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Debido,
probablemente a la comercialización de
las Tradiciones, muchas escuelas de
pensamiento pagano son asociadas, dentro
de una homogeneidad pretendida por sus
miembros, a una serie de “herramientas”
y “festividades” que cumplen el papel de
singularidades dedicadas a la
individualización de una corriente. Esto
genera, la inmensa mayoría de las veces,
que cuando un neo-pagano se interesa por
una tradición sus primeras preguntas
suelen ser ¿cuáles son las herramientas?
¿cuáles sus festividades? Pareciera que
lo que únicamente le importa a la gente
es la apariencia externa y folclórica de
una tradición, muchas veces sin
preocuparse por el fondo (y meta) de la
misma.
Toda
tradición se compone de un cuerpo de
mitos, eso es obvio. Se supone (o lo
correcto sería) que una tradición basada
en una cultura, manifieste, en su
mitología, una tradición realmente
sujeta a la mitología y tradición
folclórica de su pueblo de origen. Un
ejemplo claro lo tenemos en el paganismo
celta o el Druidismo, muchos denominan
“paganismo celta” a un cúmulo de mezclas
entre folclores celtas (Britano, Galés,
Irlandés, Escocés...) más cuando una
búsqueda de la tradición Celta debe de
tener en cuenta también las
particularidades de la tradición celta
concreta, independientemente de que “el
amor por lo celta” también te conduzca a
interesarte por saber otros folclores de
origen Celta desarrollados en otras
naciones célticas ajenas a un eje
espiritual, que bien puede ser Irlanda,
como la Galia, etc...
De esa
mitología surge a una tradición
compuesta por una serie de costumbres, e
incluso en algunos casos liturgias. Las
necesidades climatológicas y cotidianas
del pueblo, siempre bañándose de la
mitología y tradición popular que les
vienen en origen, parecen haber
desarrollado en los distintos pueblos
una serie de celebraciones mitad
populares y cotidianas y mitad
religiosas y espirituales. La inmensa
mayoría de las veces estas celebraciones
han respeto e ido acorde a distintos
cambios climatológicos que han observado
en la naturaleza. Así, muchos pueblos,
han desarrollado un calendario solar
acorde a los solsticios y equinoccios,
así como sus puntos intermedios que
pueden variar de folclore en folclore a
pesar de poseer, en la Europa
Continental, un parecido común.
¿Qué
podemos decir de las celebraciones en el
pueblo vasco?
En
realidad no podemos decir mucho, aunque
si parecieron existir ciertas costumbres
ligadas a los cambios climatológicos.
Celebración de Solsticios y Equinocios,
y probablemente, alguna Festividad
importada de vecinos Celtas (¿Celtíberos
del Sur o Galos del Norte? Difícil de
responder, en realidad). Costumbres que
en muchos lugares han sobrevivido, pero
también costumbres que a menudo han sido
mestizadas con el Catolicismo, y por
último, costumbres que coinciden con
fases de la naturaleza e incluso algunas
de índole muy similar a las
observaciones por las que los Celtas son
famosos. Esto es debido, seguramente, al
indudable contacto que existió entre los
Celtas y los Vascones. No hace
demasiado, en Euskal Herria, se hallaba
un hallazgo Celta (Galo) en donde estaba
enterrado, entre otras personas, lo que
pudiera ser un príncipe, dentro de un
contexto religioso-pagano de aquella
época. Por otro lado la interrelación
con los Celtíberos, que supusieron
vecinos inmediatos para los Vascones,
desde la misma llegada de los Celtas a
la Península, es otra posible referencia
a algunos parecidos que vemos en la
actualidad y que han sido inmortalizados
por el folclore popular. Algo que
también debemos señalar, es que algunas
costumbres era estrictamente regionales.
