Pastoral Juvenil de la Estación Misionera de Guayama, Puerto Rico

 

 

 

 

 


 

Retiro

Nos vamos de Retiro los días 20-22 de mayo


Nuestra Provincia

 

Puerto Rico y la República Dominicana



Año Gerardiano 2004-2005

 

 

ESTACIÓN MISIONERA


Calendario Litúrgico


 
 
 

  






 

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Jesús

 Señor tu me llamaste, para ser instrumento de tu gloria, para anunciar la Buena Nueva, para sanar las almas.

Te llama

Ser joven

no es fácil

Hno. Joan P. Martínez, msp

«En cierta ocasión, dos grandes amigos se internaron en un gran bosque encantado y, después de mucho caminar, tuvieron sed. Los dos amigos acordaron buscar un riachuelo para poder beber agua. Por fin, uno de ellos miró a lo lejos un pequeño estanque que contenía agua pura y cristalina. Cuando se disponían a beber, escucharon decir a un viejo roble que cobijaba el estanque: “es mí obligación advertirles, mis inquietos jóvenes, que se encuentran frente a la fuente de la eterna juventud, la cual ha sido buscada por el hombre desde hace miles de años, con el fin de perpetuarse y no morir. Los que encontrándola beben de ella, han pagado caras las consecuencias.”
Asombrado, uno de los amigos exclamó: “Por muy poderosa que sea esa agua, beberla denotaría gran egoísmo y pretensión de nuestra parte, porque nuestro destino no está en nuestras manos, sino en las manos de un Ser Superior. ¡Yo no beberé!”. Pero el segundo, deslumbrado por aquella revelación, bebió de aquellas aguas.
Después de algún tiempo, el amigo que no bebió de aquella fuente envejeció y murió felizmente, habiendo cada etapa de su vida en plenitud. Pero el amigo que bebió de la fuente, vive aún en aquel extraño bosque, como si estuviera muerto en vida. No pudo realizarse jamás, pues, siendo permanentemente joven, anheló siempre envejecer para alcanzar la sabiduría».
La juventud es una etapa bella, pero difícil al mismo tiempo. Es la edad de la aventura, de los riesgos, de la amistad. Pero …ser eternamente joven no sería saludable. El hombre nace y crece, va madurando y camina hacia la plenitud. Es necesaria la dialéctica del movimiento si se desea alcanzar la propia realización, evitando el estancamiento. Lo que debemos hacer es aprovechar al máximo nuestra juventud, para sentar las bases de un futuro cierto, fincado en la verdad y el amor.
Cada día nos encontramos con los misterios de la juventud. Vemos, por un lado, a jóvenes que proclaman con su vivir que es posible alcanzar ideales nobles. Son jóvenes que tienen una mentalidad abierta, un espíritu transparente y una vocación para la vida; ellos saben que lo bueno cuesta y que quien no se esfuerza no gana. Por otro lado, podemos ver también a otros jóvenes que, dejándose llevar por la inmundicia del mundo –dado su carácter débil–, pregonan una falsa libertad, y caen víctimas de sus impulsos y de su inmadurez.
Los jóvenes que se han cansado de vivir, que han perdido toda esperanza, viven sumergidos en un mundo hedonista, materialista y pansexualista. Éste les ofrece el espejismo de la felicidad, su venenosa «agua de la eterna juventud».
Hoy en día es común encontrar por las calles jóvenes alienados por su entorno, que carecen de personalidad propia y que adoptan alguna de las tantas modas impuestas por el artista del momento. Gana el premio aquél que tenga el atuendo más extravagante o el pensamiento más estúpido. Como diría el filosófo Hildebrand: «siempre habrá personas que se dejen arrastrar por el torrente de ideas que dominan en su época».
Son muchos los jóvenes que equivocan el rumbo de su vida, todo por poner sus esperanzas en lo que es pasajero y efímero: belleza, poder, bienes materiales, etc., negándole a Dios el acceso a su corazón. Quizá no se atreven a reconocer que su sed de eternidad sólo puede ser saciada por Jesucristo, «Fuente de Agua Viva».
Uno de los más fascinantes ejemplos de juventud vivida en plenitud nos lo presenta la Sagrada Escritura en la persona del profeta Jeremías (cf. Jr 1, 4ss). Dios lo llamó siendo muy joven, y no fue fácil para él aceptarlo. El mismo Señor le enseñó que para triunfar en la vida hay que vivir con radicalidad, sin temer a las dificultades.
Te toca a ti decidir de qué lado quieres estar: del lado de los que egoístamente siguen sólo la brújula de sus propios caprichos, o del de aquellos que, a costa de sacrificio y esfuerzo, se convierten en signos de esperanza para la humanidad.
Ser joven es descubrir la verdadera libertad que sólo Dios da. Miles de jóvenes piden libertad a los cuatro vientos, sin darse cuenta de que se atan a vicios, formas de hablar, de comportarse, de elegir, que otros les imponen. Ser libre es un estado de ánimo, es una actitud del espíritu: «Si os mantenéis firmes a mi Palabra, seréis realmente discípulos míos, entenderéis la verdad y la verdad los hará libres» (Jn 8, 31-32).
Ser joven es buscar la autenticidad de vida huyendo de la falsedad. Si cultivas tu espíritu, si realizas buenas acciones, el bien marcará tu camino. Si emprendes la travesía pensando sólo en ti, a mitad del camino quedarás solo, sin hermanos, sin amigos y sin Dios.
Ser joven no es una moda, ni es dejarse arrastrar por vanas propuestas.
Cristo es aquél que nos amó hasta el extremo, entregándonos su vida. Su ideal no pasa de moda. ¡Sigue a Jesús, el Señor, y comienza cargando con tu cruz, eso sí es estar en onda!
Ser joven no es ser indiferente al dolor de los demás. Recuerda que debes atreverte a ser más valiente. Hay cosas que nadie hará por ti, tu aportación a la sociedad es importante.
Como joven que eres, sé valiente testigo y anuncia el amor de Dios: «No temas y sigue hablando; no te calles, que yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño» (Hch 18, 9-10).
Nunca olvides que el futuro te plantea un reto: «olvidando lo que quedó atrás, me esfuerzo por lo que hay adelante y corro hacia la meta, hacia el premio al cual me llamó Dios desde arriba por medio de Cristo Jesús» (Flp 3, 13-14).
Ser joven no es tenerle miedo al compromiso, sino aceptar y luchar por tu vocación. Porque aceptar el compromiso es alcanzar el cielo que persigues. El amor que ofreces es el sendero que te conduce al amor de Dios , y sólo podrás hacer felices a los demás en la medida en que tú lo seas. Y esto no es egoísmo, sino reconciliación. Aceptándote y amándote tendrás felicidad para repartir a manos llenas. ¡Tú tienes mucho para dar, eres capaz de encontrar la fuente de la felicidad y de enseñarle a otros jóvenes como tú a encontrar a Dios! Recuerda que la fuerza para triunfar en la vida sólo la encontramos en Cristo.

 

Artículo extraído de http://www.cybersepa.org.mx


 

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Fecha de la última actualización: 27/02/2005 © Copyright 2004 Misioneros Redentoristas

 

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