EL KYBALION

 

(Extractos)

Los Tres Iniciados

Filosofía Hermética del antiguo Egipto y Grecia

 

 

 

 

 

Indice

 

Introducción

CAPITULO I:    LA FILOSOFIA HERMETICA_

CAPITULO II:       LOS SIETE PRINCIPIOS HERMETICOS_

I. EL PRINCIPIO DEL MENTALISMO_

II. - EL PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA_

III. - EL PRINCIPIO DE VIBRACION_

IV. - EL PRINCIPIO DE LA POLARIDAD_

V. - EL PRINCIPIO DEL RITMO_

VI. - EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO_

VII. - EL PRINCIPIO DE GENERACION_

CAPITULO III:     TRANSMUTACION MENTAL_

CAPITULO IV:      EL TODO_

CAPITULO V:       EL UNIVERSO MENTAL_

CAPITULO VI:      LA PARADOJA DIVINA_

CAPITULO VII:    EL TODO EN TODO_

CAPITULO VIII:    LOS PLANOS DE CORRESPONDENCIA_

CAPITULO IX:      VIBRACION_

CAPITULO X:       POLARIDAD_

CAPITULO XI:      RITMO_

CAPITULO XII:    CAUSACION_

CAPITULO XIII:    GENERO_

CAPITULO XIV:    GENERO MENTAL_

CAPITULO XV:    AXIOMAS HERMETICOS_  

 

 

 

Introducción

 

 

Mucho placer nos causa el poder presentar este trabajo a la atención de los estudiantes e investigadores de las Doctrinas Secretas, obra que está basada en las antiquísimas enseñanzas herméticas. Se ha escrito tan poca cosa sobre este asunto, a pesar de las innumerables referencias que se han hecho de estas enseñanzas en muchos de los trabajos sobre ocultismo, que los investigadores de las verdades arcanas habrán, sin dudas, presentido la aparición de este libro.

 

El propósito de este no es la enunciación de una filosofía o doctrina especial, sino más bien el de dar al estudiante una exégesis de la verdad, que le sirva para conciliar los muchos tópicos de los conocimientos ocultos que puede ya haber adquirido, pero que, aparentemente, son contradictorios y paradojales, lo que a menudo desanima y disgusta al principiante. Nuestro intento no es el de erigir un nuevo templo de sabiduría, sino el de colocar en manos del investigador una clave maestra con la cual pueda abrir las numerosas puertas internas que conducen al Templo del Misterio.

 

Ningún conocimiento oculto ha sido tan celosamente guardado como los fragmentos de las enseñanzas herméticas, los que han llegado hasta nosotros a través de las centurias transcurridas desde los tiempos del Gran Fundador, Hermes Trismegisto, "el elegido de los dioses", quien murió en el antiguo Egipto, cuando la raza actual estaba en su infancia. Contemporáneo de Abraham, y, si la leyenda no miente, instructor de aquel venerable sabio, Hermes fue y es el Gran Sol Central

del Ocultismo, cuyos rayos han iluminado todos los conocimientos que han sido impartidos desde entonces. Todas las bases fundamentales de las enseñanzas esotéricas que en cualquier tiempo han sido impartidas a la raza son originarias, en esencia, de las formuladas por Hermes. Aun las más antiguas doctrinas de la India han tenido su fuente en las enseñanzas herméticas.

 

Desde la tierra del Ganges muchos ocultistas avanzados se dirigieron hacia el Egipto para postrarse a los pies del Maestro. De él obtuvieron la clave maestra, que, al par que explicaba, reconciliaba sus diferentes puntos de vista, estableciéndose así firmemente la Doctrina Secreta. De todas partes del globo

vinieron discípulos y neófitos que miraban a Hermes como el Maestro de los Maestros, y su influencia fue tan grande que, a pesar de las negativas de los centenares de instructores que había en los diferentes países, se puede fácilmente encontrar en las enseñanzas de estos últimos las bases fundamentales en las que se asentaban las doctrinas herméticas. El estudiante de religiones comparadas puede fácilmente percibir la influencia tan grande que las enseñanzas herméticas han ejercido en todas las religiones, sea cual fuere el nombre con que se les conozca ahora, bien en las religiones muertas o bien en las actualmente existentes. La analogía salta a la vista, a pesar de los puntos aparentemente contradictorios, y las enseñanzas herméticas son como un conciliador de ellas.

