J. KRISHNAMURTI

 

OBRAS COMPLETAS AÑOS 1933-1967(Extracto)

 

Tomo II

(1934-1935)

 

 

 

 

 

 

¿QUÉ ES LA RECTA ACCIÓN?

.

 

Traducido del inglés por

Armando Clavier

 

 

EDITORIAL KIER S.A.

Avda. Santa Fe 1260

(1059) Buenos Aires, Argentina


La Fundación Krishnamurti Latinoamericana (F.K.L) tiene la satisfacción de ofrecer al lector de habla hispana las obras completas de Krishnamurti.

 

La F.K.L., fundada por Krishnamurti, cuenta con Delegaciones en América Latina, donde desarrollan labores de información y difusión.

 

 

Título original en inglés

The Collected Works of J.Krishnamurti

Volume II. 1934-l935. What is Right Action?

Copyright 1991 by Krishnamurti Foundation of America

P.O. Box 1560, Ojai, CA. 93024, U.S.A.

Library of Congress Catalog Card Number: 90-62735

ISBN 0-8403-6235-8

Título original en castellano

J.Krishnamurti. Obras Completas Años 1933-1967

Tomo II. 1934-l935. ¿Qué es la Recta Acción?

Editorial Kier, S.A.

Buenos Aires 1995

Todos los derechos de la versión en castellano

cedidos a la Fundación Krishnamurti Latinoamericana

Apartado 5351, Barcelona, 08080, España

Diseño de tapa

Graciela Goldsmidt

Correctora de pruebas

Delia Arrizabalaga

Supervisado por

Armando Clavier

Composición tipográfica

Estudio Fotoarte

Libro de edición argentina

ISBN 950-17-1191-9

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

1995 by Editorial Kier, S.A. Buenos Aires

Impreso en la Argentina

Printed in Argentina


Índice

 

Prefacio 7

Pláticas en Auckland, Nueva Zelanda, 1934

Primera plática en el Municipio, 28 de marzo 9

Primera plática en los jardines de la Escuela Vasanta, 30 de marzo 15

Segunda plática en los jardines de la Escuela Vasanta, 31 de marzo 23

Plática a los teósofos, 31 de marzo 30

Segunda plática en el Municipio, 1º de abril 30

Tercera plática en los jardines de la Escuela Vasanta, 2 de abril 50

Plática a hombres de negocios en Auckland, 6 de abril 56

Pláticas en El Robledal, Ojai, California, 1934

Primera plática, 16 de junio 65

Segunda plática, 17 de junio 69

Tercera plática, 18 de junio 74

Cuarta plática, 19 de junio 79

Quinta plática, 22 de junio 84

Sexta plática, 23 de junio 88

Séptima plática, 24 de junio 93

Octava plática, 25 de junio 98

Novena plática, 28 de junio 103

Décima plática, 29 de junio 108

Undécima plática, 30 de junio 113

Duodécima plática, 1º de julio 118

Pláticas en la Ciudad de Nueva York, Nueva York, 1935

Primera plática en el Salón del Municipio, 11 de marzo 123

Segunda plática en el Salón del Municipio, 13 de marzo 128

Tercera plática en el Salón del Municipio, 15 de marzo 134

Pláticas en Brasil, 1935

Primera plática en Río de Janeiro, 13 de abril 141

Segunda plática en Río de Janeiro, 17 de abril 144

Segunda plática en sao Paulo, 24 de abril 148

Tercera plática en Río de Janeiro, 4 de mayo 150

Cuarta plática en Río de Janeiro, 1º de mayo 154

Quinta plática en Río de Janeiro, 18 de mayo 158

Plática en Niteroi, 28 de mayo 163

Pláticas en Montevideo, Uruguay, 1935

Primera plática, 21 de junio 169

Segunda plática, 26 de junio 173

Tercera plática, 28 de junio 180

Plática en la Universidad, 6 de julio 185

Pláticas en la Argentina, 1935

Primera plática, en Buenos Aires, 12 de julio 189

Segunda plática, en Buenos Aires, 15 de julio 193

Tercera plática, en Buenos Aires, 19 de julio 198

Cuarta plática, en Buenos Aires, 22 de julio 203

Plática en el Colegio Nacional de La Plata, 2 de agosto 208

Pláticas en Rosario y Mendoza, 27 y 28 de julio, 25 y 27 de agosto 213

Pláticas en Chile, 1935

Primera plática en Santiago, 19 de septiembre 223

Plática en Valparaíso, 4 de septiembre 227

Segunda plática en Santiago, 7 de septiembre 231

Tercera plática en Santiago, 8 de septiembre 236

Pláticas en la Ciudad de México, México, 1935

Primera plática, 20 de octubre 241

Segunda plática, 27 de octubre 244

Tercera plática, 30 de octubre 248

Cuarta plática, 3 de noviembre 251

Preguntas 257

 

 

Prefacio

 

Hijo de padres brahmines, Jiddu Krishnamurti nació en 1895 en el sur de la India. Cuando Krishnamurti tenía catorce años, Annie Besant, presidenta de la Sociedad Teosófica, una organización internacional que ponía énfasis en la unidad de todas las religiones, lo proclamó el próximo Instructor del Mundo. Adoptó al muchacho y lo llevó a Inglaterra, donde fue educado y preparado para su rol futuro. En 1911, se formó una nueva organización mundial, con Krishnamurti como Jefe de la misma; tenía el fin exclusivo de preparar a sus miembros para el advenimiento del Instructor del Mundo. En 1929, después de muchos años de cuestionarse a sí mismo y de cuestionar el destino que le habían impuesto, Krishnamurti disolvió esta organización, diciendo:

 

La Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, absolutamente inabordable por ningún camino, no puede ser organizada, ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a lo largo de algún sendero particular. Mi único interés es hacer que los hombres sean absoluta, incondicionalmente libres.

 

Hasta el fin de su vida, a la edad de noventa años, Krishnamurti viajó por el mundo hablando como una persona privada. El rechazo de toda autoridad espiritual y psicológica, incluyendo la suya propia, constituye un tema fundamental. Es de interés prioritario la estructura social y cómo ésta condiciona al individuo. Sus pláticas y escritos ponen el acento en las barreras psicológicas que impiden la claridad de percepción. En el espejo de la relación, cada uno de nosotros llega a comprender el contenido de su propia conciencia, la cual es común a toda la humanidad. Esto podemos hacerlo, no analíticamente, sino directamente de una manera que Krishnamurti describe en detalle. Observando este contenido, descubrimos dentro de nosotros la división del observador y lo observado. Él señala que esta división, que impide la percepción directa, es la raíz del conflicto humano.

Su visión fundamental no vaciló después de 1929, pero durante el resto de su vida Krishnamurti se esforzó por hacer que su lenguaje fuera aun más simple y claro. En su exposición se advierte un desarrollo. Año tras año empleó, con matices diferentes, términos nuevos y nuevas maneras de abordar su enseñanza.

A causa del carácter global de esta enseñanza, las Obras Completas son de extraordinario interés. Dentro de sus pláticas de cada año, Krishnamurti no podía abarcar el campo completo de su visión, pero a lo largo de estos volúmenes pueden encontrarse extensas ampliaciones de temas particulares. En ellos echa los cimientos de muchos de los conceptos que usó en años posteriores.

Las Obras Completas contienen pláticas, discusiones, respuestas a preguntas específicas, y escritos desde el año 1933 hasta el año 1967 inclusive. Son un documento auténtico de sus enseñanzas, basado en transcripciones de registros literales taquigráficos y de grabaciones magnetofónicas.

La Krishnamurti Foundation de Norteamérica, un Trust benéfico, tiene entre sus propósitos la publicación y distribución de libros, videocasetes, filmes y grabaciones magnetofónicas de Krishnamurti. La publicación de las Obras Completas es una de estas actividades.


 


 

15 de julio de 1935

 

 

TERCERA PLÁTICA EN BUENOS AIRES

 

Amigos:

Si nuestras acciones son tan sólo el resultado de algunas reacciones superficiales, entonces tienen que conducir a la confusión, a la desdicha y a las expresiones individuales egocéntricas. Si podemos comprender la causa fundamental de nuestra acción y liberarla de sus limitaciones, entonces la acción generará inevitablemente inteligencia y cooperación en el mundo.

Gran parte de nuestra acción se origina en la compulsión, la influencia, la dominación o el temor, pero hay una acción que es el resultado de la comprensión espontánea. Cada uno de nosotros se enfrenta con la pregunta: ¿Somos capaces de esta acción espontánea de la inteligencia, o debemos ser forzados, dirigidos, controlados? Para realizar, para comprender la vida completamente, tiene que haber acción espontánea.

La acción nacida de alguna reacción superficial, toma a la mente superficial y limitada. Tomemos los celos. Abordándolos superficialmente, esperamos terminar con ellos, libramos de ellos. Tratamos de controlarlos, sublimarlos u olvidarlos. Esta acción implica tratar sólo con un síntoma superficial, sin comprender la causa fundamental en la que se origina la reacción de los celos. La causa es el afán posesivo. La acción nacida de una reacción, de un síntoma, sin que haya comprensión de la causa, tiene que conducir a mayor conflicto y sufrimiento. Cuando la mente está libre de la causa, que es el afán posesivo, entonces el síntoma, que son los celos, desaparece. Es completamente inútil tratar con un síntoma, con una reacción.

Además, tenemos que descubrir y comprender por nosotros mismos cómo actuamos con respecto al sistema establecido de explotación; si sólo lo tratamos superficialmente y así aumentamos los problemas, o si nuestra acción nace de la libertad respecto del afán adquisitivo que causa explotación. Si consideramos profundamente la causa de la explotación, discerniremos que es el resultado del afán adquisitivo, y aunque a veces podamos resolver problemas superficiales, continuarán surgiendo otros problemas y conflictos hasta que de veras estemos libres de la causa.

Tomemos un ejemplo. Vamos de una abstrusa secta a otra, grande o pequeña, con sus dogmas, sus credos y su autoridad y explotación organizadas. Vamos de un maestro a otro; salimos de la jaula de una creencia organizada para caer en otra. La causa fundamental de la creencia organizada que controla y domina al hombre es el temor; y hasta que el hombre esté realmente libre del temor su acción debe ser limitada creando, de este modo, nuevos sufrimientos.

