A Virgiliu Zbăganu, in memoriam

 

Crónica de la represión del régimen Constantinescu a los movimientos mineros

Bucarest, mayo de 1999

Los orígenes del conflicto

La posición de Corneliu Vadim Tudor

El conflicto continúa

La posición del Partido Rumania Grande durante estos acontecimientos

Antesala de la Batalla de Costeşti

Los mineros en Târgu Jiu

La Batalla de Costeşti

La posición del Partido Rumania Grande

Los mineros protestatarios en Râmnicu Vâlcea

La Paz de Cozia

El presidente anula el estado de emergencia

La sesión en el parlamento

La represión de febrero

La batalla de Stoeneşti

El Ministro del Interior explica el operativo de represión

Las penas aplicadas a los líderes sindicales de la industria minera

Después de Stoeneşti

Reflexiones de un editorialista

La verdad sobre la operación represiva aparece más tarde

El presidente agradece públicamente a los asesinos

Epílogo

Fuentes

 

En enero y febrero de este año tuvieron lugar la quinta y la sexta marcha minera hacia Bucarest, aunque truncadas ambas, en lo que va de los años noventa.

El minero en Rumania representa una categoría obrera aparte. Esto data del régimen anterior, de la dictadura de Nicolae Ceauşescu. Y la zona de Valea Jiului es y ha sido especialmente conflictiva. Los mineros de Valea Jiului fueron de los únicos trabajadores que tuvieron la valentía de protestar en contra de la dictadura del gobierno obrero burocratizado. Así es que en 1977 tiene lugar una importante huelga, que obliga a las autoridades a desplazarse al lugar a negociar con los huelguistas.

La huelga de 1977 no tuvo carácter anticomunista, y los objetivos de la huelga permiten su caracterización como antistalinista, dirigida contra la desviación antidemocrática del socialismo. Como se sabe, el socialismo stalinizado anuló el derecho de los trabajadores a militar, incluso por medio de la huelga, por sus objetivos relacionados con las condiciones de trabajo y el nivel de vida, ya que consideraba que el poder le pertenecería precisamente a los trabajadores, y por lo tanto no tendría ni qué ni de quién pedir algo. La huelga de 1977 fue un llamado de atención sobre el hecho de que la forma jurídica de la propiedad, “de todo el pueblo”, no es equivalente a la gestión y el control social, democrático y en beneficio de los trabajadores. Los gobernantes de centro-derecha han etiquetado la huelga de 1977 como anticomunista, en un intento por  autolegitimarse, al relevar las “raíces”, al prefabricar la historia (v. Bucur, Dumitru (1997) “En relación al aniversario de la huelga del Valle del Jiu, 1977.” En Resistencia comunista, Nr. 5, Agosto de 1997, pp. 51-55).

Más adelante, después de la restauración burguesa, son los mineros de Valea Jiului los protagonistas de importantes acciones de protesta, en los años 1990 y 1991. En 1991, llamados a Bucarest por la oposición de entonces (en el Gobierno hoy), fueron un factor decisivo en la destitución del Primer Ministro Petre Roman, responsable de la detonación que indicó el derrumbe de la economía rumana de después de 1989.

 

Los orígenes del conflicto

 

La marcha minera hacia Bucarest de enero fue considerada “la más importante lucha obrera de Europa Oriental en la última década” (Luis Gurevich, “Huelga revolucionaria en Rumania”, en Prensa Obrera, nr. 616, 4/2/1999). Tuvo como momento culminante la Batalla de Costeşti, en la que los mineros propinan una humillante paliza a las fuerzas de represión apostadas en esa localidad para intentar contener la marcha obrera protestataria que podría haber llegado a Bucarest. Como consecuencia de los combates, gran cantidad de policías resultan heridos, así como algunos mineros y aldeanos de la zona. Al demostrar su capacidad combativa, los obreros obligan al Primer Ministro, el fondomonetarista Radu Vasile, a desplazarse hacia la localidad donde acampaban los mineros, para negociar con los líderes sindicales.

Para comprender la situación que conduciría a tan dramático desenlace, es preciso comenzar por el contexto laboral reinante en diciembre de 1998.

El 10 de diciembre de 1998, el Ministro de Industria, Radu Berceanu, anuncia el programa de reestructuración de la industria minera, que prevé la reducción de casi un 30% de las pérdidas de este sector y el cierre de más de cien minas.

El 12 de diciembre, Miron Cozma es reelegido líder de los mineros de Valea Jiului. Anuncia que si los mineros no reciben sus derechos salariales del mes vigente, va a organizar una marcha y una manifestación en Bucarest.

El 18 de diciembre, Radu Berceanu se niega a recibir en el recinto del Ministerio a Miron Cozma, quien se encontraba al frente de una delegación llegada a Bucarest para discutir sobre la reestructuración de la industria minera. Los mineros de Dâlja y Bărbăteni, en la región de Valea Jiului, deciden interrumpir su trabajo, porque esas dos minas se encuentran en la lista de las reestructuraciones.

El 26 de diciembre, el Consejo de Coordinación de la Liga de los Sindicatos Mineros de Valea Jiului decide que al comienzo de 1999, dos mil mineros vayan a Bucarest a una manifestación de protesta ante lo que llamaron el “funeral de la industria minera rumana”. Más tarde, el Ministro de Transporte, Traian Băsescu, anuncia que se niega a poner a disposición de los mineros dos convoyes, y el Intendente de Bucarest, Viorel Lis, niega la autorización de tal manifestación de protesta en la capital, lo que la transformaría en ilegal y autorizaría el uso libre de las fuerzas de represión.

El 4 de enero de 1999, Miron Cozma convence a sus mineros a ir a la huelga general en todo Valea Jiului, desde las siete horas del día 5.

El 5 de enero, dos mil mineros se juntan en Petroşani para llamar a la huelga. Su lista de reivindicaciones tiene treinta puntos. Piden que se haga presente en Valea Jiului el Primer Ministro, la dimisión de Radu Berceanu, y la entrega de 10.000 dólares a cada trabajador despedido. El Gobierno rechaza en bloque las demandas de los mineros. Corneliu Vadim Tudor, presidente del Partido Rumania Grande, dirige un mensaje a los mineros en el que los alienta a la huelga general.

El Partido Rumania Grande es un partido que se autoconsidera de centro-izquierda, que emplea una fraseología de izquierda e incluso en ocasiones términos marxistas, pero que no plantea ningún tipo de reivindicación de clase. El partido profesa el llamado “capitalismo popular”. Es un patrido ultra-nacionalista, que fomenta el odio étnico, en especial contra los húngaros, los judíos y los gitanos. Se considera un partido justiciero y moralista (v. más adelante las “lecciones” de moral religiosa que citamos de la prensa del partido). A pesar de la etiqueta de “centro-izquierda” que ellos utilizan, la propia opinión pública, así como la prensa rumana, tienen cierta confusión para categorizar al Partido Rumania Grande en el espectro político. En ocasiones la prensa se refiere a este partido sosteniendo que es de extrema izquierda y neo-comunista, y en otras ocasiones se oye decir que es un partido de extrema derecha. Está confusión reinante en el país es trasladada inintencionadamente a la prensa extranjera. Por ejemplo, Luis Oviedo, en “Rumania: La democracia recurre al fascismo”, Prensa Obrera, nr. 617, 28/2/1999, se refiere al Partido Rumania Grande como partido “derechista”.

Miron Cozma, el líder sindical de los mineros de Valea Jiului, es miembro del Partido Rumania Grande, hecho que servirá de base al Gobierno reaccionario para especular con una supuesta conspiración política (no sindical), con el objeto de dar un golpe de estado.

Los órganos de prensa de este partido, los semanarios Rumania Grande y La Política, son de los pocos periódicos rumanos que tienen la valentía de denunciar al Gobierno; el resto de la prensa, en su casi totalidad, se encuentra sometida enteramente al oficialismo. A lo largo de esta crónica emplearemos asiduamente estos dos semanarios, como alternativa para presentar una posición lo más objetiva posible: la verdad no está de ningún modo de parte de Emil Constantinescu y de su prensa cobardemente sometida, y tampoco en la fraseología fariseicamente populista del derechista disfrazado de izquierdista Corneliu Vadim Tudor.

El 6 de enero, el presidente de la Comisión Económica del Senado, Viorel Cataramă, se dirige a Valea Jiului, sin mandato oficial. Fracasan sus esfuerzos por negociar.

Radu Vasile declara la huelga como una “acción puramente política”. Una delegación de los mineros parte a Bucarest para discutir con la conducción del Ministerio de Industria sus propias reivindicaciones.

El 12 de enero, Cozma anuncia el comienzo de la marcha hacia la capital para el 14 de enero, a pie si es necesario. Ese mismo día, se retira temporalmente del Partido Rumania Grande, para evitar las acusaciones del trasfondo partidario de su movimiento.

Los líderes de los mineros dan un ultimátum al Presidente y al Primer Ministro, y solicitan que se convoque una sesión parlamentaria extraordinaria.

Una columna de 10.000 mineros pone a prueba la vigilancia de los policías y gendarmes, al recorrer 15 kilómetros hacia Târgu Jiu, luego de lo cual regresan a Petroşani. Radu Vasile se sigue negando a desplazarse a Valea Jiului a negociar con los líderes sindicales.

El 13 de enero los mineros van a su lugar de trabajo para cobrar sus sueldos. El Ministro del Interior, Gavril Dejeu, va a Bumbeşti-Jiu con el objeto de organizar el dispositivo militar para impedir que los mineros vengan a Bucarest.

El 14 de enero Cozma anuncia nuevas reivindicaciones salariales. Los mineros juntan firmas para desplazarse a Bucarest, luego de lo cual ponen nuevamente a prueba la vigilancia de las fuerzas del orden apostadas en el Desfiladero del Jiu. Traian Băsescu suspende por un día el tráfico ferroviario en Valea Jiului.

El 15 de enero Cozma decide postergar la marcha hacia Bucarest para el lunes, 18 de enero. En Bucarest se suspenden las negociaciones entre la delegación de los mineros y la conducción del Ministerio de Industria.

Al fracasar las negociaciones, el inicio de la marcha a Bucarest es inminente.

 

La posición de Corneliu Vadim Tudor

 

Reproducimos el artículo: «¡Los mentirosos van a tragarse la lengua pronto!», escrito por Corneliu Vadim Tudor, senador por el Partido Rumania Grande de Bucarest. Comunicado pronunciado en la Conferencia de Prensa del Partido Rumania Grande, el viernes 15 de enero de 1999. Publicado por la revista Rumania Grande, Nr. 445, Año X, viernes 22 de enero de 1999, págs. 1,14.

1) El Partido Rumania Grande condena, con indignación, el mecanismo de la mentira que abarca, como en una pinza, a la sociedad rumana. Nos referimos, principalmente, a dos acontecimientos que han sido falsificados groseramente por parte del actual Gobierno y por la prensa canalla que lo sirve. El primer acontecimiento es la huelga general de Valea Jiului. Aquí las cosas  están muy claras: mediante el cierre brutal de la industria minera, los cerca de 180.000 de personas, nuestros semejantes, que viven allí están condenados a desaparecer. Todo lo que solicitan ellos es que las minas que todavía producen carbón no sean cerradas. Sólo que el Gobierno se ha apresurado a cerrar justo la mina Bărbăteni, donde recientemente se han abierto nuevos frentes de trabajo, hasta el año 2002. Tal vez nos sintamos tentados a creer que el Gobierno procede con buenas intenciones si nos explica por qué se apresura a cerrar también las minas de oro. ¿Serán también éstas improductivas? ¿También éstas tendrán, como se dice, “poder calórico” bajo, y el oro será de mala calidad? La realidad es otra. La mafia internacional, que ha llevado al poder a la reacción y la ha apoyado con grandes fondos, ha dado la orden de que Rumania no produzca más nada, y en su lugar que importe todo, incluso el trigo, la sal y el agua mineral, productos que aquí no escasean. En el Puerto Constanţa existen, por otra parte, varios barcos con carbón importado. Y como la orden no se discute, sino que se ejecuta, el Gobierno se ha petrificado en una radicalización inexplicable, rechazando cualquier diálogo real con los huelguistas, e intentando hacer tiempo mediante un simulacro de negociaciones, patrocinadas por el secretario de Estado Nicolae Stăiculescu, para, en este tiempo, conseguir todo tipo de artimañas supuestamente jurídicas para declarar ilegal la huelga y para inculpar e incluso arrestar a Miron Cozma. Es verdaderamente escandaloso como este Radu Berceanu ha encontrado tiempo para ir hasta Japón, a diez mil kilómetros de distancia, a buscar herraduras de caballos muertos, pero no se ha dignado a ir hasta Valea Jiului, a dos pasos, donde se ha desencadenado un fenómeno económico y social de gravedad. [...]

El Partido Rumania Grande condena con horror el tratamiento inhumano que el actual Gobierno aplica a los mineros y a sus familias. Prácticamente, desde hace aproximadamente dos semanas, 180.000 ciudadanos de este País son retenidos como si fuesen fieras en la jaula por un formidable aparato de represión. El Gobierno actual ha vuelto a mentir, afirmando que los policías y los gendarmes no tienen munición de guerra, pero todo el mundo ha visto, por un canal de televisión, la salva de granadas que uno de los militares llevaba en el cinturón. En su línea de ferocidad acostumbrada, el Ministro del Interior Gavril Dejeu ha declarado, en una emisión de televisión en el canal Antena 1, que, si es necesario, las tropas van a abrir el fuego contra los huelguistas. El mismo personaje irresponsable dijo también, en otro canal de televisión, Prima TV, que sus subordinados van a tener cuidado de que no sean heridos los hijos de los mineros, y que por lo tanto van a ser puestos a resguardo, después de lo cual ha dado a entender que los mineros pueden ser masacrados tranquilamente, tal vez ante la mirada de sus hijos. Cada aparición en público de este extorsionista campesinista [1] de nombre Gavril Dejeu, con su figura despiadada, con las amenazas que lanza, tiene el don de encolerizar aún más a la población. [...]

