El mito de la sangre

Laureano Luna


I

Es esta desde luego una cuestion social, pero es sobre todo un tema poetico y filosofico; poetico porque el tema de la razon, de la sangre, contiene un sentimiento que como el sentimiento de la naturaleza en general arraiga en nuestra alma con esa profundidad caracteristica en la que se halla siempre lo poetico; filosofico porque nos va a llevar a tratar una cuestion ya clasica en la filosofia europea: la dialectica establecida entre la razon y la vida, entre el espiritu y la naturaleza, entre la conciencia y la materia. Este problema se revuelve sin cesar desde Kant en la filosofia alemana y europea, en la corriente vitalista de Schopenhauer, Klages, Spengler, el historicismo de Dilthey y muy especialmente en el pensamiento de Ortega y Gasset. Como sugiere el titulo con el que hemos encabezado estas palabras, no vamos a detenernos en la respuesta a la pregunta que hemos formulado. Queremos ademas indagar como puede el hombre actual volver a instalarse en el sentimiento de su estirpe si es que consideramos la posibilidad de que esto suceda.

II

Es caracteristico del sentimiento étnico que hay en todo patriotismo popular el interes otorgado a la consideración de los origenes, a la investigación de ese pasado en el que el pueblo y la estirpe parecian habitar en lo que espontaneamente era su ser, en su libertad, en su naturaleza original. Asi hablamos con emocion de los Indoeuropeos, de los celtas y los iberos, de los tartesos, de los germanos y vikingos, etc., estudiamos sus mitos, su religion, sus costumbres, sus instituciones, sus lenguas, y sobre todo, nos consideramos sus descendientes, entrañablemente ligados a ellos por vinculos de sangre de manera que nos parece que ellos explican algo de nuestro ser y de nuestro destino.


Y en esta sentida consideracion del pasado no hay necesariamente una voluntad antihistorica ni una utopia tribal. Asi como un arbol eleva mas altas sus ramas cuanto mas se hunden sus raices, asi en el hombre los movimientos culturales de vuelta a los origenes han sido, con frecuencia en la historia, una plataforma destinada a sustentar la construccion de un futuro nuevo, un futuro que antes de alzarse ha buscado cimientos. Asi Augusto sentó las bases de una Roma nueva sobre la ideologia de una vuelta a la pureza original del "mos maiorum" y el romanticismo aleman creo practicamente la cultura alemana moderna buscando lo originariamente aleman y rechazando la influencia universalista francesa; y ahora, de la misma manera, el sentimiento de lo Indoeuropeo puede desembocar en una nueva identidad europea en el futuro.

Sin embargo, cuando nos dirigimos a contemplar nuestros origenes guiados por ese sentimiento del que hablamos existe entre nosotros y aquellos hombres originarios que contemplamos una diferencia esencial que con frecuencia nos pasa inadvertida. Y es que ellos tenian la estirpe como cuestion de hecho, nosotros la tenemos como fenomeno de conciencia, ellos poseian inconsciente y espontaneamente su sangre, nosotros la buscamos conscientemente, ellos vivian en ella, nosotros volvemos hacia ella. En principio el ethnos no forma parte del campo de la conciencia de los pueblos sino de su ser ya dado, de su inconsciencia; es cierto que los pueblos poseen un sentimiento de identidad e incluso que puede haber comportamientos geneticamente inducidos que tiendan a preservar la identidad étnica, como sugieren los sociobiologos, pero son éstos sentimientos y comportamientos sobre los que no se reflexiona ni se hace ideologia, sino que simplemente se albergan y practican, tal vez se pueda decir que los pueblos originariamente no son patrioticos, pero se comportan como tales. Otra cosa es el sentimiento como nosotros lo profesamos convertido en principio de la conciencia, de la ideologia y de la programacion social.

Y esta constatacion nos lleva ya a enfrentarnos con la dualidad sangre/conciencia. Spengler distinguio en la vida de los pueblos dos dimensiones en silenciosa relacion: la parte inconsciente o etnica simbolizada en su terminologia por la palabra "totem" y la parte consciente y normativa "tabú", y asi entronizo la oposicion entre varias parejas de contrarios, como raza e idioma, tiempo y espacio, que vienen a perfilar la distincion esencial entre corriente de "existencia espontanea" y "conciencia vigilante", lo que nosotros llamariamos "sangre" y "conciencia". La etnia, la sangre, es el torrente vital que el hombre en cada caso es pero que no percibe, la conciencia, por el contrario, es aquello que el hombre advierte claramente, el mundo que tiene ante sus ojos y con el que se relaciona mediante la actividad consciente. Y he aqui que entre la sangre del hombre y su conciencia hay un divorcio, consecuencia de la tendencia intrinseca que lleva a la conciencia a alejarse de la sangre, de su sangre.

