PREVIO AL TEMA
El procedimiento
de "hablar o escribir en difícil",
considerado por algunos como prestigioso, es,
generalmente, un modo de encubrir
la falta de claridad
o la ignorancia de quien lo emplea.
Si el autor no sabe con exactitud
el significado
de sus propias palabras, menos accesibles
han de resultar aun para el sufrido
lector.
Arturo Aldunate Phillips
En diciembre de 1998 di unas Conferencias en la austral ciudad de Puerto Montt, Chile y en una de ellas enfaticé:
Entre la larga lista de notables del mundo, hay diez personas que más admiro:
1. Pitágoras. Un gran iniciado, Maestro que decía que las cosas del Templo no deben tratarse en la plaza pública y las de la plaza pública no deben discutirse en el Templo.
2. Leonardo da Vinci, un súper genio visionario muy adelantado a su época.
3. Giordano Bruno, sacerdote muerto en la hoguera el año 1600 por decir que la Tierra no era plana ni el centro del universo. Por agregar que había vida en otros planetas que giraban en torno a otras estrellas o soles, vida en muchos casos superior ética, física y moralmente a la nuestra, y por explicar tan sabiamente la reencarnación.
4. Beethoven, quien estando sordo mientras componía la suprahumana parte coral de su novena sinfonía, dijo: "Aun no se han levantado barreras que digan al entendimiento humano de aquí no pasaréis".
5. Teilhard de Chardin, padre jesuita que defendió la vida en otros planetas, visionó el ascenso de la humanidad hacia una Súper-Humanidad y explicó el año 1925 la NOOSFERA o capa mental que rodea el planeta, fruto de los humanos pensamientos.
6. Einstein, el cerebro más desarrollado; el más grande Genio y como tal el más sencillo. Para él: La luz es la sombra de Dios.
7. Eliyahu Rips, un destacado matemático cuántico actual de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien descubrió, gracias al computador y su inspiración, el CÓDIGO SECRETO DE LA BIBLIA, creó un programa computacional para interpretarlo y tuvo la valentía de darlo a conocer. Mientras trabaja en sus investigaciones sobre el CÓDIGO SECRETO de la Torah (los cinco libros recibidos por Moisés), siente una presencia superior que lo acompaña y guía...
A estas siete personas, para completar los "top ten", debo agregar tres seres nacidos como Maestros en la India:
8. Vivekananda
9. Krishnamurti
10. I. K. Taimni
Alfa y Omega. En mi personal percepción, por sobre todos ellos, el Alfa y Omega como principio y fin de la humana Evolución representa al Enviado, para mi, el máximo ser que nos ha visitado y volverá.
Enciendo o energizo el computador como considera correcto decir un amigo Ingeniero informático, activo el sistema musical cuadrafónico y en el programa reproductor puesto para ambiente de Concert Hall inicializo los Conciertos para violín de Bach. Los acordes musicales en su perfecta armonía me llevan a pensar en Einstein, con su violín y superior sapiencia sobre Bach, es decir, estoy pensando en el más grande genio "humano" que en muchos de mis escritos he mencionado, en especial mediante sus "deprofundis" citas. Es tanta la admiración y respeto del mundo de la Ciencia que ellos hablan de una era newtoniana o preeinstiana y la era científica desde Einstein. Entonces veo, mejor dicho visualizo un título para el nuevo escrito 113:
Einstein el hombre venido del futuro
Como carezco de miedo escénico y, para algunos soy irreverente, en especial con el paradigma lineal de pensamiento, me largo a la piscina del escribir previo decirme a mi mismo: ¿Por qué no? ¿Qué me impide rendir un profano homenaje a quien desde niño admiré? Lo haré como tributo de MUNDO MEJOR escrito por un neófito no iniciado en matemáticas y menos aún en física teórica, con la esperanza que ese pensamiento de un gigante del pensar, en alguna medida nos motive a Pensar Mejor.

Yo nada que ver con física y así, con comprensión, me vería
el Gran físico ante tamaña ignorancia.
Total, la SONRISA no depende de la capacidad cerebral y en
todos tiene una similar superior energía que nos iguala en la mágica fórmula
E=mc²
La SONRISA supera cualquier barrera y conocimiento y es la mejor ayuda para el más grande Conocimiento como lo es el de lograr CONOCERSE A UNO MISMO.
*
* *
Un "E-mail" que me dejó pensativo
No juzgues cada
día por lo que cosechas,
sino por las semillas que siembres.
Louis Stevenson Robert
Subject: !!!
Date: Sun, 31 Aug 2003 15:45:47 +0200
From: Barcelona, España
Hola:
He aquí el que sembraba salió á sembrar.
Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.
Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra: Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz.
Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.
Quien tiene oídos para oír, oiga.
Mateo 13:3-8
Jesús ha dicho: He aquí que el sembrador salió y llenó su mano con un puñado de semillas, y las esparció. Algunas, por una parte, cayeron en el camino y vinieron los pájaros, las recogieron. Otras, cayeron sobre la roca y no arraigaron en el suelo ni hicieron crecer espigas hacia el cielo. Y otras cayeron entre espinas, estas ahogaron la semilla y el gusano se las comió. Y otras cayeron en buena tierra y produjeron buen fruto hacia el Cielo, rindió sesenta por medida y ciento veinte por medida.
Log.9. Evangelio según TomásDos versiones de una misma parábola......... me gusta más la de Tomás!!
Leyéndola en estos momentos no pude evitar pensar en lo que haces tú con tu pagina Web........... sembrar semillas. Algunas caen en suelo árido, otras en corazones con buena tierra........... ¿te das cuenta de lo maravilloso que hacemos en el día a día? sembrando en nosotros sembramos en otros.......... ¡¡¡he ahí la sabiduría!!!¡¡¡¡Te admiro amigo!!!!
A..
***
| A
través de su relato el autor nos lleva paso a paso en el Conocimiento
de las distintas religiones y el Saber
Vaya
entonces mis felicitaciones por el gran esfuerzo al escribir este
libro en forma tan elevada, y el deseo
Tu
madre. |
*
* *
CiberOpiniones sobre el escrito 113 al postcierre de página
Subject: Re: 113
Date: Fri, 12 Sep 2003 21:27:51 +0000
From: Argentina
Mi querido Iván:
Acabo de leer tu escrito 113, me parece realmente bellísimo, por su simpleza,
por su claridad y por la honestidad no carente de humildad que se refleja en
cada una de tus palabras. Si la gente te admira es porque te lo mereces, no
reniegues de esa admiración ni digas que es inmerecida porque es como negar
las virtudes y los dones con que el Supremo Hacedor te ha dotado y no por casualidad,
sino para un fin determinado. Naturalmente que a veces no entiendes por qué
se te admira por algo que para vos es natural y cotidiano, te diría, pero esto
me hace recordar algo que decía un sacerdote cuando era niña, él decía que Dios
hacía su creación bordando, así es, Él bordaba y nosotros, desde abajo veíamos
un montón de hilos y nudos informes que formaban un garabato inentendible, era
lógico, nosotros desde abajo veíamos el revés del bordado, el derecho, la magistral
obra, con todos sus matices solo podía ser visto desde arriba y esa visión solo
la tenía el que realizaba el bordado.
No te idealizo, no idealizo a nadie pues vivo en un mundo real y no ideal,
pero te admiro muuuuchooo!!!!!
Un abrazo desde Argentina
A...
Subject: Saludos
Date: Sat, 13 Sep 2003 01:38:48 -0400
From: La Habana, Cuba
Iván: Tu escrito No. 113 a partir de Einstein me ha conmovido hasta
la médula.
¡Mira que siempre comento algo de tus trabajos...! Bueno, amigo mío,
después de leer este monumento mayéutico, me he quedado como en un estado de
perplejidad, los codos sobre la mesa, las manos sosteniendo la cabeza, la mirada
fija en un punto inexistente en la computadora y el cuarzo de la 4ta Región
cordillerana que me enviaste hace tiempo, catalizando nuestra comunicación más
allá de circunstancias tecnológicas.
El único vocablo que viene y habla por todo mi ser es ¡OM!
Un abrazo, Guillermo
COMENTARIO
Según Shakespeare cuando un cielo está oscuro solo se aclara con una tormenta. La nube sobre los privados Santuarios humanos oscurece nuestra percepción de la realidad. La tormenta es inminente previo a la llegada de la Luz. De cada uno depende con sus pensamientos hacer un cielo de un infierno. Y pensar cuán buena tierra hay... Qué grato resulta a este humilde sembrador -y nada más-, que tiene por misión en su andar la noble misión de sembrar semillas que no le son propias, el poder, en vida, apreciar cuánta buena tierra encontró en su caminar. Ustedes CiberLectores honran esta página...
*
* *
Porque nada hay
encubirto,
que no haya de ser manifestado;
ni oculto que no haya de saberse.
Lo que os digo en tinieblas
decidlo en la luz...
Mateo 10: 26
Leer el comentario personal precedente
me motiva a decir que toda Fuerza mental tiene dos polaridades,
una sustentada en partículas densas que son, para el ciclo
de vidas transitorias y otra sustentada en
partículas sutiles que son y serán las definitivas. Muchas
vidas hemos necesitado para ir, gradualmente
sustituyendo lo transitorio por lo definitivo, proceso que
en este período de tiempo se acelera como
veremos más adelante y he dejado destacado en varios títulos
precedentes. La Fuerza mental densa que
lleva hacia el Apocalipsis podemos, con nuestro mejor pensar
potenciado por factores cósmicos, llevarla
hacia su lado de Luz o ANTIAPOCALIPSIS; la Fuerza mental
densa que lleva al Caos podemos orientarla
hacia el ANTICAOS. Cada día son más los que salen del letargo,
se apartan del rebaño que conduce al
hombre-masa y en su despertar, de manera intuitiva lo entienden
e intentan Pensar Mejor. Aumenta en la
Tierra el número de lámparas encendidas que se aprecian desde
el espacio exterior, son el reflejo de un
aura cada vez más dorada cuya radianza da Luz, no tan sólo
por niños que así nacen en una mutación
positiva para el Cambio, sino por adultos que sufren un proceso
transmutativo que en alguna medida el
pensamiento de Einstein nos podrá ayudar a entender mejor.
Ese pensamiento quedará expuesto a
continuación y cada uno, por sí mismo verá cuánto de él discierne
y cuánto en su libre albedrío incorpora
para PENSAR MEJOR. Las densas nubes que nublan nuestro Santuario
interior las podemos anular no
con una tormenta sino con la propia Luz interior que se activa
con el proceso del Pensamiento Positivo.
Nadie puede pensar por uno, por lo tanto cada uno se hace
responsable de lo que en el futuro será, dado
que lo que desde hoy uno piense eso mañana uno será.
*
* *
DESARROLLO
El Hombre no es
centro estático del mundo
como se ha creído por mucho tiempo;
es eje y flecha de la Evolución,
lo que es mucho más bello.