En Nafarroa podían acostumbrarse hacer
cosas que en Bizkaia no tenían porque
darse. Euskal Herria, en su sentido
social, es un sinónimo muy fuerte del
tribalismo, tribalismo que estuvo muy
marcado en las diferencias entre región
y región a pesar de la indudable cultura
e idiomas comunes que unificaron Euskal
Herria como concepto de pueblo y cultura
uniforme y más o menos homogénea. Esto
nos obliga, ahora mismo, a indicar
ciertas fiestas populares desde una
óptica cultural y no regional. Es decir,
costumbres comunes al pueblo vasco en su
sentido global. Esto lo advertimos para
el estudioso que note la obvia omisión a
algunas celebraciones de herencia pagana
en el pueblo vasco, estas celebraciones
son de índole exclusivamente regional, a
veces incluso comarcal, y serán más y
mejor desarrolladas en el grupo de
estudio.
Es importante resaltar la enorme
importancia que el pueblo vasco le dió a
las etapas (tan perfectamente
diferenciadas) de "frío" y de "calor"
que son inmortalizadas por las dos
celebraciones principales de índole
solsticial: Verano e Invierno. Algo que
podríamos denominar como "las dos
Grandes Celebraciones de los Vascones".
Invierno
En primer
lugar hablaremos del Solsticio de
Invierno, con su protagonista principal:
El Olentzero. El Olentzero, en el
folclore popular vasco, se nos presenta
como un hombre con txapela (sombrero
tradicional vasco), vestido de aldeano,
regordete y bonachón que baja de los
montes para hacer regalos a los niños
anunciando el nacimiento de Cristo.
Dentro de la mitología tardía, y por
tanto intoxicada, del pueblo vasco nos
cuentan que el Olentzero
era un gigante que acabó convirtiéndose
al Cristianismo tras la llegada de una
luz celestial que anunciaba a los
paganos la llegada de Kixmi (el mono,
descalificativo pagano que se utilizaba
en Euskal Herria para denominar a
Cristo). La Iglesia asimiló al Olentzero
para si, convirtiéndolo en un homólogo
del actual Papá Noel, de ese modo los
vascos estarían tranquilos no perdiendo
a su ancestral Olentzero, pero a su vez,
la Iglesia quedaría contenta por el
exterminio del significado pagano (y
original, debe añadirse) de la figura de
este Dios, siendo asimilado a la
liturgia popular de la Iglesia y la
Doctrina Cristiana. Sin embargo esto no
siempre fue así. Pío Baroja asemeja al
Olentzero con el Dios Baco, un Dios de
índole extremadamente sexual que además
encabezaba el éxtasis y el vino.
Probablemente, en su origen, el término
Olentzero también designaba, como ahora,
a la época del solsticio de invierno y
su celebración. En este sentido empleaba
Lope de Isasi a principios del siglo XVI
el término u Olentzaro, que podría estar
relacionado con "Onentzat aro" u "Onentzako
aro" ("época para los buenos", en
Euskera). El Olentzero por su
importancia exclusiva en la actual Noche
Buena bien pudiera tratarse de un Dios
local de los Vascos en origen conocido
únicamente en las zonas montañosas de
Navarra y Gipuzkoa, para con los siglos,
extenderse a los demás territorios
vascos. Entendamos que las fiestas
populares tradicionales en la época del
Invierno no únicamente aparecen en Noche
Buena, el Olentzero no es una réplica
exacta del Papá Noel que únicamente es
observado la noche de Noche Buena. La
época invernal, como bien señala el
etnólogo Juan Garmendia Larrañaga
es hoy, en el país vasco, anunciada por
distintas celebraciones locales como el
actual San Nicolás (6 de Diciembre),
Santa Lucía (13 de Diciembre) y Santo
Tomás (21 de Diciembre) que dan paso al
apoteosis del Olentzero, ya en el 24.
Teniendo en cuenta que todas estas
fiestas y sus costumbres (a pesar de sus
nombres, tardíamente adaptados al
Cristianismo) tienen un orígen
tradicional arcaico y por ende pre-cristiano,
tienen además sus costumbres emanadas de
ellas, muy vinculadas al invierno, e
incluso a veces vinculadas a la llegada
del Olentzero, y curiosos rasgos paganos
en algunas de las costumbres aldeanas en
las zonas más rurales, podemos asegurar
firmemente que en Euskal Herria hay una
celebración constante desde el 6 al 24
de Diciembre, en cuyo periodo, se
celebra lo Invernal y cuya figura
central es, evidentemente, el Olentzero.