En este momento reina la tranquilidad en Valea Jiului. Tenemos informaciones según las cuales el lunes más de 10.000 mineros van a venir a Bucarest, y se van a unir a ellos los mineros de Oltenia y de Ţara Moţilor. Aunque no hemos alentado jamás a ningún tipo de violencia, hacemos un llamamiento a la población para que intente ponerse en la piel de los mineros desesperados, que se ven exterminados con premeditación por parte de un Gobierno criminal y la gente va a ver entonces que se ha llegado a la situación de “¿quién vencerá a quién?”. Les pedimos, al mismo tiempo, a los comandantes de los efectivos de represión que no ordenen “¡fuego!” en contra de los mineros, porque van a asumir un gran pecado ante Dios. Lejos de desaprobar los movimientos obreros, así como difunde una prensa deshonesta, la población del País tiene grandes esperanzas en el éxito del levantamiento a la lucha de los hambrientos y desnudos. Parece que no hay otra vía.

 

El conflicto continúa

 

El 16 de enero la conducción de la Compañía Nacional de la Hulla renuncia en bloque. El Presidente Emil Constantinescu anuncia que los mineros no tienen nada que hacer en Bucarest, y la Policía de la capital rechaza la solicitud de los mineros de organizar marchas y manifestaciones en Bucarest entre el 18 y el 24 de enero.

El 17 de enero Traian Băsescu decide anular el tráfico ferroviario y la circulación por las carreteras en Valea Jiului.

El 18 de enero, a las 12:00, quince mil mineros parten hacia Bucarest. Fuerzan con éxito las primeras barreras de contención, que no estaban vigiladas por policías y gendarmes, del Desfiladero del Jiu, y se detienen en el kilómetro 33, donde la mayor parte de éstos van a pernoctar.

 

La posición del Partido Rumania Grande durante estos acontecimientos

 

Reproducimos a continuación el artículo «¡El régimen demente instaurado por Emil Constantinescu ha superado cualquier límite!», firmado por el Comité Directivo del Partido Rumania Grande, 18 de enero de 1999, y publicado en la revista del partido, Rumania Grande, Nr. 445, Año X, viernes 22 de enero de 1999, págs. 1,14.

El Partido Rumania Grande manifiesta toda su indignación y repulsión ante las últimas decisiones del Gobierno rumano-húngaro, que arroja al País al caos. La actual crisis de Valea Jiului está provocada, exclusivamente, por la terquedad del Palacio Cotroceni y del Palacio Victoria [2], que han rechazado cualquier diálogo con los mineros, recurriendo a un simulacro de negociaciones, para hacer tiempo y testear la reacción de la población. Las gotas que llenaron el vaso de la paciencia popular fueron el anuncio de Radu Berceanu de que el Gobierno está pronto para importar carbón del extranjero, así como la decisión aberrante de Traian Băsescu de cerrar todos las rutas nacionales y ferroviarias de la zona de Valea Jiului. Mediante esta decisión, el ministro de Transporte viola gravemente el Artículo 93 de la Constitución de Rumania, decretando por su cuenta el estado de emergencia e impidiendo la libre circulación de los ciudadanos por el territorio del País. Se puede decir que Traian Băsescu lo echó a Victor Ciorbea [3] y también él va a echar a Radu Vasile. A la inflamación del estado de espíritu existente han contribuido también algunos periodistas serviles al Poder político, mediante insultos repetidos hacia los mineros, mediante una campaña de intoxicación y mentiras inimaginables. Una tal prensa  deshonesta representa una verdadera injusticia en la cabeza de un Pueblo y tiene que responder ante la Ley por sus acciones desestabilizadoras. En realidad, los que han politizado y han amplificado la huelga general de Valea Jiului son los representantes del actual Poder, al frente con Emil Constantinescu, Zoe Petre, Gavril Dejeu, Valeriu Stoica, Remus Opris, Radu Berceanu, Traian Băsescu, Victor Babiuc, Sergiu Cunescu y otros como ellos, que han rechazado mirar a la cara la realidad dramática de 180.000 de nuestros semejantes amenazados por el hambre, inventando todo tipo de intromisiones de la Oposición y transfiriendo una cuestión de vida o muerte en la carga de unos pretendidos orgullos personales del líder Miron Cozma. No fue la Oposición, sino el Poder político quien ha envenenado la atmósfera de Valea Jiului. En este sentido, son edificadoras las declaraciones delirantes hechas el domingo por el portavoz de la Compañía Nacional de la Hulla, Valeriu Butulescu, quien fuera diputado por el Frente de Salvación Nacional en el período 1990-1992, y ahora es el presidente de la Filial del Partido Demócrata - Frente de Salvación Nacional del departamento de Hunedoara. Ya desde el 4 de enero de 1999 (el primer día de huelga), la conducción del Partido Rumania Grande manifestó su apoyo desinteresado para solucionar del conflicto, en este sentido, el senador Corneliu Vadim Tudor habló telefónicamente con los señores Radu Vasile, Ion Diaconescu, Ulm Spineanu y Miron Cozma. Más que eso, de común acuerdo con Miron Cozma, la conducción del Partido Rumania Grande decidió darle a éste libertad total de acción sindical, por lo que él salió temporalmente de las filas de nuestra formación política. Les recordamos a todos que tales acciones han hecho también otros, incluso el señor Costin Georgescu (miembro del Partido Nacional Liberal) y el señor Mircea Gheordunescu (miembro del Partido Nacional Campesinista Demócrata Cristiano), después de lo cual se hicieron jefes del Servicio Rumano de Información, pero nadie los acusó de afiliación política enmascarada. En lo que respecta a la Carta Abierta dirigida a los mineros por parte del presidente del Partido Rumania Grande, ésta ha representado un llamado a la calma y tranquilidad, que ha culminado con la petición  a los mineros de que no se desplacen a Bucarest. En varias conversaciones telefónicas, el líder del Partido Rumania Grande le ha aconsejado lo mismo al líder de los mineros, que permanezca con sus camaradas en Valea Jiului hasta que se resuelvan sus reivindicaciones. La verdadera instigación la ha hecho el Ministro del Interior, quien, por el canal de televisión Antena 1, declaró que iba a utilizar las armas de fuego. Nuestro partido considera que los mineros, así como otras categorías de hombres amenazados por el desempleo y la pobreza, tienen todo el derecho de manifestar, pacíficamente, donde deseen, en las condiciones previstas por la Ley. Hacemos un llamado decidido a las tropas del Ministerio del Interior y del Ministerio de Defensa Nacional para que no caigan en la trampa de la represión a los trabajadores. El Partido Rumania Grande pide la destitución inmediata de los ministros directos responsables de la situación excepcional creada en Valea Jiului, mediante medidas y declaraciones anticonstitucionales: Radu Berceanu, Traian Băsescu, Victor Babiuc, Gavril Dejeu, Valeriu Stoica. En este momento, las columnas de mineros están marchando. De las eventuales consecuencias y pérdidas humanas y materiales, la culpable no es en ningún caso la Oposición, sino el actual Poder. A la partida de los mineros de Valea Jiului, han tenido lugar escenas desgarradoras: los hijos y las esposas de éstos lloraban amargamente al costado del camino. Toda la zona es sobrevolada por helicópteros, y el Desfiladero del Jiu se ha transformado en un verdadero teatro de guerra. El lunes 18 de enero, a partir de las 15:15, las fuerzas de represión pasaron a medidas extremas: concretamente, pusieron explosivos en las peñas del Desfiladero del Jiu, al cual arrojaron por los aires, dispararon con cohetes de señalización y tiraron desde los helicópteros granadas con gases lacrimógenos, lo que provocó un verdadero Infierno. La imagen interna y externa del gobierno "demócrata-cristiano" se hizo pedazos. El régimen de tipo mafioso instaurado por Emil Constantinescu, no tiene cómo durar, porque no se puede construir nada sobre la mentira, el terror y el saqueo. Se hizo imperiosa la convocatoria del Parlamento en sesión extraordinaria. Es la últimavez que le damos un consejo al actual Poder: que organice urgentemente elecciones anticipadas, parlamentarias y presidenciales. En caso contrario, va a constatar solo que no tiene tantas fuerzas armadas capaces de reprimir la oleada de la revuelta popular.

 

Antesala de la Batalla de Costeşti

 

Se unen a los mineros de Valea Jiului en marcha, los mineros de Oltenia.

El 19 de enero, a eso de las nueve, algunos miles de mineros pasan la barrera de contención de Bumbeşti. Los gendarmes responden con bombas de humo y gases lacrimógenos, y luego se retiran. Los mineros se dirigen a Târgu Jiu, donde llegan a la una de la tarde. El Consejo Supremo de Defensa Nacional se reune en sesión urgente. El Subprefecto del Departamento de Gorj y el General Lupu se acusan recíprocamente por la retirada de los policías ante los mineros. Vlad Roşca, jefe de la Administración Pública Local, retira del cargo al Subprefecto.

Corneliu Vadim Tudor escribe el artículo «Las aguas del Jiu se han enrojecido con la sangre de los obreros», escrito el 19 de enero de 1999 y publicado en La política, 23 de enero de 1999, pp. 1, 12. Reproducimos parte del mismo: 

«El Partido Rumania Grande anuncia la caída inminente del régimen de tipo mafioso instaurado por Emil Constantinescu. Los días del Gobierno traidor al pueblo están contados. En lugar de darle pan a la población, este Gobierno irresponsable da granadas con gases lacrimógenos, bengalas de señalización, petardos, palos, furgonetas con rejas, corridas con elicópteros de ataque. Y esto ¿cuándo? En la Europa del año 1999, cuando nos preparamos a entrar a un nuevo milenio. La noche del lunes hacia el martes se ha transformado en una verdadera “Noche de San Bartolomé” que ha hecho que las aguas del Jiu se enrojecieran con la sangre de los obreros. Ha habido víctimas en las filas de los mineros, uno de ellos es el capataz Chelaru de la mina Petrila, arrojado por los gendarmes al precipicio, tiene la pelvis fracturada, se dice que habría muerto. Los mineros tienen las manos vacías, unos de ellos andan descalzos en pleno invierno. La larga marcha conducida por Miron Cozma en enero de 1999 empieza a parecerse cada vez más al levantamiento popular conducido por Tudor Vladimirescu en enero de 1821. Y ahora, como entonces, el País estaba conducido por unos fanariotas sin vergüenza y sin Dios. Y ahora, igual que entonces, muchos habitantes se han unido en la marcha del río de hombres que luchan por una vida mejor. En todo el País, y también en el extranjero, se han podido ver las escenas infernales del Desfiladero del Jiu, donde más de 10.000 hombres desgraciados han sido atacados bestialmente por las tropas bien alimentadas del general Gheorghe Lupu. [...]

Tengo informaciones según las cuales, después del paso de los mineros por la localidad de Bumbeşti, las tropas del Ministerio del Interior castigaron a la población por el recibimiento que ofrecieron a los huelguistas, muchos ciudadanos, entre ellos mujeres y niños, siendo golpeados salvajemente. Hallándose en el País de origen de sus antepasados, Israel, Victor Babiuc ha amenazado que el Ejército va a disparar a los mineros. En esta situación extremadamente grave, el Partido Rumania Grande hace un llamamiento decidido a las tropas del Ministerio de Defensa Nacional y del Ministerio del Interior para que entren en sus cuarteles y que no repitan los errores fatales de diciembre de 1989. Los reglamentos militares prevén claramente que una orden absurda y anticonstitucional puede ser rechazada. Así, según se ve, la “monstruosa coalición” CDR-USD-UDMR se empeña tercamente en aferrarse al poder por todos los medios, incluso a precio de un baño de sangre. Mediante las medidas y declaraciones irresponsables de los llamados Victor Babiuc, Radu Berceanu, y Traian Băsescu, la formación infractora PD-FSN se ha suicidado políticamente. En esta situación de cadáveres políticos se encuentran también el Partido Nacional Campesino Demócrata Cristiano y el Partido Nacional Liberal, quienes demuestran no haber aprendido nada de las lecciones de la Historia. La opinión pública interna e internacional tiene ahora, holgadamente, la ocasión de ver, en vivo, quién practica el extremismo y el terrorismo, quien instiga, quien atenta contra la Seguridad Nacional, quien destruye la imagen de Rumania en el mundo. Era previsible que sólo a semejante desenlace sangriento podía conducir la política aventurera, basada en la mentira y el robo, practicada por Emil Constantinescu y su banda de malhechores. En lugar de resolver los problemas del País, estos exterminadores no saben hacer otra cosa que acosar día y noche a sus opositores con expedientes penales, pinchando sus teléfonos, seguimientos permanentes y amenazas de prisión. Estos psicópatas, entre los que se destacan Gavril Dejeu y Valeriu Stoica, se la han jugado demasiado por la cobardía o falta de reacción de unos, o por la complicidad de los medios de comunicación a los que chantajea con cualquier interés. [...]

El Partido Rumania Grande llama a todas las plataformas obreras a declarar la huelga general, la única modalidad legal y pacífica por la cual la población puede sacudir el yugo de los canallas y puede evitar un genocidio seguro. Proponemos, al mismo tiempo, que se decrete un día de duelo nacional para las víctimas de Valea Jiului. Hemos dado indicaciones a las representaciones del Partido Rumania Grande en todas las localidades por las que va a pasar, en estos días, la columna de huelguistas, para que los ayuden con alimentos, medicamentos y todo lo que sea necesario para su supervivencia. [...]