Pierre Teilhard de Chardin
No es el cerebro humano la fuente de nuestros pensamientos. Para entenderlo mejor veamos esta analogía: El cerebro actúa cual computador central biológico de la red corporal, red a la que están conectados miles de millones de computadores periféricos llamados células. Esta extensa red es dirigida desde otro plano por un computador sutil llamado mente, fuente de los pensamientos cuyos programas mantienen, mejoran, ponen a punto y hacen crecer al cerebro. Cada mejora y crecimiento cerebral significa una mayor acción o manifestación mental, pues la mente se manifiesta en proporcional grado según sea la capacidad cerebral del individuo. Ello sucede mediante un constante intercambio energético cuántico entre ambas realidades, siendo a su vez la mente el vehículo intermediario del alma, ubicada en una realidad aún más sutil, creadora de la mente para ponerse en contacto con la realidad del mundo exterior. Es la energía, fuerza e información del alma la que nos permite en esta vida ser y pensar. Y es el libre albedrío el que nos faculta a pensar y ser mejores permitiendo con ello gozar de un mejor y actualizado computador biológico llamado cerebro, dado que somos los únicos programadores de la mente y los únicos ingenieros informáticos para nuestro cerebro. Sin la energía del alma manejada por la mente el cerebro no sería y nosotros no hubiéramos nacido, a su vez sin el cerebro la mente no podría poner en contacto al alma con el mundo. Somos más, mucho más que un cuerpo que piensa mediante el cerebro: Somos un eterno e inmortal espíritu con un alma evolucionando en cuerpo físico.
En 1905 Albert Einstein teorizó que la masa y la energía pueden intercambiarse de acuerdo con la ecuación: E=mc² donde "E" es la cantidad de energía necesaria para producir una cantidad de masa "m" y c=2.998 x 108 m/s (velocidad de la luz en el vacío). Alternativamente "E" es la cantidad de energía que puede producirse de una masa "m". La ecuación masa-energía de Einstein ha sido verificada experimentalmente tanto en reacciones nucleares como en reacciones con partículas elementales y esta mágica fórmula o ecuación masa-energía revolucionó la física y el mundo de la Ciencia.
Quien elaboró esta mágica fórmula de una belleza tal en su aparente simpleza no vista antes, inició el siglo XX manifestando una filosofía de vida notable, enmarcada en una religiosidad sublime que unió Ciencia con Religión y expresada en conceptos cósmicos traídos del futuro para ser entendidos en el presente, reflejando como sombra esa Luz que es la Sombra de Dios.

¡Genial!
Al menos en esto, desde Quilpué,
puedo pensar de manera similar al Genio Albert Einstein, premio Nobel de Física en 1921 por sus estudios
sobre la aplicación de la nueva teoría cuántica en el efecto fotoeléctrico.
Nacido el 14 de marzo de 1879, en Ulm, Alemania y fallecido el 18 de abril de
1955, en Princenton, Estados Unidos.
De niño Einstein preocupó a sus padres por lo tarde que empezó a hablar, sin embargo su abuelo dijo de él: "Quiero a ese muchacho porque es imposible imaginar lo bueno y lo inteligente que se ha vuelto". En la edad escolar H. Minkowski, su profesor de matemáticas en Zurich, comentó de él: "Brillante... pero perezoso". Su profesor de griego le sentenció: “¡Nunca llegarás a nada!”. A los trece años ya había leído las obras de Kant, que le parecían tan sencillas a pesar que para la mayoría resultaban incomprensibles. De joven, una vez graduado, con escaso dinero a su haber decía: Si alguien viviese como yo, las novelas románticas no habrían existido nunca. En mis teorías sitúo un reloj en cada punto del espacio, pero en la vida real apenas puedo permitirme el lujo de comprarme uno para mi casa. Ya famoso, como profesor emérito en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton dijo: Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad.
Einstein decía que a la hora de describir cómo elaboraba sus teorías científicas, las palabras no parecían jugar ningún papel, sino que percibía imágenes visuales mas o menos claras. Es decir de manera natural Einstein utilizaba la Visualización, don que cada uno puede usar en forma consciente. Antes de morir había pedido que su cuerpo fuese incinerado o cremado, pero que el cerebro se reservara y conservara para su estudio. Así se hizo y Einstein, en su genialidad, por algo donó su cerebro a la ciencia para que fuera investigado después que él hubiera muerto. Morfológicamente ese cerebro era similar al de la mayoría de las personas, pero las áreas relacionadas con el cálculo presentaban hasta un 15 por ciento más de desarrollo, y un significativo número superior de células neuroglia, células a las que ya no tan solo se les atribuye ser sostén de las neuronas sino que además importantes en la química cerebral. La Dra. Diamond estudió el cerebro de Einstein y descubrió que tenía un 73% más de neuroglias que la media humana. La neuroglia es importante, y podemos con nuestra positiva actitud mental aumentar cada vez más su número, colaborando con ello a un mejor desarrollo cerebral y una mejor manifestación mental. En junio de 1999, investigadores de la Universidad McMaster de Ontario, Canadá, encontraron que el cerebro de Albert Einstein tenía algunas peculiaridades morfológicas que podrían haber influido en su gran capacidad de pensamiento espacial, matemático y, además, carecía de una fisura común que separa dos regiones del cerebro, lo que pudo haber proporcionado a sus neuronas una mayor rapidez y capacidad de intercomunicación.
El equipo de la doctora Sandra Witelson, de la Universidad McMaster, en Hamilton, Ontario, ha comparado ahora las características anatómicas del cerebro del genio matemático con las de 35 hombres y 50 mujeres con una inteligencia normal. "En general, es similar a todos, excepto en la zona de la región parietal inferior. Debido al mayor desarrollo de dicha área en ambos lados del cerebro, el cerebro de Einstein es un 15 por ciento más ancho que el resto de los analizados". Esta proporción anatómica inusual puede explicar el que Einstein resolviera los problemas científicos de la forma en que lo hizo. Además, al contrario que los demás cerebros, el de Einstein era único en el sentido de que no tiene el sulcus, el surco que recorre en parte esta área. Los investigadores especulan con que la ausencia de sulcus podía haber permitido que un mayor número de neuronas de esta zona establecieran conexiones entre ellas y trabajaran más fácilmente para, así, crear una red funcional muy extensa en la corteza. "Los resultados nos indican que las diferencias entre las personas en su capacidad cognitiva puede estar causada por diferencias en la estructura de su cerebro".
Resumiendo, para los investigadores resalta que:
Las neuronas del lado izquierdo del hipocampo eran más grandes que las del derecho y su tamaño era mucho mayor que el de las células de las personas con una inteligencia media.
Tenía un significativo número global mayor de células neuroglia que cumplen funciones metabólicas, de sostén, de defensa, para formar vainas de mielina en las prolongaciones neuronales y ayudan en la alimentación de las neuronas.
A su vez, la materia gris de la parte izquierda del hipocampo eran mucho menor en cuatro de sus cinco regiones que las del lado derecho.
El área parietal de su cerebro (el área en lo relacionada con el razonamiento de las matemáticas) es 15% más ancho que el promedio normal; además se encontró que el hueco entre los dos hemisferios conocido como sulcus, no es tan extenso en el cerebro de Einstein, lo que se asocia con mayor capacidad de neuronas o mayor facilidad para su trabajo.
Los lóbulos parietales eran 15% más amplios que el promedio.
Lo sorprendente era el mayor desarrollo de la zona dedicada a las funciones matemáticas y la gran concentración que había en ella de neuroglias.
El espesor de su corteza cerebral era menor también, pero con mayor densidad neuronal.
Tenía un número de conexiones neuronales elevadísimo, muy superior a la media.
Pienso que lo mejor para conocer a una persona es saber qué, a los demás, en su Libertad tuvo el valor de decir. Intentaré ofrecer una mínima parte del extenso universo de pensamiento que Einstein en esta vida manifestó. Primero será un conjunto de ideas sobre su avanzada visión de Religión, Ciencia y Filosofía, es decir su visión del mundo, luego cartas y mensajes, algunas preguntas con respuesta, conceptos de la relatividad y campo unificado para concluir con citas y frases célebres que él señaló. Además de conocer opiniones sobre quien él fue en cuanto pensamiento:
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* *
SU VISIÓN DEL MUNDO
Cada hombre es
escultor de su propio cerebro.
Dr. Santiago Ramón y Cajal
¿Cómo se vería la Tierra viajando en un rayo de luz?
Curiosa es nuestra situación de hijos de la Tierra. Estamos por una breve visita y no sabemos con qué fin, aunque a veces creemos presentirlo. Ante la vida cotidiana no es necesario reflexionar demasiado: estamos para los demás. Ante todo para aquellos de cuya sonrisa y bienestar depende nuestra felicidad; pero también para tantos desconocidos a cuyo destino nos vincula una simpatía.
El culto de la personalidad siempre me ha parecido una injusticia. Es verdad, la Naturaleza reparte sus dones con mucha diversidad entre sus hijos. Pero por suerte hay muchos bien dotados, y estoy seguro de que la mayor parte de ellos lleva una vida tranquila y retirada. No me parece justo, ni siquiera de buen gusto, que de todos ellos sólo unos pocos sean desmedidamente admirados, y que se les atribuyan fuerzas espirituales y facultades sobrehumanas. Tal ha sido en efecto mi destino, y hay un contraste grosero entre la capacidad y el rendimiento que se me atribuyen y lo que en realidad soy. La conciencia de tan extravagantes opiniones sería insoportable si no fuera que ellas mismas me dan un hermoso consuelo: regocija el que en una época tan acabadamente materialista se conviertan en héroes a hombres cuyos únicos objetivos están en lo intelectual y en lo moral.
Estoy convencido de que los hombres sobresalientes que -aún cuando restringidos a círculos pequeños- fueron considerados líderes a causa de sus obras, comparten todos el mismo ideal. Sin embargo tienen poca influencia. Parecería que el destino de las naciones debe dejarse inevitablemente en manos de los irresponsables dueños del poder político.
Pienso mil veces al día que mi vida externa e interna se basa en el trabajo de otros hombres, vivos o muertos. Siento que debo esforzarme por dar en la misma medida en que he recibido y sigo recibiendo. Me siento inclinado a la sobriedad, oprimido muchas veces por la impresión de necesitar del trabajo de otros. Pues no me parece que las diferencias de clases puedan justificarse: en última instancia reposan en la fuerza. Y creo que una vida externa modesta y sin pretensiones es buena para todos en cuerpo y alma.
No creo en absoluto en la libertad del hombre en un sentido filosófico. Actuamos bajo presiones externas y por necesidades internas. La frase de Schopenhauer: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere", me bastó desde la juventud. Me ha servido de consuelo, tanto al ver como al sufrir las durezas de la vida, y ha sido para mi una fuente inagotable de tolerancia. Ha aliviado ese sentido de responsabilidad que tantas veces puede volverse una traba, y me ayudó a no tomarme demasiado en serio, ni a mí mismo ni a los demás. Así pues, veo la vida con humor.
No tiene sentido preocuparse por el sentido por el sentido de la existencia propia o ajena desde un punto de vista objetivo. Es cierto que cada hombre tiene ideales que lo orientan. En cuanto a eso, nunca creí que la satisfacción o la felicidad fueran fines absolutos. Es un principio ético que suelo llamar el Ideal de la Piara.