La conciencia aboca al hombre hacia las cosas de fuera, al espacio en el que encuentra a mano las cosas del mundo de las cuales se "encarga", al quehacer que es tanto el hacer cotidiano como el penoso construir la historia. Desde luego el mundo de la conciencia, su hacer y su saber, no puede proceder mas que de la sangre, es en ultima instancia tambien sangre. Incluso sus capacidades cognoscitivas y tecnologicas las debe el hombre a su naturaleza biologica formada en el lento cuajar de la sangre a traves de milenios y heredada despues por cada uno. Pero la conciencia tiende a independizarse cada vez mas destacadamente de sus fundamentos biologicos cerrandose sobre si y arrojandose al mundo de las cosas.


En primer lugar la conciencia tiende a separarse de lo inconsciente, del torrente biologico subyacente, designandose con el termino "yo" exclusivamente a si misma, excluyendo a su sangre, a su cuerpo, a su historia, renegando de toda determinacion que la naturaleza del organismo al que pertenece produce en ella. Desligada de esta sujecion la conciencia se concibe como infinitamente libre, indeterminada, aerea y se lanza jubilosa al espacio brillante que tiene ante los ojos en el que estan las cosas hechas de materia que se le ofrecen para ser manipuladas y utilizadas. De esta forma la conciencia; pero detras de ella, no se olvide, la vida funda sus dos categorias esenciales: el "yo" y la "materia", esta ultima manifestada en su ser utilizada practicamente como "economia". Mediante la economia el "yo" pone las cosas a su servicio e, imponiendo una naturaleza nueva sobre la naturaleza, construye la base material de esa nueva capa del ser que llamamos "mundo", el conjunto de cosas y formas en las que el hombre cotidianamente habita. En el mundo los arboles estan reemplazados por casas, la tierra por asfalto, el sol por lamparas, la piel por vestidos, los instintos por leyes. Y finalmente los pueblos, las familias y las personalidades son sustituidas por individuos libres e iguales, por "yoes" indeterminados.

Es facil reconocer en este proceso dos aspectos. Por un lado la inevitable actividad de construccion tecnica, social y moral a la que el hombre no puede renunciar porque a ella lo empuja su constitucion como una extremacion o una escrecencia patologica de esta tendencia, las caracteristicas de esto que hoy se llama "civilizacion occidental". Esta civilizacion de nuestros contemporaneos, mezcla de espiritu prometeico europeo y monoteismo cristiano, tiene como rasgo especifico la sustitucion de la sangre por la conciencia, de la naturaleza por el "mundo", de la raza por el "yo". Y a esta sustitucion radical es a lo que llamamos racionalismo.

III

 

Si en principio la conciencia ha actuado sencillamente de espaldas a la sangre, esa misma actitud tiene que llevarla tarde o temprano a actuar contra la sangre. En su transformacion del mundo y de las condiciones de la vida humana, la conciencia influye retroactivamente sobre la sangre y la altera. La moderna ciencia de la genetica nos ayuda a comprender esto, lo que equivale a mostramos cuales son las consecuencias biologicas del racionalismo social: la mezcla biocultural producida por el imperialismo y el universalismo, la esterilidad, la disminucion y el envejecimiento de la poblacion, efecto de la igualacion de los sexos y del hedonismo individual, la suspension de la seleccion natural y la acumulacion de taras hereditarias debidas a la actividad aunada de los avances medicos y del igualitarismo que hace imposible la adopcion de medidas tecnicas; incluso una antiseleccion social podria estarse produciendo. El mundo que la conciencia ha creado amenaza con destruir nuestro patrimonio biologico, nuestro ethnos. Pero al destruir la sangre, la conciencia esta menoscabando las condiciones biologicas de su misma existencia, porque tambien ella es producto de la sangre y habita en ella; asi en un fabuloso "feedback" negativo, la conciencia cava su tumba, o si se prefiere, la civilizacion se autodestruye.

Realmente la conciencia va mas lejos, no se limita a ignorar la sangre y a actuar objetivamente contra ella. Llega a aborrecer explicitamente la sangre tan pronto como percibe que las tentativas de ésta por volver amenazan su "status", su soberania ilimitada y su libertad infinita, y que ademas ponen en peligro el mundo establecido por  el capitalismo o el comunismo. Entonces la conciencia azuzada contra la sangre ataca con toda su ferocidad ideologica, y la palabra "raza" se convierte en "nomen orvisum" termino aborrecible.

