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Esta población situada entre el Navalcarnero de hoy y el río Alberche,
sorprende por el fondo de una historia, que ya en la época de Carlos V
entretenía a sus cronistas, Maestro Esquivel, primeramente, y su
sucesor Maestro Ambrosio de Morales después. Ambos sometieron a estudio
la disposición del terreno, edificios en ruina, y piedras con
inscripciones romanas llegando a la conclusión de ser éste el
verdadero lugar donde estuvo asentada la MANTUA CARPETANORUM. Disponemos de una diligencia de aspecto notarial, que se cursó, siguiendo las disposiciones legales de la época, en febrero de mil quinientos setenta y seis, recogida por Bartolomé Sevillano, quien se autodenomina en el escrito como escribano público. El documento no tiene una sola línea de desperdicio, y es un reencuentro con el VILLAMANTA de hace cuatrocientos años. Este documento nos va a servir de base para intentar retroceder a la historia de un Villamanta que marcó sin duda, un estilo de vida y costumbres cuya incidencia llega, en algunos aspectos, a notarse en la vida de hoy. Gente del pueblo, y no necesariamente muy mayor recuerda a la perfección el arroyo de Villamanta donde se iba a lavar. El trabajo del hortelano ocupado en sus huertas va disminuyendo por la agresividad de la manía industrial de la que padecemos hoy. Y a un núcleo de población con unas mil personas en el censo municipal hay que agregarle la gestación de urbanizaciones en el término que doblan o triplican el número de sus habitantes. Villamanta
en el año mil quinientos setenta y seis contaba con doscientos
cincuenta vecinos; habiéndose alcanzado un censo de trescientos vecinos
antes de que una peste registrada en el mil quinientos cincuenta y siete
disminuyese notablemente a la población. Lo que ahora son en buena parte urbanizaciones se componía de un valle grande y vega de Oriente al Poniente con dos leguas y media de Valle largo. Lo que ahora es un vertedero de aguas residuales era el denominado arroyo de Villamanta con fuentes manantiales de delgadas aguas que se bebía de ellas. La población vivía de la agricultura y ganadería llevando a moler el grano a los molinos de los ríos Alberche y Peralejos. El Concejo era propietario de un dehesa llamada Navatoconesa de poco monte y poco término. Las casas estaban fabricadas de tierra y madera traída de la sierra. Se hace constancia de los yacimientos que aparecían al labrar los campos, curiosamente se dice haberse descubierto cementerios con sepulturas de piedras blancas y huesos de hombres de mayor marca que los hombres de ese tiempo. No obstante, por aquellos tiempos Villamanta, a nivel de entidad jurídica, estaba bajo la jurisdicción de Casarrubios del Monte bajo los controles administrativos que ejercía en su señorío D. Francisco Chacón, señor de Casarrubios, a quien acudían a pagar los impuestos reales no solamente Villamanta, sino también los lugares de El Álamo, Valmojado, Las Ventas de Cabeza Retamosa y la Villa de Arroyo de Molinos. En los pleitos y contiendas en grado de apelación las salas de lo contencioso o poder judicial se ejercía desde Valladolid, se hace constancia de la distancia de esta manera:... y que se ponen treinta leguas de este lugar a Valladolid. Se pertenecía al Arzobispado de Toledo, y al arciprestazgo de Canales. La distancia a Toledo se media como de nueve leguas. Los pueblos limítrofes o la circunscripción geográfica se establecía así: a dos leguas está Sacedón más a derecho hacia donde sale el sol y que se inclina más a la parte norte que al mediodía, a dos leguas de mediano tamaño y el camino es derecho. Casarrubios más a derecha al mediodía de este lugar, a dos leguas de este lugar buenas y por derecho camino. Mirando hacia el poniente está derecho el lugar de Aldea del Fresno y hay legua y media de este lugar, y por camino derecho el valle abajo. Mirando hacia el norte se va derecho al lugar de Perales de Milla y se inclina más al oriente que al poniente.
Careciendo de leña se iba a recogerla a Segovia con quien había un pacto de comunidad para pastos y aprovechamientos. Se regía el pueblo con dos alcaldes ordinarios y dos regidores, más dos alcaldes de hermandad, dos alguaciles y dos cuadrilleros. Los cargos se establecían bajo el control del Señor de la Villa de Casarrubios. En las crónicas del Maestro Esquivel se recoge el dato de que San Dámaso, Papa en tiempo pos de San Jerónimo, fuese oriundo de Villamanta. A este propósito queremos recordar que dentro de la Iglesia aparecen algunos restos de un fresco que se entiende quiso representar el árbol genealógico de San Dámaso. Se dice que los vecinos del lugar son labradores y no hay en él hidalgos, viven de sus labranzas y viñas y los más de ellos gente pobre. Pero esta gente pobre tenía construido para ese tiempo ya: una Iglesia con la titular de la parroquia de aún hoy día Santa Catalina. Más una ermita dedicad al Socorro de Nuestra Señora en el camino de Aldea del Fresno, que se conserva en buen estado hoy día. Más otras ermitas desaparecidas dedicadas una a San Sebastián en el camino de Casarrubios, y otra a San Bartolomé en el camino que va al lugar de Perales.
Además, Villamanta tenía un Hospital, reconocido como pobre y sin renta; la casa para el hospital fue donada por el vecino Bartolomé Hernández. Para el mantenimiento de los pobre hubo dos donaciones importantes: la haciendo de un Sacerdote llamado Sebastián Sánchez y unas tierras que cedió en donación Catalina Hernández. De las rentas de los arrendamientos se hacía frente a los problemas que causaba la pobreza de la gente. Las
festividades más notables se describen así: el día de San Sebastián
y día de Santa Catalina se guardan en este lugar por devoción y voto,
y el día de Santa Catalina por se patrona de la Iglesia titular y todos
los día de las vísperas de los días de Ntra. Señora, San Sebastián
y Santa Catalina, no se come carne en este lugar por devoción. A excepción de Santa Catalina, el resto de las festividades han desaparecido, incluyéndose posteriormente la festividad de San Blas que hoy se celebra con grandes fiestas y la Virgen del Socorro que patrocina hoy las fiestas del pueblo. Santa Catalina sigue siendo la titular de la parroquia, pero hasta hace poco patrocinaba también una celebración de fiestas de hortelanos. De los restos de piedras romanas aún se conservan algunas en estado aparentemente bueno en un intento de museo en uno de los locales de la parroquia. Las lluvias de hace unos años pusieron el local en una situación crítica, y la falta de recursos económicos.
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