Si ni siquiera ahora se va a comprender que la única solución para salir de la crisis es la organización de elecciones anticipadas, parlamentarias y presidenciales, significa que el Gobierno actual no es sólo desalmado, sino que ni siquiera tiene instinto de conservación. Nuestro partido hace de nuevo un llamamiento a los mineros huelguistas para que se manifiesten tranquilamente, y que no respondan a las provocaciones de los saboteadores profesionales, porque su huelga es perfectamente legal y su finalidad no puede ser sino un logro de la clase obrera. Como partido nacional, de centro-izquierda, el Partido Rumania Grande está con cuerpo y alma al lado del proletariado rumano. [...]»

 

Los mineros en Târgu Jiu

 

El 20 de enero, después de haber pasado la noche en la Sala de Deportes y en el césped del Estadio Panduri de Târgu Jiu, los mineros parten, a eso de las diez, hacia Râmnicu Vâlcea. El parlamento es convocado en sesión extraordinaria por el Presidente Emil Constantinescu, quien invita para el 21 a todos los líderes de partidos políticos con representación parlamentaria a una reunión.

El Gobierno pide en repetidas ocasiones a los gendarmes que detengan a los mineros. Gavril Dejeu sostiene que “los mineros no van a llegar de ningún modo a Bucarest”.

Cozma pide la renuncia de Dejeu, Berceanu, Băsescu y Stoica, y llama a Radu Vasile a Târgu Jiu. Los mineros pasan la noche en las proximidades de Horezu, a tres kilómetros de Costeşti, donde se encuentra una fuerte barrera de contensión de las fuerzas del orden.

El conflicto empezó en un momento “inadecuado”. Una delegación del Banco Mundial se encontraba en Bucarest, donde se discutía la posibilidad de nuevos préstamos, considerados “esenciales” para la supervivencia económica del país. El Banco Mundial prometió ayuda al Gobierno rumano, a condición de que éste acelere las reformas. Una de las medidas tomadas, teniendo en cuenta precisamente las negociaciones con el Banco Mundial, fue el cierre de 140 minas, exactamente el mismo motivo por el que protestan los mineros.

Al mismo tiempo, las autoridades estaban preparando un proyecto de presupuesto para enviar al parlamento.

El Ing. Jenel Copilău, Presidente de la Filial Departamental Olt del Partido Rumania Grande escribe en La política, 23 de enero de 1999, p. 5, el siguiente comunicado:

«El Partido Rumania Grande - Filial Olt protesta vehementemente en contra de las medidas anticonstitucionales y antihumanas aplicadas por la conducción húngaro-rumana en contra de los huelguistas de Valea Jiului. El uso de los medios de lucha, en especial de armas químicas, en contra de los mineros, por su profesión ya enfermos crónicos a causa de las condiciones de trabajo bajo la tierra, no demuestra sino la incapacidad del Gobierno actual de realizar la reforma en el contexto de las condiciones concretas existentes en el País. Nos declaramos a favor de la continuación de la reforma, pero no usando métodos de hambre, ventas de sociedades, con el pretexto de que no son rentables, y el aumento del desempleo, de los impuestos, sin soporte económico. Nos pronunciamos decididamente a favor de la renuncia del Ministro de Industria, Radu Berceanu, del Ministro del Interior, Gavril Dejeu, por las medidas adoptadas en contra de los mineros y la irresponsabilidad de evitar el diálogo. Estamos al lado de esta categoría social desfavorecida y de las otras categorías disconformes por las condiciones precarias de vida y militaremos por sacar al País de la crisis económica y socio-política.»

 

La Batalla de Costeşti

 

El 21 de enero el Primer Ministro envía a Râmnicu Vâlcea una comisión conducida por el Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Alexandru Athanasiu, pero los mineros se niegan a dialogar.

A las tres de la tarde empiezan los enfrentamientos violentos entre los mineros y los policías en Costeşti. En menos de una hora los mineros atraviesan la barrera de contensión y toman más de 1.500 rehenes. Como consecuencia de los enfrentamientos se registran más de 200 heridos, de los cuales tres muy graves, la mayoría policías, y numerosos daños materiales.

Gavril Dejeu renuncia como consecuencia de esta humillante derrota sufrida por sus subordinados, y es reemplazado en la conducción del Ministerio del Interior por Constantin Dudu Ionescu.

Por la tarde los mineros llegan a Râmnicu Vâlcea, donde van a pasar la noche. Alrededor de las diez y media de la noche tiene lugar una sesión extraordinaria del Ejecutivo. Mientras tanto, el presidente se encuentra con los líderes de los principales partidos parlamentarios para analizar la situación creada en el país y se considera incluso el decretar el estado de emergencia. Se decide convocar el parlamento en sesión extraordinaria para el 22 de enero.

En la noche del 21 a 22 de enero, importantes contingentes de las fuerzas del orden e incluso algunos tanques se desplazan hacia la ciudad de Piteşti.

Las fuerzas del orden que recorrieron durante la madrugada del día 22 de enero la autopista Bucarest-Piteşti, se encontraron a 20 kilómetros más allá de Piteşti con las tropas que hicieron frente a los mineros en Costeşti y se separaron en varias barreras de contensión. Al mediodía no se veía ningún policía a la entrada a la ciudad de Piteşti, donde, en la carretera que va hacia Râmnicu Vâlcea, algunos policías detenían a los vehículos civiles que a pocos kilómetros el camino está interrumpido. Podían pasar sólo los que vivían en la zona.

Dijo un policía: «Nosotros vinimos de Costeşti. Desde hace tres días estamos en la carretera, y encima, nos dieron una paliza. No nos aseguran ni la comida. La compramos con nuestro dinero. También con nuestro dinero compramos un poco de gasolina; mientras estamos estacionados, nos calentamos en los vehículos. Si los mineros vienen hacia nosotros, ni siquiera podremos defendernos. Ni siquiera tenemos suficientes bastones. Los mineros eran muchos y todos los pobladores locales habían pasado de parte de ellos».

Otro comentaba: «Éste, Vasile, ¿viste? Es un arrogante, empezó a moverse después de que nosotros cobramos terrible paliza».

Algunos de los policías que participaron en la Batalla de Costeşti comentaron que perdieron la lucha debido a su jefe, el General Lupu, quien olvidó los cañones con agua. “Una tonelada de agua fría en los mineros y no llegan a Râmnic”, comentó un policía.

Quedaron 134 policías heridos, de los cuales 9 en estado grave, 61 gendarmes heridos, de los cuales un oficial en coma.

Las fuerzas del orden tienen la moral destruida después de la derrota en los enfrentamientos con los mineros. Los mineros festejan su victoria.

Una de las principales consecuencias de la derrota de las tropas del Gobierno en Costeşti, fue la aceptaciíon a dialogar con los líderes sindicales. El Primer Ministro se reunirá con Miron Cozma en el Monasterio Cozia, en las proximidades de Râmnicu Vâlcea.

 

La posición del Partido Rumania Grande

 

El semanario La política del Partido Rumania Grande publica el 23 de enero (pp. 1, 5) el artículo «Pan y dignidad», que reproducimos a continuación.

«La huelga general de los mineros de Valea Jiului ha sido la noticia destacada de los acontecimientos políticos también en el transcurso de la semana pasada, y, más que seguro, su eco se va a prolongar por mucho tiempo de ahora en adelante. En el ambiente hostil que ha creado ante los hombres que trabajan bajo la tierra y, especialmente, ante su líder, Miron Cozma, la prensa canalla, ambiente que se esfuerzan en mantener las emisiones de televisión filtradas por los politiqueros de Cotroceni, el hombre de la calle difícilmente va a discernir qué ha determinado a los mineros a interrumpir su trabajo y por qué se empeñan en que se les reconozcan los objetivos para satisfacción de los cuales han comenzado la lucha. Volvemos, pues, sobre este conflicto, no sólo porque, como hemos demostrado, los hombres tienen razón, sino también porque su gesto desesperado plantea varios problemas de principio de los que nadie se puede abstraer. La causa que ha determinado el estado de descontento en cuyo fondo se ha decidido la interrupción del trabajo en los lugares de demolición de las minas, no reside sólo en la decisión de cerrar algunas minas, decisión tomada precipitadamente y aplicada con brutalidad, sino en la política de conjunto promovida por el Gobierno de derecha, llegado al poder mediante fraude moral después de 1996. Es una política canalla que, con el pretexto de promover la reforma, y al abrigo de una fraseología mediante la cual los politólogos semidoctos intentan convencernos de que el objetivo son legítimos desiderata económicos, en especial, la liquidación de los llamados agujeros negros, adquiere cada vez más el carácter de una orientación antinacional. Un componente tan visible como peligroso lo representa la orientación anti-obrera.

»En todo este tiempo, el peso del apoyo a la huelga general de los mineros ha caído en los hombros del Partido Rumania Grande. Partido de centro-izquierda, nuestra formación ha ilustrado con brío su vocación, encontrando los caminos y los medios necesarios para mantener el ánimo de los huelguistas y su fuerza de resistencia, sin por ello incitarlos a la violencia. La carta dirigida por parte de su líder, el senador Corneliu Vadim Tudor, a los mineros les va a quedar un documento al que la historia, si se respeta, tiene que mencionar con mayúsculas. Nos ha hecho recordar los comienzos de nuestro movimiento obrero, cuando los hombres hallados en conflicto con el Gobierno se ayudaban entre ellos, juntaban dinero y alimentos para los de las primeras filas. El que justo esta iniciativa haya provocado los gritos de la prensa sometida a Cotroceni demuestra que el énfasis ha sido puesto allí donde hacía falta. Pan y dignidad han pedido y piden los obreros huelguistas. Todos necesitamos hoy pan y dignidad, cuando las fuerzas negras de la reacción han puesto la mano en el poder y quieren usarlo para tomarse una revancha social deseada desde hace más de cuatro décadas. Esperemos que no lo logren. Mejor dicho, ¡hagamos todo lo posible para que no lo logren!»

   

Los mineros protestatarios en Râmnicu Vâlcea

 

El Municipio Râmnicu Vâlcea era, en las primeras horas de la mañana, asaltado por los mineros. Se instalan enfrente de la Prefectura, y aparcan sus decenas de autobuses y camiones de gran tonelaje a la derecha de ésta.

Los fuegos encendidos por los mineros, en el medio de la noche, todavía humeaban. Algunos de los mineros corrían para calentarse, otros jalaban desesperadamente los cercos de los alrededores, de los cuales se procuraban leña.

El hospital departamental de Râmnicu Vâlcea fue, en la noche del jueves al viernes, el lugar donde pasaron su tiempo los mineros y los gendarmes heridos. El doctor Florin Ghiţă, el director del hospital, declaró:

«Fueron traídas aquí 131 personas, 95 de las cuales eran gendarmes, 34 mineros, un habitante de Costeşti y una reportera de la BBC. De éstos, sólo 46 hombres fueron internados en nuestra unidad (36 gendarmes, 8 mineros, el hombre de Costeşti y la mujer de la BBC). [...] De los policías internados, seis personas fueron traídas antes de la batalla de Costeşti, y el resto estaba constituido por intoxicados con gases lacrimógenos. En la sección de oftalmología, se encuentra en estado bastante crítico la periodista de la BBC, Paula Iulia Păun (de 30 años, Bucarest). El diagnóstico de los médicos fue: llagas en la córnea en los dos ojos a causa de los pedazos de vidrio. [...]»

Esperando con frío noticias de Cozma, los mineros se amontonaron en sus autobuses, donde comieron muy bien. Unos de ellos, los más jóvenes, durmieron todo el día. No se bajaron de los vehículos sino cuando fueron instigados por parte de los 1.000 vecinos reunidos en frente a la Prefectura. Éstos últimos gritaban que se unirían a los mineros si el prefecto Nicolae Curcăneanu no es retirado de su cargo.

Al mediodía efectuaron dos marchas por la ciudad, y la última de ellas se acabó en la terminal de autobuses, de donde pretendían que se les pusiera a disposición algunos autobuses para partir al lado de los mineros a Bucarest.

Después de anochecer, circulaban, a la espera del veredicto de Cozia y al igual que durante la noche, en grupos de cinco o seis. Conversaban, hacían llamadas telefónicas o jugaban al fútbol con pelotas improvisadas hechas con envases de refrescos.

Algunos estaban tristes porque, si las negociaciones llegan a buen puerto, van a tener que volver sobre sus pasos para regresar a Petroşani. Otros estaban decididos: «¡Queremos ir a Bucarest!».

Según Corneliu Vadim Tudor, la marcha de los mineros es “una revolución de liberación de Rumania del yugo de la mafia y de los traidores de la patria”. Corneliu Vadim Tudor pidió la constitución de un “consejo revolucionario”, que “gestione el país de modo imparcial”, y que prepare elecciones anticipadas. Pidió asimismo la dimisión inmediata del presidente Constantinescu y del Gobierno Vasile. El senador Corneliu Vadim Tudor criticó la decisión del Consejo Supremo de Defensa Nacional de instituir el estado de emergencia y llamó a los militares del Ministerio de Defensa Nacional y del Ministerio del Interior a fraternizar con la población sublevada. El líder del Partido Rumania Grande sostiene que los mineros van a ser bien recibidos si llegan a Bucarest.

 

La Paz de Cozia

 

Los mineros se detuvieron en su marcha hacia Bucarest. El Primer Ministro, Radu Vasile, se reune con el líder sindical Miron Cozma en el monasterio Cozia. Durante los momentos finales de ese encuentro, Vasile y Cozma negociaron literalmente a solas.

