|
Los vaqueiros siempre fueron un pueblo marginado por parte de los xaldos y marnuetos que también habitan Asturies. Esta marginación tal vez la hay que buscar en el medio de vida de esta gente: el no tener una residencia fija, dedicarse al pastoreo, ... Estas razones pueden influir en la marginación, pero no son las únicas, tal vez algo más complicado que todo eso. Se sabe que la convivencia entre xaldos y vaqueiros era habitualmente pacífica, y hay algo curioso en todo esto: la convivencia pacífica se daba principalmente en los años de abundancia en las cosechas. En cambio, en los años de escasez se producían pequeñas disputas. En el periodo de trashumancia, en las brañas de verano, el ganado de los vaqueiros entraba en las tierras cercanas de los xaldos. Estos, como reprimenda, capturaban el ganado y sólo lo devolvían a su dueño a cambio de una pequeña indemnización. Era tal la marginación sufrida por los vaqueiros que incluso se llegó a pedir que estos no participaran en las elecciones, si así se pueden llamar en aquella época, o se les negaban los derechos por pertenecer a una comunidad. Parece que siempre se le atribuye el desprecio y la marginación a los xaldos, pero, existía un estamento, la nobleza, que siempre trató con desprecio. Son numerosos los ejemplos encontrados en toda la historia. En el siglo XVII, Diego das Mariñas, señor de Campona hizo una petición al rey para que se castrase a todos los vaqueiros a fin de que no se extendiera su raza. Esta petición fue hecha por algunos nobles más pero, afortunadamente, esto no triunfó. Para ver cómo eran tenidos los vaqueiros solo hay que leer estas estrofas.
de mala nación, comiste las papas, dixiste que non, comiste la l.leite, dixiste que si, vaqueiro chincheiru, mal añu pa ti La iglesia también fue otro de los estamentos que oprimió a los vaqueiros. No se les permitía llevar cruces en las procesiones, en las misas eran separados del resto de los aldeanos. Esta separación se hacía con una viga de madera que se incrustada en el suelo o bien en los pórticos de las iglesias, donde se colocaban las inscripciones. El caso más conocido es el de la iglesia de San Martín de Luiña, donde aún se conserva dicha viga. Los vaqueiros intentaron solucionar esta injusticia, pero no consiguieron nada hasta el siglo XIX, con la llegada de las constituciones y el reconocimiento de la libertad e igualdad de las personas. Juan Ruiz Cermaño emitió una orden en el año 1844 en la que exigía que se quitasen todas las marcas que impidiesen a los vaqueiros mezclarse con el resto de la población. A pesar de todo esto la iglesia seguía sin acatar estas normas y la marginación por parte de esta institución sigue hasta ya bien estrado el siglo XX. Últimamente muchos de los párrocos de las zonas vaqueiras, especialmente en Tineo, pedían perdón públicamente por los malos tratos que había sufrido los vaqueiros a lo largo de la historia por parte de la iglesia. Todos estos conflictos hicieron que también los vaqueiros sintieran cierto odio hacia los xaldos y marnuetos y muchas veces eran ellos mismos los que se separaban de la sociedad. Esto se ve en ciertas canciones:
el.los mismo lo xuraron, que mas val un vaqueiru, que veinticincu aldeanos Afortunadamente, con el paso del tiempo estas rencillas se fueron perdiendo, los vaqueiros fueron aceptados por la sociedad como iguales y por que no, también los vaqueiros hicieron lo posible por ser aceptados. La cultura vaqueira se introdujo en muchos aspectos de la sociedad asturiana. ¿Quién no escucho una vaqueirada en algún grupo de folk o quién no comió un pan de escanda típico de las brañas?
Hoy día, esa marginación se ha perdido casi por completo, en parte por la desaparición de las malas cosechas y por una reducción de los habitantes en el campo, y en parte también gracias al apoyo institucional, aunque este apoyo no deja de ser por mero interese ya que lo vaqueiro vende y por eso se aprovecha. A pesar de ello, siempre quedan ciertas herencias del pasado y algo de esa marginación aún persiste, sobre todo entre la gente mayor, que todavía muestran cierto desprecio hacia todo lo que sea vaqueiro.
|