Los ideales que iluminaron y colmaron mi vida desde siempre son: bondad, belleza y verdad. La vida me habría parecido vacía sin la sensación de participar de las opiniones de muchos, sin concentrarme en objetivos siempre inalcanzables tanto en el arte como en la investigación científica. Las banales metas de propiedad, éxito exterior y lujo me parecieron despreciables desde la juventud.
Hay una contradicción entre mi pasión por la justicia social, por la consecuencia de un compromiso social, y mi completa carencia de necesidad de compañía. Soy un auténtico solitario. Nunca pertenecí del todo al Estado, a la Patria, al círculo de amigos ni aún a la familia más cercana: si siempre fui algo extraño a esos círculos es porque la necesidad de soledad ha ido creciendo con los años.
Siempre me pareció una ironía del destino el haber suscitado tanta admiración y respeto inmerecidos. Comprendo que surgen del afán por comprender el par de conceptos que encontré, con mis escasas fuerzas, al cabo de trabajos incesantes. Pero es un afán que muchos no podrán colmar.
Estudio, y en general la búsqueda de la verdad y la belleza es una esfera de actividad, en la cual podemos permanecer como niños toda la vida.
Incluso cuando era un joven bastante precoz, la nadidad [dieNichtigkeit] de las esperanzas y esfuerzos que la mayoría de los hombres persiguen incansablemente en el curso de la vida, se hizo presente en mi conciencia con considerable vitalidad. Además, pronto descubrí la crueldad de aquella persecución, la que en aquellos años era cubierta mucho más cuidadosamente por la hipocresía y palabras rutilantes que lo está hoy. Por la mera existencia de su estómago todos estaban condenados a participar en aquella carrera. Además, era posible satisfacer el estómago mediante esta participación, pero no al hombre en tanto ser que siente y piensa. Como primera salida estaba la religión, la cual es implantada en cada niño por medio de la tradicional máquina educacional. Así, arribé -a pesar del hecho de que era hijo de padres (judíos) enteramente irreligiosos una profunda religiosidad, la que, sin embargo, encontró un abrupto final a la edad de 12 años. Mediante la lectura de libros de popularización científica pronto llegué a la convicción de que mucho en las historias de la Biblia no podía ser verdadero. La consecuencia [de ello] fue un francamente fanático librepensamiento, acompañado de la impresión de que la juventud es intencionalmente engañada por el Estado mediante mentiras; fue una impresión aplastadora. La sospecha contra cualquier clase de autoritarismo se desarrolló [en mí] a partir de esta experiencia, [junto con] una actitud escéptica hacia las convicciones que estaban vivas en cualquier medio social específico -la que nunca me abandonó, aunque más tarde, en razón de un mejor discernimiento de las conexiones causales, perdió algo de su agudeza original.
Es del todo claro para mí que el paraíso religioso de la juventud así perdido, fue un primer intento de liberarme a mí mismo de las cadenas de lo "puramente personal", de una existencia dominada por deseos, esperanzas y sentimientos primitivos. Más allá se encontraba este inmenso mundo, que existe independientemente de nosotros los seres humanos y que nos enfrenta como un gran y eterno enigma, al menos parcialmente accesible a nuestra inspección y pensamiento. La contemplación de este mundo me hacía señas como una liberación, y pronto me di cuenta de que muchos de los hombres a quienes había aprendido a estimar y a admirar habían encontrado libertad interior y seguridad en aquella devota ocupación. La captación mental de este mundo extrapersonal dentro del marco de las posibilidades dadas, se constituyó para mí, medio consciente y medio inconscientemente, en el fin máximo. Hombres similarmente motivados del presente y el pasado, así como los atisbos que ellos han logrado, fueron los amigos que no podían perderse. El camino a este paraíso no fue tan confortable y atractivo como el camino al paraíso religioso; pero se ha demostrado como digno de confianza, y nunca me he arrepentido de haberlo tomado.
En el templo de la ciencia hay muchos tabernáculos, y muy distintos entre sí son, por cierto, quienes a ellos acuden acuciados por motivos bien diversos. Muchos obtienen da la ciencia un gozoso sentimiento de poderío y superioridad intelectual; la ciencia es su deporte favorito y en ella buscan experiencias vívidas y la satisfacción de sus ambiciones. En ese mismo templo, habrá otros que ofrecerán los productos de sus cerebros para sacrificarlos con propósitos utilitarios. Si un ángel del Señor llegara para arrojar del templo a todos los que pertenecen a esas dos categorías, quedarían sólo unos pocos hombres, tanto del tiempo presente como del pasado. Nuestro homenajeado, Max Planck, sería uno de ellos y por tal motivo lo estimamos profundamente.
En principio, creo, junto con Schopenhauer que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida de cada día, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía, el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros deseos siempre cambiantes. Una naturaleza de fino temple anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento. Este deseo puede ser comparado con el ansia que experimenta el hombre de la ciudad por escapar de un entorno ruidoso y estrecho y dirigirse hacia el silencio de las altas montañas, donde los ojos pueden vagar en el aire tranquilo y puro y apreciar el paisaje sereno, que parece hecho de eternidad.
El hombre intenta crear para sí mismo, del modo que más le convenga, una imagen del mundo simplificada e inteligible; después, y hasta cierto punto, intenta que su cosmos reemplace al mundo de la experiencia, porque cree que así se hará dueño de éste. Así lo hacen, cada uno a su manera, el pintor, el poeta, el filósofo especulativo y el científico de la naturaleza. Cada uno hace que ese cosmos y su construcción sean el eje de su vida emotiva, para hallar a través de ese camino la paz y la seguridad que no es posible encontrar en el venero de la experiencia personal.
El conocimiento objetivo de la ciencia nos suministra poderosos instrumentos para la consecución de ciertos fines, pero el propio fin último, y el deseo de alcanzarlo, deben venir de otra fuente.
Hacer claros estos fines y valuaciones fundamentales, y fijarlos en la vida emocional de los individuos, me parece a mí precisamente la función más importante que la religión tiene que cumplir en la vida social del hombre. Y si alguien pregunta de dónde se deriva la autoridad de tales fines fundamentales, desde que ellos no pueden ser afirmados y justificados meramente por la razón, uno sólo puede responder: ellos existen en una sociedad saludable como poderosas tradiciones, que actúan sobre la conducta, aspiraciones y juicios de los individuos; están allí, esto es, como algo vivo, sin que sea necesario encontrar justificación para su existencia. Ellos llegan a ser no a través de la demostración sino a través de la revelación, por la mediación de poderosas personalidades. Uno no debe tratar de justificarlos, sino más bien sentir su naturaleza simple y claramente.
Algunos físicos, y yo mismo entre ellos, no pueden creer que debamos abandonar para siempre la idea de una representación directa de la realidad física en el espacio y en el tiempo, o que tengamos que aceptar el criterio que sostiene que los sucesos naturales son análogos a un juego de azar. cada hombre debe elegir la dirección de sus esfuerzos; y también cada hombre puede encontrar solaz en la magnífica frase de Lesing, quien asegura que la búsqueda de la verdad es más preciosa que su posesión.
Pero la ciencia puede ser creada sólo por aquellos que están totalmente imbuidos de la aspiración hacia la verdad y el entendimiento. Esta fuente de sentimiento, sin embargo, brota de la esfera de la religión. A esta pertenece también la fe en la posibilidad de que las regulaciones válidas para el mundo de la existencia sean racionales, esto es, comprensibles a la razón. No puedo concebir un genuino científico sin aquella profunda fe. La situación puede ser expresada con una imagen: la ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia es ciega.
La tarea fundamental del físico consiste en llegar hasta esas leyes elementales y universales que permiten construir el cosmos mediante pura deducción. No hay camino lógico hacia esas leyes; sólo la intuición, fundamentada en una comprensión de la experiencia, puede llevarnos a ellas.
El individuo siente la futilidad de los deseos y propósitos humanos y la sublimidad y orden maravilloso que se revelan tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual le impresiona como una suerte de prisión y desea él experimentar el universo como una totalidad única significativa. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa más temprana de desarrollo, por ejemplo, en muchos de los Salmos de David y en algunos de los profetas. El Budismo, como lo hemos aprendido especialmente gracias a los maravillosos escritos de Schopenhauer, contiene un elemento mucho más fuerte de esto.
Si es uno de los fines de la religión liberar a la humanidad, tanto como sea posible, de la esclavitud de las ansias, deseos y temores egoístas, el razonamiento científico puede ayudar a la religión aún en otro sentido. Aunque es verdad que es el propósito de la ciencia descubrir las reglas que permitan la asociación y predicción de hechos, este no es su único fin. También busca reducir las conexiones descubiertas al menor número posible de elementos conceptuales mutuamente independientes.
Pero aquel que ha tenido la intensa experiencia de hacer exitosos avances en este dominio es movido por una profunda reverencia hacia la racionalidad manifiesta en lo que existe. Por medio del entendimiento él logra una completa (far reaching) emancipación de las cadenas de las esperanzas y deseos personales, y con eso alcanza la modesta actitud mental hacia la grandeza de la razón encarnada en la existencia, y la cual en su últimas profundidades, es inaccesible al hombre. Esta actitud, sin embargo, me aparece a mí como religiosa, en el más alto sentido de la palabra. Y así me parece que la ciencia no sólo purifica el impulso religioso de la escoria de su antropomorfismo, sino que también contribuye a una espiritualización religiosa de nuestra comprensión de la vida.
No es suficiente enseñar a los hombres una especialidad. Con ello se convierten en algo así como máquinas utilizables pero no en individuos válidos. Para ser un individuo válido el hombre debe sentir intensamente aquello a lo que puede aspirar. Tiene que recibir un sentimiento vivo de lo bello de lo moralmente bueno. En caso contrario se parece más a un perro bien amaestrado que a un ente armónicamente desarrollado. Debe aprender a comprender las motivaciones, ilusiones y penas de la gente para adquirir una actitud recta respecto a los individuos y la sociedad.
Creo realmente que el excesivo hincapié en lo puramente intelectual de nuestra educación ha llevado a un debilitamiento de los valores éticos. No pienso tanto en los peligros que conlleva el progreso técnico de la especie humana, como en la asfixia de la consideración mutua entre hombres, por un hábito de pensamiento muy matter of fact que ha venido a extenderse como una terrible helada sobre las relaciones humanas. La plenitud en los aspectos morales y estéticos es un objetivo muy próximo a las preocupaciones del arte más que a las de la ciencia. Es importante, por supuesto, la comprensión, pero ésta sólo resulta fecunda cuando sustenta un sentimiento cordial y fraterno en la alegría y en la aflicción. En este sentido, la religión constituye una parte importante de la educación, en la que recibe una escasísima consideración y no suficientemente sistemática. Sin una cultura ética no hay salvación para la humanidad.
Mientras más avanza la evolución espiritual de la humanidad más cierto me parece a mí que el camino a la genuina religiosidad no pasa por el temor a la vida, ni por el temor a la muerte, ni por la fe ciega, sino por el esfuerzo de alcanzar el conocimiento racional.
Todo aquél que está seriamente involucrado en la búsqueda científica se llega a convencer de que un espíritu se manifiesta en las leyes del universo -un espíritu bastamente superior al del Hombre, y uno frente al cual nosotros con nuestros limitados poderes debemos sentirnos modestos. De esta forma la búsqueda científica conduce a un sentimiento religioso de tipo especial, que es en verdad totalmente diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo.
