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En broma en broma y como quien no quiere la cosa
resulta que la parejita Tom de Falco
& Paul Ryan llevó a
cabo en la década de los ochenta una singladura de más de cincuenta números dentro
de la serie regular de los 4F, tomando la colección tras la exitosa etapa de Simonson y no dejándola hasta la aparatosa llegada de ese
experimento llamado Onslaught que acabó degenerando
en el Heroes Reborn.
Cuando se habla de los 4F es frecuente oír
merecidas alabanzas sobre la gran labor realizada por Lee y Kirby, Byrne, Simonson pero… ¿Qué pasa con esa larguísima
etapa De Falco / Ryan?
Sinceramente, creo que se trata de un momento dentro de la serie regular
injustamente poco valorada.
Las habituales apariciones de Galactus
o el Dr. Muerte o las consabidas
incursiones en la zona negativa o contra los Skrull
estaban llegando a un punto muerto, carente de interés para el lector. Al
igual que ocurría en otras colecciones Marvel, Amazing Spiderman por citar
sólo una de las top ten, era necesario volver a
sorprender. Se echaba de menos una historia bien fundada, pretenciosa, un
desarrollo de los personajes correcto y ambicioso a la vez que respetuoso con
la sacrosanta continuidad, nuevos secundarios, villanos, etc. Pues bien, la
pareja citada logró todo ello y más. Para empezar aportaron una sensación de
saga indiscutible, esto es, dotaron al conjunto de su aportación a la
historia de los 4F de un hilo conductor que une toda su trayectoria, esos más
de cincuenta números. Que no son pocos.
Ya no eran episodios sueltos, que el lector más
experimentado relacionaba con la etapa más clásica de Stan
Lee y Jack Kirby. Eran
nuevas aventuras de los Fantastic Four, y no sólo por el avance en la numeración del vol.1. Le estaban pasando cosas al más famoso cuarteto de
Marvel, y muchas. Ya era hora.

Es cierto que durante la etapa De Falco & Ryan apareció por
enésima vez en la historia de los 4F el Devorador de Mundos o el Señor de Latveria, pero no fueron apariciones más o menos
gratuitas como aquellas a las que etapas grises anteriores nos tenían
acostumbrados. Todo obedecía a un plan, un argumento bien elaborado que
gustará más o menos pero que, el lector exigente, anhelante de historias bien
elaboradas, poco más puede hacer que agradecerlo.
No tan sólo socavaron los cimientos de la familia
por excelencia dentro de la Casa de las ideas con la hasta entonces
impensable desaparición del pater familias Reed Richards, sinó que dieron rienda suelta a un matriarcado,
destapando lo que Byrne ya insinuó, esto es: que Sue era algo más que una proyección de las, por decirlo
finamente, concepciones machistas imperantes en los USA de los 60,
concepciones a las que Lee y Kirby no supieron, no
pudieron o no quisieron sustraerse.
La presunta muerte de Reed tras su
enfrentamiento con el Dr. Doom suponía un vacio de liderazgo que fue brillantemente asumido por Sue y además generaba otra carencia, ya que hacía falta
una mente científica capaz de suplir la ausencia del brillante intelecto de Mr. Fantástico (de hecho, ese es el verdadero poder de Reed Richards). ¿Quién sería el
elegido? Scott Lang, el
cual, humilde al verse siendo parte integrante de los 4F, desarrolló un papel
importantísimo, llegando incluso a salvar en más de una ocasión a sus
compañeros.
No fue esa la única modificación en la clásica formación de los 4F. Si
bien Simonson en su día nos presentó con motivos
descaradamente comerciales a unos nuevos 4F (Motorista Fantasma, Spider-man, Lobezno y Hulk), De Falco sitúa a
personajes tan dispares y difíciles de imaginar dentro de los 4F como Namor, Lyja o Kristoff, hijo adoptivo del Dr. Muerte, con una idea en
la cabeza: hacer evolucionar al grupo, sacudir a los lectores y hacer
despertar a la serie regular de un letargo que se estaba volviendo un pelín peligroso.
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Obviamente, nuestra pareja credora
no se contentó con los mencionados cambios de formación en el cuarteto, la
presunta muerte de Mr. Fantástico o con pasar el
rol de líder a Sue, hechos ya de por sí suficientemente innovadores,
sinó que puestos a innovar, se embarcaron en un gran desarrollo de
secundarios, tramas y subtramas, lo cual les
permitió, a diferencia de autores anteriores, no conformarse con hacer
segundas partes de historias ya escritas anteriormente por Lee, Byrne, Simonson o cualquiera de
los guionistas anteriores, sinó que fueron un paso más allá, o dos, o tres, y
en un ejercicio de imaginación que ya era del todo necesario en la colección se
embarcaron en giros argumentales como casar a Johnny con la eterna novia de La Cosa, Alicia, la cual
quedó embarazada, pero claro, no se
trataba de Alicia, sinó de una Skrull: Lyja; el padre de Richard, Nathaniel,
va y secuestra a su nieto Franklin; Namor le suelta
los tejos a Sue al ver el campo libre sin Reed; el mismísimo hijo adoptivo del Dr. Muerte es parte
integrante de los 4F y flirtea con la hiia de Scott Lang, etc…
bueno, en fin, que intentaron avanzar y lo lograron.

Cómo es lógico también encontramos momentos flojos en la etapa De Falco & Ryan, quizá el más
digno de olvido sea la Saga de Atlantis, un crossover que si bien sólo afectó a dos números de la
serie regular de los 4F, el 401 y el 402, supone un punto negro pues el
habitual ágil guión pierde frescura y se complica en excexo.
Si bien la idea original del crossover parecía
interesante se les escapó de las manos no sabemos si por sus propios fallos o
por las intervenciones de terceras personas (Gruenwald,
Macchio...) inevitables en todo crossover.
Dejando aparte esos dos números pertenecientes al crossover,
el nivel general de la etapa es altísimo, aunque parece ser que no se valora
así por el resto de público y crítica. De hecho, guionistas posteriores
parecen renegar de la etapa, por poner sólo un ejemplo personajes como Nathaniel, capaces de dar mucho juego, han sido borrados
del Universo Marvel y se han convertido en poco
menos que un tema tabú casi, casi a la misma altura que Ben
Reilly en las colecciones de Spider-man.
En fin, yo la recomiendo.

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