EL EVANGELIO

SEGÚN

EL ESPIRITISMO

 

 

 

 

 

 

ALLAN KARDEC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este libro fue pasado a formato Word para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más.      HERNÁN

 

 

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ÍNDICE

 

PREFACIO

 

INTRODUCCION. - Objeto de esta obra - Autoridad de la doctrina espiritista. - Comprobación universal de la enseñanza de los espíritus. –Noticias históricas. - Sócrates y Platón precursores de la idea cristiana y del Espiritismo. - Resumen de la doctrina de Sócrates y Platón

 

CAPÍTULO I. - YO NO HE VENIDO A DESTRUIR LA LEY.

Las tres revelaciones: Moisés, Cristo; el Espiritismo. - Alianza de ciencia y de la religión. - Instrucciones de los espíritus: La nueva era

 

CAPÍTULO II. - MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO.

La vida futura. - El reinado de Jesús. - El punto de vista. – Instrucciones de los espíritus: Un reinado terrestre

 

CAPÍTULO III - HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE.

Diferentes estados del alma en la erraticidad - Diferentes categorías de mundos habitados. - Destino de la Tierra. – Causas de las miserias humanas. - Instrucciones de los espíritus: Mundos superiores y mundos inferiores. - Mundos de expiación y de prueba. –Mundos regeneradores. - Progresión de los mundos

 

CAPÍTULO IV. - NADIE PUEDE VER EL REINO DE DIOS SINO AQUEL QUE RENACIERE DE NUEVO.

Resurrección y reencarnación. - Lazos de familia fortificados por la reencarnación y rotos por la unidad de existencia. - Instrucciones de los espíritus: Limites de la encarnación. - ¿La encarnación es un castigo?

 

CAPÍTULO V. - BIENAVENTURADOS LOS AFLIGIDOS.

Justicia de las aflicciones. - Causas actuales de las aflicciones. – Causas anteriores de las aflicciones. - Olvido de lo pasado. - Motivo de la resignación. - El suicidio y la locura. - Instrucciones de los espíritus: Sufrir bien y sufrir mal. - El alma y el remedio. - La felicidad no es de este mundo. - Pérdida de las personas queridas. - Muertes prematuras. – Si hubiese sido un hombre de bien, hubiera muerto. - Tormentos voluntarios. -Desgracia

real. - Melancolía. - Pruebas voluntarias. - Verdadero cilicio. -¿Debe ponerse término a las pruebas del prójimo? - ¿Es permitido abreviar la vida de un enfermo que sufre sin esperanza de curación? - Sacrificio de la

propia vida. - Provecho de los sufrimientos por otro.

 

CAPÍTULO VI. - EL CRISTO CONSOLADOR.

El yugo ligero. - Consolador prometido. - Instrucciones de los espíritus: Advenimiento del espíritu de Verdad.

 

CAPÍTULO VII. - BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU.

Lo que ha de entenderse por pobres de espíritu. - El que se eleva será humillado. - Misterios ocultos a los sabios y a los entendidos. –Instrucciones de los espíritus: Orgullo y humildad. - Misión del hombre inteligente en la tierra.

 

CAPÍTULO VIII. - BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN.

Dejad a los niños venir a mí. - Pecado de pensamiento. - Adulterio. –Verdadera pureza. - Manos no lavadas. - Escándalo. Si tu mano te escandaliza, córtala.- Instrucciones de los espíritus: Dejad venir a mí a los niños. - Bienaventurados los que tienen cerrados los ojos.

 

CAPÍTULO IX. - BIENAVENTURADOS LOS MANSOS Y LOS PACÍFICOS.

Injurias y violencias. - Instrucciones de los espíritus: La afabilidad y la dulzura. - La paciencia. - Obediencia y resignación. - La cólera.

CAPÍTULO X - BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS.

Perdonad para que Dios os perdone. - Reconciliarse con sus enemigos. – El sacrificio más agradable a dios. - La paja y la viga en el ojo. - No juzguéis para que no os juzguen. - El que esté sin pecado que arroje la primera piedra. - Instrucciones de los espíritus: Perdón de las ofensas. – La indulgencia. - ¿Es permitido el reprender a los otros, observar sus imperfecciones y divulgar su mal a otro?

 

CAPÍTULO XI. - AMAR AL PRÓJIMO COMO A SI MISMO.

El mayor mandamiento. - Hacer por los otros lo que quisiéramos que los otros hicieran por nosotros. - Parábola de los acreedores y deudores. – Dad al César lo que es del César. -. Instrucciones de los espíritus: -La ley de amor. - El egoísmo. - La fe y la caridad. - Caridad para con los criminales. -¿Debe exponerse la vida por un malhechor?

 

CAPÍTULO XII. - AMAD A VUESTROS ENEMIGOS.

Volver bien por mal. - Los enemigos desencarnados. - Si alguno te hiere la mejilla derecha, preséntale también la otra. - Instrucciones de los espíritus: La venganza. - El odio. - El duelo.

