| La Muerte: Una Gran Aventura Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) |
Resumen de una declaración hecha por el TibetanoPublicada en agosto de 1934Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hombres; resido en los confines del Tíbet, y a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, presido un grupo numeroso de Lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de que soy un abad de ese Monasterio Lamásico. Aquellos que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo), me conocen también con otro nombre y cargo. A.A.B. conoce dos de mis nombres. Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudiante común. He luchado y he abierto un camino hacia la luz y logré mayor cantidad de luz que el aspirante común que leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que costare. No soy un hombre viejo con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, y tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la Sabiduría Eterna dondequiera que encuentre respuesta, y esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maestros M. y K. H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero tampoco les digo nada que pueda inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú o Maestro, con el cual aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede lograrlo hasta tanto no haya transmutado la devoción emocional en desinteresado servicio a la humanidad, no al Maestro. No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Pueden o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A.A.B. ni yo, tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, tampoco que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros. Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse como la continuación de las enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde se encuentran los maestros), entonces estos libros habrán cumplido con su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial, y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas. Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y consideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley de Correspondencia, muy bien, pero si esto no es así, no se acepte lo expuesto. |
La Gran Invocación Desde el punto de Luz en la Mente de Dios, Que afluya luz a las mentes de los hombres, Que la Luz descienda a la Tierra. Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios, Que afluya amor a los corazones de los hombres, Que Cristo retorne a la Tierra. Desde el centro donde la voluntad de Dios es conocida, Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres. El propósito que los Maestros conocen y sirven. Desde el centro que llamamos la raza de los hombres, Que se realice el Plan de Amor y de Luz Y selle la puerta donde se halla el mal. Que la Luz, el Amor y el Poder, restablezcan el Plan en la Tierra. Esta Invocación no es propiedad de ningún individuo o grupo especial. Pertenece a la humanidad. La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos los seres humanos aceptan innata y normalmente: la verdad de la existencia de una Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de que detrás de las apariencias externas, el Amor es el poder motivador del Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran Individualidad llamada Cristo por los cristianos, que encarnó ese Amor para que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el Amor y la Inteligencia son consecuencia de la Voluntad de Dios, y finalmente de que el Plan Divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma. Alice A. Bailey |
“El reinado del temor a la muerte casi ha terminado, y entraremos pronto en un periodo de conocimiento y seguridad, que socavará la base de todos nuestros temores. Respecto al temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico y, en este sentido científico enseñar a las personas a morir. Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir, pero se ha perdido en gran parte en Occidente y casi en Oriente, excepto en algunas agrupaciones de Oriente formadas por Conocedores. Quizá consideremos esto más adelante, y la idea de encarar este tema puede permanecer en la mente de los estudiantes que lo leen, y probablemente al estudiar, leer y pensar, quizás obtengan material de interés para ser recopilado y publicado”.
| La Curación Esotérica, pág. 344 (Tratado sobre los Siete Rayos, Tomo IV) PROLOGO I. Nuestro presente ciclo es el fin de la era; los próximos doscientos años verán la abolición de la muerte, tal como ahora comprendemos esa gran transición, y el establecimiento de la realidad de la existencia del alma. (1497) II. Nuestras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos considerado a la muerte como terrible final, pero en realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada. (1948) III. ¿Por qué no aceptan la Transición? Aprendan a glorificarse en la experiencia que otorga el don de la sabia edad avanzada, y estén a la expectativa de la Gran Aventura que los enfrenta. En sus momentos más elevados saben que esa Transición significa la realización, sin verse limitados por el plano físico. (6594) IV. La enfermedad y la muerte son condiciones esencialmente inherentes a la sustancia, y así como el hombre se identifica con el aspecto forma, así también será condicionado por la Ley de Disolución. Esta ley, fundamental y natural, rige la vida de la forma en todos los reinos de la naturaleza. (17368) V. Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir. . . (4220) VI. ... (Las personas) no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos “al exterior” por un periodo más largo. (4359) VII. . . . la muerte puede ser mejor considerada como la experiencia que nos libera de la ilusión de la forma... (22246) VIII. ... la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencia.., indica una transición definida de un estado de conciencia a otro. (22245) IX. La muerte llega al individuo, en el sentido común del término, cuando desaparece del cuerpo físico la voluntad de vivir y es reemplazada por la voluntad de abstracción. A esto lo denominamos muerte. (18144) X. A medida que la humanidad va siendo consciente del alma.., la muerte será considerada como un proceso “por mandato”, llevado a cabo con plena conciencia y comprensión del propósito cíclico. (17321) XI. . . . El Trabajo de Restitución . . . El Arte de Eliminación . . . Los Procesos de Integración ... Estos tres procesos constituyen la muerte. (17292) XII. La muerte es un acto de la intuición, transmitido por el alma a la personalidad y que luego, de acuerdo con la voluntad divina, lo lleva a cabo la voluntad individual. (16444) XIII. Entonces es emitida una Palabra. El descendente punto de luz asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de donde emanó. A esto el hombre le llama muerte y el alma le llama vida. (17345) XIV. Resurrección es la nota clave de la naturaleza, pero no la muerte. La muerte es la antecámara de la Resurrección. (13389) |
Tratado sobre Magia Blanca
Alice A. Bailey
“Ten presente, Oh Chela, que en las esferas conocidas, la luz sólo responde a la PALABRA. Sabe que esta luz desciende y se concentra, sabe que desde su punto de enfoque escogido ilumina su propia esfera; sabe también que la luz asciende y deja en la oscuridad aquello que, en tiempo y espacio, ha iluminado. A este descenso y ascenso los hombres le llaman vida, conciencia y muerte; a esto Nosotros, que hollamos el Camino iluminado, le llamamos muerte, experiencia y vida”.
PARTE I
Nuestro presente ciclo es el fin de la era; los próximos doscientos años verán la abolición de la muerte, tal como ahora comprendemos esa gran transición, y el establecimiento de la realidad de la existencia del alma. (1497)
(1) El alma será conocida como un ente y como impulso motivador y centro espiritual que está detrás de las formas manifestadas. Dentro de pocas décadas serán corroboradas ciertas grandes creencias. El trabajo del Cristo y su principal misión hace dos mil años, fue demostrar las posibilidades y poderes divinos latentes en todo ser humano. La proclamación que hizo, de que todos somos hijos de Dios y tenemos un Padre Universal, será considerada, en el futuro, no como un enunciado hermoso, místico y simbólico, sino que será juzgado como un pronunciamiento científico. Nuestra hermandad universal y nuestra esencial inmortalidad serán demostradas y comprendidas como hechos reales de la naturaleza. (1497)
(2) Se necesita valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para formular en forma muy definida nuestras creencias sobre el tema... La muerte es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad y, sin embargo, la mayoría de los seres humanos se rehusa a considerarlo, hasta que lo enfrenta de modo inminente y personal.
Las personas enfrentan la muerte de muy diversas maneras; algunas con un sentimiento de autocompasión, se hallan tan preocupadas por lo que dejan, por lo que termina para ellas, por el hecho de abandonar todo lo que acumularon en la vida, que el verdadero significado del futuro inevitable no les llama la atención. Otras la enfrentan con valor y encaran lo inevitable, miran la muerte con osadía, porque no pueden hacer nada más. Su orgullo los ayuda a salir al paso del acontecimiento. Aún otros rehusan considerar en absoluto esa posibilidad. Se autohipnotizan hasta llegar a un estado donde el pensamiento de la muerte es rechazado por la conciencia, que no lo considera posible, de modo que cuando llega, los toma de sorpresa; están inermes y lo único que pueden hacer es sencillamente morir. La actitud cristiana, por lo general, es más precisa en su aceptación de la voluntad de Dios, adoptando la resolución de considerar el acontecimiento como lo mejor que pudiera ocurrir, aun cuando no lo parezca desde el ángulo del medio ambiente y las circunstancias. La firme creencia en Dios y Su propósito predestinado para el individuo, lleva a pasar triunfalmente por los portales de la muerte, pero si se les dijera que ésta es simplemente otra forma del fatalismo del pensador oriental, y una creencia fija en un destino inalterable, lo considerarían falso. Los que así piensan se escudan tras el nombre de Dios.
