EL VIAJE DE PEDRO GUZMAN

 

 

 

 

   

 

 Índice:

 

 

Prologo

 

Primera parte:

La salida (1)

Más al sur (2)

Un personaje perturbador (3)

El comienzo de un proceso esclarecedor (4)

Enseñanzas del camino (5)

Una herida cicatrizada en forma de hielo (6)

Estamos acá, hagámonos todas las preguntas (7)

 

Segunda parte:

Un “darse cuenta” alongado (8)

Cucáo el aviso (9)

Tepehuéico, iniciación cósmica, aventuras del sin nombre (10)

Se va armando el rompecabezas (11)

La nave grande (12)

Luces en Lonquén (13)

 

Tercera parte:

Una década después (14)

Algo más sobre el plano (15)

Un planeta nervioso (16)

Nuestro propio más alto destino (17)

Un viaje profundizante (18)

De paso al futuro (19)

Cosas de la tierra (20)

 

Cuarta parte:

Nuestra situación psico-clímica en el cosmos (21)

Óptica futura (22)

Aprendizaje sensible (23)

Fresca, disponible, accesible, silenciosa y desapegada (24)

 

Quinta parte:

Un estuario entre el pasado y el futuro (25)

El gran sentido común universal (26)

Sexo, humanidad y conciencia (27)

Apuntes del viaje (28)

                    

 


Escritos del Viaje

Prólogo

 

Todo empezó a comienzos del año 1991, en un viaje por el sur de Chile. Han pasado ya más de diez años desde que escribí  el manuscrito “Escritos del viaje” pensando algún día tal vez revisarlo, publicarlo, o simplemente guardarlo como “ayuda memorias de eventos memorables”, sin embargo lo dejé dormido por años, conscientemente abandonado esperando el momento oportuno de sentir el impulso y organizarlo, someramente, mas que nada ordenar y clarificar un poco su sintaxis, dejando  intacto su contenido original. Estos escritos son la realidad de lo que pasaba adentro y afuera de nosotros mismos en esos decisivos momentos. Las observaciones laterales vertidas como afirmaciones conceptuales, o reflexiones diversas, son solo el complemento inevitable, inseparable a una serie de vivencias extraordinarias, relacionadas con campos aún llamados sobrenaturales.

La vida es, nunca para, fluye siempre nueva, es altamente intencional, siempre en movimiento y aunque existe una muerte individual para cada ser, la vida misma permanece siempre intacta como una constante en la realidad, esa constante es una energía muy potente, madura, indescriptible, misteriosa para nosotros, muy distinta al foco del ego personalista con que usualmente encaramos esta vida. A ésta corriente o flujo más impersonal siempre existente pocos llegamos siquiera a conocerle, y menos a comprenderle, hasta la palabra impersonal saca rollos, casi como un obstáculo, y cuesta conceptualizarle, luego queda entonces un tanto velado y accesible solo en ráfagas de intuición o momentos de gracia; gran parte de la imaginería masivo religiosa, la poesía, las filosofías, las llamadas metafísicas y muchas otras instancias cognitivas de nuestro desarrollo, tan solo merodean su realidad. En esto hay que ser humildes, aún más si reconocemos que vamos en un viaje de profundización.

Nuestras vidas individuales nos muestran realidades cambiantes, impermanentes, impredecibles, muchas veces insatisfactorias, por eso nos cuesta entender como individuos lo que está tras el telón y permanece satisfactorio. Lo que hay en éstos escritos es solo un atestiguar un tanto pálido de lo que es y fue realmente experimentado en nuestro viaje, un intento de contar cuando ya contar no importa. Aquellos momentos fueron los inicios de una expansión vital continuada difícil de vervalizar. Los hechos vividos, los momentos comulgados, lo que pasó en aquel viaje, todo lo que trajo se sigue enriqueciendo continuamente en el presente.

Existe un gran libreto que contempla la harmonía en lo diverso, un universo que desde el Big Bang ha evolucionado en grados de complejidad crecientes suministrándonos cada vez más “consciencia de una consciencia”, la que potencialmente siempre ha estado. Es fácil diagnosticar la edad aproximada o el estado de consciencia medio de éste mundo, sin embargo es más difícil que desde allí o sea desde nuestro mundo social se vean y valoricen claramente estados que por cierto ciertas almas revisten y que los conecta por afinidad a planos paralelos más sutiles tan reales y normales como éste, tan reales como éste  mismo pliegue de tiempo en el que nos encontramos. Todo lo escrito acá es un testimonio de algo que simplemente nos sucedió, algo que sucede actualmente en este plano, es simple información que no amarra, que no persigue el lucro de imponer filosofías, dogmas tajantes, o fines que no sean relatar hechos e información desinteresada, meditable, no final, relacionada a los sucesos acaecidos. Sé que experiencias como las que van aquí relatadas  existen también para que sean compartidas. Son tal vez la excusa para tocar los temas que considero importantes, la anécdota de mi viaje es irrelevante al lado de la realidad que promueve. De alguna manera cuando se exprese el contacto pleno, quedará una historia sin tanta importancia pero bonita de lo que ha sido es y será la epopeya del acercamiento, por decir; entre la bella y la bestia. 

 

Pedro Guzmán C.

 

 

   

 

 


                            Primera parte, escritos del viaje

 

La salida.   Consideraciones iniciales (1)

Era principio de febrero de mil novecientos noventa y uno, partíamos a viajar por el sur de Chile. Nos preparábamos a salir con el mínimo equipaje, era partir con una tremenda sensación de libertad. Todavía en Chile resonaba el eco de la guerra del golfo, y el ambiente de la zona central parecía estar influido por toda esa densidad psico-atmosférica bastante degradatoria, exacerbada en ese momento por la oferta internacional de sangre y guerra. Cualquier acto bélico lo llamen justo o injusto siempre tiende a polucionar el alma colectiva, nos hace más inmunes a la conciencia, al tantra, al dharma, cielo, espíritu o como se le llame a esa la ley superior, ley superior sin dueño religioso ni oficina acá abajo.

Vivíamos en el campo cerca de la costa, como a ochenta kilómetros de Santiago, mucho verde, naturaleza. De pronto nos vimos entrando en el entorno inmediato, que estaba pesado, en el cual se sentía ese fluir neurótico del trafico, “brrrr”, apurado, impositivo, en conflicto, mezcla de anestesia y compulsión, en el que si no estas compungido y corriendo, eres un “outsider”, al modo; “no eres de los nuestros”, no es broma, son momentos de extrema lucha y excitación emocional, saldos de quizá que involuciones del animo, es tan evidente que no es necesario ser ni muy sutil o sensible para darse cuenta del clima mental de flagelo imperante, especialmente de violencia psicológica. Alguien que vivió desde la adolescencia con Allende y Pinochet sabe que de verdad hay días duros, y en cualquier parte, también en las carreteras. Claro que es entonces, cuando uno ve todas estas cosas reales, es que más se necesita amar, canalizar intenciones de amor para que sea contrarrestada la carga ambiental aversiva de negación, cortocircuito que se puede percibir como “auto compasión flotante molestada”, molestada porque el que está en estado grave le molesta ver manifestado lo contrario, tal como aquel que siendo desgraciado cualquier manifestación de libertad o felicidad le fastidia. El día estaba fuerte, eran “días de furia”, esos en que los camiones furibundos se pegan a los parachoques traseros de los otros vehículos apurando frenéticamente a la gente que va más lento o de paseo. De pronto acelerados conductores pasaban soltando basuras a la carretera como si nada, todo estaba más chabacano que nunca, un perfecto y típico cuadro de finales del siglo veinte. 

