EXTRAÍDO DE LOS LIBROS DE ALICE A. BAILEY Y VICENTE BELTRÁN ANGLADA |
astrologia esoterica
1 Deben recordar que esta Jerarquía es la sexta, pues ya han desaparecido cinco, las cuales fueron producto del sistema anterior, donde el objetivo era la Inteligencia o Manas. Las cinco Jerarquías liberadas son la suma total de manas. En el orden es la quinta Jerarquía, y se dice que está en proceso de lograr la liberación final o recibir la cuarta Iniciación, y es la causa de ciertos fenómenos en nuestro planeta, por eso ha merecido ser llamada la “Estrella del Sufrimiento”. Existe un vínculo kármico entre el reino animal y la quinta Jerarquía Creadora del sistema anterior, que se expresa en el hombre como la necesidad de crucificar la naturaleza física animal, especialmente en la línea sexual. Debe recordarse que las Jerarquías actúan bajo la Ley de Atracción, Ley de los Constructores.
2 Aquí el signo Géminis comienza poderosamente a desempeñar su parte en la vida de los discípulos; Sagitario gradualmente “perfora el corazón con sus flechas, entonces en la trayectoria de la flecha el hombre llega a Capricornio”. Luego viene la Crisis de Renunciación.
3 d. En la cuarta iniciación, nuevamente Mercurio y Saturno provocan grandes conflictos y hacen una revelación sin guiar, pero su efecto es muy diferente del de la experiencia anterior.
4 “La Cruz de muchos cambios (la Cruz Mutable A.A.B.) sigue su rotación, llevando en sí crucificada la forma de un hombre, en quien existe la simiente de toda ilusión.
5 “Pero el hombre que ha sido crucificado desciende -aunque no lo sepa- y palpa su camino hacia otra cruz (y con dolor y muchas lágrimas percibe) -una cruz de luz enceguecedora, de ardiente dolor, de amarga pena, y sin embargo es la Cruz de la Liberación, la Cruz estática, fija en los cielos y custodiada por el Ángel.
6 3. Piscis trae la renunciación o la muerte de todas las influencias que sujetan al hombre a la rueda del nacimiento y su liberación del control de la Cruz Mutable o Común.
7 Tenemos aquí, simbólicamente, la muerte por medio del fuego, la muerte por medio de la tierra y la muerte por medio del agua -quemado, asfixiado y ahogado-, pero en este ciclo mundial no se conoce ni se comprende la muerte por medio del aire. Por lo tanto no existen cuatro muertes, porque la meta de nuestro sistema, durante la manifestación, es “la iniciación o la liberación por medio del aire”, para que el pájaro de la vida, surgido del tiempo y el espacio, pueda volar libremente. El concepto que tiene la Ley de Correspondencia sobre la muerte final está implícito en las palabras liberación, renunciación e iniciación ultérrimas, lo cual poco significa para la humanidad, pues concierne al Logos planetario y a Su ciclo de vida. Estas tres muertes las sufre el hombre, el individuo y la entera familia humana, liberando al alma para que entre en tres grandes centros planetarios:
8 4. La Renunciación, y el discípulo o iniciado renuncia a todo por amor a la humanidad y para prestar servicio, ofrendándose en el altar del sacrificio, obteniendo como resultado, la liberación final.
9 2. La naturaleza de la Cruz, sobre la cual el hombre está crucificado en un determinado momento.
10 9. El terna subyacente, en cualquier signo zodiacal especifico, lo abarcan las ideas de recreación, regeneración, reorientación y renunciación.
11 2. Renunciación o desapego.
12 Durante el primer ciclo de experiencia el alma está cautiva en la sustancia; ha descendido a la prisión de la materia y se ha vinculado con la forma. De allí el símbolo de Piscis formado por dos peces, unidos por una franja. Un pez representa el alma, el otro la personalidad o naturaleza forma, y hallándose entre ellos el hilo o sutratma, el cordón plateado, que los mantiene ligados entre sí, durante todo el ciclo de vida manifestada. Más adelante y sobre la rueda que gira a la inversa, la personalidad es cautivada por el alma; pero durante largos eones la situación es a la inversa, el alma es la prisionera de la personalidad. Esta esclavitud dual llega a su fin cuando se produce lo que llamamos la muerte final, y el aspecto vida se libera totalmente de la forma. Deberán también recordar que el alma es una forma desde el punto de vista de la Mónada, aunque una forma mucho más sutil que la que conocemos en los tres mundos de la evolución humana. Hay además una renunciación dual, a la cual se refieren estas palabras clave, pero ante todo el alma renuncia a la vida y a la luz de la Mónada, su origen (simbolizado por la frase “el Hogar del Padre”), y desciende al océano de la materia; entonces, revirtiéndose, el alma renuncia á la vida de la forma, el centro de la personalidad. El alma se desapega conscientemente de la Mónada, el Uno, y actúa desde su propio centro, creando nuevos y materiales apegos. Más tarde, después, sobre la rueda invertida, se desprende de la personalidad y vuelve a apegarse conscientemente a Aquel que la envió. Tal es la culminante historia de Piscis. Los Señores de Voluntad y Sacrificio descendieron a la manifestación, sacrificando su elevada posición y oportunidades en los planos superiores de la manifestación, a fin de redimir la materia y elevar a Su propio nivel, las vidas que la animan (las Jerarquías Creadoras inferiores) debido a que constituyen la cuarta Jerarquía Creadora. Tal el propósito subjetivo que fundamenta el sacrificio de estas vidas divinas, que somos esencialmente nosotros mismos, cualificadas por el conocimiento, el amor y la voluntad, y animadas por una perenne y perseverante devoción. Tratan de producir la muerte de la forma, en su significado ocultista, y la consiguiente liberación de las vidas que moran en ella, para llevarlas a un estado superior de conciencia. Todos los Salvadores del mundo -pasados, presentes y futuros- son el símbolo manifestado y la garantía eterna de este proceso. En reconocimientos como éstos debe buscarse la fuente principal de la vida de servicio. Las personas nacidas en este signo prestan frecuentemente servicio a la raza y proveen sus necesidades en algún nivel de conciencia. De tal manera se preparan para el sacrificio final en Piscis, el cual “los absorbe nuevamente en su móvil original” como lo expresa El Antiguo Comentario. Es por esta razón que la vida de servicio y la intención orientada hacia él, constituyen un modo científico de lograr la liberación. En Acuario, el signo del servicio mundial, se aprende finalmente la lección que en Piscis trae al Salvador mundial. De allí mi constante insistencia sobre el servicio.
13 g. La adquisición, en renunciación.
14 Estas palabras también rigen, desde un ángulo distinto, los procesos llevados a cabo en el Sendero del Discipulado y en el de Probación. La tarea del discípulo consiste en comprender su significado en forma práctica y efectiva y en ocuparse de las energías que estos planetas liberan, subordinándolas a las energías liberadas por la Cruz Fija, en la cual el discípulo permanece, y acrecienta así la potencia de ellas, mediante una oculta combinación. Respondiendo en forma activa e inteligente a las energías liberadas y anteriormente dominadas por la experiencia en la Cruz Mutable y relacionándolas a las potencias desencadenadas sobre él, mientras estuvo crucificado en la Cruz Fija, aprende a prepararse para las doce grandes pruebas en los doce signos, para lo cual lo preparó la experiencia adquirida en las dos cruces.
15 Esotéricamente, la razón de que Venus esté exaltado en Piscis tiene conexión con la relación de Piscis con el signo de Géminis, del cual Venus es el regente esotérico, y también con el hecho de que Venus es el alter ego de la Tierra, estando estrechamente relacionado al reino humano. Este tema es demasiado vasto y complicado para elaborarlo aquí, pero debe tenerse presente. Como hemos visto, los peces están ligados en Piscis, y son el símbolo del cautiverio del alma en la forma, antes de pasar por la experiencia de la Cruz Fija, y también los Gemelos en Géminis son símbolos de la misma dualidad fundamental; pero la experiencia de las muchas y variadas encarnaciones ha hecho su trabajo, y la franja (que uno a los dos peces) está en proceso de disolución, porque parte del trabajo de Plutón es “cortar el hilo que ata las dos vidas opuestas”. La tarea de Venus consiste en “volver a unir las vidas separadas”, pero sin ningún hilo que las ate. Por eso Venus está exaltado en Piscis, y al finalizar el ciclo mayor, los Hijos de Dios, que son los Hijos de la Mente, son ascendidos a la gloría mediante la experiencia y la crucifixión, porque han aprendido a amar y a razonar correctamente. Las influencias de Piscis, Géminis y Virgo, se fusionan y mezclan oportunamente (en forma simbólica la Cruz debe convertirse en la línea y después en el punto). Sagitario está regido esotéricamente por la Madre Tierra, trayendo esas condiciones por las cuales el sendero mismo logra la glorificación. En consecuencia, tenemos al final de la era (me refiero a la revolución mayor del zodíaco y no al ciclo menor) la glorificación de Venus, de Virgo, la Virgen, y de la Madre Tierra -dos planetas y una constelación-, potencias todas que producen cambios definidos en el sistema solar. Representan las tres potencias divinas de la materia y la sustancia, más la fuerza de Sagitario que las impulsa hacia una consumación aún mayor. Hay un amplio e interesante campo de investigación en relación con:
16 Un estudio de los mapas de la familia humana en las diversas etapas, desde el período de la experiencia en la Cruz Mutable, donde la personalidad es erigida, construida, desarrollada e integrada, hasta la crucifixión final de la personalidad en la Cruz Fija de los Cielos, revelará que todas las veces que el hombre está bajo la influencia de Sagitario, es con la finalidad de orientarse hacia un nuevo y elevado objetivo, la tarea de reenfocarse hacia una meta superior y desarrollar algún propósito básico y orientador. Estos propósitos en desarrollo pueden abarcar desde el deseo puramente animal, la ambición egoísta humana, hasta la lucha del discípulo o iniciado, que aspira lograr la necesaria liberación hacia la cual lo ha impulsado todo el proceso evolutivo. Es interesante a este respecto trazar el desenvolvimiento de la conciencia humana, mediante la influencia de las energías desencadenadas a través de los distintos signos zodiacales:
17 Estos cuatro signos son Aries-Leo-Escorpio--Acuario, e implican la expresión de la energía de un signo cardinal y tres signos que forman parte de la Cruz Fija de los cielos. Podríamos expresar esta verdad de otra manera: Dios, el Padre, la Voluntad de manifestarse, inicia el proceso creador desarrollado por la actividad de Dios, el Hijo, el Cristo cósmico, crucificado en la Cruz Fija de los cielos. La actividad de Dios, el Espíritu Santo, implícita en la Cruz Mutable, está estrechamente vinculada al sistema solar anterior; la energía de ese aspecto divino se ocupa totalmente de manipular las fuerzas heredadas de ese sistema, innatas en la naturaleza de la sustancia misma; este aspecto divino es, para la total manifestación divina general, lo que la naturaleza inferior (vida de la forma o personalidad, en los tres mundos de la evolución humana) es para el alma, en lo que concierne al ser humano individual. Respecto a estas tres Personas de la Trinidad divina podemos decir que:
18 Como verán, de una amplia generalización sobre las constelaciones externas (externas respecto al zodiaco y al sistema solar), voy siendo más específico, demostrando cómo ciertas estrellas en estas constelaciones están relacionadas definidamente a nuestro planeta por líneas directas de energía. Comúnmente estas líneas de fuerza nos llegan a través de uno de los signos zodiacales y -en raros casos- van directamente a un planeta, siendo este último caso extremadamente raro. También he relacionado a nuestro sistema solar, otra constelación denominada Osa Menor, reflejo o corolario de las energías principales de su gran Prototipo, Ursa Maior, la Osa Mayor. Estos datos contienen un gran misterio vinculado a la interrelación de la Ursa Maior, la Ursa Minor y las Pléyades, las cuales constituyen una de las más grandes e importantes triplicidades que existen en los cielos, hasta donde hemos podido, astronómicamente, comprobar la naturaleza de nuestro universo inmediato. Esta información carece de importancia para ustedes y únicamente tiene significación para los iniciados de cuarto grado. No obstante, sirve para evidenciar más la integridad esencial y la dependencia entrelazada del Universo.
19 Respecto a la relación simbólica entre Marte y la sangre, produciendo el conflicto resultante entre la vida y la muerte (porque Escorpio es uno de los signos de la muerte) es interesante observar que el cristianismo está regido por Marte. Nos inclinamos a reconocer con facilidad que el sexto rayo, que actúa a través de Marte, rige al cristianismo. Es una religión de devoción, fanatismo, máxima valentía e idealismo, que pone el énfasis espiritual sobre el individuo, su valor y sus problemas, el conflicto y la muerte. Todas estas características nos son familiares por la presentación teológica cristiana. Sin embargo, ~s preeminentemente una religión que ha librado una guerra cruel y muchas veces ilógica contra el sexo y sus implicaciones; ha acentuado el celibato militante (militante en lo que concierne a la mujer, sus derechos y su naturaleza); ha considerado la relación sexual como uno de los principales males del mundo y ha puesto el énfasis sobre la naturaleza inviolable del vínculo matrimonial si lo ha sancionado la iglesia. Tal ha sido el resultado del efecto benéfico y maléfico del impacto de la fuerza de sexto rayo sobre la naturaleza forma. Poca importancia se le ha dado a la influencia que ejerce Marte sobre el cristianismo, convirtiéndolo definidamente en una religión militante, a menudo cruel y sádica (como lo atestiguan los crímenes y torturas llevados a cabo en nombre del Cristo, el Representante prominente del amor de Dios). A través de la enseñanza teológica cristiana corre abundante e incesantemente el tema de la sangre, y se considera como fuente de salvación o relación sanguínea, y no el aspecto vida que la sangre vela y simboliza. El cristianismo está regido por el credo de un Cristo crucificado y muerto y no el credo del Maestre resucitado. Una de las razones de esta tergiversación de la verdad se debe a que San Pablo, el gran iniciado, antes de recibir la tercera iniciación, en la época en que vivía como lo relata en los Hechos de los Apóstoles, estaba bajo la poderosa influencia de Marte y había nacido en Escorpio; el estudio de su horóscopo demostraría esto, si pudieran estudiarlo como lo hacemos quienes estamos relacionados con la Jerarquía. El fue quien le dio el sesgo de Escorpio-Marte a la interpretación y exposición de la doctrina cristiana y desvió la energía hacia esos canales de la enseñanza ajenos a los propósitos de su Fundador. Tal es frecuentemente el efecto indeseable de las actividades de los discípulos bien intencionados sobre el trabajo que emprenden después que desaparece aquel que inicia un determinado trabajo para la Jerarquía, o abandona su tarea a fin de asumir otros deberes.