Sin embargo, la muerte puede ser más que todas esas cosas y enfrentada de distintas maneras. Puede tener cabida definida en la vida y en el pensamiento, y podemos prepararnos para ella como algo inevitable, pero simplemente es el Originador de cambios. De este modo haremos del proceso de la muerte una parte planeada de todo nuestro propósito de vida. Podemos vivir teniendo conciencia de la inmortalidad, lo que agregará colorido y belleza a nuestra vida; podemos fomentar la conciencia de nuestra futura transición y vivir con la esperanza de su prodigio. La muerte así encarada, considerada como un preludio para una ulterior experiencia viviente, cobra un significado distinto. Se transforma en experiencia mística, una forma de iniciación, que alcanza el punto culminante en la crucifixión. Todas las anteriores renunciaciones menores nos preparan para la gran renunciación; todas las anteriores muertes sólo son el preludio del estupendo episodio de morir. La muerte nos trae la liberación temporaria de la naturaleza corporal, de la existencia en el plano físico y de la experiencia visible, que quizás con el tiempo será permanente. Constituirá la liberación de toda limitación, y aunque creamos (como lo hacen millones de seres) que la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencia, o el fin de toda experiencia (como sostienen otros tantos millones), no puede negarse el hecho de que la muerte indica una transición definida de un estado de conciencia a otro. (22243/5)
(3) Los estudiantes de religión estudiarán la manifestación de lo que llamamos “aspecto vida”, así como el científico estudia el llamado aspecto “materia”; ambos llegarán a comprender la estrecha relación que existe entre estos dos aspectos, con lo cual se llenará el antiguo vacío y cesará temporariamente la lucha entre la ciencia y la religión. Se pondrán en práctica métodos precisos para demostrar que la vida persiste después de la muerte del cuerpo físico, y la trama etérica será reconocida como factor operante. (3360)
(4) El primer paso para sustanciar la realidad de la existencia del alma es establecer la supervivencia, aunque esto no probará necesariamente la inmortalidad. Sin embargo, puede considerarse como un paso dado en la correcta dirección. Se está comprobando constantemente que algo sobrevive al proceso de la muerte y persiste después de la desintegración del cuerpo físico. Si esto no es verdad, entonces somos víctimas de una alucinación colectiva, y engañan y mienten y están enfermos y pervertidos los cerebros y las mentes de miles de personas. Tal gigantesca locura colectiva es más difícil de creer que la alternativa de una expansión de conciencia. Sin embargo, el desarrollo que sigue la línea síquica no probará la existencia del alma. Sólo sirve para destruir la posición materialista. (1499)
(5) El problema de la muerte, es innecesario decirlo, se funda en el amor a la vida, el instinto más arraigado de la naturaleza humana. La ciencia reconoce que nada se pierde de acuerdo a la ley divina; la eterna supervivencia, de un modo u otro, es considerada universalmente como una verdad. De todo el cúmulo de teorías se han extraído y propuesto tres soluciones principales, muy conocidas por las personas reflexivas, y son:
1. La solución estrictamente materialista afirma que la experiencia y la expresión de la vida consciente continúan mientras la forma física tangible existe y persiste, pero también enseña que después de la muerte y la consiguiente desintegración del cuerpo, ya no existe una persona consciente, activa y autoidentificada. El sentido del Yo, la percepción de la personalidad, en contraposición con las otras personalidades, se desvanece al desaparecer la forma; creen que la personalidad sólo es la suma total de la conciencia de las células del cuerpo. Esta teoría relega al hombre al mismo estado de cualquiera de las formas de los otros tres reinos de la naturaleza; está basada en la insensibilidad del ser humano común hacia la vida, fuera de un vehículo tangible; ignora toda evidencia contraría y explica que como no podemos ver (visualmente) y comprobar (tangiblemente) la persistencia del Yo o la inmortal entidad después de la muerte, ella no existe. Muchos ya no sostienen esta teoría como en años anteriores, particularmente durante la materialista Era Victoriana.
2. La teoría de la inmortalidad condicional. Esta teoría es sostenida aún por ciertas escuelas fundamentalistas de pensamiento, teológicamente estrechas, y también unos cuantos intelectuales principalmente de tendencia egotista. Afirma que sólo quienes obtienen una etapa particular de percepción espiritual o aceptan un conjunto peculiar de pronunciamientos teológicos pueden recibir el don de la inmortalidad personal. Los altamente intelectuales también arguyen que a quienes poseen una mente desarrollada y cultivada, don culminante para la humanidad, análogamente se les otorga la eterna supervivencia. Una escuela rechaza a aquellos que consideran espiritualmente recalcitrantes o negativos a la imposición de su verdad teológica particular, lo cual los condena a un total aniquilamiento como en la solución materialista, o a un eterno castigo, que al mismo tiempo aboga por una especie de inmortalidad. Debido a la innata bondad del corazón humano, muy pocos son vengativos o suficientemente irreflexivos para considerar aceptable esta presentación; por supuesto, entre ellos, debemos clasificar las personas irreflexivas que evaden la responsabilidad mental, aceptando ciegamente los pronunciamientos teológicos. La interpretación cristiana, dada por las escuelas ortodoxas y fundamentalistas, prueba ser falsa cuando es sometida a un claro razonamiento; entre los argumentos que niegan su veracidad reside el hecho de que el cristianismo proclama un largo futuro pero ningún pasado; siendo asimismo un futuro que depende totalmente de las acciones del actual episodio de vida y de ninguna manera explica las distinciones y diferencias que caracterizan a la humanidad. Esto sólo tiene asidero en la teoría de una Deidad antropomórfica, cuya voluntad en su actuación práctica sólo presenta aquello que no tiene pasado sino únicamente futuro; reconocen ampliamente la injusticia de esto, pero dicen que la inescrutable voluntad de Dios no debe ser puesta en duda. Millones de personas sostienen esta creencia, pero no tan fuertemente como lo hacían cien años atrás.
3. La teoría de la reencarnación, tan familiar para todos mis lectores, está llegando a ser crecientemente popular en Occidente; siempre fue aceptada en Oriente (aunque con muchas adiciones e interpretaciones tontas). Dicha enseñanza ha sido tan distorsionada como las enseñanzas de Cristo, Buda o Shri Krishna, por sus teólogos de mente estrecha y limitada. Los básicos fundamentos de un origen espiritual, de un descenso a la materia, de un ascenso por medio de las constantes encarnaciones en la forma, hasta que esas formas sean expresiones perfectas de la conciencia espiritual que mora internamente, y de una serie de iniciaciones, al finalizar el ciclo de encarnación, están siendo más rápidamente aceptados y reconocidos como nunca lo fueron.