Pensábamos que a unos cien kilómetros de Santiago al sur se calmaría un poco ese trafalgar, pero el tiempo no pasa en vano, y el “progreso” sí se notaba en las cantidades de vehículos apretujándose por la ruta; también nos llamaban la atención las quemas al borde de la carretera, los inmensos potreros ardían en cantidad, parecía que todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo aquel día para quemar, había cantidades de fuegos, era casi como quemar por quemar. Tal vez había que limpiar hasta lo que no está sucio., quemar por costumbre. La carretera se veía cinematográficamente apocalíptica, pasamos por horas de kilómetros humeantes, la salida ya daba que comentar, nosotros sentíamos que un estado de dureza e inconsciencia brotaba por los poros, se nos hacía patente, acentuado en aquel periodo por la guerra, periodo en que la “fiesta” de la guerra del golfo se mostraba todo el día por  televisión, y de forma grotesca además, casi como quien transmite un partido de fútbol americano, una especie de liviano “war show” en vivo. Son cosas que influyen seguramente en el inconsciente colectivo social.

Cuando el hombre está así, agresivo, “sobrecargado”, la naturaleza no le sonríe, no le baila, se pone gris él y hasta el aspecto del día, son días de masacre a la naturaleza, catarsis pura, esos momentos en que no cabe la menor duda de que podemos ser como han dicho; una molesta sustancia tóxica, como un cáncer para la tierra y sus bellezas, desacralizándole, diezmándole, abusándole, “echándole para adelante no más”; ozono, clima, hábitat, perdida de sensibilidad, y la superficialidad de las políticas, “¡nuestras ideas!” ya todas cosas muy sabidas, el viejo; ¡échale pá elante nomá! Un estado de ensañamiento, que al final conduce a un descontento, un desencanto interior, una  falta de donaire evolutivo general, y una ácida indiferencia por lo profundo que nos rodea. Todo esto en el fondo de pura ignorancia, ninguna evasión resulta suficiente, ni suficiente es ningún contento cómodo. Viajábamos y a todos nos llegaba algo de ese instante de la realidad cultural, de ese fractal de vida, sea que lo intelectualicemos o no.

A la altura de Talca todavía eran frecuentes esas caravanas de camiones y  camionetistas de manejos vertiginosos pasándonos como flechas, tan estresados, y sin embargo para ellos tal vez era lo normal (estaban de moda unas camionetas chiquitas pero con mucho motor). En Talca como en otras pequeñas ciudades inmediatamente al sur de Santiago notamos habían al parecer cambiado la sana y cálida curiosidad pueblerina por la apática indiferencia, a veces por un semblante malhumorado y preocupado. Tan pocos años atrás que habíamos pasado y tanto cambio, ¡y que vivan los cambios cuando son buenos!, pero cuando va todo tan rápido, no hay tiempo para evaluar bien los cambios, vamos como lanzados, sin mucha sutileza. ¿Sabemos medir objetivamente la viabilidad de un proyecto desarrollista expansivo, su verdadero costo beneficio? La experiencia con el pasado nos muestra que no. Hablamos de la educación de nuestros hijos, pagamos colegios caros, y para que tanta lucha por tener si al final quizás vamos a terminar de otra forma. Creo que si los ciudadanos del futuro de esta misma tierra nos hablaran, lo que nos podrían decir es que estamos dejando una buena embarrada a nivel climático, además de otras que ellos también a la larga van a sufrir por nuestra ceguera. Nosotros de este siglo, a los del siglo catorce les podríamos así mismo decir algo similar por asesinar legal y estúpidamente a cientos de miles de mujeres acusadas de brujas, toca que estas mujeres eran las más sabias, con energías especiales, inquietas, nadie habla de lo que perdió el mundo gracias a esos santos abuelitos inquisitivos, como influyo en la auto censura del resto de las mujeres. Así es la vida, lo que mal haces hoy lo pagas mañana. La percepción de un futuro próximo algo plástico, esterilizado, despojado de misterio, tal vez domesticado y lo que es peor, sobre controlado, demasiado reglamentado, es algo terrorífico. Da susto un planeta recargado de personas y cosas, de falta de sabiduría para administrarlas, y por eso de complicaciones de todo tipo. La contaminación salvaje no es una simple imaginación majadera de ambientalistas naïf, el impacto se siente hasta muy lejos de las grandes ciudades, y ya daña en el ahora presente. Dramático es que estos no sean los temas, no nos gusta enfrentar el tema, crea angustia de impotencia, porque además cada cual hoy esta mas ocupado y forzado por subsistir en lo personal a como de lugar en un contexto de rapiña, rápido, despiadado, en extremo cambiante y egoístamente individualista. La sensibilidad utilitarista exagerada predomina imponiéndose como una maquinaria generadora de una modalidad gélida y entrópica, la cual no es fácil de revertir, porque; “ojos que no ven corazón que no siente”, es un problema complejo, de percepción, y tiene sus raíces. Igual todo va evolucionando, con un ritmo y una demora que trae sufrimiento a muchos.  

Hoy y siempre los que más “ven” o aquellos más susceptibles  pasan a ser los raros de estas culturas de masas, “los que sienten lo que otros no sienten, son los extraños”, muchos se des adaptan por esto y sufren. Así es aquí, son cosas ya sabidas y como aceptables desde la escuela, aceptables días de cárcel para muchas personas como Galileo que solo querían mostrarnos que la tierra era redonda, que era simplemente un planeta más dando vueltas a un sol. Son tantas las personas sabias como Galileo, que hoy más que nunca son puestas a prueba, en todo caso los resultados y desaciertos de nuestra civilización no se les pueden achacar a ellos que justamente nos advertían, quienes toman las decisiones que nos tienen complejizados han sido casi siempre otros...

Lo que a sido perturbador es que los llamados artistas de éstas épocas actuales, en vez de propiciar cambios evolutivos, a veces se convierten en unas especies de empleados de las empresas, que gravitan demasiado sobre ellos, gravitan precisamente sobre el creativo mas preocupado de trascender su personalidad que de servir de canal desinteresado de tipo más generoso y profundo. En el arte estamos viviendo la perversión de la vanguardia por moda y comercio, cualquier vanguardia que se precie hoy esta tapada, confundida entre la masa de ofertones menores, por lo menos ayer el arte sutil era más obvio e identificable por toda la sociedad, hoy existen una serie de rayados e inmaduros admiradores de cualquier tipo de cosa, los medios incitan a comprar pomada, que bueno por la diversidad que eso también suceda y tenga su lugar, sin embargo; ¿Cuantas personas quedan inermes y frías ante lo sublime, indiferentes, apáticas, incapaces de valorizar lo mas profundo del arte, solo porque no tiene valor en el mercado? Son muchas las implicancias de este fenómeno, que si se quiere profundizar está hace tiempo la variada literatura adecuada para ello, se puede por ejemplo sin entrar en paranoia leer un libro ya más que cincuentón que anticipa la crisis mundial y revela parte de este fenómeno social; “La rebelión de las masas” del ensayista Español José Ortega y Gasset, una tesis pavorosa, algo le apuntó, no será exacto pero anda bastante parecido. No pretendo ahondar entre detalles y ejemplos interminables sobre la “crisis de agotamiento” de toda una era, o descifrar in extenso su etiología. Ver las cosas sin evadirse y al mismo tiempo no implicándose negativamente es el desafío, verlo todo en su sano equilibrio trae paz.

