 duros su construccion. Cada gran ciudad de los Estados Unidos se evanece de poseer dos o tres hoteles monstruos, que luchan entre sí en lujo i confort, menudeado al pueblo a precios ínfimos. El Astor Hotel en Nueva York es una soberbia construccion en granito que ocupa con su mole un costado de la plaza de Washington; i en ninguno de los templos que abundan en aquella ciudad se han invertido mayores sumas. Despues que he visitado los Estados Unidos, i visto los resultados obtenidos allí espontáneamente, me he formado una rara preocupacion, i es que para saber si una máquina, un invento, o una doctrina social es útil i de aplicacion o desenvolvimiento futuro, se ha de poner a prueba en la piedra de toque de la espontánea aplicacion de los yankees. Los hoteles hacen hoi un papel primordial en la viada doméstica de las naciones. Los pueblos estacionarios, como la España i sus derivados, no necesitan hotel, bástales el hogar doméstico; en los pueblos activos, con vida actual, con porvenir, el hotel estará mas arriba que toda otra construccion pública. Hace cien años el hotel se conocia apenas en Paris, i no lo era en todo el resto de la Europa. Hace 40 años a que Fourier basaba su teoría social en cuanto a habitaciones, en el falansterio, o el hotel, capaz de contener dos mil personas, proporcionándoles comodidades que no puede obtener la familia aislada en el hogar doméstico. La prueba de que Fourier no andaba errado, es el hotel norteamericano, que siguiendo la simple impulsion de conveniencia, ha tomado ya la forma monumental i dimensiones punto ménos que falansterianas. Las iglesias cristianas subdivididas en sectas en los Estados Unidos, de catedrales que eran ántes, han descendido a capillas.
Las flechas del templo se bajan a medida que las creencias se subdividen, miéntras que el hotel hereda la cúpula del [355] tabernáculo antiguo, i toma las formas de las termas de los emperadores, donde la importancia del individuo ha llegado a la altura de la democracia norteamericana. La arquitectura relijiosa continúa secándose i marchitándose, al paso que la arquitectura popular se improvisa en los Estados Unidos, formas, dimensiones i ordenanza que acabarán por serle peculiares. El banco americano es una construccion sólida como la caja de hierro, con fróntis jónico, i si no es jónica la construccion, es ejipciaca. ¿Por qué caen los yankees en estos dos órdenes tan macizos, para encerrar la caja de hierro? Sobre todos los monumentos americanos se alza un pararrayos; i domina ya el uso arquitectónico de poner en la cúspide de las cúpulas, a guisa de pináculo, la estatua de Franklin, sosteniendo el pararrayos. Ya tenemos, pues, un Mercurio, encargado de guardar el asilo doméstico, o una Santa Bárbara ¡abogada contra rayos! Si los americanos no han creado, pues, un órden de arquitectura, tendrán por lo ménos aplicaciones nacionales, carácter i forma sujeridos por las instituciones políticas i sociales, como ha sucedido con todas las arquitecturas que nos ha legado la antigüedad. Una rara confusion reina hoi en Europa sobre la aplicacion de las bellas artes. El restablecimiento i reparacion de las catedrales góticas, ha seguido al movimiento de la literatura llamada romántica. El Panteon creado por la República francesa ha quedado acéfalo, como si esperara aun tiempos mejores para llenar su objeto. El templo de la gloria edificado por Napoleon, la construccion mas griega, mas olímpica que vieron nunca romanos o franceses, es hoi el templo de la Magdalena, cuya arquitectura risueña i plácida parece burlarse de las lágrimas de la arrepentida Loreta de Jerusalen; i las imájenes de la vírjen i de los santos han ido a confundirse en los museos, i tenerse hombro con hombro con las estatuas de los dioses paganos, o las desnudeces de la pintura profana, en Roma, Lóndres, Dresde, o Florencia. En los Estados Unidos las formas esteriores se apropian a los objetos del culto, perdóneme la espresion. El Banco es jónico, el hotel es corintio a veces, i monumental siempre, i el inventor del pararrayos tiene ya su puesto elevado i su funcion arquitectónica, i hasta el piñon de la arquitectura romana ha sido prolongado para hacer de él la imájen de la mazorca de maiz, símbolo de la agricultura americana.
En cuanto a la distribucion interior del grande hotel, nada de mas normal que la ordenanza comun a todos estos establecimientos. [356] A la entrada un pórtico, que contiene las oficinas de administracion. Un rejistro en que el huesped entrante inscribe su nombre, i a cuyo márjen el oficinista anota el número 560, o 227, que es el de la cámara que se lo destina, i cuya campanilla, como todas la de la casa, cae en cerradas hileras a la misma oficina. En el vestíbulo están fijados todos los carteles de la ciudad para conocimiento del viajero. La representacion teatral, el meeting, el sermon del dia, los vapores que parten, el movimiento de los caminos de hierro, etc. En un salon inmediato está el gabinete de lectura que contiene los principales diarios de la Union i las últimas fechas de Europa. Un salon de fumar, i cuatro o cinco salas de conversacion i de recibo, completan por esta parte las comodidades públicas de la casa. Baños termales están a toda hora a disposicion de los huéspedes. Las señoras tienen igualmente sus salones de recibo i de tertulia decorados con gracia i lujo. Dos o tres pianos entran en el material de estos establecimientos. A las 7 i media de la mañana la vibracion insoportable del hong hong chino, recorriendo todas las galerías de comunicacion, avisa a los habitantes que es llegada la hora de ponerse de pié. A las ocho nuevo i mas prolongado rumor anuncia estar el almuerzo servido. La turba multa de los conventuales acude, se precipita de cada una de las avenidas, hácia la entrada del inmenso refectorio. Aquí principia amostrarse la vida de esto pueblo tan serio cuando se rie como cuando come. Donde todos los hombres son iguales al último individuo de la sociedad, no hai proteccion para el débil, por la misma razon que no hai jerarquías que separen a los poderosos. ¡Ai de las mujeres en este acto solemne de la soberanía popular! si los reglamentos provisorios del hotel no viniesen en su ayuda:
«Art. 1.º Nadie podrá sentarse a la mesa comun, hasta que las damas, con sus consortes, o deudos, hayan ocupado la cabecera i costados contiguos de la mesa.
»Art. 2.º Se suplica al público que no fume ni masque tabaco en la mesa.
»Art. 2.º A un golpe de campanilla los varones se sentarán en los asientos que quedaren».
