Mestizaje y globalización

Mateo Requesens



La heterogeneidad de la humanidad es sin duda un factor enriquecedor. Las diversas culturas que pueblan y han poblado la tierra contribuyen sin duda al desarrollo del ser humano. Por tanto el conocimiento de todas estas manifestaciones culturales y el acercamiento a las mismas sin prejuicios supone un patrimonio positivo. Ahora bien, la diversidad, implica a su vez homogeneidad. Cada pueblo ha evolucionado, fruto de las circunstancias físicas y políticas que han incidido en su devenir histórico conformando una manera de ser homogénea, una cultura con señas de identidad propias y diferentes al resto de naciones o pueblos. Precisamente esa homogeneidad, da los caracteres de pertenencia al grupo y permite el arraigo del individuo en la colectividad.

Desde el respeto entre los homogéneos que forman parte del conjunto heterogéneo, se produce un intercambio cultural, deseable y positivo, y es en este marco, en que cada cultura es consciente de su identidad frente a las demás y en el que conserva su espacio vital también frente a las demás, donde se hace posible la convivencia pacífica.

Ahora bien, cuando se pretende diluir esa homogeneidad dentro de la heterogeneidad, en el proceso que se ha dado en llamar mestizaje, no se produce un enriquecimiento cultural. Al contrario, se provoca un empobrecimiento, al quedar las culturas mezcladas en mínimos superficiales, en la anécdota folklorica o pintoresca. Se acaba prescindiendo de los valores esenciales que dan las señas de identidad a un pueblo, para crear una sociedad colorista, pero vacía de principios que sirvan de referencia y arraigo. El igualitarismo, que no la igualdad de oportunidades, es en definitiva el puerto final de este mestizaje que pretende globalizar a todos los seres humanos bajo un mezcladillo que priva al hombre de su arraigo y reduce su esencia cultural a restos residuales de lo que fue su identidad.

No es casualidad que sean los herederos del fracasado marxismo, quienes defiendan con más ahínco esta teoría del mestizaje. Al fin y a la postre sólo han cambiado el internacionalismo igualitarista proletario por el igualitarismo mundial de las culturas. Frente a la globalización económica que está imponiendo el mercado y las nuevas tecnologías, ellos propugnan, de forma remozada, la vieja idea de la globalización comunista, pero ahora la falacia de que todos los hombres son iguales, se transforma en que todas las culturas son iguales, y el paraíso proletario se cambia por el paraíso de la cultura mestiza, mezcla de todas las culturas.

En Chechenia hay un dicho “El perro ha dado carne al asno y el asno ha dado heno al perro. Los dos se han quedado sin comer.” Y es que cada pueblo ama sus costumbres, y las culturas no se pueden mezclar alegremente, como pretenden estos nuevos marxistas, renunciando a las señas de identidad propias a cambio de inconsustanciales promesas de paraísos en la tierra. Generalmente el mestizaje es fuente de conflicto, cercano en el tiempo tenemos el caso de Yugoslavia, donde se pretendió artificialmente hacer convivir mezcladas las culturas católica, ortodoxa y musulmana, con el resultado que todos conocemos. Más lejano en el tiempo nos encontramos con la convivencia en suelo español de cristianos, moros y judíos, que se hizo desde la conciencia de la identidad propia de cada comunidad frente a la otra, aunque ahora se pretenda vender una imaginaria convivencia armoniosa.

En otros casos lo que se produce es la asimilación de la cultura del conquistado por la del invasor, como en el caso de la romanización de Iberia, o al revés, la asimilación del conquistador por la cultura superior del invadido, que sería el caso de la horda mongol y el imperio chino.

También hay ocasiones en que se produce una amalgama de culturas, que en todo caso dá lugar al nacimiento de otra nueva y diferente, con homogeneidad, o identidad propias. El criollo hispano podría ser un ejemplo, sin embargo ese nuevo americano, mezcla de lo español y lo indígena, no deja de ser una construcción simbólica, de las nuevas naciones fruto de la necesidad de singularidad nacida de la independencia. La raza cósmica de Vasconcelos, no deja de ser un intento de alcanzar esa homogeneidad cultural a través de la mistificación del mestizo, pero la realidad, es que la cultura indígena pervive en América de forma diferenciada.

En definitiva lo que queremos subrayar es que el mestizaje que algunos propugnan no es más que otra forma de globalización, en la que se obliga a todos los pueblos, pero especialmente a Europa a perder su identidad y su homogeneidad. La adaptación a las nuevas circunstancias del mercado laboral, no es un reto, al igual que sucedió con la modernización económica de Japón, que deba provocar la perdida de nuestra identidad cultural.

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