Un pálido recuerdo de su status como
dios invernal. La época del Invierno en
Euskal Herria era una época de resguardo
pues el frío en las tierras vasconas era
implacable y muy poco clemente pudiendo
llegar a dejar numerosas bajas. El calor
familiar, los ritos de fuego, el
recuerdo a los antepasados y lo
sobrenatural (ahora superstición) estaba
a la orden del día. Una de las
costumbres más famosas de Euskal Herria,
y que algunos estudiosos apuntan podría
ser incluso anterior al mismo Olentzero,
son los Ritos de Fuego que son
celebrados, de ello aún queda
superviviente “El Tronco de Navidad”.
Consiste en un trozo grande de leña
ardiendo, cuidadosamente alimentado con
cenizas por la Etxekoandre. La idea del
Tronco es que su fuego aleje
enfermedades, malas influencias, e
incluso purifique al ganado. El carbón
restante es a menudo metido en sacos y
dados al ganado recién nacido, e incluso
a los bebés recién nacidos. Hoy día el
representante de este Fuego de Navidad
queda inmortalizado en el Olentzero,
también con claros atributos vinculados
al fuego (y el fuego por otro lado como
atributo de fiesta de solsticio).
Encontramos el origen de Olentzero
cuando nos remontamos a los ritos
festivos que se celebraban en los
pueblos coincidiendo con el solsticio de
invierno. Se trataba de reafir- marse en
que el sol volvería y la vegetación
crecería de nuevo en la siguiente
estación. Es un poco como el carnaval,
ligado principalmente al comienzo de
año. Más tarde la iglesia católica se
adueñó de esta tradición y convertió a
Olentzero en anunciador del Mesías. Eso
es una perversión. Ha habido diferentes
etapas en esta tradición y creo que hay
que volver a recobrar el símbolo
original del Olentzero que anuncia el
solsticio y la vuelta del sol.
Olentzero baja de la
montaña para anunciar un acto
importante, que es el solsticio, la
salida del sol. Olentzero no es un
personaje que resulta bien acogido,
porque está sucio, pero consigue
convencer a la gente. De aquí parto para
narrar otra historia en la que explico
que Olentzero conoce la leyenda de los
gentiles de otra época. Descubre en la
montaña un dolmen que se llama
Gentiletxea, la casa de los gentiles. El
nombre viene del hecho de que hay un
pueblo que se encerró en un dolmen hace
mucho tiempo. Cuando leemos esa historia
nos damos cuenta de que vivían en la
montaña donde hacía siempre buen tiempo;
era siempre verano y hacía siempre sol.
Pero un día vieron en el cielo una nube
que no habían visto nunca hasta
entonces y se asustaron, y preguntaron
al más viejo de la tribu que qué era
eso. El les respondió que era el fin de
su época y que tenían que desaparecer,
por lo que entraron en el dolmen para
siempre. Hay una versión que dice que el
único superviviente fue Olentzero y otra
más que afirma que desaparecieron todos
para siempre. Yo intento unir las dos
historias y demostrar que Olentzero ha
conocido esa historia de boca de los
gentiles y lleva la noticia a los que se
han encerrado en el dolmen. Hay un
cambio de época o de estación, y cuando
se da tal se sabe que no es el invierno
el que va a ganar sino la primavera la
que va a venir.
El mito fundamental es el
mito de la fertilidad, es el sol que
vuelve, y eso se encuentra en todas la
esculturas, en todas las civilizaciones
antiguas. En la época romana también
encontramos el mismo concepto con los
saturnales, la fiesta de Saturno que
anuncia el sol y la cosecha futura; eso
es básicamente y Olentzero también
representa eso. Ello no quiere decir que
lo hayamos copiado de otros sino que el
concepto se puede encontrar en
diferentes civilizaciones en todo el
mundo. Los vascos tenemos las mismas
preocupaciones que los demás, por lo que
tenemos los mismos mitos y las mismas
prácticas. Cuando miramos a Europa
encontramos varios personajes que
anuncian lo mismo. En el norte de Europa
está Santa Lucía, que es la fiesta de la
luz; en Noruega y en Suecia, la hija
mayor de la casa se levanta este día muy
pronto por la mañana y se pone en la
cabeza una corona con velas o luces y
lleva el desayuno a la cama a toda la
familia. Esto quiere decir que, al ser
la hija mayor, es la portadora del
futuro y del nombre de la familia y de
la tribu. En Italia está la Béfana, una
bruja que reparte caramelos y chocolates
a los niños buenos, y carbón a los niños
malos; es el mundo partido en dos, el
bien y el mal.