Sobre entendidas estas disposiciones, el pueblo gastrónomo se alínea detras de los asientos, con ambas manos puestas sobre el espaldar de la silla, i por derecha e izquierda vista al sirviente que ha de administrar el apetecido companillazo. Toma este el sonoro instrumento en mano, i la doble línea se [357] conmueve; al menor movimiento indicativo de la campana, los cuerpos describen ondulaciones como las espigas de trigo al mas lijero soplo de la brisa. Alzase la campanilla en actitud de sonar, i una descarga cerrada de sillas removidas con estrépito acompaña, si no precede al retintin chillon del cobre ajitado, e instantáneamente un fuego graneado de platos, cuchillos i tenedores que se chocan entre sí, se prolonga durante cinco minutos, pudiendo por el rumor tempestuoso que se difunde por el aire, saberse a media legua a la redonda que se come en un hotel. Imposible seguir con la vista las evoluciones que se suceden en aquella bataola, no obstante la actividad i destreza de cincuenta o de cien domésticos, que tratan de dar cierto órden acompasado al destapar de las viandas, o al verter té, o café. El norteamericano tiene destinados dos minutos para almorzar, cinco para comer, diez para fumar o mascar tabaco, i todos los momentos desocupados para echar una ojeada sobre el diario que Ud. está leyendo, único diario que le interesa puesto que otro está ya ocupado de él.
Almuerzo, lunch, o las once, comida i el té, son las cuatro colaciones de ordenanza de aquellas comunidades que se renuevan todos los dias, sin que la regla estorbe el que se administre el almuerzo a las cinco de la mañana, para los que han de partir en un vapor o convoi matinal, ni falte nunca una refaccion servida para todos los que llegan, no importa la hora del dia o de la noche. I luego, ¡qué incongruencias! ¡qué incestos! i ¡qué promiscuaciones en los manjares! El yankee pur sang, se sirve en un mismo plato, conjunta o sucesivamente, todas las viandas, postres i frutas. Hemos visto a uno del Far West, pais de dudosa situacion, como el Ophir de los fenicios, principiar la comida por salsa de tomates frescos, tomada en cantidad enorme, ¡sola i con la punta del cuchillo! ¡Patatas dulces con vinagre! Estábamos helados de horror, i mi compañero de viaje lleno de gastronómica indignacion al ver estas abominaciones: i no llueve fuego del cielo, esclamaba: ¡los pecados de Sodoma i Gomorra debieron ser menores que los que cometen a cada paso estos puritanos!
En los salones de lectura, cuatro o cinco moscones se le apoyarán pesadamente en los hombros para leer el mismo trozo de letra menudísima que está Ud. leyendo. Si baja Ud. una escala, o quiere introducirse por una puerta, por poca que sea la concurrencia, el que se le suceda lo empujará por apoyarse en algo. Si fuma Ud. tranquilamente su cigarro, un pasante se lo sacará de la boca para encender el suyo, i si Ud. [358] no anda listo para recibirlo, se encargará él en persona de metérselo de nuevo en la boca. Si tiene Ud. un libro en las manos, con tal que lo cierre un poco para mirar hácia otra parte, su vecino se apoderará de él para leerse dos capítulos de seguida. Si los botones de su paletó tienen relieve de cabezas de venado, caballos o javalíes, cuantos lo noten vendrán a recorrerlos uno a uno, haciendo jirar la persona de Ud. de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, para mejor inspeccionar el museo ambulante. Ultimamente, si Ud. lleva barba completa en los paises del Norte, lo cual indica que es Ud. frances o polaco, a cada paso se encuentra encerrado en medio de un círculo de hombres que lo contemplan con curiosidad infantil, llamando a sus amigos o conocidos para que satisfagan de cuerpo presente su novedosa curiosidad.
Todas estas libertades, bien entendido, puede Ud. tomárselas con los otros a su vez, sin que nadie reclame de ello ni dé el mejor síntoma de serles desagradable. Pero donde el jenio i los instintos nacionales brillan en su verdadera luz, es en las actitudes yankees en sociedad. Esto merece algunas esplicaciones. En un pueblo que como éste avanza cien leguas de frontera por año, se improvisa un estado en seis meses, se transporta de un estremo a otro de la Union en algunas horas, i emigra al Oregon, deben gozar de tan alta estima los piés, como la cabeza entre los que piensan, o el pecho entre los que cantan. En Norteamérica verá Ud. muestras a cada paso del culto relijioso que la nacion tributa a sus nobles i dignos instrumentos de riqueza, los piés. Conversando con Ud. el yankee de educacion esmerada, levantará él un pié a la altura de la rodilla, sacarále el zapato para acariciarlo, i oir las quejas que contra el excesivo servicio puedan poner los dedos. Cuatro individuos sentados en torno de una mesa de mármol pondrán infaliblemente sus ocho piés sobre ella, a no ser que puedan procurarse un asiento forrado en terciopelo, que en cuanto a blandura prefieren los yankees el mármol. En el Fremonthotel, de Boston, he visto siete dandies yankees en discusion amigable, sentados como sigue: dos con los piés sobre la mesa; uno con los dichos sobre el cojin de una silla adyacente; otro con una pierna pasada sobre el brazo de la silla propia; otro con ambos talones apoyados en el borde del cojin de su propia silla, de manera de apoyar la barba entre las dos rodillas: otro abrazando, o empiernando el espaldar de la silla, de la misma manera que nosotros solemos apoyar el brazo. Esta postura imposible para los otros [359] pueblos del mundo, la he ensayado sin suceso, i se la recomiendo a Ud. para administrarse unos calambres en castigo de alguna indiscrecion; otro en fin, si no están ya los siete, en alguna otra posicion absurda. No recuerdo si he visto norteamericanos sentados en la espalda de silla con los piés en el cojin: de lo que estoi seguro es que nunca vi uno que se preciase de cortes en la postura natural. El estar acostados es el fuerte de la elegancia, i los entendidos reservan este rasgo de buen gusto para cuando hai damas, o cuando un locófoco oye un speech wigh. El secretario de la legacion chilena, al llegar a Washington, tuvo necesidad de hablar a un diputado. Acude al Capitolio, se informa de su asiento durante la sesion, llega al fin hasta el punto donde Mr. N. roncaba profundamente acostado en su asiento con las piernas estendidas sobre el asiento de su vecino. Hubo de despertarlo, i una vez entendido sobre el asunto que lo traia, se acomodó del otro lado, esperando sin duda que concluyese el interminable discurso de algun orador de opinion contraria. Los americanos en política i relijion, profesan el admirable i conciliante principio de que no debe discutirse sino con los que son de su propia secta u opinion. Este sistema se funda en el pleno conocimiento de la naturaleza humana. El orador yankee se esfuerza en confirmar a los suyos en sus creencias, mas bien que en persuadir a los contrarios, que duermen en el entre tanto, o piensan en sus negocios. La conclusion de todo esto es que los yankees son los animalitos mas inciviles que llevan fraque o paletó debajo del sol. Así lo han declarado jueces tan competentes, como el capitán Marryat, Miss Trolopp i otros viajeros; bien es verdad que si en Francia, i en Inglaterra los carboneros, leñadores i figoneros se sentasen a la misma mesa, con los artistas, diputados, banqueros i propietarios, como sucede en los Estados Unidos, otra opinion formarian los europeos de su propia cultura. En los paises cultos, los buenos modales tienen su límite natural. El lord inglés es incivil por orgullo i por desprecio a sus inferiores, miéntras que la gran mayoría lo es por brutalidad e ignorancia. En los Estados Unidos la civilizacion se ejerce sobre una masa tan grande, que la depuracion se hace lentamente, reaccionando la influencia de la masa grosera sobre el individuo, i forzándole a adoptar los hábitos de la mayoría, i creando al fin una especie de gusto nacional que se convierte en orgullo i en preocupacion. Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, mas aparente que real, i los yankees por [360] espíritu de contradiccion se obstinan en ellos, i pretenden ponerlos bajo la éjida de la libertad i del espíritu americano. Sin favorecer estos hábitos, ni empeñarme en disculparlos, despues de haber recorrido las primeras i aciones del mundo cristiano, estoi convencido de que los norteamericanos son el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado obtenido de la civilizacion moderna.