A veces el exceso trae perdida de emoción, lo que antes encandilaba hoy es trivial y mañana un tedio. Las soluciones han sido en parte anteriormente enunciadas por los habitantes más sabios del planeta, hoy y siempre muy desplazados por autoridades de menor criterio y rango evolutivo pero más voraces, de mayor ímpetu y ascendiente sobre el hombre promedio o de rol, hombre corriente de cualquier época, que por supuesto está más cercano a su lenguaje que al del hombre de mas complejidad, de más sabiduría. Esta ha sido una de las grandes tónicas sociales, en parte responsable de la crisis de embotellamiento en ciernes; en lo práctico lo que ha relentado el proceso cultural es; “la sabiduría y su dificultad de contacto con el pueblo”, la dificultad de reconocimiento y asenso a los liderazgos de estas corrientes de ideas y personas más sabias, agravado por todo un contexto de avidez más ignorante y orgulloso rodeando en temerosa defensa de sus intereses y mañas, sean éstas materiales o psicológicas; manipulan la psicología popular, conocen el marketing, la fuerza de la propaganda, ellos temen la sabiduría, la desprestigian para re afirmarse, se sabe que el clima de temor que propician las variables superiores y atinadas estimula cualquier tipo de violencia reaccionaria. Es increíble que las personas más amplias y sabias de hoy y ayer vivan especialmente incomprensibles al resto, mimetizadas, poco caladas por una humanidad en general inepta para aquello, desinteresada para reconocerlos verdaderamente y aprender de ellos, y ya casi no nos podemos dar ese lujo, sobretodo cuando el bote hace agua. En algunas tribus antiguas los hombres habían sabido casi siempre reconocer, identificar cuales eran sus sabios, sus brujos, el chaman dentro del grupo, el guía visionario de la tribu, “el inspirador de conexión, de interioridad, de sanación”, para decirlo de otra manera; el más mágico del lote, el más alimenticio y variado. A éste antes le brindaban un status especial en la tribu, era como un guía especialmente para la juventud y por razones obvias de numero se hacía mucho más fácil entonces su identificación en la comunidad, no pasaban inadvertidos, ni se perdían así como ahora estos sabios demiurgos entre las masas mundiales de personalidades de segundo orden repartidas entre las máximas posiciones haciendo sombra. Se sabe que prácticamente las mismas autoridades, que hoy gritan por las dificultades cada vez  mayores en la sociedad, como delincuencia, pobreza de toda índole, depresión, violencia, terrorismo, corrupción, etc., se sabe que son ellos mismos y sus antepasados castigadores, de un mismo psicotipo dominante, en parte los responsables de la inercia, de la rigidez, la estupidez, de la falta de soluciones de fondo, de proyección, humildad, y sobretodo de visión ecuánime. El problema nunca está en el equivocarse, está en pretender equivocadamente tener la razón y valerse de tabúes y prejuicios hondamente arraigados en la cultura para sacar ventajas e imponer un mal criterio, esa es la locura histórica desde antes hasta ahora, la simple soberbia heredada y re heredada, “muchos hombres que no ven niegan a los hombres que sí ven”, así la humanidad pierde la conducción más asertiva que podría tener, y eso es mucho.

Viajamos todo el día por carreteras, queríamos avanzar lo más al sur posible, alejarnos rápido de la zona central, no había cansancio, no había malestar, las ventanas que abre la sensibilidad para observar el plano desde un punto de vista crudo no eclipsaban nuestro animo viajero. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más al sur     (2)                               

Pasamos nuestra primera noche en Victoria, al día siguiente salimos del hotel bañados de sol matutino, partimos al sur por la carretera tumultuosa con una gran alegría en el  corazón, alegría por sí misma, más allá de nuestras percepciones o reflexiones en apariencia sombreadas. Cada vez más lejana iba quedando nuestra historia personal, solo éramos ese momento en nuestra nave a gasolina, ya más alejados del hormiguero, sin tanto pasado gravitándonos, como en los buenos viajes; abandonados al poder del instante mutante.

Llegamos al medio día a Temuco con pleno sol, allí fuimos a visitar el famoso mercado Temucano, presencia Mapuche y olores a comida picante bien sazonada. Poco antes habíamos estado conversando en la ruta sobre cosas tan abstractas, y aquí estábamos ahora, regateando artesanías con los indios en un juego pintoresco. Compramos dos bombos nativos que tocaríamos mas adelante en los bosques santos. Como olvidar el grandioso eco del monte, la mezcla musical de los sonidos animales allí presente, el recorrido de la brisa entre el follaje, la intensidad de nuestros sentimientos, la guitarra cantarina con el bombo tronador, la flauta jugando acompañada por los pájaros en una comunicación supramental llena de sentido.

Así que nos internamos más al sur por la región de los lagos, cerca de la cordillera de los andes, recorríamos los caminos maravillándonos con el campo y la luz tan pura del Sol, pasamos Villarrica y Pucón donde el ambiente era veraniego, por la tarde nos bañamos en las aguas del lago Calafquen frente a esos islotes vegetales llenos de árboles, que  recordaba haber pisado desnudo cuando chico; entonces corríamos gritando, saltando, jugando junto con otros amigos, leseando, moviéndonos como imitando a unos Neardenthal, simulando con palos en las manos, expresando una libertad infantil, cantando a coro, contentos, pisando fuerte en esa isla vegetal retumbadora de aguas transparentes con fondos de arenas blancas brillantes. Me paseaba por estas imágenes antiguas como en racconto, no podía evitar cierta sensación especial, sobretodo cuando observaba la situación actual de esa zona otrora tan distinta. Muchos turistas recorrían los caminos, con todo derecho por supuesto, provenían de ciudades en las que ya se ha dejado atrás el conocimiento de los pequeños grandes secretos de la naturaleza, venían de ciudades en que el condicionamiento imperante los mantenía corriendo, dudando, y así mismo seguían haciéndolo por los agrestes caminos rurales, a veces con una sensibilidad no muy a tono con el entorno, sobretodo para con sus sencillos moradores, bonitos ellos en su ligereza que no tiene esa altanera forma de ir por el mundo pisoteando fuerte, avasallando sobre seguros en su ignorancia, con la soberbia de quien se lo a comprado todo, contagiando neura a la transparencia de lo bucólico y puro. Ojalá me equivoque, pero todo cambia pensábamos, y todo puede cambiar mucho más dramáticamente, no hay que taparse los ojos, esta civilización se caracteriza por restarle encanto a las cosas que aun no aprecia. Es perfectamente posible que a mediados del siglo veintiuno de seguir así las cosas, al modo “échale pá delante no más” se va a ver una tierra ya muy poco romántica, desencantada, repletada de seres humanos hijos de gobiernos incultos espiritualmente, idiotizados por la severidad, la cantidad de reglas Orwelianas, más la insensibilidad que promueve la complejidad y frialdad del sistema que a esas alturas nos tendrá saturados de artefactos y mucha entretención light, tal vez también queden unos pocos parques nacionales semi-naturales muy reglamentados con muchas áreas de picnic a la americana, en un todo dispuesto para un turismo normal cómodo, y otro más activo, ruidoso, estresado, deportivo o de pseudo aventura. Puede no ser muy fácil en el futuro contar con espacios contemplativos naturales para quienes no pidan más que eso.

A pesar de todas estas alarmantes visiones, nuestro animo se aquietaba al contacto con estas áreas menos pobladas del planeta, y no hay mejor psiquiatra, mejor balanceador interno que esto; en el fondo allí en lo alejado de esos parajes se percibe lo obvio, al hombre no se le pasa por alto así no mas como en la ciudad, aquí más lejos se comienza a jerarquizar mejor, valorando la vibra, respetando, sacralizando algo más las relaciones humanas, tomando en cuenta al espíritu con frescura, naturalmente ayudado por un entorno sin tanta distorsión. Sintomáticamente mientras más austral viajábamos, la gente nativa estaba más bonita, menos inquisitiva, prejuiciosa, intolerante, orgullosa, y de veras se sentía la descompresión. Se podría decir que en estas zonas más naturales la madre tierra absorbe con su ritmo la neurosis del ego como si existiera una ecología de la sanidad relacionada con él número de seres humanos habitantes por kilómetro cuadrado. Una relación número de hombres por kilómetro cuadrado más baja ayuda, cualquiera se da cuenta, menos los de menor sensibilidad, los mismos que hacen las nuevas poblaciones para los pobres en los suburbios, para que millones vivan hacinados en un metro cuadrado, saben muy bien tener su lugar retirado campestre, son muchas las contradicciones. Quizás porque el hombre es el ser más conflictivo con su medio ambiente, conflictivo incluso con sus iguales, sus pares, incluso con sus propios parientes, por eso en aquellos parajes sureños su mayor ausencia se siente relajante. En cambio, el lugareño nativo de esos páramos por su honda valorización de lo esencial cuando la tiene, de su medio ambiente misterioso pleno de magia y belleza; sintoniza mejor la realidad final.