Cada uno de nosotros se enfrenta con este problema: ¿Hemos de actuar superficialmente a base de reacciones o, comprendiendo la causa de la explotación, despertaremos la inteligencia? Si actuamos tan sólo a base de reacciones superficiales, crearemos inevitablemente mayores divisiones, conflictos y desdichas; pero si de verdad comprendemos la causa fundamental de todo este caos y actuamos desde esa comprensión, entonces habrá verdadera inteligencia. Sólo esta inteligencia puede crear el medio apropiado para que cada individuo pueda realizarse plena y creativamente.

 

Pregunta: Si usted ha renunciado a posesiones, dinero, propiedades, como dice que ha hecho, ¿qué piensa del comité que organizó su gira y está vendiendo sus libros en el mismo teatro donde usted ofrece sus conferencias? ¿No está también usted explotando y siendo explotado?

 

KRISHNAMURTI: Ni el comité ni yo hacemos dinero alguno de estas ventas. El gasto de alquiler de este teatro es aportado por algunos amigos. Todo el dinero que se recibe de la venta de estos libros se usa para publicar nuevos libros y folletos. Como algunos de nosotros pensamos que estas ideas serán de gran ayuda para el hombre, deseamos difundirlas, y para mí este deseo no es explotación. Usted no necesita comprar los libros ni necesita venir a estas pláticas. (Aplausos) No va a perderse una oportunidad espiritual al no venir aquí.

La explotación existe donde una persona, algún valor o alguna idea incuestionables los dominan y los impulsan, sutil o groseramente, hacia una acción determinada. Lo que nosotros tratamos de hacer es ayudarles a despertar la propia inteligencia de modo que puedan discernir por sí mismos la causa fundamental que da origen al sufrimiento. Si ustedes mismos no disciernen todas estas limitaciones que les oprimen la mente y el corazón, y así se liberan de ellas, no puede existir la verdadera felicidad o inteligencia.

 

Pregunta: Abandonar toda autoridad y disciplina, todo credo y dogma, puede estar bien para el hombre culto, pero ¿no sería perjudicial para el inculto?

 

KRISHNAMURTI: Es muy difícil determinar quién es el inculto y quién es el culto. Pero lo que cada uno puede hacer individualmente, por sí mismo, es descubrir si la autoridad con todo lo que significa, es realmente beneficiosa. Por favor, comprendan el significado profundo de la autoridad. Uno crea su propia autoridad cuando existe el deseo de protegerse o refugiarse en una esperanza, en un ideal o un cierto conjunto de valores. Esta autoridad, este sistema autodefensivo de pensamiento, le impide a uno vivir completamente, realizarse en plenitud. Del deseo de estar seguros se derivan las disciplinas, las creencias, los ideales y los dogmas. Si ustedes, que se supone son cultos, están verdaderamente libres de la autoridad con todo lo que significa, entonces crearán naturalmente el medio apropiado para aquéllos que aún están oprimidos por la autoridad, la tradición, el temor.

La cuestión, pues, no es qué ocurrirá con el desdichado hombre inculto, sino si nosotros, como individuos, hemos comprendido el significado profundo de la autoridad, la disciplina, la creencia y el credo, y si estamos verdaderamente libres de todas estas cosas. Considerar qué sucederá con el hombre inculto si no se lo controla, es fundamentalmente una manera falsa de buscar ayudarlo. Esta actitud es el verdadero espíritu de explotación. Si al así llamado hombre inculto le diéramos la oportunidad de despertar su propia inteligencia y no ser dominado por nosotros o forzado a seguir nuestro patrón o sistema particular de pensamiento, entonces habría plenitud de realización para todos.

 

Pregunta: ¿Piensa usted que el explotado y el desocupado deberían organizarse y destruir al capitalismo?

 

KRISHNAMURTI: Si ustedes piensan que el sistema capitalista oprime y destruye la inteligencia y la realización individual, entonces, como individuos, deben liberarse de él comprendiendo las causas que lo crean. El sistema, como dije, se basa en el afán adquisitivo, en la seguridad personal tanto religiosa como económica. Ahora bien, si, como individuos, disciernen esto y se liberan de ello, entonces surgirá naturalmente a la existencia una organización auténtica de cooperación inteligente. Pero si sólo crean una organización sin discernimiento, se volverán esclavos de ella. Si cada individuo trata realmente de liberarse de los deseos egoístas, de las ambiciones y el éxito, entonces, cualesquiera que puedan ser las expresiones de esa inteligencia, no dominarán ni oprimirán al hombre.

 

Pregunta: ¿Que entiende usted por moralidad y amor?

 

KRISHNAMURTI: Examinemos la moralidad actual a fin de descubrir cuál debe ser la verdadera moralidad. ¿En qué se basa todo nuestro sistema de moralidad, tanto el religioso como el económico? Se basa en la seguridad individual, en la búsqueda de la propia seguridad. La moralidad actual se asienta totalmente en el egoísmo. Afortunadamente, hay unos pocos que están fuera de esta moralidad estrecha.

Para descubrir qué es la verdadera moralidad, tenemos que empezar a liberamos individualmente, gracias a la comprensión, de esta moralidad estrecha, lo cual implica que uno debe poner en duda, cuestionar los valores de la moralidad actual. Uno tiene que descubrir conforme a qué patrones morales está actuando, si actúa como resultado de la compulsión, de la tradición, o de su propio deseo de estar a salvo, seguro. Ahora bien, si uno está amoldándose meramente a una moralidad basada en la seguridad individual, entonces no puede haber inteligencia ni verdadera felicidad humana. Como individuos, tenemos que entrar inteligentemente en conflicto con este egoísta sistema de moralidad, porque sólo a través de ese conflicto inteligente, a través del sufrimiento, podemos discernir el real significado de estos patrones morales. Su verdadero valor no puede descubrirse mediante el intelecto.

Ahora bien, la mayoría de nosotros tiene miedo de cuestionar, de dudar, porque tal cuestionamiento habrá de producir una acción determinada que exigirá un cambio definido en nuestra vida. Así que preferimos discutir tan sólo intelectualmente acerca de la verdadera moralidad.

El interlocutor también quiere saber qué es el amor. Para comprender qué es el verdadero amor, tenemos que comprender nuestra actitud, nuestro pensamiento y nuestra acción actuales con respecto al amor. Si usted reflexionara de veras sobre ello, vería que nuestro amor se basa en el afán posesivo, y que nuestras leyes y nuestra ética tienen como fundamento este deseo de retener y controlar. ¿Cómo puede haber un amor profundo cuando existe este deseo de poseer, de retener? Cuando la mente está libre del afán posesivo, entonces existe esa belleza, la bienaventuranza del amor.

 

Pregunta: ¿Debemos ceder ante aquellos que están contra nosotros, o debemos evitarlos?

 

KRISHNAMURTI: Ni lo uno ni lo otro. Si usted se limita a ceder, en ello no hay, por cierto, comprensión; y si meramente los evita, en eso hay temor. Si su acción se basa, no en una reacción, sino en la comprensión completa de las causas fundamentales, entonces no es cuestión de ceder ni de escapar. Entonces usted actúa inteligentemente, con verdad.

 

Pregunta: Usted nos está ofreciendo teorías caóticas y nos incita a una rebelión inútil. Me gustaría conocer su respuesta a esta afirmación.

 

KRISHNAMURTI: No les estoy ofreciendo ninguna teoría ni los incito a la rebelión. Si soy capaz de impulsarlos a rebelarse y ustedes consienten, entonces vendrá otro y los adormecerá nuevamente (Risas) Lo importante, pues, es descubrir si están sufriendo. Ahora bien, un hombre que sufre no necesita que lo impulsen a rebelarse, sino que debe mantenerse alerta a fin de descubrir la causa del sufrimiento, y para ello no debe adormecérselo con explicaciones e ideales. Si lo considera muy atentamente verá que, cuando hay sufrimiento, existe el deseo de ser consolado, de que a uno lo adormezcan. Cuando sufrimos, nuestra reacción inmediata es buscar alivio; y aquéllos que nos brindan alivio, consolación, se convierten en nuestra autoridad a la que seguimos ciegamente. Gracias a esa autoridad, nuestro sufrimiento se justifica con explicaciones. La función del verdadero sufrimiento, que es despertar la inteligencia, es negada cuando buscamos consuelo.

Ahora tienen que preguntarse si, como individuos, se sienten satisfechos con las condiciones religiosas, sociales y económicas tal como están, y si no, qué es lo que hacen al respecto. No como grupo o masa, sino como individuos. Cuando se formulan esta pregunta deben, inevitablemente, entrar en conflicto con todas esas autoridades religiosas y sus dogmas, con todas esas moralidades basadas en los deseos egoístas, y con ese sistema en el que una minoría explota al individuo. No lo estoy incitando a la rebelión ni les estoy ofreciendo nuevas teorías. Digo que pueden vivir con plenitud e inteligencia cuando la mente se libera de las estupideces de los deseos egoístas y limitados. Cuando comienzan a descubrir el verdadero significado de los valores que han desarrollado a su alrededor, cuando la mente y el corazón se liberan del temor que ha originado doctrinas, creencias, ideales que continuamente los obstaculizan en su acción, entonces hay realización creativa, la realidad fluye libremente.

 

Pregunta: ¿Es natural que los hombres se maten unos a otros en la guerra?

 

KRISHNAMURTI: Para descubrir si eso es natural o no, usted debe descubrir si la guerra es esencial, si es el modo más inteligente de resolver los problemas políticos o económicos. Debe cuestionar todo el sistema que culmina en la guerra.

Ahora bien, como dije, el nacionalismo es una enfermedad. El nacionalismo es usado como un medio de explotar a la masa. Es la consecuencia de los intereses creados. Por favor, piensen sobre esto y actúen individualmente.

Está el nacionalismo, con sus gobiernos soberanos, separativos, que no consideran a la humanidad como un todo y que se basan en las distinciones de clase y en los intereses creados. ¿Piensan ustedes que este nacionalismo es natural, humano, inteligente? ¿Acaso no es el resultado de la explotación? ¿No es el instrumento para incitar a los pueblos a combatir para que unos pocos puedan beneficiarse? Además, hemos desarrollado una necesidad psicológica por las guerras, necesidad que es la forma más grosera de la estupidez. Mientras sea posible incitamos por medio del patriotismo, nos entregaremos, inevitablemente, a una relación falsa, de la cual se derivan innumerables problemas.