Como consecuencia de las negociaciones que tuvieron lugar el 22 de enero en Cozia, los mineros regresan a Valea Jiului. Después de cuatro horas de negociaciones se pusieron de acuerdo en reanalizar la posibilidad de reducir los gastos de las minas y afirmaron que ambas partes quedarían satisfechas.

El Primer Ministro llega en helicóptero, el cual es recibido con insultos y abucheos por parte de los mineros. El helicóptero aterriza en las proximidades de Căciulata, y el Primer Ministro llega a Cozia en jeep. De la delegación gubernamental formaban parte también el Ministro de Finanzas, Decebal Traian Remeş, el Secretario de Estado Nicolae Stăiculescu, y Ioan, obispo de Harghita y Covasna.

La prensa del día 23 de enero afirmaba que el contenido de las discusiones entre Vasile y Cozma permanecería en secreto durante un mes, y que después de tantas horas de conversaciones, no se había firmado ningún documento. Después de las negociaciones, Vasile afirmó: “en un plazo de 30 días se va a presentar un programa de reestructuración y de reducción de las pérdidas, realizado conjuntamente por la Compañía Nacional de la Hulla y los líderes sindicales”.

Poco antes del término de las negociaciones, el Ministro de Finanzas  declaró que “no se discutió nada sobre un aumento salarial”.

Después de las negociaciones, Cozma declaró: «se solucionó parte de las reivindicaciones en estas negociaciones, y en los próximos 30 días tenemos que retomar las conversaciones sobre las otras que han quedado por solucionar. Es importante que se hayan obtenido reivindicaciones para todos los mineros que estuvieron allí presentes. Las reivindicaciones solucionadas fueron de naturaleza económica. Nos pusimos de acuerdo en hacer una reducción de los gastos.»

La noticia de la firma de la “Paz de Cozia” pareció no haber sorprendido a los mineros. Antes de que el prefecto de Vâlcea anunciara el resultado de las negociaciones, muchos mineros se habían subido ya a sus autobuses. Cuando se enteraron de la noticia, se produjo un poco de confusión. Muchos mineros fueron “informados” por parte de algún gracioso que Miron Cozma habría sido arrestado. Romeo Beja, otro líder sindical, logró calmarlos y los autobuses empezaron a marchar en columnas hacia la salida de la ciudad.

Los pobladores locales, unas centenas, que protestaron todo el día en frente de la Prefectura, solicitaron que viniese Miron Cozma, a quien acusaban ahora de traición. Otros, que continuaban sosteniendo que Cozma estaría en poder de la policía, tomaron como rehén a Romeo Beja, con la excusa de que pretendían defenderlo. La “protección” se materializó en algunos codazos, pero Beja, separado de los mineros, no pudo protestar. Aprovechando un instante de distracción de sus captores, Beja pudo refugiarse en la Prefectura alrededor de la hora 20:00, cosa que encendió aún más los ánimos. Los nervios de los manifestantes cedieron, y procedieron a romper los vidrios de la Prefectura. Beja abandona en edificio de la Prefectura bajo escolta policial. Entre tanto, llega Cozma, quien recoge a sus camaradas para emprender el viaje a casa, hacia Petroşani.

La manifestación enfrente a la Prefectura continuó casi dos horas más. Los habitantes de Râmnicu Vâlcea, disconformes porque no vendrían a manifestar a Bucarest, se enfrentan con la policía. Algunos policías habrían sido heridos por las piedras arrojadas. Por fin, los gases lacrimógenos y los petardos hicieron su efecto, y los manifestantes son dispersados, no sin antes romper algunas ventanas laterales del edificio.

Después de la retirada de los mineros, un grupo de cerca de 50 vecinos protestaron también frente a la sede de la Junta Departamental de Vâlcea, pidiendo que sea sustituido el prefecto Nicolae Curcăneanu.

En Cozia, el Gobierno se compromete a no iniciar acciones de ningún tipo contra los participantes y los líderes de sindicato en las manifestaciones reivindicativas que tuvieron lugar entre el 4 y el 22 de enero.

No se cierran Dâlja y Bărbăteni. De este modo, la Liga de los Sindicatos Mineros de Valea Jiului, junto a especialistas de la Compañía Nacional de la Hulla, van a intentar encontrar un plan de restablecimiento de estas dos minas.

Los salarios serán aumentados, pero no del modo en que los sindicatos lo preveían. Esto va a ser en función de un plan de reducción de las pérdidas de la Compañía Nacional de la Hulla en un 20% anual, pérdidas que serán escalonadas de este modo durante un período de cinco años. Se estableció también que el programa de reestructuración de la industria minera sea realizado en colaboración con los sindicatos.

 

El presidente anula el estado de emergencia

 

La inminencia de la llegada de los mineros a Bucarest condujo a declarar de modo condicionado el estado de emergencia. La decisión fue tomada en la sesión extraordinaria del Consejo Supremo de Defensa Nacional, convocada después del encuentro entre lel Presidente Emil Constantinescu con los líderes de los partidos políticos parlamentarios. La conclusión de estas conversaciones fue que el Primer Ministro Radu Vasile tiene que implicarse en el conflicto y, si continúa la violencia, deberá declararse el estado de emergencia.

El Partido Rumania Grande fue el único partido que no participó en estas discusiones.

El Presidente Emil Constantinescu dirigió el siguiente mensaje a la nación:

«Estimados conciudadanos: me dirijo a ustedes mientras tienen lugar unos acontecimientos que pueden tener consecuencias de las más graves para nuestro país y para todo nuestro pueblo. En los últimos días y, sobre todo, en las últimas 24 horas, las manifestaciones ilegales de los mineros de Valea Jiului, conducidos por Miron Cozma, generaron gran violencia y grandes peligros no a un Gobierno o a un poder político, sino a toda la nación. Fueron atacadas las fuerzas del orden, fueron burladas las normas más elementales de la ley, fueron golpeados y humillados hombres que llevaban uniforme militar, fueron hechos rehenes, se les sustrajo el armamento y municiones a los cuerpos de gendarmes. En calidad de comandante de las Fuerzas Armadas, no puedo admitir la burla a los militares que defienden el orden público, y como Presidente de Rumania tengo la obligación constitucional de velar por el buen funcionamiento de Rumania, tengo la obligación constitucional de velar por el buen funcionamiento de las instituciones públicas que fueron puestas en peligro. [...] Si hasta la hora catorce del día de hoy, 22 de enero, los mineros no emprenden el regreso a Valea Jiului, el estado de emergencia va a entrar en vigor desde la hora catorce. Si, en este intervalo, van a intentar dirigirse hacia otra dirección, el estado de emergencia va a entrar en vigor inmediatamente.»

 

Por la noche, como consecuencia de las negociaciones en Cozia, el Presidente anula el estado de emergencia condicionado.

El estado de emergencia puede durar como máximo treinta días. Mientras dura el estado de emergencia, las autoridades pueden emitir ordenanzas que tienen el poder de leyes. Las ordenanzas son emitidas por el Ministro del Interior y pueden restringir algunos derechos constitucionales fundamentales sólo con la aprobación del Ministerio de Justicia. Las autoridades militares tienen derecho a limitar o a prohibir la circulación de vehiculos o personas a algunas horas, tienen derecho a efectuar razzias, así como a ejercer en exclusividad el derecho de autorizar el desarrollo de encuentros públicos, de manifestaciones o de marchas. Los medios de comunicación, independientemente de la forma de propiedad, son obligados a transmitir con propiedad los mensajes de las autoridades. Mientras dure el estado de emergencia, el uso del armamento se hará mediante la derogación de la legislación vigente sobre el uso de las armas. De este modo, los soldados podrán usar sus armas, con sólo recibir la orden del procurador de abrir el fuego.

 

La sesión en el parlamento

 

Al mismo tiempo que las negociaciones de Cozia, empezaba la sesión en el parlamento, convocado en sesión extraordinaria, a pedido del Presidente de la República.

Adrian Năstase, uno de los líderes del PDSR, expresó su perplejidad porque el Presidente no está presente en los debates. Ion Iliescu, presidente de esta formación política, se jactaba de que, mientras él fue Presidente de la República, no ha tenido que usar jamás su derecho a instituir el estado de emergencia. Se mostró además satisfecho de la dimisión del Ministro del Interior, Gavril Dejeu, hecho que muestra un reconocimiento de impotencia por parte del Gobierno actual.

La sorpresa fue la aparición en sala del senador del Partido Rumania Grande, Corneliu Vadim Tudor. Intentó demostrar que su partido no se encuentra atrás de la violencia generada en las últimas horas. La prensa sometida al Gobierno se había empeñado en demostrar la implicación del vicepresidente del Partido Rumania Grande, un tal Mihai Preda, nombre que ni siquiera figura entre los miembros del partido. Además, el 26 de enero, la Liga de los Sindicatos Mineros de Valea Jiului desmentiría categóricamente la implicación del Partido Rumania Grande o del Partido Socialista del Trabajo en este movimiento social.

Reproducimos parte del discurso de Corneliu Vadim Tudor en el parlamento (Rumania Grande, nr. 446, 29 de enero de 1999):

« Si en 1989 hubo una Revolución anticomunista, en 1999 estamos presenciando una Revolución antimafiosa. La evolución de los acontecimientos de Valea Jiului demuestra quiénes son, en realidad, los que han tomado el Poder en noviembre de 1996, mediante la mentira y el fraude moral. Un conflicto colectivo de trabajo cualquiera, así como ha habido cientos en el territorio del País, fue transformado, en sólo dos semanas, en un levantamiento popular difícil de contener. La mayor parte de la culpa la tiene la arrogancia de la Presidencia y del Gobierno, que se han negado sistemáticamente a tomar en serio las reivindicaciones de los mineros. Recuerden qué posición rígida, de robot, había adoptado el Ministro de Industria  y Comercio, que hablaba entrecortado, como una rueda dentada, de que los mineros han producido daños de cuatro mil millones de dólares, que él va a importar carbón del extranjero, etc. De hecho, lo que estos aficionados llaman “Reforma” es un programa diabólico de liquidación de la economía rumana, ordenado por el FMI y el Banco Mundial. Sólo que si los millones de animales exterminados en el año 1997 por orden del Banco Mundial no pudieron protestar, he aquí que decenas de miles de mineros amenazados también con el exterminio, protestan. Es su derecho a trabajar. Es su derecho a vivir. ¿Qué es tan difícil de entender? La población no come programas, señor Victor Babiuc. No me habría imaginado jamás que la prensa rumana se podría prostituir de semejante modo, insultando el sentido común de todo el Pueblo, defendiendo un estado de hecho que le asegura a ella negocios productivos e ilegales. La reacción de la población sublevada, que en Râmnicu Vâlcea ha abucheado copiosamente a los representantes de la TVR y de PRO TV es la respuesta ardiente del rumano simple, que sanciona a los lobos moralistas [...]. El levantamiento a la lucha de los mineros no es la obra de ningún partido político ni de ningún Servicio Secreto, legal o ilegal: simplemente, los hombres no pueden soportar más. Los periodistas extranjeros saben igualmente bien como nosotros que a este tipo de enfrentamientos sangrientos ha llevado, en varios Países del mundo, la aplicación de la “terapia de shock”, impuesta por el FMI. Albergamos la esperanza de que no haya nadie tan irresponsable que pretenda que también el Partido Rumania Grande ha estado atrás de los levantamientos populares de Perú, Guatemala, y de otros Países torturados por unos planes económicos siniestros. [...]

»Malos sicólogos, los gobernantes no tuvieron en cuenta un elemento esencial: ¡la fraternización de la población con los mineros huelguistas! Por todos los lugares por los que pasamos, los mineros fueron recibidos con flores y hurras, con alimento y ropa, por parte de multitudes impresionantes de hombres. Es la primera vez en la Historia de Rumania cuando cobra vida lo que en los textos hoy odiados del materialismo histórico, popularizados por el ex secretario del PCR, Emil Constantinescu, se llama “alianza de los trabajadores con los campesinos”. Y es la primera vez desde 1907 que los campesinos participan de la lucha por una vida mejor.

»En la mañana de hoy me he enterado de cuántos heridos hay de parte de los protestatarios, los que no fueron mostrados por ningún canal de Televisión: 60 mineros y 108 campesinos en Costeşti. A aquéllos a los que les dan lástima los gendarmes, les voy a relatar las escenas de horror que tuvieron lugar después de que los mineros se fueran de Râmnicu Vâlcea: exactamente los mismos gendarmes que fueron liberados y que andaban cabizbajos, se transformaron bruscamente en fieras, regresaron a Costeşti, golpearon sangrientamente a los lugareños y les descuartizaron los caballos y los cerdos con cuchillos. ¿Por qué no filmaron también estas escenas, señores de la TVR, PRO TV y PRIMA TV? ¿Por qué no son correctos? ¿Por qué han tratado como a hombres sólo a unos, y a los otros como a sub-hombres, que pueden morir tranquilamente?