Los americanos en masa llevan reloj, en Francia no lo usa un décimo de la nacion. Los americanos en masa visten fraque i los otros vestidos complementarios, aseados i de buena calidad. En Francia viste blusa de nanquin los cuatro quintos de la nacion.
Usan los yankees, en masa, cocinas económicas, arado Durand i coche. Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al dia. Tienen caminos de hierro, canales artificiales i rios navegables, en mayor número i recorriendo mayores distancias que toda Europa junta. La estadística comparativa de los caminos de hierro era como sigue: En 1845: Inglaterra, 1800 millas; Alemania, 1339; Francia, 560, Estados Unidos, 4000; lo que equivale a 86 millas en Inglaterra por cada millon de habitantes; 16 en Francia, 222 en los Estados Unidos. Sus líneas de telégrafos eléctricos están hoi, únicas en el mundo, puestas a disposicion del pueblo, pudiendo en fracciones inapreciables de tiempo, enviar avisos i órdenes de un estremo a otro de la Union.
El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura para todas sus necesidades, donde 2000 periódicos satisfacen la curiosidad pública, son los Estados Unidos, i donde la educacion como el bienestar están por todas partes difundidos i al alcance de los que quieran obtenerlo. ¿Están uno i otro en igual caso en punto alguno de la tierra? La Francia tiene 270000 electores, esto es entre treinta i seis millones de individuos de la nacion mas antiguamente civilizada del mundo, los únicos que por la lei no están declarados bestias; puesto que no les reconoce razon para gobernarse.
En los Estados Unidos, todo hombre, por cuanto es hombre, está habilitado para tener juicio i voluntad en los negocios políticos, i lo tiene en efecto. En cambio la Francia, tiene un rei, cuatrocientos mil soldados, fortificaciones de París que han costado dos mil millones de francos, i un pueblo que se muere de hambre. Los norteamericanos viven sin gobierno, i su ejército permanente monta solo a nuevo mil hombres, siendo necesario hacer un viaje a puntos determinados para [361] ver el equipo i apariencia de los soldados norteamericanos; pues que hai familias i aldeas de la Union que jamas han visto un soldado. Muchos vicios de carácter tachan los europeos i aun los sudamericanos a los yankees. Por lo que a mí respecta, miro con veneracion esos mismos defectos, atribuyéndoselos a la especie humana, al siglo, a las preocupaciones heredadas, i a la imperfeccion de la intelijencia. Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, i sin bastillas, es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos i cristianos. Sus defectos deben, pues, ser los de la raza humana en un período dado de desenvolvimiento. Pero como nacion, los Estados Unidos son el último resultado de la lójica humana. No tienen reyes, ni nobles, ni clases privilejiadas, ni hombres nacidos para mandar, ni máquinas humanas nacidas para obedecer. ¿No es este resultado conforme a las ideas de justicia i de igualdad que la cristiandad acepta en teoría? El bienestar está distribuido con mas jeneralidad que en pueblo alguno; la poblacion se aumenta segun leyes desconocidas hasta hoi entre las otras naciones; la produccion sigue una progresion asombrosa. ¿No entrará, como pretenden los europeos, por nada de esto la libertad de accion, i la falta de gobierno? Dícese que la facilidad de ocupar nuevos terrenos, es la causa de tanta prosperidad. Pero, ¿por qué en la América del sud donde es igualmente fácil, i aun mas ocupar nuevas tierras, ni la poblacion ni la riqueza aumentan, i hai ciudades i aun capitales tan estacionarias, que no han edificado cien casas nuevas en diez años? Aun no se ha hecho en nacion alguna el censo de la capacidad intelijente de sus moradores. Cuéntase la poblacion por el número de habitantes, i de las cifras acumuladas deduce su fuerza i valimiento. Acaso para la guerra, mirado el hombre como máquina de destruccion, puede ser significativo este dato estadístico; mas una peculiaridad de los Estados Unidos hace que aun en este caso falle el cálculo. Un yankee para matar hombres equivale a muchos de otras naciones, de manera que la fuerza destructora de la nacion puede contarse en doscientos millones de habitantes. El rifle es el arma nacional, el tiro al blanco la diversion de los niños en los estados que tienen bosques, i cazar ardillas a bala en los árboles, tostándoles las patas para no lastimar la piel, la destreza asombrosa que adquieren todos.