Tales son las principales soluciones a los problemas de la inmortalidad y de la supervivencia del alma humana; que aspiran responder a la eterna pregunta del corazón humano respecto a cuándo, por qué, dónde y adónde. (17296/8)
(6) Dentro de los próximos años la realidad de la supervivencia y de la eternidad de la existencia, habrán dejado de ser una incógnita para convertirse en una convicción. No quedarán dudas de que el hombre al abandonar el cuerpo físico continúe siendo una entidad viviente y consciente. Se sabrá que continúa su existencia en un mundo más allá del físico y que vive, está despierto y es consciente. Esto se comprobará de diversas maneras, por:
a. El desarrollo de un poder dentro del ojo físico del ser humano que.., revelará el cuerpo etérico... y se verá que los hombres ocupan ese cuerpo.
b. El creciente número de personas que tienen el poder de emplear... “el tercer ojo”..., que ha despertado nuevamente, demostrará la inmortalidad... porque verá fácilmente al hombre que ha abandonado sus cuerpos etérico y físico.
c. Un descubrimiento, en el campo de la fotografía, comprobará la supervivencia.
d. Por medio de la radio, con el tiempo se establecerá comunicación con aquellos que han pasado al más allá, y esto se convertirá en una verdadera ciencia.
e. El hombre será sensibilizado a tal grado de percepción y contacto, que le permitirá ver a través de las cosas y revelará la naturaleza de la cuarta dimensión, y fusionará en un nuevo mundo los mundos subjetivo y objetivo. La muerte ya no inspirará terror y desaparecerá el temor particular que provoca. (17304/5)
(7) Resultará evidente que cuando la humanidad logre esta perspectiva sobre la muerte y el arte de morir, toda la actitud de la raza humana sufrirá un benéfico cambio. Esto irá a la par, a medida que el tiempo transcurre, de una sensibilidad humana en los niveles telepáticos; los hombres serán cada vez más inteligentes y la humanidad se enfocará acrecentadamente en los niveles mentales. Esta sensibilidad telepática será un fenómeno común y corriente, siendo el espiritismo actual una garantía de ello, aunque la seria distorsión existente se basa en gran parte en los ansiosos deseos de la humanidad, pero contiene muy poca telepatía verdadera. Actualmente la telepatía que existe entre el médium (esté o no en trance) y el pariente o amigo desaparecido, no existe entre aquel que ha experimentado la liberación de la muerte y el que todavía se halla en la forma. Esto debe tenerse siempre presente. Mientras tanto, donde la mente no es normalmente telepática, puede haber (aunque muy raras veces) la interposición de una mediumnidad, basada en la clarividencia y clariaudiencia, pero no en el trance. Aún así esto precisará establecer un contacto totalmente astral por medio de un tercero, y estará basado en el espejismo y el error. No obstante será un paso adelante para las actuales sesiones mediumnímicas, que simplemente ignoran al muerto, respondiendo solamente al interesado lo que el médium lee en su aura. Los recuerdos de la apariencia personal, las reminiscencias significativas acumuladas en la conciencia del que pregunta, y la vana ilusión de pedir consejos, pues cree que porque ha fallecido es más inteligente que antes. Cuando el médium a veces logra establecer una verdadera comunicación, se debe a que el solicitante y la persona fallecida son tipos mentales, por lo tanto se establece una verdadera sensibilidad telepática entre ellos, la cual es captada por el médium.
La raza va progresando, desarrollándose y haciéndose cada vez más mental. La relación entre los muertos y los vivos debe y deberá existir en los niveles mentales, antes de los procesos de integración; la verdadera interrupción de la comunicación se producirá cuando el alma humana esté reabsorbida en la superalma, antes de volver a encarnar. La realidad de que se establece comunicación hasta ese momento, destruirá completamente el temor a la muerte. En el caso de los discípulos que trabajará en el Ashrama de un Maestro, este proceso de integración no constituirá siquiera una barrera. (17293)
(8) Veremos así emerger gradualmente en el mundo un gran grupo de síquicos entrenados cuyos poderes son comprendidos, actuando en el plano astral con tanta inteligencia como cuando lo hacen en el plano físico, y preparándose para expresar los poderes síquicos superiores, percepción y telepatía espirituales. Estas personas constituirán oportunamente un grupo de almas vinculadoras, mediando entre los que no pueden ver ni oír en el plano astral, por ser prisioneros del cuerpo físico, y los que son igualmente prisioneros del plano astral, por carecer del mecanismo físico de respuesta.
Por lo tanto, la gran necesidad no es de que cesemos de consultar y entrenar a nuestros psíquicos y médium, sino de que los entrenemos correctamente y los protejamos inteligentemente, vinculando así, por su intermedio, los dos mundos, el físico y el astral. (1318/9)
(9) A medida que pasa el tiempo y antes de finalizar el próximo siglo, se comprobará que la muerte no existe tal como se la comprende ahora. La continuidad de conciencia será tan ampliamente desarrollada y tantos hombres de tipo elevado actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará firmemente establecido y científicamente controlado, llegando a su fin, felizmente, la actuación de los médium de trance. (4219)
(10) Quisiera señalar además, que la mediumnidad de trance, tal como se la llama, debe ser inevitablemente reemplazada por esa mediumnidad del hombre o la mujer clarividente o clariaudiente en el plano astral y que, por lo tanto, en plena conciencia vigílica y con el cerebro físico alerta y activo, puede ofrecerse como intermediario entre los hombres que poseen cuerpos en el plano físico (y, por lo tanto, son ciegos y sordos en niveles sutiles) y quienes han descartado sus cuerpos, y están impedidos de toda comunicación física. Este tipo de síquico puede comunicarse con ambos grupos, y su valor y utilidad como médium está más allá de todo cálculo cuando tiene una mente centrada o altruista, pura y dedicada al servicio. Pero en el entrenamiento al que se sometan deberán evitar los actuales métodos negativos y, en vez de “tratar de desarrollar la mediumnidad” en un silencio vacuo y expectante, deben esforzarse por actuar positivamente como almas, y permanecer consciente e inteligentemente en posesión del mecanismo inferior de sus cuerpos; además deben saber qué centro de ese cuerpo emplean mientras trabajan síquicamente, y aprender a observar, como almas, el mundo de ilusión en el cual emprenden el trabajo; desde su posición elevada y pura deben ver con nitidez, oír con claridad e informar con exactitud, y de este modo servir a su era y generación, haciendo del plano astral un lugar bien conocido de actividad familiar y acostumbrando al género humano a llevar una existencia donde sus semejantes experimenten, vivan y sigan el sendero. (13.16/7)
(11) En la venidera era acuariana la humanidad establecerá una cultura sensible a los valores espirituales más sutiles y superiores, más una civilización libre de espejismo y de gran parte de la ilusión que hoy cobra a los pueblos arios, y traerá una vida racial que será incorporada por esas formas que eliminarán la brecha que existe en la actualidad, libre de lo que ahora conocemos como enfermedad del peor tipo, aunque prevalecerán, lógicamente, la muerte y ciertos tipos de desintegración corporal que pueden conducir eventualmente a la muerte. El vencimiento de la muerte no se produce por la eliminación de los males corporales, sino estableciendo esa continuidad de conciencia que conduce del plano físico de la vida, a la existencia subjetiva interna. Grupos como el tercero pueden ser los custodios de este estado del ser, siendo su problema, por lo tanto, desarrollar esa continuidad de conciencia que abrirá las “puertas a la vida y disipará el temor a lo conocido que desaparece”. (13.42/3)