 

La obra de Hermes parece haberse dirigido en el sentido de sembrar la gran-verdad que se ha desarrollado y germinado en tantas y tan extrañas formas, más bien que en el de establecer una escuela de la filosofía que dominara el pensamiento del mundo. Sin embargo, la verdad original enseñada por él ha sido guardada intacta, en su pureza primitiva, por un reducido número de hombres en cada época, los cuales, rehusando gran número de aficionados y de estudiantes poco desarrollados, siguieron el proceder hermético y reservaron su conocimiento para los pocos que estaban prontos para comprenderlo y dominarlo. De los labios a los oídos fue transmitido este conocimiento entre esos pocos. Siempre han existido en cada generación y en los diversos países de la tierra algunos iniciados que conservaron viva la sagrada llama de las enseñanzas herméticas, y que siempre han deseado emplear sus lámparas para encender las lámparas menores de los del mundo profano, cuando la luz de la verdad languidecía y se anublaba por su negligencia, o cuando su pabilo se ensuciaba con materias extrañas. Han existido siempre los pocos que cuidaron el altar de la verdad, sobre el cual conservaron siempre ardiendo la lámpara perpetua de la Sabiduría. Esos hombresdedicaron su vida a esa labor de amor que el poeta describiera en estas líneas:

 

 

"O, let not the flame die out! Cherished age after age in its dark cavern-- in its holy temples cherished. Fed bypure ministers of love-- let not the flame die out!"

 

"¡Oh, no dejes extinguirse la llama. Sustentada por generación tras generación en su obscura caverna-- en sus templos sagrados sustentada. Nutrida por puros sacerdotes de amor-- no dejes extinguirse la llama!.

 

 

Estos hombres no buscaron nunca ni la aprobación popular ni acaparar gran número de prosélitos. Son indiferentes a esas cosas, pues saben de sobra cuan pocos hay en cada generación, capaces de recibir la verdad, o de reconocerla si se les presentara. Ellos "reservan la carne para los hombres", mientras que los demás "dan leche a los niños", conservan sus perlas de sabiduría para los pocos elegidos capaces de apreciar su valor y de llevarlas en sus coronas, en vez de echárselas a los cerdos que las mancillarían y pisotearían en el cieno de sus chiqueros.

 

Más estos hombres no han olvidado aún los preceptos de Hermes respecto a la transmisión de estas enseñanzas a los que estén preparados para recibirlas, acerca de lo cual dice "El Kybalión": "Dondequiera que estén las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par". Y además: " cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría". Pero su actitud habitual ha estado siempre estrictamente de acuerdo con otro aforismo, de "El Kybalión" también, que dice que "los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender".

 

Y esos oídos incapaces de comprender son los que han criticado esta actitud de los hermetistas y los que se han lamentado públicamente de que aquéllos no hayan expresado nunca claramente el verdadero espíritu de sus enseñanzas, sin reservas ni reticencias. Pero una mirada retrospectiva en las páginas de la historia demostrará la sabiduría de los maestros, quienes conocían la locura que era intentar enseñar al mundo lo que éste no deseaba ni estaba preparado para recibir. Los hermetistas nunca han deseado ser mártires, sino que, por el contrario, han permanecido retirados, silenciosos y sonrientes ante los esfuerzos de algunos que se imaginaban, en su ardiente entusiasmo, que podían forzar a una raza de bárbaros a admitir verdades que solo pueden comprender los que han avanzado mucho en el Sendero.

 

El espíritu de persecución no ha muerto aún en la tierra. Hay ciertas enseñanzas herméticas que, si se divulgaran, atraerían sobre sus divulgadores un griterío de odio y el desprecio de las multitudes, las que volverían a gritar de nuevo:

¡Crucificadlo!... ¡Crucificadlo!...

 

En esta obrita hemos tratado de daros una idea de las enseñanzas fundamentales de "El Kybalión", indicando todo cuanto se refiere a los principios actuales, dejándonos el trabajo de estudiarlos, más bien que el de tratarlos nosotros mismos en detalle. Si sois verdaderos estudiantes o discípulos, comprenderéis y podréis aplicar estos principios; si no, debéis desarrollarlos, pues de otra manera las enseñanzas herméticas no serán para vosotros sino "palabras, palabras, palabras".