La estadística de los Estados Unidos muestra el número [362] de hombres adultos que corresponden a veinte millones de habitantes, todos educados, leyendo, escribiendo, i gozando de derechos políticos con excepciones que no alcanzan a desnaturalizar el rigor de las deducciones: el hombre con hogar, o con la certidumbre de tenerlo; el hombre fuera del alcance de la garra del hambre i de la desesperacion; el hombre con esperanza de un porvenir tal como la imajinacion puede inventarlo; el hombre con sentimientos i necesidades políticas; el hombre en fin dueño de sí mismo, i elevado su espíritu por la educacion i el sentimiento de su dignidad. Dícese que el hombre es un ser racional, por cuanto es susceptible de llegar a la adquisicion i al ejercicio de la razon; i en este sentido pais ninguno de la tierra cuenta con mayor número de seres racionales, aunque le exceda diez veces en el de habitantes.
No es cosa fácil mostrar como obra la libertad para producir los prodijios de prosperidad que los Estados Unidos ostentan. ¿La libertad de cultos puede producir riquezas? Pero ¿cómo obra la facultad de ir a esta o a la otra capilla, de creer en este o en el otro dogma para desenvolver fuerzas productoras? Para cada secta relijiosa las otras son como si no existieran, i por tanto la libertad es nula en sus efectos para cada una separadamente. Los europeos lo atribuyen a las facilidades que ofrece un pais nuevo, con terrenos vírjenes i de fácil adquisicion, lo cual fuera esplicacion satisfactoria, si la América del sud, cuan grande es, no tuviera mayor estension de terrenos vírjenes, igual facilidad para obtenerlos, i sin embargo, atraso, pobreza o ignorancia mayor si cabe que la que muestran las masas europeas. Luego no basta la circunstancia de ser paises nuevos en cuya estension pueda dilatarse la esfera de accion.
Muchas veces me ocurrirá acudir a este censo moral e intelectual para tratar de esplicar los fenómenos sociales que sorprenden en América. Ahora solo estableceré un hecho, i es que la aptitud de la raza sajona no es tampoco esplicacion de la causa del gran desenvolvimiento norteamericano. Ingleses son los habitantes de ambas riberas del rio Niágara, i sin embargo, allí donde las colonias inglesas se tocan con las poblaciones norteamericanas, el ojo percibe que son dos pueblos distintos. Un viajero inglés despues de haber descrito varias muestras de industria i progreso del ladoamericano de la cascada, añade:
«Ahora estoi de nuevo bajo la jurisdiccion de las leyes i del gobierno inglés i por tanto ya no me creo estranjero. [363] Aunque los americanos en jeneral son civiles i afables, sin embargo un inglés, estranjero en medio de ellos, es importunado i disgustado por sus jactancias de proezas en la última guerra, i su superioridad sobre todas las otras naciones, asentando como un hecho incuestionable que los americanos sobrepasan a todas las otras naciones en virtud, saber, valor, libertad, gobierno i toda otra excelencia. No obstante, por mas que merezcan el ridículo por este flaco, yo no puedo ménos de admirar la enerjía i espíritu de empresa que muestran en todo, i deploro la apatía del gobierno inglés con respecto a la mejora de estas provincias. Una sola mirada echada sobre las riberas del Niágara basta para mostrar de qué lado está el gobierno mas efectivo. Del lado de los Estados Unidos se levantan grandes ciudades, numerosos puertos con muelles para protejerlos en las radas, o dilijencias corriendo a lo largo de los caminos; i la actividad del comercio mostrándose por wagones, carros, caballos i hombres, moviéndose en todas direcciones. En el lado del Canadá, aunque dividido por el canto de un rio, en un antiguo establecimiento, i al parecer con mejor tierra, hai solo dos o tres almacenes, una taberna o dos, un puerto tal como Dios lo hizo i sin obras que lo defiendan; uno o dos buquecitos anclados, i algun desembarcadero accidental».
Otro viajero, despues de describir varias muestras de la industria creciente del lado americano, añade «el pais que atravesábamos (del lado canadiense) estaba mui avanzado en las cosechas, sin que se viesen señales de intentar recojerlas. Donde quiera que nos deteniamos para mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas, i por la primera vez vimos de este lado algunos mendigos». No hace mucho tiempo que una grande inmigracion venida del Canadá volvió a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio de riqueza i civilizacion, son comunes a la Europa i a los Estados Unidos, i como en ambos paises datan de ayer solo, en ellos puede estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los trabajos de nivelacion, como todo lo que constituye el ferrocarril, son cuidadosamente examinados por los injenieros ántes de ser entregados a la circulacion; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes; dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento en opuestas direcciones; si un camino vecinal atraviesa el trayecto, fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente un cuarto de hora [364] ántes que lleguen los wagones a fin de evitar accidentes. De distancia en distancia por toda la estension del camino, están apostados centinelas que descubren el espacio i anuncian con banderolas de diversos colores si hai peligro u obstáculos que detenga el convoi, que no parte del embarcadero sino cuatro minutos despues que una falanje de vijilantes se ha cerciorado de que todos los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, i el camino espedito, i nadie cerca ni a una vara de distancia del paso del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos lo que se pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa leguas de bosques, primitivos, donde aun no se ha establecido morada humana. Como la empresa carece aun de fondos, los rieles son de madera, con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, i el ojo del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una sola línea basta para la ida i venida de los trenes, habiendo ojos de buei de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase por el costado opuesto el otro de vuelta. Una alma no hai que instruya de los accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas i los niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a mas de calle es camino vecinal, i el viajero puede ver las jentes que se apartan lo bastante para dejarlo pasar, i continuar en seguida su marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa el ferrocarril, hai simplemente una tabla escrita que dice tengan cuidado con la campana cuando se acerque, jeroglífico que previene al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido imprudentemente de por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del embarcadero, i miéntras va marchando saltan a bordo los pasajeros, descienden los vendedores de frutas i periódicos, i se pasean de un wagon a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el esplayado del camino, i la locomotiva norteamericana va precedida de una trompa triangular que tiene por caritativa mision arrojar a los costados a estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, i no es raro el caso de que algun muchacho dormido sea arrojado a cuatro varas por un trompazo de aquellos que salvándolo la vida le rompen o dislocan un miembro. Los resultados físicos i morales de ambos sistemas son demasiado [365] perceptibles. La Europa con su antigua ciencia i sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado; su instinto de conservacion no es reputado suficiente preservativo; verjas, puertas, vijilantes, señales preventivas, inspeccion, seguros, todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo ménos su razon, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, ménos su derecho de cuidarse a sí mismo, su intencion i su voluntad. El yankee se guarda a sí mismo, i si quiere matarse nadie se lo estorbará; si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, i si se atreve a dar un salto i cojerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de espender un número mas ha dejado que el tren tome toda su carrera i salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae parado, i sigue a pié su camino. Hé aquí como se forma el carácter de las naciones i como se usa de la libertad. Acaso hai un poco mas de víctimas i de accidentes, pero hai en cambio hombres libres i no presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabra pasaporte es desconocida en los Estados, i el yankee que logra ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror i de asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de distancia, no encontrarán jamas quien les pregunte con qué objeto, con qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad i de su derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la vida a los diez años. ¿Cómo le va a Ud. en su negocio, le preguntaba Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacia el inventario comentado de los libros, periódicos i panfletos que se empeñaba en hacernos comprar? Va bien; hace tres años que gano mi vida en él i tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos que necesito para hacer compañía con Williams i poner una librería, i esplotar todo el Estado. Este comerciante tenia de nueve a diez años. ¿Es Ud. propietario, preguntábamos a un moceton que viajaba al Far West? Sí; voi a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos!
Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo [366] eléctrico, que por ahorrar camino a veces, se separa de la via ordinaria, se hunde en la espesura de los bosques i lleva a doscientas leguas las noticias mas interesantes. Cuando en 1847 se hacian en Francia entre Ruan i Paris los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1635 millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué habia 3000 millas; i miéntras atravesé el pais que media entre Nueva York i Nueva Orleans, se formó una asociacion i se puso en actividad una línea entro la primera de aquellas ciudades i Montreal en el bajo Canadá, a donde habia estado yo quince dias ántes. Hoi habrá 10000 millas, i dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta mil millas que recorre la posta. En Francia el telégrafo es para el uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple negocio de movimiento i actividad, i se le aceptarian correspondencias a la administracion tan solo porque paga el porte. ¿Puede llegar a mas alto punto el estravío de las ideas, que hace que los liberales, los republicanos, consientan en Francia en este monopolio, i en carecer de los medios de comunicacion mas espeditos? En Harrisburg, poblacion de 4500 almas, el telégrafo eléctrico tenia empleo diario para traer apurado al encargado de servirlo; miéntras que en Francia, aun no habia podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo i la enerjía moral i física que desenvuelve. En Francia hai tres categorías de wagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que puede pagar cada uno, i los empresarios para envilecer al hombre que paga poco, han acumulado comodidades i lujo en la 1ª clase, i dejado tablas rasas, estrechas i duras para los de 3.ª No sé por qué no han puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados Unidos el wagon es una sala de veinte varas de largo i espaciosa de ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela de por medio para facilitar el movimiento, i abiertos los wagones por ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero al último, durante la marcha, i el aire penetre libremente por todas partes. Las comodidades i los cojines son excelentes e ilguales, i por tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a mi lado el gobernador de un Estado, i las callosidades de las manos de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se [367] educa el sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norteamérica ha distribuido el confort i el lujo igualmente en todos los wagones para alentar i honrar la pobreza. Estos solos hechos bastan para medir la libertad i el espíritu de ambas naciones. El Times decia una vez que si la Francia hubiese abolido el pasaporte, habria hecho mas progresos en la libertad que no los ha hecho con medio siglo de revoluciones i sus avanzadas teorías sociales, i en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos.
Hé aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norteamérica. En medio de las ciudades el hombre se cria salvaje, si es posible decirlo; la mujer de cualquiera condicion que sea, vaga sola por las calles i los caminos desde la edad de doce años flirtea hasta los quince, se casa con quien quiere,
viaja i se sepulta en el nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las escuelas, se familiariza con los libros i las ideas de los hombres; es el mismo hombre hecho a los quince años, i desde entónces toda tutela desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce jendarmes; el motin de las calles lo divierte, lo exalta i lo educa; sus pasiones se desenvuelven en toda su lozanía i vigor; tiene una profesion i se casa a los veinte años, seguro de sí mismo i de su porvenir. El progreso jeneral de la Union lo arrastrará en despecho suyo i avanzará sus negocios propios. I entónces, ¡cuántos sueños grandiosos ajitan su mente, cuántos caminos se abren en todas direcciones para llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociacion, una fábrica para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento europeo aun no introducido en el pais, o una mejora sobre los aparatos conocidos o una invencion nueva, porque nada arredra hoi al yankee. Largo tiempo he creido que el patrimonio norteamericano era i seria por muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la intelijencia humana. La ciencia europea inventa, i la práctica americana populariza la cocina económica, el arado Durand, la locomotiva, el telégrafo. Nada más natural, i sin embargo, nada hai ménos exacto. Los datos estadísticos colectados en estos últimos 10 años, muestran que una parte de los inventos i mejoras adoptados en Inglaterra son de oríjen norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la quilla del buque; perfeccionado el wagon, a punto de esportarse estos artículos [368] para la Europa misma, i preferirse en Rusia i otros puntos los empresarios i artífices americanos para todo lo que constituye la viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce cuadras en un rio i soporta los trenes cargados de productos agrícolas, sobre pedestales i armazon al parecer deleznables, es sin embargo, el fruto del mas profundo estudio de las leyes de la gravitacion, de la repercusion, elasticidad i equilibrio de las fuerzas combinadas. El artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, i lo alza donde quiera a prueba de torrentes, huracanes i pesos enormes. La mitad de los aparatos de labranza son invencion de su injenio, i el molino de vapor como la barrica en que envasija las harinas son la obra de sus fábricas i de sus combinaciones para producir inmensos resultados con limitadísimos medios.
Pero donde mas brilla la capacidad de desenvolvimiento del norteamericano, es en la posesion de la tierra que va a ser el plantel de una nueva familia. En medio de la civilizacion mas avanzada, los hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rozados.
El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que pertenecen a la federacion, i para administrar a cada uno su parte de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisicion a las pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; i este dato es el punto de partida para el futuro propietario. Hai un procedimiento en la distribucion de las tierras de cuya simétrica belleza solo Dios puede darse de antemano cuenta.
El Estado manda sus injenieros a delinear las tierras vendibles, tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porcion de tierra, los injenieros buscarán el mismo meridiano, para que un dia, dentro de dos siglos quizá aparezcan, completas i sin interrupcion aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa del jenio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en aquella pampa lisa como la mesa del jeómetra, [369] fué forzada por el jenio de Rivadavia a cuadrarse en paralelógramos, triángulos i figuras de fácil conmensuracion, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo por la comparacion de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de estension, subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas a la cria del ganado.