PARTE II Nuestras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos considerado a la muerte como un horrible final, pero en realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada. (1948) PARTE II(1) Nuestro tema será ahora, la liberación de la naturaleza corporal por el proceso de la muerte... Ante todo trataremos de definir este misterioso proceso al cual están sujetas todas las formas, y que frecuentemente sólo constituye el fin temido, temido por no ser comprendido. La mente del hombre está tan poco desarrollada que el temor a lo desconocido, el terror a lo no familiar y el apego a la forma, han provocado una situación en la que uno de los acontecimientos más benéficos en el ciclo de vida de un encarnado Hijo de Dios, es visto como algo que debe ser evitado y postergado el mayor tiempo posible. La muerte, si sólo pudiéramos comprenderlo, es una de las actividades que más hemos practicado. Hemos muerto muchas veces y moriremos muchas más. Muerte es, esencialmente, cuestión de conciencia. En cierto momento estamos conscientes en el plano físico; en otro, nos retraemos a otro plano y estamos allí activamente conscientes. En la medida en que nuestra conciencia se identifica con el aspecto forma, la muerte continuará manteniendo su antiguo terror. Tan pronto nos reconozcamos como almas y hallemos que somos capaces de enfocar a voluntad nuestra conciencia y sentido de percepción en cualquier forma o plano, o en cualquier dirección dentro de la, forma de Dios, ya no conoceremos la muerte. La muerte para el hombre medio es un fin desastroso, pues implica la terminación de todas las relaciones humanas, la cesación de toda actividad física, la ruptura de todos los signos de amor y afecto y el tránsito (involuntario y disconforme) a lo desconocido y temido. Es lo mismo que salir de una habitación iluminada y agradable, cordial y familiar, donde están reunidos nuestros seres queridos, y pasar a la noche fría y oscura, solo y aterrorizado, esperando lo que vendrá y sin ninguna seguridad. Pero las personas olvidan por lo general que todas las noches, durante las horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro lugar. Olvidan también que han adquirido ya la facilidad de dejar el cuerpo físico, porque aún no pueden conservar en la conciencia del cerebro físico los recuerdos de esa muerte y el consiguiente intervalo de vida activa, y no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos “al exterior” por un periodo más largo. Pero el proceso del sueño diario y el proceso de la muerte ocasional son idénticos, con la única diferencia que en el sueño el hilo magnético o corriente de energía, a través de la cual corren las fuerzas vitales, se mantiene intacto, y constituye el camino de retorno al cuerpo. Con la muerte, este hilo de vida se rompe o corta. Cuando esto ha acontecido, la entidad consciente no puede volver al cuerpo físico denso, y al faltarle a ese cuerpo el principio de coherencia, se desintegra. (4358/9) (2) 1. Temor a la muerte. Está basado en: a. El terror, en el proceso final del desgarramiento en el acto de la muerte. b. El horror a lo desconocido y a lo indefinido. c. La duda respecto a la Inmortalidad. d. El pesar por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos. e. Las antiguas reacciones a las pasadas muertes violentas, arraigadas profundamente en el subconsciente. f. El aferrarse a la vida de la forma, por estar principalmente identificados con ella en la conciencia. g. Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, siendo ambas, perspectivas desagradables para cierto tipo de personas. Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagradable es la sensación instantánea y abrumadora de peligro y destrucción inminente, y algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evolucionados, la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se produce esa situación denominada “atados a la tierra”. Los vínculos, que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor personal por quienes han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación. Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a que está muy acostumbrado, percibiendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él durante las veinticuatro horas (hablando en términos de tiempo del plano físico) en vez de las breves horas de sueño en la tierra. (4218/9) (3) Otro temor que induce a la humanidad a considerar la muerte como una calamidad es el que ha inculcado la religión teológica, particularmente los Protestantes fundamentalistas y la Iglesia Católica Romana: el temor al infierno, la imposición de castigos, comúnmente fuera de toda proporción a los errores cometidos durante una vida, y el terror impuesto por un Dios iracundo. Le dicen al hombre que debe someterse y que no hay escapatoria posible, excepto por medio de la expiación vicaria. Como bien saben, no existe un Dios iracundo, un infierno ni tampoco la expiación vicaria. Sólo existe un gran principio de amor que anima a todo el universo; existe la Presencia de Cristo, indicando a la humanidad la realidad del alma y que somos salvados por la vivencia de esa alma, y que el único infierno que existe es la tierra misma, donde aprendemos a trabajar por nuestra propia salvación, impulsados por el principio de amor y de luz e impelidos por el ejemplo de Cristo y el anhelo interno de nuestra propia alma. Esta enseñanza acerca del infierno nos recuerda el giro sádico que la Iglesia Cristiana, en la Edad. Media, dio al pensamiento y a las erróneas enseñanzas establecidas en El Antiguo Testamento, acerca de Jehová, el Dios tribal de los Judíos. Jehová no es Dios, ni el Logos planetario, ni el Eterno Corazón de Amor que Cristo reveló. A medida que estas erróneas ideas vayan desapareciendo, será eliminado, de la mente del hombre, el concepto del infierno y reemplazado por la comprensión de la ley que hace al hombre lograr su propia salvación en el plano físico, lo cual conducirá a corregir los males cometidos durante sus vidas en la tierra y que oportunamente le permitirá “limpiar su propia pizarra”. No trato aquí de imponerles una discusión teológica; sólo procuro señalar que el actual temor a la muerte debe ceder su lugar a una inteligente comprensión de la realidad y ser sustituido por el concepto de continuidad, que niega toda interrupción, y acentuar la idea de que existe una vida, una Entidad consciente, que adquiere experiencia en muchos cuerpos. (17.291) (4) En el próximo siglo se observará que la muerte y la voluntad tendrán inevitablemente un nuevo significado para la humanidad y desaparecerán la mayoría de las antiguas ideas. La muerte, para el hombre común reflexivo, constituye un momento de catastrófica crisis. La cesación y fin de todo lo amado, lo familiar y lo deseable, la irrupción en lo desconocido e incierto, y la abrupta terminación de todos los planes y proyectos. No tiene importancia cuánta fe pueda haber en los valores espirituales, ni cuán esclarecido sea el razonamiento de la mente acerca de la inmortalidad, ni tampoco cuán concluyente se evidencie la supervivencia y eternidad; siempre existe una duda, el reconocimiento de la posibilidad de que todo termina y la negación y fin de toda actividad, de todas las reacciones cardíacas, de todo pensamiento, emoción, deseo, aspiración y de las intenciones enfocadas alrededor del núcleo central del ser del hombre. El anhelo y la determinación de sobrevivir y el sentido de continuidad, todavía dependen, aun para el creyente más ferviente, de una probabilidad, de una base inestable y del testimonio de otros, que en realidad nunca han vuelto para contar la verdad. El énfasis de toda idea acerca de este tema concierne al Yo central o la integridad de la Deidad. (1894) (5) El instinto de autoconservación tiene su raíz en un innato temor a la muerte; mediante la presencia de ese temor, la raza ha luchado hasta alcanzar el presente punto de longevidad y resistencia. Las ciencias que conciernen a la preservación de la vida, al conocimiento médico en la actualidad, y a las proezas de la comodidad de la civilización, todo ha surgido de este temor básico. Todo ha tendido hacia la conservación del individuo y su persistente condición de ser. La humanidad persiste, como raza y reino de la naturaleza, y el resultado de la tendencia a ese temor, trae la reacción instintiva de la unidad humana a la propia perpetuación. (4447) (6) Ansío que capten la enseñanza que ya he dado, antes de entrar en la faz explicativa o nueva. Estúdienla con cuidado para que el tema de la muerte pueda configurarse en sus mentes con más firmeza y sensatez. Traten de obtener un nuevo ángulo del tema y procuren ver la ley, el propósito y la belleza de la intención, detrás de lo que hasta ahora ha sido el mayor terror y temor. Posteriormente trataré de darles una vislumbre del proceso de la muerte tal como lo registra el alma, cuando inicia el acto de restitución. Esto podrá parecerles especulativo o hipotético; en todo caso constituirá una afirmación cuya exactitud pocos de ustedes podrán comprobar. Pero, seguramente, puede ser más sensato y saludable, más sólido y bello, que la actual oscuridad y enfermiza esperanza, o la desafortunada especulación y frecuente desesperación que se cierne en la actualidad sobre cada lecho de muerte. (17322) |