20 Un gran misterio está velado y oculto en la relación mencionada, pues Cáncer-Neptuno es la expresión del séptimo rayo que rige y controla a la octava Jerarquía Creadora. Ésta es una de las cinco Jerarquías cuyos nombres desconocemos y está particularmente al borde de la liberación, al mismo tiempo que está estrechamente vinculada con el principio mente, cuando actúa a través de los ángeles solares, o por medio de la Jerarquía humana. Está relacionada al nacimiento de la cuarta Jerarquía Creadora, y es incomprensible para quienes no hayan recibido la cuarta iniciación, pero debe recordarse este hecho interesante porque la conexión entre los rayos sexto y séptimo despertó ese poderoso “deseo de encarnar” y produjo la caída de los ángeles solares en épocas primitivas. Esta influencia de sexto rayo que llega desde tres ángulos -ortodoxo, esotérico y jerárquico- incluye a Neptuno y a Marte y predispone a la raza y al individuo a que lleguen a ser discípulos centrados en Sagitario. Esta constelación es regida por Marte, poniendo al hombre bajo el control de los 'Señoras lunares, la sexta Jerarquía Creadora, o en estrecho contacto con ellos. Los estudiantes deberían estudiar con cuidado sus horóscopos, recordando la diferencia que existe entre las cinco Jerarquías no manifestadas y las siete que están ahora en expresión, y de las cuales forma parte la sexta Jerarquía Creadora. Esta Jerarquía, desde el ángulo más amplio de las doce Jerarquías y no sólo de las siete manifestadas, es la undécima o la segunda. En consecuencia el sexto Rayo de Devoción es muy poderoso en esta era o ciclo, de allí que cada país exprese sus mejores y peores rasgos, ofreciendo el dramático ejemplo de una intensa devoción a las cosas materiales y a los valores espirituales.
21 El secreto (así llamado) de la Cruz Cardinal es el de la Vida misma, así como el de la Cruz Fija es el del alma o el misterio de la Entidad autoconsciente, mientras que la Cruz Mutable encierra el misterio de la forma. Estas palabras contienen la clave del secreto de toda la manifestación y del misterio que fue revelado al Cristo en la crucifixión final, donde testimonió Su reacción comprensiva en la triunfal exclamación, registrada en El Nuevo Testamento: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. Entonces abandonó la Cruz Fija y la Identidad que hasta ese momento había conservado y Se identificó con la que le fue entonces revelada. Estas palabras, traducidas en forma un tanto inexacta, en La Biblia cristiana tienen tres significados o verdaderas significaciones. La traducción sugerida en La Doctrina Secreta (T. IV, pág. 147), “La vestidura, la gloriosa vestidura de mi fortaleza ya no me sirve”, expresa la revelación interna de la Cruz Mutable, como le fue revelada al Salvador, observando la vida desde el ángulo del alma. En las palabras, “Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado” Le fue revelado el misterio de la Cruz Fija, abriéndose por primera vez ante Sus ojos el secreto de la Cruz Cardinal. Aún no han sido dadas las palabras que encierran ese misterio central. Uno de los factores que distinguieron al Cristo, de los precedentes Salvadores del mundo, consistió en que fue el primero de nuestra humanidad a Quien, habiendo logrado la divinidad (y muchos la han logrado), se le permitió ver “el dorado hilo de luz y de vida viviente, que vincula la luz que se halla en el centro de todas las cruces manifestadas”, y se Le permitió conocer el significado de la vida cuando se expresó en la Crucifixión Cósmica, episodio de la vida cósmica y no de la muerte, como generalmente se supone.
22 Mi intención no es referirme brevemente a la Cruz Fija, de la cual Tauro es uno de los brazos. Me ocupé de ello anteriormente cuando tratamos las constelaciones Leo, Escorpio y Acuario, por lo tanto les pido que revisen mis comentarios anteriores. Como habrán comprendido, Escorpio es el brazo dominante por intermedio del cual la potencia más efectiva afluye en la rueda revertida, en lo que a la humanidad avanzada respecta, porque es el signo de prueba para la humanidad, donde el ser humano se sumerge en las profundidades o asciende a las alturas. Tauro es la corriente dominante de energía en la Cruz Fija, en lo que concierne al hombre común. La energía liberada a través de esta Cruz tiene efectos estupendos, produciendo finalmente la gran reversión y renunciación. En esta Cruz, Tauro es el Iniciador, pues impulsa a la voluntad, produciendo movimiento e ímpetu. En consecuencia, tenemos (si se me permite repetir implicaciones anteriores) en conexión con las tres Cruces, las siguientes condiciones y analogías:
23 Vulcano es el rayo o el planeta del aislamiento, pues rige en un sentido peculiar, la cuarta iniciación, donde son sondeadas las profundidades de la soledad y el hombre permanece completamente aislado. Permanece desapegado “de lo que está arriba y de lo que está abajo”. Llega el momento dramático en que renuncia a todo deseo; la voluntad de Dios o el Plan, es considerado como el único objetivo deseable, pero el hombre todavía no ha comprobado para sí ni para el mundo de los hombres ni para su Maestro, si posee la fortaleza necesaria para seguir adelante en la línea de servicio. Allí se le revela (como le fue revelado al Cristo en la cuarta gran crisis iniciática de Su vida) que debe emprender una obra definida y activa que personifica ese aspecto de la voluntad de Dios, que es función peculiar del hombre apropiarse de ella y hacer posible su expresión. Esto ha sido denominado en la fraseología cristiana “la experiencia en Getsemaní”. El Cristo arrodillado al lado de la roca (símbolo de las profundidades del reino mineral y de la actividad de Vulcano, el modelador) eleva sus ojos hacia donde despunta la luz de la revelación y en ese momento realmente sabe lo que tiene que hacer. Ésta es la prueba de Vulcano que rige a Tauro, la del alma que gobierna al deseo, la del Hijo de Dios que modela Su instrumento de expresión en las profundidades, captando el propósito divino y doblegando la voluntad del yo inferior a la del Yo superior. Las profundidades han sido alcanzadas, y nada queda por hacer. La luz proveniente del ojo del Toro, que con acrecentada luminosidad ha guiado al alma luchadora, oportunamente debe ceder su lugar a la luz del Sol, pues Vulcano es un sustituto del Sol; a veces se dice que está velado por el Sol y otras que representa al Sol mismo, pues se halla entre el hombre y el Sol, el alma. Por lo tanto, en conexión con estos tres símbolos de la luz tenemos:
24 La Cruz del Cristo Crucificado-La Cruz Fija.
25 Crisis de la Renunciación Crucifixión Géminis Mutable.
26 Existen otros triángulos mayores, y se los denomina “triángulos en la conciencia”. Como bien se sabe, el triángulo Cáncer, Leo y Acuario, es el más importante en la actualidad para el género humano, porque las influencias que afluyen a través de estos tres signos son básicamente responsables del acrecentamiento de la comprensión humana, y no sólo del desarrollo del mecanismo de respuesta del hombre, la naturaleza forma, sino también de la ampliación de la percepción de aquello con lo cual se entra en contacto. Este triple proceso, regido por las tres constelaciones, produce finalmente la identificación con lo percibido como esencia divina, subyacente en la forma. La identificación con lo que es el Yo subjetivo y real, y el alejamiento de lo que es el no-yo, constituye la nota clave de la cuarta iniciación.
27 2. La Cruz del Cristo Crucificado - La Cruz Fija.
28 Los cuatro brazos de esta Cruz son Tauro-Leo-Escorpio-Acuario. Se la denomina Cruz Fija porque el hombre está crucificado en ella por la directa elección y la intención inamovible de su alma. Una vez tomada esta decisión no puede retroceder.
29 a. En esta Cruz, de acuerdo a la paradoja ocultista y al tiempo y espacio, el Espíritu es crucificado. Sus cuatro energías rigen y dirigen al alma cuando avanza en el Sendero de Iniciación. Lógicamente, tratándose de un estado de conciencia tan excelso, poco puedo decir respecto a esta Cruz. excepto hacer vagas generalizaciones.
30 e. El alcance y el ciclo de su influencia en la vida del iniciado son absolutamente desconocidos, incluso para nuestro Logos planetario, que está crucificado sobre sus “brazos abiertos”.
31 2. La Cruz Fija es la Cruz del Hijo de Dios, de la segunda Persona de la Trinidad, impulsado por el amor a encarnar en la materia y a ser conscientemente crucificado en la Cruz de la materia
32 Estas tres Cruces en su total manifestación se relacionan con las tres energías básicas, que trajeron a la existencia el sistema solar; constituyen las tres expresiones principales y sintéticas de la Voluntad suprema, motivadas por el amor y expresadas por la actividad. En estas Cruces, la capacidad de Ver el Todo, propósito-móvil-expresión, vida-cualidad-apariencia, se trasforma y cambia. En la Cruz Mutable, el hombre crucificado no ve nada. Sufre, agoniza, desea, lucha, y es la víctima aparente de las circunstancias, caracterizándose por la visión velada y los anhelos incipientes, que gradualmente toman forma hasta que alcanza la etapa de aquiescencia. y aspiración. Luego, en la Cruz Fija, empieza a comprender la totalidad del propósito de la experiencia en la Cruz Mutable (en lo que a la humanidad concierne) que hay un propósito jerárquico que puede ser captado sólo por el hombre que está dispuesto a ser crucificado en esa Cruz. Alcanza la etapa de la responsabilidad, de la autopercepción y de la correcta dirección. Su orientación es ahora “espiritualmente vertical, lo que implica la incluyente horizontal”. En esta etapa va adquiriendo forma, en su conciencia, el Plan del Logos. En la Cruz CarcZi~w2, el propósito y la culminación unificada de las dos crucifixiones anteriores evidencia en forma casi cegadora, aparece con toda claridad la visión de la intención unificada de las tres Personas de la Trinidad subyacente -cada una en Su Propia Cruz.
33 de la naturaleza de las cuatro energías entrantes y poco puede interpretar en términos del alma. Las energías hacen impacto sobre él y lo impulsan a la actividad material. La Cruz de la personalidad hace que el hombre crucificado en ella, se dedique a las cosas materiales, para poder en su oportunidad emplearlas divinamente. Los nazis eligieron de esta Cruz el aspecto inferior del símbolo, expresando así al finalizar el ciclo material de la existencia humana, el falso y maligno empleo de la materia, cuya clave es la separatividad. la crueldad y el egoísmo. El mal uso de la sustancia y la prostitución de la materia y de la forma para fines malignos, constituye el pecado contra el Espíritu Santo. Podría decirse que la svástica “lleva a un terrible peligro y a erróneos caminos a aquellos cuya codicia es grande y no ven la belleza de la Cruz que alborea ni sienten amor por las vidas humanas”. Para quienes no responden a los aspectos y efectos inferiores de la Cruz que gira (según se la denomina a veces), “la svástica los arroja lejos y fuera de sí misma hasta que se detienen en la Cruz de la crucifixión elegida”, la Cruz Fija del discípulo consagrado.
34 2. La Cruz del Cristo Crucificado.
35 Por lo tanto, podría decirse que la Gran Invocación, tal como fue dada la primera vez, es para que la empleen aquellos que están crucificados en la Cruz Mutable, la Cruz del cambio, mientras que la Segunda Invocación es para quienes están crucificados en la Cruz Fija, la Cruz de la correcta orientación, y también para que la empleen esos hombres y mujeres cuya finalidad es expresar la voluntad al bien, y pensar en términos de servicio mundial, porque están orientados hacia la luz -la luz del conocimiento, la luz de la sabiduría y de la comprensión y la luz de la vida misma.
36 “El Cosmos. Nuestro sistema solar con las Pléyades y una de las estrellas de la Osa Mayor forman un triángulo cósmico, o conjunto de tres centros en el Cuerpo de Aquel del Cual Nada Puede Decirse. Las siete estrellas de la constelación de la Osa Mayor constituyen las analogías de los siete centros de la cabeza, en el cuerpo de dicho Ser, mayor que nuestro Logos. Asimismo otros dos sistemas, al vincularse con él sistema solar y las Pléyades, constituyen un cuaternario inferior, que con el tiempo se sintetizan en los siete centros de la cabeza, como ocurre similarmente en el ser humano después de la cuarta iniciación”. F. C. 170.
autobiografia inconclusa
1 Además, escribí el libro De Belén al Calvario, a fin de dilucidar el significado de los cinco episodios principales de la vida de Cristo: el nacimiento, el bautismo, la transfiguración, la crucifixión y la resurrección, estableciendo su relación con las cinco iniciaciones delineadas para el discípulo oriental. Ambos libros tienen una conexión definida con la nueva religión mundial.
2 La siguiente fase del trabajo que procuraré ver realizado, funciona ordenadamente. Mi deseo (como también el de muchos que están asociados con la Jerarquía) fue establecer una escuela esotérica cuyos miembros tuvieran libertad, no se vieran obligados a hacer juramentos ni a contraer compromisos; se les proporcionara meditación, estudios y enseñanza esotérica, dándoles libertad para hacer sus propios ajustes e interpretar la verdad de acuerdo a su capacidad; presentándoles diversos puntos de vista y al mismo tiempo transmitirles esas verdades esotéricas más profundas que podrían reconocer, si en ellos despertara la idea de los misterios y, aunque leyeran u oyeran algo acerca de los mismos, no los perjudicara aunque carecieran de percepción para reconocer la verdad tal como es. Dicha escuela fue establecida en 1923 por Alice A. Bailey, con ayuda de Foster Bailey y de algunos estudiantes con comprensión y visión espirituales. A. A. B. estableció como condición, que yo no interviniera en la Escuela Arcana ni controlara sus planes y programas de estudio. En esto A. A. B. actuó en forma inteligente y correcta y apruebo plenamente su actitud. Tampoco fueron usados mis libros como texto. Sólo, durante los últimos años, uno de ellos, Tratado sobre Magia Blanca, fue adoptado como texto de estudio, ante los continuos requerimientos de muchos estudiantes. También fue utilizada durante dos años, en una sección del cuarto grado, la enseñanza sobre el antakarana (que aparecerá en el tomo V del Tratado sobre los Siete Rayos). Además se dio en otra sección como material de lectura, enseñanza sobre espejismo (glamour).
cartas sobre meditacion ocultista
1 Esto señala la cuarta Iniciación, después de la cual el adepto construye y crea libremente para sí un cuerpo de manifestación, pues nada existe en Él que anhele la objetividad de un cuerpo para ser utilizado en los tres mundos y que evolucione de acuerdo a la Ley de las Causas.