 

CAPÍTULO XIII. - NO SEPA TU IZQUIERDA LO QUE HACE TU DERECHA.

Hacer bien sin ostentación. - Los infortunios ocultos. - Dinero de la viuda. –Convidar a los pobres y estropeados. - Obligar sin esperanza de recompensa. - Instrucciones de los espíritus: La caridad material y la caridad moral. - La beneficencia. - La piedad. - Los huérfanos. – Favores pagados con ingratitudes. - Beneficencia exclusiva.

 

CAPÍTULO XIV. - HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE.

Piedad filial. - ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? –Parentesco corporal y parentesco espiritual. - Instrucciones de los espíritus: La ingratitud de los hijos

 

CAPÍTULO XV. - SIN CARIDAD NO HAY SALVACIÓN.

Lo que es menester hacer para salvarse. Parábola del buen samaritano. – el mayor de los mandamientos. - Necesidad de la caridad según San Pablo. –Fuera de la iglesia no hay salvación. - Sin la verdad no hay salvación. –Instrucciones de los espíritus: Sin caridad no hay salvación.

 

CAPÍTULO XVI. - NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y A LAS RIQUEZAS.

Salvación de los ricos. - Guardaos de la avaricia. - Jesús en casa Zacheo. –Parábola del mal rico. - Parábola de los talentos. - Utilidad providencial de la fortuna. - Pruebas de la riqueza y de la miseria. - Desigualdad de las riquezas. - Instrucciones de los espíritus: La verdadera propiedad. –Empleo de la fortuna. - Desprendimiento de los bienes terrestres. –Transmisión de la fortuna.

 

CAPÍTULO XVII. - SED PERFECTOS.

Caracteres de la perfección. - El hombre de bien. - Los buenos espiritistas. –Parábola de la semilla. - Instrucciones de los espíritus: El deber. – La virtud. - Los superiores y los inferiores. - El hombre en el mundo. – Cuidad del cuerpo y del espíritu.

 

CAPÍTULO XVIII. - MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS.

Parábola del festín de las bodas. - La puerta estrecha. - Los que dicen: ¡Señor! ¡Señor! no entrarán todos en el reino de los cielos. - Se pedirá mucho al que haya recibido mucho. - Instrucciones de los espíritus: Se dará al que ya tiene. - Se conoce al cristiano por su obras.

 

CAPÍTULO XIX. - LA FE TRANSPORTA LAS MONTAÑAS.

Poder de la fe. - La fe religiosa. - Condición de la fe inalterable. – Parábola de la higuera seca. - Instrucciones de los espíritus: La fe madre de la esperanza y de la caridad. - La fe divina y la fe humana.

 

CAPÍTULO XX. - LOS OBREROS DE LA ÚLTIMA HORA.

Instrucciones de los espíritus: Los últimos serán los primeros. - Misión de los espiritistas. - Los obreros del Señor.

 

CAPÍTULO XXI. - HABRÁ FALSOS CRISTOS Y FALSOS PROFETAS.

Por el fruto se conoce el árbol. - Misión de los falsos profetas. - No creáis a todos los espíritus. - Instrucciones de los espíritus: Los falsos profetas. -Caricticidad. - Jeremías y los falsos profetas.

 

CAPÍTULO XXII. - NO SEPARÉIS LO QUE DIOS HA UNIDO.

Indisolubilidad del matrimonio. - Divorcio.

 

CAPÍTULO XXIII. - MORAL EXTRAÑA.

El que no aborrece a su padre y a su madre. - Dejar a su padre, a su madre y a sus hijos. - Dejar a los muertos el cuidado de enterrar a los muertos. –Yo no he venido a traer la paz, sino la división.

 

CAPÍTULO XXIV. - NO PONGÁIS LA LÁMPARA DEBAJO DEL CELEMÍN.

Lámpara debajo del celemín. - Porque Jesús habla por parábolas. – No vayáis hacia los gentiles. - Los que están sanos no tienen necesidad de médico. - El valor de la fe. - Llevar su cruz. - El que quisiere salvar su vida,

la perderá.

 

CAPÍTULO XXV. - BUSCAD Y ENCONTRARÉIS.

Ayúdate y el Cielo te ayudará. - Contemplad las aves del Cielo. - No os acongojéis buscando el oro.

 

CAPÍTULO XXVI. - DAD GRATUITAMENTE LO QUE RECIBÍS GRATUITAMENTE.

Don de curar. - Oraciones pagadas. Mercaderes echados del templo. –Mediumnidad gratuita.

 

CAPÍTULO XXVII. - PEDID Y SE OS DARÁ.

Cualidades de la oración. - Eficacia de la oración. - Acción de la oración. –Transmisión del pensamiento. - Oración inteligible. - De la oración para los muertos y para los espíritus que sufren. - Instrucciones de los espíritus: Modo de orar. - Felicidad de la oración.

 

CAPÍTULO XXVIII. - COLECCIÓN DE ORACIONES ESPIRITISTAS.