»Tengo informaciones según las cuales, anoche, la ciudad de Râmnicu Vâlcea fue rodeada por no menos de 130 vehículos blindados. Al mismo tiempo, en la zona Hanului Topolog, las tropas del Ministerio de Defensa Nacional y del Ministerio del Interior hicieron una barrera de contensión de fuego, compuesta por varios tanques y camiones situados en la carretera, y por un dispositivo gigantesco de policías, quienes extendieron redes de alambres de púa. En otro camino, al lado de la localidad de Troian, a dos kilómetros de Râmnicu Vâlcea, fueron llevados tres anfibios. También, durante toda la noche y la mañana, decenas de blindados han marchado de Piteşti y Craiova hacia Râmnicu Vâlcea. Toda la noche se ha cargado munición de guerra desde Băneasa. Algo así es ilegal, porque no se había decretado ni estado de emergencia ni estado de asedio. En el momento en el que hablo, se desarrollan negociaciones entre la delegación gubernamental y la delegación de los huelguistas, en la localidad de Cozia, pero ¿qué tipo de negociaciones son ésas, que se hacen bajo la presión de tropas armadas, de perros policías, de cañones, de orugas, de los lanzallamas? Y ¿cuándo ha cumplido su palabra la “monstruosa coalición” CDR-USD-UDMR, para respetar ahora nuevas promesas? Un cinismo tal, escalofriante, de negociar con la pistola en la mesa, no lo han tenido en la Historia sino Hitler y Stalin. El Partido Rumania Grande hace un llamamiento decidido a las tropas del Ministerio de Defensa Nacional y del Ministerio del Interior para que no disparen hacia la población sublevada. No se trata aquí de ningún golpe de estado, sino de las oleadas del descontento de la población, que ya no soporta que se la someta al hambre y la humillación. Sí, señores campesinistas y liberales, ¡ustedes causan el hambre de la población! [...] Estimados comandantes militares, ¡no carguen su conciencia con el pecado mortal de abrir el fuego contra sus hermanos trabajadores y campesinos! Son suficientemente inteligentes para comprender que el régimen de tipo dictatorial de Emil Constantinescu no tiene cómo durar dos años, y si se le deja terminar con los trabajadores y campesinos, mañana los va a liquidar a ustedes también. [...]

»En lo que atañe al Partido Rumania Grande, éste tiene la conciencia tranquila. Nosotros no fuimos los que provocamos la reacción popular. Ya desde el 4 de enero (por lo tanto, desde el primer día de huelga) hablé por teléfono, uno por uno, con testigos, con los señores Radu Vasile, Ion Diaconescu, Ulm Spineanu y Miron Cozma, ofreciendo mi intervención para solucionar el conflicto. Sólo que el actual Gobierno, en su soberbia megalómana, se negó a cualquier diálogo real, ha escenificado un simulacro de conversaciones, tensando la cuerda hasta que reventó. Durante todo el desarrollo de la crisis, el Partido Rumania Grande ha hecho repetidos llamamientos, dirigidos a los mineros, para que no vinieran a Bucarest. Es más, le prohibí al diputado del Partido Rumania Grande de Hunedoara, señor Ilie Neacşu, que se desplazara a Deva, para una simple sesión de nuestra Filial departamental, precisamente para evitar que su presencia en la zona se pudiese interpretar políticamente. Sólo que, en su infantilismo, el Gobierno actual busca chivos expiatorios. Una y otra vez chivos expiatorios. En vez de ver la esencia dramática de los problemas, en lugar de preguntarse qué errores graves cometió, hasta el punto de llevar a la población a la furia de echar mano a las porras y las hachas, el régimen fanariota de Emil Constantinescu le echa siempre la culpa a los otros. En estos días, el Gobierno cree que ha llegado el momento de cerrarle la boca definitivamente a la Oposición política y proscribir el Partido Rumania Grande. [...] En mi contra y en contra del Partido Rumania Grande vale todo, cualquier métodos, más allá de cuán sucios sean: se miente al decir que tenemos Servicios Secretos y Paramilitares, se miente al decir que hemos abastecido a la columna de manifestantes  de cocktails molotov, se miente al decir que los generales Gh. Lupu y Virgil Ardelean son nuestros hombres, lo que ha provocado además que ellos mismos lo desmintieran categóricamente, se miente al decir que habríamos confeccionado “listas negras” con los domicilios de unos periodistas y políticos, se miente al decir que tendríamos relación con organizaciones terroristas o rusas, las cuales actuarían ahora para desestabilizar a Rumania, etc. [...] Señor Valeriu Stoica, sepa que el Partido Rumania Grande se pronuncia a favor del estado de derecho, la democracia y el pluripartidismo, pero no a precio de un baño de sangre. Todas las revoluciones de la Historia se han creado su propia justificación jurídica. ¡El Partido Rumania Grande solicita elecciones anticipadas, parlamentarias y presidenciales! ¡Felicitaciones a los mineros! ¡Felicitaciones a la heroica población del departamento de Vâlcea! ¡Viva Rumania Grande!»

 

La represión de febrero

 

Al cabo de sólo tres semanas, los mineros de Valea Jiului organizan una nueva marcha hacia Bucarest. El movimiento comenzó después de que la Suprema Corte de Justicia condenara, el 15 de febrero, a Miron Cozma a 18 años de cárcel, por hallarlo responsable de los daños causados durante la marcha minera de setiembre de 1991. Los mineros están decididos a defender a su líder y llevar a cabo lo que dejaron inconcluso en enero.

El Ministerio del Interior comunicó en la noche del 16 de febrero que Mirón Cozma es buscado para ser arrestado.

En opinión del senador Corneliu Vadim Tudor, la condena a Miron Cozma equivale a la pena de muerte, «porque un minero mayor de 45 años, con las enfermedades profesionales conocidas por todo el mundo, ya no sale vivo después de 18 años de cárcel» (Rumania Grande, 19/2/1999, p. 1).

El Ministro del Interior, Constantin Dudu Ionescu, califica la acción de los mineros de “acto terrorista”. Considera el arresto de Cozma una operación militar y asegura que la Policía Rumana va a cumplir con su deber. La orden de arresto se emitió en la mañana del 16 de febrero. El Ministro cree que no será necesario decretar el estado de emergencia.

El partido conducido por Ion Iliescu considera que la sentencia dada a Miron Cozma es abusiva. Los líderes del Partido de la Democracia Social de Rumania dicen que la decisión de condenar a Miron Cozma a 18 años de prisión ha sido influida por el Presidente Emil Constantinescu y el Ministro de Justicia, Valeriu Stoica. El portavoz del PDSR, Ion Mircea Paşcu, declaró que Miron Cozma no puede ser condenado por haber cometido acciones anticonstitucionales cometidas en un momento en el que no existía Constitución. Ésta es aprobada en diciembre de 1991, mientras que los acontecimientos inconstitucionales por los cuales se quiere juzgar a Miron Cozma sucedieron en setiembre de 1991.

Por otra parte, el vicepresidente del PDSR declara que es inadmisible que se culpe a una sola persona por una acción eminentemente colectiva.

Corneliu Vadim Tudor declara: «Emil Constantinescu demuestra una vez más que es un irresponsable. Al condenar a Miron Cozma a 18 años de prisión, Emil Constantinescu ha puesto en ridículo a Radu Vasile, quien [...] firmó un acuerdo con el líder de los mineros en el Monasterio Cozia. Esta condena no tiene ninguna justificación, y no tiene nada que ver con los acontecimientos de setiembre de 1991, y queda muy claro a todos que la misma se refiere a los acontecimientos de enero de 1999. Tal vez ahora el pueblo se dé cuenta de que el actual Gobierno no tiene ni pizca de credibilidad, siendo capaz de cualquier canallada. Personalmente, les prometo a Emil Constantinescu y a Valeriu Stoica el siguiente favor: dentro de un año, para el día de San Valentín, van a pasar el día de los enamorados en la misma celda. En conclusión, Rumania está conducida por unos mafiosos, de los que no podremos escapar sino mediante un verdadero levantamiento popular, que no se detenga a mitad de camino.» (Cotidiano, 17/2/1999, p. 3).

Los mineros de Oltenia, Comăneşti, Câmpulung, Brad y Apuseni se solidarizan con los de Valea Jiului. En la noche del 15 al 16 de febrero, los mineros pernoctan en la sede de la Liga de los Sindicatos de los Mineros de Valea Jiului, después de haber decidido oponerse al arresto de Miron Cozma, considerando que la sentencia de la Suprema Corte de Justicia es ilegal. El 15 por la noche, frente a la sede de la Compañía Nacional de la Hulla se reunieron unos 400 mineros, quienes gritaban: «¡Morimos, luchamos, a Cozma defendemos!», y clamando por ir a Bucarest para realizar lo que no pudieron en enero.

Cozma se dirigió a los mineros, declarándoles que está al lado de ellos, y Romeo Beja afirmó que van a seguir también otros arrestos, tanto de líderes sindicales, como de mineros.

En la sede de la Liga de los Sindicatos de los Mineros de Valea Jiului se organizaron guardias por turnos, y Cozma hizo una gira por las principales minas para convencer a los mineros a declarar la huelga general, por no haber sido firmado el contrato colectivo de trabajo y porque el Gobierno no respetó sus promesas. “Si es necesario ir hasta Bucarest, lo haremos. Esta vez vamos hasta el final”, declaró Cozma.

Durante la mañana del 16 de febrero, casi 500 mineros en seis autobuses partieron hacia Bucarest, atravesando el Desfiladero del Jiu, sin toparse con impedimento alguno. El grupo se detuvo alrededor de la hora 10:00 a la salida del Desfiladero, en la ciudad Bumbeşti-Jiu. Habían venido a bloquear el acceso de las fuerzas del orden al Desfiladero. A la misma hora, en frente al edificio de Petroşani todavía estaban reunidos cerca de 100 mineros. Parece que los mineros pretendían abandonar la ciudad en grupos pequeños, para no llamar la atención de las autoridades.

A las 12:00 ya había cerca de 1000 mineros en Bumbeşti-Jiu, y su numero crecía. Los coches con los que éstos habían llegado, iban y venían, trayendo más mineros desde Petroşani. A las 13:00 ya había 2000 mineros. La mayoría estaba armada con palos, y algunos tenían bastones de goma, capturados durante los enfrentamientos de enero en Costeşti.

Hacia la tarde, 4000 mineros habían partido ya hacia Bucarest, en grupos pequeños y por caminos diferentes. Hacia Râmnicu Vâlcea partieron cinco autobuses, y hacia Craiova 15 coches y seis autobuses.

Fuentes gubernamentales declaran que los acontecimientos de Valea Jiului pueden conducir a la postergación por un breve período de la firma del acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional.

Se especula que un gran número de mineros se encontraría en Bucarest; se trataría de mineros que viajaron en tren como simple pasajeros, o en coches particularea.

El primer choque serio con las fuerzas del orden tuvo lugar durante la medianoche (16, 17 de febrero) en los accesos a la ciudad de Craiova. Los gendarmes huyeron rápidamente, abandonando sus técnicas de lucha. Los mineros toman de nuevo rehenes.

A las 12:15 del 16 de febrero, la columna de coches en la que se encuentran cerca de 2000 mineros, hace un alto de veinte minutos en la carretera que lleva a Craiova.

A las 22:00 los coches están a siete kilómetros de Filiaşi. Desde las puertas de las casas, los pobladores locales dirigen gestos de aliento a los mineros. Sin embargo, nadie se une a la columna que atraviesa aldeas y comunas, con el sonido estridente de las bocinas. Los periodistas y observadores extranjeros están cerca. Sus vehículos se reconocen por las letras “TC” de la matrícula. La marcha rodea todas las ciudades grandes por las que pasa, excepto Târgu Jiu.

Al enterarse de la noticia de que la justicia reclama a Miron Cozma para ser arrestado, los mineros en marcha abuchean y hacen sonar las bocinas.

En todo el trayecto hacia Craiova no se veía ningún gendarme, policía o militar. La primera barrera de contensión, formada de policías, se encuentra a entre 10 y 15 kilómetros de Craiova. La justicia sabe incluso el número de matrícula del coche en el que se encuentra Miron Cozma.

A las 22:30, la columna avanza con dificultad, no supera los 30 ó 40 kilómetros por hora. En la intersección con la carretera que lleva a a Caraş-Severin, la policía bloqueó el camino, dirigiendo el tráfico hacia Craiova.

En Slatina, en un puente a la salida de la ciudad hacia Craiova, hay unos doscientos gendarmes y militares de las tropas especiales del Ministerio del Interior, armados y listos para intervenir.

A las 22:50 la columna llega a la localidad de Brădeşti, y se detiene, porque se da la alarma: hay gendarmes en la carretera. A causa de la oscuridad, no se puede observar claramente cuántos son. Los gendarmes bolquean el camino con un ómnibus.

Sorprendentemente, el ómnibus de las fuerzas del orden es retirado de la carretera, y la columna se dirige hacia Craiova. De este modo, logran dejar atrás algunos vehículos de la policía.

A las 23:15 la columna llega a Işalniţa, muy cerca de Craiova. Se detiene de nuevo. Un trailer que cargaba un buldozer bloqueaba el camino, aunque luego de no mucho se retira. Al costado de la carretera unos diez o quince policías miraban pasar la columna.

A las 23:45 llegan a siete kilómetros de Craiova. La televisión anuncia que los mineros están pasando ya por Craiova. El coche de la policía matrícula 01-DJ-BPR es hecho pedazos por los mineros.

A las 23:55 la columna de coches y autobuses se detiene de golpe. Los hombres bajan de los vehículos con palos en las manos. Siguen a pie, en una atmósfera de guerra. Se oye que en el puente de las proximidades de Craiova está situado un contingente de gendarmes, listos para reprimir.

Comienza la lucha con la primera barrera de gendarmes, la cual es vencida pronto por los mineros. Los gendarmes abandonan dos o tres coches, otro tanto hacen los policías. Los mineros capturan proyectiles, granadas lacrimógenas, bastones y escudos, y siguen rumbo a Craiova.