| PARTE XIII Entonces es emitida una Palabra. El descendente punto de luz asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de donde emanó. A esto el hombre le llama muerte y el alma le llama vida. (17345) PARTE XIII(1) Quisiera que imaginaran (simbólicamente) a un hombre en plena encarnación, arraigado en su faz de experiencia, y a un hombre que se retira de esa experiencia. Significa la repetición, en pequeña escala, del gran proceso planetario de involución y evolución; concierne a esas actividades que producen un enfoque o polarización en cualquiera de las dos direcciones; se asemeja a lo que podría considerarse un proceso de verter vida y luz en un recipiente, en el plano físico, y a la intensificación de la radiación de esa vida y luz, de índole tan potente que, debido al poder evocador del alma, ambas son retiradas y acumuladas en el centro de vida y luz del que originalmente provinieron. He dado (si pudieran reconocerlo) una definición de la iniciación, pero con una fraseología fuera de lo común. Quizás algunas líneas extraídas de El Manual de la Muerte, que existe en los archivos jerárquicos, podrían explicar y ayudar a adquirir una nueva perspectiva acerca de la muerte. Este manual contiene lo que se denomina "fórmulas que preceden al Pralaya", las cuales tratan de todos los procesos de la muerte o abstracción, abarcando la muerte de todas las formas, ya sea la muerte de una hormiga, de un hombre o de un planeta. Las fórmulas conciernen únicamente a los dos aspectos de vida y luz, la primera está condicionada por el Sonido y la segunda por la Palabra. Los escritos a que me refiero conciernen a la luz y a la Palabra que la abstrae de la forma o la enfoca en la forma: “Ten presente oh chela, que en las esferas conocidas, la luz sólo responde a la PALABRA. Sabe que esta luz desciende y se concentra; sabe que desde su punto de enfoque escogido ilumina su propia esfera; sabe también que la luz asciende y deja en la oscuridad aquello que, en tiempo y espacio, ha iluminado. A este descenso y ascenso los hombres le llaman vida, existencia y muerte; a esto Nosotros, que hollamos el Camino Iluminado, le llamamos muerte, experiencia y vida. La luz que desciende se anda en el plano de la apariencia temporaria. Extiende siete hilos, y siete rayos de luz pulsan a lo largo de estos hilos. De allí son irradiados veintiún hilos menores, haciendo que los cuarenta y nueve fuegos fulguren y ardan. En el plano de la vida manifestada surge la palabra: He aquí, ha nacido un hombre. A medida que la vida prosigue, aparece la cualidad de la luz; puede ser tenue y brumosa, o radiante, clara y brillante. Así los puntos de luz dentro de la Llama pasan y repasan, vienen y van. A esto los hombres lo denominan vida, la verdadera existencia. Así se engañan ellos mismos, sin embargo cumplen el propósito de sus almas y se adaptan al Plan mayor. Entonces es emitida una Palabra. El descendente y radiante punto de luz asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de donde emanó. A esto el hombre le llama muerte y el alma le llama vida. La Palabra retiene la luz en la vida; la Palabra abstrae la luz y sólo queda Ese que es la Palabra misma. Esa Palabra es Luz. Esa Luz es Vida, y Vida es Dios”. La manifestación del cuerpo etérico, en tiempo y espacio, contiene en sí lo que ha sido esotéricamente llamado “los dos momentos brillantes”. Tenemos, primero, el momento previo a la encarnación física, cuando la luz descendente (trayendo vida) se enfoca con toda su intensidad alrededor del cuerpo físico y establece una relación con la luz, innata en la materia misma, que existe en cada átomo de sustancia. Esta luz enfocada se concentra en siete zonas de su círculo infranqueable, creando así siete centros mayores que controlarán su expresión y existencia en el plano externo, esotéricamente hablando. Es un momento de gran esplendor, transformándose casi en un punto de luz palpitante convertido en una llama, y como si dentro de esa llama los siete puntos de intensificada luz adquirieran forma. Este elevado punto en la experiencia de la venida a la encarnación tiene lugar, durante un breve período antes del nacimiento físico. Ello determina la hora del nacimiento. La siguiente fase del proceso, tal como la ve el clarividente, es la etapa de interpenetración, durante la cual “los siete se convierten en veintiuno y luego en los muchos”, la sustancia luz, el aspecto energía del alma, comienza a compenetrar el cuerpo físico, y se completa el trabajo creador del cuerpo etérico o vital. El primer reconocimiento de esto en el plano físico es el “sonido”, proferido por el niño recién nacido, culminando el proceso. El acto de la creación, por el alma, se ha completado; una nueva luz brilla en un oscuro lugar. El segundo momento brillante se produce a la inversa de este proceso y anuncia el período de restitución y abstracción final, por parte del alma, de su propia energía intrínseca. La prisión de la carne es disuelta mediante el retiro de la luz y la vida. Los cuarenta y nueve fuegos dentro del organismo físico se apagan; su calor y luz son absorbidos por los veintiún puntos menores de luz, que a su vez son absorbidos por los siete centros mayores de energía. Luego es pronunciada la “Palabra de Retorno” y el aspecto conciencia, la cualidad, la luz y la energía, del hombre encarnado, son abstraídos del cuerpo etérico. El principio vida es retirado también del corazón. Le sigue el brillante surgimiento de una luz eléctrica pura y el “cuerpo de luz” rompe finalmente todo contacto con el vehículo denso, se enfoca durante un breve período en el cuerpo vital y luego desaparece. El acto de restitución se ha realizado. Todo el proceso de enfoque de los elementos espirituales en el cuerpo etérico, con la subsiguiente abstracción y la consiguiente disipación del cuerpo etérico, debería ser grandemente acelerado, sustituyendo la cremación al entierro. (17344/6) (2) Se han hecho preguntas: ¿Qué actitud adopta El Tibetano acerca de la cremación y en qué condiciones debería efectuarse? Es algo afortunado y feliz que la cremación se vaya imponiendo acrecentadamente. Dentro de poco tiempo la tarea de sepultar a los muertos en la tierra será contraria a la ley, y la cremación obligatoria una medida saludable y sanitaria. Desaparecerán eventualmente esos lugares síquicos e insalubres llamados cementerios, así como la adoración a los antepasados va desapareciendo tanto en Oriente con su culto a los antepasados como en Occidente, con su igualmente estúpido culto a la posición social heredada. Mediante la aplicación del fuego, todas las formas son disueltas; cuanto más rápidamente se destruye el vehículo físico humano, con más rapidez se rompe el aferramiento del alma que se retira. Muchas tonterías se dicen en la literatura teosófica actual acerca de la ecuación tiempo, en relación con la destrucción secuencial de los cuerpos sutiles. Sin embargo, debe decirse que en cuanto se ha establecido científicamente la verdadera muerte (por el médico ortodoxo a cargo del caso) y se ha asegurado que no queda una chispa de vida en el cuerpo físico, entonces es posible la cremación. Esta total o verdadera muerte acontece cuando el hilo de la conciencia y el hilo de la vida han sido