Una de las cosas más sabrosas que puede degustar un espíritu humano es la sensación de libertad producida por el “abandono”, el estado ese de viaje sin lastres físico-mentales, completamente desatado, en conciencia, libres entonces de necesidades cotidianas tóxicas, solo existir atestiguando la tremenda simpatía del gran jardín. Cosas como ciudades marinas flotantes, playas artificiales, hoteles nichos, no solo son el sueño del imaginario japonés, hoy por hoy son muchos los adeptos de este estilo, consciente e inconscientemente, ya sea por inexperiencia juvenil o adormecimiento. Tarde o temprano la verdad se impone y madura el alma, claro que a cualquier costo. La persona de alma más sutilizada que no vibra con la lucha, la guerra, la actualidad maigazinesca, la copucha y tantas otras malas impresiones que son casi sádicas de estos tiempos (los ritmos antinatura, la acción fabril, el exceso de astucia, la hipócrita frialdad, etc.). El “ser” mas elevado y sensible, el yo mayor, no anhela sufrir, ese ser interior y exterior espera que nos calmemos y hagamos lo menos daño posible con nuestra expansión demográfica descontrolada, inmadura, compulsión en la que el precio de la barbarie lo pagarán también los que vengan mañana, y por un buen rato dolerá hasta que se logren establecer los nuevos balances y ajustes necesarios que equilibren madurez técnica con madurez existencial.

De pronto viajando por los caminos sureños aparecen otras personas, caminantes, personas oriundas, de tipo sencillas no competitivas. Las leyes de la oferta y la demanda producen sus estragos sociales en lugares muy poblados, un economista tecnócrata habiloso diría; “Exceso de oferta de persona humana contrae su demanda afectiva”, es así como se deprecia la esencia de la relación., Hemos comenzado a ser muchos para tener sana y simpática curiosidad de unos a otros, ya nos trivializamos, nos molestamos, perdemos intimidad, entonces valores principales como la compasión se sumergen. Como aquí en estos parajes alejados la relación hombre-naturaleza es equilibrada fue muy natural por ese factor “oferta demanda” encontrar gente más encantada con la relación, que cariñosamente nos abría sus puertas sin desgano ni temor a abrirse, y eran capaces de “vernos”, a pesar de que éstas amables personas ya estaban un poco cambiando, obligadas a desconfiar un poco más por efecto de tanta gente afuerina de paso poco delicado. Las gentes del sur profundo son personas muy poco ávidas de querer ver siempre algo bajo el agua, o de sospechar a priori, por eso no me era grato verla defraudada, no queríamos ver morir poco a poco esa tremenda inocencia, es esa ausencia de mente negativa la que les da tanta belleza, y pasa que por las malas experiencias con la gente de ciudad, adquieren sensato cuidado, y con razón se protegen más, claro que a cambio de esta defensa algo más mágico en ellos se va esfumando poco a poco. Es caro el precio del mal progreso, confuso creador de condicionamientos, inercias y automatismos regresivos, en definitiva, mala calidad de vida. Desperfilamos todas las realidades que no queremos asumir, hasta saber de ciertas realidades se hace difícil, no hay tiempo para ver las raíces cuando las ramas nos mantienen tan ocupados. 

Adentro del jeep los cinco viajeros llevábamos un mar de ver, tantas cuestiones, conceptos abstractos, diálogos profundos, un cierto sentimiento ambiente entre nosotros, que al salir a   la calle a caminar, al hablar con las personas lugareñas y simultáneamente ver y escuchar televisores encendidos, radios parlanchinas, noticias de diarios, las cosas típicas, lo mismo de siempre, nos marcaba un particular contraste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un personaje perturbador    (3)

Suave fue nuestro aterrizaje en Panguipulli, bonito lugar enlace de lagos, nos comunicábamos, hablábamos cálidamente con personas sencillas nunca antes vistas; era el gusto por los encuentros incidentales, joviales, desatrancados... En este pueblo había un quiosco de diarios con dos niñas dentro, y se produjo una empática relación con ellas, tal vez demasiado espontánea para un hombre tipo convencional seguramente Santiaguino que se nos acercaba a paso rápido; era de estilo autoritario, se le notaba que no soportaba nuestra comunicación alegre, fluida, cercana, y menos le gusto tal vez su belleza y humildad. Este señor de pronto nos interrumpió demandando la atención a viva voz de las muchachas en forma autoritaria e imperativa, provocando en todos nosotros alrededor un sentimiento ambiente de oscuridad y retraso, pobre, nos quedamos todos “plop” mirando con desagradable sorpresa, pidió dos periódicos de esos que siempre se nutren con el dolor espectacularizándolo, lucrando con él, comercializando lo feo y sucio del acontecer colectivo día a día en primera plana, adormeciendo más al pueblo con crímenes y estímulos inferiores, creando tensión, pésimo alimento social para el alma envuelta en su rutina diaria desprevenida., “Todo sea por el tiraje”... De ese populoso mundo parece que venia este caballero, fue tan notoriamente avasalladora su actitud que cuando exigió los dos periódicos amarillistas me llego a desplazar del lugar, a correr a un lado físicamente con su vibra, me saco literalmente del lugar en que estaba ocupándolo él, me nació rauda y espontáneamente decir, más bien me brotó, la palabra “basura”, lógicamente con más relación a los diarios que él duramente pedía, lo que volvió a producir algo fuerte en todos, lo que dije fue como una bomba subliminal, esa persona quizás no entendió nada, quedo pensando o se hizo simplemente el sueco, entonces hubo como una sacudida energética, un movimiento físico, y el personaje se apartó hacia atrás, así volví otra vez naturalmente a mi sitio original junto a las chicas que a esa altura estaban cómplicemente sonrientes. Un perfume muy fuerte salía de su chaleco impecable de cachemira rosado inundando el espacio de esta situación milimétrica. Se sacudió algo incomodo, y las chicas del quiosco esbozaron otra sonrisa de esas que parecen decir; que bueno que pase algo en este pueblo soñoliento de vez en cuando. Todo sucedió como que no sucedió, subrepticiamente y como en voces bajas, subliminales. Él me pareció como alguien re conocido, tal vez un pequeño funcionario del régimen anterior, en aquel entonces Aylwin recién comenzaba su mandato, se mantenía muy fresco todo lo del tiempo de Pinochet. De cualquier forma nos sentimos todos con el sabor de una situación cómica pero tensa. El inusitado turismo emergente provoca el avance de un tipo poco sensible a esos contornos, lo podíamos corroborar, seguramente gente que debió haber decidido hace poco cambiar vacaciones en Reñaca por vacaciones en el sur, cosas de la moda. Como escribía con anterioridad, muy joven leí a Ortega y su rebelión de las masas, en él se describe básicamente con más de cincuenta años de anticipación el tipo de sociedad futura a esperar, me parecía más lejana en aquel entonces que lo leí, sin duda un libro fuerte, allí en ese momento algo persistentemente me lo recordaba.

Todo parecía suceder demasiado rápido, intenso, otra vez íbamos sentados viajando hacia el sur, a solas los cinco, otra vez en un camino rodeado de vegetación, estaba oscuro como boca de lobo, tan pacifico, silencioso, un llamado a meditar, nosotros sintiendo y presintiendo el momento actual y algo del futuro cercano para aquellos lugares que algún día sirvieron de remanso para el espíritu. No hacía tantos años de mí ultimo viaje al sur y sin embargo ya estaba comenzando su cambio, era notorio, yo iba con un cierto dolorcito... ¿Y si con todo con el tiempo va a ser lo mismo?, ¿donde quedara algo sin domesticar para ir a conectarse con Dios en su creación más nativa, salvaje, y espontánea? Nos preguntábamos con cierta melancolía mientras viajábamos, es que todo esto nos importaba demasiado, yo no tengo ideología sectaria temporal ni soy de ningún movimiento de ecología profunda ni de nada que ataque verdaderamente nada, es simple sentido común, religiosidad sin religión. Recuerdo que “Osho” con su humor sabio decía que Dios debía de ser un salvaje, porque es mucho más fácil encontrárselo en este tipo de lugares más naturales, sobretodo de naturaleza espontánea. Yo estaba pasando un momento especial en mi vida, no estaba deprimido, pero estaba como al final de un largo ciclo, estaba como el siglo, viejos elementos que antes me movían ahora estaban perdiendo su significación, estaba tal vez muy susceptible con respecto a situaciones medioambientales y de lesa humanidad, no encontraba mi lugar, adonde hacer mi aporte en un mundo que vive permanentemente en crisis, y al mismo tiempo se da el gusto de ser ultra light, sentía venir una época uniforme (unifome) de mediocres consensos generales. Yo no me sentía nada de perfecto tampoco, solo que lo extremo de todo el cuadro era evidente y me implicaba emocionalmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El comienzo de un proceso esclarecedor  (4)