La experiencia más hermosa que podemos tener es la de lo misterioso. La emoción fundamental que se encuentra en la cuna del verdadero arte y la verdadera ciencia. Quienquiera que no lo sepa ya no puede preguntarse, ya no puede maravillarse, es como si estuviera muerto y sus ojos estuvieran cerrados. Fue la experiencia del misterio -aunque mezclada con temor- lo que engendró la religión. Un conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de las más pro- fundas razones y de la belleza más radiante, que sólo son accesibles a nuestras mentes en sus formas más primitivas es este conocimiento y esta emoción lo que constituye la verdadera religiosidad; en este sentido y solamente en este, soy un hombre profundamente religioso.
La teoría física tiene dos ardientes deseos: reunir tanto como sea posible todos los fenómenos pertinentes y sus conexiones, y ayudarnos no sólo a conocer cómo es la naturaleza y cómo tienen lugar sus transacciones, sino también a tratar de alcanzar lo más posible el fin, quizás utópico y aparentemente arrogante, de saber por qué la naturaleza es así y no de otro modo. Aquí reside la mayor satisfacción de un científico. Haciendo deducciones a partir de una hipótesis fundamental, tal como la teoría cinético-molecular, uno experimenta, por así decirlo, que el propio Dios no pudo haber dispuesto aquellas conexiones [entre por ejemplo, presión, volumen y temperatura] de ninguna otra manera que la que factualmente existen, tal como no estaría en su poder hacer del número 4 un número primo. Este es el elemento prometeico de la experiencia científica. ...Aquí ha estado siempre para mi la magia particular de las consideraciones científicas; esto es, como si fuera la base religiosa del esfuerzo científico.
Nuestros tiempos se caracterizan por descubrimientos científicos extraordinarios y por sus aplicaciones prácticas. ¿Quién no queda impresionado por ello? No obstante, no olvidemos que el conocimiento y las aptitudes técnicas no llevan a la humanidad a una vida digna y feliz. La humanidad tiene todo su derecho a colocar a aquellos que expresan valores morales por encima de aquellos que descubren la realidad objetiva. Lo que la humanidad debe a Buda, Moisés y Jesús es mucho más importante que el éxito de las investigaciones realizadas por las mentes de científicos. La humanidad debe defender con todas sus fuerzas las enseñanzas de estos grandes hombres si no quiere perder su "raison d'etre", la certidumbre de su destino y la alegría de su existencia.
Un ser humano es parte de un todo que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto... algo así como una ilusión óptica de su conciencia. Esta falsa ilusión es para nosotros como una prisión que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto que profesamos a las pocas personas que nos rodean. Nuestra tarea debe ser el liberarnos de esta cárcel ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivas y a la naturaleza en conjunto en toda su belleza.
El más importante esfuerzo humano está en alcanzar moralidad en nuestras acciones. Nuestro balance interno e incluso nuestra misma existencia dependen de esto. Solo moralidad en nuestras acciones puede dar belleza y dignidad a la vida. Hacer de esto una fuerza vital y llevarlo a clara conciencia es quizás la más importante tarea en la educación.
Aquel quien marcha al ritmo de la música se ha ganado mi contemplación. Le han dado un gran cerebro, por error, ya que para el la espina dorsal sería más que suficiente. Esta desgracia de la civilización debería ser exterminada de inmediato. El heroísmo por orden, cómo odio todo esto, cuán despreciable es la Guerra. Preferiría ser destruido a ser parte de una base de acción. Es mi convicción que matar bajo la mascara de la Guerra no es otra cosa que un acto de asesinato.
Nada verdaderamente valioso surge de la ambición o del solo sentido de la obligación; surge más bien del amor y devoción por los humanos y por las cosas objetivas.
La ciencia es algo maravilloso, si uno no tiene que ganarse su vida con ella. Uno debe ganarse la vida con trabajo para el cual uno está seguro de que es capaz. Solo cuando no tenemos que rendir cuentas a nadie, podemos encontrar felicidad en el esfuerzo científico.
Uno de los más fuertes motives que llevan al hombre al arte y a las ciencias es escapar de la vida cotidiana con su crudeza y miedos, de los deseos propios de cada uno. Una naturaleza sabia que desea escapar de la vida personal al mundo del pensamiento y la percepción objetiva.
No hay riqueza capaz de hacer progresar a la humanidad, ni aun manejada por alguien que se lo proponga. A concepciones nobles, a nobles acciones, solo conduce el ejemplo de altas y puras personalidades. El dinero no lleva más que al egoísmo, y conduce irremediablemente al abuso.
La conducta ética de un hombre debería basarse en la simpatía, la educación y en los lazos sociales, no hace falta una base religiosa. Sería muy pobre el tener que estar restringido por el miedo al castigo y la esperanza de una recompensa después de la muerte.
El verdadero problema está en los corazones y las mentes de los hombres. Es más fácil hacer mutar el plutonio que el espíritu malvado del hombre.
Dos cosas me inspiran sobrecogimiento: Los cielos estrellados allí arriba y el universo moral interior.
La verdadera dificultad, la que ha decepcionado a los sabios de todos los tiempos es esta: cómo hacer de la educación algo lo suficientemente poderoso en la vida para que su influencia resista la presión de las fuerzas psíquicas elementales del individuo.
Soy lo suficientemente artista como para dibujar libremente sobre mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo.
Cuando me examino a mí mismo y mis formas de pensar llego a la conclusión de que el regalo de la fantasía ha significado más para mí que mi talento para absorber el conocimiento positivo.
La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos.
La conducta ética de un hombre debería basarse en la simpatía, la educación y en los lazos sociales, no hace falta una base religiosa. Sería muy pobre el tener que estar restringido por el miedo al castigo y la esperanza de una recompensa después de la muerte.
El derecho de todo hombre es escuchar su Conciencia y actuar según esta se lo dicte.
Un ser humano es parte del todo que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Está convencido de que él mismo, sus pensamientos y sus sentimientos, son algo independiente de los demás, una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esa ilusión es una cárcel para nosotros, los limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto por los pocos que tenemos más cerca. Nuestra tarea tiene que ser liberarnos de esa cárcel, ampliando nuestro círculo de compasión, para abarcar a todos los seres vivos y a toda la naturaleza.
El comportamiento ético de un hombre debería basarse suficientemente en la simpatía, educación y los lazos y necesidades sociales; no es necesaria ninguna base religiosa. El hombre verdaderamente estaría en un pobre camino si tuviera que ser reprimido por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte.
La vida de un hombre sin religión no tiene sentido; y no sólo lo convierte en un desdichado, sino que en un ser incapaz de vivir.
A través del descargo de energía atómica, nuestra generación ha traído al mundo la fuerza más revolucionaria subsecuentemente desde el descubrimiento del hombre prehistórico del fuego. Esta fuerza básica del universo no puede encajarse en el concepto pasado de moda de nacionalismos estrechos. Allí no hay ningún secreto y no hay ninguna defensa; no hay ninguna posibilidad de control excepto a través de la comprensión despertada e insistente de las personas del mundo. Nosotros, los científicos, reconocemos nuestra responsabilidad ineludible de llevar a nuestros ciudadanos a una comprensión de la energía atómica y su implicación en la sociedad. En esto queda nuestra única seguridad y nuestra única esperanza. Nosotros creemos que una ciudadanía informada actuará por la vida y no para la muerte.
La Ciencia es una tentativa en el sentido de lograr que la caótica diversidad de nuestras experiencias sensoriales corresponda a un sistema de pensamiento lógicamente ordenado. Pero el científico está poseído por un sentido de causación universal. El futuro, para él, es en cada punto tan necesario y determinado como el pasado. Su sentimiento religioso adopta la forma de un embelesado asombro ante la armonía de la ley natural, la que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el sistemático pensamiento y acción de los seres humanos es un reflejo totalmente insignificante. Este sentimiento es el principio guía de su vida y obra, en cuanto consigue liberarse de los grillos del deseo egoísta. Es, más allá de toda duda, muy semejante a aquél que ha poseído a los genios religiosos de todos los tiempos.
El admitir que existe Algo en lo cual no podemos penetrar; el pensar que las razones más profundas, que la belleza más radiante que nuestra mente pueda alcanzar, son sólo sus formas más elementales de expresión; ese reconocimiento, esa emoción, constituye la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido yo soy profundamente religioso.
La emoción más hermosa y más profunda que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es el legado de toda ciencia verdadera. Aquel al que su emoción le es desconocida, que ya no se pregunta ni está en extática reverencia, vale tanto como si estuviera muerto. Tener el conocimiento y el sentimiento de que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe, que se manifiesta en la suprema sabiduría y en la más radiante belleza que nuestras torpes facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas, está en el centro de toda verdadera religiosidad. Aquí yace el germen de todo arte y ciencia verdadera. A todo aquel a quién este sentimiento le sea extraño, que no sea capaz de asombrarse y viva en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más hermosa y que sólo sus formas más groseras son inteligibles para nuestras pobres facultades; este conocimiento, este sentimiento... este es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me considero un hombre profundamente religioso.
Los grandes espíritus han encontrado siempre una oposición violenta de la mediocridad. La última, no puede entender cómo un hombre no se somete inconscientemente a los prejuicios hereditarios, sino que honestamente y con coraje usa su inteligencia.
Todas las religiones, artes y ciencias son ramificaciones del mismo árbol. Todas estas aspiraciones se dirigen hacia la vida del hombre ennobleciéndolo, levantándolo de la esfera de la existencia física vulgar, y conduciendo al individuo hacia la libertad.
Las bases de la moralidad no deberían ser dependientes de los mitos ni atadas a cualquier autoridad, no sea que la duda acerca del mito o de la legitimidad de la autoridad ponga en peligro la base del juicio y la acción intachables.
A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita.
Cuando vivía en Suiza no me di cuenta de mi judaísmo; todo cambió cuando me trasladé a Berlín. Para mí, el judaísmo está casi exclusivamente relacionado con la actitud moral ante la vida, no es un credo: el Dios judío es simplemente la negación de la superstición, un resultado imaginario de su eliminación. Creo en el Dios de Spinoza que se manifiesta en la armonía ordenada de todo lo que existe, no en un Dios que se preocupa con el destino y las acciones de los seres humanos. No creo en el libre albedrío. Esta conciencia de la falta de libertad me impide tomar a mis congéneres y a mí mismo demasiado en serio… A mí me basta con el conocimiento de la mínima parte de la Razón que se manifiesta en la Naturaleza. Conozco algo sobre la Naturaleza, pero prácticamente nada sobre los hombres.
Aquí reside el sentido de lo 'maravilloso', que se incrementa aún más con el desarrollo de nuestro conocimiento. Y aquí reside la debilidad de los positivistas y ateos profesionales, quienes se sienten felices en la conciencia de haber librado exitosamente al mundo no sólo de Dios, sino incluso de lo maravilloso. Lo curioso es que debemos estar satisfechos con el reconocimiento de 'lo maravilloso', sin que haya una manera legítima de ir más allá de él. Siento que debo agregar esto explícitamente, para que no vayas a pensar que -debilitado por la edad- me he transformado en una víctima de los curas.
