Amanecer en el Valle

Vuelan los pinzones limpios
a través de la niebla
– se han acicalado el pico
y se han lavado las plumas
con la arena de la lastra –
de la niebla blanca, blanca
de espuma de la montaña.

Van a posarse en la rama,
van a cantarle a la aurora
desprendida, enamorada,
azul y rosa.

Dorada
desciende desde la loma
y, al posarse, se derrama
sobre las tejas mojadas
de rocío.

¡Cómo se despierta el agua!
¡Cómo baila en las entrañas
de la tierra parda!,
como si fuera una amante
seducida se le abraza,
besa sus pies campesinos.

Las lavanderas de plata
agitan su cola, saltan
mientras suenan a lo lejos
las esquilas.

Se despereza la brisa,
dora la espiga la calma
nieva la cigüeña blanca
la cumbre de la campana,
susurra la fuente hermana
con sus cánticos de vida.

Verde, más verde, azulada
de puro verde, se extraña
la color en la enramada
de los álamos airosos
– manos de rivera de agua -
se asoman a la ventana.

Besos de luz en el valle,
amanecer esmeralda,
despierta Valdebezana.

Jose Luis Abad Peña                                          

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