2 Cuando el rayo egoico es el segundo, o Rayo de Amor-Sabiduría, la línea de menor resistencia se halla en la expansión y en la inclusión gradual. No es tanto un impulso hacia adelante, sino más bien la gradual expansión desde un centro interno, hasta incluir a los que nos rodean, al medio ambiente, a las almas afines y a los grupos de discípulos dirigidos por algún Maestro, incluyéndolos a todos en la conciencia. Llevada a su culminación, esta expansión da por resultado la final desintegración del cuerpo causal, en la cuarta iniciación. En el primer caso -la realización a través del Rayo de Poder- el impulso hacía adelante y hacia arriba tendrá el mismo resultado, el cauce abierto da paso a la afluencia descendente de la tuerza o fuego del espíritu y el cuerpo causal es igualmente destruido a su tiempo.
3 La relación del Ego con algún Maestro, en la actual etapa, es emprendida conscientemente, pero en sí misma constituye un desenvolvimiento evolutivo. Según se ha dicho, existen en la jerarquía humana en evolución sesenta mil millones de unidades conscientes o espíritus. Éstos se encuentran en los niveles causales, aunque el número se ha reducido algo hoy, porque algunos han recibido la cuarta iniciación. Estos Egos, de diferentes grados de desenvolvimiento, están vinculados con su Monada, Espíritu o Padre en el Cielo, como análogamente (aunque en materia más sutil) el Ego lo está a la Personalidad.
4 Sólo a medida que el discípulo esté dispuesto a abandonarlo todo para servir a los grandes Seres, sin reserva alguna, alcanza la liberación, y el cuerpo de deseos se trasmuta en el de la intuición superior. Servir perfectamente cada día, sin pensar ni calcular para el futuro, lleva al hombre al estado del perfecto Servidor. ¿Puedo sugerir una cosa? Toda preocupación y ansiedad tiene por base principal un móvil egoísta. Temen sufrir más, se acobardan al pensar que tendrán otras experiencias penosas. La meta no se alcanza de esta manera, sino que se llega por el sendero de la renunciación. Quizás signifique renunciar a los placeres, a la buena reputación, a los amigos, o a todo a lo que el corazón se aferra. Digo quizás, no que sea así. Sólo trato de indicarles que si ese es el camino, por el cual tienen que llegar a la meta, entonces es el camino perfecto para ustedes. Todo lo que lleve rápidamente a Su Presencia, a Sus Pies de Loto, debe ser deseado por ustedes y ansiosamente bienvenido.
5 En el sendero de retorno, la regla es renunciación, en contraposición al método primitivo. La vida inmanente renuncia a las formas, hasta entonces consideradas (necesariamente) esenciales. Ahora, mediante el empleo de la inteligencia que ha vinculado estos dos pares de opuestos, espíritu y materia, conciencia y forma, las formas construidas de materia con la ayuda de la inteligencia son repudiadas una tras otra, y por la ayuda de esa misma inteligencia o facultad razonadora son trasmutadas en sabiduría. Las formas desaparecen, pero la vida permanece. Los colores son gradualmente reabsorbidos, pero las virtudes divinas persisten, las cuales son ahora estables y eternamente útiles debido a la experiencia. Estos atributos divinos no son potenciales, sino poderes desarrollados para ser utilizados. La facultad inherente se ha convertido en característica activa, llevada a la más alta potencia. Los velos son descartados uno a uno; las envolturas son abandonadas y reemplazadas; se prescinde de los vehículos, y las formas ya no son necesarias, pero la vida permanece siempre y retorna a su rayo paterno. Se disuelve nuevamente en su primario, conjuntamente con la actividad y la expresión, la experiencia y la capacidad de manifestarse, más todo lo que constituye la diferencia entre el ignorante salvaje y el Logos solar. Esto ha sido consumado, mediante la utilización, por parte de la vida, de muchas formas, siendo la inteligencia el medio por el cual esa vida empleó las formas a fin de aprender. Después de haberse manifestado como un aspecto de este rayo primario y de haberlo diferenciado en sus muchas partes componentes, a través de muchas encarnaciones, y después de verse recubierto de los siete colores que componen ese rayo, el jiva reencarnante .emprende el sendero de retorno y de siete se convierte en tres y de tres en uno.
6 Cuando el hombre hace esto conscientemente, cuando voluntariamente y con plena comprensión de lo que debe hacer se esfuerza en liberar a la vida inmanente de los velos que la ocultan y de las envolturas que la aprisionan, descubre que el método por el cual lo consigue, es el de la vida subjetiva de meditación ocultista y la vida objetiva de servicio. En el servicio está la renunciación y, según la ley oculta, en el servicio halla su liberación lo subjetivo, liberándose así de la manifestación objetiva. Reflexionen sobre esto porque bajo el velo de las palabras se oculta mucho de valor.
7 Maestro de Sabiduría es aquel que se ha trasformado a Sí mismo, de quíntuple en triple y de triple en dual. Se ha convertido en la estrella de cinco puntas, y cuando ha llegado ese momento la ve brillar sobre el Único Iniciador y la observa en todos Aquellos que han alcanzado Su misma posición. Ha santificado (en sentido esotérico) el Cuaternario, utilizándolo como piedra fundamental, sobre la cual erige el Templo de Salomón. Ha progresado más allá del templo mismo, llegando a considerarlo una limitación. Ha salido de sus muros limitadores y ha penetrado en la Triada. Lo ha hecho empleando siempre el método ocultista, es decir, conscientemente y con pleno conocimiento de cada paso dado. Aprendió el significado de cada forma limitadora, asumió el control y aplicó la ley en el plano correspondiente a la forma. Habiendo trascendido la forma, la desechó por otras superiores. Así progresa constantemente a través del sacrificio y de la muerte de la forma. Reconoce que ella siempre aprisiona, que hay que sacrificaría constantemente y debe morir para que la vida interna progrese rápidamente hacia adelante y arriba. El camino de la resurrección presupone la crucificación y la muerte; luego conduce al Monte donde tendrá lugar la Ascensión. Durante la meditación se puede apreciar y conocer el valor de la vida y las limitaciones de la forma, y mediante el conocimiento y el servicio la vida puede liberarse de todo lo que limita y traba.
8 Vigilar el trabajo realizado por el discípulo mientras erige el canal entre la mente superior y la inferior, a medida que construye y utiliza este canal (el antakarana). Oportunamente éste reemplaza al cuerpo causal como medio de comunicación entre lo superior y lo inferior. También el cuerpo causal desaparece con el tiempo, cuando el discípulo recibe la cuarta iniciación y puede crear libremente su propio cuerpo de manifestación.
9 Cuatro pequeñas iniciaciones culminan en la iniciación propiamente dicha. Las iniciaciones del plano emocional, denominadas respectivamente de la tierra, del fuego, del agua y del aire, culminando en la segunda iniciación. La primera iniciación señala el mismo punto de realización en el plano físico. Cada iniciación indica la adquisición de cierta proporción de materia atómica en los cuerpos. Las cuatro iniciaciones anteriores a la de adepto, indican respectivamente la adquisición de una cantidad proporcional de dicha materia, por ejemplo: en la primera iniciación, una cuarta parte de materia atómica; en la segunda, una mitad, y así sucesivamente hasta la culminación. Como la intuición (o budi) es el principio unificador que lo fusiona todo, en la cuarta iniciación los vehículos inferiores desaparecen y el adepto permanece en su cuerpo intuitivo. Allí crea su cuerpo de manifestación.
10 352 Cuerpo causal. Desde el punto de vista del plano físico este cuerpo no es subjetivo ni objetivo. Sin embargo, es el centro de la conciencia egoica, y está formado por la conjunción de budi y manas. Es relativamente permanente y perdura durante el largo ciclo de encarnaciones, disipándose únicamente después de la cuarta iniciación, cuando el ser humano ya no necesita renacer.
11 - Renunciación sobre el Sendero de Retorno, 239-240; empleo colectivo en meditación, 190, 191, 194, 196-202; empleo en el contactamiento con el Manú, Bodhisattva y el Mahachohan, 201, 202.
12 - Sendero: del discípulo, 5; Iniciación, 28, 187, 272; manifestación, 238-239; Probación, 31, 36, 144-145, 148, 200, 251, 265, 267-270, 273; Purificación, 130; renunciación, 44; retomo, 238, 239-240.
del belen al calvario
1 4. La Crucifixión en el Gólgota.
2 Algunas de esas implicaciones más profundas se trataron en una obra publicada hace muchos años, titulada The Crisis of the Christ, escrita por un cristiano veterano, el Dr. Campbell Morgan. Tomó los cinco episodios principales de la vida del Salvador, en torno a los cuales se ha erigido todo el Evangelio, y los aplicó, amplia y generalmente, impartiéndonos la comprensión de que Cristo no sólo pasó por esas dramáticas experiencias, sino que nos dejó el definido mandato de "seguir Sus pasos". (11) ¿No es posible que esos grandes hechos en la experiencia de Cristo, esos cinco aspectos personificados del mito universal, puedan tener, para nosotros, como individuos, un interés más allá de lo histórico y lo personal? ¿No es posible que encarnen una experiencia o empresa iniciática por la cual podrán ahora muchos cristianos experimentar y así obedecer Su mandato de entrar en una nueva vida? ¿Acaso no debemos todos nacer de nuevo, ser bautizados en Espíritu y transfigurados en la cima de la montaña de la experiencia viviente? ¿No tiene acaso la mayoría la crucifixión por delante, que conduce a la resurrección y a la ascensión? ¿Y no habremos interpretado esas palabras en un sentido muy estrecho, con una implicancia demasiado sentimental y común, por cuanto pueden indicar, a quienes están preparados, un camino especial y un modo más rápido de seguir los pasos del Hijo de Dios? Éste es uno de los puntos que nos conciernen y que este libro tratará de desarrollar. Si puede descubrirse este significado, más intenso, si el drama del Evangelio puede llegar a ser, de alguna manera particular, el drama de las almas que ya están preparadas, entonces podremos ver la resurrección de las esencialidades del cristianismo y la revivificación de la forma que va cristalizándose con tanta rapidez. De este modo, "el credo y la teología serán nuevamente importantes para nosotros, se convertirán en los tesoros esenciales de la religión, porque en ellos la raza conserva edad tras edad, los factores determinantes de todo valor humano”. (12)
3 La comprensión de la unidad y a veces la uniformidad de la enseñanza impartida en Oriente y Occidente, nos otorga una valiosa adquisición y un enriquecimiento de nuestra conciencia. Por ejemplo, el cuarto acontecimiento de la vida de Cristo, la crucifixión, tiene su paralelo en la cuarta iniciación de la enseñanza oriental, denominada la Gran Renunciación. Tenemos una iniciación llamada, en terminología budista, "la entrada en la corriente”, y hay en la vida de Jesús un episodio que designamos como "el bautismo en el Jordán". La historia del nacimiento de Cristo en Belén tiene su paralelo prácticamente en cada detalle de la vida de los mensajeros de Dios que Le precedieron. Esos hechos probados deberían sin duda evocarnos el reconocimiento de que aunque haya muchos mensajeros, hay sólo un Mensaje; pero este reconocimiento en modo alguno niega la tarea señera de Cristo y la función singular que vino a realizar.
4 4. La Crucifixión. En Oriente se la designa como la Gran Renunciación, con su lección del sacrificio y su llamamiento a la muerte de la naturaleza inferior. "Cada día muero”, (29) decía el apóstol, porque sólo en la práctica de sobrellevar la muerte de cada día puede enfrentarse y resistirse a la Muerte final.
5 Únicamente mediante la revelación del Cristo interno, en cada ser humano, puede realizarse esta unificación. Sólo mediante el nuevo nacimiento, el bautismo del espíritu y del fuego y la transfiguración de la naturaleza, puede hallarse la liberación y llegarse a la unidad con Dios. Sólo mediante el sacrificio de la humanidad, que es la esencia de la crucifixión, puede cumplirse la resurrección.
6 El Camino que va desde el Nacimiento en Belén hasta el Monte de la Crucifixión, es duro y difícil, pero es hollado con regocijo por el Cristo y por quienes han sintonizado su conciencia con la Suya. El goce de la vida física se trasforma en el goce de la comprensión, y nuevos valores, nuevos deseos y un nuevo amor, reemplazan al antiguo. El Dr. Whitehead (17) lo aclara bellamente con las palabras:
7 Después de la tercera iniciación, la Trasfiguración, cuando la personalidad ha sido subordinada al alma o Cristo inmanente, y la gloria del Señor puede brillar a través de la carne, enfrentamos la suprema realización de la Crucifixión y la Resurrección. Después, se dice, ese Ser misterioso a que se refiere El Antiguo Testamento, denominándolo Melquisedek o el Anciano de los Días, desempeñará Su parte y nos iniciará en misterios aún más elevados. De este Personaje se dice que:
8 Al estudiar esas cinco iniciaciones en el Evangelio, encontramos que dos de ellas tienen lugar en una caverna, dos en la cima de una montaña y una en el llano, entre las profundidades y las alturas. La primera y la última de las iniciaciones (el Nacimiento a la vida y la Resurrección a la "vida más abundante" (65)) tuvo lugar en una caverna. La Trasfiguración y la Crucifixión se efectuaron en la cima de una montaña o colina, mientras que la segunda iniciación, después de la cual Cristo comenzó su ministerio público, ocurrió en un río, en las llanuras del Jordán, tal vez simbolizando la misión de Cristo de vivir y trabajar entre los hombres. La frase masónica, "encontrarse en el llano", tiene ahora nuevo significado. Después de cada experiencia en la montaña, Cristo bajaba otra vez al llano de la vida cotidiana y allí manifestaba los efectos o resultados de ese gran acontecimiento.