Manejando en la completa oscuridad de la noche, por esos caminos sureños, se me vino una imagen de fantasía a la mente, lo llamaré un “etéreo grama,” visión en la que veía a un vehículo acercándose en sentido contrario, era como un huevo esférico de vidrio transparente desde el que me saludaban con su expresión facial tres personas de aspecto muy evolucionado, solo fue algo que imagine al pasar, un clip de imaginación inesperada, fueron décimas de segundos, me impacto la simpatía en los rostros de aquellos tres seres que “Vd.”, su familiaridad, el estado interior que emanaba de ellos, era algo contagioso, reconfortable, me quede con un sentimiento, seguramente había algo en mi que le costaba aceptar la verdad del plano en que me encontraba, una rebeldía, una soledad acompañada, una cosa es saberlo y otra resistirla, y creo que hasta aquella época (épica), yo padecía de espaciados pero recurrentes brotes de intolerancia a la frustración, en los que mi ego continuamente se quejaba en silencio y a veces no tan en silencio de que el hombre fuese el lobo del hombre, este asunto me sangraba. Nos detuvimos en la berma y bajamos a respirar hondo en el medio de un silencio total. A ambos lados de nuestros costados había un bosque nativo impenetrable, era noche sin luna, se podía ver la vía láctea impresionante, y sentíamos la necesidad de botar de una vez todas las malas impresiones pasadas, en el fondo el rencor de nuestra propia des adaptación. Reconocimos una cierta descompresión, entonces formamos un circulo entre nosotros, y sacudimos nuestros brazos como salpicando hacia abajo con las manos a la tierra, en un gesto simbólico de botar, arrojar, descargar. Después de esta relajación quedamos mirando las estrellas, habían millones, mientras tanto se paraba toda esa verborrea intro mental.

Lo que viene aquí a continuación de alguna manera inició un proceso de cambio en nuestras vidas, no hay novelación, no hay ficción. Mirábamos las estrellas arrobados y justo encima casi en el cenit del cielo cruzaba el espacio una luz blanca del tamaño de una estrella de mediana dimensión, cuando alguien de nosotros la señaló la pude ver e inmediatamente obtuve la certeza de estar frente a lo desconocido, extraterreno, sabía que no era un satélite, aunque iba recto se desplazaba en un muy leve zigzag aumentando y disminuyendo su propia luminosidad. Primera vez que estaba frente a un fenómeno de esta naturaleza, nunca dude de la existencia de estos mismos, o de la existencia de la vida extraterrestre, pero de allí a estarlo viviendo así personalmente, y al mismo tiempo con otros testigos, eso era otra cosa, esto ya no era un gesto de la imaginación, una visión imaginativa, por muy inspirada que fuese. Sin duda por sus características era un ovni, inmediatamente ni me lo pregunte, me dirigí a ellos en pensamiento y les pedí mental y vocalmente detenerse, para nuestro asombro en ese mismo instante se detuvo totalmente arriba sobre nosotros, fue impactante, todos quedamos helados, petrificados de estupor, emocionados mirábamos el firmamento de estrellas con un sentimiento de encuentro, de reunión, todas las intuiciones de una vida se estaban confirmando en ese instante, solo me falto aullar y gritar ¡eureka!, casi me caía de espaldas impresionado, todos lo estábamos. La “luz” se mantuvo sobre nosotros, el ovni dibujaba pequeños círculos al derredor sobre su eje, muy lentamente, la noche estaba preciosa, con miles de estrellas titilantes por todas partes del cielo. En otros sectores celestes descubrimos observando que alrededor de las estrellas comunes y corrientes se movían otras que no eran precisamente estrellas, distinguiéndose por sus lentos giros, pequeños movimientos en redondo, eran varias, y sorpresivamente estaban como adrede mostrándose, impúdicamente revelándonos que no eran propiamente unas estrellas sino otros cuerpos cósmicos en el firmamento. Que fácil les era mimetizarse y pasar desapercibidos así como pequeñas estrellas. Un estado místico (transpersonal) se acentuaba en nosotros, como que orábamos en silencio maravillados, todo alrededor se transformo en oración, exudábamos frases como; “tal vez siempre han estado allí como estrellas entre las estrellas”, y otros comentarios propios de un darse cuenta de gran asombro, comprendíamos que eran capaces con solo quedarse detenidas de pasar inadvertidas, era claro que dependía de ellos si mostrarse o no, y los sentíamos tan cerca a pesar de estar aparentemente tan lejos, me sentía agradecido de esta comunicación, y por que no decirlo hasta reafirmado de que lo que sentía con respecto al estado de cosas mundial no era solo mi hiper sensibilidad, porque cuando uno se siente un poco solo y extraño a la realidad de éste establishment te bajan muchas dudas, yo sentí que corroboraban nuestro estado. Eran más de diez luces que sobresalían entre las estrellas, moviéndose, ya esperábamos cualquier cosa, existía profunda comunicación, se hizo patente que no era necesario un contacto tan físico de ser a ser, con esto bastaba.

Mientras todo esto se estaba manifestando, de pronto notamos a unos cincuenta metros de nosotros entremedio del bosque una luz muy especial, opaca, verdosa, que resplandecía sin emitir sombras, muy parecido al efecto producido por la luz fría o de gas fluorescente, todo eso ya era mucho. No nos sentíamos aún aptos para un encuentro tan mayor, que en el momento intuíamos como algo inminente, yo quería acercarme a la luz, sin embargo lo impedía un cierto temor a encontrarnos con lo desconocido, sobretodo de forma tan frontal, aunque íntimamente lo deseábamos, solo que nuestra falta de preparación se hacía manifiesta, elocuente, especialmente en Carolina mi pareja, llegando en ella a ser un malestar al estómago, así se fue a sentar al jeep desde donde me rogaba que por favor nos fuéramos. Si antes reflexionábamos o filosofábamos con cierta nostalgia, ahora con los niños allí en ese momento lo hacíamos embriagados de renovadas esperanzas.

Por el camino solitario, mientras que todo este evento nos estaba sucediendo, a nuestras espaldas pasó apurado un gran camión, con un sonido que se fue rápidamente perdiendo en la distancia, abstraídos como estábamos me llamó distante y someramente la atención al pasar, era muy tarde, después decidimos movernos, seguir de viaje.

A través de lo que las antiguas escrituras orientales denominaban como; “conocimiento acertado” allí supe que me faltaba todavía un buen trecho en cuanto a purificación evolutiva personal, no era una novedad pero esa era la sensación más latente y profunda que había quedado de esta experiencia, sumado a una conciencia de ser más objetiva, de más amplitud de campo.

Emprendimos  viaje, de pronto por el camino un hombre de cierta edad nos hacia señas con un pañuelo desde la berma, nos detuvimos, señaló su camión estacionado más adelante, dijo que algo le había pasado al motor, que estaba en pana, nos pidió que lo lleváramos al próximo pueblo; “Los lagos”. Le  dije que sí, dándome cuenta de que se trataba del mismo chofer del camión que antes pasó apurado por el lugar de nuestra primera experiencia con las naves. En el auto nos fuimos conversando animadamente todo el camino, al final del viaje nos invitó a comer y después mas tarde a quedarnos a dormir en su casa, era gente sureña sencilla, acogedora. Alicia su esposa resultó ser muy amorosa, puso la mesa con todo cariño, ella poseía una entusiasta curiosidad, necesidad muy profunda de conversar, sobretodo de cosas espirituales, sobre Dios, el cosmos, la conciencia. Estaba siendo un encuentro significativo para todos, sucedía una suerte de actualización entre nosotros, ¿acaso no necesitamos todos vivir periódicamente renovando, el sentido de lo maravilloso? Algunos necesitan de dogmas o grandes templos en su respetable intento, otros mantienen vivo el interés adentro, reconociendo en lo hondo de su propia esencia el rumor del conocimiento silencioso, que es como la intuición de la existencia de un pozo profundo en uno mismo y los demás, un yo sabio del cual extraer las exquisitas facultades de lo abstracto, en un contacto con el espíritu más impersonal de los fenómenos, ya no tan amarrado al sujeto como personaje, al experimentador separado, descubriendo en sí que el experimentador es lo experimentado.