A pesar de todo esto la conciencia, como es andarina, de tanto andar termina tambien por toparse con la sangre. Y ahi tenemos ni mas ni menos como ciencias como la genetica, la etologia, la sociobiologia que, producto indudable de la conciencia, se encuentran de lleno con la sangre. O tal vez es la sangre la que a traves de la conciencia se encuentra consigo misma, tras prolongada enajenacion se hace consciente de si misma. En los momentos criticos en los que la conciencia esta minando los fundamentos del pueblo y por tanto del mismo modo sus propios fundamentos, la sangre se alborota y salta a la cara, a la vista, tira de la conciencia. y asi por mil vias diferentes, a traves del nacionalismo, del romanticismo, del sentimiento de la naturaleza, de la ciencia, de la filosofia o de lo que sea, el sentimiento étnico se abre camino en la conciencia como principio de la conciencia. El hombre inicia inevitablemente su retorno a la sangre. A traves de la conciencia.

IV

 

Este hecho, el hecho de que la vuelta a la sangre haya de darse a traves de la conciencia tiene importantes consecuencias. Significa en primer lugar que el cambio del mundo moderno solo puede darse a traves de la forma de ser del mundo moderno. El ethnos como mero hecho esta en el pasado pero el ethnos como principio esta en el futuro, en el desarrollo ultimo de las tendencias del mundo contemporaneo que apuntan hacia la superacion de éste. La historia es una via de direccion unica, si se intenta ir hacia atras se vera uno arrollado por la corriente; en la linea del tiempo todas las posibildades estan siempre en el futuro. La racionalidad, si bien en su aberracion racionalista, impera en nuestro mundo y a traves de ella ha de regresar la sangre.

En segundo lugar esta constatacion y la relacion general que venimos desvelando entre sangre y conciencia pueden ayudarnos a entrar en otro problema que en realidad es el mismo: la relacion entre el componente consciente o racional de la comunidad (el Estado, el derecho) y el componente espontaneo y vital, o sea el pueblo, el ethnos.

Tenemos que afirmar ahora como hemos hecho siempre, que el estado es creacion del ethnos, que las posibilidades de un estado dependen de las capacidades del pueblo que lo sustenta. El estado no cae del cielo, las leyes no salen de la nada, el uno y las otras son la obra del sustrato humano colectivo que llamamos "etnia". Pero esa misma tendencia de la conciencia y de la razon a huir de las determinaciones de la sangre hacia la libertad pura se manifiesta tambien, como una repercusion, en el Estado y el derecho. El Estado tiende a pensarse autosuficiente, fin en si mismo y creador de toda la realidad social, siendo en realidad la etnia la que lo engendra a él y la que en su desenvolvimiento historico produce la sociedad y la cultura. De esta forma el Estado, fiel al signo de los tiempos, se aleja tambien de la sangre y deja de sentirse ligado a un pueblo. El Estado es entonces la realidad en si, el ser permanentenente mientras el pueblo es solo un relleno variable: tanto da que un estado sea rellenado con mongoles o con bantues, seguira siendo siempre identico a si mismo, como el "yo" es siempre identico a si mismo, independiente de las determinaciones bioculturales. Desde luego esta dinamica del estado es consecuencia inmediata de la dinamica de la conciencia de la transformacion del hombre; habiendose convertido éste en un individuo indiferenciado, el estado solo puede ser ya el continente de individuos abstractos.

El estado racionalista es asi el estado imperialista, el gran destructor y gran amalgamador de etnias. No es ya tal estado o tal otro, sino "el Estado", que en el fondo es el mismo en todas partes, de manera que empieza a parecer logico que todos los estados sean disueltos en "el Estado", en el estado mundial.

Ahora bien, el estado sigue como conciencia colectiva los mismos pasos que la conciencia individual y tambien llega a darse cuenta de que al desnaturalizar su contenido, el ethnos, esta cavando su tumba y condenandose a muerte. Surge entonces, tambien aqui, el ethnos como voluntad politica, surge una idea de estado que pone al estado a la luz de la sangre devolviendolo a su funcion original de instrumento de un pueblo, de organizacion que un pueblo se confiere para poder cumplir mejor su destino historico. Pero es evidente que el triunfo de esta idea sera justamente el triunfo de una voluntad politica de estado que, asumiendo el poder del estado y como estado, vuelve a fundar el ethnos; esta voluntad politica instala en la comunidad el ethnos como conciencia etnica y legislativa, instaura un derecho de acuerdo con este nuevo sentido politico la vuelta al ethnos se hace de nuevo a traves de la conciencia, a traves del estado y del derecho, no contra ellos. Y en este retorno la sangre y la conciencia se encuentran cara a cara y se abrazan, aquélla se expresa en ésta, ésta conduce a aquélla.