9 "La historia de Jesús, como se verá, tiene muchas cosas análogas con los relatos de anteriores dioses soles y con el actual recorrido del Sol en los cielos, ¡tantas, que no pueden atribuirse a la mera casualidad ni aún a las tretas y blasfemias del demonio! Enumeremos algunas: 1) el nacimiento de una madre virgen; 2) el nacimiento en un establo caverna o cámara subterránea ; 3) el 25 de diciembre justamente después del solsticio de invierno ; 4) la Estrella de Oriente Sirio ; 5) la llegáda de los Magos los tres Reyes ; 6) la amenaza de exterminar a los inocentes y la consiguiente huida a un país distante según se dice de Krishna y otros dioses soles. Tenemos además las festividades de la Iglesia, o 7) la Candelaria, el 2 de febrero, con procesiones de cirios para simbolizar la creciente luz; 8) Cuaresma, o la llegada de la primavera; 9) la Pascua, generalmente el 25 de marzo, para celebrar el cruce del Sol por el Ecuador, y 10) simultáneamente, la erupción de luces en el Santo Sepulcro de Jerusalén. Tenemos 11), la Crucifixión y muerte del Dios Cordero, el Viernes Santo, tres días antes de Pascua; además 12) la crucifixión en un árbol; 13) el sepulcro vacío; 14) la resurrección gozosa (como en los casos de Osiris, Attis y otros); 15) los doce discípulos (los signos del zodíaco), y 16) la traición por uno de los doce. Más adelante tenemos: 17) el Día de San Juan (24 de junio), dedicado al nacimiento del bienamado discípulo Juan, la analogía del día de Navidad; tenemos las festividades 18) de la Asunción de la Virgen (15 de agosto); 19) la Natividad de la Virgen (8 de septiembre), analogía del traslado del dios a través de Virgo; además la contradicción de Cristo y sus discipulos en la constelación de otoño; 20) la Serpiente y el Escorpión y, finalmente, el cunioso hecho de que la Iglesia 21) dedica el mismo día del solsticio de invierno (cuando cualquiera puede dudar lógicamente del renacimiento del Sol) a Santo Tomás, i que puso en duda la verdad de la Resurrección!" (66)
10 En la cuarta iniciación demostró esta integración, no sólo como Hombre-Dios sino como Aquél que abarca en Su conciencia al entero mundo de los hombres. Se unificó con la humanidad, reflejando la efectividad de esa divina energía que lo capacitó para decir con toda verdad: “Y yo, si fuere ascendido de la tierra, a todos atraeré a mí”. 14 Fue ascendido, entre la Tierra y el Cielo, y durante dos mil años, Sus palabras han permanecido inalterables.
11 “Juan el Bautista es interno y místico, porque representa los compulsivos llamados de la conciencia al arrepentimiento, a la renunciación y a la purificación, precursora indispensable del éxito en la búsqueda de la perfección interna.” 21
12 No dudo que Cristo fue embargado por la duda. Los primeros vestigios de ese espejismo que descendió sobre Él, como una gran tiniebla en la Crucifixión, entonces lo embargó. ¿Era Él el Hijo de Dios? Después de todo ¿Tenía una misión que cumplir? ¿Su actitud era autoilusoria? ¿Valía la pena todo eso? Fue atacado en Su punto más fuerte, y allí reside la potencia de la tentación.
13 OTRO período de servicio ha terminado. Cristo debió enfrentar otra crisis interna y esta vez, según la narración del Evangelio, la compartió con Sus tres discípulos predilectos, los tres más íntimos. El autocontrol que había demostrado y la consiguiente inmunidad a la tentación, tal como podemos comprenderlo, fue seguido por un período de intensa actividad. Él había sentado las bases del reino de Dios que debía fundar de acuerdo a Su misión, y cuyo bosquejo se había construido sobre la estructura interna de los doce apóstoles, los setenta discípulos que Él había elegido e instruido, y los grupos de hombres y mujeres de todas partes que respondían a Su mensaje. Hasta ese momento había tenido éxito. Ahora debía encarar otra iniciación y una mayor expansión de conciencia. Las iniciaciones, a que se sometió para bien nuestro, y a las cuales podemos aspirar, a su debido tiempo, constituyen en sí una síntesis viviente de la revelación que sería de valor estudiar, antes de considerar los detalles de la estupenda revelación que recibieron los tres apóstoles en la cima de la montaña. Tres de estas crisis son, quizás, las de mayor significación que hasta ahora ha captado la humanidad, que siempre tiende a poner el énfasis sólo en una de ellas, la Crucifixión.
14 A veces pensamos que si nunca se hubieran escrito las Epístolas y sólo contáramos con el relato del Evangelio para fundamentar nuestra creencia cristiana, las tremendas experiencias vividas por Cristo, se hubieran pasado por alto al hacer resaltar casi exclusivamente la Crucifixión. Esto es algo que debe considerarse y merece una seria reflexión. El prejuicio de San Pablo sobre la teología cristiana, quizás ha desequilibrado la estructura de la presentación de Cristo que estábamos destinados a recibir. Las tres iniciaciones que, en último análisis, pueden significar la culminación para el buscador de la verdad, son el nacimiento en el reino, ese augusto momento en que toda la naturaleza inferior se transfigura y se percibe la aptitud de los hijos de Dios para ser ciudadanos de ese reino, y la crisis final en que se demuestra y reconoce la inmortalidad del alma. El Bautismo y la Crucifixión tienen otros valores, acentuando, como lo hacen, la purificación y el autosacrificio. Esto puede sorprender al lector en lo que parecería disminuir al Cristo, pero es en extremo necesario que veamos el cuadro tal como los Evangelios lo presentan, sin el matiz de las interpretaciones dadas por un posterior hijo de Dios, San Pablo, por muy brillante y sincero que haya sido. Al tratar el tema de la Deidad, siempre se ha dicho que conocemos a Dios por Su naturaleza, y que esa naturaleza es espíritu o vida, alma o amor consciente y forma inteligentemente motivada. Vida, cualidad y apariencia, son los tres aspectos principales de la divinidad, y no conocemos otros; pero eso no significa que no hagamos contacto con otros aspectos cuando oportunamente tengamos el mecanismo del conocimiento y la intuición, para penetrar más profundamente en la naturaleza divina. Aún no conocemos al Padre. Cristo Lo reveló, pero el Padre Mismo permanece hasta ahora detrás de la escena, inescrutable, invisible y desconocido, excepto cuando Se revela en la vida de Sus hijos, y por la revelación que Jesucristo diera especialmente a Occidente.
15 La escena de la Transfiguración fue el punto de reunión de factores muy significativos, y desde ese momento la vida de la humanidad cambió radicalmente. Fue un momento tan potente en la historia de la raza, como la Crucifixión, y quizá más poderoso aún que ese trágico y grandioso acontecimiento. Pocas veces se producen tales momentos. Generalmente vemos sólo débiles vislumbres de posibilidades, raros destellos de iluminación y fugaces segundos durante los cuales aparece una síntesis que nos deja con un sentido de aptitud, integración, propósito y de subyacente realidad. Pero tales momentos son muy raros, por cierto. Sabemos que Dios es. Sabemos que la realidad existe. Pero la vida, con su énfasis puesto en los fenómenos, y sus tensiones y compulsiones, nos mantiene tan preocupados que no tenemos tiempo, después de seis días de trabajo, de ascender a la montaña de la visión. Cierto es que “en el fondo, la noción de Dios se percibe en toda su integridad. Pero solamente una porción está iluminada y el todo es visible únicamente bajo esta iluminación parcial”.34 Cierta familiaridad con la naturaleza de Dios debe preceder a esa revelación de Sí Mismo, que a veces nos puede otorgar y nos otorga. Los tres amigos de Cristo habían alcanzado una medida de intimidad con Él, lo que justificó ser elegidos como compañeros en la escena de Su experiencia, donde desempeñó, en bien de la humanidad, un acontecimiento simbólico a la par que una experiencia definida, habiéndose hecho los correspondientes preparativos con participantes definidamente elegidos e instruidos, de modo que el simbolismo encarnado en ellos pudiera evidenciarse y dirigir correctamente sus reacciones intuitivas. Fue necesario que Cristo tuviera a alguien en quien confiar, que reconociera la divinidad cuando apareciera, y cuya percepción intuitiva y espiritual fuera tal que el significado interno pudiera eternamente evidenciarse a quienes más tarde seguirían Sus pasos. Frecuentemente se olvida lo que Cristo significaba para Sus discípulos.
16 Resulta interesante observar que a pesar de su reconocimiento de la significación del evento en el cual participaban, los tres Apóstoles, hablando por boca de Pedro, no pudieron expresar más que su temor y perplejidad, su aceptación y creencia. No pudieron explicar o comprender lo que habían visto, ni existe registro alguno de que lo hicieran. El significado de la Transfiguración es algo que debe forjarse en la vida antes de poder definirla o explicarla. Cuando la humanidad en conjunto aprenda a transformar la carne por medio de la experiencia divina, a transmutar la naturaleza sensoria por medio de la expresión divina y a transferir la conciencia del mundo de la vida material al mundo de las realidades trascendentales, los verdaderos valores subjetivos de esta iniciación se revelarán a las mentes de los hombres. Entonces lo que se ha intuido será expresado más profundamente. El Dr. W. H. Sheldon 39 dice con toda verdad que “las mentes intuitivas llevan, en sí el mejor pensamiento y sentimiento humano, durante generaciones, probablemente a través de siglos, antes de llegar a articularse”. No tenemos todavía un concepto claro de esta experiencia. Percibimos en forma tenue y distante su maravilla y finalidad. No hemos pasado aún, como raza, por el nuevo nacimiento; sólo unos pocos han tenido la experiencia del Jordán. El alma evolucionada y poco común, asciende al Monte de la Transfiguración y allí ve y enfrenta a Dios en la Persona glorificada de Jesucristo. Hemos visto este episodio con los ojos de otros. Pedro, Santiago y Juan, lo relataron por medio del Apóstol Mateo. Permanecemos como espectadores, pero algún día compartiremos la experiencia. Y esto lo hemos olvidado, haciendo nuestros los términos del cuarto gran acontecimiento de la vida de Cristo, tratando muchos de desentrañar y compartir el significado de la Crucifixión. Hemos visto la Transfiguración, pero no hemos intentado transfigurarnos activamente. Algún día sucederá, y únicamente después de la Transfiguración podremos atrevernos a ascender al Monte Gólgota. Sólo cuando hayamos logrado la expresión de la divinidad en la naturaleza personal inferior y a través de ella, habremos alcanzado lo que es de valor, y de acuerdo al Plan divino tendremos que ser crucificados. Esta verdad la hemos olvidado; sin embargo, es parte del proceso evolutivo por el cual Dios se revela a través de la humanidad. Aunque las palabras que siguen no se aplican a este acontecimiento de la vida de Cristo, contienen tanta belleza y verdad que las incluyo:
17 ¿No es, entonces, razonable para nosotros inferir de lo dicho que, cuando un hombre alcanza el reconocimiento y la creencia en el Cristo cósmico, “el Cordero inmolado desde el principio del mundo”,46 es posible el nuevo nacimiento, porque la vida de ese Cristo universal, animando toda forma de expresión divina, puede, consciente y definitivamente, llevar al hombre hacia adelante en una nueva manifestación de la divinidad? La “sangre es la vida” 47 y el ‘Cristo viviente hace posible que todos puedan llegar a ser ciudadanos de ese reino. La vida crística en cada uno de nosotros y no Su muerte, es lo que nos hace hijos del Padre. En ninguna parte del Evangelio se encuentra una afirmación que diga lo contrario. Cristo, en la comunión, dio a Sus discípulos el cáliz para beber, diciéndoles “... ésta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.48 Pero esto constituye Su única referencia a la sangre en su aspecto curador, tan fuertemente acentuada en las Epístolas; tampoco Cristo, en ninguna parte, correlaciona la sangre con la Crucifixión. Él habla en tiempo presente y no relaciona la sangre con el nuevo nacimiento ni con la Crucifixión, ni la convierte en el factor exclusivo que coloró tan profundamente la presentación del cristianismo en el mundo.
18 “‘El Honor y la Gloria de Dios’, es la fundamental norma por la cual la religión juzga al mundo. Y la gloria de Dios y la salvación y santificación de las almas son posibles y se realizan efectivamente en el mundo entero, dondequiera que hombres y mujeres, por su aspiración a lo eterno, por la oración, expiación, autorrenunciación y amor, se eleven sobre su humanidad terrena y desplieguen la humanidad superior y sobrenatural que es la ‘imagen Divina del nuevo hombre’. Y esto se realiza en todas partes por la gracia del Redentor, se lo reconozca o no, como efecto de una relación espiritual, oculta a la vista del hombre, con Cristo y Su institución salvadora, la santa Iglesia.
19 LA CUARTA INICIACIÓN ... LA CRUCIFIXIÓN
20 LLEGAMOS ahora al misterio central del cristianismo y a la iniciación culminante a que los hombres, como seres humanos, pueden aspirar. De la siguiente iniciación, la Resurrección, y de la Ascensión, vinculada a ella, prácticamente nada sabemos, aparte del hecho de que Cristo resucitó de entre los muertos. La iniciación de la Resurrección está velada por el silencio. Todo lo que de ella se ha registrado es la reacción de quienes conocieron y amaron al Señor y los efectos posteriores que produjo en la historia de la Iglesia Cristiana. Pero la Crucifixión ha sido siempre el episodio dramático sobresaliente, sobre el que se ha construido la estructura total de la teología cristiana, poniéndose en ella todo el énfasis. Millones de palabras se han escrito al respecto y en miles de libros y comentarios se trató de elucidar su significado y explicar la significación de su misterio. A través de las edades, se presentaron miríadas de puntos de vista para ser puestos a consideración de los hombres. Han habido muchas malas interpretaciones, pero también se ha expresado lo que es divinamente real. Dios ha sido muchas veces mal interpretado y lo que Cristo hizo, fue tergiversado por los mezquinos puntos de vista de los hombres. La maravilla de lo ocurrido en el Monte Calvario ha sido revelado mediante las iluminadas experiencias del creyente y del conocedor.