Si ustedes cuestionan a fondo toda la idea del nacionalismo y del afán adquisitivo, jamás preguntarán si la guerra es natural. Hay algunos que están en contra de lo que digo porque piensan que ello perturba su interés creado; y otros se sienten complacidos cuando hablo contra el nacionalismo, sólo porque tienen sus intereses creados en otros países.

Para vivir inteligentemente, sin las discriminaciones de nacionalidades, de clases, sin las divisiones que las religiones crearon entre los hombres, ustedes, como individuos, tienen que liberarse del espíritu adquisitivo. Esto les exige gran percepción alerta, interés y acción. Mientras el individuo no se vea libre de la búsqueda de seguridad propia, habrá confusión, guerras y sufrimiento.

 

Pregunta: Usted nos promete un nuevo paraíso en la Tierra, pero eso es inalcanzable. ¿No cree que necesitamos soluciones inmediatas y no algunas esperanzas remotas? El comunismo universal, ¿no sería la solución inmediata?

 

KRISHNAMURTI: No les estoy prometiendo un futuro paraíso en la Tierra, sino que les digo que pueden hacer de este mundo un paraíso si despiertan y actúan inteligentemente, cuestionando aquellas cosas falsas que los rodean. Ningún sistema va a salvar jamás al hombre; sólo lo hará su propia inteligencia espontánea. Si ustedes se limitan a aceptar un sistema, se vuelven esclavos de él; pero si, a causa del propio sufrimiento, del propio cuestionamiento de esos valores y esas tradiciones, comienzan a despertar la verdadera inteligencia, entonces crearán aquello que no puede explotar al hombre.

Señores, ¿qué es lo que a cada uno de nosotros nos impide vivir de manera inteligente, humana, sagrada? Cada uno está buscando la inmortalidad, la seguridad en otro mando; por lo tanto, las religiones se vuelven una necesidad, con todas sus explotaciones, sus dominaciones y temores. Y aquí, en este mundo, buscamos seguridad de una clase diferente; así hemos desarrollado un sistema despiadado, competitivo, de guerras, distinciones de clase y todo lo demás. Ustedes, como individuos, han creado esta angustia de la discriminación y el sufrimiento, y ustedes como individuos tendrán que cambiar lo que han creado. Pero si recurren meramente al grupo para cambiar las condiciones actuales, entonces no conocerán el éxtasis de la realización profunda y creativa.

Por lo tanto, lo que producirá en el mundo una condición feliz, inteligente, es nuestro propio despertar, nuestro intenso cuestionamiento de los valores; sólo de allí surgirá la acción genuina. Cuando ustedes como individuos comiencen a comprender, por medio de la acción, el verdadero significado de la vida, entonces habrá un paraíso en la Tierra.

 

Pregunta: ¿Cree usted en la inmortalidad del alma?

 

KRISHNAMURTI: La idea del alma se basa en la autoridad y la esperanza. Por favor, antes de que avancen en la investigación de esto, no se pongan a la defensiva. Tratamos de descubrir lo que es verdadero, no lo que es tradicional, no lo que ustedes creen; por lo tanto, primero tenemos que investigar si hay tal cosa como el alma. Para discernir, tienen que llegar a ello sin prejuicio alguno, ni a favor ni en contra.

A causa de nuestro deseo de inmortalidad, hemos creado la idea del alma. Como pensamos que no podemos comprender este mundo, con todas sus angustias, desdichas y explotaciones, anhelamos vivir de manera más plena y más completa, en otro mundo. Pensamos que debe haber alguna otra entidad más espiritual que esta. La idea del alma se basa fundamentalmente en la continuación egoísta.

Ahora bien, la realidad, la verdad, Dios o el nombre que prefieran darle, no es la conciencia egoísta, personal. Cuando ustedes buscan la seguridad, la continuación, imaginan el alma como diferente de la realidad. Habiendo creado esta separación preguntan: “¿Es inmortal el alma?” Cuando la mente está libre de la conciencia limitada con su deseo de continuación, entonces hay inmortalidad, no de la continuación personal, individual, sino de la vida.

La ilusión puede dividirse a sí misma en muchas ilusiones, no así la verdad. Cuando la mente crea ilusión, se divide a sí misma en lo permanente, que llama el alma, y lo impermanente, la existencia transitoria. Esta división sólo engendra más y más ilusiones.

Cuando la mente está libre de toda limitación, hay inmortalidad. Pero ustedes tienen que discernir cuáles son las limitaciones que impiden a la mente vivir con plenitud. El deseo mismo de continuación es la mayor de las limitaciones. Este deseo es el resultado de la memoria, que actúa como una guía, una advertencia de autoprotección contra la vida, contra la experiencia. En esto tiene su origen la fuerza que nos hace imitar, amoldamos, someternos a la autoridad, y así es como existe un temor constante. Todo esto contribuye a formar la idea del “yo”, el cual desea vehemente la continuación. Cuando la mente está libre de este egoísmo que se expresa de múltiples maneras, entonces existe la realidad, o llámenla como quieran. Cuando existe este sentido de la Divinidad, uno no pertenece a ninguna religión, a ningún grupo de personas, a ninguna familia. Sólo cuando ustedes han perdido este sentido de la Divinidad, se vuelven religiosos y se someten a todos los absurdos y crueldades, a la explotación y el sufrimiento. Mientras la mente no sea vulnerable al movimiento, a la rápida corriente de la vida, la realidad no puede existir. La mente tiene que estar por completo desnuda, desprotegida, para poder seguir los movimientos cambiantes de la verdad.

 

 

19 de julio de 1935

 

 

CUARTA PLÁTICA EN BUENOS AIRES

 

Amigos:

No he venido a la Argentina para convertirlos a ningún credo en particular o para instarlos a ingresar en una determinada sociedad, pero si comprenden, a través de la acción, lo que voy a decir, conocerán esa felicidad nacida de la inteligencia, de la plenitud de realización. Si cada uno de ustedes puede vivir supremamente, en esa realización profunda, entonces el mundo como una totalidad, será el más rico, el más feliz; pero la dificultad radica en vivir profundamente. Para vivir profundamente, uno tiene que descubrir por sí mismo su propia singularidad, porque sólo así hay plenitud de realización. Sólo por medio de nuestra auténtica realización, resolveremos los innumerables problemas sociales y económicos. Depender del medio o de una religión para que nos guíe, es crear un obstáculo peligroso para la realización.

Durante esta breve plática y antes de contestar las preguntas, quiero hablar de la individualidad y de la verdadera realización, y ver si las condiciones sociales, morales y religiosas existentes son una ayuda real o un peligroso impedimento. Antes de examinar si las condiciones son peligrosas o útiles, debemos comprender qué es la individualidad, qué es la singularidad del individuo y de qué manera puede éste realizarse creativamente.

Ahora voy a exponer muy brevemente qué es para mí la individualidad. No usaré frases psicológicas o una jerga complicada. Emplearé palabras comunes con su significado corriente.

La individualidad son los recuerdos acumulados y condicionados, tanto del pasado como del presente. Es decir, cada individuo es nada más que una serie de recuerdos condicionados, los que impiden el ajuste inteligente y completo al presente vital y en movimiento. Estos recuerdos le dan a cada uno la cualidad de algo separado, y esto es lo que ustedes llaman la singularidad del individuo.

Ahora bien, ¿en qué se basan estos recuerdos, cuáles son las causas que condicionan y limitan a la conciencia? Si uno examina esto, verá que los recuerdos surgen de reacciones defensivas contra la vida, contra el sufrimiento, contra el dolor. Habiendo cultivado estas reacciones autoprotectoras y titulándolas con grandes palabras que suenan muy agradables, tales como moralidad, virtudes, ideales, la mente vive dentro de este encierro, dentro de esta conciencia limitada de la seguridad que ella misma ha creado. Estos recuerdos, por el impacto de la experiencia, aumentan en su fuerza y capacidad de resistir, generando así división respecto de la realidad viviente, hasta llegar a la insuficiencia total; esto causa temor con sus muchas ilusiones, temor a la muerte y temor al más allá.

Para expresarlo de una manera diferente: Cada uno desea certidumbre, seguridad, y con ese deseo aborda la vida, con esa intención busca la experiencia. De este modo, no comprende en su plenitud la experiencia, la vida misma. Cualquiera que sea la acción nacida del deseo de seguridad, tiene que generar insuficiencia. Siendo incompleto, uno es siempre guiado por los recuerdos, lo cual, otra vez, incrementa la vacuidad, el aislamiento de nuestro ser. Así, esta acción continuada de la insuficiencia impide la realización, que es la plena expresión de la vida sin el obstáculo de los recuerdos condicionados, del egoísmo. O sea, cuando uno aborda la vida con todos los recuerdos basados en la seguridad y en el deseo de estar a salvo, entonces, cualquiera que sea la acción que proviene de eso, debe crear vacuidad, insuficiencia; así no hay realización, no hay comprensión. El significado de la individualidad es que la mente, sólo a través de sí misma, de su propia separación condicionada, mediante la profunda comprensión acerca de la limitación que ella misma ha creado, debe disolver los impedimentos y las barreras que dan origen a la conciencia limitada.

Por favor, ustedes tendrán que reflexionar sobre esto muy profundamente y no sólo aceptarlo o rechazarlo. La mente, estando condicionada por la memoria basada en la seguridad, por las así llamadas virtudes, por las moralidades autoprotectoras, se halla impedida en su realización. Habiendo comprendido esto, podemos descubrir si la sociedad, la moralidad, la religión, ayudan al individuo a liberarse y realizarse en plenitud.

O bien la sociedad, tal como existe, con su moralidad y su religión, es fundamentalmente legítima y así ayuda al individuo a realizarse, o, si no es legítima, tenemos que producir una revolución completa en nuestro pensar y actuar. Ustedes tienen que investigar si sus religiones, sus moralidades, son verdaderas. Yo digo que no lo son; porque la sociedad se basa en el afán adquisitivo, los valores morales en la seguridad autoprotectora, y la religión, que es creencia organizada, se basa fundamentalmente en el temor, aunque podamos disimular esto llamándolo amor a Dios, amor a la verdad. Si ha de haber verdadera realización creativa, no pueden existir este sentido de poseer o adquirir, ni estos valores morales basados en la seguridad defensiva, egoísta, ni estas religiones con sus promesas de inmortalidad, lo cual no es sino otra forma de egocentrismo y temor.

