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Ser joven
no es fácil
Hno.
Joan P. Martínez, msp |
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«En cierta
ocasión, dos grandes amigos se internaron en un gran
bosque encantado y, después de mucho caminar,
tuvieron sed. Los dos amigos acordaron buscar un
riachuelo para poder beber agua. Por fin, uno de
ellos miró a lo lejos un pequeño estanque que
contenía agua pura y cristalina. Cuando se disponían
a beber, escucharon decir a un viejo roble que
cobijaba el estanque: “es mí obligación advertirles,
mis inquietos jóvenes, que se encuentran frente a la
fuente de la eterna juventud, la cual ha sido
buscada por el hombre desde hace miles de años, con
el fin de perpetuarse y no morir. Los que
encontrándola beben de ella, han pagado caras las
consecuencias.”
Asombrado, uno de los amigos exclamó: “Por muy
poderosa que sea esa agua, beberla denotaría gran
egoísmo y pretensión de nuestra parte, porque
nuestro destino no está en nuestras manos, sino en
las manos de un Ser Superior. ¡Yo no beberé!”. Pero
el segundo, deslumbrado por aquella revelación,
bebió de aquellas aguas.
Después de algún tiempo, el amigo que no bebió de
aquella fuente envejeció y murió felizmente,
habiendo cada etapa de su vida en plenitud. Pero el
amigo que bebió de la fuente, vive aún en aquel
extraño bosque, como si estuviera muerto en vida. No
pudo realizarse jamás, pues, siendo permanentemente
joven, anheló siempre envejecer para alcanzar la
sabiduría».
La juventud es una etapa bella, pero difícil al
mismo tiempo. Es la edad de la aventura, de los
riesgos, de la amistad. Pero …ser eternamente joven
no sería saludable. El hombre nace y crece, va
madurando y camina hacia la plenitud. Es necesaria
la dialéctica del movimiento si se desea alcanzar la
propia realización, evitando el estancamiento. Lo
que debemos hacer es aprovechar al máximo nuestra
juventud, para sentar las bases de un futuro cierto,
fincado en la verdad y el amor.
Cada día nos encontramos con los misterios de la
juventud. Vemos, por un lado, a jóvenes que
proclaman con su vivir que es posible alcanzar
ideales nobles. Son jóvenes que tienen una
mentalidad abierta, un espíritu transparente y una
vocación para la vida; ellos saben que lo bueno
cuesta y que quien no se esfuerza no gana. Por otro
lado, podemos ver también a otros jóvenes que,
dejándose llevar por la inmundicia del mundo –dado
su carácter débil–, pregonan una falsa libertad, y
caen víctimas de sus impulsos y de su inmadurez.
Los jóvenes que se han cansado de vivir, que han
perdido toda esperanza, viven sumergidos en un mundo
hedonista, materialista y pansexualista. Éste les
ofrece el espejismo de la felicidad, su venenosa
«agua de la eterna juventud».
Hoy en día es común encontrar por las calles jóvenes
alienados por su entorno, que carecen de
personalidad propia y que adoptan alguna de las
tantas modas impuestas por el artista del momento.
Gana el premio aquél que tenga el atuendo más
extravagante o el pensamiento más estúpido. Como
diría el filosófo Hildebrand: «siempre habrá
personas que se dejen arrastrar por el torrente de
ideas que dominan en su época».
Son muchos los jóvenes que equivocan el rumbo de su
vida, todo por poner sus esperanzas en lo que es
pasajero y efímero: belleza, poder, bienes
materiales, etc., negándole a Dios el acceso a su
corazón. Quizá no se atreven a reconocer que su sed
de eternidad sólo puede ser saciada por Jesucristo,
«Fuente de Agua Viva».
Uno de los más fascinantes ejemplos de juventud
vivida en plenitud nos lo presenta la Sagrada
Escritura en la persona del profeta Jeremías (cf. Jr
1, 4ss). Dios lo llamó siendo muy joven, y no fue
fácil para él aceptarlo. El mismo Señor le enseñó
que para triunfar en la vida hay que vivir con
radicalidad, sin temer a las dificultades.
Te toca a ti decidir de qué lado quieres estar: del
lado de los que egoístamente siguen sólo la brújula
de sus propios caprichos, o del de aquellos que, a
costa de sacrificio y esfuerzo, se convierten en
signos de esperanza para la humanidad.
Ser joven es descubrir la verdadera libertad que
sólo Dios da. Miles de jóvenes piden libertad a los
cuatro vientos, sin darse cuenta de que se atan a
vicios, formas de hablar, de comportarse, de elegir,
que otros les imponen. Ser libre es un estado de
ánimo, es una actitud del espíritu: «Si os mantenéis
firmes a mi Palabra, seréis realmente discípulos
míos, entenderéis la verdad y la verdad los hará
libres» (Jn 8, 31-32).
Ser joven es buscar la autenticidad de vida huyendo
de la falsedad. Si cultivas tu espíritu, si realizas
buenas acciones, el bien marcará tu camino. Si
emprendes la travesía pensando sólo en ti, a mitad
del camino quedarás solo, sin hermanos, sin amigos y
sin Dios.
Ser joven no es una moda, ni es dejarse arrastrar
por vanas propuestas.
Cristo es aquél que nos amó hasta el extremo,
entregándonos su vida. Su ideal no pasa de moda.
¡Sigue a Jesús, el Señor, y comienza cargando con tu
cruz, eso sí es estar en onda!
Ser joven no es ser indiferente al dolor de los
demás. Recuerda que debes atreverte a ser más
valiente. Hay cosas que nadie hará por ti, tu
aportación a la sociedad es importante.
Como joven que eres, sé valiente testigo y anuncia
el amor de Dios: «No temas y sigue hablando; no te
calles, que yo estoy contigo y nadie podrá hacerte
daño» (Hch 18, 9-10).
Nunca olvides que el futuro te plantea un reto:
«olvidando lo que quedó atrás, me esfuerzo por lo
que hay adelante y corro hacia la meta, hacia el
premio al cual me llamó Dios desde arriba por medio
de Cristo Jesús» (Flp 3, 13-14).
Ser joven no es tenerle miedo al compromiso, sino
aceptar y luchar por tu vocación. Porque aceptar el
compromiso es alcanzar el cielo que persigues. El
amor que ofreces es el sendero que te conduce al
amor de Dios , y sólo podrás hacer felices a los
demás en la medida en que tú lo seas. Y esto no es
egoísmo, sino reconciliación. Aceptándote y amándote
tendrás felicidad para repartir a manos llenas. ¡Tú
tienes mucho para dar, eres capaz de encontrar la
fuente de la felicidad y de enseñarle a otros
jóvenes como tú a encontrar a Dios! Recuerda que la
fuerza para triunfar en la vida sólo la encontramos
en Cristo.
Artículo
extraído de
http://www.cybersepa.org.mx |