21 Una de las primeras cosas que parecería esencial reconocer es el hecho definido de que la Crucifixión de Cristo debe salir del ámbito de su aplicación puramente personal y situarse en lo universal y total. Quizá cause consternación el hecho de recalcar la necesidad de comprender que la muerte en la Cruz del Cristo histórico, no tuvo que ver principalmente con él individuo que pretende beneficiarse con dicha muerte. Fue un gran acontecimiento cósmico. Sus implicaciones y resultados conciernen a la masa humana, no específicamente al individuo. Tendemos a considerar como propios y un asunto personal, las numerosas implicaciones del sacrificio de Cristo. El egoísmo del aspirante espiritual es con frecuencia muy real. El Dr. Macintosh 2 se refiere a la tendencia hacia un erróneo egocentrismo, en los siguientes términos:
22 “Sin embargo, hoy, el profano reflexivo se concentra cada vez menos en el Dios encarnado, sacramentalmente sacrificado, y se dirige cada vez más al hombre Jesús, el instructor de las verdades divinas, el ejemplo supremo de la vida perfecta que encaró a la misma muerte para bien de la elevación del género humano; Su Crucifixión, considerada por la teología como el propósito y finalidad sacramental de Su encarnación, comienza a ser definida simplemente como el resultado inevitable de Su valiente oposición a la religión convencional y como ejemplo culminante de Su heroísmo. Los que así contemplan la vida del Maestro, como ejemplo que debe seguirse, antes que Su muerte, como propiciación mística del pecado, consideran retrogresión mental la creciente santidad atribuida al símbolo de la cruz en la Iglesia. El culto al crucifijo, análogamente al culto al árbol, en realidad se relaciona tan estrechamente con el paganismo que no puede estar a la altura de la norma intelectual exigida por una religión moderna.” 3
23 La Crucifixión y la Cruz de Cristo son tan antiguas como la humanidad misma. Ambas son símbolos del sacrificio eterno de Dios, al sumergirse en el aspecto forma de la naturaleza, trasformándose así en Dios inmanente y trascendente. Sería bueno recordar que:
24 Hemos visto que Cristo debe ser reconocido ante todo en sentido cósmico. El Cristo cósmico ha existido desde toda la eternidad, y es la divinidad en el espacio o espíritu crucificado. Personifica la inmolación o sacrificio del espíritu en la cruz de la materia, forma o sustancia, a fin de que todas las formas divinas, incluyendo la humana, puedan vivir. Esto lo han reconocido siempre los llamados credos paganos. Si se siguen las huellas del simbolismo de la cruz, se verá que antecede al cristianismo por miles de años y que, finalmente, los cuatro brazos de la cruz desaparecen, quedando únicamente la imagen del Hombre celestial viviente con los brazos extendidos en el espacio. El Cristo cósmico se yergue al norte, al sur, al este y al oeste, sobre lo que se llama “la cruz fija de los cielos”. Sobre esta cruz Dios está eternamente crucificado.
25 Los cuatro signos Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, constituyen preeminentemente la cruz del alma, la cruz sobre la cual la segunda Persona de la divina Trinidad es crucificada. Cristo personificó en Su misión esos cuatro aspectos, y como Cristo cósmico, ejemplificó en Su persona las cualidades que cada uno de esos signos representa. Hasta el hombre primitivo, poco evolucionado e ignorante, tenía conciencia de la significación del espíritu cósmico inmolado en la materia y crucificado en la cruz de cuatro brazos. Se dice que los primitivos seres humanos
26 “Entonces, de los cuatro puntos de la Tau, que comenzaba con Tauro, el toro, y el sol en el centro, los hombres inventaron el símbolo del dador de vida y su posición fija, eternamente en el centro (es decir, el sol en la cruz o el salvador crucificado, porque el sol es el salvador de toda la naturaleza), habiendo constatado previamente el magnetismo maléfico y benéfico de las orbes celestes, o el testimonio dado por los señores de los planetas y su poder.” 13
27 “La cara como de hombre”, es el signo antiguo de Acuario, el signo del hombre que lleva el cántaro, al que Cristo Se refirió cuando envió a Sus discípulos a la ciudad, diciéndoles: “He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare”.16 En este signo zodiacal estamos entrando ahora. Sería bueno señalar que astronómicamente esto es verdad y no una simple afirmación de los astrólogos. El León representa el signo Leo del zodíaco, siendo el símbolo de la individualidad, y bajo su influencia la raza adquiere autoconciencia y los hombres actúan como individuos. Cristo puso el énfasis de Su enseñanza sobre la significación del individuo y demostró con Su vida el valor supremo del individuo, su perfeccionamiento, su servicio y su sacrificio final, en bien del todo. La constelación del Águila siempre fue considerada como intercambiable con el signo Escorpio, la serpiente, empleándosela frecuentemente en esta relación cuando se considera a la cruz fija del Salvador cósmico. Escorpio es la serpiente de la ilusión, de la cual se libera definitivamente la naturaleza crística, y Adán, en el jardín del Edén, sucumbió a las ilusorias tentaciones de esta serpiente, Escorpio. La “cara de buey” es el símbolo bíblico del signo de Tauro, el toro, representando la religión que precedió a la revelación hebrea, y tiene sus exponentes en Egipto y en los misterios mitraicos. En esta cruz fija todos los Salvadores mundiales, incluso el Cristo de Occidente, han sido eternamente crucificados, para recordar al hombre la intención divina, basada en el sacrificio también divino. Los primeros Padres reconocieron esta verdad y aprendieron que la historia escrita en los cielos guardaba una definida relación con la humanidad y la evolución de las almas humanas. Clemente de Alejandría dice que “el sendero de ascenso de las almas está en los doce signos del zodíaco”, y las festividades de la iglesia de hoy no se basan sobre fechas históricas relacionadas con las personalidades religiosas descollantes a que se refieren, sino a la época y a las estaciones. Vimos que la fecha del Nacimiento de Belén se estableció astronómicamente casi cuatro siglos después que naciera Cristo. La combinación de Virgo con la Estrella de Oriente (Sirio) y los Tres Reyes (simbolizados por el cinturón de Orión), fue el factor determinante. La virgen fue vista en Oriente, con la línea del horizonte pasando por su centro, siendo ésta una de las causas determinantes de la doctrina del nacimiento virginal.
28 El Día de Pascua siempre se decide astronómicamente. Estos hechos exigen una consideración muy cuidadosa. Esta información debería estar en manos de todos los pueblos cristianos porque sólo así podrían llegar a una plena y clara comprensión de lo que Cristo vino a realizar en la Tierra, en Su naturaleza cósmica. Tal acontecimiento tuvo mayor importancia que la simple salvación de cualquier ser humano individual. Significó mucho más que el fundamento de la fe en un futuro celestial, de varios millones de personas. La encarnación de Cristo, aparte de su valor histórico y de la nota clave que emitió, marcó el final de un gran ciclo cósmico y también la apertura de la puerta al reino que, hasta entonces, sólo se había abierto ocasionalmente, para permitir la entrada de los hijos de Dios que triunfaron sobre la materia. Después del advenimiento de Cristo, la puerta se abrió para siempre de par en par, y empezó a formarse en la Tierra el reino de Dios. En los largos procesos del tiempo aparecieron en el planeta, cuatro grandes expresiones de la vida divina, cuatro formas de Dios inmanente, llamadas los cuatro reinos de la naturaleza. Constituyen, simbólicamente, el reflejo planetario de los cuatro brazos de la cruz zodiacal sobre la cual el Cristo cósmico Se ve crucificado. A través de las edades, los seres humanos han simbolizado al Cristo cósmico inmolado en la cruz de la materia, perpetuando así en la conciencia de la raza el conocimiento de ese evento; por eso, en cierto sentido planetario, los cuatro reinos de la naturaleza hacen lo mismo, representando el espíritu de Dios extendido sobre una cruz de forma material para ser eventualmente posible la aparición del reino de Dios sobre la Tierra. Esto significa la espiritualización de la materia y la forma, la asunción de la materia al cielo y la liberación de Dios de la crucifixión cósmica. El poeta Joseph Plunkett 17 lo dice bellamente:
29 La maravilla de la misión de Cristo residía en el hecho de que, no obstante pertenecer a la larga continuidad de hombres divinos perfectos, desempeñó una función única. Resumió en Sí Mismo y puso fin a la presentación simbólica del sacrificio eterno de Dios en la cruz fija en los cielos, de la que dan testimonio las estrellas, que la historia de la religión tan exitosamente ha velado y aún hoy se niega a reconocer. El Hombre celestial está actualmente pendiendo del Cielo, como Lo ha estado desde la creación del sistema solar, y Cristo dijo: “Y yo, si fuera elevado de la tierra, a todos atraeré a Mí”,18 y no sólo a todos los hombres, sino, oportunamente, a todas las formas de vida de todos los reinos que entreguen sus vidas, no como sacrificio impuesto, sino como ofrenda voluntaria para la gloria de Dios. “El que perdiere su vida por mi causa, la haIlará”,19 es una realidad que se olvida a menudo y tiene una conexión definida con la historia de la crucifixión en sus más amplias implicaciones. Sin embargo, mediante la realización del último de los reinos en manifestación, el humano, la cruz y su propósito se completan y esto lo atestigua la muerte de Cristo.
30 Pero el punto importante no es Su muerte, por más que fue la culminación del proceso evolutivo, sino la Resurrección consiguiente, simbolizando, como lo hizo, la formación y precipitación sobre la Tierra, de un nuevo reino, donde los hombres y todas las formas se liberarán de la muerte —reino del cual el Hombre liberado de la Cruz debería ser el símbolo. De este modo completamos el círculo, desde el Hombre en el espacio, con los brazos extendidos en forma de cruz, a través de la secuencia de los Salvadores crucificados que repetidamente narran lo que Dios ha hecho por el universo, hasta llegar al culminante Hijo de Dios que llevó el simbolismo, en todas sus etapas, al plano físico. Luego resucitó de entre los muertos para decirnos que la larga tarea de la evolución había llegado por fin, en su fase final —si así lo decidimos y estamos dispuestos a hacer lo que Él hizo— a pagar el precio y pasando a través de los portales de la muerte, a lograr una gozosa resurrección. San Pablo trató de familiarizarnos con esta verdad, pero sus palabras han sido frecuentemente distorsionadas por la traducción y la incorrecta interpretación teológica:
31 Cuando la iglesia haga hincapié en el Cristo viviente y reconozca que sus formas y ceremonias, sus festividades y rituales, provienen de un pasado muy remoto, tendremos el surgimiento de una nueva religión que estará tan separada de la forma y del pasado, como el reino de Dios de la materia y la naturaleza corpórea. Toda la religión ortodoxa puede considerarse como una cruz en la que hemos crucificado a Cristo; ha servido su propósito como custodia de las edades y conservadora de las antiguas formas, pero debe entrar en una vida nueva y pasar por la resurrección, si quiere satisfacer hoy las necesidades profundamente espirituales de la humanidad. Se dice que “las naciones así como los individuos, se hacen, no únicamente por lo que adquieren, sino por lo que renuncian, y esto atañe también a la religión de la época actual”.26 Su forma debe sacrificarse en la Cruz de Cristo para poder resucitar a una vida vital y verdadera y satisfacer la necesidad de los pueblos. Que su tema sea el Cristo viviente y no el Salvador moribundo. Cristo ha muerto. No cabe error alguno. El Cristo de la historia pasó por los portales de la muerte por nosotros. El Cristo cósmico está muriendo aún en la Cruz de la Materia. Allí quedará pendiendo hasta que el último y cansado peregrino encuentre su camino al hogar.27 El Cristo planetario, vida de los cuatro reinos de la naturaleza, ha sido crucificado en los cuatro brazos de la Cruz planetaria en el transcurso de las edades. Pero el final de este período de crucifixión se aproxima. La humanidad puede descender de la cruz, como lo hizo Cristo, y entrar en el reino de Dios como espíritu viviente. Los hijos de Dios están preparados para manifestarse. Hoy, como nunca:
32 Resulta interesante observar que las dos grandes ramas del cristianismo ortodoxo, el oriental, expresado por la Iglesia Griega, y el occidental, representado por las Iglesias Católica Romana y Protestante, han conservado dos grandes conceptos que el espíritu de la raza necesitó en su gran jornada evolutiva, alejándose de Dios y retornando a Él. La Iglesia griega siempre hizo hincapié en el Cristo resucitado. La occidental, en cambio, ha subrayado al Salvador crucificado. El cristianismo oriental considera que la resurrección es su enseñanza central. Pfleger 30 se refiere a esto en los siguientes términos:
33 Cristo vino a abolir esos sacrificios mostrándonos su verdadero significado, y en Su Persona, como hombre perfecto, padeció la muerte de la Cruz para demostrarnos (en forma real y efectiva) que la divinidad puede manifestarse y expresarse verdaderamente sólo cuando el hombre, como tal, ha muerto, para que el Cristo oculto pueda vivir. La naturaleza carnal inferior, como San Pablo la denomina, debe morir para que la naturaleza divina superior pueda manifestarse en toda su belleza. El yo inferior debe morir para que el yo superior pueda manifestarse en la tierra. Cristo tuvo que morir para que el género humano pudiera aprender, de una vez por todas, la lección de que por el sacrificio de la naturaleza humana el aspecto divino podría ser “salvo”. De este modo Cristo sintetizó en Sí Mismo la significación de todos los sacrificios mundiales del pasado. Esa verdad misteriosa revelada únicamente al iniciado entrenado y dedicado, cuando estaba preparado para la cuarta iniciación, fue dada por Cristo al mundo de los hombres. Murió por todos para que todos pudieran vivir. Pero ésta no es la doctrina de la expiación vicaria que fue preeminentemente la interpretación dada por San Pablo a la crucifixión, sino la doctrina que Cristo Mismo enseñará, la doctrina de la inmanencia divina (véase Jn. 17) y la doctrina del Hombre-Dios.