Era interesante encontrarse en esas circunstancias con una persona como Alicia, tan apasionada en la búsqueda como nosotros, con interrogantes profundas y una natural gran  religiosidad sin religión, más compañera, más cercana de las leyes y verdades de la vida que de las ingenuas mentiras atávicas de los hombres. A medida que avancen los años se recorrerán esos caminos mucho más cercanos de la intuición que de la costumbre, y no serán tan necesarias las grandes instituciones mediadoras de lo trascendente, y no se crea que la gente por apartarse de sus templos se apartará de Dios en absoluto, todo lo contrario, será el re-acomodo de un espíritu adolescente que empieza a encontrarle un sentido mas profundo y ecléctico a su búsqueda, que empieza a oradar la profundidad de su propio amor. Primero fuimos sub humanos, después humanos y ahora viene el tiempo de pasar a ser hombres de conciencia objetiva, al verdadero modo de un autentico tricerebral avanzado, es la fase que comienza a entreverse, un solo gran sentido común colocando todo en su lugar, en su justa dimensión, sin grandes polémicas infantiles, un gran y variado entendimiento tácito. Claro que aquí en éste tiempo, aún en esta era, primero hay que discutirlo todo, polemizar, contemporizar, se discute todo casi por placer, una lucha múltiple de valores e intereses, de egos y creencias variadas en conflicto, mucha polémica, bla bla, bla, todo en un contexto simplón de puro silabario, todo controversia, a veces bastante brutal, al más puro y viejo estilo; “ley de la selva”, con una gran y categórica ley de Moraga,  “cada uno aferrado a sus dioses” como dice la canción.

A medida que los años vallan pasando, y pesen en la conciencia global, el consenso objetivo se va ir imponiendo naturalmente, haciéndose más fuerte decantará su modalidad más fina de tolerancia y comprensión, mientras tanto “la bestia” pega sus últimos coletazos, la prueba está en a pesar de todo lo visto, no perder el humor. Este consenso en la objetividad traerá convergencia armónica que lejos de ser una uniformación masificadora, será todo lo contrario, con su amplia tolerancia y respeto por el “juego”, por la ausencia de temor, que permitirá el desarrollo de bellezas individuales y colectivas insospechadas, lo que antes se consideraba una utopía especialmente por la gente mas retrograda del plano, será entonces algo natural, irán perdiendo importancia aquellos pequeños detalles que hacían que la sociedad perdiera perspectiva y se ahogara en un vaso de agua. Hoy el cambio se presiente, se va notando más claramente cual es el tipo o modo recesivo y cual es el progresivo, lo más difícil para esta nueva era será lidiar con los remanentes recesivos, y divisivos, que zanjan sus disputas por medio de comportamientos y actitudes que el hombre progresivo jamás utilizaría dado a su mayor alcance y su multifacética percepción de las cosas de la vida, sobretodo en un tiempo en que todavía las justificaciones para llevar tanto lastre las dan también todos esos llamados "males necesarios" que acepta la sociedad, leyes torcidas, cuerpos legales coercitivos, instituciones nacionales defensivas, existe una lista enorme de los llamados “males necesarios” cuyo mas notorio ejemplo es la guerra, estos males necesarios afortunadamente se irán haciendo cada vez más innecesarios con el tiempo, son tantas las cosas buenas que se pueden hacer si solo se las deja hacer.   

 

Enseñanzas del camino   (5)

Nuestro viaje continuaba rumbo sur con destino no preconcebido, la naturaleza era bella, transportadora, una inmensa alegría nos estaba inundando, refrescante, sublimadora, nuestros silencios eran brujos, poseían una cualidad musical, existía un animo debelador, sobretodo en la palabra fluida que a veces nos transitaba. Canalizábamos fuentes muy altas de nosotros mismos, amábamos más natural e intensamente que nunca, nos asombrábamos como recién nacidos, sobretodo de cosas que al común de las personas ni les interesan, vivíamos el stress de anticiparnos a la época del “reality”, algunas de nuestras típicas frases drásticas como; “este planeta es muy demasiado bello, no se lo merecen” eran amorosamente reemplazadas después por otras más magnánimas y ecuánimes como; “no hay yo, no hay ellos”,  “el encuentro lo era todo”, de pronto salían algunas mas cómicas; “donde los negocios no son tan importantes todavía se puede ver la vida”. Eran sentimientos mezclados, una extraña sensación de irritabilidad frente a los millones de seres humanos que semejaban marchar como hormigas insensibles, como adormecidos, y ante lo más obvio resistentes, renuentes, renuentes a lo sabio, al Dharma podría decir alguien Budista. Por otro lado no me bastaba con el simple darme cuenta de todas estas cosas o con el corregir en mí ciertos errores generacionales hereditarios, al contrario, se me hacía patente también mí propia parte insoslayable de humanidad pérdida, de humanidad aún a medio hacer en el camino, en formación. No me quería perder nuevamente en un cuadro personalista de aversión infantil, después de todo mi yo mayor sabía perfectamente que todo rechazo, toda aversión, no es mas que ego contrariado, error, fragmentación, separatividad. Sabía intelectualmente que la purificación consiste en amarlo todo, prácticamente amar hasta ser puro amor, algo demasiado grandioso para alguien que aun le cuesta no detestar a los numerosos repinches tiranos de todo tipo que pueblan nuestras idiosincrasias.

Todo ese olvido del alma que existe alrededor de los “centros urbanos civilizados” hiere al vidente poco ecuánime que esta hiper sensibilizado en un determinado momento del camino y rodeado de centros poco reforzadores del sentir sutil, entonces se siente aún mas solo, fuera de timing, a veces sin las condiciones típicas para nadar bien en ese barro, quizás no muy apto para vivir en un mundo en que el mayor ideal es ser un perfecto izquierdo, todo práctico, acorazado, alejado de su desprestigiado hemisferio mas abstracto.