 

 

El esoterismo es rico en palabras-claves, símbolos y "esencias" conceptuales. Su transmisión, a través de las edades, implicó un esforzado aprendizaje, una memorización de significados "acentos" y una persistente custodia de sus valores originales para que nada de lo preservado perdiera su color, su sabor, su propósito y su intensidad. Al amparo de tales premisas fue creciendo, paulatinamente el árbol de la ciencia hermética que reconoce como sus raíces al Kybalion. Y este último resumen de un conocimiento intemporal, encontró en Hermes Trismegisto a su más consumado mentor y mensajero... En estas páginas redactadas con hondura y exactitud por tres iniciados, es dable-pasar revista a tópicos realmente sapienciales sobre la filosofía oculta. Sus principios rectores (en los que el mentalismo, la correspondencia, la vibración, la polaridad, causa y efecto, y la generación juegan papeles preponderantes); la transmutación mental; la totalidad; el universo mental; la paradoja divina; y los axiomas herméticos son tan sólo algunos de los temas tan bien expuestos aquí. EL KYBALION es, pues, una exposición sincera y rotunda de los esquemas básicos del esoterismo, y como muy bien lo señalan los tres iniciados, no se proponen erigir un nuevo templo de la sabiduría, sino poner manos del investigador la llave que abrirá las numerosas puertas internas que conducen hacia el Templo del Misterio... Y, en rigor de verdad, las muchas reediciones de esta obra, su constante renovación, a través de los distintos círculos herméticos del mundo en sus reflexiones, pláticas, conferencias y clases, son ratificación elocuentísima de las bondades de una doctrina que ilumina a la humanidad desde hace siglos.

 

 

Los Tres iniciados

 

 

 

 


 

CAPITULO I:  

LA FILOSOFIA HERMETICA

 

 

"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para él oído capaz de comprender".

 

EL KYBALION.

 

 

 

Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales y secretas que tan fuertemente han influido en los sistemas filosóficos de todas las razas y de todos los pueblos, durante centurias enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge, fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas. Todas las naciones han sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas, La India, Persia, Caldea, Media, China, Japón, Asiria, la antigua Grecia y Roma, y otros no menos importantes países, se aprovecharon libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y Maestros de la tierra de Isis, conocimientos que solo eran transmitidos a los que estaban preparados para participar de lo oculto.

 

Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes adeptos y Maestros que nadie después ha sobrepasado, y que rara vez han sido igualados en

las centurias que han transcurrido desde los tiempos del Gran Hermes. El Egipto

fue la residencia de la Gran Logia de las fraternidades místicas. Por las

puertas de su templo entraron todos los neófitos que, convertidos más tarde en

Adeptos, Hierofantes y Maestros, se repartieron por todas partes, llevando

consigo el precioso conocimiento que poseían y deseando hacer partícipe de él a

todo aquel que estuviera preparado para recibirlo. Ningún estudiante de

ocultismo puede dejar de reconocer la gran deuda que tiene contraída con

aquellos venerables Maestros de Egipto.

 

Pero entre esos grandes adeptos existió uno al que los demás proclamaron " el

Maestro de los Maestros". Este hombre, si es que puede llamarse "hombre" a un

ser semejante, vivió en Egipto en la más remota antigüedad y fue reconocido bajo

el nombre de Hermes Trismegisto.

 

Fue el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología, el descubridor de la

alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para la historia, debido al

inmenso espacio de tiempo transcurrido desde entonces. La fecha de su nacimiento

en Egipto, en su última encarnación en este planeta, no se conoce ahora, pero se

ha dicho que fue contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho

antes de Moisés. Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de

Abraham, y en alguna de las tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham

obtuvo muchos de los conocimientos que poseía del mismo Hermes.

 

Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición afirma

que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de

sus dioses, bajo el nombre de Tot. Años después los griegos hicieron también de

él otro de sus dioses y lo llamaron "Hermes, el dios de la sabiduría". Tanto los

griegos como los egipcios reverenciaron su memoria durante centurias enteras,

denominándole el "inspirado de los dioses", y añadiéndole su antiguo nombre

"Trismegisto", que significa "tres veces grande". Todos estos antiguos países lo

adoraron, y su nombre era sinónimo de "fuente de sabiduría".