34 El actual cristianismo ha heredado la mayoría de sus interpretaciones de los primitivos tiempos, y los instructores e intérpretes de entonces estaban tan esclavizados por las antiguas creencias, como nosotros por las interpretaciones dadas al cristianismo durante los últimos dos mil años. Cristo enseñó que debemos morir para vivir como Dioses, por eso murió. Sintetizó en Sí Mismo todas las tradiciones del pasado, porque “no sólo cumplió lo establecido en las Escrituras judaicas, sino también las del mundo pagano, y ahí radicó la gran atracción ejercida por el cristianismo primitivo. En Él se condensaba, en una aparente realidad, una docena de Dioses indefinidos, y en Su crucifixión, las antiguas leyendas de Sus sufrimientos expiatorios y muertes sacrificadas, se actualizaron y tuvieron un sentido directo”.40 Pero Su muerte fue también el acto de consumación de una vida de sacrificio y de servicio y el resultado lógico de Su enseñanza. Los precursores y quienes revelan a los hombres el siguiente paso, los que se presentan como intérpretes del Plan divino, son inevitablemente repudiados y generalmente mueren como resultado de su valeroso pronunciamiento. Cristo no constituyó una excepción a esta regla. “Los pensadores cristianos avanzados de hoy, consideran la Crucifixión de nuestro Señor, el sacrificio supremo realizado por Cristo en pro de los principios de Su enseñanza. Fue el acto culminante de Su heroica vida y proporciona un ejemplo tan sublime al género humano, que la meditación sobre Él produce una unificación con la Fuente de origen de todo lo bueno”.41
35 Esto es lo que vino a hacer Cristo, mostrarnos la naturaleza de la vida “salva”, demostrarnos la cualidad del Yo eterno, que reside en todo hombre; ésta es la lección de la Crucifixión y la Resurrección: la naturaleza inferior debe morir para que la superior pueda manifestarse y el alma inmortal y eterna que reside en todo hombre, resucite de la tumba de la materia. Es interesante buscar el origen de la idea de que los hombres deben sufrir en este mundo cómo consecuencia del pecado. En Oriente, donde prevalecen las doctrinas de la reencarnación y del karma, el hombre sufre como consecuencia de sus propios actos y pecados, y se “ocupa de su salvación con temor y temblor”.47 Según las enseñanzas hebreas, el hombre sufre por los pecados de sus antepasados y de su país, dando así asidero a una verdad que recién ahora empieza a ser una realidad establecida, la verdad de la herencia física. Bajo la enseñanza cristiana, Cristo, el hombre perfecto, sufre con Dios, porque Dios amó tanto al mundo que, inmanente en éste, como lo está, no podía disociarse de las consecuencias de la flaqueza y de la ignorancia humanas. De este modo la humanidad adjudica un propósito al dolor y eventualmente es vencido el mal.
36 3. Los hombres se salvan por el sacrificio de un Hijo de Dios reconocido como tal, de donde, mediante el sacrificio vicario, muchos Salvadores crucificados del mundo, preparan el camino de Cristo.
37 Aprendemos que esa Presencia puede ser liberada en nosotros únicamente por la muerte de la naturaleza inferior, y esto es lo que siempre ha proclamado Cristo desde Su Cruz. Comprendemos cada vez más que la “fraternidad de Sus sufrimientos”, significa ascender a la Cruz con Él y compartir constantemente la experiencia de la Crucifixión. Vamos alcanzando el conocimiento de que el factor determinante de la vida humana es el amor, y que “Dios es amor”.49 Cristo vino a demostrar que el amor es el poder motivador del universo. Sufrió y murió porque amó, y tanto Se preocupó por los seres humanos, que les mostró el Camino que debían seguir, desde la caverna del Nacimiento al Monte de la Transfiguración, y de allí a la agonía de la Crucifixión, para poder participar también de la vida de la humanidad y transformarse a su vez en salvadores de sus semejantes.
38 “El instinto general de un Dios benévolo a Quien el sufrimiento por causa nuestra no le es desconocido, es natural y está de acuerdo con la realidad. Más de una vez en el Calvario, tiene lugar esta ineludible comunión de sufrimientos. Porque todo ser sufriente y todo pecador es análogo a un nervio enfermo o herido del cuerpo de Dios. No en una sola crucifixión, considerada excepcional, sino en toda la triste historia de la infidelidad humana, hallamos sufrientes vicarios, cuyo sufrimiento es parte del sufrimiento de Dios.” 50
39 Volviendo nuestra atención a la historia de la Crucifixión, evidentemente no es preciso entrar en detalles. Se conoce tanto y nos es tan familiar, que las palabras que empleemos poco pueden significar. La historia de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, Su reunión con los discípulos en el aposento alto, la participación con ellos, de la comunión del pan y el vino, la deserción de quienes se supone Lo amaban, y la agonía consiguiente en el Huerto de Getsemaní, todo eso nos es tan familiar como nuestros propios nombres y hasta menos llamativos. Ésa es la tragedia de Cristo. Tanto realizó y tan poco hemos reconocido. Veinte siglos fueron necesarios para comenzar a comprenderle a Él, Su misión y Su carrera. La misma Crucifixión fue solo la consumación anticipada y esperada de esa carrera. Ningún otro fin podía ser posible. Estaba predeterminado desde el principio, y la fecha anotada desde el momento en que, después de la iniciación del Bautismo, empezó a servir a la humanidad y a enseñar y a predicar la buena nueva del reino de Dios. Tal fue Su tema, y lo hemos olvidado, pregonando la Personalidad de Jesucristo, algo que Él Mismo ignoró y que Le pareció de muy poca importancia, en vista de los mayores valores involucrados. Aquí se repite la tragedia de Cristo, Él tiene una serie de valores y el mundo otra. “La vida de todo hombre es trágica en la medida en que está dotado de conciencia espiritual y es consciente de los valores”.68
40 Hemos hecho una tragedia de la Crucifixión, siendo que la tragedia real está en nuestro fracaso en reconocer su verdadera significación. La agonía en el Huerto de Getsemaní se basó en el hecho de que Cristo no fue comprendido. Muchos hombres sufrieron muertes violentas. En esto, Cristo no fue distinto de miles de personas de amplia visión y reformadores en el transcurso de las edades. Muchos han pasado por la experiencia de Getsemaní y oraron con igual fervor que Cristo para que se cumpliera la voluntad de Dios. Muchos más fueron abandonados por quienes esperaban ser comprendidos y participar en su tarea y en el servicio visualizado. En ninguno de esos aspectos Cristo fue el único. Pero Su sufrimiento está basado en Su visión, excepcional en su género. La falta de comprensión, de la gente y las interpretaciones distorsionadas que los posteriores teólogos darían a Su mensaje, sin duda fueron parte de Su premonición, del mismo modo que el conocimiento del énfasis puesto sobre Su persona como Salvador del mundo, retardaría, por siglos, la materialización del reino de Dios en la tierra, que debía fundarse de acuerdo con Su misión. Cristo vino para que toda la humanidad pudiera tener “vida más abundante”.69 Hemos interpretado Sus palabras de que sólo los “salvos” podrían dar esos pasos necesarios para alcanzar esa vida. Pero la vida abundante no será una vida vivida en el más allá, en algún cielo distante, donde los creyentes disfrutarán de una vida de felicidad exclusiva, mientras que el resto de los hijos de Dios quedará fuera. La Cruz estaba destinada a señalar la línea de demarcación entre el reino de los hombres y el reino de Dios, entre un gran reino de la naturaleza que había alcanzado su madurez y otro reino de la naturaleza que ahora podía entrar en su ciclo de actividad. El reino humano había evolucionado hasta el punto de producir un Cristo y otros hijos de Dios, cuyas vidas fueron testimonio constante de la naturaleza divina.
41 Cristo asumió el antiguo símbolo y la carga de la Cruz, y poniéndose a la par de todos los Salvadores crucificados que Le precedieron, encarnó en Sí lo inmediato y lo cósmico, el pasado y el futuro, erigiendo la Cruz en la colina, fuera de Jerusalén (cuyo nombre significa “visión de paz”), despertando así la atención hacia el reino por cuyo establecimiento murió. El trabajo se habla completado y en ese extraño y pequeño país denominado “Tierra Santa”, una estrecha faja de tierra entre los dos hemisferios, el oriental y el occidental, Cristo plantó la Cruz y marcó la frontera entre el reino de Dios y los reinos del mundo, entre el mundo de los hombres y el mundo del espíritu. De este modo llevó los antiguos Misterios a su punto culminante, donde se había profetizado la venida del reino y la institución de los Misterios del reino de Dios. El autor anteriormente citado dice:
42 El esfuerzo por realizar a la perfección la voluntad de Dios, puso fin a la vida más completa que haya existido sobre la tierra. El intento de fundar el reino, preordenado para siempre, y el antagonismo que provocó, llevó a Cristo a la crucifixión. La dureza de corazón de los hombres, la debilidad de su amor y su fracaso en comprender la visión, quebrantaron el corazón del Salvador del mundo —fue Salvador porque abrió la puerta del reino. En el párrafo que sigue se expresan estos pensamientos:
43 Por ventura ¿no es una realidad que la Crucifixión de Cristo, juntamente con los grandes acontecimientos que la precedieron —la comunión y la experiencia de Getsemaní— es una tragedia basada en el conflicto entre el amor y el odio? Este libro no intenta empequeñecer el acontecimiento mundial que tuvo lugar en el Calvario. Pero hoy, al considerar ese hecho, empieza a surgir cierta verdad, y es que hemos interpretado ese sacrificio y esa muerte en términos puramente egoístas. Nos ocupamos del tema desde el punto de vista de nuestro interés individual. Hemos recalcado la importancia de nuestra salvación personal, a la que adjudicamos una enorme importancia. Pero el punto de vista del mundo y lo que Cristo tuvo que hacer por la humanidad y la actitud de Dios hacia los seres humanos, desde tiempos primitivos, pasando por el período de la vida de Cristo en Palestina, hasta la época actual, están subordinados al hecho de creer o no en la eficacia de la Crucifixión y en el Calvario, para la salvación de nuestras almas individuales. Sin embargo, durante Su conversación con el ladrón arrepentido, Cristo lo admitió en el reino de Dios, debido a que reconoció la divinidad. Cristo no había muerto aún, ni consumado el sacrificio de la sangre. Fue casi como si Cristo previera el giro que la teología daría a Su muerte y tratara de contrarrestarlo, haciendo que el reconocimiento del ladrón moribundo fuera uno de los hechos más descollantes en Su muerte. No mencionó la expiación de los pecados por medio de Su sangre, como una razón para ser admitida.
44 Una de las primeras cosas que surgen en nuestra conciencia, cuando estudiamos la primera palabra de la Cruz, es que Jesús pidió a Su Padre que perdonara a quienes Lo crucificaron. Evidentemente, en ese momento, no consideró Su muerte en la Cruz como adecuada a esa necesidad. No había expiación de los pecados por el derramamiento de sangre, pero había necesidad de pedir perdón a Dios por el pecado cometido. Los dos hechos que se destacan en esta palabra son: la paternidad de Dios y el hecho de que la ignorancia, si es productora del mal, no hace culpable al hombre y por lo tanto no es pasible de castigo. Pecado e ignorancia son frecuentemente términos sinónimos, pero el pecado es reconocido como tal por quienes saben y por quienes no son ignorantes. Donde hay ignorancia, no existe pecado. Con esta palabra Cristo desde la Cruz, nos dice dos cosas:
45 1. Que Dios es nuestro Padre, y que llegamos a Él por Su intermedio. Es el hombre oculto en lo profundo del corazón, el Cristo aún no conocido, que puede acercarse al Padre. Cristo había logrado este derecho por la divinidad que demostró y por haber recibido la tercera iniciación, la Transfiguración. Cuando nos hayamos transfigurado (porque sólo el Cristo transfigurado puede ser crucificado), entonces podremos invocar al Padre y pedir al espíritu, que es Dios, la vida de todas las formas, para reajustar las relaciones y otorgar ese perdón, que es la propia esencia de la vida misma.
46 La justicia puede constituir el perdón cuando se comprenden equitativamente los pormenores del caso, y en esta demanda del Salvador crucificado, reconocemos la Ley de la Justicia y no la de la Retribución, en un acto al que todo el mundo contempla estupefacto. Esta obra del perdón es la obra eterna del alma en la materia o forma. El creyente oriental lo denomina karma. El creyente occidental habla de la Ley de Causa y Efecto. Sin embargo, ambos se refieren a la tarea del hombre por la salvación de su alma y por el pago constante del precio que el ignorante debe pagar por los errores y los así llamados pecados cometidos. Un hombre que peca deliberadamente contra la luz y el conocimiento, es raro. La mayoría de los “pecadores” son simplemente ignorantes. “No saben lo que hacen“.
47 En la segunda palabra de la Cruz encontramos el reconocimiento del episodio del Bautismo, que significó la pureza y liberación por la purificación de las aguas de la vida. Las aguas del Bautismo de Juan liberaban de la esclavitud de la vida de la personalidad. Pero el Bautismo a que Cristo fue sometido, por el poder de Su propia vida y al que estamos sujetos por la vida de Cristo que mora en nosotros, fue el Bautismo del fuego y el sufrimiento, que llega a culminar con el dolor en la Cruz. Esa culminación del sufrimiento, para quien pudiera resistir hasta el fin, sería la entrada en el “paraíso” —que significa bienaventuranza. Tres palabras se emplean para expresar este poder: felicidad, goce y bienaventuranza. Felicidad tiene un sentido puramente físico y se relaciona con nuestra vida física y sus relaciones; el goce es de la naturaleza del alma y se refleja en la felicidad. Pero la bienaventuranza, que es de la naturaleza de Dios Mismo, es una expresión de la divinidad y del espíritu. La felicidad puede ser considerada como la recompensa del nuevo nacimiento, pues tiene una significación física y estamos seguros de que Cristo conoció la felicidad, aunque fue “varón de dolores”. El goce, que corresponde más especialmente al alma, alcanza su consumación en la Transfiguración. Aunque Cristo estuvo “en contacto con el dolor”, conoció el goce en su esencia, porque el “gozo del Señor es nuestra fortaleza”, y el alma, el Cristo en todo ser humano, es nuestra fortaleza, goce y amor. Cristo conoció también la bienaventuranza porque la obtuvo en la Crucifixión, la recompensa del triunfo del alma.
48 En las tres primeras Palabras pronunciadas en la Cruz, Cristo hace referencia a las tres primeras Iniciaciones y nos recuerda la síntesis que Él revela y las etapas que debemos alcanzar si queremos seguir Sus pasos. Posiblemente, el Salvador crucificado creyera también que la materia misma, por ser divina, era capaz de sufrir infinitamente, y esas palabras fueron la expresión de Su reconocimiento de que aunque Dios sufre en la Persona de Su Hijo, Él también sufre con análoga y aguda agonía en la persona de la madre de ese Hijo —la forma material que le dio nacimiento. “Todo problema, como Cristo Lo vio, es individual y toda la agonía del mundo puede estar contenida en una sola alma”.89 Cristo está entre los dos: la madre y el Padre. Ahí reside Su problema, problema de todo ser humano. Cristo une a los dos: el aspecto materia y el aspecto espíritu, y la unión de los dos produce al hijo. Éste es el problema de la humanidad y también su oportunidad.
