DELFINOTERAPIA

Los doctores Horace Dobbs y David Nathanson, en Escocia y Florida, respectivamente, comenzaron hace unos 20 años a estudiar el efecto de los delfines en personas con padecimientos emocionales, síndrome de Down y autismo.

Cuenta el Dr. Dobbs que en 1974, en las costas de la isla de Man, él y su hijo conocieron un delfín que llamaron Donald. El delfín llevó al chico a dar un paseo por todo el puerto, cuidando de mantenerlo fuera del agua, y la emotiva interacción entre ambos cambió la vida del Dr. Dobbs, que cada vez se aficionó más a la natación con los delfines y menos a su laboratorio. El océano fue a partir de entonces su centro de investigación, y encontró que las personas con depresión crónica o anorexia nerviosa podían salir de su trastorno con la compañía alegre y amistosa de los delfines. ¿A qué se debe este "efecto delfín"?

Hasta la fecha se documentan efectos curativos en las personas que tienen contacto con ellos tales como reducción del dolor, cambios químicos en la sangre, y refuerzo para la recuperación en enfermedades crónicas y terminales. Se ha observado por medio de la medición de las ondas cerebrales de los pacientes que éstas cambian en presencia de los delfines hacia una armonización entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, lo que produce un estado de paz y relajación tal como sucede al realizar una meditación.

De hecho, se establece una armonización entre el cerebro de la persona y del delfín, pues estos mamíferos mantienen casi permanentemente una actividad cerebral de frecuencia baja en el denominado nivel alfa, precisamente el nivel de meditación que enseñan diversas escuelas espirituales, lo que nos lleva a recordar la paz que emana de las personas con un alto grado de maestría espiritual. ¿Delfines gurús?

Ya se habla incluso de la "pastilla delfín", que no es sino una grabación de sonidos naturales de delfines y ballenas mezclada con música de flautas y sintetizadores, que dicen resulta muy beneficiosa para quien la escucha.

Como la delfinoterapia no está al alcance de cualquiera, se ha creado el "Ciberfin", que es la delfinoterapia virtual. El paciente se tiende en un colchón de medio acuoso y comienza a escuchar sonidos de delfines por unos altavoces, mientras a través de sus gafas de realidad virtual se ve rodeado de estos cetáceos. Los pacientes que se han sometido a este tratamiento virtual aseguran acabar cansados como si realmente hubiesen estado nadando con los delfines.

PERO... ¿TODO ES CIERTO?

Pablo Cornejo, director del Grupo Fauna de RIMA, sostiene que la delfinoterapia "está basada en simples especulaciones dadas por los propios empresarios del espectáculo, ya que estudios científicos comprueban que las ecolocalizaciones de alta frecuencia que emite un delfín, y que supuestamente sana a niños deficientes, jamás las han registrado cetáceos en cautiverio ".

A su juicio, el interés real de las empresas ligadas a la delfinoterapia es mantener con vida el espectáculo con delfines, el que desde hace varios años viene enfrentando una dura crisis al no existir ya interés de la gente por asistir a los show. Esto se explicaría la quedar en evidencia el tortuoso entrenamiento al que son sometidos estos animales en cautiverio. Estudios científicos avalan que al menos la mitad de los delfines capturados y llevados a piscinas muere en los primeros tres meses -pese a que pueden vivir hasta 40 años (así como las orcas pueden llegar a los 90 años y en cautiverio no sobrepasan los 35)-, ya sea por trastornos estomacales producidos por el pescado en mal estado que comen, o por el desarrollo de enfermedades respiratorias, como la neumonía, o crisis mentales ligadas al estrés.
Lamentablemente la gente no alcanza a comprobar por sí misma esta realidad. Los empresarios reemplazan rápidamente las especies muertas gracias a la presencia masiva de cazadores de delfines en aguas cubanas, rusas, caribeñas o norteamericanas, y lo fácil que resulta el tráfico de estos cetáceos, especialmente en el continente americano.


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