Preámbulo.

 

I. - ORACIONES GENERALES.

Oración dominical

Reuniones espiritistas

Para los Médiums

 

II. - ORACIONES PARA SÍ MISMO.

A los ángeles guardianes y espíritus protectores

Para alejar a los malos espíritus

Para corregirse de un defecto

Para resistir a una tentación

Acción de gracias por una victoria obtenida contra una tentación. – Para pedir un consejo

En las aflicciones de la vida

Acción de gracias por un favor especial obtenido

Acto de sumisión y resignación

En un peligro inminente

Acción de gracias después de haber salido del peligro.

El en momento de dormirse

Cuando se prevé una muerte próxima

 

III. - ORACIONES PARA OTRO.

Para los que están en la aflicción

Acción de gracias por un favor concedido a otro.

Para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal

Acción de gracias por el bien concedido a nuestros enemigos. - Para los enemigos del espiritismo

Oración para un niño recién nacido

Para un agonizante

 

IV. - ORACIONES PARA LOS QUE YA NO ESTÁN EN LA TIERRA.

Para los recién fallecidos

Para las personas que se han amado

Para las almas que sufren y piden oraciones

Para un enemigo muerto. Para un criminal

Para un suicida

Para los espíritus arrepentidos

Para los espíritus endurecidos

 

V. PARA LOS ENFERMOS Y LOS OBSESADOS

Para los enfermos

Para los obsesados

 

*   *   *

 

*   *   *

 

CONTIENE

 

LA EXPLICACIÓN DE LAS MÁXIMAS MORALES DE CRISTO, SU CONCORDANCIA CON EL ESPIRITISMO Y SU APLICACIÓN A LAS DIVERSAS POSICIONES DE LA VIDA

 

POR FEDERAÇÃO ESPÍRITA BRASILEIRA DEPARTAMENTO EDITORIAL Rua Souza Valente, 17 (20941) - Rio - RJ – Brasil e  Av. L - 2 Norte - Q. 603 - Conjunto F (78830) - Brasilia - DF - Brasil. Edição Brasileira (2ª) do original español Do 11º ao 15º milheiro

Capa de CECCONI Prefácio de Francisco Thiesen

 

NRBN 17-AA; 001.5-O; 9/1988

Copyright 1979 by FEDERAÇÃO ESPÍRITA BRASILEIRA

(Casa-Máter do Espiritismo)

 

Av. L-2 Norte - Q. 603 - Conjunto F (70830) - Brasilia - DF – Brasil Reprodução fotomecânica e impressão offset das Oficinas do Departamento Gráfico da F E B - Rua Souza Valente, 17 20941 - Rio - RJ - Brasil

C.G.C. nº 33.644.857/0002-84 I.E. nº 81.600.503 - Impresso no Brasil

PRESITA EN BRAZILO.

 

(Da edição brasileira da FEB, de 1979)

* “El Evangelio según el Espiritismo” (“O Evangelho segundo o Espiritismo) de Allan Kardec (Prefácio de Francisco Thiesen)

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, por Allan Kardec

__________

Observação: Livro em língua espanhola, precedido de PREFÁCIO EM PORTUGUÊS.

 

“El Evangelio según el Espiritismo”

(“O Evangelho segundo o Espiritismo”) de Allan Kardec

 

A Federação Espírita Brasileira, desde muitos anos, tem sido solicitada a publicar uma edição em língua castelhana de “O Evangelho segundo o Espiritismo), de Allan Kardec.

Confrades das Américas e mesmo do Brasil não deixaram jamais de insistir sobre empreendimento desse porte. Não era fácil, no entanto, atender-lhes o desejo, pois uma tradução nova para línguas estrangeiras, de livro do pentateuco kardequiano, impor-nos-ia dificuldades quase intransponíveis.

No entanto, o tempo, diante de denúncias descabidas de pessoas inexperientes ou de má-fé, de que o Evangelho elaborado por Allan Kardec, com a assistência dos Espíritos Reveladores e Orientadores, estaria sendo divulgado sem respeito à fidelidade aos textos originais (vide artigo de “Reformador”, junho de 1978, “Uma Prova de Fidelidade ao Codificador”), fez-nos estudar o caso em profundidade, a fim de dirimir, de uma vez por todas, as questiúnculas suscitadas por leitores, mas sobretudo por tradutores afoitos, desconhecedores do assunto e da bibliografia com a qual jamais se haviam familiarizado.

Principalmente um deles, que não dispunha da 3ª edição original francesa, nem havia lido a 1ª edição publicada em 1864, em Paris, com diferente título, aventurou-se a uma tarefa que exige muito tirocínio e perfeito domínio de ambas as línguas - francesa e portuguesa -, fora outros requisitos mais, valendo-se da tradução espanhola de Barcelona, muito antiga e de tradutor anônimo, hoje no domínio público ou comum.

