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Hay jóvenes que se acercan a Cristo sólo por curiosidad y otros
porque lo necesitan. El evangelista Mateo nos presenta a uno, de
esos tantos, que va al encuentro de Jesús: “El joven se le
acercó...” Al parecer, éste era inquieto, arriesgado, decidido,
audaz... Con facilidad se podría decir que era como un joven de hoy,
que no se mide, para hacer o dejar de hacer, porque no conoce
cálculos, simplemente se lanza a la gran aventura de la vida.
El joven no se quedó como un mudo espectador, viendo a Jesús,
sorprendiéndose de Aquel gran hombre y modelo a seguir. Él le
conocía por lo que quizá se comentaba en las aldeas: que Jesús daba
vida, perdonaba, amaba, etc. Entonces se atrevió a hacerle una
pregunta: “¿qué es lo que debo hacer para ganar la vida eterna?” En
su interrogante, refleja el potencial de su juventud; su deseo de
ser diferente, el anhelo de ser alguien grande, busca proyectarse al
futuro con un gran ideal y ansía que Jesús le diga cuál es la meta
que tiene que alcanzar. Quizás ya se había cansado de ser mediocre o
simplemente de ser “bueno”. El joven: “no robaba, no mataba, no
cometía adulterio...” Sin embargo; él sabía que le faltaba algo más.
No bastaba con ser “bueno”. Y como todo joven inquieto, buscaba lo
que faltaba en su vida. No quería ser conformista con lo que ya era,
de ahí la importancia de su pregunta.
Tú y yo somos jóvenes, vamos a acercarnos y ponernos frente a Jesús
para hacerle una pregunta semejante: “Jesús... ¿qué debo hacer para
que mi vida tenga sentido?, he caminado en la vida y cada vez
constato más la necesidad de una vida diferente. Soy joven, Jesús,
deseoso de conocer las cosas que perduran. Pero te soy franco, soy
acosado por tantas cosas que me rodean, hay ocasiones en que ya no
distingo entre lo bueno y lo malo; lo que me hace libre y lo que me
esclaviza; lo que me da la paz y lo que me la quita.
Desde muy temprana edad me he sentido dominado. A veces pensaba que
era por mis padres, por la escuela, por el trabajo, por mis amigos o
por las cosas, porque simplemente no sentía ser yo. A veces pienso
que solo puedo salir adelante y en otros momentos siento no tener
fortaleza para salir de ciertas situaciones. Creo que todo es porque
no hay un verdadero sentido de la vida. Hoy que me acerco a ti, que
eres capaz de todo, quiero decirte que deseo tener el vigor, el
dinamismo, la alegría y todas las capacidades propias de mi tiempo
de juventud, sólo espero tu respuesta.
Al joven del evangelio le diste dos respuestas a la pregunta que te
hizo. Una fácil que ya cumplía y otra complicada que decidió no
cumplir. Por lo cual se fue triste. No quiso seguirte. No quiso
explotar sus capacidades de joven, prefirió seguir igual. Yo no me
considero con más ánimo que aquel joven, no creo ser mejor, no tengo
nada de que presumir. Soy un joven más de los que existen en el
mundo, de los que en su vida no encuentran sentido; de los que
quieren lo grande y volar alto pero no han aprendido a despegar. Soy
de los conformistas, pero que en el fondo no quieren ser así, de los
que quieren un mundo diferente y sólo critico lo que no está bien
sin mover un dedo, ¿cuál es la respuesta que me das Jesús?
- “La misma que le di al joven del evangelio: Ve y deja todo lo que
te ata, para ello te voy a dar mi luz y luego ven y sígueme. Espero
no quedes triste, como el joven rico, al no ser capaz de dejar lo
que te hace infeliz y esclavo. Espero no pueda más tu egoísmo, tu
orgullo, tu vanidad, tu mundanidad, sino que como joven seas capaz
de saltar cualquier barrera y corras tras la corona que no se
marchita. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si
al final se pierde su alma?
Espero que seas valiente
Artículo
Extraído de http://www.cybersepa.org.mx |