Por lo tanto, cada uno de ustedes, el individuo, tendrá que darse cuenta de la prisión en que se halla encerrado; y al tomarse consciente, alerta, comenzará a descubrir qué es estupidez y qué es inteligencia. Es gracias a nuestra propia inteligencia que puede haber realización, no mediante la aceptación de la autoridad. Lo importante, pues, es el individuo, porque sólo a causa de su propia inteligencia existe la plenitud de realización, el éxtasis de la vida. Esto no quiere decir que yo esté predicando el individualismo. Todo lo contrario: es el sistema individualista de la fe religiosa y la creencia, de los valores morales y la conducta adquisitiva, el que destruye la verdadera realización. Por lo tanto, ustedes que escuchan, tienen que comprender, tienen que abandonar esta prisión, haciéndolo mediante el propio discernimiento inteligente; y esto exige una continua agudeza mental. No puede haber seguimiento de otro ni puede haber aceptación de la autoridad, porque eso implica que hay temor; y el temor destruye todo discernimiento.

 

Pregunta: Yo creo que no tengo ninguna clase de apegos y, sin embargo, no me siento libre. ¿Qué es este sentimiento penoso de ser un prisionero, y qué puedo hacer al respecto?

 

KRISHNAMURTI: En vez de comprender la causa del sufrimiento, uno busca el desapego. Ahora bien, cuando uno sufre a causa del afán posesivo, trata de desarrollar lo opuesto, que es el desapego. En otras palabras, se desapega a fin de no ser lastimado, y a este opuesto lo llama virtud. Si uno descubriera realmente cuál es la causa del sufrimiento, entonces, al comprenderla profundamente, con la totalidad del ser, la mente estaría libre para vivir de manera plena y completa sin caer en otra prisión, la prisión del opuesto.

 

Pregunta: ¿Está usted también en contra de organizaciones tales como la de los ferrocarriles, etcétera?

 

KRISHNAMURTI: Me he estado refiriendo a esas organizaciones que hemos creado a causa de los miedos autoprotectores. Ahora bien, casi todas las organizaciones del mundo se basan en la explotación, pero me he estado refiriendo en especial a las organizaciones en tomo a la creencia religiosa.

Sostengo que estas organizaciones religiosas, sectarias, son verdaderos impedimentos para el hombre. Aquéllos de ustedes que pertenecen a organizaciones religiosas, tengan la bondad de no estar a la defensiva cuando digo esto; traten, más bien, de descubrir si es así o no. Si descubren que no es así, entonces es correcto tenerlas. Pero antes de decir que las organizaciones religiosas son necesarias, tienen que examinarlas imparcialmente. ¿Cómo van a examinarlas? Para examinar objetivamente cualquier cosa, nuestra mente debe ser por completo impersonal. Eso significa que deben poner en duda todas las creencias, todos los ideales que han conservado hasta ahora o que estas organizaciones ofrecen. A causa del cuestionamiento, surge un conflicto distinto; y sólo cuando hay conflicto, pueden ustedes empezar a comprender el verdadero significado de las creencias organizadas. Si las examinan sólo de manera intelectual, jamás comprenderán lo que realmente significan. Por eso la mayoría de las religiones prohiben la duda a sus seguidores. La duda se ha vuelto un obstáculo religioso, un impedimento. A causa de su propio temor, han desarrollado ustedes ciertas creencias, ilusiones, ciertos ideales a los que se han esclavizado, y sólo mediante el propio sufrimiento comprenderán verdaderamente lo que significan.

 

Pregunta: Hay personas que, por una parte, explotan a miles de seres humanos, y por la otra donan millones de dólares a instituciones religiosas. ¿Por qué? (Risas)

 

KRISHNAMURTI: Ustedes se ríen de esta pregunta, pero también están involucrados en ella. Explotamos, amasamos fortunas, y después nos volvemos filántropos. Quizás algunos de ustedes no tienen la despiadada habilidad para amasar riquezas, pero hacen lo mismo de otro modo, al perseguir la virtud.

¿Qué hay, pues, detrás de esta falsa caridad del filántropo y de esta falsa avidez por acumular virtud? El filántropo, a causa del temor, a causa de muchas reacciones defensivas, quiere reintegrar un poco a la víctima que él ha explotado. (Risas) Y ustedes lo honran, dicen lo maravilloso que es. Eso no es caridad. Es tan sólo egoísmo.

¿Y por qué persiguen ustedes la virtud y tratan de acumularla? Es una protección defensiva, una salvaguarda contra el sufrimiento. Si examinan su virtud, verán que se basa en la idea egoísta de prevenir el sufrimiento. Esta autoprotección no es virtud. Conociendo lo que son y no escapando de ello mediante la así llamada virtud, descubrirán la belleza, la riqueza de la vida.

El filántropo, a causa de su deseo de seguridad, se atrinchera en el poder que otorgan las posesiones; y el hombre que persigue la virtud erige a su alrededor muros de protección contra el movimiento de la vida. El hombre virtuoso y el filántropo son iguales. Ambos temen a la vida. No están enamorados de la vida.

 

Pregunta: Nosotros somos felices con nuestras creencias y tradiciones basadas en las doctrinas de Jesús, mientras que en su país, la India, hay millones que están lejos de ser felices. Todo lo que usted nos está diciendo, el Cristo lo enseñó hace dos mil años. ¿De qué sirve que nos predique a nosotros en vez de hacerlo a sus propios compatriotas?

 

KRISHNAMURTI: El pensamiento no pertenece a ninguna nación, a ninguna raza. (Aplausos) La realidad no está condicionada por diferencias religiosas o raciales, y a causa de que el interlocutor ha dividido el mundo en cristiano e hindú, en India y Argentina, ha contribuido a crear desdicha y sufrimiento en el mundo. (Aplausos) Cuando hablo en la India acerca del nacionalismo, ellos me dicen: “Vaya a Inglaterra y dígale a la gente que el nacionalismo es estúpido, porque es Inglaterra la que nos impide vivir”, (Risas) y cuando vengo aquí, ustedes me dicen: “Vaya a alguna otra parte y déjenos con nuestra propia creencia y religión. No nos moleste”. (Risas)

Si sus propias creencias y tradiciones los satisfacen, entonces no escucharán lo que digo, porque sus tradiciones y sus creencias son refugios en los que se ponen a cubierto en tiempos de dificultades. No quieren enfrentarse a la vida; por lo tanto, dicen: “Estoy satisfecho, no me moleste”. Si realmente quieren comprender la verdad, si quieren conocer el amor, deben estar libres de creencias y religiones organizadas. No puede haber “la religión de uno” y “la religión de otro”, las creencias y doctrinas de uno contra las de otro. El mundo será feliz cuando no haya necesidad de predicadores, cuando cada individuo se realice verdaderamente; y como no ocurre así, siento que puedo ayudarlo en su realización.

Si ustedes sienten que los perturbo, que les causo pesar, entonces permanecerán naturalmente en la religión a la que pertenecen, con sus explotaciones e ilusiones; pero la vida no los dejará tranquilos. En eso radica la belleza de a vida. Por mucho que se hayan protegido y encerrado dentro de certidumbres, de seguridades, de creencias, la ola de la vida derrumba toda esa estructura de ustedes. Pero el hombre que no tiene apoyo ni seguridad, conocerá la bienaventuranza de la vida.

 

Pregunta: ¿Qué es esa memoria, creada por la acción incompleta en el presente, de la que usted dice que debemos liberarnos?

 

KRISHNAMURTI: En la breve introducción a esta plática, traté de explicar de qué modo los recuerdos, como elementos de autodefensa, mutilan nuestro pensamiento y nuestra acción. Tomemos un ejemplo.

Si usted ha sido educado como cristiano, con ciertas creencias, aborda la vida, la experiencia con esa mentalidad limitada. Naturalmente, esos prejuicios, esas limitaciones le impiden comprender la experiencia en su plenitud. Por lo tanto, en su pensamiento y en su acción hay insuficiencia. Esta barrera que crea insuficiencia es lo que llamamos la memoria. Esta memoria con sus recuerdos actúa como una prevención autodefensiva, como una guía contra la vida para ayudamos a evitar el sufrimiento. Así, casi todos nuestros recuerdos son reacciones autoprotectoras contra la inteligencia, contra la vida. Cuando una mente está libre de todas estas reacciones autoprotectoras, de estos recuerdos, entonces existe el movimiento pleno de la vida, de la realidad.

O tomemos otro ejemplo. Supongamos que usted ha sido educado en cierta clase social, con todo su esnobismo, sus restricciones y tradiciones. Con ese impedimento, con esa carga, no puedo comprender o vivir la plenitud de la vida. Por consiguiente, estos recuerdos autoprotectores son la verdadera causa del sufrimiento; y si usted quiere estar libre del sufrimiento, no pueden existir estos valores de autoprotección por los cuales procura guiarse en la vida.

Si reflexiona sobre esto, si su mente se da cuenta de sus propias creaciones, entonces discernirá cómo ha establecido para sí mismo guías, valores que no son sino recuerdos a modo de protección contra el movimiento incesante de la vida. Un hombre esclavo de recuerdos autoprotectores no puede comprender ni amar la vida. Su acción con respecto a la vida es la acción de autodefensa. Su mente está tan cerrada, que los veloces movimientos de la vida no pueden penetrar en ella. Busca la eternidad, la inmortalidad, lejos de la vida, y así vive una serie continua de ilusiones. Para un hombre semejante, cuya conciencia está limitada por los recuerdos, jamás puede existir el devenir eterno de la vida.

 

Pregunta: ¿No hay peligro en buscarla divinidad o la inmortalidad? ¿No puede esto convertirse en una limitación?