Como informamos em “Reformador” no artigo citado linhas acima, o tradutor de edição espanhola aludida serviu-se, pelo que deduzimos da pesquisa efetuada, de edição comum da obra em francês, integral, definitiva, mas posterior à 3ª edição, utilizando, no entanto, para comparações, a 1ª edição original de 1864. Por ter constatado que o autor (ou seus revisores) suprimira ou reduzira algumas notas, decidiu-se o tradutor a restabelecer os respectivos textos na tradução de que se incumbiu, mas deixando de proceder às anotações

competentes.

A Federação Espírita Brasileira, correspondendo à solicitação de confrades de países do Continente Americano, apresenta a versão em castelhano - que tanta celeuma suscitou - mediante reprodução fotomecânica. Ela atende simultaneamente a impositivos da difusão evangélica e de comprovação documental dos fatos.

Ao mesmo tempo, para terminar com as controvérsias e gratuitas acusações, decidiu a Casa-Máter do Espiritismo no Brasil, através do seu “Departamento Editorial”, lançar as 1ª e 3ª edições francesas originais neste mesmo ano de 1979.

Era a explicação que nos parecia indispensável. Aduzindo, ainda, como necessário, o seguinte: 1) Que importantes estudos introdutórios foram incluidos naquelas edições francesas, as quais devem ser consultadas por estudiosos e pesquisadores; 2) que este volume é dos programados segundo a idéia de cristãmente comemorar-se os Centenários de “Reformador” e da Federação Espírita Brasileira, que se estenderão a 1983 e 1984, respectivamente, quando a sede central da Casa estiver funcionando provavelmente em caráter definitivo em Brasília (DF), no coração do país.

 

Rio de Janeiro (RJ), 16 de fevereiro de 1979

 

Francisco Thiesen

Presidente da Federação Espírita Brasileira

 

PREFACIO

 

Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso, apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.

En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos.

Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.

Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amáos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.

 

EL ESPÍRITU DE VERDAD

 

NOTA. - Esta instrucción, obtenida medianímicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como prefacio.

 

INTRODUCCIÓN

 

Objeto de esta obra

 

En cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios contienen: "Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral". Si las cuatro primeras han sido objeto de controversias, la última ha subsistido inatacable. Ante este código divino, la misma incredulidad se inclina; es el terreno donde pueden encontrarse todos los cultos y el estandarte bajo el cual todos pueden abrigarse, cualesquiera que sean sus creencias, porque nunca ha sido objeto de disputas religiosas, siempre y por todas partes suscitadas por las cuestiones de dogma. Por lo demás, si las sectas la hubiesen discutido, hubieran encontrado en esa enseñanza su propia condenación, porque la mayoría han tomado en consideración más la parte mística que la parte moral, que exige la reforma de sí mismo. Para los hombres, en particular, es una regla de conducta que abraza todas las circunstancias de la vida pública o privada, el principio de todas las relaciones sociales fundadas en la más rigurosa justicia; en fin, y sobre todo es el camino infalible de la felicidad verdadera, la parte que nos descorre el velo que cubre la vida futura. Esta parte es el objeto exclusivo de la presente obra.

Todo el mundo admira la moral evangélica, todos proclaman su excelencia y su necesidad, pero muchos lo dicen porque lo han oído decir a tos otros, o bajo la fe de algunas máximas proverbiales; pocos son los que la conocen a fondo, y menos aun los que la comprenden y saben deducir sus consecuencias. En gran parte, la razón consiste en la dificultad que presenta la lectura del Evangelio, ininteligible para el mayor número.

La forma alegórica y el misticismo intencional del lenguaje hacen que la mayor parte lo lean por conciencia y por deber, como leen las oraciones, sin comprenderlas, es decir, sin fruto. Los preceptos morales diseminados y confundidos en la masa de otras narraciones, pasan desapercibidos, siendo entonces imposible atender al conjunto y hacer de él una lectura y una meditación separadas.

Es verdad que se han hecho tratados de moral evangélica, pero su estilo literario moderno le ha quitado la sencillez primitiva, que constituye a la vez su encanto y su autenticidad. Lo mismo sucede con las máximas que de ella se han entresacado, reducidas a su más sencilla expresión proverbial, pues entonces se reducen a aforismos que pierden una parte de su valor e interés, por la falta de los accesorios y de las circunstancias en que se dieron.

Para evitar estos inconvenientes, hemos reunido en esta obra los artículos que pueden constituir, propiamente hablando, un código de moral universal, sin distinción de culto; en las citas hemos conservado todo lo útil al desarrollo del pensamiento, quitando o separando sólo las cosas extrañas al objeto. Por lo demás, hemos respetado escrupulosamente la traducción original de Scio, así como la división por versículos.

Pero en lugar de seguir un orden cronológico imposible y sin ventaja real en este asunto, hemos agrupado y colocado metódicamente las máximas, según su naturaleza, de manera que tengan relaciones las unas con las otras en lo posible. Las llamadas de los números de orden de los capítulos y de los versículos, permite recurrir a la clasificación vulgar, si se juzga necesario.