Así arribamos a una concepción de la relación de la ciencia con la religión muy diferente de la usual. Cuando uno ve el asunto históricamente, uno se inclina a ver a la ciencia y la religión como antagonistas irreconciliables, y por una razón muy obvia. El hombre que está totalmente convencido de la operación universal de la ley de causalidad, no puede por un momento abrigar la idea de un ser que interfiera en el curso de los acontecimientos -asumiendo, por supuesto, que toma la hipótesis de la causalidad realmente en serio-. Quien así lo hace no tiene paciencia con la religión del miedo, e igualmente muy poca con la religión social o moral. Un Dios que premia y castiga es inconcebible para él, por la simple razón de que las acciones de un hombre están determinadas por la necesidad, externa e interna, de modo que, a los ojos de Dios, éste no puede ser responsable, no más de lo que un objeto inanimado es responsable de los movimientos que padece. Es por lo tanto fácil ver porqué las Iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a sus devotos cultivadores.
Usted difícilmente encontrará entre las mentes científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso. Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal, no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor. Usted difícilmente encontrará entre las mentes científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso. Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal, no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor.
Es difícil poder siquiera asignar un significado preciso al término "verdad científica". Tan diferente es el sentido de la palabra "verdad" si acaso estamos tratando con un hecho de experiencia, una proposición matemática o una teoría científica. La expresión "Verdad religiosa" no comunica para mi nada en absoluto claro. La investigación científica puede reducir la superstición al estimular a la gente a pensar y a examinar las cosas en términos de causa y efecto. Cierto es que una convicción, semejante al sentimiento religioso, de la racionalidad o inteligibilidad del mundo, se encuentra detrás de todo trabajo científico de un alto nivel. Esta firme creencia, conectada con un profundo sentimiento, en una mente superior que se revela en el mundo de la experiencia, representa mi concepción de Dios. Dicho de una manera corriente, ésta puede ser descrita como Spinoza de "panteística".
Bien puedo entender tu aversión a usar el término 'religión' cuando lo que se quiere significar es una actitud psicológica y emocional que se muestra más claramente en Spinoza. Pero no he encontrado una mejor expresión que la de 'religioso' para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto ella es accesible a la razón humana.
Una persona que es religiosamente ilustrada (enlightened) me aparece a mí ser una que, tanto como le es posible, se ha liberado a sí misma de las cadenas de sus deseos egoístas y está preocupada con pensamientos, sentimientos, y aspiraciones a las que se aferra en razón de su valor suprapersonal. Me parece a mi que lo que es importante es la fuerza de este contenido suprapersonal y la profundidad de la convicción acerca de su irresistible significación, independientemente de si no se hace ningún intento de unir este contenido con un ser divino, porque de otro modo no sería posible contar a Buda y Spinoza como personalidades religiosas. De acuerdo con esto, una persona religiosa es devota en el sentido de que no tiene ninguna duda acerca de la significación y la sublimidad de aquellos objetos y fines suprapersonales, que ni requieren ni son capaces de fundamento racional.
Todo investigador que tenga experiencia sabe que el sistema teórico de la física depende del mundo de la percepción sensorial y está controlado por él, aunque no exista un camino lógico que nos permita elevarnos desde la percepción hasta los principios que rigen la estructura teórica. De todos modos, la síntesis conceptual, que es un trasunto del mundo empírico puede ser reducida a unas cuantas leyes fundamentales sobre las cuales se construye lógicamente toda la síntesis. En cualquier progreso importante, el físico observa que las leyes fundamentales se simplifican cada vez más a medida que avanza la investigación experimental.
La ciencia no es sólo una colección de leyes, un catálogo de hechos sin mutua relación. Es una creación del espíritu humano con sus ideas y conceptos libremente inventados. Las teorías físicas tratan de dar una imagen de la realidad y de establecer su relación con el amplio mundo de las impresiones sensoriales. Luego, la única justificación de nuestras estructuras mentales está en el grado y en la norma en que las teorías logren dicha relación.
El sentir sicológico, subjetivo, del tiempo, nos permite ordenar nuestras impresiones, establecer que un suceso precede a otro. Pero relacionar todo instante del tiempo con un número por el empleo de un reloj, considerar el tiempo como un continuo unidimensional, ya es una invención. También lo son los conceptos de la geometría euclidiana y no-euclidiana y de nuestro espacio comprendido como un continuo tridimensional.
La teoría de los cuantos creó, también, nuevas y esenciales características de la realidad. La discontinuidad reemplazó a la continuidad. En lugar de leyes que valgan para los casos individuales, aparecieron leyes de probabilidad.
La realidad creada por la física moderna está, ciertamente, muy distante de la realidad primitiva. Pero el objeto de toda teoría física sigue siendo el mismo: tratamos de encontrar nuestro camino por el laberinto de los hechos observados; ordenar y entender el mundo de nuestras sensaciones.
El lego en matemáticas siente un misterioso estremecimiento cuando oye hablar de objetos de cuatro dimensiones, sentimiento parecido al que despierta los pensamientos sobre lo oculto. Sin embargo, es casi un lugar común decir que el mundo en que vivimos es un continuo espacio-tiempo de cuatro dimensiones.
Las experiencias de un individuo se nos aparecen ordenadas en una serie de sucesos; en esta serie, los sucesos que recordamos están ordenados de acuerdo con el criterio de "antes" o "después". Existe, por lo tanto, para el individuo, un yo-tiempo, o tiempo subjetivo. este no es mensurable en sí mismo. Yo puedo, desde luego, asociar números a los sucesos, de tal manera que al último acontecimiento se asocia un número mayor que al inmediatamente anterior. Esta asociación la puedo definir con un reloj, comparando el orden de los sucesos dado por el reloj en el orden de la serie dada de sucesos. Entendemos por reloj algo que nos proporciona una serie de sucesos que pueden ser contados.
La experiencia religiosa cósmica es el resorte más fuerte y noble de la investigación científica. Mi religión consiste en una humilde admiración por el infinito espíritu superior que se revela a sí mismo en los pequeños detalles que podemos percibir con nuestras mentes frágiles y débiles. Esa profunda convicción emotiva de la presencia de un poder razonador superior, que se revela en el incomprehensible universo, forma mi idea de Dios.
La emoción más sutil de la que somos capaces es la emoción mística. Aquí yace el germen de todo arte y ciencia verdadera. A todo aquel a quién este sentimiento le sea extraño, que no sea capaz de asombrarse y viva en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más hermosa y que sólo sus formas más groseras son inteligibles para nuestras pobres facultades; este conocimiento, este sentimiento... este es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me considero un hombre profundamente religioso.
La religión del futuro será cósmica. Una religión basada en la experiencia y que rehuya los dogmatismos. Si hay alguna religión que colme las necesidades de la ciencia esa sería el Budismo...
Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los pequeños detalles que somos capaces de percibir con nuestra débil y enclenque mente.
Todas las religiones, artes y ciencias son ramas del mismo árbol. Todas esas aspiraciones están encaminadas a ennoblecer la vida del hombre, elevándolo de la esfera de la mera existencia física y llevándolo hacia la libertad.
La palabra "religiosa" es la que mejor expresa esta confianza en la naturaleza racional de la realidad y su peculiar accesibilidad para la mente humana. Cuando no existe esta confianza, la ciencia se convierte en algo carente de inspiración. Que se preocupe el demonio si los curas se aprovechan de esto. No se puede remediar.
El deseo de ser guiado, amado, y apoyado, impulsa al hombre a formar la concepción social o moral de Dios. Este es el Dios de la Providencia, el que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, de acuerdo con los límites de la visión del creyente, ama y aprecia la vida; el confortador de las penas y anhelos insatisfechos; el que preserva el alma de los muertos. Esta es la concepción moral de Dios.
Era, por supuesto, una mentira (lie) lo que Ud. leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que ha sido sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y no he negado nunca esto sino que lo he expresado claramente. Si hay en mi algo que puede ser religioso, por tanto, es la admiración sin límites por la estructura del universo, hasta donde la ciencia puede revelarlo.
No puedo concebir un Dios personal que influiría directamente en las acciones de los individuos, o que juzgaría directamente a las criaturas de su propia creación. No puedo hacer esto a pesar del hecho de que la causalidad mecanística ha sido, hasta cierto punto, puesta en duda por la ciencia moderna.
Mi religiosidad consiste en una modesta admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que nosotros, con débil y transitorio entendimiento, podemos comprender de la realidad.
El sentimiento religioso engendrado al experimentar la comprensibilidad lógica de profundas interrelaciones es de una clase algo diferente de aquel sentimiento que uno usualmente llama religioso. Es más un sentimiento de temor reverencial y de admiración ante el esquema que se manifiesta en el universo material. No nos conduce a dar el paso de construir un ser como divino en nuestra propia imagen -un personaje que nos hace demandas y que toma interés en nosotros como individuos. No hay en éste (universo) ni voluntad ni propósito, no un deber, sino un puro ser. Por esta razón gente de nuestro tipo ve en la moralidad un asunto puramente humano, aunque el más importante en la esfera humana.
Ante Dios nosotros somos todos igualmente sabios e igualmente tontos. Las ideas vienen de Dios. Si ese ser es omnipotente, entonces cada ocurrencia, incluyendo cada acción humana, cada pensamiento humano y cada sentimiento y aspiración humana también es Su Obra; ¿cómo es posible pensar en hacer responsable al hombre por sus actos y pensamientos ante tal Ser todopoderoso? Al dar castigo y recompensas, hasta cierto punto estaría juzgándose a Sí mismo. ¿Cómo puede combinarse esto con la bondad y justicia que se le adjudican?
Desde el día en que Dios hizo al mundo y su complejidad misteriosa las cosas han expresado su atracción en función de su semejanza, revelando lo que está más allá de lo inimaginable.
No logro concebir un Dios que premie y castigue a sus criaturas o que posea una voluntad del tipo que experimentamos nosotros mismos. Tampoco puedo ni querría concebir que un individuo sobreviviese a su muerte física; que las almas débiles, por temor o absurdo egotismo, alienten tales pensamientos. Yo me siento satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con un atisbo de la estructura maravillosa del mundo existente, junto con el resuelto afán de comprender una parte, por pequeña que sea, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.
La ciencia cojea sin la religión. La religión es ciega sin la ciencia. Cuanto más estudio la ciencia, más creo en Dios.
Es comprensible que desde siempre la Iglesia haya combatido a la ciencia y haya perseguido a sus adeptos. Pero opino por otro lado que la Religiosidad Cósmica es el estímulo más alto de la investigación científica. Sólo el que puede imaginar los esfuerzos extraordinarios que hacen falta para abrir nuevos caminos a la ciencia, es capaz de apreciar la fuerza del sentimiento que surge de un trabajo ajeno a la vida práctica. ¡Qué fe más profunda en la racionalidad del universo construido, y qué anhelo por comprender, aun cuando fuera sólo una pequeña parte de la razón que revela este mundo, tenían que animar a Kepler y a Newton para que fueran capaces de desentrañar el mecanismo de la mecánica celeste con el trabajo solitario de años! Sólo aquel que ha dedicado su vida a fines semejantes puede tener un vívida conciencia de lo que ha inspirado a estos hombres y lo que les ha dado la fortaleza para mantenerse fieles a sus propósitos, a pesar de incontables fracasos. Es la Religiosidad Cósmica la que da esa fuerza. Un contemporáneo ha dicho, no injustamente, que en esta época materialista nuestra los trabajadores científicos serios son las únicas personas profundamente religiosas.