El error fatal de la colonizacion española en la América del Sur, la llaga profunda que ha condenado a las jeneracionos actuales a la inmovilidad i al atraso, viene de la manera de distribuir las tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre los conquistadores, medidos de cerro a cerro, i desde la márjen de un rio hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los capitanes, i a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tieria, que crece i se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de ocupar tierras en nombre del rei hizo apoderarse de comarcas enteras, distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este vasto plan suprimida, i las pocas aldeas de nueva creacion despues de la conquista, han sido decretadas por los presidentes contándose cien por lo ménos en Chile de este oríjen oficial i facticio. Ved como procede el norteamericano recien llamado en el siglo XIX a conquistar su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar a todas las jeneraciones sucesivas su parte de tierra. La conscripcion de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno martillo en que se venden las tierras públicas, i con su lote numerado parte a tomar posesion de su propiedad, esperando que los títulos en forma le vengan mas tarde de las oficinas de Washington. Los mas enérjicos yankees, los misántropos, los selváticos, los quatters, en fin, obran de una manera mas romanesca, mas poética o mas primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las soledades vírjenes; matan por pasatiempo ardillas que triscan con su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernia sus alas majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de los árboles, el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere mas que [370] por ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno fértil, un punto de vista pintoresco, la márjen de un rio navegable, i cuando se ha decidido en su eleccion, como en las épocas primitivas del globo, dice esto es mio, i sin otra dilijencia toma posesion de la tierra en nombre del rei del mundo, que es el trabajo i la voluntad. Si algun dia llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda solo servirá para decirle lo que debe por lo que ha cultivado, segun el precio a que se vendan los adyacentes campos incultos; i no es raro que este carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen avanzando sobro el desierto, venda su quinta i se aleje con su familia, sus bueyes i caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques. El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios van mal; el pais va en decadencia; i entónces los bosques primitivos se presentan a su imajinacion oscuros, solitarios, apartados, i en el centro de ellos, a la orilla de algun rio desconocido, ve su futura mansion, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo paso al caer de la tarde el redil, la dicha en fin, la propiedad que le pertenece. Desde entónces no habla ya de otra cosa que de ir a poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vijilias las pasa sobre la carta jeográfica, computando las jornadas, trazándose un camino para la carreta; i en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas del lago Superior.
Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenia que devolver al comercio del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, i desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo. La fundacion de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de su perspicacia, no obstante que las vias comerciales eran conocidas i el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India i la Europa i el Africa de entónces. Esta obra la realizan todos los dias Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia especulativa, que de induccion en induccion, lo conduce a adivinar el sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa estendido a la sombra [371] de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de tiempo i de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han de llevar mas tarde los caminos públicos; i encuentra en su mapa las encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora de la poblacion que se avanza sobre el desierto, i calcula el tiempo que empleará la del norte i el que necesita la del sur, para acercarse ambas al punto que estudia, que ha escojido en la confluencia de dos rios navegables. Entónces traza con mano segura el trayecto de los caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los rios i arroyos que halla a mano, i los millares de leguas de navegacion fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del centro que imajina. Si despues de fijados estos puntos, halla un manto de carbon de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la ciudad, la da nombre i vuelve a las poblaciones a anunciar por los mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una ciudad famosa en el porvenir, centro de cien vias comerciales. El público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de las inducciones, i si halla acertados los cálculos, acude en tropel a comprar lotes de terreno, cuál en los que han de ser tajamares i muelles, cuál en derredor de la plaza de Washington o de Franklin; i una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados todos por estar en posesion el dia que lleguen a realizarse los grandes destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense en tanto caminos de comunicacion; el diario del lugar da cuenta de los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los templos, los hoteles, los muelles i los bancos; puéblase de naves el puerto, i la ciudad empieza en efecto a estender sus relaciones, i a hacer sentir la urjencia de ligarse por caminos de hierro o canales a los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en el Mississipi i en otros puntos remotos, tienen este sabio i calculado oríjen, i casi todas justifican por sus progresos asombrosos, la certeza i la profundidad de los estudios económicos i sociales que les sirvieron de oríjen.
Dos clases de seres humanos conozco, entro quienes sobrevive aun en medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu heróico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de Tolon i de Bicetre, i los emigrantes norteamericanos; todo el resto de la especie humana ha caido en la atonía de la civilización. Las hazañas de Francisco Pizarro [372] o las de los Argonautas las reproduce a cada momento la audacia inaudita del presidario liberto; valor, constancia, sufrimiento, disimulo i violacion de toda lei moral, de todo principio de honor i de justicia; todo es igual, sin que esto escluya cierta grandeza de alma, cierta intelijencia profunda en los medios, que está revelando el jenio humano mal empleado, el Alejandro pervertido i ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones i metrallar a millares, lo que ya cambia la escena i los nombres, guerra, conquista, etc.
En los Estados Unidos aquellos caractéres acerados, que hai distribuidos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus instintos heróicos, sin nombre aun, para establecerse i multiplicarse. El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver desde la puerta de su casa la dilatada i sombría columnata que forman las encinas seculares de los bosques.
Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, ¿los descendientes de la colonizacion oficial? Desde Colon hasta una época no mui remota sin duda, la fundacion de una ciudad española era solo un escalon para apoyar la invasion de otros puntos apartados. La ocupacion del Perú traia aparejada la espedicion de Almagro: cuando Mendoza se defendia contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta lanceros al mando del Capitan Jofré, para ir a asomarse al otro lado de los Andes, i fundar dos ciudades, San Juan i Mendoza, solitarias en medio de desiertos a la orilla de los dos rios que hallaron.
Contaré a Ud. el sistema entero de estas empresas que requieren Hércules para realizarlas, i verá Ud. si merecen desprecio por los motivos i por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores de Sudamérica. Sabe Ud. cuanta irritacion hubo, i cuanta necedad dijeron de una i otra parte en la cuestion de límites del Oregon. Todo quedó en paz despues que americanos e ingleses se hubieron racionalmente entendido, ménos el espíritu yankee, que como el cóndor la sangre, habia husmeado en la discusion, tierras labrables, rios, bosques, puertos. La discusion comienza de nuevo en los diarios sobre la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregon; sobre la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho dias de marcha, desde el Pacífico al Atlántico, i la ventaja de tomar el pan caliente aun salido de Cincinnati, via Oregon, i otros mil tópicos, inverosímiles i absurdos para [373] otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada su mente a concebir proyectos.