Si así no hubiésemos procedido, nuestro trabajo que hubiera sido material, hubiese tenido sólo una utilidad secundaria; lo esencial era ponerlo al alcance de todos por la explicación de los puntos obscuros y el desarrollo de todas las consecuencias, con el fin de que fuera aplicable a las diferentes posiciones de la vida. Esto es lo que hemos intentado con la ayuda de los buenos espíritus que nos asisten.

Muchos puntos del Evangelio, de la Biblia y de los autores sagrados, en general, nos son ininteligibles, y muchos de ellos sólo nos parecen irracionales por falta de la clave que nos haga comprender su verdadero sentido; esta clave está completa en el Espiritismo, como han podido convencerse de ello aquellos que lo han estudiado formalmente, y como se comprenderá mejor aún en lo venidero. El Espiritismo se encuentra por doquiera, así en la antigüedad como en las demás épocas; en todas partes se encuentran sus huellas, en los escritos, en las creencias y en los monumentos, y por esta razón, si abre nuevos horizontes para el porvenir, también arroja una luz no menos viva sobre los misterios del pasado.

Como complemento de cada precepto, hemos añadido algunas instrucciones, elegidas entre las dictadas por los espíritus en diferentes países y con la intervención de diferentes médiums. Si estas instrucciones hubiesen salido de un solo origen, hubieran podido sufrir una influencia personal o la del centro, mientras que la diversidad de orígenes prueba que los espíritus dan sus enseñanzas en todas partes, y que no hay nadie privilegiado bajo este concepto. [1]

Esta obra es para uso de todos; cada uno puede sacar de la misma los medios de arreglar su conducta a la moral de Cristo. Además, los espiritistas encontrarán en ella las aplicaciones que les conciernen más especialmente. Desde hoy en adelante, gracias a las comunicaciones establecidas de una manera permanente entre los hombres y el mundo invisible, la ley evangélica, enseñada a todas las naciones por los mismos espíritus, ya no será letra muerta, porque todos la comprenderán y será inducidos incesantemente, por los consejos de sus guías espirituales, a ponerla en práctica. Las instrucciones de los espíritus son verdaderamente "las voces del cielo" que vienen a iluminar a los hombres y a convidarles "a la práctica del Evangelio".

 

II. - Autoridad de la doctrina espiritista

 

COMPROBACION UNIVERSAL DE LA ENSEÑANZA DE LOS ESPÍRITUS

 

Si la doctrina espiritista fuese una concepción puramente humana no tendría otra garantía que las luces del que la hubiera concebido, y nadie en la tierra podría tener la pretensión fundada de poseer él solo la verdad absoluta. Si los espíritus que la han revelado se hubiesen manifestado a un solo hombre, nada garantizaría su origen, porque sería menester creer bajo su palabra al que dijera que había recibido sus enseñanzas.

Concediéndole una completa sinceridad, a lo más, podría convencer a las personas que le rodeasen; podría tener secretarios, pero nunca conseguiría reunir a todo el mundo.

Dios ha querido que la nueva revelación llegase a los hombres por un camino más rápido y más auténtico, por esto ha encargado a los espíritus el llevarla de uno a otro polo, manifestándose en todas partes, sin conceder a nadie el privilegio exclusivo de oír su palabra. Un hombre puede ser engañado puede engañarse a sí mismo, más no podría suceder lo mismo cuando millones de ellos ven y oyen la misma cosa: esto es una garantía para cada uno y para todos. Por otra parte, puede hacerse desaparecer a un hombre, pero no puede hacerse que desaparezcan las masas; pueden quemarse los libros, pero no se pueden quemar los espíritus; pues si se quemaran todos los libros, el origen de la doctrina no sería menos invulnerable, por lo mismo que no está en la tierra, sino que surge de todas partes y que todos pueden obtenerla. A falta de hombres para explicarla, habrá siempre espíritus que alcanzan a todo el mundo y a quienes nadie puede alcanzar.

En realidad, los mismos espíritus son los que hacen la propaganda, con el auxilio de innumerables médiums. que ellos mismos suscitan en todas partes: Si no hubiesen tenido más que un intérprete, por favorecido que se viera, apenas se conocería el Espiritismo; este mismo intérprete, a cualquier clase que perteneciese, sería objeto de prevención de muchas gentes, no le hubieran aceptado todas las naciones; mientras que comunicándose los espíritus en todas partes, a todos los pueblos, a todas las sectas y a todos los partidos, son aceptados por todos. El Espiritismo no tiene nacionalidad y está fuera de todos los cultos particulares; no se ha impuesto por ninguna clase de la sociedad, puesto que cada uno puede recibir instrucciones de sus parientes y de sus amigos de ultratumba. Así debía ser para que pudiese llamar a todos los hombres a la fraternidad, pues de no colocarse en un terreno neutral, hubiera mantenido las discusiones en vez de aclamarlas.