 

KRISHNAMURTI: Es una cruel limitación si usted la busca, porque su búsqueda es meramente un escapar de la vida; pero si no escapa de la vida, si gracias a su acción comprende profundamente los conflictos, las angustias y el sufrimiento, entonces la mente se libera de sus propias limitaciones y hay inmortalidad. La vida en sí es inmortal. Ustedes tratan de encontrar la inmortalidad, no dejan que ocurra. Un hombre que trata de enamorarse, jamás conocerá el amor. Esto es lo que sucede con todas esas personas que buscan la inmortalidad, porque para ellas la inmortalidad es una seguridad, una continuación egoísta. Si la mente está libre de la búsqueda de seguridad, la cual es muy sutil, entonces existe la bienaventuranza de esa vida que es inmortal.

 

Pregunta: ¿Por qué hace usted caso omiso del problema sexual?

 

KRISHNAMURTI: No lo hago; pero si usted quiere comprender esta cuestión, no trate de resolverla separadamente, lejos de los demás problemas humanos. Son todos una sola cosa.

El sexo se convierte en un problema cuando hay frustración. Cuando el trabajo, que debería constituir la verdadera expresión de nuestro ser, se vuelve meramente mecánico, estúpido e inútil, entonces hay frustración; cuando nuestras vidas emocionales, que deberían ser ricas y completas, están bloqueadas por el temor, hay frustración; cuando la mente, que debería ser alerta, flexible, ilimitada, se halla abrumada por la tradición, los recuerdos autoprotectores, los ideales y las creencias, hay frustración. De este modo, el sexo se vuelve, un problema anormal cuya importancia resulta exagerada. Donde hay realización plena, no hay problemas. Cuando usted está enamorado y, por estarlo, es vulnerable, el sexo no es un problema. Para el hombre que considera al sexo como una mera sensación, éste se vuelve un problema apremiante que corroe su corazón y su mente. Usted estará libre de este problema sólo cuando, a través de la acción, la mente se libere de todas las limitaciones e ilusiones, de todos los temores que ella misma se ha impuesto.

Hay preguntas que tratan sobre la reencarnación, la muerte y el más allá, sobre el espiritismo, la mediumnidad y varios otros temas, que sería imposible contestar, ya que mi tiempo es limitado. Pero si les interesa, pueden leer algunas de las cosas que he dicho al respecto. Ustedes buscan explicaciones, pero las explicaciones son como polvo para el hombre hambriento. Sólo la acción despierta a la mente como para que ésta comience a discernir. Cuando hay discernimiento, de nada valen las explicaciones.

Tomemos, por ejemplo, esta pregunta: “¿Cuál es su concepto de Dios?” Si uno se satisface meramente con una explicación, eso demuestra la pobreza de su ser; y me temo que la mayoría se satisface de ese modo. Las religiones de ustedes se basan en explicaciones, revelaciones, experiencias de otras personas. ¿De qué sirve, pues, que yo les dé otra explicación, o les dé otra creencia para que la agreguen a su museo de creencias muertas? Si reflexionaran profundamente sobre toda esta idea de buscar a Dios, verían que, sutil y hábilmente, están escapando del conflicto de la vida. Si comprendemos la vida, si captamos el significado profundo del vivir, entonces Dios es la vida misma, no alguna superinteligencia lejos de nuestra vida. Pero esto exige gran agudeza de pensamiento, no búsqueda de satisfacción o de explicaciones. Dios está en la comprensión misma del conflicto y del sufrimiento, cuando se han vuelto inútiles toda seguridad, todo apoyo, cuando uno está cara a cara con la vida sin obstáculo alguno.

 

 

 

22 de julio de 1935

 

PLÁTICA EN EL COLEGIO NACIONAL DE LA PLATA

 

Amigos:

Para la mayoría de nosotros, la profesión se halla aparte de nuestra vida personal. Está el mundo de la profesión y la técnica, y está la vida de los sentimientos sutiles, de las ideas, los temores y el amor. Somos adiestrados para un mundo profesional, y sólo ocasionalmente, a través de este adiestramiento y esta compulsión, escuchamos los vagos murmullos de la realidad. Poco a poco, el mundo profesional se ha vuelto opresivo y exigente, ocupando todo nuestro tiempo de tal modo que hay muy poca oportunidad para la reflexión y la emoción profunda. Y así la vida de la realidad, de la felicidad, se vuelve cada vez más imprecisa y distante. De este modo, llevamos una doble vida: la vida de la profesión, del trabajo, y la vida de los deseos, sentimientos y esperanzas sutiles.

Esta división entre el mundo profesional y el mundo de la simpatía, del amor y de los profundos movimientos del pensar, es un impedimento fatal para la plena realización del hombre. Como esta división existe en las vidas de la mayoría de las personas, investiguemos si no es posible tender un puente sobre este abismo destructivo.

Con raras excepciones, el seguir una determinada profesión no implica la expresión natural de un individuo; no es la realización plena o la expresión completa de la totalidad de su ser. Si examinan esto verán que no es sino el adiestramiento del individuo para ajustarse a un sistema rígido e inflexible. Este sistema se basa en el temor, el afán adquisitivo y la explotación. Tenemos que descubrir ‑cuestionando profunda y sinceramente, no superficialmente‑ si este sistema al cual los individuos están obligados a ajustarse, es realmente capaz de liberar la inteligencia del hombre y así producir su plena realización. Si este sistema es capaz de permitir verdaderamente la realización profunda del individuo, que no es meramente su egoísta expresión propia, entonces debemos darle nuestro apoyo. Por consiguiente, tenemos que considerar toda la base de este sistema y no dejamos llevar por sus efectos superficiales.

Para un hombre adiestrado en una determinada profesión, es muy difícil discernir que este sistema se basa en el temor, el espíritu adquisitivo y la explotación. Su mente ya se halla establecida en el interés propio; por lo tanto, es incapaz de una acción genuina con respecto a este sistema que tiene su base en el temor. Tomemos, por ejemplo, un hombre adiestrado para el ejército o la armada; es incapaz de percibir que los ejércitos deben, inevitablemente, generar guerras. O tomemos un hombre cuya mente se halla deformada por cierta creencia religiosa; es incapaz de discernir que la religión como creencia organizada tiene que envenenar todo su ser. Así, cada profesión crea una mentalidad particular, lo cual impide la comprensión completa propia del hombre integrado.

Como a casi todos nosotros se nos está educando o ya se nos ha educado para que nos deformemos a fin de encajar en un molde particular, no podemos ver la tremenda importancia que tiene considerar los múltiples problemas humanos como un todo y no dividirlos en diversas categorías. Como hemos sido adiestrados y deformados, debemos libramos del molde y reconsiderar las cosas, actuar de una manera nueva a fin de comprender la vida como una totalidad. Esto exige de cada individuo que, a través del sufrimiento, se libere del temor, Si bien hay muchas formas de temor ‑social, económico y religioso sólo hay una causa, que es la búsqueda de seguridad. Cuando individualmente destruimos los muros y las fórmulas que la mente ha creado a fin de protegerse, engendrando de este modo temor, entonces surge la verdadera inteligencia que producirá orden y felicidad en este mundo de caos y sufrimiento.

Por un lado está el molde de la religión, que impide y frustra el despertar de la inteligencia individual, y por el otro, el interés creado de la sociedad y la profesión. En estos moldes de los intereses establecidos, el individuo es adiestrado violenta y cruelmente, sin tomarse en cuenta su realización individual. De este modo se le obliga a dividir la vida: por una parte, la profesión como medio de subsistencia, con todas sus estupideces y explotaciones, y por la otra, el campo subjetivo de las esperanzas, los temores y las ilusiones, con todas sus frustraciones y complejidades. En esta separación tiene su origen el conflicto que impide siempre la profunda realización individual. La actual condición caótica es el resultado y la expresión de este conflicto constante y esta compulsión ejercida sobre el individuo.

La mente debe desenredarse de las múltiples compulsiones y autoridades que ha creado para sí misma a causa del temor, y así despertar esa inteligencia que es única y no individualista. Sólo esta inteligencia puede dar origen a la genuina realización del hombre.

Esta inteligencia se despierta mediante el continuo cuestionamiento de esos valores a los que la mente se ha acostumbrado y a los cuales está ajustándose constantemente. Para el despertar de esta inteligencia resulta de suma importancia la individualidad. Si ustedes siguen ciegamente un patrón establecido, entonces ya no están despertando la inteligencia sino que, a causa del temor, tan sólo se amoldan, se ajustan a un ideal, a un sistema.

El despertar de esta inteligencia es una tarea sumamente difícil y ardua, porque la mente es tan timorata que está siempre creando refugios para protegerse. Un hombre que quiera despertar esta inteligencia debe estar supremamente alerta, siempre consciente, sin escapar hacia una ilusión; porque cuando uno comienza a cuestionar estos valores y patrones, hay conflicto y sufrimiento. Para escapar de ese sufrimiento, la mente empieza a crear otra serie de valores, penetrando en la limitación de un nuevo encierro. Se mueve así de una prisión a otra, pensando que eso es vivir, evolucionar.

El despertar de esta inteligencia destruye la falsa división de la vida en la profesión o la necesidad externa por un lado, y el refugio interno de las ilusiones para escapar de la frustración por el otro, y de ese modo da origen a la integridad de la acción. Por eso, sólo gracias a la inteligencia puede haber verdadera realización y felicidad para el hombre.

 

Pregunta: ¿Cuál es su actitud hacia la universidad y la enseñanza oficial, organizada?

 

KRISHNAMURTI: ¿Para qué prepara la universidad al individuo? ¿Qué es lo que la universidad llama educación? Al individuo se lo prepara a fin de que luche para sí mismo y, de ese modo, se encaje en un sistema de explotación. Una preparación semejante debe crear, inevitablemente, confusión y desdicha en el mundo. A ustedes se los prepara para ciertas profesiones dentro de un sistema de explotación, ya sea que el sistema les guste o no. Ahora bien, este sistema se basa fundamentalmente en el temor adquisitivo; por lo tanto, en cada individuo deben crearse por fuerza esas barreras que habrán de separarlo y protegerlo de los demás.

Tomemos, por ejemplo, la historia de cualquier país. En ella encontrarán que son exaltados los héroes, los guerreros de ese país en particular. Encontrarán la estimulación del egoísmo racial, del poder, del honor y el prestigio, lo cual no hace sino indicar una estúpida estrechez y limitación. Así es como se instala paulatinamente el espíritu del nacionalismo; por medio de los diarios, de los libros, del ondear de banderas, se nos adiestra para que aceptemos el nacionalismo como una realidad y, de este modo, podamos ser explotados. (Aplausos) Tomemos, a su vez, la religión. Por estar basada en el miedo, destruye el amor creando ilusiones, separando a los hombres. y para disimular ese miedo, ustedes dicen que es el amor a Dios, (Aplausos)

De este modo, la educación ha terminado por volverse meramente amoldamiento a un sistema determinado; en vez de despertar la inteligencia del individuo, se lo obliga a amoldarse y así se impide su verdadera moralidad y realización.