 

La batalla de Stoeneşti

 

A las 00:30 del 17 de febrero, la columna minera es recibida triunfalmente por cientos de craioveanos, que poblaron todas las calles. La columna atraviesa la ciudad rápidamente. A la salida de la ciudad, hacia Slatina, se hace un alto en la marcha, al lado del motel Doctorului. Dentro del motel, Cozma y Beja, sentados a una mesa, elaboran un plan de acción.

A las 2:30, los autobuses se dan vuelta: se decide cambiar la ruta: ya no se va a Bucarest por Slatina, y se elige la vía Caracal-Roşiori-Bucarest. A las 3:15 la columna disminuye la velocidad al pasar por la localidad de Coşoveni. Circula el rumor de que el camino estaría bloqueado. Sin embargo, se trata sólo de algunos coches de la policía caminera que vigilaban el tráfico.

A las 3:30 se podían ver cientos de policías con escudos, apoyados por vehículos blindados, están en la salida de Stoeneşti en pie de guerra, justo en el extremo del puente sobre el río Olt.

A las 3:50 se oyen los primeros estallidos de los lanzadores de granadas lacrimógenas. En Stoeneşti empiezan los combates. Los asaltos sucesivos de los mineros sobre la barrera de policías apostada en el puente son rechazadas sistemáticamente por los policías protegidos detrás de la tanqueta. De golpe, se apaga la luz en toda la localidad. No se podía distinguir nada.

A las 4:30 los mineros se ponen cada vez más nerviosos. Cozma y Beja gritan insultos a los cuatro vientos, y golpean las carrocerías de los coches para despertar a los que todavía estaban adentro, cansados. Cunde el pánico. La columna de mineros que intenta en vano adelantar es comprimida desde atrás. Una fuerza especial de la gendarmería, llegada de Caracal, los encierra como una pinza. La localidad se inunda de gases, los habitantes del lugar desaparecieron, y los mineros se tambalean y se chocan mareados unos con otros, mientras que los líderes sindicales intentan escapar.

A las 5:00 la situación es ya crítica: las piedras, los palos y las botellas son ineficientes en manos de unos hombres que ya no los pueden utilizar como hicieran en Costeşti. Aquí los mineros ya no tienen la ventaja de conocer el terreno, ni son apoyados por los lugareños.

La estrategia de las fuerzas del orden es infalible: atrapados en la trampa, los mineros ya no gritan “¡a ellos!”, sino “sálvese quién pueda”. Y aquí empieza la cacería.

A las 6:00 un grupo compacto de mineros lucha cuerpo a cuerpo con policías en el extremo de la columna hacia Caracal: cabezas rotas, manos fracturadas. Los capturados son golpeados a placer por la policía, y amontonados uno sobre otro en los carros blindados.

Los gendarmes destruyen a bastonazos sistemáticamente los coches con los que los mineros habían venido desde Petroşani.

A las 7:00 sale el sol; los mineros que huyen son perseguidos por el campo. La cacería es dirigida desde helicópteros. Los heridos son vendados en serie. Se produce la primera baja, un minero muere atropellado por un tren (esto se dijo en primer lugar; hay otras versiones sobre su muerte). Este fallecimiento es reconocido por las autoridades.

A las 9:00 circula el rumor de que El Lucero de la Hulla (el apodo de Miron Cozma) fue capturado junto a sus tenientes, mientras intentaba huir hacia Caracal.

Los policías y gendarmes se felicitan: misión cumplida. Para ellos, la victoria en Stoeneşti significa la revancha de Costeşti.

           

El Ministro del Interior explica el operativo de represión

 

El Ministro del Interior, Constantin Dudu Ionescu, le presentó sus planes secertos de represión al presidente Emil Constantinescu, el 16 de febrero a la noche, en el Palacio Cotroceni, en presencia del Primer Ministro, Radu Vasile. Algunas horas más tarde, los mineros eran vencidos en la Batalla de Stoeneşti. A diferencia de Costeşti, los planes de las fuerzas del orden se destacaron por una discreción y eficiencia máximas.

Constantin Dudu Ionescu y su personal, los generales Mircea Mureşan, Nicolae Berechet y Anghel Andreescu, han relatado el desarrollo de las acciones que condujeron a un éxito rápido y total de las fuerzas del orden.

Al mismo tiempo que se desarrollaba la batalla de Stoeneşti, las fuerzas conducidas por el general de gendarmes Tudor Cearapin habían aislado toda la zona, allanando todos los vehículos. Así, alrededor de las 9:00, en la carretera hacia Caracal fue detenido un autobús con mineros. Un grupo de gendarmes entró rápidamente y por la fuerza en el autobús. Miron Cozma y su adjunto, Romeo Beja, quienes se encontraban en el interior de este autobús, fueron inmobilizados inmediatamente. Fueron puestos inmediatamente en un coche de la policía que los condujo a toda velocidad a Bucarest, siendo encarcelados en la Dirección de Investigaciones Penales. Ésta es la explicación oficial de la captura, la que presentó el Ministro Constantin Dudu Ionescu. Hay otras versiones de lo sucedido, contadas por testigos oculares.

El Ministro del Interior insistió en el hecho de que esta vez la acción de las fuerzas del Ministerio del Interior fue concebida y conducida con profesionalismo, según todas las reglas del arte militar, partiendo de las informaciones pertinentes recibidas desde el Servicio Rumano de Información. El desplazamiento de los mineros fue vigilado estrictamente, e incluso dirigido, mediante maniobras con el fin de confundir, hacia Stoeneşti, donde estaban apostados 850 policías y 450 gendarmes, listos para reprimir, aprovechando de la ventaja del camino angosto.

También los otros puentes sobre el Olt estaban bloqueados, entre Râmnicu Vâlcea e Islaz. Engañados por lo fácil que les había resultado el paso por Craiova y Târgu Jiu, y especialmente por la “hazaña” de Işalniţa, los mineros cayeron en la trampa.

Las habitaciones de las seccionales de policía de Caracal estaban atiborradas con cerca de 300 mineros. Otros fueron retenidos en estaciones de tren o en trenes, en Filiaşi. En total fueron retenidos para verificaciones, investigaciones y medidas penales, 543 mineros. Otros 800 fueron, después de haber sido identificados, cargados en trenes y transportados con escolta policial, a Petroşani.

 

Las penas aplicadas a los líderes sindicales de la industria minera

 

Los mineros que acompañaron a Miron Cozma van a ser castigados. Se les acusa de haber participado en reuniones y desplazamientos no registrados y no declarados, hechos sancionados por la ley 61/1991. De acuerdo a esta ley, los mineros capturados pueden ser obligados a pagar una multa, o a pagar con prisión de hasta seis meses.

Los líderes sindicales Romeo Beja, Dorin Loiş y Ion Cazacu pueden recibir penas de hasta 15 años, si son acusados de complicidad con Cozma para cometer infracciones.

El presidente del Partido Demócrata, Petre Roman, anunció el miércoles que va a proponer un proyecto de ley para amnistiar a los mineros que participaron en las protestas de enero de 1999. El líder demócrata precisó que los líderes de los mineros no van a correr la misma suerte. Roman motivó su iniciativa declarando que desea que su gesto sea una señal para los mineros, que el respeto a la democracia les ofrece muchos beneficios, mientras que violar la ley les crea problemas.

En realidad, se trata de una sucia venganza del actual Presidente del Senado, Petre Roman, quien fuera uno de los principales perjudicados en la marcha minera de 1991, en la que participara también Miron Cozma, y que le costó a Roman la destitución del cargo de Primer Ministro.

 

Después de Stoeneşti

 

Desde el 18 de febrero, los mineros regresan a trabajar. La negociación del contrato colectivo de trabajo fue postergado. La Compañía Nacional de la Hulla Petroşani no tiene con quién discutir estos contratos durante el presente año. Del equipo de siete líderes sindicales, sólo quedaron tres en Valea Jiului. Es probable que éstos no gocen de libertad por mucho tiempo.

Para descubrir otras ilegalidades, la sede de la Liga de los Sindicatos Mineros de Petroşani fue allanada el 18 de febrero por procuradores y policías. Para Victor Bădârcă, presidente ejecutivo de la Confederación de Sindicatos Mineros de Rumania, es natural que se proceda a este allanamiento, teniendo en cuenta los acontecimientos de los últimos días.

 

Reflexiones de un editorialista

 

Reproducimos parte del editorial de Ion Cristoiu, diario Cotidiano, 18/3/1999, pp. 1, 4.

 

« [...] Recordemos la sospechosa insistencia de Emil Constantinescu en Edición Especial [4] del viernes por la noche, programa que no tenía ningún motivo profesional para invitar al Presidente. Lo que nos podría llevar a sospechar que Emil Constantinescu le impuso a la TVR [5]  que le asigne una Edición Especial de un tipo especial por su tamaño en relación con el espacio programado. El señor presidente afirmó el viernes que en su régimen la ley se aseguró el reinado absoluto, porque sabía lo que iba a suceder: la condena de Miron Cozma, atraer a los mineros hacia la trampa de desplazarse a Bucarest para ser cruelmente reprimidos. Ya estaban, probablemente, puestas a punto las intrigas con el objeto de demostrar que en Rumania existe un Estado de Derecho, y que los sucesos de enero fueron una excepción, y no la regla. Existe, al mismo tiempo, el interés de dar una lección a todos los disconformes de Rumania que vieron una solución a sus protestas en movimientos semejantes a los de enero de 1999. Por eso, era de esperar que los mineros partidos hacia Bucarest [...] no sólo fueran detenidos, sino golpeados en batalla. Las secuencias dufundidas por los canales de televisión, con gendarmes golpeando con bastones a mineros ya arrestados, nos demuestran plenamente que este objetivo fue perseguido. En relación a esto deberíamos preguntarle al señor Presidente de la República: ¿en qué Estado de Derecho los policías golpean a un ciudadano ya arrestado? Si en Rumania reina la ley, ¿por que no se les hace juicio a los bestias de Andreescu? ¿Los gendarmes no se someten al Estado de Derecho? ¿O, tal vez, mientras los mineros son arrastrados por los tribunales por las violencias cometidas, los gendarmes tienen inmunidad, porque están subordinados al dueño de casa de Cotroceni? [...]

»Los mineros fueron arrestados, golpeados, sus coches fueron devastados bárbaramente por los gendarmes. La demostración de fuerza tuvo lugar. Incluso si las víctimas fueron estos desgraciados mineros, quienes ahora tienen todas las posibilidades de quedar en la calle. A pesar de la palabra dada por el astuto de nuestro Primer Ministro en el encuentro de Cozia. Las fuerzas del orden encontraron la posibilidad de proclamar su victoria. En este sentido, me parecen levemente desubicadas las declaraciones hechas en la conferencia de prensa del Ministerio del Interior, declaraciones hechas en un tono tan triunfalista, que me dio la impresión de que no se hablaba de la resolución de una acción banal para unas fuerzas del orden (detener unos manifestantes), sino de una victoria que debería inscribirse en la historia nacional junto a la de Războieni o a la de Mărăşeşti. [...] Si pensamos en las gigantescas lamentaciones que tuvieron lugar después de Costeşti, cuando una simple derrota de las fuerzas del orden por parte de unos manifestantes fue presentada como parte de una tentativa de golpe de Estado, como una expresión de la “disolución” del Estado de Derecho, de una Rumania “ingobernable”, los impresionantes elogios y autoelogios a los sucesos de Stoeneşti nos demuestran una vez más nuestra extraordinaria capacidad de transformar hechos banales en leyenda. [...]»

 

La verdad sobre la operación represiva aparece más tarde

 

Cerca de 3000 mineros fueron reprimidos por las fuerzas del orden, en la mañana del 17 de febrero, en la localidad de Stoeneşti. Los mineros fueron obligados a huir humillantemente y dejaron en el campo de batalla todo lo que tenían: autobuses, coches, palos, técnica de lucha capturada en Costeşti en enero, comida, etc. Los gendarmes y las tropas especiales, que tenían un plan estratégico para atrapar a Miron Cozma y sus hombres como en una pinza, usaron bastones de goma, escudos, granadas lacrimógenas y petardos.

Cozma no logra huir muy lejos, y es arrestado en las cercanías de Stoeneşti, siendo transportado a Bucarest. Además de Miron Cozma, fueron detenidos los íderes sindicales Beja y Loiş.

El diario La libertad del 18 de febrero afirma que se contaron decenas de heridos en ambos bandos, y un minero muerto. No habría muerto en combate, sino en un accidente ferroviario.

Sin embargo, pronto se sabría que durante los enfrentamientos en Stoeneşti, los oficiales del Ministerio del Interior saquearon cuanto pudieron de los mineros: cientos de millones de lei, relojes, joyas, ropa y piezas de autos. Los valientes luchadores de Constantin Dudu Ionescu le robaron 200 millones de lei a Dorin Loiş, tomados de la cuenta de la Liga para comida y gasolina. A Romeo Beja le robaron 15 millones de lei destinados a la compra de medicamentos durante el desplazamiento.

Respecto a la verdadera crueldad de la represión, la mayor parte de la prensa ha intentado minimizar todo. Al principio se reconocía oficialmente un solo muerto. Sin embargo, no mucho tiempo después, aparecerían testigos que afirmarían que vieron mineros ahogados en el Olt (“he visto con mis propios ojos cuatro mineros ahogados en el Olt”, Ataque a la persona, 22/2/1999, p.6). Estas afirmaciones son corroboradas por otros testigos, quienes dicen que varios mineros fueron golpeados salvajemente y arrojados desde el puente de la vía férrea al Olt.