Afortunadamente nos refrescaba una brisa de amor y compasión muy vigorosa, se decían al aire aforismos que en un esfuerzo alguien de nosotros intentaba capturar a veces en un papel, brotaban espontáneos como las risas, viajábamos en ese momento a pleno día por caminos rurales mucho más agrestes que la ruta principal. Intempestivamente algo rapidísimo llamó la atención a nuestros ojos; el cielo estaba cubierto de nubes y desde las nubes vimos unos relámpagos como de flash fotográficos que sucedían a intervalos cortos todo el tiempo, al principio uno quedaba descolocado pensando en lo visto, y también por la rápida secuencia del flash; era muy impresionante y fino el fenómeno, difícil de explicar, y se repitió todo el trayecto por horas y horas. Lo curioso fue que sucedían estos flash justo y exactamente en el lugar donde íbamos a posar la vista, incluso adelantándose claramente a nuestra próxima movida visual, de repente venían de arriba, otras del lado, y así adonde uno fijaba la vista allí estaban sucediéndose a intervalos, eran de una luz blanca, un flash rápido, el que brotaba de la misma masa de nubes grises y compactas en el cielo, sucedía en distintas frecuencias de tiempo, a veces seguido, otras mas distanciado, siempre en forma aleatoria. Todo era ya mucho para tan pocos días, podría ser también un caso atmosférico, solo que yo ni nadie había visto nunca algo semejante, en la forma ni en la inteligencia que demostraba que era algo apabullante, sobretodo al anticiparse tan claramente a nuestros movimientos oculares y por ende cognitivos, la sensación más clara que dejaba era; que lo que fuera esa inteligencia poseía el don de vernos desde adentro, de anticipar la dirección incluso de nuestro próximo enfoque o movida visual. Es casi intransmisible esta experiencia la que nos mantuvo por sendas horas en un aprendizaje sutil difícil de describir, y en una atmósfera de comunicación y recogimiento, de reverencia ante un poder de magnitud mostrándosenos abiertamente, enseñándonos a pesar de nuestras limitaciones obvias y humanas, y promoviendo un discernimiento mayor de ideas y sentimientos en todos. Cada flash nunca llego a una intensidad luminosa de cegarnos o siquiera molestarnos la vista, al contrario eran de una cualidad agradable, nos sacaban una exclamación silenciosa de sorpresa y fascinación, a veces bastaba que uno moviera los ojos un grado hacia arriba, abajo, o al lado, y venía este relámpago en esa precisa dirección, como adelantándose a nuestra propia movida voluntaria visual, si mi vista enfocaba rápidamente otro ángulo, ahí mismo estaba otra vez, llego a ser como un masaje víbrico intraocular, algo que interactuaba más allá del lenguaje. La sensación era que todo estaba en todo, y nosotros íntimamente visualizados por una fuerza desde adentro, había allí como una cierta falta de privacidad de la mente, no había un yo, había un “ello”, esa era la cuestión primordial atestiguada. Se podría decir que; “por fin la herramienta (la mente-ego) no se realzaba por sobre la mano que la empuñaba” (la conciencia), ecualizados estábamos con lo “noúmenal”, el campo de lo fenoménico también se nos amplificaba, se amplificaba como regalo del “ser en sí”... Llegamos de tarde a Puerto Varas, a orillas del lago Llanquihue, y hasta allí nos seguía esta fiesta de señales, seguida de corazonadas, canalizaciones, y una vivificante exaltación, se vivía a gran intensidad algo sin palabras. Estábamos maravillados mirando esa noche nublada a las orillas del lago, cuando caminando empezamos a notar en el cielo nocturno otro fenómeno, unos puntos anaranjados como pequeños filamentos incandescentes que se movían por el cielo a gran velocidad saliendo y entrando por la nube haciendo algo parecido a un tejido, varios a la vez mezclándose raudos, uniéndose a toda velocidad, describiendo círculos, formas curvadas, parábolas en la altura, había que mirar bien porque eran muy pequeños. Al principio dudé, no podía creer lo que estaba viendo, ya era demasiado, demasiado en tan poco tiempo, íbamos de una experiencia a otra, fueron horas de atestiguar esa energía y su constante juego aéreo, de alguna forma nos sentíamos acompañados, felices depositarios como de un secreto, de algo grande que se habría desencadenado entre nosotros y lo desconocido. Tarde por la noche antes de acostarnos todavía era visible esta verdadera fiesta enigmática, había una comprensión especial que emanaba de esta experiencia, difícil era que otras personas así no mas por la calle observaran todo esto pasando así porque sí, creo dado a que este fenómeno exigía cierta concentración inicial para inicialmente enfocar el evento, visualmente eran luminosidades muy pequeñas, y allí estaban, con veloces movimientos y giros, eran movimientos espirales nacidos de varios puntos como filamentos encendidos que al desplazarse a velocidad dejaban trazos lineales, líneas curvas como rayando el cielo de la noche, dibujando vueltas a toda velocidad, cruzándose entre sí, penetrando y desapareciendo en las nubosidades para después salir otra vez a gran velocidad. Era como ver finísimas líneas anaranjadas en movimiento, tan pequeñas que solo al enfocar bien la vista eran perceptibles.

A estas alturas todo el proceso en que estábamos se había transformado en algo apasionante, intentábamos provocar una mayor comunicación con ésta energía, ingenuamente a veces iluminando el cielo con un foco de linterna, otras hablándoles en voz alta con devoción a quienes para nosotros eran y son nuestros hermanos mayores, una forma de conciencia manifestándose, encantándonos la vida con asombros.

En los pueblos y ciudades que pasábamos convivíamos con todo el mundo en forma natural, no era necesaria una extroversión indiscriminada, la experiencia eso sí adentro del grupo era impregnante, nosotros que de por sí éramos casi marginales del sistema, de pronto conviviendo con todo esto más encima, ahora sí que éramos los locos Adams.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una herida cicatrizada en forma de hielo   (6)

El domingo diez de febrero de mil novecientos noventa y uno viajamos desde Puerto Varas hasta Angelmo en Puerto Montt. Apenas llegamos tuve un encuentro fortuito con un amigo, un conocido de la niñez. Él y su familia habían sido duramente golpeados durante el régimen militar de Pinochet, su padre había sido nada menos que degollado junto a otras dos personas en lo que fue un triste y famosísimo caso nacional. Me llamó la atención su cambio de carácter, su trato, ahora notoriamente mas frío y retraído, como resentido a pesar de los puentes de afecto lanzados, por supuesto su mutación era absolutamente comprensible. Me quedé pensando, se me vino a la cabeza la figura de una herida cicatrizada en forma de hielo, medite en cuantos otros existía el mismo síndrome, quizá un shock de desilusión del hombre por el hombre, ¿quién repara en todo ello? Cuantas heridas y heridos por todas partes, vivir es un viaje costoso, viaje por un plano psíquico súper cargado, van pasando cosas, y después nos salen costras. Fue un encuentro corto, puede parecer sin tanta relevancia, sin embargo en cada situación de encuentro uno se desborda de alguna manera en la vida del otro promoviendo nuevas reflexiones en su torno, es algo mutuo. Me llegó también el recuerdo de haber sido castigado más de alguna vez por seres humanos degenerados por algún tipo de odio o convicción; Sentí el castigo a los Judíos por los Nazi, a los negros por los blancos, a la izquierda por la derecha, a la derecha por la izquierda, y así hasta la eternidad, etc., Hemos vivido castigándonos y castigando al otro, no conocemos otra manera en esta pequeña y orgullosa historia humana.

Nos movilizábamos hacia Pargua lugar de embarque para llegar a la isla de Chiloé, se sacaban lecciones en el camino, como hemos visto, algunas reflexiones sobre realidades incluyendo la ecológica. Todas éstas curiosamente no nos sometían a su tristeza, paradójicamente mas allá de fijarnos en ese drama del ver, esto mismo que estábamos pasando nos permitía equilibrar nuestra visión más pragmática por sobre la angustia alejándonos de cualquier percepción y emoción mas interesada o de sensibilidad poco ecuánime.

Rodeando el mar entre los renovales de antiguos bosques nativos, por camino Panitao en un medio día luminoso y despejado, a orillas del camino nos detuvimos a conversar con María Lavinia mujer de la tierra, Mapuche y mariscadora, vieja niña alegre y benevolente, tan bonita en su apertura, quedamos todos encantados con su gracia, estaba siempre como parando el mundo, tan descolgada, la frescura de toda la conversación chisporroteaba, tal vez debimos aceptar su invitación a conocer su rancha a orillas del mar y a su hija mariscadora, como ella. Lavinia no tenía ambiciones de grandeza o de superaciones materiales que le implantasen ese sesgo “autocompasivo-resentido”. La malicia no calzaba con su corazón de cholguera, menos la ceguera del que no reconoce lo bueno bueno. Nos habríamos ido con ella a su fogón, pero algo nos hizo continuar la ruta a Pargua, muy suave, bien despacio, a no más de treinta y cinco kilómetros por hora, cero apuro, conectándonos con el entorno. Un gran cariño y respeto nos nacía para con las personas y naturaleza del lugar, era también algo reciproco, los nativos de la zona distinguían nuestras vibraciones tal vez menos avasalladoras o arrogantes, eran comunes los encuentros de miradas y los saludos armoniosos entre todos, como en confianza, situaciones sencillas pero muy grandes. Cuando uno se encuentra lejos de la civilización, pasa que la figura cambia de fondo, nos damos cuenta de mil contrastes diferentes, se acaba la xenofobia en las miradas de la gente, lo raro no molesta, al contrario seduce la imaginación irrigando la curiosidad de la persona aún interesada con algo tan puro en sí como es el ser mismo, tal vez carente de un valor en el mercado, como lo es la “esencialidad”, eso compartible que perdemos a veces en las ciudades o lugares que ecológicamente no son realmente tan viables para la parte de la especie que pretenda sanidad antes que nada. No son solo las grandes y pequeñas ciudades o polos de desarrollo económico los exclusivos portadores de este virus, de este virus de insensibilidad. Mas allá de tamaños físicos, ésta es una consideración de valor abstracto que se debe internalizar, se puede decir que aún el hombre más sencillo  tiene su conciencia, es perfecto, en cambio hombres de mayor complejidad pero confundidos, creyendo siempre tener razón, sí que están más desequilibrados, enrollados, propensos, duros; esto es evidente, menos para ellos, es lamentable. Algo nos pasa en occidente cuando miramos a veces perplejos como los denominados nativos de lugares distantes, que a pesar de su total pobreza y carencias materiales sonríen felices y les da el animo hasta para bailar alegres, esto sucede hasta que invade el turismo opulento. Esto sucede porque están sanos, la figura y su fondo están en concordancia, la guestalt completa, en equilibrio, la figura obtiene un perfecto fondo, llámese fondo social y natural que los hace feliz y perfectos para esa figura del ser o existir. Es lo que tenemos que observar; ¿tenemos nosotros armonía entre figura y fondo en nuestras ciudades? Cada figura o sujeto va cambiando, evolucionando, o involucionando, moviéndose acto tras acto confiado hasta que se modifica su fondo, y cambia su entorno. Cuando el cambio personal como respuesta a un cambio en el fondo ambiental es poco afortunado o poco acertado, se enferma, se deforma la conciencia y hasta no se sabe salir de este decisivo aprieto, y lo que es peor a veces ya ni se quiere ni se sabe salir..