 

Pregunta: ¿Piensa usted que las leyes actuales y el actual sistema, que se basan en el egoísmo y en el deseo de seguridad individual, pueden alguna vez ayudar a la gente en el sentido de una vida mejor y más feliz?

 

KRISHNAMURTI: No sé por qué se me ha formulado esta pregunta. El propio interlocutor, ¿acaso no se da cuenta de que estas cosas impiden a los seres humanos vivir plenamente? Si se da cuenta, ¿cuál es su acción individual con respecto a toda esta estructura? El mero rebelarse es comparativamente inútil, pero si uno se desembaraza individualmente de esa estructura gracias a su propia acción, libera la inteligencia creativa y, de ese modo, permite la dicha del vivir. Esto significa que uno mismo debe ser responsable y no esperar que algún grupo colectivo cambie el medio. Si cada uno de nosotros sintiera de veras la necesidad de la plena realización individual, estaría destruyendo continuamente la cristalización de la autoridad y la compulsión a buscar y a aferrarse siempre a lo que le ofrece seguridad y consuelo.

 

Pregunta: Se dice que usted está contra todo tipo de autoridad. ¿Quiere decir que no es necesaria alguna clase de autoridad en la familia o en la escuela?

 

KRISHNAMURTI: El interrogante acerca de si la autoridad debe o no debe existir en una escuela o en la familia, será respondido cuando usted mismo comprenda todo el significado de la autoridad.

Ahora bien, lo que yo entiendo por autoridad es el ajuste, a causa del temor, a un determinado patrón, ya sea del medio, de la tradición y el ideal o de la memoria. Tomemos la religión tal como es. Ahí verá usted que, por medio de la fe y la creencia, el hombre es mantenido en la prisión de la autoridad, porque cada uno está buscando su seguridad personal a través de lo que él llama inmortalidad. Esto es nada más que un anhelo de continuación egoísta, y un hombre así, cuando afirma que la inmortalidad existe, está garantizando su propia seguridad. (Risas) De esta manera, gradualmente, a causa del temor, llega a aceptar la autoridad, la autoridad de las amenazas religiosas, de los temores, de las supersticiones, las esperanzas y las creencias. O rechaza las autoridades externas y desarrolla sus propias ideas personales que se convierten en sus autoridades, a las que se aferra en la esperanza de no ser lastimado por la vida, Así la autoridad se vuelve el instrumento de autodefensa contra la vida, contra la inteligencia.

Cuando uno comprende este profundo significado de la autoridad, no hay caos sino un profundo despertar de la inteligencia. Mientras haya temor, tienen que existir sutiles formas de autoridad e ideales a los que cada uno se somete para eludir el sufrimiento. Así, debido al temor, cada uno crea explotadores. Donde hay autoridad, compulsión, no puede haber inteligencia, y es sólo ésta la que puede dar origen a la verdadera cooperación.

 

Pregunta: ¿Cómo podría organizarse la libertad del mundo occidental conforme a la sensibilidad del mundo oriental?

 

KRISHNAMURTI: Me temo que no entiendo muy bien la pregunta. Para la mayoría de las personas, el Oriente es algo misterioso y espiritual. Pero los orientales son personas exactamente iguales que ustedes; como ustedes, sufren, explotan, tienen temores, anhelos espirituales y muchas ilusiones. El Oriente tiene, en lo superficial, costumbres y hábitos diferentes, pero en lo fundamental somos todos iguales, ya sea en Oriente o en Occidente. Algunas raras personas de Oriente han puesto atención en una cultura propia, en el descubrimiento del verdadero significado de la vida y la muerte, de la ilusión y la realidad. La mayoría de la gente tiene una idea romántica de la India, pero no voy a ofrecer una plática acerca de ese país. Por favor, no procuren ajustarse a una tierra supuestamente espiritual como la del Oriente; antes bien, tomen conciencia de la prisión que ocupan. Al comprender cómo ha sido creada y al discernir su verdadero significado, la mente se liberará del temor y de la ilusión.

 

Pregunta: ¿Cuál debería ser la actitud de la sociedad hacia los delincuentes?

 

KRISHNAMURTI: Todo depende de quiénes sean los que usted llama delincuentes. (Risas, aplausos) Un hombre que roba porque no puede evitarlo, debería ser considerado y tratado como un cleptómano. Al hombre que roba porque tiene hambre también lo llamamos delincuente porque quita algo a aquéllos que poseen. Es el sistema el que le hace pasar hambre, necesidades, y es el sistema el que lo convierte en delincuente. En vez de cambiar el sistema, tomamos al así llamado delincuente y lo introducimos a la fuerza en una cárcel. Después está el hombre que, con sus ideas, perturba el interés creado de la religión o del poder mundano. También lo llaman ustedes un delincuente peligroso y se libran de él.

Ahora bien, del modo como usted considera la vida, depende quién sea el que usted llama delincuente. Si usted es adquisitivo, posesivo, y otro dice que la adquisición conduce a la explotación, a la crueldad y al dolor, usted califica a esa persona de delincuente o de idealista. A causa de que no puede ver la grandeza y viabilidad de la no adquisición, del no apegarse a las cosas, piensa que esa persona es perturbadora de la paz. Yo digo que uno puede vivir en el mundo, donde impera este continuo espíritu posesivo y esta explotación, sin apegarse, sin ser posesivo.

 

Pregunta: Muchos de nosotros somos conscientes de esta vida corrupta que nos rodea y de que tomamos parte en ella. ¿Qué podemos hacer para libramos de sus sofocantes efectos?

 

KRISHNAMURTI: Usted puede estar consciente desde el punto de vista intelectual y, por lo tanto, no habrá acción, pero si se da cuenta con todo su ser, entonces hay acción y ésta es lo único que liberará la corrupción a la mente. Si usted sólo está consciente en lo intelectual, entonces formula una pregunta como ésta. Entonces dice: “Dígame cómo actuar”, lo cual implica: “Deme un sistema, un método para seguir, de modo que pueda escapar de esa acción que quizá requiera sufrimiento”. Debido a esta exigencia de un método, la gente ha creado explotadores en todo el mundo.

Si usted está de verdad consciente con todo su ser de que determinada cosa es un obstáculo, un veneno, entonces quedará completamente libre de ella. Si tiene conciencia de que hay una serpiente en la habitación ‑y esa conciencia es por lo general aguda porque el miedo está contenido en ella-, jamás pregunta a otro cómo librarse de la serpiente, (Risas) Del mismo modo, si está completa y profundamente consciente, por ejemplo, del nacionalismo, o de cualquier otra limitación, entonces no preguntará cómo librarse de ella; discernirá por sí mismo la completa estupidez que implica. Si está por completo consciente de que la aceptación de la autoridad en la religión y en la política es destructiva de la inteligencia, entonces usted, el individuo, desenredará a la mente de todas las estupideces y ostentaciones de la religión y la política. (Aplausos) Si sintieran de veras todo esto, no se limitarían a aplaudir, sino que actuarían individualmente.

La mente se ha impuesto a sí misma muchos obstáculos, a causa de su propio deseo de seguridad. Estos obstáculos están impidiendo la inteligencia y, por ende, la realización completa del hombre. Si yo fuera a ofrecerles un nuevo sistema, éste sería tan sólo una sustitución, la cual no haría que pensaran de un modo nuevo desde el principio. Pero si se dan cuenta de cómo, a causa del temor, están creando muchas limitaciones y así se liberan de ellas, entonces existirá para ustedes la vida de exquisita belleza, la vida del eterno devenir.

Señores, es muy bueno que me hayan invitado y les estoy agradecido por escucharme

 

 

 

2 de agosto de 1935

 

 

PLÁTICAS EN ROSARIO Y MENDOZA

(Condensadas del informe correspondiente a las pláticas ofrecidas el 27 y 28 de julio, y 25 y 27 de agosto de 1935)

 

Amigos:

Cuando uno escucha algo nuevo, es proclive a dejarlo de lado sin prestarle atención; y como yo vengo de la India, la gente tiene propensión a imaginar que le traigo un misticismo oriental que carece de valor para la existencia cotidiana. Por favor, escuchen esta plática sin prejuicio alguno y no la descarten calificándome de místico, anarquista, comunista o como puedan llamarme. Si tienen la bondad de escuchar sin prejuicio pero con espíritu crítico, verán que lo que he de decir tiene un valor fundamental. Es muy difícil ser auténticamente críticos, porque estamos tan acostumbrados a examinar las ideas y las experiencias a través del velo de la oposición y el prejuicio, que falseamos la claridad de comprensión. Si ustedes son cristianos, como lo son en su mayoría, están forzados a examinar lo que digo, a través del prejuicio particular que su religión ha generado en ustedes. O, si sucede que pertenecen a algún partido político, consideraran naturalmente lo que voy a decir, a través del prejuicio de ese partido en particular. No podemos resolver los problemas humanos mediante ningún prejuicio, ya sea de un sistema, de un partido o de la religión.

En todas partes del mundo hay un sufrimiento constante que parece no tener fin. Hay explotación de una clase por otra. Vemos al imperialismo con todas sus estupideces, con sus guerras y las crueldades del interés creado, ya sea el de las ideas, el de las creencias o el del poder. Luego está el problema de la muerte y la búsqueda de felicidad y certidumbre en otro mundo. Una de las razones fundamentales por las que pertenecen a una religión o a una secta religiosa, es que les promete una morada segura en el más allá.