¿Idiosincrasia represiva rumana? I. M. Pavlova escribe, en una nota al artículo de León Trotsky (1913) «Las primeras impresiones», para la edición soviética de 1926 de las Obras de Trotsky, respecto a la insurrección campesina de 1907: «con la ayuda del ejército […] los terratenientes aniquilaron con los cañones varias aldeas; miles de campesinos fueron baleados, arrojados al Danubio, o llevados a las ciudades, donde murieron de hambre y tifus». También, cuando Trotsky viaja en tren hacia Dobrogea (litoral rumano en el Mar Negro) en 1913, una pasajera le relata que campesinos hambrientos y enfermos, hallados en cuarentena en Beşlivka, aldea búlgara en las proximidades de Corabia, fueron amenazados con ser arrojados en el Danubio (v. León Trotsky, «Viaje por Dobrogea», Kievskaia Mîsl’ Nrs. 243, 245, 246, 255, del 3, 5, 6, 13 de septiembre de 1913). Arrojar cadáveres y hombres heridos y agonizando al río es un hecho lamentablemente repetido en Rumania.

Petronela Sodolescu, directora del hospital de Petroşani, prohibió de modo abusivo el acceso al hospital a particulares y periodistas, porque estos habrían podido ver con sus propios ojos la cruel realidad.

La revista Ataque a la persona, avanza la hipótesis de que Miron Cozma habría sido golpeado salvajemente e incluso torturado en el momento del arresto. Según la información de que dispone la mencionada revista, Miron Cozma fue capturado en campo abierto, y de ningún modo en el autobús (o en el Daewoo, como también se dijo), como dijeran posteriormente las fuerzas del orden, versión que repitió la mayor parte de la prensa, sometida a Cotroceni. Romeo Beja, viendo que Miron Cozma fue capturado, se dirigió hacia los militares, pidiendo ser esposado al lado de su camarada. Testigos oculares declararon que Miron Cozma, después de ser esposado, recibió un terrible golpe en la boca con la culata de una pistola-metralleta. Siempre según esta revista, Miron Cozma habría sido golpeado también durante el arresto. Tal vez éstos sean los motivos por los cuales el líder de los mineros fue escondido de la prensa y de la opinión pública.

La revista Ataque a la persona (22/3/1999, p. 6) destaca las siguientes informaciones, recogidas tanto en Valea Jiului como en Stoeneşti:

(1) Entre los mineros se encontraban también mujeres. Ni ellas pudieron escapar del tratamiento general, siendo acosadas, y a las que se les robaron anillos, alianzas, cadenas de oro, etc.

(2) Los gases de lucha utilizados no habían pasado por ninguna prueba médica que autorizara su uso en condiciones de intervención en la localidad.

(3) El minero, cuyo fallecimiento fuera anunciado por Constantin Dudu Ionescu, presenta lesiones que no podían ser el resultado de la caída de un tren que se desplazaba a poca velocidad. Parece ser que, arrodillado por los gases de lucha, fue golpeado con la culata de una pistola en la cabeza.

(4) Otro fallecimiento se habría producido a causa de un petardo, que atravesó el ojo de un minero y salió por la otra parte de la cabeza.

(5) Testigos oculares afirman que unos choferes fueron golpeados bestialmente y baleados, personas que no manifestaron ningún tipo de hostilidad ante las fuerzas del orden, y a los que no se les podía acusar de violar la ley.

La revista Ataque a la persona va a entregar todas estas informaciones, junto a material documental, a la Organización para la Defensa de los Derechos Humanos, a la asociación Amnesty International y al Comité de Helsinki.

El señor Nicolae Tiţa presenta, en Revista Estación del 2/3/1999, revista que aparece en la ciudad de Slatina (reproducido por Rumania Grande, 5/3/1999, p. 15), relatos de testigos:

(1) «Los gendarmes vinieron hacia mi casa a buscar mineros, unos cuatro individuos me rompieron la ventana, y me pegaron con bastones. Y golpearon también a mi padre, anciano y casi paralítico, en cama. Los gendarmes rompieron y devastaron todo por aquí, tiraban piedras a las ventanas, nos rompieron los televisores, los aparatos, nos insultaban. Tiraron petardos también hacia niños, y adentro de las casas. No sólo en mi casa. Hay otras casas donde tiraron petardos.»

(2) «En vano le digo lo que pasó, porque va a aparecer otra cosa, todo está politizado, en vano hablamos a las radios a los canales de televisión...»

(3) «Los mineros fueron muy pacíficos. Desde las 4:00, desde que fueron capturados por los gendarmes, yo he estado aquí. He visto también tanques, sí, fueron utilizados dos tanques en contra de los mineros. Los mineros fueron pacíficamente hacia los gendarmes del extremo del puente. Sepa que se disparó con armas de fuego, armas de caza, a pesar de que se dijo que fueron los mineros los que dispararon. ¡No es verdad! ¡Yo vi con mis propios ojos cómo los gendarmes disparaban a los mineros! Después de rodear a los mineros, los gendarmes empezaron a romper todos los autos de los mineros, todo lo que ve aquí devastado. Los gendarmes les sacaron, les robaron las herramientas de los coches, los documentos, ropa, comida, sí, todo lo que los mineros llevaban consigo. Los gendarmes les robaron. Y le digo más, estuve presente, de día, había salido el sol, vi cómo un gendarme se cortó la mano en una ventana, mientras la rompía, y después, lleno de sangre, declaraba a los periodistas que: "mire, los mineros tienen cuchillos, me cortaron."»

(4) «Todo lo que está roto aquí, cubiertas, ventanas, autos destrozados, lo han hecho los gendarmes. Vamos a ver ahora quién va a pagar. Creo que se lo van a cargar a los mineros. Pero esto es una gran injusticia.»

(5) «Estaba en el primer autobús desde Lupeni. Después de que los gendarmes arrojaron petardos de humo al autobús, me desmayé. Me desperté abajo de las botas de los gendarmes, que nos golpeaban salvajemente, insultándonos. Habían subido por nosotros al autobús, y nos tiraban de él, llenos de sangre. He oído que uno de ellos le preguntaba a su jefe: «¿los matamos?», "no, che, que nos están filmando", fue la respuesta.» Victor Iotina, minero.

(6) «Las ambulancias fueron maniobradas de tal modo que vinieran después de tres horas, aunque nosotros teníamos heridos a los cuales llevábamos en brazos», un minero.

(7) «He oído que desde el puente de la vía del tren cayeron o fueron arrojados mineros al Olt. No lo sé con certeza, pero eso oí de los hombres de la aldea que viven al lado del puente», un aldeano.

(8) «Después de haber sido golpeado cruelmente dos veces seguidas por los gendarmes, mientras me arrastraba por el asfalto oí a su comandante, no sé qué era, creo que teniente, diciendo de un minero en coma a causa de los golpes: "¡Que se vaya al diablo! Si no se mueve significa que está muerto. No querrás que lo carguemos con nosotros...". Después de esto fue arrojado desde el puente al Olt.» G. Constantin, minero.

(9) «Se disparó con armas automáticas a los mineros. Hay cartuchos por todas partes en la aldea. Mire esta bala, ¿tienen balas los mineros? Digan lo que digan los gendarmes y los políticos, los mineros no tenían cómo tener balas de éstas», un aldeano.

(10) «Hay casas donde los petardos arrojados por los gendarmes prendieron fuego las sábanas y todo lo que había en ellas», un aldeano.

(11) «Tuvimos nuestra «Ambulancia», el coche había partido al mismo tiempo que la columna de mineros desde Petroşani, pero no nos sirvió de nada, no la pudimos utilizar porque nos la estropearon los gendarmes. Y heridos tuvimos una multitud. Pero no pudimos hacer nada. La policía nos la estropeó, la policía para la cual pagamos impuestos para que nos defienda», chofer de ambulancia.

(12) «Vimos cómo los gendarmes golpeaban a un minero, le dieron hasta que le rompieron la nariz [...]. ¡[Los mineros] son también seres humanos, y éstos los golpearon peor que a unos animales! Salté con otros aldeanos a parar a los gendarmes que se habían puesto a matar a uno. Les dije: "Déjelo, señor, que lo está matando". Ellos se reían y nos hacían gestos obscenos, nos insultaban. Y éramos como sus padres, y que nos hagan esos gestos...», un aldeano.

(13) «Si no veníamos ahora con Cozma perdíamos nuestros lugares de trabajo, porque éstos del Gobierno van a cerrar las minas. Nosotros vivimos sólo de la industria minera. Por lo tanto, no teníamos otra solución que seguir a Cozma. No tenemos otra fuente de supervivencia, como parcelas en el campo, u otra cosa. Nuestras esposas son desempleadas, no tienen dónde trabajar, tenemos muchos hijos, ¿qué hacemos con ellos?», un minero.

(14) «Los mineros gritaban a los gendarmes "¡sin violencia!" y ellos se pusieron a matarlos como a perros, con bastones y armas de fuego”, declaró Cornel Popescu, chofer de Craiova, quien cayó accidentalmente en la emboscada, con su coche Oltcit, propiedad personal, destruida por los gendarmes. Cuando preguntó quién le va a pagar los daños, los gendarmes le respondieron: "Paguen de sus bolsillos. Arréglenselas solos"».

La revista Ataque a la persona (nr. 72, 1/3/1999, reproducido por Rumania Grande, 5/3/1999. p. 15) presenta estos otros testimonios:

«Ion Diaconu, 44 años, minero de Valea Jiului, le declaró a nuestro periodista, que se encontraba en un autobús con matrícula del departamento de Gorj, que había partido hacia Stoeneşti desde la mina Petrila. Diaconu sostiene que vio cómo siete mineros fueron arrojados al Olt, desde el puente de la vía del tren de Stoeneşti por parte de las fuerzas del orden. Durante el momento que narra, el minero se escondía abajo del puente, en una de las orillas. Los que huían en las proximidades del puente fueron también, según el testimonio de Ion Diaconu, golpeados cruelmente y desfigurados por parte de las fuerzas del orden. También los policías y los gendarmes, dice el minero, fueron los que destruyeron los vehículos con los que los de Valea Jiului se habian desplazado hacia Stoeneşti. Las ventanillas de los autobuses y de los autos fueron rotas, con la culata de las armas, y el interior de los vehículos fue devastado. Ion Diaconu dice que también las fuerzas del orden fueron las que le robaron algunos documentos que llevaba consigo, incluso el libro de trabajo [6]. Otra persona que ha podido describir el desastre de Stoeneşti es Brânduş Dănilă, también minero. Dănilă vio cómo gendarmes y matones enmascarados les sacaron todo lo que pudieron a los mineros que se encontraban ya con las manos en la nuca: joyas, relojes, dinero. Las fuerzas apostadas en la localidad se beneficiaron plenamente de la ayuda del cura de Stoeneşti, quien atrajo a un grupo de mineros a la iglesia de la localidad, y luego los entregó a la policía. Los mineros, después de haberse entregado, recibieron golpizas bestiales, y ni siquiera los lugareños escaparon a la barbarie. Dănilă declara también, como Ion Diaconu, que vio hombres baleados y arrojados al Olt. Gheorghe Dănilă, minero de Valea Jiului, entrevistado por los periodistas de Ataque a la persona, sostiene que “los tipos vestidos de negro y enmascarados robaron todo lo que aparecía en su camino”. El principal instigador era un policía enmascarado, alto, rubio y con melena. Este personaje aparece también en las declaraciones de otros mineros que estuvieron en Stoeneşti, como el principal instigador del saqueo cometido en contra de los mineros. En el hospital Petrila está internado Ion Boantă, minero, participante de la barbarie de Stoeneşti. El hombre fue golpeado varias veces en el abdomen con la culata de una pistola, provocándosele lesiones internas. También, mientras se encontraba ya bajo “custodia” de los matones, a Boantă le robaron un anillo, una cadena de oro y 110.000 lei. El que participó directamente del saqueo organizado es también el melenudo rubio, enmascarado. El auto de Boantă, un Dacia para el que había ahorrado años enteros, fue destruido casi completamente. De acuerdo a las declaraciones de Ion Boantă, otros mineros de Petrila golpeados por las fuerzas del orden son Gheorghe Jura, Cornel Boantă, Ion Herj, y Cristian Zoltan. También en el hospital de Petrila está internado el minero Ludovic Dacker. También él fue golpeado en el abdomen con la culata de una pistola, y la consecuencia es una lesión extremadamente grave en el estómago, a causa de la cual el minero no va a salir pronto de la observación médica. Dacker destacó también que los mineros fueron maltratados, a pesar de que se habían entregado a las fuerzas del orden, con las manos en la nuca. A Ciprian Daminescu, los golpes en el abdomen le perforaron el estómago, afección que lo va a tener mucho tiempo en la cama del hospital.»

 

De la misma fuente, tenemos este testimonio de una mujer golpeada porque protegía a su hijo:

 

« Un caso especial es, en nuestra opinión, el de Elena Oprina, una mujer simple, de 39 años. Elena Oprina fue a Stoeneşti a reclamar sus derechos. Antes de ser desempleada, Elena Oprina había sido, durante más de diez años, trabajadora no calificada en la mina. Ahora, libre en contra de su voluntad, la mujer vive de una pensión de sucesor y un seguro de paro, las dos sumando unos 600.000 lei, y Elena tiene cuatro hijos, y el marido fallecido. Elena Oprina se encontraba, con su hijo más pequeño, en el primer autobús llegado a Stoeneşti en el momento en que las ventanillas del vehículo fueron pulverizadas por los vándalos de Constantin Dudu Ionescu. Instintivamente, la mujer se arrojó sobre su hijo, para protegerlo de los pedazos de vidrio. Los dos fueron sacados del autobús, y a Elena Oprina un luchador enmascarado le pegó con una porra debajo de las caderas, mientras que la mujer gritaba que sólo defiende sus derechos como ciudadana rumana.»