 

Aun en nuestros días usamos el término "hermético" en el sentido de "secreto",

"reservado", etc., y esto es debido a que los hermetistas habían siempre

observado rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces no se

conocía aquello de "no echar perlas a los cerdos", ellos siguieron su norma de

conducta especial que les indicaba " dar leche a los niños y carne a los

hombres", cuyas máximas son familiares a todos los lectores de las escrituras

bíblicas, máximas que, por otra parte, habían sido ya usadas muchos siglos antes

de la Era Cristiana.

 

Y esta política de diseminar cuidadosamente la verdad ha caracterizado siempre a

los hermetistas, aun en nuestros días. Las enseñanzas herméticas se encuentran

en todos los países y en todas las religiones, pero nunca identificada con un

país en particular ni con secta religiosa alguna. Esto es debido a la prédica

que los antiguos instructores hicieron para evitar que la Doctrina Secreta se

cristalizara en un credo. La sabiduría de esta medida salta a la vista de todos

los estudiantes de historia. El antiguo ocultismo de la India y la Persia

degeneró y se perdieron sus conocimientos, debido a que los instructores se

habían convertido en sacerdotes y mezclaron la teología con la filosofía, siendo

su inmediata consecuencia que perdieron toda su sabiduría, la que acabó por

transformarse en una cantidad inmensa de supersticiones religiosas, cultos,

credos y dioses. Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de los gnósticos

cristianos, enseñanzas que se perdieron por el tiempo de Constantino, quien

mancilló la filosofía mezclándola con la teología, y la iglesia cristiana perdió

entonces su verdadera esencia y espíritu, viéndose obligada a andar a ciegas

durante varios siglos, sin que hasta ahora haya encontrado su camino,

observándose actualmente que la iglesia cristiana está luchando nuevamente por

aproximarse a sus antiguas enseñanzas místicas.

 

Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado viva la llama,

alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que se extinguiera su luz. Y

gracias a esos firmes corazones y a esas mentes de extraordinario desarrollo

tenemos aun la verdad con nosotros. Mas no se encuentra en los libros. Ella ha

sido transmitida del Maestro al discípulo, del iniciado al neófito, de los

labios a los oídos. Si alguna vez se ha escrito algo sobre ella, su significado

ha sido cuidadosamente velado con términos de astrología y alquimia, de tal

manera que sólo los que poseían la clave podían leerlo correctamente. Esto se

hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los teólogos de la Edad

Media, quienes luchaban contra la Doctrina Secreta a sangre y fuego. Aun en

nuestros días nos es dable encontrar algunos libros valiosos de filosofía

Hermética, pero la mayor parte se ha perdido. Sin embargo, la Filosofía

Hermética es la única clave maestra que puede abrir las puertas a todas las

enseñanzas ocultas.

 

En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas herméticas

que eran las bases fundamentales de toda la Doctrina Secreta, y que habían sido,

hasta entonces, transmitidas del instructor al estudiante, compilación que fue

conocida bajo el nombre de "El Kybalión", cuyo exacto significado se perdió

durante centenares de años. Sin embargo, algunos que han recibido sus máximas de

los labios a los oídos las comprenden y las conocen. Sus preceptos no habían

sido escritos nunca hasta ahora. Son, simplemente, una serie de máximas y

axiomas que luego eran explicados y ampliados por los Iniciados. Estas

enseñanzas constituyen realmente los principios básicos de la "alquimia

hermética", la que, contrariamente a lo que se cree, está basada en el dominio

de las fuerzas mentales, mas bien que en el de los elementos materiales; en la

transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, más bien que en el

cambio de una clase de metal en otro. La leyenda acerca de la piedra filosofal,

que convertía todos los metales en oro, era una alegoría relativa a la Filosofía

Hermética, alegoría que era perfectamente comprendida por todos los discípulos

del verdadero hermetismo.