Aquéllos de nosotros que estamos activa e inteligentemente interesados en la vida, vemos todo esto y, deseosos de un cambio fundamental, pensamos que debe haber un movimiento de masas. Ahora bien, para crear un movimiento verdaderamente colectivo, es indispensable que haya un despertar del individuo. Estoy interesado en ese despertar. Si cada individuo despierta dentro de sí esa genuina inteligencia, dará origen al bienestar colectivo sin explotación ni crueldad. Mientras esté impedida la inteligente realización del individuo, tiene que haber caos, crueldad y dolor. Si a ustedes se los empuja, mediante el temor, a cooperar, jamás puede haber verdadera realización individual. No estoy interesado, pues, en crear una nueva organización o un nuevo partido, ni en ofrecer una nueva sustitución, sino en el despertar de esa inteligencia, lo único que puede resolver las múltiples desdichas y los sufrimientos humanos.

Muy pocos de nosotros somos individuos; somos tan sólo la expresión de un sistema colectivo de tradiciones, temores e ideales. Puede haber verdadera individualidad sólo cuando cada uno, a causa del conflicto y del sufrimiento, discierna el significado profundo del medio en que está atrapado. Si uno es meramente la expresión de lo colectivo, ya no es más un individuo; pero si comprende todo el significado de la conciencia colectiva que hoy domina al mundo, entonces comienza a despertar esa inteligencia que llega a ser la genuina expresión y realización del individuo.

Ahora no somos sino la expresión, el resultado del medio pasado y presente. Somos producto de la compulsión y la imposición, hemos sido moldeados dentro de un patrón particular, el patrón de la tradición, de ciertos valores y ciertas creencias, del miedo y la autoridad. Por conveniencia de expresión dividiremos este molde que nos retiene, en interno y externo, religioso y económico, pero en realidad no existe una división semejante.

La religión es nada más que un sistema organizado de creencia, el cual se basa en el temor y el deseo de seguridad. Donde hay interés propio, deseo de seguridad, tiene que haber temor; y mediante la religión ustedes buscan lo que llaman inmortalidad, una seguridad en el más allá, y a los que les prometen y aseguran esa inmortalidad, los convierten en sus guías, maestros y autoridades. De esta manera, a causa del propio deseo de continuación egoísta, crean a los explotadores.

Cuando la mente busca sentirse segura por medio de la inmortalidad, debe crear autoridades, y esas autoridades se vuelven la causa constante del temor y la opresión. Así, para guiarnos y para sujetamos, están los ideales, las creencias, los dogmas y los credos que dan origen a lo que llamamos religión. Para atender nuestras ilusorias necesidades generadas por el temor, están los sacerdotes, quienes se convierten en nuestros explotadores. Por eso tenemos las religiones con su interés establecido, su opresión y explotación, que sujetan al hombre e impiden el despertar inteligente y la realización creativa del individuo. Las religiones también separan al hombre del hombre. En ese molde está atrapado cada individuo, consciente o inconscientemente, sutil o crudamente.

Exteriormente, hemos creado un sistema de seguridad individual basado en la explotación. A causa del afán adquisitivo y del sistema de la familia, hemos creado la distinción de clases, hemos cultivado la enfermedad del nacionalismo, del imperialismo, y la gran estupidez de la guerra.

Tenemos el molde, este medio del cual casi todos somos inconscientes, porque forma parte de nosotros, es la expresión misma de nuestros deseos, temores y esperanzas. Mientras se amoldan consciente o irreflexivamente a este sistema, ustedes no son individuos. La verdadera individualidad surge a la existencia cuando comienzan a cuestionar este molde de la tradición, de los valores, de los ideales. Pueden comprender su verdadero significado sólo cuando están en conflicto, no de otro modo. Con todo el ser deben descubrir el medio que los condiciona, lo cual crea conflicto, sufrimiento, y desde ello surge la claridad de comprensión.

¿Cómo puede haber realización individual si son inconscientes de este mecanismo, este molde que los sujeta, que los forma y los guía? ¿Cómo puede haber plenitud, dicha, cuando estos valores incuestionables están continuamente obstruyendo, falseando la plenitud de la comprensión? Cuando ustedes, como individuos, toman plena conciencia de esta prisión y se liberan de ella, únicamente entonces puede haber verdadera realización. Sólo la inteligencia puede solucionar la desdicha y el dolor humanos.

 

Pregunta: ¿Es posible vivir sin alguna clase de prejuicio? Usted mismo, ¿no tiene un prejuicio contra las organizaciones religiosas y espirituales?

 

KRISHNAMURTI: No creo que tenga un prejuicio contra las organizaciones religiosas o espirituales. He pertenecido a ellas y he visto su total estupidez y sus métodos de explotación. No hay ilusión alguna con respecto a ellas y, por lo tanto, no hay prejuicio.

Ahora bien, esto nos lleva a una nueva pregunta: ¿Puede el hombre vivir sin ninguna ilusión? En un mundo donde hay tanto sufrimiento, tanta angustia, mental y emocional, donde hay tanta crueldad y explotación despiadada, ¿puede uno vivir sin algunos recursos que ayuden a escapar de este horror? Donde hay deseo de escapar, tiene que haber creación de ilusiones en las que uno encuentra refugio. Si en nuestro trabajo, en nuestra vida, no hay realización creativa, tiene que haber escape hacia alguna idea romántica o hacia una ilusión. Por lo tanto, donde hay conflicto entre uno mismo y la vida, tiene que haber prejuicio e ilusión que nos ofrezcan un escape. Puede ser un escape por medio de la religión, de la mera actividad o de la sensación.

Si comprendemos profundamente los obstáculos que originan conflicto entre uno mismo y la vida y, de ese modo, nos libramos de ellos, entonces la mente no tiene necesidad de ilusiones. Lo que a ustedes les concierne es descubrir por sí mismos si están escapando de la vida, no juzgarme ni juzgar a otro. El escape destruye el inteligente funcionamiento mental. La ilusión, el prejuicio, cesan cuando la mente, gracias al conflicto, se libera de todos los sutiles escapes que ha establecido en la búsqueda de defensa propia.

 

Pregunta: Casi todas las discusiones en tomo a sus ideas son provocadas por su frecuente uso de la palabra “explotación”. ¿Puede decimos qué entiende exactamente por explotación?

 

KRISHNAMURTI: Donde hay miedo, que es el resultado de buscar la seguridad, tiene que haber explotación. Ahora bien, liberar del miedo a la mente es una de las cosas más difíciles de hacer. Casi todos dicen con mucha prontitud que no tienen miedo, pero si de verdad quieren descubrir si están libres del miedo, tienen que probarse en la acción. Tienen que comprender toda la estructura de la tradición y de los valores y, al separarse de esta estructura, crearán un conflicto; en ese conflicto descubrirán si están libres. Ahora la mayoría de nosotros actúa conforme a ciertos valores establecidos. No conocemos su verdadero significado. Si ustedes desean descubrir la firmeza de su ser, sálganse de esa rutina y discernirán los múltiples temores sutiles que les esclavizan la mente. Cuando la mente se libere del miedo, no habrá explotación, crueldad y dolor.

 

Pregunta: ¿Qué consejo puede usted dar a aquéllos de nosotros que ansían comprender sus enseñanzas?

 

KRISHNAMURTI: Si ustedes empiezan vivir y, de ese modo, a comprender la vida, no pueden dejar de captar el significado de lo que enseño. Vean, señores, si siguen a alguien, no importa a quién, están creando más compulsión, más limitación y, por lo tanto, destruyen la inteligencia, la verdadera realización. La verdad no pertenece a ninguna persona. Si en la acción la mente se libera de las limitaciones del temor y, por consiguiente, de la autoridad y la compulsión, entonces hay comprensión de aquello que es la verdad.

 

Pregunta: Usted dice que los ideales son una barrera para la comprensión de la vida. ¿Cómo es esto posible? Un hombre sin ideales es, por cierto, poco más que un salvaje.

 

KRISHNAMURTI: No consideremos quién es y quién no es un salvaje, porque en este mundo eso es muy difícil de determinar. (Risas) Más bien consideremos si los ideales son necesarios para la plenitud y riqueza de comprensión. Yo digo que las creencias, los ideales impiden en esencia que el hombre viva plenamente.

Los ideales parecen necesarios cuando la vida es caótica y cruel, cuando se halla agobiada por el dolor. Atrapados en este desorden, ustedes se aferran a los ideales como una vía de escape, una necesidad para cruzar el mar de la confusión; por lo tanto, los ideales son falsos y engañosos. Cuando ustedes no comprenden el sufrimiento y la angustia presentes, escapan hacia un ideal. Cuando no aman al prójimo, hablan acerca del ideal de hermandad. Del mismo modo, cuando hablan sobre el ideal de la paz, no disciernen verdaderamente la causa que crea separación, guerra, con todas sus brutalidades y estupideces. Nuestras mentes se hallan tan mutiladas, tan abrumadas por los ideales, que no podemos ver claramente lo real. Por lo tanto, liberen a la mente de sus ideales, que no son sino esperanzas frustradas; sólo entonces será ella capaz de discernir el presente en toda su significación. En vez de escapar, actúen en el presente. Esa acción descubre la belleza que ningún ideal puede revelar.

 

Pregunta: ¿Qué entiende usted exactamente por “acción incompleta”? ¿Puede damos ejemplos de tal acción?

 

KRISHNAMURTI: Cada uno de nosotros es educado con cierto trasfondo. Ese trasfondo no es sino memoria. Esta memoria con sus recuerdos impide continuamente la integridad de la acción. O sea, si uno ha sido educado en cierta tradición, esa memoria impide la comprensión completa de la experiencia o la acción; el trasfondo crece y llega a ser una limitación, un obstáculo cada vez mayor que se separa a sí mismo del movimiento de la vida. Donde la acción es incompleta, no hay realización creativa, lo cual engendra temor. De este temor surge la búsqueda de seguridad en el más allá, La plenitud e integridad de la acción constituyen el movimiento continuo, el fluir de la vida, de la realidad, sin la limitación de la memoria autoprotectora.

 

Pregunta: En ocasiones, algún individuo rico que pierde su dinero se suicida. Puesto que la riqueza no parece conferir una felicidad duradera, ¿qué debe uno hacer a fin de ser realmente feliz?

 

KRISHNAMURTI: Las personas que acumulan riquezas dependen, para su felicidad, del poder que otorga el dinero. Cuando ese poder es eliminado, ellas se enfrentan cara a cara con la propia y total vacuidad. Mientras uno esté buscando poder, ya sea por medio del dinero o por medio de la virtud, tiene que haber vacuidad, y para esa vacuidad no hay remedio, porque el poder en sí es una ilusión nacida de la limitación egoísta, del temor. La comprensión puede llegar sólo con el discernimiento de la falsedad del poder en sí, y esto exige una agudeza constante de la mente, no una renunciación después de haber acumulado. Si existe ese sentido adquisitivo que destruye el amor y la caridad, entonces hay un vacío, una superficialidad, una frustración de la vida. En eso no hay plenitud de realización.