49 Cristo había pasado por todos los episodios culminantes de reajuste. Recién acababa de tener lugar la experiencia de la Transfiguración. No lo olvidemos. En esa experiencia, Dios Se había acercado y el Cristo, transfigurado, había vinculado, al parecer, a Dios y al hombre. Acababa de pronunciar la Palabra que testimonió la relación de la naturaleza corporal, el aspecto María, con la personalidad, en la persona de Juan, símbolo de una personalidad llevada a un altísimo grado de perfección y realización. Luego, durante tres largas horas, luchó en las tinieblas con el problema de la relación de Dios y el alma. El espíritu y el alma tenían que fusionarse en una gran unidad, como Él ya había fusionado el alma y el cuerpo, testimoniando esa consumación en la Transfiguración. Descubrió, repentinamente, que todo lo que había logrado y hecho en el pasado, sólo era el preludio de otra expiación que debía realizar como ser humano; allí, en la Cruz, a la vista de toda la muchedumbre, tuvo que renunciar a Su alma, lo que hasta entonces había retenido, percibiendo, en un instante, que en esta renunciación todo estaba en juego. Hasta la conciencia de ser el Hijo de Dios, el alma encarnada en la carne (por la cual había luchado y sacrificado), tenía que desaparecer, y debía permanecer despojado de todo contacto. Toda sensación y toda reacción posibles no pudieron llenar el vacío sentido. Parecía abandonado, no solamente por la humanidad, sino por Dios. Descubrió que aquello en lo que Él había confiado, la divinidad, de la cual estaba seguro, se relacionaba con el sentimiento. Ese sentimiento debía también trascenderlo y, por lo tanto, abandonarlo todo.
50 Aunque todo hijo de Dios en las distintas etapas de su camino a la iniciación se prepara para esta soledad final, mediante fases de total negación, cuando llega la crisis postrera debe experimentar momentos de soledad, que no puede concebir previamente. El hombre sigue los pasos de su Maestro, es crucificado ante los hombres y abandonado por sus semejantes y por la presencia reconfortante del Yo divino, en quien ha aprendido a confiar. Sin embargo, porque Cristo penetró en el lugar de la tiniebla externa, sintiéndose enteramente abandonado por todos los que hasta ese momento habían significado mucho para Él, desde el ángulo humano y del divino, nos es posible apreciar el valor de la experiencia, mostrándonos que solamente penetrando en el lugar de la tiniebla externa, que los místicos con toda razón denominan “la noche oscura del alma”, podemos entrar realmente en el bendito compañerismo del reino. Se han escrito muchos libros acerca de esta experiencia, pero es muy rara, mucho más de lo que la literatura de los místicos quiera hacer creer. Se hará más frecuente a medida que un mayor número de seres entren en el reino por los portales del sufrimiento y de la muerte. Cristo estuvo pendiendo entre el cielo y la tierra y aunque estaba rodeado por una multitud y a Sus plantas permanecían aquellos que Él amaba, Se hallaba completamente solo. La soledad, cuando se está acompañado, el sentirnos absolutamente abandonados mientras nos rodean quienes tratan de comprender y ayudarnos, constituye la tiniebla. La luz de la Transfiguración se apaga súbitamente, y por la misma intensidad de esa luz, la noche parece más tenebrosa. Un místico, refiriéndose a esta experiencia, dice:
51 Cuatro Palabras de Poder había pronunciado Cristo. Había pronunciado la Palabra para el plano de la vida cotidiana, la Palabra del perdón, indicando en ella el principio sobre el que Dios actúa en relación con el mal que hacen los hombres. Donde hay ignorancia y no existe desafío o intención errónea, el perdón está asegurado, porque el pecado es una acción definida ante la advertencia de la voz de la conciencia. Cristo había enunciado la Palabra que llevó la paz al ladrón moribundo, diciéndole que tenía asegurado no sólo el perdón, sino también la paz y la felicidad. Había pronunciado la Palabra que reunía los dos aspectos que estaban siendo crucificados simbólicamente en la Cruz —materia y alma, la materia de la forma y la perfeccionada naturaleza inferior. Son las tres Palabras de los planos físico, emocional y mental, en los que el hombre mora habitualmente. Se había completado el sacrificio de la naturaleza inferior en su totalidad y hubo silencio y oscuridad durante tres horas. Entonces fue pronunciada una maravillosa Palabra que indicó la llegada de Cristo a la etapa del sacrificio final, y que hasta la conciencia de la divinidad, la del alma misma, con su fortaleza y poder, su luz y comprensión, también debía ofrendarse en el altar. Cristo tenía que pasar la experiencia de la total renunciación a todo lo que había constituido Su propio ser. Esto fue lo que arrancó ese grito de protesta y de duda: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
52 Luego le siguieron otras tres Palabras de una cualidad totalmente distinta. En las palabras: “Tengo sed”, expresó el poder motivador de todo Salvador. Esto fue mal interpretado por los espectadores que dieron a esas palabras, lógicamente, un sentido físico; sin lugar a dudas, tenía un significado mucho más profundo y debieron referirse a la divina sed que se manifiesta en la conciencia de todo hijo de Dios que ha alcanzado la divinidad, indicando su determinación de emprender la tarea del Salvador. Constituye la característica de todos los que alcanzaron esa etapa, que no pueden quedar satisfechos con lo que realizaron y le proporcionaron liberación y libertad, reorientándose inmediatamente hacia el mundo de los hombres y permaneciendo con la humanidad, trabajando por la salvación de los seres humanos, hasta que todos los hijos de Dios hayan encontrado su camino de regreso al hogar del Padre. Esta sed por las almas de los hombres, obligó a Cristo a abrir la puerta del reino, manteniéndola abierta Él Mismo, de modo que Su mano y Su ayuda nos hiciera trasponer el umbral. Ésta es la redención, de la cual todos compartimos, no desde el punto de vista egoísta de nuestra salvación individual, sino desde el ángulo de la conciencia, pues a medida que redimamos, seremos redimidos, a medida que salvemos, seremos salvados, y a medida que ayudemos a otros a realizarse, seremos también admitidos como ciudadanos del reino. Éste es el camino de la Crucifixión. Solamente cuando seamos capaces de pronunciar las cinco Palabras de Poder, comprenderemos verdaderamente el significado de Dios y de Su amor. El camino del Salvador se convierte entonces en nuestro camino. La vida y el propósito de Dios quedan revelados.
53 “De modo que la muerte ‘estoy crucificado con Cristo, sin embargo, vivo’, por lo tanto, la muerte —es decir el sacrificio del yo— equivale a la vida. Esto se apoya en una profunda verdad. La muerte de Cristo representó la vida de Dios. Para mí, una de las más profundas de todas las verdades, es que toda la vida de Dios constituye el sacrificio del yo. Dios es Amor. El amor es sacrificio —dar, más bien que recibir—, la bendición de darse a sí mismo. Si así no fuera la vida de Dios, sería falso decir que Dios es amor; porque hasta en nuestra humana naturaleza, lo que busca disfrutarlo todo, en vez de darlo, es conocido por un nombre distinto del vocablo amor. Toda la vida de Dios es el fluir de esta divina caridad que se prodiga a sí misma. La propia creación es sacrificio —impartir uno mismo el Ser divino. También es sacrificio la redención, de lo contrario no sería amor. Por eso no debemos ceder ni un punto de la verdad de que la muerte de Cristo ¡ fue el sacrificio de Dios!”.93
54 “Cuando... me aparté de ese espectáculo que enternece al mundo entero, Cristo crucificado por nosotros, y contemplé las penosas y anonadantes contradicciones de la vida, no enfrenté, en el intercambio con mis semejantes, las frías trivialidades que dejan oír con tanta ligereza los labios de aquellos cuyos corazones jamás conocieron la verdadera congoja, ni cuyas vidas sufrieron un golpe aplastante. No se me dijo que todas las cosas fueron ordenadas para bien, ni se me aseguró que las abrumadoras disparidades de la vida eran sólo aparentes, ni fue revelado por los ojos y el ceño de Aquel que realmente conocía el dolor, ni por una mirada de solemne reconocimiento, como la que se cruza entre amigos que, tolerando un extraño y secreto dolor, les une un lazo indisoluble.” 94
55 Al terminar este capítulo acerca de la Crucifixión, consideremos cuál fue realmente el propósito del sacrificio de Cristo. ¿Por qué murió? Está dicho con toda claridad en el evangelio de San Juan y, sin embargo, se ha hecho muy poco hincapié en esa declaración. Recién hoy empezamos a comprender el significado de lo que hizo Cristo. Recién ahora la maravilla de Su sacrificio empieza a alborear en la mente de quienes despertaron la intuición. Cristo vino principalmente a hacer dos cosas, a las cuales nos hemos referido: ante todo, vino a fundar o a materializar en la Tierra el reino de Dios. También vino a mostrarnos lo que significaba el amor de Dios y cómo se expresaba en el servicio y en el eterno sacrificio de la divinidad sobre la cruz de la materia. Cristo fue un símbolo y también un ejemplo. Nos reveló la Mente de Dios y nos mostró el canon sobre el que deberíamos moldear nuestras vidas.
56 El amor es el principio y el fin, y en el amor servimos y trabajamos. La larga jornada termina en la gloria de la renunciación del deseo personal y en la dedicación al servicio viviente.
57 76. Crucified with Christ, Sermón.
58 ESTA iniciación se divide en dos partes de las cuales poco sabemos. Los detalles del episodio de la Resurrección o las crisis en la vida de Cristo, no fueron relatados por quienes escribieron El Nuevo Testamento. Les resultó imposible conocer algo más. Después de la Crucifixión poco se dice de la vida de Cristo, y en qué ocupó el tiempo después de la resurrección hasta abandonar a los Apóstoles y “ascender a los Cielos”, frase simbólica que puede tener muy escaso significado para cualquiera de nosotros. La iniciación crucial que la humanidad puede comprender en esta época, es la cuarta. Sólo cuando hayamos dominado la significación del servicio y del sacrificio, puede revelársenos en su verdadero sentido la realidad de la inmortalidad. Cómo resucitó Cristo, cuáles fueron los procesos realizados, exactamente en qué cuerpo apareció, no podemos decirlo. Aseguran los Apóstoles que ese cuerpo era semejante al que Cristo empleara anteriormente, pero si fue el mismo cuerpo, milagrosamente resucitado, si fue Su cuerpo espiritual que parecía ser el mismo ante los ojos físicos de quienes Le amaban, o si había construido un cuerpo totalmente nuevo, similar al anterior, no es posible decirlo; tampoco podemos dudar de la visión sobrenatural de los discípulos, o que por la intensificación de Su divinidad expresada, Cristo hubiera estimulado la visión interna de Sus Apóstoles de tal modo, que vieran clarividentemente o en otra dimensión. Lo importante es que resucitó nuevamente, que fue visto por muchos y que la realidad de Su resurrección fue reconocida y quedó grabada en la mente de Sus amigos, durante dos o tres siglos después de Su partida.
59 “... a un grupo de hombres y mujeres, plenos de confianza, entusiasmo y valor, dispuestos a enfrentar la persecución y la muerte, como ansioso misionero. ¿Qué fue lo que les otorgó esta nueva característica? Algunos de ellos hacía poco habían huido desalentados ante la primera amenaza de peligro personal. Cuando Jesús fue crucificado perdieron la última esperanza de que Él pudiera probar que era el Cristo. Cuando fue sepultado, el cristianismo también estaba muerto y enterrado. Luego estos mismos hombres y mujeres, pocas semanas después, habían cambiado totalmente. No por haber renacido en pocos de ellos una leve esperanza. Todos estaban completamente, seguros de que Jesús era, en realidad, Cristo. ¿Qué ocurrió que produjera esta transformación? La respuesta es unánime: al tercer día resucito de entre los muertos.” 1
60 En el pasado, por estar absorbidos en la consideración de la Crucifixión, tendemos a olvidar el hecho de la Resurrección. Sin embargo, durante el Día de Pascua, los creyentes expresan en todo el mundo su creencia en el Cristo resucitado y en la vida más allá de la tumba. Se ha debatido desde muchos ángulos la cuestión de la posibilidad de Su resurrección; el Cristo resucitó como ser humano o como Hijo de Dios. Se han preocupado profundamente de probar que así como Él resucitó, resucitaremos nosotros, siempre que creamos en Él. A fin de llenar la necesidad teológica de probar que Dios es amor, hemos inventado un lugar de disciplina, denominado con distintos nombres, tal como purgatorio, o las diversas etapas de los diferentes credos en el camino que recorren los espíritus de los difuntos para llegar al cielo, pues mueren y han muerto muchos millones sin haber oído nunca hablar de Cristo. No les es posible creer en Él como personaje histórico. Desarrollamos doctrinas de la inmortalidad condicional y de la expiación, por medio de la sangre de Cristo, en un intento de glorificar la personalidad de Jesús y de salvaguardar a los creyentes cristianos, reconciliando las interpretaciones humanas con la verdad de los Evangelios. Enseñamos la doctrina del infierno ardiente y del castigo eterno, y luego tratamos de adaptarla a la creencia general de que Dios es amor. Sin embargo, la verdad es que Cristo murió y resucité porque era la divinidad inmanente en el cuerpo humano.
61 “En los Misterios cristianos, como en los antiguos Misterios egipcios, caldeos y otros, existía un simbolismo externo que expresaba las etapas por las que el hombre debía pasar. El aspirante era conducido a la cámara de la Iniciación donde se le tendía en el suelo con los brazos extendidos, algunas veces sobre una cruz de madera, otras simplemente sobre el piso de piedra, en la postura de un crucificado. Entonces se le tocaba en el corazón con el tirso (la ‘lanza’ de la crucifixión) y abandonando el cuerpo, pasaba a los mundos del más allá, cayendo el cuerpo en trance profundo, es decir, la muerte del crucificado. El cuerpo era colocado en un sarcófago de piedra y permanecía allí, celosamente vigilado. Mientras tanto el hombre deambulaba primero por las extrañas y oscuras regiones llamadas ‘el corazón de la tierra’, de donde ascendía al monte celestial y allí se revestía con el perfecto cuerpo de la bienaventuranza totalmente organizado, como vehículo de la conciencia. Con ese vehículo volvía al cuerpo de carne para reanimarlo. La cruz que sostenía al cuerpo, o, si no se había utilizado la cruz, el cuerpo rígido en trance, era sacado del sarcófago y colocado sobre un plano inclinado, mirando hacia oriente, esperando la salida del sol al tercer día. En el momento en que los rayos del sol tocaban el rostro, Cristo, el Iniciado perfecto o Maestro, volvía a entrar en el cuerpo, glorificándolo con el cuerpo de bienaventuranza que empleaba, cambiando el cuerpo de carne, por contacto con aquél, dándole así nuevas propiedades, nuevos poderes, nuevas capacidades, trasmutándolo a Su propia semejanza. Esa fue la Resurrección de Cristo, y desde ese momento el propio cuerpo de carne fue cambiado y adquirió una nueva naturaleza”.