Cuanto más imbuido esté un hombre con la ordenada regularidad de todos los eventos, más firme es su convicción de que no hay lugar, del lado de esta ordenada regularidad, para las causas de una naturaleza distinta. Para él, ni las reglas humanas ni las reglas divinas existirán como causas independientes de los eventos naturales. De seguro, la doctrina de un Dios personal que interfiere en eventos naturales jamás podrá ser refutada [cursiva original] en el sentido real, por la ciencia, por que su doctrina puede siempre refugiarse en los dominios en que el conocimiento científico no pudo aún posar el pie.
Pero estoy convencido que tal comportamiento de parte de los representantes de la religión no solamente es inadecuado sino también fatal. Una doctrina que se mantiene no en la luz clara sino en la oscuridad, perderá necesariamente su efecto en la humanidad, con un daño incalculable al progreso humano. En su lucha por el bien ético, los maestros de religión deben renunciar a la doctrina de un Dios personal, esto es, renunciar a la fuente de miedo y esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto es de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable.
Un Dios que recompense y castigue a seres creados por él mismo que, en otras palabras tenga una voluntad semejante a la nuestra, me resulta imposible de imaginar.
¿Cuál es el sentido de nuestra vida? ¿Cuál es, sobre todo, el sentido de la vida de todos los vivientes? Tener respuesta a esta pregunta se llama ser religioso. Preguntas: ¿tiene sentido plantearse esa cuestión? Respondo: quien sienta su vida y la de los otros como cosa sin sentido es un desdichado, pero algo más: apenas si merece vivir.
Quisiera saber cómo Dios creó el mundo. No estoy interesado en fenómenos específicos, ni en el espectro de un elemento químico. Quiero conocer Sus pensamientos, lo demás es detalle.
ES HISTORIA
No sé lo que el
mundo puede opinar de mí,
pero a mi entender sólo he sido como el niño que juega en la playa
y se divierte de tanto en tanto
encontrando una piedra más lisa
o una concha más bella de lo normal,
mientras el gran océano de la verdad
se extiende ante él totalmente sin descubrir.
Isaac Newton
Sir John C. Eccles, premio Nobel de Medicina en 1963 por sus trabajos sobre el cerebro destacó:
Puesto que las soluciones materialistas no consiguen dar cuenta de nuestra singularidad tal como se da en la experiencia, me veo obligado a atribuir la singularidad del yo o alma a una creación espiritual o sobrenatural. Dicho en términos teológicos: cada alma es una nueva creación divina... Afirmo que ninguna otra explicación resulta sostenible... Esto supone reconocer no sólo al Dios trascendente, creador del cosmos, el Dios en el que creía Einstein, sino también al Dios amoroso a quien debemos nuestro ser.Radicado Einstein en los Estados Unidos en el año 1933, en su oficina de la Universidad de Princeton colgó un cartel que decía:
No todo lo que cuenta puede ser contado,
y no todo lo que puede ser contado cuenta.
Cuando recorrió el mundo, quedó asombrado al ver la degradación y la pobreza de las masas en muchos países. Se negó a caminar en un rickshaw, pues no estaba dispuesto a ser arrastrado por otro ser humano. Una vez, cuando lo invitaron a visitar a la reina de Bélgica, se bajó del tren y caminó hasta el palacio llevando una maleta y su violín, sin que nadie lo reconociera, mientras la limosina y el comité de recepción lo esperaban en la estación. Como la reina le preguntara por qué no había usado la limosina, respondió:
Era muy agradable caminar, majestad.
*
* *
La Luz es la Sombra de Dios
Creo que la mente
tiene el poder de afectar a los grupos de átomos
interfiriéndose en la conducta de los mismos
e incluso
que la voluntad de los seres humanos
puede alterar el curso del mundo
aunque este curso esté predeterminado
por leyes físicas.
El Universo en que vivimos es creación de nuestros
pensamientos.
sir Arthur Eddington
Me falta su aspecto biográfico personal más íntimo en cuanto físico y filósofo, aspecto que sería mejor analizado por un sabio matemático y filósofo. Recuerdo a don Arturo Aldunate Phillips y el título "Luz sombra de Dios" tomado de Einstein para uno de su libros del año 1981. Allí su autor nos dice:
Albert Einstein, el más deslumbrante y genial científico de nuestra centuria. Las palabras no tienen el poder necesario para interpretar, describir o siquiera sugerir una imagen o las reales condiciones del Supremo Hacedor; no pueden tampoco expresar ningún concepto referente a su identidad; y ello porque el propio creador del lenguaje nada sabía, en forma cierta, sobre Aquel a quien se pretendía referir.
Pero el noble y genial Albert Einstein, a cuya sombra nos acogemos de continuo en estas páginas, no sólo por su empinada y señera estatura intelectual, sino acaso por su generosa y equilibrada condición humana, profundamente espiritual, comprendió que sólo la belleza poética con su habilidad metafórica rica en sugerencias y adivinadas orientaciones, podía ser utilizada en tan delicada tarea. Así, con el mismo lenguaje, hasta ahora ineficaz, esculpió más que escribió esa frase que encierra dentro de su hermosura un hondo contenido filosófico, y que lleva oculta una incógnita indescifrable para la todavía inmadura mentalidad del hombre. Esa frase misteriosa y al mismo tiempo sencilla y límpida como la mente de un niño o el agua de la fuente, inspiradora del título de este libro:
LA LUZ ES LA SOMBRA DE DIOS
¡Cuán inimaginable afirmación! ¡Cuán ajena a nuestra condición biológica! Un Ente, un Ser, un Algo, capaz de proyectar como su sombra, luz, luz visible, aquella irradiación, la más esplendente, la más henchida de magia para los humanos y seguramente para todas las innumerables especies inteligentes que pueblan el Universo; aquella onda-corpúsculo cuyos rayos permiten percibir las formas y el milagro de los colores de la flor, de los cielos, del mar; de los ojos, los cabellos y la piel de la mujer amada; la irisación de la aurora y del crepúsculo, del invierno y la primavera.
Si leemos y meditamos esta notable afirmación metafórica del maestro, adivinaremos su singular alcance, su insondable profundidad casi religiosa que guarda intocada y protegida en su sin par estuche poético, la preciosa incógnita de la verdad de Dios.
Einstein concibe la gravitación como una característica geométrica del campo que rodea la materia, ya que las masas gravitantes modifican la métrica del mundo imprimiendo una curvatura al espacio. Como éste está inseparablemente unido al tiempo, la mera presencia de las masas confiere al mundo espacio-temporal una estructura no-euclídea. La gravitación adquiere, pues, en la Teoría General de la Relatividad, un nuevo sentido: indica la medida de la deformación que experimentan espacio y tiempo -es decir, distancia y duración- en las cercanías de grandes masas, creando una imprevista interdependencia entre espacio, tiempo y materia del Universo.Para lo que siento acá debo dejar escrito, no me es suficiente con lo encontrado, busco en otros de sus libros y "Eureka", tengo a la mano "Hombres, máquinas y estrellas" un conjunto de trece Ensayos presentados por don Arturo Aldunate Phillips hasta el año 1972. El primero de ellos "Cibernética literaria" fue leído por su autor en Sesión Solemne de la Academia Chilena, con motivo de su incorporación como Miembro de Número de ella. Sigo adelante y el sexto Ensayo: "Albert Einstein; el hombre y el filósofo" calza como anillo al dedo con mis propósitos. Decido en parte transcribirlo con el fin de apreciar una visión de quien dice que:
Estos pequeños ensayos no pretenden ser trabajos científicos, aun cuando están elaborados en las vecindades de la ciencia madre: las matemáticas. Son atisbos, miradas a vuelo de pájaro sobre algunos de los planteamientos generales, con indudables proyecciones filosóficas, que el incontenible avance de la ciencia y la tecnología de nuestros días está obligando a enfrentar a todos los hombres que buscan la cultura.Qué mejor néctar para saborear la vida del más grande genio que conocer la visión que de él tuvo un sabio compatriota al exponer con admiración, respeto y de manera tan sencilla lo que veremos escrito para todo público, a diferencia de otros quienes lo complican tanto para dejarlo a una elite que dice entender lo complejo. Nos expone don Arturo:
Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879, en el pequeño puerto fluvial de Ulm. Por extraño capricho del destino, vino al mundo en una modesta casa, situada solo a pocos centenares de metros del sitio donde, doscientos cincuenta años antes, había vivido Johannes Kepler, el fundador de la astronomía física.
Desde sus primeros pasos, Einstein mostró una extraordinaria vocación matemática; a los catorce años, asombraba a sus maestros con su capacidad para resolver los más complicados problemas de cálculo integral y diferencial, así como los de geometría y álgebra analítica.
Cuando apenas comenzaba a hacerse hombre, su curiosidad fue vigorosamente atraída por el misterio de la luz, por las enigmáticas características de esa energía radiante que ha rodeado al Universo con su manto escurridizo y que él llamó, reverentemente, con su intuición de poeta: "La sombra de Dios". Muy luego entraron en pugna con su pensamiento las dos explicaciones contradictorias que la ciencia postulaba: la teoría corpuscular de Newton era combatida por la nueva concepción, según la cual la luz no estaba constituida por diminutas partículas de materia, sino por una infinita serie de ondas, transmitidas desde los cuerpos luminosos hasta el ojo por el movimiento ondulatorio o vibratorio del éter.
En ésta época de su iniciación en las disciplinas del conocimiento, enseguida de cumplir desordenadamente sus estudios secundarios, ingresó a la Academia Politécnica de Zurich, donde, después de trabajosos esfuerzos, obtuvo el título de doctor.
Desgraciadamente, el ambiente seguro y confortable del hogar de sus padres había desaparecido; la industria electroquímica, que mantenía la medianía económica de la familia, iba de mal en peor, y el flamante doctor debió enfrentarse, carente de herramientas para ello, al duro problema de ganarse la vida. Así, deambuló entre un mezquino puesto de profesor sustituto en la Escuela Técnica de Winterthur y el de maestro en la Escuela Secundaria de Schaffhausen y otras tareas de poca monta, para llegar, finalmente, a obtener el modesto, pero para él suficiente, empleo de inspector de patentes de Berna.
Extraña paradoja del destino: el gran matemático, el gigante intelectual de nuestra época, debió someterse a un trabajo mecánico en el que tenía que revisar diariamente los dibujos y modelos de aquellos que pretendían haber inventado maravillas.