 

Pregunta: Algunos de sus seguidores dicen que usted es el nuevo Mesías. Me gustaría saber si es un impostor que vive de la reputación que otros han establecido para usted, o si realmente tiene en el fondo interés por la humanidad y es capaz de hacer una contribución constructiva al pensamiento humano.

 

KRISHNAMURTI: No creo que sea muy importante lo que otros dicen o no dicen respecto de mí, Si ustedes son meros seguidores no pueden conocer la rica plenitud de la vida. Lo que importa es que, sin dejarse engañar por la autoridad, por la opinión ajena, descubran por sí mismos si lo que digo tiene algún significado profundo. Algunos, al afirmar meramente que lo tiene, contribuyen a crear la jaula vacía de la opinión, la cual limita a los irreflexivos; y otros pueden crear fácilmente una opinión opuesta declarando que lo que digo es falso, poco práctico, y así el inconsciente queda atrapado en una red de palabras.

El interlocutor pregunta si estoy viviendo de la reputación que otros han establecido para mí. Por favor, tengan la seguridad de que no es así. Esta idea de vivir del pasado es destructiva de la inteligencia. Muchísimas personas, después de alcanzar cierta altura, se duermen sobre sus laureles y, de ese modo, se deterioran; y como tienen ese hábito fatal, tratan de arrastrarme dentro de su propia ilusión.

Para mí, el vivir es plenitud en la acción, la cual, por tener su propia belleza, no busca recompensa ni evita el sufrimiento. Para averiguar la verdad de lo que digo, usted, como individuo, tendrá que experimentarlo y descubrirlo por sí mismo, y no depender de ninguna opinión.

Si soy un impostor o no, es cosa mía el averiguarlo, no suya el juzgarlo. ¿Cómo puede usted juzgar si soy o no un impostor? Usted puede medir sólo mediante un patrón, y todos los patrones limitan. Juzgar a otro es fundamentalmente erróneo. Sé, sin ninguna clase de temor, ilusión o autoengaño, que lo que digo y vivo nace de la vida misma. Usted podrá despertar la inteligencia sólo a través del conflicto, no mediante el deseo de juzgar. Sólo en el estado de conflicto y sufrimiento puede uno comprender lo verdadero, Pero cuando empieza a sufrir, debe mantenerse intensamente alerta, de lo contrario creará un escape hacia alguna ilusión. El círculo vicioso del sufrimiento y el escape continuará hasta que comience a comprender la inutilidad del escape. Sólo entonces habrá inteligencia, lo único que puede resolver los múltiples problemas humanos.

 

Pregunta: Usted dice que todos aquéllos que pertenecen a una religión o sostienen una creencia, están esclavizados por el temor. ¿Está uno libre de temor por el mero hecho de no pertenecer a ninguna religión? Usted mismo, que no pertenece a ninguna religión, ¿está realmente libre de temor, o está predicando una teoría?

 

KRISHNAMURTI: No estoy predicando una mera teoría. Hablo desde la plenitud de comprensión. El hecho de no pertenecer a ninguna religión no indica, por cierto, que uno esté libre de temor. El temor es tan sutil, tan veloz, tan astuto, que se esconde en muchos lugares. Para seguir la pista del temor hasta su propio refugio, tiene que existir el intenso y ardiente deseo de poner al descubierto el temor, lo cual implica que uno debe estar dispuesto a perder por completo todo interés propio. Pero ustedes anhelan estar seguros, tanto aquí como en el más allá. Por consiguiente, deseando la seguridad cultivan el temor y, al estar atemorizados, tratan de escapar por medio de la ilusión que ofrecen las religiones, los ideales, la sensación y la actividad. Mientras haya temor, que se origina en los deseos autoprotectores, la mente estará atrapada en la red de las múltiples ilusiones. Un hombre que deseara realmente descubrir la raíz del temor y así liberarse de él, tiene que darse cuenta del motivo y propósito de su acción. Este darse cuenta, si es intenso, destruirá la causa del temor.

 

Pregunta: ¿Cuáles son las características del nacionalismo, al que usted califica de estupidez? ¿Todas las formas del nacionalismo son malas, o sólo algunas? ¿No es admirable que su país esté luchando por liberarse del yugo de Inglaterra? ¿Por qué no combate usted por la independencia de su país?

 

KRISHNAMURTI: Amar algo bello en un país es normal y natural, pero cuando ese amor es utilizado por los explotadores en su propio interés, se lo llama nacionalismo. El nacionalismo es avivado y se convierte en imperialismo, y entonces el pueblo más poderoso divide y explota al más débil, con la Biblia en una mano y la bayoneta en la otra. El mundo se halla dominado por el espíritu de la astuta y despiadada explotación, la cual debe venir a parar por fuerza en la guerra. Este espíritu del nacionalismo es la mayor de las estupideces.

Cada individuo debe estar libre para vivir de manera plena, completa. Mientras uno trate de liberar a su propio país particular y no al hombre, tendrá que haber odios raciales, divisiones de personas y de clases. Los problemas del hombre deben ser resueltos como una totalidad, no como limitados a ciertos países o pueblos.

 

Pregunta: ¿Qué piensa usted de sus enemigos, los sacerdotes, y de los intereses creados que en la Argentina han impedido que sus conferencias se difundieran por radio?

 

KRISHNAMURTI: Considerar a alguien como enemigo es una gran tontería. O bien uno comprende y así ayuda, o no comprende y, por consiguiente, obstaculiza. La difusión de lo que es inteligente sólo puede ser obstaculizada por la estupidez. Cada uno de ustedes tiene intereses creados a los que se aferran y a los que incrementan mediante el continuo pensar y actuar al respecto. Si uno ataca alguno de sus particulares intereses creados, la respuesta inmediata de ustedes es ponerse a la defensiva y devolver el ataque. Un hombre que tiene algo que defender, algo que proteger, está siempre atemorizado y, por eso, actúa muy irreflexiva y cruelmente. Pero un hombre que de hecho no tiene nada que perder porque nada ha acumulado, no siente temor; vive realizándose verdaderamente, de manera completa.

 

Pregunta: ¿Tiene algún valor la experiencia?

 

KRISHNAMURTI: ¿Qué sucede cuando hay una experiencia? Ésta deja una huella en la mente, una huella a la que llamamos recuerdo. Con esa cicatriz, con ese recuerdo. Contamos la experiencia siguiente, y de esa experiencia recogemos un nuevo recuerdo, ahondando la cicatriz. Cada experiencia deja su huella en la mente. Ahora bien, estas capas colectivas de recuerdos se basan esencialmente en el deseo de protegemos contra el sufrimiento. Es decir, uno llega a la experiencia ya preparado, protegido por sus recuerdos pasados. En realidad, uno no vive completamente en esa experiencia, sino que tan sólo aprende a protegerse contra ella, contra la vida. La experiencia se vuelve sin valor para un hombre que la usa tan sólo como un instrumento de ulterior autodefensa contra la vida. Pero si uno vive en una experiencia totalmente, íntegramente, sin este deseo de autoprotección, entonces ella no destruye el discernimiento; entonces revela las grandes alturas y profundidades de la vida.

Ahora bien, al uso que se hace de la experiencia como instrumento de progreso, o sea, al aumento de los muros autoprotectores, se lo llama por lo general, evolución. Ustedes piensan que, con el correr del tiempo, esta memoria, este registro autoprotector puede alcanzar la verdad, la perfección o Dios. No puede. La verdadera experiencia consiste en derrumbar estos muros autoprotectores y en liberar a la mente, a la conciencia, de esas cicatrices que impiden el discernimiento, la plenitud de realización.

 

Pregunta: ¿Qué clase de acción piensa usted que sería la más útil para el mundo?

 

KRISHNAMURTI: Una acción que nace exenta de temor y que, por lo tanto, se origina en la inteligencia, es intrínsecamente verdadera. Si su acción se basa en el temor, en la autoridad, entonces una acción semejante tiene que crear caos y confusión. Liberando a la acción de todo temor, hay amor, inteligencia.

 

Pregunta: ¿No es el problema sexual una verdadera esclavitud para el hombre?

 

KRISHNAMURTI: Si sólo tratamos superficialmente este problema, no podemos encontrarle una solución. Emocional y mentalmente, la mayor parte del tiempo somos frustrados por la autoridad y el temor. Nuestro trabajo, que debería expresar nuestra realización creativa, se ha vuelto mecánico, agotador. Se nos ha adiestrado meramente para encajar en un sistema y, por eso, hay frustración, una sensación de vacuidad. Estamos forzados a dedicamos a una determinada profesión debido a la necesidad económica y, de este modo, nos vemos bloqueados en nuestra expresión auténtica. El temor nos obliga a aceptar las numerosas supersticiones e ilusiones de la religión. Nuestros deseos, trabados y limitados, tratan de expresarse por medio del sexo, el cual se vuelve así un problema que nos consume. A causa de que tratamos de resolverlo de un modo exclusivo, aparte de los demás problemas humanos, no podemos encontrarle solución. Debido a que hemos destruido el amor mediante el afán posesivo y la mera sensación, el sexo ha llegado a ser un problema. Donde hay amor, sin el sentimiento de posesión o de apego, el sexo no puede convertirse en un problema.

 

Pregunta: ¿Por qué hay opresores y oprimidos, ricos y pobres, gente buena y gente mala?

 

KRISHNAMURTI: Existen porque ustedes lo permiten. El opresor existe porque están dispuestos a someterse a la opresión y porque también están ansiosos de oprimir a otro. Piensan que volviéndose ricos serán felices, y así crean al pobre. Mediante la propia acción están creando al opresor y al oprimido, al rico y al pobre, y sostienen esas condiciones que producen al así llamado malo, al delincuente. Si, como individuos, se sienten atormentados por todo este espantoso sufrimiento que se desarrolla dentro y alrededor de ustedes, entonces sabrán cómo actuar espontáneamente, sin temor, sin buscar recompensa alguna.