La conciencia no nos castiga con la vida, para eso están los ejemplos vivos de armonía entre figura y fondo alcanzables, sobre todo cuando se hila un poquito más finito, cuando se evita lo evitable, claro que los seres humanos llevamos el handicap de cientos de años de deformaciones heredadas, tonta comodidad, malas interpretaciones variadas, y por ultimo aclimataciones sociales odiosas, adaptaciones que consideramos convenientes por error y flojera. La Biblia también tiene su sabiduría, sobretodo cuando dice que son muchos los llamados y pocos los escogidos, son nuestras propias elecciones, la oportunidad está. Hemos creado tantas instituciones equivocadas, la gente tiene que escoger entre un a la carta de actividades lesas que ni se imagina que están allí por error, que están mal conceptuadas; efímeras pasajeras creadas por el hombre mundano más ingenuo que aún se entretiene sufriendo y jugando un  juego estacional, donde sus ojos están tan puestos y fijos en la tierra que rara vez los levanta hacia donde están los grandes significados y lo trascendente de pasar por esta vida. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos acá, hagámonos todas las preguntas    (7)

Si alguien lanza un virus cibernético a la red, lo encarcelan. Sin embargo un niño con su software en blanco, desprevenido, se ve obligado a tragarse “el virus” de la información “tipo” de su época, con todos esos maquillajes y falsas premisas, todas esas cosas que se dan por sentado, a veces todas con muy buena intención, medias verdades aceptadas, y luego hasta venden el error, después la propaganda se encarga de guiar. , o simplemente la misma coacción de la época, el ideal de la época implantado con todas sus variantes... Si el niño es fuerte, después de mover algunos bultos pesados, saldrá, cambiara de hábitat por ejemplo, que es un factor externo importante, igual quedará expuesto a la presión más subliminal, que en sociedad se hará más fuerte, recurrente, será llevado a la normalidad, confundiéndose atrozmente lo que está “normal” con lo que está “norbien”. De alguna manera el alma humana intuye lo doloroso del proceso de des condicionarse, lo que no significa des adaptarse, y a veces prefiere sumergirse en el sueño colectivo, así y ya...

La vida social mundana corriente nos produce un leve calorcillo, un efecto parecido al de la verdadera integración, es como la mala fotocopia de un consenso maduro emergente, de algo potente más evolucionado, un esbozo de algo futuro. Una de las formas de llegar a este consenso emergente es reconociendo verdades, asumiéndolas en forma activa, después de todo, “el consenso objetivo es un fruto que viene de la verdadera integración a ocurrir entre hombres auto responsables, no destructivos, todo a partir del reconocimiento honesto de sus flaquezas y del tremendo desafío que se les planteó”.

Es difícil que nos planteemos razonamientos profundos en vías a develar verdades, aunque sean verdades de Perogrullo, y es aún más difícil actuar en pro de ellas mismas, diferentes factores convergen para que la verdad no siempre sea aplicada, mostrada a luces, no hay objetividad sin verdad, no hay verdad sin objetividad, estas dos frases forman un perfecto matrimonio que nos lleva a percibir lo fácil que es coincidir en los planos en que la verdad es la reina madre, y la verdad no es algo rígido, un compartimiento estanco, mejor es entender la verdad como una predisposición.

A mayor sensibilidad y conciencia entre todas las partes, más fácil se da estar en consenso total, así se trasciende la torre de babel, lo obvio se entiende. Entre más altura mejor consenso objetivo, ósea el consenso se da espontáneo, se da solo, claro que tiene que estar presente la inteligencia real no solo la pseudo. Al revés de los aparentes y múltiples consensos interesados que se dan en el bajo nivel acostumbrado; como esos advenimientos dados entre partes con el fin de atacar o impugnar al bloque contrario, tan comunes hoy en día, y otros variados consensos egoístas, emocionales. Estos pseudo consensos disfrazados siempre terminan en conflicto, los consensos en los bajos niveles siempre se prestan para el abuso, para agruparse y atacar al más débil, esto pasa ya tempranamente desde la escuela. El oscurantismo de estos consensos menores fragmentarios existe, es algo reflejo del pasado que está aquí enraizado en nuestro presente, es el anticipo, la tendencia inmadura de un presentimiento; el del futuro consenso objetivo. Cuando se observa objetivamente el cuadro del pasado, sin reacción visceral, la tradición y todo eso que ha existido antes, todo eso en eterno conflicto con el cambio, y se lo asume como “lo antiguo versus lo “nuevo”, versus lo perturbador, lo removedor, lo reemplazador, lo iluminador, y si se comprende la génesis de todo el asunto, uno allí tiene la opción de no identificarse más ni con el morbos que pulsa desde arcaico, ni con la lucha en contra del morbos, nada de cruzadas bien intencionadas, ese no es el modo, el modo es amando todo el proceso, viéndole sin sobre reacciones inmaduras, sin rechazo por lo pasado, mejor es complementarle, integrarle, que significa reconocerle su derecho su lugar a lo antiguo y al mismo tiempo pedir en retribución que por favor lo antiguo reconozca y deje tranquilo a lo nuevo; como esto no siempre va a ser posible de conciliar, la verdad de lo nuevo se hace a un ladito otro tiempo, ¡y que se le va a hacer!, solo esperar su turno con paz-ciencia, sin fanatismos, para eso ya ha esperado largamente; “Se hace humilde y pequeñita la verdad celebrando el chiste viejo un tiempo más.,” pero ojo, por supuesto no eternamente, lo cortes no quita lo valiente.

Al llegar a Pargua nos encontramos otra vez entre los turistas típicos en sus automóviles esperando turno de embarque a la isla de Chiloé, volvimos a escuchar ese español golpeado característico de más al norte, era un castellano golpeado, duro, excitado, como apuradito, “cantadito de un viaje”, rudo y de sopetón, acento tan familiar con el mundo de las arduas ciudades, mientras tanto dos enormes nubes como de algodón difuminaban rayos de luz solar sobre el estrecho de Chacáo, cruzábamos a la isla grande, un gran amor me embargaba, perdonaba y me perdonaba.

Como sensibiliza la música, es un lenguaje tan arcano. Tocábamos en cualquier lugar posible nuestras flautas, bombos, y guitarras, ya habíamos entrado a Chiloé, paraíso de la bio-música nuestra pasión de entonces, lográbamos de los pájaros una audiencia, regalándonos ellos una energía vibrante, sinérgica como la vida, los gorjeos, toda esa comunión chorreando amor sin apellido a cántaros. La motivación crece con ímpetus misteriosos entre los árboles de estos bosques centenarios, todo está exacto como fue creado