V

 

Nadie negara hoy en dia que el hombre con frecuencia utiliza y dilapida el potencial de la naturaleza que tiene a su alrededor sin preocuparse adecuadamente de cuidarlo y reponerlo; esa es la dinamica de la conciencia vigilante que no solo reniega de la sangre sino tambien de la tierra, de su nicho ecologico. Pero nadie se atreve a confesar que de manera similar el hombre explota el potencial del ethnos sin preocuparse de su conservacion y su reproduccion. El hombre explota el potencial de su herencia genetica (su capacidad fisica, animica, intelectual) de la misma manera que explota un bosque o una laguna, y de la misma manera lo desatiende. Ha empezado recientemente a reconocer su ligazon con la naturaleza circundante pero no quiere reconocer aun que él es tambien parte de esa misma naturaleza y no exclusivamente conciencia pura. De cualquier manera, antes o despues, la conciencia topa con la sangre, en la ciencia por ejemplo, cuando la sangre sale de la inconsciencia vital y se le presenta ante los ojos en forma de genes y helices enroscadas. Y, sin embargo, aunque la sangre y sus exigencias se le presenten al hombre ante los ojos de forma cada vez mas pregnante. ¿que haria al hombre querer retornar a la sangre?.

El hombre puede hacerse consciente de su dependencia de la sangre, de que explota y derrocha las potencias de la sangre para satisfacer las exigencias del "yo", de que las dilapida mezclando el ethnos, dejando de reproducirse, pero ¿que le haria querer volver a tratar con el ethnos salvo tal vez el ansia de supervivencia del "yo" en los casos improbables en los que la decadencia inducida ponga en peligro la existencia individual misma?. Pero esos casos son, como decimos improbables: en las epocas de decadencia, en el momento en que habria que tomar las medidas, nadie siente amenazada su existencia individual, las amenazas recaen todas en el futuro por eso no se toman las medidas. cuando la vida de cada uno esta ya amenazada suele ser demasiado tarde. Aunque se tope con ellas, el hombre, tal como es hoy, no volvera a la sangre y a la tierra por el solo hecho de tenerlas delante.

No es suficiente darse de bruces con la sangre, tenerla a la vista, siempre cabe hacer la vista gorda, decir que no se ve, "que no esta claro", es necesario que se quiera regresar hacia ella. Pero nuestro contemporaneo es el "yo" puro, infinito, fin en si mismo, libre e igual, celoso de su desarraigo, de su ausencia de compromisos; es, en palabras de Nietzsche la "paraseidad pura, o sea, la todavia pura", en palabras de Heidegger "el olvido del ser" y la "existencia inautentica", es el dar la espalda al ethnos y a la tierra para construir los castillos de papel de la economia.

Y es que el ethnos y la tierra pertenecen al ambito de lo supraindividual, de aquello que el "yo" no puede soportar, porque siendo fin en si mismo esta incapacitado para ofrecerse, para ofrendarse a algun principio superior, a algun ambito trascendente con relacion al individuo. E incapaz por su constitucion mas intima de devolverse al ser que esta mas alla de él mismo y de religarse con él. Esta incapacidad para toda trascendencia lo destina a la trivialidad de la vida cotidiana inautentica, al economicismo, al materialismo, y esta trivialidad es exactamente lo mismo que la irreligiosidad.

En efecto, si el hombre ha volver a la sangre y a la tierra ha de hacerlo para encargarse de ellas, para conducirlas convirtiendose en eso que Heidegger llama "pastor del ser", y esto supone guiarlas hacia algun sitio, forjar un destino al que él se adhiere como a algo que esta por encima de si. Al cuidar del ser a traves de su ciencia, de su poesia, de su estado, el hombre tiene que querer trascenderse como individuo hacia principios superiores. Y este trascenderse supone un ligarse a la naturaleza, al ethnos, al destino, y este ligarse es un reinsertarse, un religarse a los habitos del ser de los que habia desertado la conciencia errabunda. Y este religarse es religion. Solo si el hombre recupera, mas alla de la trivialidad de su vida particular, el sentimiento de lo sagrado, de la sacralidad del ser ante el que es responsable, de la sacralidad del destino al que tiene que acercarse con su trabajo historico, puede querer salir del recinto aislado del "yo" y solo asi puede querer volver a la sangre.
La conciencia y la ciencia del hombre se encontraran con la raza y el ethnos y señalaran el camino, pero el hombre solo volvera a ellas si quiere andarlo, por eso solo retornara al ethnos si quiere antes volver a la religion.

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