De Olentzero se
dice que es un carbonero, aunque también
se oye decir que es un herrero;
fundamentalmente es la misma cosa,
alguien que es testigo de un mundo en
mutación. El carbonero hace algo negro
que permite hacer después la luz; el
herrero utiliza carbón para transformar
el metal. Representa un mundo en
mutación. En el rito de Olentzero
podemos ver la evocación de un mundo
mejor que se prepara y que esperamos. Se
crean mitos en función de lo que se ve.
En verano, en las montañas vascas había
pastores, pero en invierno había
carboneros. En todas las leyendas
antiguas vascas se ve que la
civilización viene de la montaña. El
progreso viene de la montaña, tanto el
progreso técnico como las creencias.
Olentzero está dentro del mismo cuadro,
es él el que viene a anunciarnos la luz.
Mediados de Invierno
Un dato de
interés es la fiesta conocida
actualmente como “Santa Agueda”. Agueda
presuntamente fue una mujer de origen
siciliano posteriormente canonizada que
con el tiempo fue nombrada, en el País
Vasco, patrona. La fiesta de Santa
Águeda, en el País Vasco, es una fiesta
de dominio mayoritariamente femenino, se
celebra el 5 de Febrero pero es en la
noche de su víspera, el 4, cuando ya de
sus primeros festejos. La creencia que
en el pueblo vasco vincula a este día es
especialmente propicio para las mujeres
que desean un buen parto, madres con
insuficiente leche en sus pechos o
incluso cualquier dolencia o enfermedad
mamaria. El profesor José Ignacio
Homobono nos dice respecto a las
celebraciones el día de Santa Águeda en
el País Vasco que:
“Más
allá de la leyenda hagiográfica, el
culto de Santa Águeda enlaza con las
antiguas Matronalia romanas, fiestas
dedicadas a propiciar la fertilidad de
las matronas, en honor de Juno Lucina,
divinidad de los partos y de la
abundante lactancia. Otros poderes de
Santa Águeda son los de preservar contra
incendios y erupciones volcánicas, o los
más genéricos de proteger contra los
malos espíritus, enfermedades del ganado
y potenciar la producción agraria.”
(Eusko Ikaskuntza – Centro de Estudios
Vascos, Gobierno Vasco. 2001)
Y
añade (respecto a la celebración de
Santa Águeda en Euskal Herria):
“En
Euskadi se la atribuye, además, otra
faceta sanadora: la de curar de cefaleas
y migrañas; y la santa, acusada de
brujería durante su proceso, actúa como
sorgiña –transformada en gata- en varias
leyendas vascas. Perfil que evoca la
hipótesis de la brujería como culto a
Diana, asimismo virgen, protectora de
los partos y de la fertilidad.” (Eusko
Ikaskuntza – Centro de Estudios Vascos,
Gobierno Vasco. 2001)
Es cuanto
menos curioso el pequeño resultado de
las investigaciones sobre la fiesta de
Santa Agueda en el País Vasco, en la
cual es tradición cantar, en Euskara,
una serie de canciones tradicionales en
honor a la Santa mientras se golpea el
suelo con un palo. En primer lugar
debemos hacer un paralelismo con los
vecinos celtas, quienes tradicionalmente
el 2 del mismo mes celebraban Imbolc,
una fiesta tradicionalmente vinculada la
Diosa Brighid. Fiesta que está también
muy vinculada a la fertilidad y a la
mujer, concretamente, también es una
fiesta en cuyo seno la leche toma un
papel protagonista. A esto debemos sumar
a los numerosos estudiosos que afirman
que el culto a las Matronaes que
floreció en el seno del paganismo
latino, fue una adaptación (como otras
muchas tantas) de creencias autóctonas
célticas.
