El síndrome de CRIGLER-NAJJAR (en lo sucesivo SCN)
es una rara afección de carácter hereditario, descrita
en los años veinte del siglo pasado por los doctores Crigler
y Najjar. Tiene una incidencia menor de un caso cada 1.500.000 nacimientos
llevados a término, y consiste básicamente en una
disfunción hepática relacionada con el procesamiento
de [la bilirrubina]. Aunque
la anomalía afecta únicamente a la producción
de una enzima, las consecuencias de este déficit pueden ser
importantes si no se diagnostica y se dispensa el tratamiento adecuado.
Los afectados por el CNS presentan una coloración
amarilla en la superficie de la piel y en la conjuntiva de los ojos
(ictericia). Se debe a la importante concentración de bilirrubina
en sangre, que por término medio es 15 ó 20 veces
superior a la considerada normal (1 [mg/dl]
o menos).
La bilirrubina está presente en el organismo
sano como sustancia de desecho, que se elimina tras un proceso de
transformación. Un CN no es capaz de completar el ciclo;
en consecuencia, la bilirrubina se concentra en el torrente sanguíneo,
lo que comporta riesgo potencial para la integridad de células
y tejidos orgánicos sensibles a este "veneno":
la mucosa intestinal, las células del riñón,
las del páncreas o las neuronas del sistema nervioso central.
Cuando la afectación de este último es grave se producen
encefalopatías y/o [kernícterus].
Se han descrito dos tipos de síndrome: el
CN de tipo I y el de tipo II. En el de tipo I
la ausencia de la enzima es total, por lo que la concentración
de bilirrubina es suceptible de aumentar indefinidamente si no se
toman las medidas oportunas para contener tal incremento. En el
de tipo II hay una actividad enzimática residual que
permite procesar parte de la bilirrubina. En este caso, las concentraciones
no suelen superar los valores críticos. Los CN de tipo
II soportan niveles elevados de bilirrubina, pero generalmente
no corren el peligro de mayores complicaciones físicas; hay
un tratamiento farmacológico, el fenobarbital, que se prolonga
de por vida; se trata de un barbitúrico que potencia la actuación
de la enzima.
Los de tipo I están más expuestos
a los riesgos que se derivan de las subidas inopinadas de bilirrubina
en sangre. Si exceptuamos la administración de colesteramina,
carbono activado o calcio para reducir la circulación entero-hepática
(reabsorción de la bilirrubina desde el intestino grueso),
no existe tratamiento farmacológico para los afectados por
el CNS de tipo I, puesto que la ausencia de la enzima responsable
del proceso hace totalmente ineficaz la ingestión de fenobarbital;
en cambio, cuentan con la ayuda de una poderosa aliada: la luz.
[La fototerapia] diaria, artificial
y natural, permite actuar sobre las moléculas rebeldes a
través de la piel, facilitando su transformación en
una sustancia inofensiva que se elimina por cauces normales. Los
Crigler-Najjar, eso sí, deben permanecer varias horas al
día bajo una fuente de luz . El tiempo de exposición
depende de las circunstancias particulares del paciente (que esté
enfermo, fatigado, que haya sufrido algún traumatismo...)
y de sus niveles habituales de bilirrubina, variables según
la edad, la estación del año y el lugar donde resida.
Generalmente suelen aprovecharse las horas de sueño, exponiendo
a la luz la máxima superficie de piel posible. Este tratamiento
reduce sensiblemente la calidad de vida del afectado y condiciona
la de los que están a su alrededor, pero es la forma menos
invasiva de procurarle una existencia normalizada y segura: recordemos
que los CN padecen este síndrome desde el momento mismo de
su nacimiento, por lo que la "normalidad" pasa por experimentar
desde el segundo o tercer día de vida toda la parafernalia
de conlleva la aplicación cotidiana de fototerapia.
Se puede decir que existen [soluciones
al problema] de los CN; todas ellas presentan pros y contras
que es necesario valorar para establecer en cada caso si constituyen
la respuesta idónea.
Es conocido que el CNS es de carácter genético.
Los hijos e hijas lo reciben de sus padres. Se sabe también
que es autosómico recesivo, o lo que es igual, que no está
ligado al sexo (hay las mismas posibilidades de heredar CNS si se
es niño que si se es niña) y que para "padecer"
esta disfución es necesario que tanto el padre como la madre
sean portadores, esto es, que presenten la anomalía
en sus genes aunque el rendimiento de sus respectivos hígados
sea el normal. El diagnóstico del síndrome se realiza
por eliminación, descartando progresivamente las causas que
habitualmente provocan la ictericia del neonato, y se confirma a
través de un complicado análisis genético,
comparando el genoma del hijo con el de sus progenitores. Se puede
ser portador del CNS y no llegar a saberlo nunca (afortunadamente
esto es lo habitual), ya que las posibilidades de que un portador
y una no portadora (o una portadora y un no portador)
tengan un hijo CN son nulas. En el caso de que dos portadores se
encuentren y procreen, hay una probabilidad del 25% de que su hijo
o hija sea CN, y un 50 % sobre el total de que sean portadores.
Pero las casualidades existen. Por eso estamos hablando del CNS
y del pequeño colectivo de afectados en todo el mundo. No
obstante, hay que subrayar que el síndrome presenta varias
caras y no es fruto de combinaciones o mutaciones únicas.
Cada paciente responde a particularidades que es necesario analizar
para determinar sus cualidades, resistencia y singularidad. Existen
varias teorías relacionadas con la peculiaridades hereditarias
del CNS, su vinculación con otros trastornos como el síndrome
de Gilbert o los rasgos que determinan el tipo I frente
al tipo II. Lo más importante es saber que el análisis
genético permite identificar el problema sin ningún
género de duda, ayuda a determinar los riesgos que se asumirán
en caso de futuros embarazos y es el punto de partida para un correcto
tratamiento. |