Cuando la opinion está formada i designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Dorado remoto, se indica la estacion oportuna para emigrar, i el punto de partida, i el dia designado por algunos emigrantes que invitan a todos los aventureros de la Union para acompañarlos en la gloriosa jornada. El dia del rendez vous, vénse de todos los puntos del horizonte llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas, arados, hachas, sillas, i toda clase de objetos de menaje; acompáñanles arreas escasas de bueyes apestados i mulas i caballos rengos i mancos que forman parte mui trabajada de la espedicion, i sobre todo este conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas i serias de los yankees vestidos de paltó o levita o fraque raido, con un rifle que le sirve de baston, i la mirada tranquila del puritano i del chacarero.
Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones i del espíritu yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, i seguir los incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni autoridad humana que les ligue a la Union que dejan sin pesar estos hijos de Noé.
En mayo de 1845 habian pasado por Independence, último término poblado del Estado de... varias tropas de carros, que de a treinta i ocho, que de a veinte i ocho, que de a ciento, dirijiéndose con cortos intervalos hácia el Oregon. El dia 13 varias de estas partidas reunidas en número de ciento setenta carros de la descripcion arriba dicha, viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, i constituir el estado ambulante; puesto que los oficiales i empleados públicos hasta entónces en ejercicio, debian terminar sus funcionos en Big-Soldier. Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto (baqueano) i el capitan. Todo el camino se ha venido tratando en las conversaciones de los carros i a la orilla del fuego en los alojamientos, de esta suprema cuestion, i las candidaturas rivales formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos hombres por lo ménos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que habia entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, [374] poseia el derrotero (maning) de Gilpin, i tenia consigo un español que conocia el pais; Mr. Adams ademas, ha sido uno de los que mas han contribuido a excitar la fiebre del Oregon, esto es, el deseo de emigrar. Mr. Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se digna elejirlo.
Mr. Meek es un viejo montañes del corte del Trampero de Cooper; ha pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante i trampero, i ha propuesto como el otro, pilotarlos hasta el fuerte Vancouver, por 250 pesos, de los cuales solo pedia 30 pesos. Se hace mocion para postergrar hasta el dia siguiente la eleccion, cuando se ve al viejo Meek, venir a escape en su caballo, los ojos i la mano vueltos hácia el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitacion; la asamblea se disuelve, i cinco minutos despues estaba convertida en escuadron de caballería armado de rifle i daga, i marchando en buen órden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una aldea de indios; la soldadesca se echa sobre los wigwams, i los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños escondiéndose, no saben que imajinarse de aquel ataque de los caras pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, i protestan enérjicamente contra la imputacion que pesa sobre ellos. Un desgaritado que venia llegando a la aldea es cojido i llevado preso. Nómbranse jueces, i el prisionero se presenta a la barra. Preguntado lisa i llanamente si es criminal o no, contesta con un gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entónces; se oyen las deposiciones de los testigos, i no siendo suficiente la evidencia de los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la eleccion. Serenados los espíritus, i depuestos los rifles, vuelve la sociedad a constituirse en asamblea electora, i se procede a votacion, de lo que resultan electos, el trampero Meek piloto, i Mr. Welch capitan, con todos los demas empleados necesarios para el buen gobierno, tales como tenientes, sarjentos, jueces, etc., etc. La marcha principia mayo 14. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, i se reunen al cuerpo principal. El 17 alcanzan a un wigwam de los indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la sociedad i la proveen de víveres en cambio de productos de la Union. El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones [375] burladas se conviene en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elejirá sus propios jefes i oficiales, no reconociéndose otra autoridad jeneral que la del piloto i la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino en pagar el piloto, i para ello se nombra un tesorero, quien despues de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, i otros ex ciudadanos no tienen blanca. Despues de haber arreglado satisfactoriamente éstos i otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al buen gobierno de la compañía, i la marcha continúa el 20. El 23 el piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden procurarse repuestos para ejes, i pértigos para las carretas. -El camino se va midiendo con una cadena diariamente, i se lleva un diario de todo lo ocurrido, aspecto del pais, accidentes, pasto, leña, agua, maderas, rios, pasajes, búfalos, etc., torcazas, conejos, etc., etc. Junio 2: una compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse en las marchas. La mocion es rechazada.- 15. Alto. Una manada de búfalos cae a tiro de rifle, matan algunos i hacen charqui. La escena que el campo presenta en este momento está así descrita en el diario de viaje: «Los cazadores, volviendo con las reces, algunos erijiendo palizadas, otros secando carne. Las mujeres unas estaban lavando, aplanchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacian oir sus desusadas melodías en aquellas soledades; en otras se oia cantar; tal lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador Campbellista entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio relijioso». -Junio 24: llegan al fuerte Laramie 630 millas distante de Independence.
Durante dos dias se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, i reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un banquete a los indios Siomos precedido de un parlamento. «Hace tiempo, dijo el jefe indio que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo que eran amigos de los hombres de piel roja. Este pais pertenece a los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando i dispersando los animales. De este modo los indios pierden sus únicos medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños del hombre rojo piden alimento, i no hai alimento que darles. Era costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora i plomo a sus amigos [376] los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor parte de la jente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos viniesen, la caza era mansa i fácil de cojer; pero ahora los blancos la han espantado; i el hombre rojo necesita trepar a las montañas en su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora». Un yankee que para el paso hace de jefe blanco, se espresa en estos términos. «Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del oeste. Nuestro gran padre poseía un estenso pais allí, i vamos yendo a establecernos en él. Con este fin traemos nuestras mujeres i nuestros hijos. Nos vemos forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo hacemos como amigos i no como enemigos. Como amigos les damos una fiesta, les apretamos la mano i fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestras mujeres e hijos. El hombre rojo lleva sus squaws al combate; ni las caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para volvernos enemigos; i si se nos molesta castigaremos a los agresores. Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e hijos, vienen en pos de nosotros, i esperamos que los hombres rojos los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos partir. No somos traficantes i no tenemos ni pólvora ni plomo que dar: ¡Vamos a arar i plantar la tierra!...
Setiembre 3. «Caminamos este dia quince millas hasta Malheur. En este lugar se abre el camino en dos, i es temible para los inmigrantes el tomar el mal camino. M. Meek, que habia sido contratado como nuestro piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias con sus wagones i ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez dias ántes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron un camino excelente, con abundancia de pasto, leña i agua; en seguida dirijieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos dias carecieron de agua, i cuando la encontraban era tan mala que ni aun para el ganado era potable. Pero aun asi era fuerza hacer uso de ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.
»Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; i como viesen que se estendia mucho hácia el sur, no obstante el parecer baqueano Meek, enderezaron al norte, i despues de algunos dias de marcha llegaron al rio de las Caidas, que recorriendo para arriba i para abajo buscando vado que no se encontró en ninguna parte. Sus sufrimientos se [377] aumentaban de dia en dia, pues sus provisiones se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, i muchos de los que formaban la carabana padecian enfermedades graves. Al fin Meek les informó que estaban a dos dias de distancia solamente de Dalles. Diez hombres salieron a caballo en busca de la estacion de los Metodistas con provisiones para dos dias.
Despues de haber caminado diez dias sin parar, llegaron a Dalles; en el camino un indio les dió un conejo i un pescado, i con este alimento hicieron los dos su jornada de diez dias. Cuando llegaron a Dalles, sus fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habian empalado, i fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un viejo montañes llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos, saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que hallaron reducida a la última estremidad, exhausta por las fatigas, i desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar por donde el ganado podia atravesar a nado el rio, despues de lo cual era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores dificultades habia para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada a traves del rio, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda, i con cuerdas para llevarlo a uno i otro lado del rio; esta especie de cuna (andarivel), servia para trasportar las familias de un lado a otro del rio con toda seguridad. El pasaje de este rio ocupó algunas semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13 al 14 de octubre. Como 20 habian percibido víctimas de las enfermedades, i otros murieron despues de haber llegado...
Setiembre 7. »Este dia viajamos cerca de doce millas. El camino es hoi mas aspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de los carros. El torrente i camino están tan encajonados en montañas, que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas desde este punto, parecen murallas perpendiculares i por tanto lisas. Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos; pero en el torrente es tal la espesura de las malezas espinosas, que es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo i pasamos. [378]
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Noviembre 1.º «Ahora estábamos en el lugar destinado en un período no distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la Union como centro del comercio de la China i de la India. Atravesando el bosque que se estiende al este de la ciudad, vimos la ciudad de Oregon i las caidas de Villa Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de gratitud nos sentiamos de haber llegado a los establecimientos de los blancos, i de admiracion a la vista del volúmen de las aguas de las cataratas, que la carabana hizo alto, i en este momento de felicidad repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con mas rapidez que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon, 160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas».
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«Tanto tiempo habiamos permanecido entre los salvajes, que nuestra aparencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos cambiado de vestidos i afeitádonos al uso de los blancos, no nos podiamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habiamos hecho vida comun, sufrido juntos privaciones i penas, i en los peligros contado con la ayuda comun. Los vínculos de los afectos se habian estrechado entre nosotros, i cuando hubimos de separarnos, cada uno sentia desgarrársele el corazon; pero como ya habiamos roto otros vínculos mas fuertes aun cada uno tomó su partido, i en algunas horas nuestra compañía se dispersó tomando cada una diferentes direcciones» (49).
Cuando uno lee la narracion de aventuras como estas, se siente sin duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes pasiones que han obrado los prodijios de la historia, está aquí en juego para fanatizar el espíritu. Ni la desesperacion de los restos del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10000 espartanos echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria i de sangre de los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenian en los Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra. Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea, ellos, el desecho del pueblo norteamericano, [379] quieren que la Union ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice el sueño dorado de acercar la India i la China, i arrebatar estos mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir nacional, porque el yankee no ignora que la primera jeneracion de las nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen las venideras; i cuando en el Oregon se han reunido algunos centenares de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen lentamente los bosques para labrarse un campo, i crear su propiedad, se reunen en asamblea deliberante, «con el objeto de fijar los principios de libertad civil i relijiosa, como la base de todas las leyes i constituciones que puedan en adelante adoptarse», i estatuyen:
»Art. 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular i ordenada, será molestada a causa de su modo de adoracion o sus sentimientos relijiosos.
»2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los beneficios del escrito habeas corpus, del juicio por jurados, de una proporcionada representacion del pueblo en la lejislatura, i de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos capitales i cuando las pruebas sean evidentes, i las presunciones graves. Ningun hombre será privado de su libertad sino por juicio de sus pares, o la lei de la tierra...
»3.º Siendo necesarias para el buen gobierno i felicidad de la especie humana, la relijion, moralidad e instruccion, serán fomentadas las escuelas siempre i todos los medios de educacion.
»5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia defensa; no se autorizan pesquizas ni rejistros sin motivo fundado; la libertad de la prensa no será restrinjida; ni el pueblo será privado del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle por conveniente.
»6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos departamentos: el lejislativo, el ejecutivo i el judicial, etc., etc.».
Lei de tierras: «Toda persona que posea, o en adelante pretenda poseer tierra en este territorio, designará la estension de su propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas i sobre los costados del lote, i hará rejistrar la estension i límites del tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que será llevado para aquel objeto, [380] en el término de veinte dias despues de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesion del territorio, tendrán doce meses contados desde la sancion de esta lei, para hacer la descripcion del lote de tierras en el libro de los rejistros; proveyéndose ademas que el dicho poseedor declarará el tamaño, forma i ubicacion del terreno.
«2.ª Todo poseedor en los seis primeros meses despues de rejistrado su lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del rejistro; o en caso de no ocuparlo, pagará en tesorería cinco pesos anuales, i en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en este pais no pueden aprovechar de esta lei; i proveyéndose ademas que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco pesos anuales al tesoro.
»3.ª Ningun individuo podrá tomar posesion de mas de un cuarto de milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningun individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo.
»5.ªLas líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan aproximativamente cuanto sea posible con los puntos cardinales» (50).
Este pueblo, lleva como Ud. ve en su cerebro orgánicamente, cual si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos de la asociacion: la ciencia política pasada a sentimiento moral complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad convertida en regla de asociacion espontánea; la libertad de conciencia i de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiere Ud. medir el camino que ha andado aquel pueblo, reuna Ud. un grupo, no del vulgo de ingleses, franceses, chilenos o arjentinos, sino de las clases cultas, í pidales de improviso que se constituyan en asociacion, i no sabrán que se les pide, cuanto i mas fijar con precision, como aquellos aventureros del Oregon, las bases en que ha de reposar el gobierno de una sociedad que va a nacer, i que por la distancia i los desiertos que la dejan separ