Principio de Primavera o Carnaval
El
Carnaval es una fiesta que en el País
Vasco, al igual que en otros muchos
lugares, extiende sus raíces hasta el
mundo pagano. El catedrático por la
Universidad de Deusto Andrés Ortiz-Osés,
en su libro “La Diosa Madre.
Interpretación desde la mitología vasca”
señala que el Carnaval Vasco es una
fiesta de origen pagano cuya intención
es dar el último ánimo al sol para su
renacimiento (celebrado en el Solsticio
de Verano). Unos días entre los cuales
se quemará un muñeco en una simbología
de renacimiento y purificación. Además
debido a su simbología con la despedida
a la oscuridad y bienvenida a la luz, el
Carnaval está pensado para erradicar las
malas influencias atrayendo el bien
social y cultural. Para esto se
originarán transformaciones dentro de un
ritual metamórfico como se hicieron
durante miles de años en toda la
geografía europea. El folclore popular
contemporáneo recuerda estos ritos y lo
inmortaliza, a su modo, en la actualidad
por los famosos “disfraces”. En Euskal
Herria son famosas ciertas fiestas
concretas de carácter
carnavalesco
como “las Mascaradas de Zuberoa” (en
País Vasco Francés). La Mascarada dura
mucho más de lo que el Carnaval ha sido
preestablecido socialmente debido a su
carácter errante al representar todo
tipo de bailes tradicionales con una
simbología puramente ritual. La
Mascarada se divide en dos grupos “Los
Negros” y “los Rojos”, al final de esta
larga fiesta se quemará un muñeco. La
antropóloga V. Alford señala esta fiesta
como un rito solsticial vinculado a la
época de lo que pudiéramos llamar
primavera. Aquí tenemos que hacer un
alto y explicar un par de puntos, el
neo-paganismo contemporáneo, ha
preestablecido dentro de su maniobra de
modernización, que los ritos
solsticiales deben ser ejecutados dentro
del día que hoy consideramos
astronómicamente el ingreso e
intercambio de estaciones. Esto,
sabemos, no fue así en todos los sitios.
Tenemos hoy muchas celebraciones
solsticiales de (por ejemplo) la
primavera, que son realizadas semana
antes o después de lo considerado hoy
primavera. La observación de las
sociedades primitivas de estos cambios
no estuvieron siempre dentro de un
calendario, sino que por el contrario,
pudieron venir enunciadas tras unos
cambios que eran observados por los
habitantes y que originaban la puesta en
marcha de la celebración social y
religiosa de carácter solsticial. No
tenemos porque extrañarnos pues, que en
ritos celebrados entre últimos de
febrero y principios de marzo, tengan un
indudable símbolo primaveral.
Caro
Baroja, hablando de los “negros” y
“rojos” en la Mascarada de Zuberoa,
interpreta una simbología clara de la
dominación de la sociedad de la época de
las calamidades invernales tan patentes
en la latitud vasca (el frío, la muerte,
enfermedad, la muerte de la tierra), por
la resistencia social y habilidad de los
seres humanos para protegerse de estas
calamidades (habilidad que por otro
lado, mitológicamente, les era
transmitida de Dioses como Mari o
Basajaun). Una fiesta de clara despedida
a la época fría y peligrosa del año para
dar paso, a la cercana bienvenida al
Sol. El propio recorrido de la
Mascarada, de pueblo a pueblo, tiene un
sentido circular debido a que su punto
de partida es también su punto de
origen, entre el trayecto, se visitarán
los pueblos y aldeas circundantes. El
catedrático autor antes citado señala
que pareciera ser un símbolo de
nacimiento y muerte, desde la partida de
la cueva, simbolizando el útero de
Amalur, hasta su regreso a ella, tras
sucederse la vida. Un rito de vida y
muerte, también vinculado a la
fertilidad, muy propicio en los tiempos
que anuncian la primavera.
