¿Cómo puede permitirse que un país (o unos países) que ha despreciado las resoluciones de la ONU continúe siendo
miembro de la Organización?
El Consejo de Seguridad es uno de los seis órganos principales que constituyen la ONU. Sus resoluciones son
obligatorias para los miembros. Estados Unidos, al no esperar la decisión del Consejo e iniciar, junto con el Reino Unido,
una guerra contra otro país miembro de la ONU, ha despreciado las decisiones de aquél y rechazado su existencia
Ante la falta de autorización del Consejo de Seguridad, la guerra de los Estados Unidos y Gran Bretaña carece de toda
legitimidad. De ahí que todas las fuerzas democráticas españolas la hayan calificado de "ilegal". Además, y como
ha demostrado el desarrollo de la contienda, Irak no representaba peligro alguno para el resto de la humanidad
(seguramente tendrán que fabricar, en algun estudio de Hollowwood, un falso depósito de armamento nuclear y de
componentes químicos, aunque también pueden los Estados Unidos mostrar fotografías de alguno de los muchísimos arsenales
que ellos tienen, y hacerlo pasar por iraquí), por lo que esta guerra ha sido "injusta"
Si un socio no acepta las normas que rigen una organización de la que forma parte, ha de ser expulsado de ella. No es ya
que Estados Unidos deba desaparecer del Consejo de Seguridad (y aprovechar para hacer de este órgano un centro de decisión
de todos los países que, rotativamente, accederían al mismo, y no sólamente controlado por los "cinco grandes"), sino de
todos los organismos que componen la ONU.
Las visitas, durante la guerra, de Colin Powel y Condoleeza Rice a instituciones de la Unión Europea y a la Secretaría
General de la ONU han sido un insulto a las mismas, y al mundo presumiblemente representado por ellas. ¿Cómo es posible que
en la Unión Europea y en la Secretaria General de la humillada ONU se haya recibido a tan impresentable personajes?
La única opción que se puede ofrecer a Estados Unidos, (y al Gobierno Blair), es que una comisión internacional evalue
los daños causados a Irak por la Guerra del 91, los bombardeos del periodo 1991-2003 y, por último, los de esta Segunda
Guerra del Golfo. Una vez evaluados, Estados Unidos abonaría el importe de los mismos y, solo entonces, podría solicitar
la readmisión en la ONU y, ésta, debatir la aceptación o no de la solicitud.
Por supuesto, ningún representante, norteamericano o británico, podrá formar parte y/o tutelar al próximo gobierno iraquí.
Y ninguna empresa, estadounidense, británica o de cualquier otro país, podrá apropiarse de las riquezas de Irak.
Cualquier actuación conciliadora -o, peor aún, tipo "aquí no pasó nada"- no puede ser menos que el mazazo final a la ONU.
Su desaparición. Porque ¿para qué sirve una organización, pretendidamente cuidadora "de la paz y la seguridad mundial,
la cooperación para el desarrollo económico y la protección de los derechos humanos" (Carta Fundacional, San Francisco,
1945) si alguno de sus miembros (y precisamente el más poderoso) viola sistematicamente tales principios?
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