Mientras tanto, su desarrollo científico se había ido perfeccionando con estudios y lecturas: lo atraían ahora las ciencias económicas; lo hería la injusticia social que veía a su alrededor y cada día se aficionaba más a la vida sencilla y modesta; su bondad irradiaba en su contorno y le atraía la cordial simpatía y admiración de quienes tenían la suerte de conocerlo. Su trabajo rutinario no lo deprimía. Por el contrario, le resultaba, según sus propias declaraciones, un eficaz contrapeso para el bullir de su cerebro, en el cual los gérmenes de la teoría de la relatividad empezaban a echar sus profundas raíces. Como resultado de su propia experiencia, aconsejó siempre a los científicos jóvenes que realizasen, paralelamente con sus trabajos de investigación y de alta matemática, esas otras labores que llamó de "zapatero", para evitar así un desarrollo intelectual desequilibrado.
Desde esos años comienza su costumbre de recibir por las noches en su modesta casa a sus amigos y colegas de trabajo; allí se discutían los más variados temas económicos, filosóficos, sociales, científicos y de arte. Especialmente las veladas musicales, en las cuales el profesor Einstein actuaba junto al piano, o con su violín, del que llegó a ser magnífico ejecutante, eran las que más le atraían: siempre sostuvo que la Ciencia y el Arte tenían puntos comunes y que el creador en el campo de los fenómenos naturales necesita, como el poeta, de la fantasía y de la intuición para encontrar nuevos cauces al pensamiento.
Por entonces, Roentgen, había descubierto unos nuevos rayos que, por lo extraños, determinó con la letra de las incógnitas: rayos X. Los esposos Curie lograron el asombroso hallazgo del radium; Michelson y Morley, tratando de evaluar exactamente la velocidad de la luz, llegaban a la extraña demostración de que todo sucedía como si la Tierra estuviese en reposo. ¡El ambiente científico presentía la nueva aurora y se ponía tenso!
Alternando con sus prolijos trabajos de inspector de patentes, Albert Einstein dedicaba sus horas a forjar los planes de una nueva invención propia que permitiría descubrir algunos de los misterios de la creación. En esa época adujo fórmulas y ecuaciones para explicar el movimiento browniano, que iban a constituir los pilares sustentadores de la teoría atómica de la materia.
Subrepticiamente, en pequeños trozos de papel que escondía cuando su jefe superior aparecía en la oficina, el incansable aventurero del pensamiento formulaba cálculos matemáticos referentes a las Leyes del universo; se adentraba por intrincados caminos que súbitamente veía cortados y que lo hacían exclamar: "¡No sé, me hallo sobre huellas falsas y estoy perdido!" Pero su incansable curiosidad y la brújula de su intuición lo impulsaban nuevamente.
La famosa investigación de Michelson y Morley, que se dijo constituía una conspiración de la naturaleza contra la búsqueda del hombre, le parecía a él que era simplemente "la expresión de una ley natural que los hombres no habían logrado captar". "El hombre ha sido engañado por sus sentidos y se impone una reorganización radical de nuestra imagen del Universo, si pretendemos lograr una comprensión exacta de él y de sus fuerzas". "Quizás el mundo real que nos circunda está más allá del poder de nuestros sentidos". Aquí aparecía la influencia kantiana, que le hacía dudar, con justa razón, de la falsa interpretación que damos a los impactos que sobre nuestros sentidos produce la realidad cósmica. "Es necesario -decía el maestro- desprendernos, una por una, de esas viejas creencias humanas, si deseamos recorrer el verdadero y tortuoso camino hacia la verdad". La tendencia de considerar realidad nuestras percepciones sensoriales, concepto subjetivo de la verdad, estaba extendida a todos los conceptos del Universo. Era menester crear un concepto nuevo que resultara correcto para todos los observadores, porque era sencillamente imposible descubrir el movimiento absoluto del Universo.
Y amaneció, igual que los otros, el día señalado: un día cualquiera del mes de junio de 1905, cuya fecha exacta se ha perdido entre los archivos del tiempo.
Con su silueta de poeta romántico y su melena al viento, metido en un amplio y descuidado gabán, el modesto inspector de patentes de Berna se encaminó, lentamente, sin imaginarse las proyecciones del acto que realizaba, hacia las oficinas de la Editorial de los Anales de Física, llevando entre sus manos un manuscrito de treinta páginas de ecuaciones. Su título era muy simple: Electrodinamia de los cuerpos en movimiento.
La revolucionaria teoría había sido entregad al mundo.
Según los nuevos conceptos, Newton, con toda la grandeza de su genio, y sin pretender con esta afirmación destruir el alcance de sus descubrimiento, había sido engañado por la naturaleza. Ni existen movimientos absolutos, ni son las dimensiones de los cuerpos rígidos siempre las mismas, ni los intervalos de tiempo se mantienen constantes. La Tierra fija y estable es una mera invención del hombre. En ella ni en ninguna parte del Universo nada está en absoluto reposo. La verdadera naturaleza de la relación entre los cuerpos en movimiento hace posible medir la velocidad, el tamaño, la forma, la masa o el tiempo absolutos; pero, cuidado, ¡brilla otro destello del genio; todo esto es verdad con sólo una excepción: la sombra de Dios, la luz! La marcha de la luz no es relativa a otras velocidades. Permanece fija y constante en cualquier parte del cosmos donde se la encuentre. Su Majestad la luz pasa a ser una ley por sí misma, esotérica, pero verdadera.
Venciendo su modestia y su sencillez, debe Albert Einstein enfrentarse a la realidad de la vida que trata de halagarlo con honores y riquezas. Sólo a expensas de un desprendimiento y de una bondadosa generosidad, que agrandan aún más su estatura, logra mantenerse dentro del ambiente que sus naturales inclinaciones necesitan.
Extendida su fama, realzada de extraordinaria importancia su posición científica, lo reclaman los más importantes centros universitarios de Europa. En 1914, debido a las gestiones de su gran admirador y amigo, el genial Max Planck, obtiene una cátedra en la Academia Prusiana de Ciencia de Berlín y recibe el honorífico cargo de director del Kaiser Wilhelm Institute.
En 1915, en plena convulsión de la Primera Guerra Mundial, da a conocer su nueva creación: la teoría general de la relatividad o relatividad generalizada que amplía notablemente el campo de sus anteriores postulaciones.
La gravitación es la fuerza fundamental del Universo; pero debe abandonarse el concepto newtoniano de fuerza, que queda sustituido por uno nuevo y mucho más simple, en el que se liga la materia con todos sus movimientos en el espacio y en el tiempo. Señala: "La gravitación no existe de modo absoluto; es una fuerza relativa. La aceleración. el movimiento, la gravedad, la inercia y la masa no son independientes y deben ser considerados como parte de un vasto sistema que abarca toda la naturaleza y se manifiesta de distintas maneras según las circunstancias".
Así, la inercia aparece perteneciendo a una de esas síntesis y sorprendentes conclusiones que se proyectan de la relatividad, cual es que la materia y la energía se hallan tan íntimamente ligadas entre sí que no pueden ser separadas.
El genio excepcional, de dulce y amante corazón; el pacifista que huye de su país de nacimiento por horror a la guerra y a la destrucción; este hombre para el cual la cordial convivencia humana y el amor constituyen sus más permanentes preocupaciones, pone en manos de la humanidad el secreto inicial del arma suicida, al permitirle transmutar los elementos y convertir la materia en energía. De su ecuación trascendental crecería la desintegración del átomo. Se elevaría hasta los confines de la estratosfera terráquea el gigantesco hongo asesino de la bomba atómica. El lo comprende y busca justificarse ante su propia conciencia: "Hoy -escribe- los físicos que participan en la forja de la más formidable y peligrosa arma de todos los tiempos están atormentados por un sentimiento de responsabilidad, por no decir de culpabilidad".
Con su aguda intuición filosófica, Einstein establece las tres gradaciones de la religión; la primera, la religión del miedo, de quienes actúan contra sus instintos o sus deseos por temor al castigo; la otra, la religión de la moral, de quienes siguen una ética y cumplen con una línea de conducta eminentemente espiritual; finalmente, la religión que el sabio llamó "cósmica", o sea, la que trasciende de la conciencia de que existe un ser superior, una ordenación inteligente, un destino en la evolución del hombre. No se trata de un vago panteísmo, sino de un claro concepto sobre un supremo poder de la más alta jerarquía. "El admitir -dice Einstein- que existe algo en que podemos penetrar; el pensar que las razones más profundas, la belleza más radiante que nuestra mente puede alcanzar, son tan sólo sus formas más elementales, ese conocimiento, esa emoción son los que constituyen la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido, soy profundamente religioso".
Pasarán largos años, acaso siglos, antes de que la humanidad llegue a adoptar la actitud de amor que las enseñanzas de Einstein le señalan; el maestro seguirá, para la mayoría, siendo el mago de la relatividad, el incomprensible y misterioso manejador de ecuaciones y símbolos que... tal vez puedan ser verdaderos... Pero las proyecciones que sobre la filosofía y la posición del ser ante la vida han arrojado sus planteamientos; el trastrueque de creencias y verdades, hasta ayer inamovibles, producido por su genio, y el agigantamiento que en las fuerzas del espíritu provocaran sus nuevas concepciones, esos serán comprendidos por el hombre gregario lentamente.
Empero, su espíritu gigante seguirá impulsando al hombre hacia la altura y lo que su cerebro prodigioso alcanzó a expresar quedará incorporado al acervo de las fuerzas que ayudan al homo sapiens en su camino de perfección.
Y aun lo que concibiera, y guardaba todavía inexpresado en los rincones de su cerebro como almácigo, esto también florecerá en algún rincón de la Tierra, llevado por los vilanos invisibles de Dios.
La huella de Albert Einstein no está, pues, sólo marcada en el exclusivo campo de las matemáticas y de la ciencia física. Se proyecta en el ambiente del hombre, iluminándolo y exigiéndole una permanente revisión de su actitud y de las que cree sus verdades de hoy.
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El inolvidable Albert Einstein
Por Banesh Hoffmann
Una inteligencia
que en un momento dado conociera todas
las fuerzas operantes en la naturaleza y la
posición respectiva
de los seres que la componen, y que fuera a la vez capaz de analizar
matemáticamente todos estos datos, abarcaría en la misma fórmula
los movimientos de los mayores cuerpos
del universo y de los más ligeros átomos:
nada sería desconocido para ella,
y tanto el porvenir
como el pasado estarían presente en su mirada.
Pierre Laplace
Fue uno de los más grandes hombres de ciencia que ha conocido el mundo, y sin embargo, si tuviera que definir en una sola palabra la esencia de la personalidad de Albert Einstein, sería sencillez. Quizá una anécdota ayude a comprenderlo. Una vez sorprendido por un chaparrón, se quitó el sombrero y lo metió bajo el abrigo. Alguien le preguntó por qué había hecho eso y él, con lógica admirable respondió que la lluvia estropearía el sombrero, pero no le haría daño a su cabellera. Este don de ir instintivamente al fondo de una cuestión era el secreto de sus trascendentales descubrimientos científicos; eso y su extraordinaria pasión por la belleza.
Aprendió el sólo el cálculo infinitesimal y me ha contado que los profesores lo temían un poco porque hacía preguntas que no podían responder. A los 16 años se planteó una de ellas: ¿Parecería estacionaria una onda luminosa si alguien pudiera correr al lado de ella? Parece una pregunta inocente, y sin embargo revela que Einstein iba al fondo de los problemas. De ella habría de surgir, diez años más tarde, su teoría de la relatividad.