A lo largo
de Euskal Herria se realizan también
celebraciones similares a la “Mascarada
de Zuberoa”, tanto en Bizkaia como en
Nafarroa, Gipuzkoa y Araba. Tal vez de
menor magnitud y más corta duración,
pero que repite los mismos patrones en
simbología y el mismo recorrido circular
descrito en la fiesta de Zuberoa. Lo más
llamativo de las Mascaradas son las tan
frecuente procesiones de Dioses típicos
Vascos encarnados por actores y actrices
disfrazados.
Fiesta de los Mayos
Recorriendo el calendario gregoriano, de
Febrero-Marzo nos dirigimos hasta Mayo.
Cesar decía de los Celtas, que en Mayo
daba lugar la sagrada fiesta de Beltaine,
una fiesta vinculada a la fertilidad. Un
pre-solsticio vinculado a muchas Diosas
de la fertilidad. En Euskal Herria
tenemos Mayo como un mes en donde se
celebran varias fiestas patronales
vinculadas a todo tipo de Vírgenes. La
Iglesia, como apuntan algunos
escritores, asimiló estas fiestas de una
época que estaba originalmente vinculada
a Diosas de la Fertilidad, no únicamente
en Euskal Herria, sino en todo el Norte
Peninsular, muy especialmente en la
cornisa cantábrica y la zona pirenaica
de Catalunya. En primer lugar tenemos
las tradicionales romerías navarras de
la época de Mayo tales como las de Ujué,
Osquía, Roncesvalles, Sorlada, Codés,
Cataláin, el Yugo en Arguedas, Lumbier,
Labiano y Alsasua y ¡¡cómo no!! Los
“Mayos” instaurados en todas las plazas,
no únicamente Navarras, si no vascas en
general, estas costumbres se inician
entre el 30 de Abril y 1 de Mayo. Esta
fiesta celebra la plenitud de la
Primavera, o bien, el ecuador entre la
Primavera y el Verano. El periodista y
escritor Fermín Pardo nos cuenta que
“La fiesta de los mayos es una antigua
celebración de origen pagano que
coincide con
la plenitud de la primavera y tenía como
finalidad principal la de emparejar
mozos y mozas con el propósito de
animarlos al noviazgo y al matrimonio.”
Algo
bastante lógico. En el caso celta
precisamente vemos que Beltaine era una
fiesta de la fertilidad en cuya noche,
muy a menudo, los jóvenes se que se
atraían se juntaban en los bosques para
divertirse.
El Palo de
Mayo es a menudo adornado de flores y
hojas, elementos típicos de la
primavera. La posible idea de esta
costumbre es manifestar lo que está
trayendo la Primavera en las comarcas,
una idea parecida a la del árbol de
navidad pero ajustada a la época
primaveral. Esta fiesta vasca no es
exclusiva vasca, como hemos dicho se
celebra en muchas regiones tales como:
Cantabria, Asturias, La Rioja, Galicia,
Catalunya, y si, también en toda la
geografía Euskaldun. Las diferencias
entre región y región de la meseta
norteña de la Península son
prácticamente inexistentes, de haber
diferencia son exclusividades
comarcales, así como diferencias en
dialectos y bailes tradicionales. El
Mayo es prácticamente idéntico en todas
las regiones y la idea, en origen, sino
la misma, una muy parecida.
Solsticio de Verano
Llegamos
al Verano, celebración que el
catolicismo asimiló como “Fiesta de San
Juan”. Esta celebración, en el pueblo
vasco antiguo, simbolizaba un claro
festejo mediante la cual se exhortaba al
sol a continuar su recorrido, mientras
que a su vez, celebraba la llegada del
calor, habiendo siendo definitivamente
derrotado el invierno, una celebración
que por otro lado también auspiciaba el
hecho de haber sobrevivido a las
circunstancias del invierno. En algunos
pueblos del país vasco los habitantes,
haciendo una enorme hoguera, andan
alrededor de la misma situando el fuego
a su derecha (es decir siguiendo el
movimiento del sol y el de las agujas
del reloj) mientras rezan un rosario,
una costumbre indudablemente pagana pero
machacada por el posterior cristianismo.
Muchos autores apuntan que la raíz de
esta costumbre radica en el mundo
antiguo, y que únicamente se trata de un
sentimiento folclórico cristianizado que
supone el reflejo de una vieja
costumbre, posiblemente basada en las
danzas, en el mismo sentido, alrededor
de hogueras con la idea de permitir que
el Sol siguiese su curso.