Esta universalidad en la enseñanza de los espíritus constituye la fuerza del Espiritismo y esta es también la causa de su rápida propagación; mientras que la voz de un solo hombre, aun cuando hubiese tenido el auxilio de la prensa, hubiera tardado siglos en ser oída de todos. Ahora tenéis millares de voces que se hacen oír simultáneamente en todas partes para proclamar los mismos principios y transmitirlos, tanto a los más ignorantes como a los más sabios a fin de que nadie quede desheredado.

De esta ventaja no ha gozado ninguna de las doctrinas que han aparecido hasta hoy. Sí, pues, el Espiritismo es una verdad, no teme ni la mala voluntad de los hombres, ni las revoluciones morales; ni los cataclismos físicos del globo, porque nada de todo esto puede alcanzar a los espíritus.

Pero no es esta la sola ventaja que resulta de semejante posesión excepcional: el Espiritismo encuentra en ella una garantía muy poderosa contra los cismas que podrían suscitarse, ya por la ambición de algunos, ya por las contradicciones de ciertos espíritus.

Seguramente que estas contradicciones son un escollo; pero llevan consigo el remedio al lado del mal.

Se sabe que los espíritus, a consecuencia de la diferencia que existe entre sus capacidades, individualmente están lejos de poseer la verdad absoluta; que no a todos les está dado el penetrar ciertos misterios; que su saber es proporcionado a su purificación, que los espíritus vulgares no saben más que los hombres, y menos que ciertos hombres; que hay entre ellos, como entre estos últimos, presumidos y sabios de falsa instrucción, que creen saber lo que no saben; sistemáticos que toman sus ideas por la verdad, y, en fin, que los espíritus de un orden más elevado, los que están completamente desmaterializados, son los únicos que se han despojado de las ideas y de las preocupaciones terrestres; pero también se sabe que los espíritus mentirosos no tienen reparo en tomar nombres supuestos para hacer aceptar sus utopías. Resulta de esto, que todo lo que está fuera de la enseñanza exclusivamente moral, las revelaciones que cada uno puede obtener, tienen un carácter individual sin autenticidad, que deben ser consideradas como opiniones personales de tal o cual espíritu y que se cometería una imprudencia aceptándolas y promulgándolas ligeramente como verdades absolutas.

La primera comprobación, sin duda, es la de la razón, a la que es preciso someter, sin excepciones, todo lo que viene de los espíritus; toda teoría en contradicción manifiesta con el buen sentido, con una lógica rigurosa, y con los datos positivos que se poseen, sea quien quiera el que la firme, debe ser rechazada. Pero esta comprobación, es incompleta en muchos casos, a consecuencia de la insuficiencia de las luces de ciertas personas, y de la tendencia de muchos a tomar su propio juicio por único árbitro de la verdad. En caso semejante ¿qué hacen los hombres que no tienen confianza absoluta en si mismos? Toman consejos del mayor número, y la opinión de la mayoría en su guía; así debe ser respecto a la enseñanza de los espíritus, cuyos medios nos proporcionan ellos mismos.

La concordancia en la enseñanza de los espíritus es, pues, la mejor comprobación; pero es menester también para ello que tenga lugar en ciertas condiciones. La menos segura de todas es la de un médium que pregunta a muchos espíritus sobre un punto dudoso, es evidente que, si está bajo el imperio de una obsesión y si tiene que habérselas con un espíritu mentiroso, este espíritu puede decirle la misma cosa bajo nombres diferentes. Tampoco hay una garantía suficiente en la conformidad que se puede obtener por los médiums de un solo centro, porque todos pueden estar bajo la misma influencia. "La única garantía formal de la enseñanza de los espíritus, está en la concordancia que existe entre las revelaciones dadas espontáneamente con la intervención de un gran número de médiums desconocidos los unos de los otros y en diversos países". Se concibe que no hablamos ahora de las comunicaciones relativas a intereses secundarios, sino de lo que hace referencia a los mismos principios de la doctrina. La experiencia prueba que cuando un principio nuevo debe recibir su solución, se enseñe espontáneamente en diferentes puntos a la vez, y de una manera idéntica, sino en la forma, al menos en el fondo. Si, pues, le place a un espíritu formular un sistema excéntrico, basado sólo en sus ideas y fuera de la verdad, puede tenerse por seguro que este sistema quedará circunscrito y

caerá ante la unidad de las instrucciones dadas en las demás partes, como ha habido ya diferentes ejemplos. Esa unanimidad es la que ha hecho caer todos los sistemas parciales, nacidos en el origen del Espiritismo, cuando cada cual explicaba los fenómenos a su modo y antes de que se conociesen las leyes que rigen las relaciones del mundo visible con el mundo invisible.

Tal es la base en que nos apoyamos cuando formulamos un principio de la doctrina, sin que lo demos como verdadero porque esté conforme con nuestras ideas; de ninguna manera queremos ser árbitros supremos de la verdad, y no decimos a nadie: "Creed tal cosa porque la decimos nosotros". Nuestra opinión sólo es una opinión personal, que puede ser justa o falsa, porque no somos más infalibles que los otros, ni tampoco es verdadero para nosotros un principio porque se nos ha enseñado, sino porque ha recibido la sanción de la concordancia.

