El Matriarkado en Euskal Herria

"...es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra y cuando dan la luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos". (III, 4, 17)
"...sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellos a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado". (III, 4, 18)

Con estas palabras de Estrabón, sobre los Vascos, podemos arrancar este apartado. La ginecocracia, o matriarcado, es un teórico modelo de sociedad en donde la mujer predomina en los aspectos tanto sociales como religiosos. Aunque pudiéramos decir también “políticos” debemos tener en cuenta que las civilizaciones matriarcales son aquellas civilizaciones primitivas con las que no podemos ligar un sistema político o de gobierno tal y como lo conocemos.

Enumeremos algunas de las funciones tradiciones que, en el pueblo vasco, emprendía “lo femenino”, para de este modo tratar de comprender un poco mejor como la sociedad vasca entendía a la mujer y sus funciones.

1º Debemos tener en cuenta, antes que nada, el carácter femenino que le otorgaban a la fuente de toda vida. Dicha predominancia era tal que incluso era la Diosa Mari la que es considerada una suprema Diosa, por encima de cualquier otra entidad. Al contrario que otras mitologías, no se establecía una jerarquía de comandancia definida, teniendo en cuenta lo primitivo de la concepción social de aquella, sin embargo nada cuestionaba la soberanía de Amalur por encima de todo. Esto, junto al carácter ctónico de las divinidades y sus vinculaciones con las cuevas y cavernas, delatan una religión pre-indoeuropea nacida del mismo vientre del continente por una sociedad arcaica.

2º En la sociedad, las mujeres eran quienes mantenían la llama que daría vida a las distintas familias. En la inmensa mayoría de zonas vascas el trabajo normalmente sería la pesca o incluso la caza lo que equivaldría, especialmente en el primer caso, a que los hombres estuvieran enormes temporadas de tiempo fuera de la casa. Casa que por otro lado, sería el eje central de la vida no únicamente del matrimonio, si no de toda la parentela. La mujer cumpliría entonces la función de motor en la sociedad vasca, e incluso administradora y en parte dueña de las riquezas en cuyos hombros recaía la responsabilidad de administrarlo.

3º La religión vasca no era una religión “de templos”, si no de naturaleza y “de casa”, pues los más importantes ritos eran celebrados en el seno de la familia y en honor tanto de Dioses como de ancestros, ambos de una importancia máxima para los vascos. En el libro Germania, Tácito, nos describe que algunos de los germanos eran celebrados en el seno de la casa familiar por “el cabeza de familia”. Aquí, en el caso vasco, era prácticamente del mismo modo, solo que más que “el cabeza” deberíamos decir “la cabeza” pues era la Madre o la Abuela las encargadas de ser, lo que ahora podríamos llamar, las sacerdotisas de esa religión. Ciertamente, en Euskal Herria, nunca existió algo parecido al sacerdocio aunque pudo existir alguna que otra especialización que, de todas formas, no era regulada por ninguna jerarquía con autoridad. La antigua religión de los vascos era de índole netamente casera y familiar así como tribal, sin embargo eran ellas y no ellos, sus representantes.

4º No existió un concepto de matrimonio como lo conocemos ahora, sino más bien fue un concepto de unión voluntaria por ambas partes. La mujer siempre tuvo derecho de romper ese compromiso, siendo dueña siempre de sus bienes. Una mujer en esa situación no era relegada a volver con la familia obligatoriamente, como si sucedía en otras culturas, de ningún modo era extraño que haciendo uso de sus bienes, la mujer pudiera ejercer una vida independiente o incluso volver a comprometerse sin ningún tipo de atadura.

5º No existió hasta después, un concepto tal que convirtiese a la mujer como moneda de cambio marital en tratados entre familias. De hecho el concepto de “fidelidad conyugal” de los vascos, no pareció existir hasta después.

6º El modelo de gobierno original de los vascos hasta después fue puramente asambleario. Algunos historiadores hablan de Islandia y Euskal Herria como los primeros gobiernos parlamentarios de Europa. Este modelo se basaría en la creación de algo parecido a Asambleas Vecinales (es decir, asambleas a las que acudirían los miembros de las familias que habitaban en un perímetro razonable y poblado de Caseríos). En dichas asambleas la asistencia de las mujeres era totalmente predominante, incluso en algunos casos y por ausencia de los varones (debido al trabajo mencionado más arriba) la presencia femenina en estas reuniones, que era lo más parecido que los vascos tenían al concepto de gobierno y organización social, era prácticamente unánime. En las asambleas las mujeres tenían exactamente el mismo voto que los hombres, incluso en algunos temas (especialmente los referidos a lo doméstico y religioso), pareció existir una “ley no escrita” donde, por costumbre rural, las mujeres eran escuchadas con mayor atención. Aquí, y para ser justos con la historia, debemos decir que en contadas ocasiones, en casos de extrema gravedad, era nombrado un caudillo militar (o algo similar) que organizaba las defensas militares. Euskal Herria nunca ha sido una región dedicada a la invasión de otros territorios, siempre ha sido descrita como una región primitiva e incluso bárbara pero relativamente pacífica, sin embargo los conflictos militares que si existieron eran debido el 90% de las ocasiones a una intromisión extranjera que había que repeler. Tales casos fueron los de Romanos, Visigodos, Árabes o incluso el propio Carlomagno.

Entendemos entonces como la raíz de la sociedad vasca, una sociedad matriarcal por la que no debe ser entendida una sociedad excluyente al género masculino. Si bien es cierto que en origen la sociedad vasca fue una, como parece ser, ginecocracia, también es cierto que con el transcurso de los siglos y, muy probablemente, la interrelación con poblados vecinos, la sociedad vasca evolucionó a lo que podríamos denominar una igualdad social en roles que quedó bastante definida hasta la llegada del Cristianismo que acabó por desenterrar el “hacha de guerra” contra las mujeres vascas. Caro Baroja aceptó la tesis del matriarcado, haciéndola derivar de la Edad del Bronce. Estableció un "área de cultura agrícola matriarcal del Cantábrico y Noroeste" que agruparía a vascones, cántabros, astures y galaicos. Sin embargo, posteriormente evolucionó hacia posiciones más moderadas, defendiendo más bien una filiación matrilineal.

En la sociedad del siglo XX la mujer vasca ha seguido teniendo un papel muy importante pese al evidente y abismal cambio de la sociedad euskaldun. Especialmente en las zonas más rurales de la región la mujer ha conservado su posición de Etxekoandre (Señora de la Casa), frente a la imagen de mujer tímida y humillada por el esposo varón dominante. En el plano laboral, la mujer vasca no ha podido ser despojada de su dinamismo ya descrito por Estrabrón, y aunque moderándose, la mujer euskaldun ha seguido optando por el trabajo y el servicio a la sociedad. El plano religioso nunca logró borrar la manera concebible que los vascos han tenido de “mujeres administradoras”, y es el caso que en las Ermitas antiguas, junto a los Caseríos, cada sitio de la Ermita pertenecía a un miembro de cada Caserío que, junto a los demás, poblaba la comarca. Eran las mujeres las que ocupaban esos asientos como miembro y representante de su casa frente a la nueva religión, un vestigio que ni el cristianismo pudo eliminar.

 
 
 
 

 

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