Antxon
Aguirre Sorondo, historiador y etnólogo
(Eusko Ikaskuntza, Gobierno Vasco) nos
dice sobre el Solsticio de Verano vasco:
“El
primitivo sentido de la fiesta, más allá
de la simple diversión, radicaría en la
ejecución de una serie de ritos
relacionados con el tiempo, la caza o
las deidades a las que se honraba como
defensoras de las cosechan, las familias
y la prosperidad de las comunidades.
Así, en el esfuerzo por calmar las
indómitas fuerzas de la naturaleza se
crearon ceremonias cada vez más ricas y
vistosas, con música, danzas, recitados.
En este sentido, puede decirse que la
fiesta es una perfecta expresión de una
concepción cíclica de la existencia. El
Universo parece describir un perfecto
círculo vital: el movimiento de la
tierra alrededor del sol, las estaciones
del año, las fases de la luna... El
Tiempo parece mostrar todos los signos
de circularidad que se prolonga
infinitamente, como el hombre durante
milenios intuyó, a pesar de que la
"linealidad" se haya impuesto en las
sociedades modernas.”
Y
Continua:
“Se creía
que al amanecer del día de San Juan las
aguas de infinidad de fuentes, regatas y
riachuelos estaban dotadas por unos
momentos de poderes especiales – que con
el cristianismo de dirían "bendecidas"-
para curar enfermedades cutáneas y
proteger a personas, animales o incluso
bienes materiales rociados con ellas,
por lo que se guardaban en las casas
como un bien preciado. Lo mismo valía
para el rocío que empapaba los campos
aquella mañana, de forma que se paseaba
a los animales y las personas desnudas
se revolcaban en los eriales para quedar
protegidas durante el largo año. Otro
ritual de la nube del solsticio de
verano en muchos pueblos de nuestra
Euskal Herria consistía en quemar las
ramas de San Juan del año anterior o
ramas de laurel bendito, y con los
tizones aún encendidos recorrer las
tierras propias, con sumo cuidado de que
no ardiera la mies, a fin de
salvaguardar y favorecer el desarrollo
de las cosechas.
Así
entramos en el que en nuestros días es
motivo central de la fiesta: el fuego.
Parece razonable que la preponderancia
del fuego en esa noche pueda tener una
explicación muy simple: al reunirse la
comunidad para estos ritos, se encendía
un fuego con que iluminarse y cantar
alrededor, divertirse saltando, etc.
Según esto, de aquí derivaría la
costumbre de encender hogueras en tal
fecha.
Pero
tampoco podemos ignorar que el elemento
fuego posee todas las virtudes
protectoras y regeneradoras que
justifican los ritos del solsticio de
verano. A este respecto, el historiador
rumano Mircea Eliade subraya que no es
otro el sentido de tales ceremonias
rituales que "una combustión, una
anulación de los pecados y de las faltas
del individuo y de la comunidad en su
conjunto, y no una simple purificación",
pues "la regeneración es, como lo indica
su nombre, un nuevo nacimiento".
¿No es
paradigma de esta "regeneración" el
fuego canicular de la llamada "Mágica
Noche"?. Parece simplista conformarse
con la anterior explicación de "fuego
práctico".
Tenemos,
pues, cuatro elementos básicos en
nuestro análisis: La fecha del solsticio
de verano; el culto al agua; el culto al
fuego y el culto al árbol.
Como han
demostrado ampliamente en sus trabajos
D. José Miguel de Barandiarán y D. Julio
Caro Baroja, los antiguos habitantes de
Euskal Herria adoraban a los elementos
de la naturaleza. Bajo otras formas,
queda en nuestros días un sustento
cultural diáfano.”
Otra
costumbre de indudable interés
precisamente la tenemos en Zugarramurdi,
durante el mes de Agosto, ya pasada la
noche del Solsticio donde se ponen de
manifiesto nuevamente ritos del culto al
fuego en donde las cuevas de
Zugarramurdi históricas por los procesos
de Brujería, toman un papel protagonista
en denominada fiesta "Ziriko Yate".
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