 

En esta obrita invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas

herméticas, tal como fueron expuestas en "El Kybalión", explicadas y ampliadas

por nosotros, humildes estudiantes de las mismas, que si bien llevamos el título

de iniciados somos, sin embargo, simples discípulos a los pies de Hermes, el

Maestro. Transcribimos aquí muchas de las máximas y preceptos de "E l Kybalión",

acompañadas por explicaciones y comentarios que creemos ayudarán a hacer más

fácilmente comprensible esas enseñanzas por los hombres modernos, especialmente

teniendo en cuenta que el texto original ha sido velado a propósito con términos

obscuros y desconcertantes.

 

Las máximas originales, axiomas y preceptos de "El Kybalión" están impresos con

otro tipo de letra. Esperamos que los lectores de esta obra sacarán tanto

provecho del estudio de sus páginas como lo han sacado otros que han pasado

antes por el mismo sendero que conduce al adepto desde los tiempos de Hermes

Trismegisto, el Maestro de los Maestros, el Tres veces Grande, hasta ahora.

 

Dice "El Kybalión":

 

 

"Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está

pronto para recibir sus

 

enseñanzas se abren de par en par.

 

"Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos

con sabiduría".

 

 

De manera que, de acuerdo con lo indicado, este libro solo atraerá la atención

de los que están preparados para recibirlo. Y recíprocamente, cuando el

estudiante esté preparado para recibir la verdad, entonces este libro llegará a

él. El principio hermético de causa y efecto, en su aspecto de "ley de

atracción", llevará los oídos junto a los labios y el libro junto al discípulo.

 

 

 

 

 

 

 



 

 

CAPITULO III:

TRANSMUTACION MENTAL

 

 

"La mente así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La verdaderatransmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental".

 EL KYBALION.

 

 

Como indicamos anteriormente, los hermetistas fueron los verdaderos creadores de la alquimia, de la astrología y la psicología, habiendo sido Hermes el fundador de esas escuelas de pensamiento. De la astrología ha derivado la astronomía moderna; de la alquimia ha surgido la química y de la psicología mística la psicología moderna. Mas no debe suponerse que los antiguos fueron unos ignorantes respecto a lo que las escuelas modernas creen de su exclusiva propiedad. Las inscripciones grabadas en las piedras y monumentos de Egipto prueban concluyentemente que los antiguos poseían el más perfecto conocimiento acerca de la astronomía, mostrando la construcción de las mismas pirámides una relación estrechísima entre sus designios y su conocimiento de la ciencia astronómica. Tampoco debe suponerse que ignoran la química, pues los fragmentos de antiguas escrituras descubiertas muestran que estaban muy familiarizados con las propiedades químicas de los cuerpos. En una palabra, sus teorías respecto a la física han sido posteriormente verificadas y confirmadas por los últimos descubrimientos de la ciencia moderna, sobre todo en lo que se refiere a la constitución de la materia. Lejos de ignorar los llamados modernos descubrimientos psicológicos, los egipcios estaban muy al corriente de todo ello, especialmente en ciertas ramas que ignoran completamente las escuelas modernas, y sobre todo en "ciencia psíquica", la que tanto está confundiendo a los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles confesar al fin que, "después de todo, bien puede haber algo de cierto en ello".

 

Lo cierto es que, además de la química, astronomía y psicología (esto es, la psicología en su aspecto de función cerebral), los antiguos poseían un conocimiento trascendental de la astronomía que se llamó alquimia y de lapsicología trascendental titulada psicología mística. Y no solamente poseían este conocimiento interno, sino también el externo, siendo este último el único que conocen los hombres de ciencia modernos. Entre los muchos aspectos y tópicos de conocimientos secretos de los hermetistas se encuentra lo que se conoce como "transmutación mental", de la que vamos a tratar en este capítulo.

 

"Transmutación" es el término generalmente empleado para designar el antiguo arte de transmutar los metales, especialmente los de poco valor, en oro. La palabra "transmutar" significa "cambiar de naturaleza, de substancia y de forma, convirtiéndose en otra; transformarse en otra cosa" (Webster). Y de acuerdo con

esa definición, "transmutación menta" significa el arte de transformar o cambiar

los estados, cualidades, formas, condiciones mentales etc., en otros. Así que

podéis ver que la transmutación mental no es otra cosa que una especie de