retirados totalmente de la cabeza y del corazón. El respeto y la mesura tienen exacta cabida en este proceso. La familia del muerto necesita pocas horas para adaptarse al hecho de la desaparición inminente de la forma externa y comúnmente amada; debe también cumplirse debidamente con las formalidades exigidas por el estado o la municipalidad. Este elemento tiempo se refiere principalmente a los que quedan, a los vivos y no a los muertos. La pretensión de que el cuerpo etérico no debe ser precipitadamente cremado y la creencia de que debe deambular durante un período determinado de varios días, no tienen tampoco una verdadera base. No existe una necesidad etérica para esta demora. Cuando el hombre interno se retira de su vehículo físico, lo hace simultáneamente del cuerpo etérico. Es cierto que el cuerpo etérico puede deambular por un largo período en el “campo de emanación”, cuando el cuerpo físico es enterrado, y frecuentemente persistirá hasta la total desintegración del cuerpo denso. El proceso de momificación, tal como se practicó en Egipto. y el embalsamiento, tal como se practica en Occidente, han sido responsables de la perpetuación del cuerpo etérico, a veces durante siglos. Esto es particularmente así cuando la momia o la persona embalsamada fue un individuo malo durante su vida; el ambulante cuerpo etérico a menudo es “poseído” por una entidad mala o una fuerza maligna. Esta es la causa de los ataques y desastres que frecuentemente persiguen a quienes descubren antiguas tumbas y sus moradores, las antiguas momias, y desentierran a ellas y sus posesiones. Donde se practica la cremación no sólo se logra la inmediata destrucción del cuerpo físico y su restitución a la fuente de sustancia, sino que el cuerpo vital también rápidamente se disuelve y sus fuerzas son arrastradas por la corriente ígnea al depósito de energías vitales. Siempre constituyó parte inherente a este depósito, el poseer ya sea una forma o un estado amorfo. Después de la muerte y de la cremación estas fuerzas aún existen, pero son absorbidas en un todo análogo. Reflexionen sobre esta afirmación, porque proporcionará la clave del trabajo creador del espíritu humano. Si es necesario esperar debido al sentimiento de la familia o a los requerimientos municipales, la cremación debería hacerse dentro de las treinta y seis horas; cuando no hay razón para esperar, la cremación puede hacerse doce horas después. Sin embargo, es prudente esperar doce horas a fin de asegurarse que se ha producido la verdadera muerte. (17355/6) (3) La cremación, esotéricamente hablando, es necesaria por dos razones importantes. Acelera la liberación de los vehículos sutiles (que aún envuelven al alma) del cuerpo etérico, produciendo así la liberación en pocas horas en lugar de unos cuantos días; es además un medio muy necesario para purificar el plano astral e impedir al deseo “la tendencia al descenso”, que obstaculiza grandemente al alma encarnante. No encuentra ningún punto de enfoque, porque el fuego repele esencialmente el aspecto de crear formas que posee el deseo, y es una expresión mayor de la divinidad con la que no tiene una verdadera relación el plano astral, siendo enteramente creado por el alma humana y no por el alma divina. La afirmación de La Biblia “nuestro Dios es un fuego consumidor”, se refiere al primer aspecto divino, el aspecto destructor que libera la vida. “Dios es Amor” significa el segundo aspecto, y presenta a Dios como existencia encarnada. La expresión “Dios es un Dios celoso” describe a Dios como forma, circunscripto y limitado, autocentrado y no exteriorizado, o sea, el Sonido destructor, la Palabra de atracción, el Lenguaje individualizado. En el momento de la muerte, desaparece el lenguaje a medida que se enuncia la Palabra y se lleva a cabo la restitución; luego la Palabra ya no se oye, porque el Sonido la elimina o absorbe, produciéndose entonces la total eliminación de todo lo que interfiere al Sonido. Entonces sobreviene el Silencio, y el Sonido mismo ya no se oye; después del acto final de la integración viene la profunda paz. Tenemos así descrito, con fraseología esotérica, todo el proceso de la muerte. (17346) (4) Sería inteligente si estudiáramos esta décima ley en forma más detallada, en lo posible, para llegar a la síntesis que está destinada a impartir: de esta manera comprenderemos que la muerte misma es parte del creador proceso sintetizador. Es esencial la introducción de nuevas ideas y un nuevo acercamiento al problema de la muerte. Atiende, oh Discípulo, al llamado que el Hijo hace a la Madre, y luego obedece. Aunque el texto de la frase da a entender que se refiere al abandono del cuerpo físico, es útil recordar que dicha paráfrasis puede significar mucho más que eso. Puede ser interpretada como significando la entera relación del alma y la personalidad, e implica la rápida obediencia de la Madre (la personalidad) al Hijo (el alma). Sin esta rápida obediencia, involucrando, como lo hace, el reconocimiento de la informante Voz, la personalidad permanecerá sorda al llamado del alma para abandonar el cuerpo. No ha adquirido el hábito de responder. Quisiera que reflexionen sobre las implicaciones. Sé que estoy recapitulando, cuando señalo que el aspecto Madre es el aspecto materia, y el alma en su propio plano es el Hijo. Este mandato, por lo tanto, concierne a la relación de materia y alma, estableciendo así el fundamento para todas las relaciones que el discípulo debe aprender a reconocer. Aquí no se exige obediencia, es incidental a la acción de oír; luego le sigue la obediencia, como próximo desenvolvimiento. Este proceso es muy fácil, aunque no lo crean. La diferencia, relativa al proceso de la obediencia, es interesante, porque el proceso del aprendizaje por el oído es siempre lento y una de las cualidades o aspectos de la etapa de orientación. El aprendizaje por la vista está definidamente conectado con el sendero del discipulado, y quien quiere llegar a ser un verdadero trabajador inteligente debe aprender a distinguir entre los que oyen y los que ven. La comprensión de esta diferencia conducirá a hacer cambios básicos en la técnica. En un caso, se trabaja con quienes están definidamente bajo la influencia y control de la Madre y necesitan entrenamiento para ver. En el otro, con quienes han oído y están desarrollando la analogía espiritual de la vista, y son por lo tanto, susceptibles a la visión. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su propósito. Esta palabra, o “anunciación espiritual” del alma, puede tener un doble propósito: producir la muerte o simplemente el retiro del alma de su instrumento, la triple personalidad. En consecuencia, podría dar por resultado que la forma quede inanimada y el cuerpo sin ningún morador. Cuando ello sucede, la personalidad (y con esto quiero significar el hombre físico, astral y mental) continuará funcionando. Si posee una cualidad elevada, muy pocas personas se darán cuenta de que el alma está ausente. Con frecuencia ocurre en las personas dé edad o en los casos de enfermedades graves, y puede durar años. A veces le sucede a los niños, entonces sobreviene la muerte o la imbecilidad, pues no hubo tiempo para entrenar los vehículos de la personalidad inferior.. Una pequeña reflexión acerca de la “Palabra anunciadora” arrojará mucha luz sobre esas circunstancias consideradas desconcertantes y los estados de conciencia que hasta ahora han constituido problemas casi insolubles. El principio mente entonces se organiza, a sí mismo, y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se desprende. La mente actúa como agente autoritario en el proceso de la muerte aquí referido, trasmitiendo al cerebro (donde está localizado el hilo de la conciencia) las instrucciones para retirarse. Entonces el hombre que se halla dentro del cuerpo, las retransmite al corazón (donde está anclado el hilo de la vida), y luego como ya se sabe comienza el proceso de retirarse. Lo que transcurre en esos interminables momentos previos a la muerte, nadie lo sabe, pues ninguno ha vuelto para contárnoslo. Si alguien lo hubiera hecho, surgiría el interrogante: ¿quién lo creerá? Probablemente nadie.