En nuestra posesión, recibiendo las comunicaciones de cerca de mil centros espiritistas formales, diseminados por todas las partes del globo, estamos en el caso de ver los principios en que se establece esta concordancia; esta observación es la que nos ha guiado hasta hoy, y la que nos guiará en los nuevos campos que el Espiritismo está llamado a explotar. Así es que, estudiando atentamente las comunicaciones que vienen de diferentes partes, tanto de Francia como del extranjero, notamos por las revelaciones de una naturaleza enteramente especial, que hay una tendencia a entrar en una nueva senda y que ha llegado el momento de dar un paso más. Estas revelaciones, hechas a menudo con palabras encubiertas, han pasado desapercibidas para muchos de aquellos que las han recibido; otros creen que sólo ellos las han recibido. Obtenidas aisladamente, no tendrían ningún valor para nosotros; pero su coincidencia les da mucha gravedad; cuando llegue el momento de darlas toda la publicidad, cada uno se acordará de haber recibido instrucciones en el mismo sentido. Este es el movimiento general que observamos, que estudiamos con asistencia de nuestros guías espirituales, y que nos ayuda a juzgar de la oportunidad que hay para nosotros de hacer una cosa o abstenernos de ella.

Esta comprobación universal es una garantía para la unidad futura del Espiritismo, y anulará todas las teorías contradictorias. En esto se buscará en el porvenir el criterio de la verdad. Lo que ha contribuido a que tuviera buen éxito la doctrina formulada en el Libro de los Espíritus y en el Libro de los Médiums, es que, en todas partes, todos han podido recibir directamente de los espíritus la confirmación de lo que esos libros contienen. Si en todas partes los espíritus los hubiesen contradicho, hace tiempo que esos libros hubieran sufrido la suerte de todas las concepciones fantásticas.

Ni aun el apoyo de la prensa les hubiera salvado del naufragio, al paso que, privados de él, no por esto han dejado de hacer un camino rápido; porque han tenido el apoyo de los espíritus, cuya buena voluntad compensa con ventaja la mala voluntad de los hombres.

Lo mismo sucederá con todas las ideas que, viniendo de los espíritus o de los hombres, no puedan soportar esta comprobación, cuyo poder nadie puede negar.

Supongamos, pues, que ciertos espíritus quieran dictar, bajo cualquier título, un libro en sentido contrario; supongamos además que con una intención hostil y con la mira de desacreditar la doctrina, suscitase la malevolencia de comunicaciones apócrifas; ¿qué influencia podrían tener estos escritos, si son desmentidos en todas partes por los espíritus? Es menester asegurarse de la adhesión de estos últimos antes de lanzar un sistema en su nombre. Del sistema de uno solo al sistema de todos, hay la misma distancia que de la unidad al infinito. ¿Qué pueden todos los argumentos de los detractores sobre la opinión de las masas, cuando millares de voces amigas, salidas del espacio, van a todas las partes del universo, al seno de cada familia, a batirlos en brecha?

La experiencia, con respecto a este asunto, ¿no ha confirmado ya la teoría? ¿En qué han venido a parar todas esas publicaciones que debían, digámoslo así, anonadar al Espiritismo? ¿Cuál es la que tan siquiera ha detenido su marcha? Hasta hoy no se había mirado esta cuestión bajo este punto de vista, cuestión de las más graves sin duda; todos han contado consigo mismo, pero no con los espíritus.

El principio de la concordancia es también una garantía contra las alteraciones que podrían hacer experimentar al Espiritismo las sectas que quisieran apoderarse de él en provecho suyo y acomodarlo a sus miras. Cualquiera que intentase desviarlo de su objeto providencial, fracasaría, por la sencilla razón de que los espíritus con la universalidad de su enseñanza, harían desaparecer toda modificación que se apartase de la verdad.

De todo esto resulta una verdad capital, y es, que cualquiera que pretenda poner trabas al curso de las ideas establecido y sancionado, podrá muy bien causar una pequeña perturbación local y momentánea, pero nunca dominará el conjunto, ni en el estado presente, ni en el porvenir.

También se desprende de esto que las instrucciones dadas por los espíritus sobre les puntos de la doctrina, que aun no se han dilucidado, no pueden tener fuerza de ley mientras permanezcan aisladas, y que, por consiguiente, no pueden ser aceptadas sino con todas las reservas y a título de reseña.

De aquí la necesidad de tener en su publicación la mayor prudencia; y en el caso en que se creyese deber publicarlas, conviene no sean presentadas sino como opiniones individuales más o menos probables, pero teniendo en todo caso necesidad de confirmación. Esta confirmación es la que es necesario esperar antes de presentar un principio como verdad absoluta, si no se quiere ser acusado de ligereza o de credulidad irreflexiva.

