| Describir una enfermedad rara es hablar sobre algo
desconocido para casi todo el mundo –incluido el profesional
médico-. El Síndrome de Crigler-Najjar
(en lo sucesivo SCN) no es una excepción: su muy escaso nivel
de incidencia es un factor que juega en su contra y condiciona un
diagnóstico rápido, capital para los pequeños
que lo padecen. Pero vamos por partes. Simplificando mucho, el SCN
es una afección hepática de carácter genético
cuya principal manifestación es una elevada concentración
de bilirrubina en la sangre. La bilirrubina ha sido considerada
desde siempre un veneno celular, desecho de complejos procesos metabólicos
y responsable de la pigmentación amarilla de conjuntiva y
piel, tan características en los enfermos hepáticos.
Hasta ahí las consideraciones técnicas. Las repercusiones
de tal concentración incontrolada van desde daños
neurológicos y fisiológicos de toda índole,
al coma y la muerte. Hasta no hace demasiado tiempo, el destino
de los afectados era incierto y mala su calidad de vida. En definitiva:
existencias cortas, afectaciones severas y desesperación
ante los demoledores efectos de un trastorno enzimático,
solo en apariencia banal, que “únicamente” afecta
a tres o cuatro centenas de personas en todo el mundo. El providencial
descubrimiento de la fototerapia y su contrastada eficacia en la
transformación de la bilirrubina a través de la piel,
produjo una pequeña revolución así como un
cambio radical de expectativas. Frente al trasplante de hígado,
drástico, expeditivo, arriesgado en pacientes de corta edad
y al alcance de muy pocos, la fototerapia permitió soñar
a las familias en algún remedio remoto. En la existencia
apacible, sin fatigas, infecciones o traumatismos de nuestros pequeños,
no hay momento para la oscuridad. En ningún sentido. Desde
que nacen, los pequeños deben someterse a una terapia de
luz tanto nocturna como diurna, radiación que en dosis y
calidad correctas reducen ostensiblemente la concentración
de bilirrubina. Como toda terapia cuando se prolonga indefinidamente,
pierde efectividad con los años. El sol y los ingenios electrónicos
nos ofrecen su ayuda incondicional. Pero tenemos un tiempo limitado.
La AESCN está trabajando para mejorar la calidad de vida
de nuestros hijos, promoviendo el conocimiento del síndrome
y compartiendo la experiencia que vamos atesorando. Todo para que
Martín, Elías o la pequeña Kimberly tengan
el futuro con el que no nacieron pero que
intuyen con el alborear de cada nuevo día. |
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