El primer párrafo de la décima ley se refiere a la salida del cuerpo (significando el aspecto forma del triple hombre inferior), el aspirante común inteligente, considerando esta ley desde una de sus correspondencias inferiores; sin embargo, de acuerdo a esta misma Ley de Correspondencias, la muerte de todos los hombres, desde el tipo más inferior hasta inclusive el aspirante, se caracteriza básicamente por el mismo e idéntico proceso; la diferencia existe en el grado de conciencia evidenciada, conciencia del proceso e intención. El resultado es el mismo en todos los casos: El alma queda liberada. Este momento de verdadera liberación puede ser breve y fugaz en el caso del hombre subdesarrollado, o de larga duración, de acuerdo a la utilidad que preste el aspirante en los planos internos; de esto me ocupé anteriormente y es innecesario repetirlo. Progresivamente, a medida que los anhelos e influencias de los tres les inferiores de la conciencia debilitan su aferramiento, el período de disociación es cada vez más largo, y se caracteriza por una desarrollada claridad mental y por un reconocimiento del ser esencial, y ello en etapas progresivas. Tal claridad mental y progreso quizá no llegue a realizarse y expresarse plenamente cuando tiene lugar el renacimiento, pues las limitaciones impuestas por el cuerpo físico denso son excesivas; no obstante, cada vida ve un constante crecimiento de la sensibilidad y también la acumulación de información esotérica, utilizando la palabra “esotérica” para significar todo lo que no concierne a la vida normal de la forma o la conciencia término medio del hombre en los tres mundos. (17496/8) (5) ¿Cuál es el resultado de dicha extracción, o más bien, qué es lo que causa ese algo que llamamos muerte o pralaya? Debido a que hemos adoptado el estilo de un libro de texto, continuaremos en este tratado con nuestros métodos de clasificación. La extracción del doble etérico del hombre, de un planeta o de un sistema se debe a las causas siguientes: a. Cesación del deseo. Debería ser el resultado de todo proceso evolutivo. La verdadera muerte, de acuerdo a la ley, se produce por haberse alcanzado el objetivo y por haber cesado la aspiración. Esto sucede cuando el ciclo perfecto llega a su término, respecto al ser humano individual, al Hombre celestial y al Logos Mismo. b. Logro de la vibración adecuada y la realización del trabajo por la reducción y cesación gradual del ritmo cíclico. Cuando la vibración o nota se siente o emite perfectamente, produce (en el punto donde se sintetiza con otras vibraciones) ]a total desintegración de las formas. El movimiento se caracteriza, como sabemos, por tres cualidades: 1. Inercia. 2. Movilidad. 3. Ritmo. Las tres se experimentan sucesivamente en el orden indicado y presuponen un periodo de actividad lenta, seguido por otro de máximo movimiento. Este período intermedio (cuando se busca la nota exacta y el grado de vibración) produce incidentalmente períodos de caos, de experimento, de experiencia y de comprensión. A continuación de estos dos tipos de movimiento (que caracterizan al átomo, al Hombre, al Hombre celestial o grupo y al Logos o la Totalidad) viene un período de ritmo y estabilización, en que se alcanza el punto de equilibrio. El pralaya es la consecuencia inevitable de la fuerza equilibradora, que trae equilibrio a los pares de opuestos. c. Separación del cuerpo físico del cuerpo sutil, en los planos internos, mediante la desintegración de la trama. Esto tiene un efecto triple: Primero. La vida que ha animado a la forma física (tanto densa como etérica) y que partiendo del átomo permanente “compenetró lo activo y lo estático” (lo que se encuentra en Dios, en el Hombre celestial, en el ser humano, lo mismo que en el átomo de la materia), se recoge totalmente dentro del átomo en el plano de abstracción. Este “plano de abstracción” es distinto para cada uno de los entes implicados: a. Para el átomo físico permanente, es la esfera atómica. b. Para el hombre, es el vehículo causal. c. Para el Hombre celestial, es el segundo plano de vida monádica, lugar donde habita. d. Para el Logos, es el plano de Adi. Estos puntos indican dónde desaparece la unidad en el pralaya. Debemos tener presente que siempre es pralaya observado desde abajo. Desde la visión superior, que percibe lo más sutil cerniéndose constantemente sobre lo denso cuando no está en manifestación objetiva, pralaya es simplemente subjetividad, aquello que es esotérico no aquello “que no es”. Segundo. El doble etérico del hombre, el del Logos planetario, así como el del Logos solar, cuando se desintegra, ya no se polariza con su morador interno, y por lo tanto puede evadirse. Ya no es (para expresarlo en otras palabras) fuente de atracción ni punto focal magnético. Se convierte en no magnético, cesando de regirlo la gran Ley de Atracción, por eso la desintegración es la condición inmediata de la forma. El Ego ya no es atraído por su forma en el plano físico y, mediante la inhalación, retira su vida de la envoltura. El ciclo se acerca a su fin, ya se ha llevado a cabo el experimento, se ha alcanzado el objetivo el cual es relativo en cada vida y en cada encarnación, entonces ya no se desea nada; el Ego o ente pensante pierde su interés por la forma y dirige su atención internamente. Cambia su polarización y, con el tiempo, abandona el cuerpo físico. Similarmente, el Logos planetario durante Su ciclo mayor (la síntesis o conglomerado de los minúsculos ciclos de las células de Su cuerpo) sigue el mismo curso; cesa de ser atraído hacia abajo o hacia afuera, y dirige Su mirada hacia adentro; recoge internamente el conglomerado de pequeñas vidas dentro de Su cuerpo, el planeta, y corta la conexión. La atracción por lo externo cesa y todo gravita hacia el centro en lugar de dispersarse hacia la periferia de Su cuerpo. En el sistema, el Logos solar sigue el mismo proceso; desde Su elevado lugar de abstracción ya no le atrae Su cuerpo de manifestación porque ha dejado de interesarle, y los dos pares de opuestos, el espíritu y la materia del vehículo, se separan. Con esta separación el sistema solar, el “Hijo de la necesidad” o del deseo, deja de ser y sale de su existencia objetiva. Tercero. Finalmente se produce la dispersión de los átomos del cuerpo etérico, que vuelven a su condición primitiva. Se retira la vida subjetiva, se activa la síntesis de la voluntad y del amor. La sociedad se disuelve. Entonces la forma se desintegra porque el magnetismo que la mantenía coherente ya no está presente y la dispersión es total. Persiste la materia pero no la forma. El trabajo del segundo Logos termina, y la divina encarnación del Hijo llega a su fin. Pero la facultad o cualidad, inherente a la materia, persiste, y al fin de cada período de manifestación la materia (aunque vuelve a su forma primitiva) llega a ser materia inteligente activa, incorporando lo adquirido durante la objetividad y la acrecentada actividad latente e irradiante lograda por la experiencia. Permítaseme dar un ejemplo: la materia indiferenciada del sistema solar fue materia inteligente activa, y esto es todo lo que se puede afirmar de ella. Dicha materia inteligente activa era materia cualificada por una experiencia anterior y coloreada en una encarnación anterior. Ahora esta materia tiene forma, el sistema solar no se encuentra en pralaya, sino en objetividad; esta objetividad tiene por objeto agregar otra cualidad al contenido logoico, la cualidad amor sabiduría. Por consiguiente, en el próximo pralaya solar, al final de los cien años de Brahma, la materia del sistema solar estará coloreada por la inteligencia y el amor activos. Esto significa, textualmente, que el conjunto de materia atómica solar vibrará, con el tiempo, a un ritmo distinto que en los albores de la manifestación. Puede aplicarse este mismo razonamiento al Logos planetario y a la unidad humana, pues la analogía es perfecta. En pequeña escala, tenemos la analogía en el hecho de que en cada período de la vida humana el hombre ocupa un cuerpo físico más evolucionado y de mayor sensibilidad, sintonizado a una vibración más alta, más refinada, y vibrando a un ritmo diferente. Estos tres conceptos contienen mucha información si se estudian y amplían. d. La transmutación del color violeta en azul. Sobre esto no nos podemos extender. Simplemente lo exponemos, dejando su elucidación a los estudiantes cuyo karma se lo permita y su intuición esté suficientemente desarrollada. e. Mediante la extracción de la vida, la forma se disipará gradualmente. Resulta interesante observar la acción refleja, pues los Constructores y Devas superiores, agentes activos durante la manifestación, que mantienen la forma de un conjunto coherente, transmutan, aplican y hacen circular las emanaciones pránicas, y ya no les atrae la materia de la forma sino que dirigen su atención a otra cosa. En el sendero de exhalación (ya sea humano, planetario o logoico) estos Devas constructores (que se hallan en el mismo Rayo o en uno complementario al del ente que desea manifestarse) son atraídos por su voluntad y deseo, y realizan su tarea de construcción. En el sendero de inhalación (humano, planetario o logoico) ya no son atraídos, y la forma empieza a disiparse. Pierden su interés, y las fuerzas (entidades), agentes de destrucción, efectúan el trabajo necesario de destruir la forma; la dispersan (como se dice en ocultismo) a “los cuatro vientos del cielo” o a las regiones de los cuatro alientos, cuádruple separación y distribución. Aquí hay una sugerencia que merece un detenido estudio. Aunque no han sido descriptas, como era de esperar. se, las escenas desarrolladas en el lecho de muerte, ni la dramática evasión del palpitante cuerpo etérico a través del centro coronario, sin embargo se han dado algunas de las reglas y propósitos que rigen dicha evasión. Hemos visto que el objetivo de cada vida (humana, planetaria o solar) consiste en realizar y llevar adelante un propósito definido. Propósito que involucra el desarro110 de una forma más adecuada para uso del espíritu; una vez logrado, el Morador interno dirige su atención a otra parte, y la forma se desintegra después de haber llenado su cometido. Esto no siempre ocurre en cada vida humana ni en cada ciclo planetario. El misterio de la Luna es el misterio del fracaso. Conduce, una vez comprendido, a llevar una vida digna, ofreciéndonos un objetivo que merece nuestros mejores esfuerzos. Cuando este aspecto de la verdad sea reconocido universalmente, y lo será si la inteligencia de la raza se desarrolla suficientemente, entonces la evolución avanzará con certeza y los fracasos disminuirán. (3129/32) (6) Volvamos ahora a otro aspecto de nuestro tema. Existen, hablando en sentido más amplio, tres episodios principales de la muerte. Tenemos, ante todo, la constante repetición de la realidad de la muerte física, siéndonos familiar, si sólo lo comprendiéramos, por su extremada frecuencia. Este reconocimiento podría eliminar rápidamente el actual temor a la muerte. Existe también la “segunda muerte”, mencionada en La Biblia, que en este ciclo planetario está asociada con la muerte de todo control astral en el ser humano. En sentido más amplio, esta segunda muerte es consumada en la cuarta iniciación, donde también muere la aspiración espiritual, pues ya no es necesaria; la Voluntad del iniciado es ahora firme e inamovible y la sensibilidad astral ya no es necesaria. Existe una curiosa contraparte de esta experiencia en un nivel muy inferior, cuando tiene lugar la muerte de todas las emociones astrales del aspirante individual, en el momento de la segunda iniciación. Constituye un episodio completo y es conscientemente registrado. Entre las iniciaciones segunda y tercera el discípulo debe demostrar continuamente que no responde al astralismo y emocionalismo. La segunda muerte, a la que me refiero, tiene que ver con la muerte o la desaparición del cuerpo causal en el momento de la cuarta iniciación; ésta marca la terminación de la construcción del antakarana y la institución de una relación directa, ininterrumpida y continua entre la Mónada y la personalidad. La tercera muerte tiene lugar cuando el iniciado abandona, en definitiva y sin perspectiva de retorno, toda relación con el plano físico cósmico. Esta muerte lógicamente está muy distante de todos los que pertenecen a la Jerarquía y en la actualidad sólo es posible y permisible para unos pocos de la Cámara del Concilio de Shamballa. Sin embargo no es un proceso por el cual pasará Sanat Kumara. El experimentó esta “transformación” hace muchos eones, durante el gran cataclismo que inauguró la era lemuria, inducido por Su experiencia cósmica y la necesidad de que afluyera energía desde Seres extraplanetarios. (17300/1) (7) Cuando todas las unidades o células del cuerpo... del Logos planetario.., hayan logrado la realización, también El se liberará de la manifestación densa y morirá físicamente. (17306) (8) Aquí tenemos el secreto del sufrimiento y la muerte planetarios. Nuestro Logos planetario (considerando la verdad desde el ángulo del macrocosmos) es, como saben, uno de los Dioses Imperfectos en La Doctrina Secreta, aunque perfecto más allá de nuestra comprensión humana, la comprensión de una unidad en cualesquiera de los reinos constituye Su cuerpo de manifestación. No existe por lo tanto un verdadero equilibrio entre el espíritu y la materia, aunque casi se ha alcanzado el punto de equilibrio, las fuerzas involutivas son aún muy potentes y las energías espirituales todavía se hallan frustradas, aunque no tanto corno antes en la historia humana; la próxima gran raza humana que seguirá a la actual, verá logrado un punto de equilibrio que introducirá la denominada edad de oro. (17446) (9) La muerte para el hombre es exactamente lo que parece ser la liberación del átomo; esto lo ha demostrado el gran descubrimiento científico de la liberación de la energía atómica. El núcleo del átomo ha sido dividido en dos. (Esta expresión es científicamente incorrecta). Este acontecimiento, en la experiencia de la vida del átomo, libera una gran luz y una gran potencia; en el plano astral el fenómeno de la muerte tiene un efecto un tanto similar y también un estrecho paralelo con el fenómeno producido por la liberación de la energía atómica. Cada muerte, en todos los reinos de la naturaleza, produce en cierta medida este efecto; destroza y destruye la forma sustancial y sirve así un propósito constructivo; este resultado es mayormente astral o síquico y permite disipar algunos de los espejismos circundantes. La destrucción de las formas en gran escala, llevada a cabo durante los últimos años de guerra, ha producido cambios fenoménicos en el plano astral y ha destruido gran parte del espejismo existente en el mundo, y esto es muy, pero muy bueno. Tales acontecimientos deberían dar como resultado menor oposición a la afluencia del nuevo tipo de energía; deberían también facilitar la aparición de ideas que contengan los necesarios reconocimientos y captar ahora nuevos conceptos; su introducción en el reino del pensamiento humano dependerá de la formulación de los nuevos “senderos o canales de impresión”, por los cuales la mente de los hombres podrá ser sensible a los planes jerárquicos y a los propósitos de Shamballa. No obstante, esto lo digo al margen. Mi proposición servirá para demostrar algunas de las relaciones que existen entre la muerte y la actividad constructiva, la gran utilidad de la muerte como un proceso de reconstrucción. Les impartirá la idea de que esta Gran Ley de la Muerte cuando rige la sustancia de los tres mundos es un acontecimiento benéfico y correctivo. Sin extenderme sobre ello, recordará que la Ley de la Muerte, que rige tan poderosamente los tres mundos de la evolución humana, es un reflejo de un propósito cósmico que rige los planos etéricos cósmicos de nuestro sistema solar, el plano astral y el plano mental cósmicos. La energía que produce la muerte, emana como una expresión del principio vida de esa VIDA mayor que abarca totalmente los siete sistemas planetarios, que en Sí Mismos expresan la Vida de nuestro sistema solar. Cuando, en nuestra reflexión y esfuerzo por comprender, nos introducimos en el reino de la abstracción pura, ha llegado el momento de detenernos y retrotraer nuestras mentes a los métodos prácticos del vivir planetario y a las leyes que rigen el cuarto reino de la naturaleza, el humano. (17369/70) (10) Por lo tanto podrá inferirse que el Arte de la eliminación es practicado en forma más definida y efectiva que la restitución del vehículo físico. Otro punto debe ser considerado. En el aspecto interno, los hombres saben que la Ley de Renacimiento rige los procesos experimentales de la vida del plano físico, y se dan cuenta, que antes de la eliminación de los cuerpos kámico (deseo), kamamanásico y manásico (mental), sólo pasan a través de un intervalo entre encarnaciones y que consiguientemente encaran dos grandes experiencias: 1. El momento (largo o corto de acuerdo al grado de evolución) donde se hará contacto con el alma o ángel solar. 2. Luego de ese contacto se produce una reorientación relativamente violenta hacia la vida terrena, que conduce a lo que se denomina “el proceso de descenso y llamado”, donde el hombre: a. Se prepara de nuevo para la encarnación física. b. Emite su propia y verdadera nota dentro de la sustancia de los tres mundos. c. Revitaliza los átomos permanentes, que forman un triángulo de fuerza en el cuerpo causal. d. Reúne la sustancia necesaria para formar sus futuros cuerpos de manifestación. e. Los matiza con las cualidades y características que ha adquirido mediante la experiencia de la vida. f. Organiza, en el plano etérico, la sustancia de su cuerpo vital, de tal modo que los siete centros adquieren forma y pueden convertirse en recipientes de fuerzas internas. g. Elige deliberadamente a quienes le proporcionarán la envoltura física densa necesaria, y luego espera el momento de la encarnación. Los estudiantes esoteristas harían bien en recordar que los padres sólo aportan el cuerpo físico denso. Aportan nada más que un cuerpo de cualidad y naturaleza particular, que proporcionará el necesario vehículo de contacto con el medio ambiente exigido por el alma encarnante. También pueden proporcionar relación grupal, en cierta medida, allí donde la experiencia del alma es prolongada y se ha establecido una verdadera relación grupal. Estos dos momentos críticos los enfrenta conscientemente el hombre desencarnado y sabe lo que está haciendo dentro de los límites establecidos por su grado de evolución. (17363/4) (11) Primero, el Eterno Peregrino, por propio libre albedrío y acuerdo, eligió “ocultamente” morir y tomar un cuerpo o una serie de cue |