Los espíritus superiores en sus comunicaciones, proceden con extremada prudencia y no abordan las grandes cuestiones de la doctrina sino gradualmente, a medida que la inteligencia es apta para comprender verdades de un orden más elevado y cuando las circunstancias son propicias para la emisión de una nueva idea. Por esta razón no lo han dicho todo desde un principio ni tampoco lo han dicho todo hoy, no cediendo jamás a las instigaciones de las personas demasiado impacientes que quieren coger el fruto antes de estar sazonado. Sería, pues, superfluo querer precipitar el tiempo designado a cada cosa por la Providencia, porque entonces los espíritus verdaderamente formales niegan positivamente su concurso, y los espíritus ligeros, importándoles poco la verdad, contestan a todo; por esta razón, sobre todas las preguntas prematuras, siempre hay respuestas contradictorias.

Los principios emitidos más arriba no son producto de una teoría personal, sino consecuencia forzosa de las condiciones en que se manifiestan los espíritus. Es evidente que si un espíritu dice una cosa por un lado, mientras que millones de espíritus dicen lo contrario por otro, la presunción de verdad no puede hallarse de parte del que está solo, ni siquiera aproximarse a su parecer; por lo demás, pretender

que uno solo tenga razón contra todos, sería tan ilógico de parte de un espíritu como de parte de los hombres. Los espíritus verdaderamente sabios, si no creen estar bastante ilustrados sobre una cuestión, no la resuelven jamás de una manera absoluta; declaran que sólo la tratan desde su punto de vista, y aconsejan ellos mismos que se espere la confirmación.

Por grande, hermosa y justa que sea una idea, es imposible que desde su principio cuente con todas las opiniones. Los conflictos que de ello resultan son consecuencia inevitable del movimiento que se opera; son hasta necesarios para hacer resaltar más la verdad, y es útil que tenga lugar en su principio para que las ideas falsas se gasten más pronto. Los espiritistas que concibiesen sobre ello algún temor, deben estar bien tranquilos. Todas las pretensiones aisladas caerán por la fuerza de las cosas, ante el grande y poderoso criterio de la comprobación universal.

No se unirán a la opinión de un hombre, sino a la voz unánime de los espíritus; no será un hombre, y mucho menos yo, el que funde la ortodoxia espiritista; tampoco será un espíritu el que venga a imponerse a cualquiera que sea; será la universalidad de los espíritus, comunicándose en toda la tierra por orden de Dios; este es el carácter esencial de la doctrina espiritista, y ésta es su fuerza, ésta es su autoridad.

Dios ha querido que su ley fuese asentada en una base indestructible; por esto no ha querido que se apoyasen en la frágil cabeza de uno solo.

Ante este poderoso areópago, que no conoce ni espíritu de corporación, ni rivalidades celosas, ni sectas, ni naciones, vendrán a estrellarse todas las oposiciones, todas las ambiciones, todas las pretensiones a la superchería individual, "si nosotros quisiéramos sustituir nuestras propias ideas a sus decretos soberanos, nosotros mismos nos estrellaríamos"; El solo es el que resolverá todas las cuestiones litigiosas; el que acallará las disidencias y dará la razón a quien de derecho la tenga.

Ante este imponente concierto de todas las voces del cielo, ¿qué puede la opinión de un solo hombre o de un espíritu? Menos que una gota de agua que se pierde en el Océano, menos que la voz del niño que la tempestad sofoca.

La opinión universal es el juez supremo, la que habla en definitiva y se forma de todas las opiniones individuales; si una de ellas es verdadera, sólo tienen en la balanza su peso relativo; si es falsa, no puede sobrepujar a las otras. En este inmenso concurso las individualidades desaparecen, y este es un nuevo jaque al orgullo humano.

Ese conjunto armonioso se dibuja ya, y no concluirá este siglo sin que brille en todo su esplendor de una manera que fije todas las incertidumbres, porque de aquí a entonces, voces poderosas habrán recibido la misión de hacerse oír para reunir a los hombres bajo un mismo estandarte, apenas el campo esté suficientemente cultivado.

Mientras tanto, el que fluctúa entre dos sistemas opuestos, puede observar en qué sentido se pronuncia la opinión general; este es el indicio cierto del sentido en que se manifiestan la mayoría de los espíritus en los diferentes puntos en que se comunican, y esta es también la señal no menos cierta del sistema que vencerá.

 

III. - Noticias históricas

 

Para comprender bien ciertos pasajes del Evangelio, es necesario conocer el valor de muchas palabras que se emplean en él con frecuencia, y que caracterizan el estado de las costumbres y de la sociedad judaica de aquella época. No teniendo ya estas palabras para nosotros el mismo sentido, han sido mal interpretadas a menudo, y por la misma razón, han dejado una especie de incertidumbre. La inteligencia de su significado explica además el sentido verdadero de ciertas máximas que parecen extrañas a primera vista.

 

Samaritanos. Después del cisma de las diez tribus, Samaria vino a ser la capital del