62 Sin embargo, la muerte puede ser más que todas esas cosas y enfrentada de distintas maneras. Puede tener cabida definida en la vida y en el pensamiento, y podemos prepararnos para ella como algo inevitable, pero simplemente es el Originador de cambios. De este modo haremos del proceso de la muerte una parte planeada de todo nuestro propósito de vida. Podemos vivir teniendo conciencia de la inmortalidad, lo que agregará colorido y belleza a nuestra vida; podemos fomentar la conciencia de nuestra futura transición y vivir con la esperanza de su prodigio. La muerte así encarada, considerada como un preludio para una ulterior experiencia viviente, cobra un significado distinto. Se transforma en experiencia mística, una forma de iniciación, que alcanza el punto culminante en la crucifixión. Todas las anteriores renunciaciones menores nos preparan para la gran renunciación; todas las anteriores muertes sólo son el preludio del estupendo episodio de morir. La muerte nos trae la liberación temporaria de la naturaleza corporal, de la existencia en el plano físico y de la experiencia visible, que quizás con el tiempo será permanente. Constituirá la liberación de toda limitación, y aunque creamos (como lo hacen millones de seres) que la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencia, o el fin de toda experiencia (como sostienen otros tantos millones), no puede negarse el hecho de que la muerte indica una transición definida de un estado de conciencia a otro. Si se cree en la inmortalidad y en el alma, esta transición puede contribuir a una intensificación de la conciencia, mientras que si predomina el punto de vista materialista, puede indicar el final de la existencia consciente. La pregunta crucial, ¿es por lo tanto inmortal lo que denominamos alma? ¿cuál es el significado de la inmortalidad?
63 Cuando la vida de un hombre ha logrado significación, entonces está preparado para hollar el camino de la purificación y de la probación, en preparación para los misterios; a medida que se acrecienta su significación e influencia, el hombre puede pasar, etapa tras etapa, por los procesos de la iniciación y hallar el sendero de la santidad. Puede “nacer en Belén”, porque el germen de lo dinámico y viviente despierta y cobra potencia y significación, debiendo, por lo tanto, aparecer; el hombre puede pasar por las aguas de la purificación y alcanzar la cumbre del monte de la transfiguración, donde todo lo que es de valor brilla en toda su gloria. Habiendo alcanzado ese momento de elevada experiencia y reconociendo Dios lo que hay de valor en él, sólo entonces está en condiciones de ofrecer su vida en el altar del sacrificio y del servicio, y puede volver su rostro para ir a Jerusalén y allí ser crucificado. Éste es el fin inevitable de lo que realmente tiene valor. Es el propósito subyacente en todo el proceso de la perfección, porque ahora hay algo digno de ser ofrecido. Pero aunque esto puede ser el fin de la expresión física del valor, es esencialmente el momento del triunfo de lo valioso y la demostración de su inmortalidad. Porque lo que tiene valor, la belleza divina y oculta, que la experiencia de la vida y la iniciación han revelado, no puede morir. Es esencialmente inmortal, y debe vivir. Ésta es la verdadera resurrección del cuerpo.
64 Pero para alcanzar este contacto definido y consciente con el alma, el aspirante debe aprender a obedecer mediante el sufrimiento y también a practicar el amor. Esto no es fácil. Requiere disciplina, esfuerzo y empeño incesante, pues la conquista del yo, que significa una crucifixión diaria y una centrada atención perfecta, nunca aparta sus ojos de la meta, porque es consciente siempre de sus propósitos, progreso y orientación. Lo maravilloso de este proceso es que puede ser realizado aquí y ahora, en la situación en que nos encontramos, sin incurrir en la menor desviación desde el lugar del deber y la responsabilidad. El autor, Dr. Bonsanquet,22 continúa diciendo que “... el yo, en su esfuerzo por completarse, hará pedazos toda forma parcial de su propio ser cristalizado, recibirá con agrado cualquier accidente y se embarcará en el conflicto y la aventura... Este reconocimiento será representado como si surgiera y se mantuviera por todas partes y, en efecto, por los dolores de la propia formación, de la venturosa vida finita, y captando la seguridad del yo por la unión con el todo, en proporción con el alcance de la propia trascendencia que, aunque se amplifique en dirección al todo, muestra en sí todavía la debilidad e inutilidad de la existencia finita.”
65 “El amor tiene muchas ventanas y necesita aprendizaje y sabiduría; la vida del cristiano exige el ejercicio de cada una de sus facultades y de todo lo que está en él. Su vida está oculta en el Cristo. Se libera por la renunciación interna, de modo que el amor divino pueda penetrar todos sus actos, y cuando juzga los hechos y actuaciones de su prójimo es, no sólo bien intencionado, sino sabio. Debe estar en el mundo y no ser del mundo; debe combinar derechos y deberes, intereses de los individuos con los grupos, los grupos con las naciones y las naciones con el mundo civilizado; debe ajustar los cánones de la belleza, de la moral y de la libertad, a los cánones del control y la autoridad, los del conocimiento a los de la tradición y la fe.” 35
66 La misión de Cristo no ha fracasado. El reino está ahora organizado en la tierra, formado por hombres y mujeres de todas partes que perdieron de vista su propia salvación individual y esperanza de alcanzar el cielo, porque saben que si el cielo no se expresa aquí y ahora, sólo sería una esperanza vana. Esas personas se ocupan de los procesos de autoperfección y autopurificación, porque tratan de servir a sus semejantes en forma cada vez más eficiente y adecuada, para así “glorificar al Padre que está en los cielos”.52 Tales personas no se interesan en el autoengrandecimiento ni abrigan pretensión alguna, excepto la estupenda proclama de ser hijos de Dios, como todos los somos; no hablan acerca de la iniciación ni se denominan, iniciados; se conforman con marchar entre los hombres como servidores y ciudadanos del reino de Dios. Son los servidores del mundo y su único interés está en seguir los pasos de Aquel que anduvo por la tierra haciendo el bien y proclamando las nuevas del reino. No dicen que el suyo es el único camino para entrar en el reino, pero a quienes no conocen a Cristo les dicen: “Hijitos, amaos los unos a los otros”. No condenan a los que nada saben del sacrificio de Cristo en la Cruz, pero dicen, a quienes buscan el camino: “Toma tu cruz” y sigue a Cristo. A sus condiscípulos les recuerdan constantemente que “si un grano de trigo no cae en la tierra, muere y queda solo”, y establecen para sí la meta del nuevo nacimiento. La masa de los hombres y mujeres del mundo que piensan y son bien intencionados, marchan hoy desde Nazaret, en Galilea, a Belén. Algunos, quizá más de los que pensamos, van encaminándose hacia el Bautismo en el Jordán, en tanto que unos pocos escalan con valentía el Monte de la Transfiguración. Habrá alguno aquí o allá que vuelve firmemente su rostro para ir a Jerusalén y ser crucificado allí, pero son los menos. La mayoría de nosotros está aprendiendo a morir diariamente para el yo, a adaptarse a la última iniciación de la Crucifixión, y a la constante renunciación de todo lo que detenga la expresión de la divinidad; nos preparamos para la tremenda experiencia espiritual que siempre ha precedido a la Resurrección, denominada la Gran Renunciación.
67 Así habló Keyserling, y este testigo suyo que lo testimoniaron las edades, es un verdadero testigo. A veces parecería como si los dos extremos continuaran viviendo en la conciencia del hombre, los notorios y ambiciosos y los grandes servidores del mundo. Hasta ahora, la secuencia ha sido: servicio a nosotros mismos, a nuestra familia, a los que amamos, a algún dirigente, a alguna causa, a alguna escuela de política o de religión. Ha llegado el momento en que el servicio debe ampliarse y expresarse en forma más abierta e incluyente. Tenemos que aprender a servir como sirvió Cristo, a amar a todos los hombres como Él los amó, y por la potencia de nuestra vitalidad espiritual y la calidad de nuestro servicio, estimular a todos aquellos con quienes entramos en contacto para que también puedan servir y amar y llegar a ser miembros del reino. Cuando esto sea claramente visto y estemos preparados para realizar los sacrificios y las renunciaciones necesarias, se manifestará más rápidamente el reino de Dios en la Tierra. El llamado no es para los fanáticos ni para el ferviente devoto que al tratar de querer expresarla, tergiversa la divinidad. El llamado es para los hombres y mujeres sensatos y normales que pueden comprender la situación, encarar lo que debe hacerse, y dar su vida para expresar ante el mundo las cualidades de los ciudadanos del reino de las almas: amor, sabiduría, silencio, no separatividad, no abrigar odios ni partidismos, ni creencias doctrinarias. Cuando puedan reunirse un gran número de hombres así (y se están reuniendo aceleradamente), se cumplirán las palabras del canto de los ángeles en Belén: “En la tierra paz y buena voluntad entre los hombres”.
del intelecto a la intucion
el alma la cualidad de la vida
1 (f) La Cuarta Iniciación 278
2 1. Cuerpo causal: Desde el punto de vista del plano físico, no es un cuerpo subjetivo ni objetivo. Es el centro de la conciencia egoica, y está formado por la conjunción de budi y manas. Es relativamente permanente, pues subsiste durante el ciclo de encarnaciones y se desvanece después de la cuarta iniciación, cuando el hombre ya no debe reencarnar. (1-174)
3 Cuando ha llegado el momento de recibir la cuarta iniciación, se ha realizado el trabajo de destrucción; cumplida su función, el Angel Solar retorna a su propio lugar y las vidas solares buscan su punto de emanación. La vida dentro de la forma asciende triunfalmente al seno de su “Padre en los Cielos”, así como la vida dentro del cuerpo físico, en el momento de la muerte, busca su fuente, el Ego. Esto lo realiza en cuatro etapas:
4 En el momento de recibir la cuarta iniciación la actividad de este triángulo es tan grande que se parece a una rueda girando rápidamente. Tiene un aspecto cuadridimensional. Los tres pétalos en el centro se están abriendo, revelando la “joya radiante”. En esta iniciación, por la acción del Hierofante que maneja el Cetro de Poder eléctrico, los tres fuegos son estimulados repentinamente por un descenso de fuerza eléctrica o positiva, desde la Mónada y, en respuesta, su fulgor produce esa fusión que destruye toda la esfera, desintegra toda apariencia de forma y establece un momento de equilibrio o suspenso, en que los “elementos son consumidos por el ardiente calor”. Entonces se conoce el momento de radiación más intensa. Luego -por la pronunciación de cierta Palabra de Poder- los grandes Angeles Solares absorben en sí mismos el fuego solar, produciendo así la desintegración final de la forma y, por ende, la vida se separa de la misma; el fuego de la materia retorna al depósito general, y ya no existen los átomos permanentes ni el cuerpo causal. El fuego eléctrico central se centraliza en atma-budi. El Pensador o la entidad espiritual se libera de los tres mundos, funcionando conscientemente en el plano búdico. Entre la etapa de inercia pasiva (aunque autoconsciente) y de actividad radiante que produce un equilibrio de fuerzas, hay una larga serie de vidas. (3-610/12)
5 1. Según se ha dicho, existen en la Jerarquía humana en evolución sesenta mil millones de unidades conscientes o espíritus. Estos se encuentran en los niveles causales, aunque el número se ha reducido algo hoy, porque algunos han recibido la cuarta iniciación. Estos Egos, de diferentes grados de desenvolvimiento, están vinculados con su Mónada, Espíritu o Padre en el Cielo, como análogamente (aunque en materia más sutil) el Ego lo está a la personalidad.
6 1. Las almas, es decir, esos iniciados que han recibido la cuarta Iniciación de la Renunciación, cuyo cuerpo del alma, el cuerpo causal, fue destruido. Ellos son los custodios del Plan.
7 El problema de todos los que pasaron por los fuegos de la Renunciación y recorren el camino de la humanidad y son conscientes de la grandeza del alma y al mismo tiempo dejaron atrás la juventud, es enfrentar las últimas décadas de su vida con comprensión, sin temer las limitaciones físicas. Muchos, en los últimos años de su vida, viven, piensan y actúan en tal forma que el alma aparta su atención. De esta manera sólo la personalidad permanece. A quienes pasaron el medio siglo, les diría: hagan frente al futuro con el mismo gozo que en la juventud, pero con la utilidad adicional de saber que poseen la sabiduría de la experiencia, el poder para comprender y que ninguna limitación física puede impedir al alma la expresión y el servicio útiles.
8 La unificación en todos los niveles - emocional, intuicional, espiritual y divino - consiste en un continuo y consciente funcionamiento. En todos los casos está precedida por la combustión a través del fuego interno y la destrucción, por medio del sacrificio, de todo aquello que separa. El acercamiento a la unidad se produce mediante la destrucción de lo inferior y de todo lo que obstaculiza. Tomemos, por ejemplo, la trama que separa los cuerpos etérico y emocional. Cuando el fuego quema esa trama, se produce una continua comunicación entre los cuerpos de la personalidad, y los tres vehículos actúan como uno. Algo semejante ocurre en los niveles superiores, aunque el paralelismo no puede ser detallado. La intuición corresponde a lo emocional y los cuatro niveles superiores del plano mental a lo etérico. En la destrucción del cuerpo causal, al recibir la cuarta iniciación (llamada, simbólicamente, “la Crucifixión”), tenemos un proceso análogo al de la combustión de la trama, que conduce a la unificación de los cuerpos de la personalidad. La desintegración, que es parte de la iniciación del arhat, conduce a la unidad entre el Ego y la mónada, expresándose en la Tríada. Esta es la perfecta unificación.
9 Por lo tanto, en esta etapa del entrenamiento del aspirante común, verán la gran urgencia de poner un constante énfasis sobre la necesidad del alineamiento, ola creación de un canal de relación directa desde el cerebro al punto de contacto deseado. A este alineamiento entrenado debe añadirse eventualmente la construcción del antakarana y su empleo