Colaborar con Einstein era una aventura intelectual inolvidable. En 1937 el físico polaco Leopold Infeld y yo le pedimos que, si era posible, nos permitiera trabajar con él. Se sintió complacido, pues tenía una idea acerca de la gravitación que era preciso elaborar en detalle. Fue así como llegamos a conocer bien, no solamente al hombre y al amigo, sino también al profesional. Su poder de concentración tenía una intensidad y una profundidad fantásticas. cuando luchaba con un problema recalcitrante, lo acosaba como una animal acosa a su presa. A menudo, al encontrarnos ante una dificultad aparentemente insoluble, recorría la sala a grandes pasos, mientras se enrollaba en el dedo un mechón de su larga cabellera grisácea. Una mirada soñadora y distante, pero vuelta hacia dentro, aparecía en su rostro. No había en él apariencia alguna de concentración, ningún fruncimiento del ceño, sino tan solo una plácida comunión íntima. Pasaban los minutos, y de pronto Einstein se detenía y se abría su expresión en una suave sonrisa. Había encontrado la solución del problema. A veces era tan sencilla que Infeld y yo sentíamos deseos de darnos un cachete por no habérsenos ocurrido. Pero la magia había obrado invisiblemente en lo hondo de la inteligencia de Einstein, con un proceso en que nos era imposible penetrar.
Aunque Einstein no sentía la necesidad de cumplir ritos religiosos ni profesaba un credo oficial, era el hombre más religioso que he conocido. Una vez me dijo: "Las ideas vienen de Dios". Y se podía percibir la reverencia en la forma como pronunció la palabra. En la chimenea de mármol del pabellón de Matemáticas de la Universidad de Princeton hizo tallar una leyenda en alemán, que podría considerarse el credo científico de Einstein: "Dios es complicado, pero no malicioso". Con esto quería decir Einstein que los hombres de Ciencia deben esperar que su tarea sea difícil, pero no imposible; que el Universo es un cosmos regido por leyes, y que Dios no va a confundirnos con paradojas y contradicciones deliberadas.
Einstein era un excelente músico aficionado. Solíamos tocar dúos, él en el violín, yo en el piano. Un día me sorprendió diciéndome que Mozart es el compositor más grande de todos. Beethoven, dijo, "creaba" su música, pero la música de Mozart es tan pura y tan bella que el compositor, simplemente, "la encontraba", pues siempre había formado parte de la belleza esencial del universo y solo aguardaba a manifestarse a los hombres.
Un día me dijo si alguna vez se me había ocurrido preguntarme la razón de que los pies de un hombre se hundan en la arena seca o, por el contrario, en la totalmente sumergida en el agua, mientras que la arena simplemente húmeda nos da un apoyo firme. Como no supe qué responder, me propuso una explicación sencilla: Señaló que ese efecto depende de la tensión superficial, de la elasticidad de una superficie líquida. Es la que da cohesión a la gota de agua, o hace que dos gotas pequeñas, al resbalar por el vidrio de una ventana, vayan a fundirse en una gota más grande en el momento en que sus superficies se tocan. Cuando la arena está húmeda hay entre sus granos pequeñísimas cantidades de agua. Las tensiones superficiales de estas cantidades de agua aproximan los granos unos a otros, y el rozamiento hace que sea difícil separarlos. Cuando la arena está seca, no hay, evidentemente, agua entre los granos. Si la arena está sumergida totalmente, hay agua entre los granos, pero no forma superficies líquidas que los empujen unos contra otros. El rompecabezas de la arena nos da una idea del poder y la elegancia de la mentalidad de Einstein.
¿Cómo podría resumir lo que significaba conocer a Einstein y sus obras? Era algo semejante a la revelación del arte verdadero, que permite a uno ver lo que antes estaba oculto. Cuando paseo por la arena de una playa solitaria, recuerdo su incesante busca de la sencillez del cosmos, y el panorama cobra para mí una belleza más melancólica y más profunda.
Lo que no fue Einstein
Un partido político
es la locura de muchos en beneficio de unos pocos.
Alexander Pope
En todos los países
la multitud es esclava de los partidos políticos.
Henrik Ibsen
Cuanto más siniestros
son los deseos de un político, más pomposa,
en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje.
Aldous Huxley
El
hambre no es un problema de superpoblación, es un problema político
y geográfico generado por tres factores:
mala distribución de recursos, cambios climáticos
e incompetencia política.
Bauer
Discutían sobre
cuál fue la profesión mas antigua. El cirujano dijo;
La mía ¿Acaso Dios no hizo a Eva extrayendo
una costilla de Adán?
Si dijo el arquitecto, pero antes de eso ¿No organizó el mundo del Caos?
¿No realizó la Arquitectura del
mundo?
Si, dijo el Político... pero ¿Quién hizo el
Caos?
Ing. Enzo Agadá Goren
Hemos conocido parte del modo de pensar del más grande genio humano, ello me lleva a pensar que como Científico fue el padre de la física teórica y más, superlativamente mucho más que eso. Como pensador fue un Filósofo muy destacado y mucho más que aquello. Como ser humano fue un ser profundamente religioso, enmarcado en el más alto nivel de la religiosidad como lo es el del sentido de la religiosidad cósmica que pocos entendieron y ahora que lo transpersonal hace caer añosos paradigmas se va entendiendo. Fue músico no concertista en cuanto ejecución con su violín que lo acompañaba a todas partes, al decir músico me refiero a la música seria de los grandes genios musicales entre los que admiraba a Mozart, Bach y Beethoven, de los cuales era un experto conocedor, al igual que era un calificado y sorprendente conocedor en una serie de saberes del amplio abanico del saber humano. Fue una persona pacifista, profundamente humana y muy afectado por la injusticia social que enmarca nuestro mundo. En fin, fue tantas cosas y en todas ellas era especialmente destacado, haciendo notar la diferencia con sus ideas. ¿Qué diferencia? La que aporta un ser que encarna venido desde el futuro con la misión de dejarnos ENSEÑANZAS en este presente. Al decir venido del futuro no me refiero necesariamente a la Tierra del año 3000, sino que, ¿por qué no?, a la cuarta dimensión que nos aguarda, en el futuro, en nuestro tránsito evolutivo por los planos o niveles de la Creación manifestada.
Lo que para nada me cuadra es que Einstein haya sido político en el sentido de la connotación política de la palabra del político que vive de la política. El no fue un político: Él fue pacifista, ciudadano del mundo, se preocupó de la explotación y la miseria humana, se preocupó de su pueblo para el que rechazó el honor de ser su segundo Presidente, precisamente, entre otras razones, por saber que él no era político. Suponerlo político es rebajarlo de nivel; si los políticos pensaran como él habría Paz y no habría hambre en el mundo, ni explotación de los pocos con mucho hacia los muchos con poco, ni masiva corrupción, ni imposición de ideologías que han caído por su propio peso previo divinizar a sus políticos líderes con millones de inocentes muertos bajo su credo, ni control humano por dogmas o credos, pues él estaba por sobre eso y respetaba al ser humano. De la vida de Einstein recuerdo varios hechos puntuales, uno de ellos es que al llegar a radicarse en Princeton, New Jersey, Estados Unidos en el año 1933, luego de ser instalado de acuerdo al especial rango con el que la Universidad con orgullo lo recibía, se le preguntó sobre cuál era el sueldo que deseaba recibir. Einstein se sorprendió por la pregunta y dio una cifra que se consideró irrisoria pues no representaba el sueldo de un mes, sino que el de una hora para ese docto lugar. Por lo tanto, políticamente el tema fue tratado con su señora. ¿Creen acaso que si Einstein hubiera sido político habría actuado así? Defender personas, defender derechos de científicos, defender la Paz, defender ideales, defender valores, defender... criticar la injusticia como él lo hizo no es ser político, es ser simplemente ser humano digno. De lo escrito acá en este título 113 tomo cuatro frases o citas que reflejan la opinión de Einstein sobre la política y los políticos:
Mi ideal político es el democrático. Todo el mundo debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado.
Un estómago vacío no es buen consejero político.
Estoy convencido de que los hombres sobresalientes que -aún cuando restringidos a círculos pequeños- fueron considerados líderes a causa de sus obras, comparten todos el mismo ideal. Sin embargo tienen poca influencia. Parecería que el destino de las naciones debe dejarse inevitablemente en manos de los irresponsables dueños del poder político.
Sí tenemos que dividir nuestro tiempo así, entre nuestra política y nuestras ecuaciones, para mí, las ecuaciones son mucho más importantes que la política, porque la política es algo de preocupación actual solamente. Una ecuación matemática permanece eternamente.
A pesar de esta enfermedad invalidante continúa su brillante carrera y ya en 1971 formula su hipótesis sobre los agujeros negros. En 1978 recibe el premio Albert Einstein. En 1982 pasa a ser caballero (Sir) del Imperio Británico... Pues bien, este sabio que, quizá como rebeldía por su enfermedad intenta ser ateo, admira a Einstein y en una de sus referencias no científicas lo mira como político. Veamos:
La conexión de Einstein con la política de la bomba nuclear es bien conocida: firmo la famosa carta al presidente Franklin Roosevelt que impulsó a los Estados Unidos a plantearse en serio la cuestión, y tomó parte en los esfuerzos de la posguerra para impedir la guerra nuclear. Pero éstas no fueron las únicas acciones de un científico arrastrado al mundo de la política. La vida de Einstein estuvo de hecho, utilizando sus propias palabras, "dividida entre la política y las ecuaciones".
La primera actividad política de Einstein tuvo lugar durante la primera guerra mundial, cuando era profesor en Berlín. Asqueado por lo que entendía como un despilfarro de vidas humanas, se sumó a las manifestaciones antibélicas. Su defensa de la desobediencia civil y su aliento público para que la gente rechazase el servicio militar obligatorio no le granjearon las simpatías de sus colegas. Luego, después de la guerra, dirigió sus esfuerzos hacia la reconciliación y la mejora de las relaciones internacionales. Esto tampoco lo hizo popular, y pronto sus actitudes políticas le hicieron difícil el poder visitar los estados Unidos, incluso para dar conferencias.
La segunda gran causa de Einstein fue el sionismo. Aunque era de ascendencia judía, Einstein rechazó la idea bíblica de Dios. Sin embargo, al advertir cómo crecía el antisemitismo, tanto antes como durante la primera guerra mundial, se identificó gradualmente con la comunidad judía, y, más tarde, se hizo abierto partidario del sionismo. Una vez más la impopularidad no le impidió hablar de sus ideas. Sus teorías fueron atacadas; se fundó incluso una organización anti-Einstein. Un hombre fue condenado por incitar a otros a asesinar a Einstein y multado sólo por seis dólares. Pero Einstein era flemático: cuando se publicó un libro titulado 100 autores en contra de Einstein, él replicó: "¡Si yo estuviese equivocado, uno solo habría sido suficiente!".
En 1933, Hitler llegó al poder, Einstein estaba en América, y declaró que no regresaría a Alemania. Luego, mientras la milicia nazi invadía su casa y confiscaba su cuenta bancaria, un periódico de Berlín desplegó en titulares: "Buenas noticias de Einst