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La crítica nietzscheana que sitúa a la figura de Sócrates como decadente "universal" no es ejercida tanto por la postura "decadente" (que se entiende como paso necesario en la constante creación - destrucción del devenir) como por la ideologización de esta decadencia, rechazando todo lo que es dado por los sentidos y sentimientos, por lo irracional, para someterlo al arbitrio de la razón.
Para Nietzsche la crisis de la sociedad occidental se descubre por completo en la óptica nihilista, desde la cuál, la irracionalidad se presenta socarrona ante la razón, incapaz esta de dar cuenta total de la realidad. El conocimiento absoluto es imposible y los sentidos adquieren relevancia ante tal impotencia racional. Según Nietzsche la ciencia, la metafísica y la moral no han sabido otorgar al hombre un estado de conocimiento adecuado, el empeño en verdades absolutas ha resultado infructuoso por lo que Nietzsche propone el método alternativo de observar su nacimiento, las circunstancias en las que se da cada objeto de conocimiento, es decir: descentralizar el objeto de conocimiento en los problemas clásicos de filosofía.
Sánchez Meca insiste en que esta descentralización es el origen de toda la originalidad de Nietzsche, que sitúa la voluntad a renglón seguido de la lógica, convirtiendo las decisiones individuales, prácticas en el objeto sobre el que hay que volcarse, más que en los conocimientos. De ahí la proximidad con los jóvenes hegelianos que ven la necesidad de conceder un lugar a la praxis. La teoría no consigue quedarse más que en la especulación de ahí la necesidad de desarrollar la crítica de forma práctica.
El punto de ruptura con Nietzsche, es que este parte del rechazo al empleo de razonamientos puramente lógicos. Para Nietzsche la crítica que permanece en la simple especulación no es válida puesto que se le concede a la razón un puesto de privilegio, que él ya ha descartado de antemano.
Nietzsche llama a esto la "voluntad de verdad" y plantea la cuestión de que tal vez la verdad sea un problema que no queremos admitir sino plegar a nuestras propias condiciones. Lo importante para Nietzsche es situarse fuera del problema, ver su evolución, su génesis y sus condicionamientos particulares y cuál es su significado.
Para Nietzsche el problema de la ciencia se resuelve en sus antecedentes. La crítica más brutal se ejerce desde la propia voluntad, no dejando al margen los valores sino conectándolos.
Para Nietzsche la racionalidad es una capacidad tardía y enajenante que está parcialmente controlada por los sentidos. El producto de la actividad creadora de la conciencia no es neutral sino plenamente subjetivo. Los descansos en la metafísica dan pruebas de la voluntad que permanece en la evaluación, y por irrelevantes que sean dan constancia al creador de su propia situación. Las creaciones del espíritu son reflejos del estado de quien las crea.
Las creaciones espirituales son síntoma del estado anímico del creador, por consiguiente genealogía es la búsqueda del origen, de lo que subyace a la verdad, se trata de una metodología que incluye el momento analítico de descubrimiento, de contradicciones lógicas que se critican y se completa con una acción reductiva de remisión a los productos de la moral y la metafísica.
El momento reductivo antecede (fundamentándolo) al analítico y lo sobrepasa, actúa en tres etapas sucesivas:
-interpretación de los productos culturales
-interpretación de las fuerzas que lo producen en función de su cualidad reactiva o activa
-Valorar el origen de la fuerza.
La razón fundamentadora del método Nietzscheano radica en su concepto de :
"voluntad de poder como elemento genealógico de la fuerza"; "Acción y reacción son expresiones de la fuerza mientras que afirmación y negación lo son de la voluntad de poder".
Esta concepción de la voluntad de poder como elemento creador del valor y al tiempo diferenciador del valor de los valores impide la comparación del método genealógico con los métodos empleados por la metafísica.
Crítica la concepción de la pluralidad de valores empíricos de Granier (que reduce la experiencia del valor a la elección absoluta del sí y el no). Nietzsche sustituye el concepto de ser por el de voluntad de poder o "vida" para mostrar que el ser no es más que una interpretación.
El problema nietzscheano no radica en la esencia de la verdad sino en la "voluntad de verdad", como síntoma de un desajuste al aceptar que se puede conocer al ser. El planteamiento es psicológico y no ontológico y no porque entre en la descripción de las emociones sino porque las jerarquiza en interpreta como síntomas de salud o enfermedad vital.
Granier reclama sobre la legitimidad del criterio interpretativo. La genealogía no se reduce a la búsqueda de los orígenes sino que además los valora (Deleuze). Granier ontologiza la cuestión en la siguiente paradoja: La acusación de la moral y la metafísica cae dentro de otro sistema moral y metafísico. Introduce la diferencia en el concepto de ser y pluraliza la experiencia en la que se revela. El ser en sí, es el que contiene la posibilidad de la dialéctica y de la negación. La genealogía exige una decisión respecto al sentido del ser.
Esta interpretación es rebatida por Sánchez Meca desde Deleuze. No se puede vincular una verdad ontológica a la voluntad de poder y a las fuerzas. No se puede obligar al fenómeno a ceñirse a una verdad relativa sino que es necesario observar la línea de desarrollo y sus cambios.
"Un mismo fenómeno cambia, pues de sentido con la cambiante confluencia de fuerzas que lo producen, obligando al intérprete a tratar de descifrar, en cada caso, el orden jerárquico en que se encuentran las fuerzas que lo determinan. La nobleza aludiría a la salud como manifestación en determinadas valoraciones y juicios de una jerarquía en la que lo no positivo o afirmativo prevalece sobre lo negativo. Por el contrario la vileza designaría la enfermedad puesta de manifiesto en valores o ideas que invierten la jerarquía anterior. No cabe, por tanto, el recurso a una verdad que, como instancia suprema, permita decidir lo que vale más definitivamente, como no cabe tampoco el recurso a valores preestablecidos que valen en sí."
La pregunta sobre el criterio a utilizar no tiene respuestas según Deleuze. La solución está en la prueba del eterno retorno: sólo aquello que se repite es mejor.