 

Los chóferes, inocentes, Vlad Silviu y Marian Şchiopu también fueron castigados injustamente:

 

«Vlad Silviu, de 32 años, de Petroşani, es el conductor del autobús HD 28 GTP. Vlad declara que fue golpeado por las fuerzas del orden, que le robaron también el celular del boslillo del saco. Otro chofer que fue víctima, aunque inocente, de las atrocidades de Stoeneşti, es Marian Şchiopu, conductor del autobús 31 HD 3838, perteneciente a la misma empresa. Şchiopu está gravemente herido por el simple hecho de que una de las minas de Valea Jiului le alquiló el autobús. El chofer ocupa una cama del Salón 10 del Hospital de Urgencia Petroşani, y se mueve con gran dificultad, porque tiene el pie izquierdo agujereado por los proyectiles de los luchadores del Ministerio del Interior. Sus heridas no se han cerrado ni siquiera ahora, a dos semanas de los actos de violencia.»

 

Muchos mineros no regresaron a sus casas en Petroşani después de los combates en Stoeneşti. No figuran ni en la policía, ni en las listas de los muertos. Simplemente son dados por desaparecidos. (Nicolae Tiţa, Rumania Grande, 5/3/1999, p. 15.)

Corneliu Vadim Tudor escribe un artículo con el nombre «Me fui a morir al Olt...», comunicado en la conferencia de prensa del Partido Rumania Grande del viernes 26 de febrero de 1999, y publicado en Rumania Grande, 5/3/1999, pp. 1 y 14-15. Lo reproducimos, casi en su totalidad, a continuación:

 

«El Partido Rumania Grande no va a tener paz hasta que no se sepa la verdad sobre la masacre de Stoeneşti. En la madrugada del 17 de febrero de 1999, el régimen de Emil Constantinescu ha matado, a sangre fría, decenas de mineros, pasando a la “crónica negra” de los gobiernos campesinistas y liberales la pequeña localidad del departamento de Olt, al lado de otros momentos sangrientos de este siglo, como Flămînzi, Lupeni, Bucarest. Es muy difícil enterarse de la verdad en un País conducido por la Mafia, en la que justo aquéllos que tienen que defender las vidas de los hombres tienen las manos manchadas de sangre y hacen esfuerzos desesperados para impedir, a cualquier precio, que se establezca qué sucedió. “No es compasión, sino un crimen perdonar a los asesinos”, escribía Shakespeare. He aquí por qué nuestro partido efectúa sus propias investigaciones, para que la masacre de Stoeneşti sea descubierta a la opinión pública local e internacional en toda su fealdad y para que no se repita jamás. Éstas son las declaraciones que un testigo ocular ha dirigido a la dirección de la Oficina Parlamentaria del Partido Rumania Grande del departamento de Olt, para la señora diputada Mitzura Arghezi: “Alrededor de las 3:00 aparecieron en Stoeneşti autobuses cargados de mineros. Éstos se bajaron y, durante una media hora, estudiaron el terreno. Los mineros les preguntaron a los periodistas si saben cuántos gendarmes hay ahí y con qué están armados. Algunos mineros tenían palos, aunque la mayoría tenía las manos vacías. Las hostilidades comenzaron a eso de las 3:45, cuando los mineros se dirigieron hacia el puente. Fueron detenidos sin embargo por los gases lacrimógenos y huyeron. Las fuerzas del orden ganaron terreno y alejaron a los mineros a casi 200 metros del puente. Cuando empezaron a expandirse los gases, empezó la batalla entre los mineros y las fuerzas del orden. Desde atrás vinieron otras fuerzas, de modo que los mineros fueron rodeados. Una parte de ellos huyeron por el campo, más allá de la vía férrea. Sin embargo fueron atrapados, golpeados y metidos en los autobuses de la Policía, venidos desde Slatina. La mayoría de los capturados fueron golpeados con bestialidad. Vi alrededor de las 7:30”, relata el testigo ocular del departamento de Olt, “el helicóptero del Ministerio del Interior que filmó el lugar de las hostilidades y que ayudó a atrapar a los que huyeron por el campo.” (En total fueron utilizados seis helicópteros; nota de la revista) “De mañana, a eso de las 8:00 cuando se acercaba el final de la batalla, las imágenes eran de pesadilla. Todos los autobuses y los coches con los que habían venido los mineros tenían las ventanillas rotas y las ruedas tajeadas. La comida escasa de los mineros, que constaba de pan, cebolla, ajo, paté y queso, fue desparramada ya por la calle, ya por los autobuses. Hemos visto gendarmes robándoles comida a los mineros, y sus botellas de agua mineral. Cada minero capturado era golpeado con bestialidad por los gendarmes, mientras que otros dos lo sostenían. He visto mineros con los ojos arrancados, con sangre chorreándoles por la boca y la nariz. Ni siquiera los periodistas escaparon a la furia de las fuerzas del orden. Éstos fueron rodeados y acusados de que por su culpa se produjo esta marcha minera. Las fuerzas del orden arrojaron gases lacrimógenos hacia los periodistas, para evitar que vieran la carnicería. En cierto momento, una periodista estuvo a punto de ser linchada, a causa de que era mujer y que debería estar en casa. Después de que terminaran las hostilidades, las imágenes ofrecidas por el canal PRO TV no reflejaron la realidad, han desinformado. Y esto porque muy pocos gendarmes fueron golpeados en Stoeneşti. Los mineros, en cambio, fueron carneados. Conversando con pobladores locales, éstos me dijeron que les fueron dadas terribles palizas, porque los mineros se habían escondido en sus casas o chacras, de miedo. Otros aldeanos me dijeron que muchos mineros fueron arrojados al agua y se han ahogado”. En la sede central del Partido Rumania Grande se presentaron el jueves tres mineros que escaparon con vida y que dieron declaraciones por escrito, por propia iniciativa, quedándose para nuestra Conferencia de Prensa, para relatar también oralmente, en presencia de la prensa, la pesadilla que les tocó vivir. Ésto declaró por escrito, con su propia firma, Ion Diaconu, minero desempleado de la mina Dîlja: “Aquí ha habido una verdadera carnicería. Las fuerzas del orden se lanzaron sobre nosotros con una furia difícil de imaginar. Personalmente, en las confrontaciones que tuvieron lugar, recibí un balazo en el pie derecho de un arma con perdigones, las huellas se ven todavía hoy. Después de haber sido herido, logré huir corriendo. Detrás de mí, oí otras ráfagas. Estaba oscuro, y oí gritos y chillidos. Los mineros golpeados buscaban escapar a donde fuera, pero muchos fueron capturados, siendo perseguidos incluso con reflectores. En estas condiciones, he visto mineros sorprendidos en el puente por las fuerzas del orden, que fueron, sencillamente, obligados a saltar al Olt. No sé qué más pasó con ellos, pero es más que seguro que se los tragaron las aguas. Entre los 7 u 8 mineros que saltaron al Olt, recuerdo sólo al minero Coca Petre, de la Empresa Minera Dîlja, de cerca de 30 años de edad, casado y con dos hijos. El comportamiento de las fuerzas del orden ante los mineros fue de una dureza máxima. Nos devastaron los autobuses, a los que simplemente destruyeron. Rompieron las ventanillas con las culatas de las armas, les dispararon con cartuchos de gases lacrimógenos y tóxicos especialmente poderosos. Con las bayonetas pincharon y tajearon las ruedas de los vehículos. Los mineros que fueron sorprendidos en los autobuses fueron golpeados con las culatas de las armas, luego de lo cual fueron esposados. Un minero de Valea de Brazi, no recuerdo su nombre, fue golpeado fuertemente en la cabeza, teniendo una herida abierta en la zona del cerebelo, y la oreja derecha cortada. También, el capataz de la mina Bărbăteni fue golpeado cruelmente, y se encuentra todavía hoy en estado grave en el Hospital de Lupeni. Los mineros que fueron arrestados e investigados en la Policía de Caracal, fueron amenazados con que, si dicen una palabra de los que pasó en Stoeneşti, la van a pasar mal. En general, en Valea Jiului hay un estado de terror, los hombres dudan si hablar o no, de miedo por sus vidas y las de sus familias. En este momento se habla de casi 140 mineros desaparecidos, de los que no se sabe nada con certeza, y la cifra de los muertos es de unos 30. Estoy dispuesto a hacer declaraciones, en relación a lo sucedido en Stoeneşti, en la Conferencia de Prensa del Partido Rumania Grande. Ésta es la declaración que doy, sostengo y firmo”. Reproduzco un fragmento de la declaración escrita de Dănilă Brînduş, minero también de Petrila, desempleado desde 1997: “Una parte de los mineros bajamos de los autos y nos acercamos pacíficamente a las fuerzas del orden, gritando «¡Sin violencia!». No tuvieron en cuenta nuestro llamamiento y empezaron a disparar: balas, gases tóxicos y lacrimógenos muy fuertes. Fuimos rodeados por todas partes por las fuerzas del orden (...) Entre los golpeados y maltratados, menciono a Cristi Zoltan, de 35 años, de la mina Petrila. Éste fue golpeado con la culata de un arma hasta que lo llenaron de sangre. Lo mismo, Pics Vasile, chofer, 35 años, también de la mina Petrila, quien, a consecuencia de los duros golpes recibidos, tiene una mano destruida y una pierna rota, y se encuentra ahora en el Hospital de Petrila. También, lo vi a Moţu Florian, 42 años, también de la mina Petrila, quien, a consecuencia de los golpes de porra, quedó con la columna vertebral fracturada, con pocas posibilidades de recuperarse. A Paraschiv Adi, de 22 años, de la mina Lonea, le dispararon con balas de goma, y tiene heridas profundas en la mano izquierda. (...) Quiero precisar que el cura de Stoeneşti engañó a los mineros, atrayéndolos a la iglesia, para, supuestamente, protegerlos, luego de lo cual anunció a las fuerzas del orden, quienes vinieron al lugar, y arrojaron gases lacrimógenos en el recinto de la iglesia, para neutralizar a los mineros. Una mujer de edad les dijo que no cometieran el pecado de abrir fuego en una iglesia, a lo cual el cura se apresuró a decirle que se calle y que no se meta, y recibió tres bastonazos por la espalda por parte de las fuerzas del orden. A medida que los mineros fueron sacados de la iglesia, recibieron palizas, fueron esposados y transportados en furgonetas a la Policía, donde fueron investigados, y recibiendo allí otra porción de paliza. A consecuencia de la carnicería de Stoeneşti, el asfalto se enrojeció con la sangre de los mineros. [...] Personalmente, he visto cómo varios mineros fueron baleados, en el puente, luego de lo cual fueron arrojados al Olt, creo que ha habido al menos 20 de tales casos. Todos nuestros vehículos fueron destruidos, y aquél en el que teníamos nuestros alimentos, fue incendiado. Simplemente fuimos saqueados. Las fuerzas del orden nos robaron objetos personales, relojes, anillos, collares, televisores de los autos, grabadores, cajas de herramientas, baterías de los autos, incluso dinero y cédulas de identidad. Han sido verdaderas escenas de pesadilla, que no creí jamás que llegaría a vivir. Ésta es la Declaración que doy, sostengo y firmo.” He aquí también la declaración que ha dado Elena Oprina, desempleada de Vulvan, viuda y madre de cuatro hijos: “Menciono que soy madre de cuatro hijos, de los cuales tres son menores, cobro una pensión de descendiente de 440.000 lei y un seguro de paro de 180.000 lei. Quiero que sepan que he participado tanto de las manifestaciones y la marcha minera de Costeşti, como en la marcha de Stoeneşti. Se dijo por todos los canales de Televisión que el señor Miron Cozma puso niños frente a él, para que lo defendieran, pero no fue Miron Cozma el que los juntó a su alrededor, sino que nosotros los sacamos a la calle, con pancartas al cuello, porque ya no podemos más de hambre. La desesperación me hizo participar de la marcha a Stoeneşti. Quise llegar hasta enfrente al Gobierno, para pedir por mi derecho a trabajar, porque llegué a ser una muerta de hambre, mañana o pasado nos va a poner un impuesto también por el aire que respiramos. ¿Cómo pudo el señor Emil Constantinescu agradecer a las fuerzas del orden por haber cumplido plenamente con su deber? ¿En qué nos equivocamos nosotros, que tiraron gases y balas hacia el coche en el que estaba con mi hijo de 7 años en brazos? Puedo mencionar además que he visto cómo los gendarmes se las agarraron en grupos de dos o tres con cada minero. Uno le disparaba a los pies, y otro le daba bastonazos en la cabeza, otro patadas en el estómago, mineros llevados por gendarmes con la cabeza rota, oí gritos de mineros al ser apaleados. Pude ver estos hechos, porque fui llevada a la casa de un poblador local, que me dieron de su ropa, y pañuelo en la cabeza, para que no fuese reconocida por los gendarmes. En la situación en la que me encuentro, no me queda sino pedir, junto a mis hijos, asilo político en los Estados Unidos, porque en nuestro País ya no se puede vivir, mientras los rumanos abren fuego contra sus propios niños y mujeres, por el simple hecho de que quieren vivir más o menos civilizadamente. Ésta es la declaración que doy, sostengo y firmo.” Otros elementos que completan las escenas de terror de Stoeneşti: tenemos informaciones según las cuales el motivo por el cual el pánico dominó tan rápidamente a los mineros fue el uso, por parte de las fuerzas de represión, de más de 100 fusiles ingleses, de caño recortado, con las que dispararon balas de goma.

» Fuentes del Ministerio del Interior me han informado de que, debido a la oscuridad penetrante que reinó ent